lunes, 14 de mayo de 2012
Crítica: MADRUGADA
Resulta entendible que el estreno de Madrugada, presentado en el Museo de Arte de Lima por Viaexpresa colectivo teatral, haya generado una oportuna reflexión de Gabriela Javier Caballero en su blog El teatro sabe, acerca de la naturaleza misma del teatro, sobre su necesidad imperiosa de traducir la realidad, estilizándola. Escrita por Gilberto Nué y dirigida por Diego López, Madrugada toma de pretexto la esquemática y por demás, trillada historia de amor de una pareja a la que le urge reencontrarse, para escenificar con mucha pompa, gracia y brío, algunas de las diversas manifestaciones culturales que ofrece (y enriquece) nuestra ciudad. Y precisamente, este estilo pseudo-documental, apoyado con música en vivo, baile y proyección de video, justifica la posición de Caballero de no considerar a este montaje como un espectáculo teatral.
Curiosamente otra colega, Rosana López-Cubas en su blog Lima en escena, también indaga sobre la naturaleza misma de Madrugada: le pregunta a su director Diego López si estamos ante un musical. Ante la respuesta negativa, López afirma que su puesta en escena busca básicamente divertir. Y lo consigue en gran medida, gracias a la creatividad con la que pone en escena cada una de las representaciones festivas de la obra, desde un quinceañero hasta una fiesta rave, pasando por un cumpleaños, una pollada, un matrimonio o una “pera malograda”. Todos estos cuadros resultan entrañables, al igual que algunos divertidísimos personajes que intervienen, como la animadora infantil, la adorable quinceañera, los niños malcriados que odian a Barney, los pitucos de la discoteca o las “amixers”. Sin embargo, la coartada sentimental del imposible amor entre los cusqueños Lucinda y Cirilo, separados por la distancia y por la nueva vida de ella en la capital, está escrita de manera tan predecible y básica, que a duras penas es sostenida por los esfuerzos de los actores María del Carmen Sirvas y Edwin Vásquez.
La búsqueda de Lucinda, por parte de Cirilo y su amigo Wilson (Óscar Ugaz) resulta esquemática, cansina y repetitiva. Pasados los primeros cuadros entendemos que los insertos a manera de flashbacks (que nos muestran la última conversación entre los enamorados en la sierra) sólo sirven para que el resto del elenco prepare la siguiente escena. Pero Madrugada sí ofrece algo muy destacable: los pintorescos protagonistas de cada festejo, quienes cantan, bailan y se divierten con absoluta convicción, a pesar de lo estereotipado de sus roles. Ray Álvarez, Carla Arriola, Jorge Bardales, Carolina Cano, Pierina Carcelén, Natalia Cárdenas, Jeffrie Fuster, Carla Gonzales, Jaime Lozada, Marco Otoya, Diego Alonso Pérez y María Fernanda Valera están notables en cada uno de los variopintos personajes que les toca representar. Acaso se podría afirmar que Madrugada sí es un montaje teatral, pero que sólo vale como un inofensivo entretenimiento y nada más.
Sergio Velarde
14 de mayo de 2012
martes, 19 de diciembre de 2023
Colaboración regional: CAMINAR BAJO LA LLUVIA ENTRE LA MADRUGADA Y LA NOCHE SIN PARAGUA, SIN ABRIGO
Reconocernos como migrantes es bastante difícil, aunque la
migración sea algo instintivo para nosotros, inicialmente impulsada por la
búsqueda de mejores cultivos y áreas de caza. En la actualidad, la motivación
ha evolucionado hacia la búsqueda de una educación de calidad, oportunidades
laborales y, en ocasiones, simplemente por el deseo de estar lejos del lugar de
origen para crecer, experimentar, amar y eventualmente regresar. Sin embargo,
es importante señalar que estas posibilidades están restringidas a algunos
privilegiados.
Las mayores olas de migraciones, tanto en nuestro país como
en el mundo, han sido desencadenadas principalmente por la violencia social, la
precariedad económica, las guerras y las tensiones religiosas, recordándonos
así nuestra humanidad desde su lado más oscuro.
La otredad se manifiesta como la búsqueda de las diferencias con el otro, ya
sea que provenga del otro lado del mar o del otro lado del río o del bosque,
que a simple vista son solo espacios geográficos, pero que históricamente se
han delimitado como fronteras. Esta es una de las premisas que nos
presenta Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche, sin
paraguas, sin abrigo, un título extenso como los que ya estamos acostumbrados a
encontrar en las obras del joven dramaturgo Mario Zanatta.
En esta obra, el camino de exploración en la dramaturgia
lleva al autor a alejarse de la búsqueda de una especificidad geográfica, algo
que caracterizó proyectos anteriores donde su dramaturgia se impregnaba de la
música y las avenidas de sus recuerdos de juventud en su distrito natal. Por el
contrario, como señala Zanatta, "podría ser cualquier lugar".
La visión de la directora para llevar a escena esta obra es casi alquimia,
sabiendo conjugar los materiales exactos para hacernos viajar. "Lo
primero que me impactó del texto fueron las imágenes", comenta Malu Gil, y
lo demuestra en escena con momentos que quedan impresos en la retina y resurgen
en la memoria para ser descifrados poco a poco.
La dirección de Gil es precisa y sutil, haciéndose presente
en los detalles. La claridad con la que nos presenta esta obra hace que
reverberen imágenes que nos cuestionan sobre nuestro propio ser migrante, a
menudo negado por la necesidad simplista de juzgar al otro solo por haber
nacido al otro lado del mar o del río.
Charlotte Giusti es "la sorpresa perenne dentro de la
rosa del día", como diría Oquendo de Amat. La actriz nos hace viajar con
cada palabra, no solo gracias a la claridad de su voz, sino desde un cuerpo
vivo, tenso y presente, matizando la palabra con emoción. Su presencia se ve
enriquecida por su maestría en la danza, creando micro partituras en música
celeste. Aunque aún hay detalles que se irán solidificando con el transcurso de
las funciones, el camino está trazado.La claridad del oficio de Mauricio Rueda se manifiesta con
elegancia en la sutileza de su actuación, sabiendo acompañar, coquetear y
brillar en las breves ventanas donde es necesario, utilizando el detalle
incluso en lo oculto al ojo del espectador, "secretos del actor",
como diría el maestro Miguel Rubio. Cabe resaltar la artesanía de su trabajo,
no solo como actor, sino también como escenógrafo de esta obra, creando
detalles que sorprenden y despiertan la curiosidad.
Una de las principales dificultades en el teatro en
provincias es la técnica, especialmente la de luces. Muchas veces, esto se debe
al desconocimiento o simplemente a aplicar la clásica fórmula de "así
nomás" o justificándose con un "no hay". Sin embargo, todas
estas limitaciones carecen de fundamento al observar el trabajo profesional de
Cristiano Jara. Al agregar simplemente un par de luces al equipo de Casa Darte,
logró crear atmosferas y complementar imágenes de manera maravillosa. Dentro de
lo técnico, también se destaca lo sonoro, a cargo de Javier Quiroz, conocido
como "El Galifardo", quien supo complementar las atmosferas de manera
precisa.
Toda esta labor escénica se ve complementada con el trabajo
de Benjamín Suárez de La Hipérbole Lab, en la producción; Mario Osorio, en la
producción ejecutiva; y en la fotografía, José Amador.
Confluencia de otredades, diversos en sus geografías,
formaciones y estéticas, pero capaces de dialogar en el lenguaje común de la
creación escénica. Aquí se manifiesta la dialéctica de la otredad, buscando
puntos en común para presentarnos esta hermosa obra. Es relevante destacar que
este proyecto ha sido ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2023
del Ministerio de Cultura. Proyectos como este refuerzan la necesidad de contar
con más estímulos para la creación, ya que son impulsos vitales para un trabajo
de alta calidad.
En estos tiempos, donde constantemente buscamos al enemigo en aquel que no
piensa, siente o se parece a nosotros, o que proviene de otro lugar, el teatro
persiste como un acto político de diálogo. Su propósito es golpearnos con
nuestro propio reflejo, con la esperanza de que tal vez alcancemos la metanoia.
Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche sin
paraguas, sin abrigo continúa en temporada en Casa Darte, ubicada en la
avenida Micaela Bastidas 331, Wanchaq, Cusco. Quedan dos funciones el 22 y 23
de diciembre a las 7:30 pm. Si se encuentran en Cusco, les recomiendo asistir,
no solo por ser una obra bien lograda, sino también porque es fundamental
vernos, dialogar y el teatro siempre ofrece un excelente pretexto para ello,
siendo un punto de encuentro y la "última reserva ecológica del
hombre", como diría el maestro Mario Delgado.
Miguel Gutti Brugman
Cusco, 19 de diciembre 2023
Reconocernos como migrantes es bastante difícil, aunque la migración sea algo instintivo para nosotros, inicialmente impulsada por la búsqueda de mejores cultivos y áreas de caza. En la actualidad, la motivación ha evolucionado hacia la búsqueda de una educación de calidad, oportunidades laborales y, en ocasiones, simplemente por el deseo de estar lejos del lugar de origen para crecer, experimentar, amar y eventualmente regresar. Sin embargo, es importante señalar que estas posibilidades están restringidas a algunos privilegiados.
Las mayores olas de migraciones, tanto en nuestro país como en el mundo, han sido desencadenadas principalmente por la violencia social, la precariedad económica, las guerras y las tensiones religiosas, recordándonos así nuestra humanidad desde su lado más oscuro.
La otredad se manifiesta como la búsqueda de las diferencias con el otro, ya sea que provenga del otro lado del mar o del otro lado del río o del bosque, que a simple vista son solo espacios geográficos, pero que históricamente se han delimitado como fronteras. Esta es una de las premisas que nos presenta Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche, sin paraguas, sin abrigo, un título extenso como los que ya estamos acostumbrados a encontrar en las obras del joven dramaturgo Mario Zanatta.
En esta obra, el camino de exploración en la dramaturgia lleva al autor a alejarse de la búsqueda de una especificidad geográfica, algo que caracterizó proyectos anteriores donde su dramaturgia se impregnaba de la música y las avenidas de sus recuerdos de juventud en su distrito natal. Por el contrario, como señala Zanatta, "podría ser cualquier lugar".
La visión de la directora para llevar a escena esta obra es casi alquimia, sabiendo conjugar los materiales exactos para hacernos viajar. "Lo primero que me impactó del texto fueron las imágenes", comenta Malu Gil, y lo demuestra en escena con momentos que quedan impresos en la retina y resurgen en la memoria para ser descifrados poco a poco.
Charlotte Giusti es "la sorpresa perenne dentro de la rosa del día", como diría Oquendo de Amat. La actriz nos hace viajar con cada palabra, no solo gracias a la claridad de su voz, sino desde un cuerpo vivo, tenso y presente, matizando la palabra con emoción. Su presencia se ve enriquecida por su maestría en la danza, creando micro partituras en música celeste. Aunque aún hay detalles que se irán solidificando con el transcurso de las funciones, el camino está trazado.
La claridad del oficio de Mauricio Rueda se manifiesta con elegancia en la sutileza de su actuación, sabiendo acompañar, coquetear y brillar en las breves ventanas donde es necesario, utilizando el detalle incluso en lo oculto al ojo del espectador, "secretos del actor", como diría el maestro Miguel Rubio. Cabe resaltar la artesanía de su trabajo, no solo como actor, sino también como escenógrafo de esta obra, creando detalles que sorprenden y despiertan la curiosidad.
Una de las principales dificultades en el teatro en provincias es la técnica, especialmente la de luces. Muchas veces, esto se debe al desconocimiento o simplemente a aplicar la clásica fórmula de "así nomás" o justificándose con un "no hay". Sin embargo, todas estas limitaciones carecen de fundamento al observar el trabajo profesional de Cristiano Jara. Al agregar simplemente un par de luces al equipo de Casa Darte, logró crear atmosferas y complementar imágenes de manera maravillosa. Dentro de lo técnico, también se destaca lo sonoro, a cargo de Javier Quiroz, conocido como "El Galifardo", quien supo complementar las atmosferas de manera precisa.
Toda esta labor escénica se ve complementada con el trabajo de Benjamín Suárez de La Hipérbole Lab, en la producción; Mario Osorio, en la producción ejecutiva; y en la fotografía, José Amador.
Confluencia de otredades, diversos en sus geografías, formaciones y estéticas, pero capaces de dialogar en el lenguaje común de la creación escénica. Aquí se manifiesta la dialéctica de la otredad, buscando puntos en común para presentarnos esta hermosa obra. Es relevante destacar que este proyecto ha sido ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2023 del Ministerio de Cultura. Proyectos como este refuerzan la necesidad de contar con más estímulos para la creación, ya que son impulsos vitales para un trabajo de alta calidad.
En estos tiempos, donde constantemente buscamos al enemigo en aquel que no piensa, siente o se parece a nosotros, o que proviene de otro lugar, el teatro persiste como un acto político de diálogo. Su propósito es golpearnos con nuestro propio reflejo, con la esperanza de que tal vez alcancemos la metanoia.
Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche sin paraguas, sin abrigo continúa en temporada en Casa Darte, ubicada en la avenida Micaela Bastidas 331, Wanchaq, Cusco. Quedan dos funciones el 22 y 23 de diciembre a las 7:30 pm. Si se encuentran en Cusco, les recomiendo asistir, no solo por ser una obra bien lograda, sino también porque es fundamental vernos, dialogar y el teatro siempre ofrece un excelente pretexto para ello, siendo un punto de encuentro y la "última reserva ecológica del hombre", como diría el maestro Mario Delgado.
Miguel Gutti Brugman
Cusco, 19 de diciembre 2023
lunes, 6 de mayo de 2013
Crítica: NÚMEROS REALES
Diego López, como director, ha tenido con el estreno en el MALI de la pieza Números reales, una muy positiva evolución. Su anterior montaje, Madrugada de Gilberto Nué, fue un divertidísimo entretenimiento sin mayor profundidad dramática, pero que explotaba al máximo el histrionismo de su versátil elenco. Es justamente la dirección de actores, uno de los puntos más altos alcanzados en el presente montaje, escrito por Rafael Dumett, en el que somos testigos del derrumbe de una familia disfuncional a finales de la crítica década de los 80, con cierto parecido en su ambientación a otro montaje aún en cartelera. Por otro lado, la analogía de los números reales resulta perfecta para describir lo racional e irracional que puede convertirse el ser humano, y a veces, con dramáticas y fatales consecuencias.
Luego del breve prólogo, nos situamos en la correccional de menores, en donde Rubén (Renato Rueda, grata revelación) es visitado por su hermano (un correcto Emanuel Soriano), y nos enteramos de la muerte del padre de ambos a manos de Rubén, en defensa de la madre. Luego retrocedemos en el tiempo para conocer cómo fueron los hechos, en un ingenioso giro dramático, que nos permite sentir una gran compasión por aquel señor a quien en el barrio tildan de “loco”, el padre de familia con un grave trastorno mental, que necesita del litio que le echan en secreto en su sopa, mientras habla con fervor de su telescopio en construcción, delante de su esposa e hijos, en el humilde comedor de la casa.
Las escenas dramáticas entre el padre y la madre constituyen los pilares del montaje: él, pierde el sentido de la realidad de manera violenta; y ella, no puede abandonarlo a su suerte, porque aún lo ama. En ese sentido, la elección de Leonardo Torres Vilar (enérgico actor con visos de genialidad, como en Los Número Seis) y Andrea Fernández (feliz descubrimiento de El lenguaje de las sirenas) para estos personajes resulta de lo más acertada. Torres Vilar luce inmejorable como el demente padre, irreconocible, conmovedor y hasta peligroso, demostrando su feliz evolución como actor. A su lado, Fernández le da la réplica exacta con mucho nervio, haciendo olvidar su extrema juventud para este difícil rol.
Números reales contiene muchos momentos memorables, tanto dramáticos como cómicos, todos con una violencia latente, como en la relación entre los hermanos o el mismo parricidio en la cima del Morro Solar. Buen trabajo de los actores de reparto, como Paul Ramírez (a quien recordamos en La mueca) y María Fernanda Valera (una de las actrices de Madrugada), en papeles clave. Completa el elenco, un grupo de jóvenes y talentosos intérpretes, quienes cumplen cabalmente en sus discretos roles: Jely Reátegui (genial en El deseo más canalla y Laberinto de monstruos), Oscar Meza (descubrimiento en ¿Qué tortura?), Henry Sotomayor (protagonista de Cacúmenes) y Ricardo Otta (de El Libro de la Selva). Acompañados sólo por una funcional y discreta escenografía, el director le da, esta vez, verdadera relevancia al uso de las proyecciones en la pantalla del foro, superando largamente a sus anteriores montajes, como Karaoke, por ejemplo. Todo un verdadero avance en la carrera de Diego López y uno de los mejores montajes independientes en lo que va del año.
Sergio Velarde
06 de mayo de 2013
viernes, 25 de marzo de 2016
Entrevista: JAVIER QUIROZ y KARLOS LÓPEZ RENTERÍA
¿Qué representa Diego La Hoz para estos jóvenes? “¡Qué pregunta
tan abstracta!”, exclama Javier. “Diego es un verdadero personaje”, manifiesta
Karlos. “En un casting, una joven actriz le dijo algo maravilloso: ¡Tu nombre
es así como grande! Mucha gente lo ve como un personaje casi mítico por las
cosas que ha hecho, por las discusiones con otra gente y por el valor de las
cosas que ha dejado por el teatro”. Karlos menciona que mucha gente cree erradamente
que trabajar en EspacioLibre es como estar en un claustro. “Es una experiencia
difícil: trabajamos desde las 7 de la mañana, hacemos actividades fuera,
preparamos los ensayos hasta las 2 de la madrugada, hay momentos en que
queremos matarnos. Pero es divertido, inclusive hasta en las cosas malas. Diego
es el referente del grupo. Él ha soportado los 16 años íntegros y todos
nosotros, mal que bien, estamos continuando esa idea”. Javier agrega que “Diego
puede ser muy pesado a veces, pero está convencido que todo debe salir bien:
esa obstinación, esa terquedad en el cuidado por los detalles es mi mayor
enseñanza.”Finalmente, Karlos enumera los proyectos que se avecinan en EspacioLibre para este 2016. “El más grande es la continuación de la formación alternativa durante todo el año, además de las giras y el estreno de Un saludo que no llega, en el que celebramos los 60 años de la actriz Aurora Colina”. A lo largo del año también estarán de vuelta en la casa barranquina dos de las obras más representativas del repertorio del colectivo, El otro aplauso y Paréntesis; este último, un unipersonal en el que Karlos desea rediseñar algunos aspectos. “También seguiremos con nuestro proyecto editorial con nuevas publicaciones y abriendo nuevos espacios. Lo que más deseo es que todo eso pueda funcionar y que tengamos el espacio necesario para trabajar”, concluye.
lunes, 1 de marzo de 2021
Crítica: TODA MUERTE TIENE
Quizás por primera vez en mi vida infantil sentí,
en el límite de mi entendimiento y de la conciencia, cómo dos personas muy
próximas, que se quieren, no se comprenden y pueden atormentarse y
martirizarse, y cómo toda la conversación, toda la voluntad de ser inteligente,
toda la razón, solo consiguen inyectar veneno, nuevos tomentos, nuevos
pinchazos, nuevos errores. ¿Cómo era posible? Pero era
posible, sucedía. Era absurdo, era demencial, risible y dudoso. Pero así era.
Alma de niño de
Hermann Hesse
Diego La Hoz, qué duda
cabe, es un hombre de teatro. Además de ser un
prolífico dramaturgo y director peruano, es también el fundador de EspacioLibre
Teatro, asociación teatral que desde 1999 no ha parado de producir arte y
cultura desde el escenario. Basta con buscar su nombre entre las notas
publicadas por este medio
para darnos una idea de lo que ha sido y sigue siendo su nutrida producción.
Producción que, además, no ha surgido necesariamente desde la comodidad. Por el
contrario, y como él mismo lo ha afirmado, La Hoz se ha educado para trabajar
desde el estímulo de la precariedad. Y qué escenario más precario para las
artes (aquí y en el mundo) que el año que acaba de pasar y el que nos toca
vivir.
La incertidumbre del 2020
hizo que La Hoz esperara pacientemente a que fuera posible volver a los
escenarios presenciales. Hasta que la incertidumbre dio
lugar a la innegable (y triste) certeza de que el ansiado regreso no sería a
corto plazo. Aunque dio lugar también a la oportunidad de jugar con nuevas
posibilidades desde esa novedad llamada “virtualidad”. Así, habiéndole tocado
vivir el confinamiento en Arequipa, se puso en contacto en julio del 2020 con
el colectivo Teatro del Tercer Piso, con quienes ya había trabajado en el
proyecto ¡Bien
macha!, para explorar opciones que permitieran el diálogo entre el teatro y
la virtualidad. Este colectivo arequipeño, con tres años de permanencia en la
escena local, coincidía con el director en apostar por un montaje
multidisciplinario. En esta búsqueda, y en colaboración con la productora
audiovisual Calzón Negro, deciden trabajar con tres cuentos de la autoría de La
Hoz, adaptados al lenguaje escénico y cinematográfico en simultáneo. Como resultado, este conjunto de artistas nos
ofreció Toda muerte tiene, una
trilogía de cortometrajes escénicos, bajo la dramaturgia y dirección de La Hoz,
la dirección de fotografía y edición de Luis Ramos, el sonido y la iluminación
de Harold Núñez Solís, y las actuaciones de Erick Alpaca, Katy Basurco, María
Alejandra Márquez, Erick Pfuro y Caleb Vásquez. Cada
corto de esta trilogía se mostró durante un fin de semana de octubre y
noviembre del 2020.
El resultado de este
singular trabajo asemeja a un conjunto de piezas de cinematografía
independiente y muy de autor. De cierta manera lo son. Las
tres historias que componen este montaje no siguen necesariamente la clásica
estructura aristotélica de la dramaturgia que solemos consumir. Su lenguaje es,
más bien, críptico, lleno de visos y figuras poéticas. El mismo hilo conductor
entre ellas, la muerte, no resulta tan evidente, sino que se confunde en el
tejido narrativo. En palabras de La Hoz, estas historias no hablan de la muerte
natural per se, sino de la muerte a la que nos encamina la sociedad, como la
única salida al tormento que esta nos inflige. En un espacio físico minúsculo y
hasta improbable para un montaje teatral, estos cortos escénicos se narran entre
planos cerrados y ángulos rasantes, en un ambiente iluminadísimo en blanco y
negro, y otro a color, algo lúgubre, acompañados de una musicalización tan
discreta como inquietante. En contraste, el código actoral no es para nada
cinematográfico sino teatral ex profeso. Es como si los rarísimos personajes
(todos presentes e interactuando en el espacio) que transitan por estas
historias reafirmaran su vitalidad expresándola con una exageración estridente
para el espectador sentado en la fila “k” que, sin embargo, los ve a través de
la lente colocada a centímetros de sus rostros. Es importante comentar, además,
que las tres piezas fueron grabadas de un tirón en una madrugada, durante un
toque de queda. El resultado es que los
tres cortos escénicos mantienen uniformidad en cuanto a estética y estilo. Lo agradecemos
de sobremanera: la mente humana se esmera en detectar constantes, y esta es una
muy importante en el conjunto.
Toda muerte tiene…cinco ojos de ancho
En este el primer corto
escénico actuaron Katy Basurco, Erick Pfuro y Caleb Vasquez. Este último interpretó al “Espectro”, una suerte de anfitrión que
está presente en los tres cortos y que hace una breve introducción al
espectador sobre lo que verá, además de interpretar a otros personajes de la
trama. Esta historia versa sobre una mujer que parece haber matado a su marido
y/o al padre de sus hijos, y ahora es atormentada por el fantasma del difunto y
de sus culpas. Habla con una muñeca que podría ser o representar a su hija o,
en general, aquello que perdió y que añora con locura.
Hay que reconocer que las
primeras sensaciones con esta entrega fueron de desconcierto. Hubo que hacer un esfuerzo importante para entrar en el código
dramatúrgico (sobre todo) y cinematográfico de la puesta. En lo personal, no
gustamos de las actuaciones teatrales ante una cámara. Consideramos que esta
estridencia, bastante usual en nuestro medio y en la novedosa virtualidad, no
permite apreciar la capacidad actoral de su ejecutante y distrae de lo que
sucede en la obra. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos, durante un
conversatorio posterior al corto, que este estilo fue planteado con toda
intención. Fue necesario, entonces, volver a ver la pieza escénica para
apreciar este trabajo desde esa intención. Es importante destacar el trabajo actoral
de Caleb Vásquez y Erick Pfuro, que parecen haber hecho exactamente lo que se
les pidió hacer en escena (aunque Pfuro tuvo un encargo más complicado con un
personaje como el suyo), y el de Katy Basurco, que lleva gran parte de la
acción dramática en sus hombros. Hay
que decir, sin embargo, que faltó algo de peso escénico en el personaje de
Basurco. Hubo textos larguísimos en los que no parecía
haber incorporado el lastre de todo el sufrimiento por el que esta mujer ha
pasado. Era como si sus entrañas no hubieran comprendido el horror por el que
transitaba. Por supuesto, entendemos que lo que pedimos no es poco. Pero es
nuestro deber pedirlo.
Toda muerte tiene…sangre azul
En este segundo corto
escénico actuaron María Alejandra Márquez, Erick Pfuro y Caleb Vasquez. Esta entrega nos cuenta la historia de dos hermanos, una niña y un
niño, que están huyendo. Ella es una princesa a la que él, como un caballero
andante, debe proteger del mal que los acecha. Una vez más, los fantasmas de la
culpa rondan, sobre todo al niño, que parece haber matado al padre abusador.
Los hermanos corren hasta donde sus fuerzas les dan, pero la sombra de su
crimen parece ser más rápida y los orilla a un precipicio.
Llegamos a esta segunda
entrega más preparados que a la primera. Caleb Vasquez
repite el plato como nuestro anfitrión, y nos invita a sumergirnos en esta
historia. Esta vez, el lenguaje dramatúrgico resulta más claro y no tan
críptico, aunque no exento de imágenes y figuras poéticas. En línea con esto,
el trabajo actoral resulta más comprensible para el espectador. Destaca aquí
Erick Pfuro, que parece sentirse más identificado con el personaje que le ha
tocado interpretar. En cuanto al riesgo escénico, cabe destacar la inclusión
funcional de mobiliario en la obra. Se propone una estructura central hecha de
mesas o sillas, con la cual interactúan de manera efectiva estos personajes.
Toda muerte tiene…un gato para dos
En el tercer y último
corto escénico actuaron María Alejandra Márquez, Erick Alpaca y Caleb Vasquez. En esta historia, una mujer embarazada tiene un gato. Un gato
domesticado. Un gato humanizado. El gato resiente el abandono de la mujer,
entiendo que su amor es condicional y agobiante. La mujer resiente el abandono
del gato, que ahora ansía la libertad. Quiere marcharse y ella no lo deja. Lo
sujeta con su querer que es como una soga que aprieta. Demanda fidelidad. La
mujer tiene un marido que la sujeta, también, con la soga de su querer. Ambos
quieren liberarse del otro pero, al mismo tiempo, se atan entre sí. El amor
¿incondicional? que la mujer lleva en el vientre lo amenaza todo.
Así como el gato que Erick
Alpaca interpreta, llegamos a esta función bastante “domesticados”. Conocemos el lenguaje con el que nos van a hablar, y nos dejamos
envolver en él. Nuevamente el “Espectro” de Vasquez nos lleva de la mano a esta
historia que él también compartirá como un personaje más. Nos sugiere, antes,
que usemos nuestra imaginación. Asumimos que es para que entremos a la
convención de que Alpaca interpreta a un gato humanizado que se expresa con
todo el dolor que le cabe. Felicitamos desde aquí su interesante trabajo, así
como el de Márquez, que se debate entre el ama dominante y la esposa sumisa. El
juego con la soga entre los tres personajes es interesante de ver y cobra
cierto nivel de protagonismo como la analogía del amor asfixiante del que habla
esta historia.
Toda muerte tiene no es un producto de fácil ingestión o digestión.
Lleva en sí el fermento de lo absurdo, lo demencial, lo
risible y lo dudoso. Como al personaje del cuento de Hesse que citamos líneas
arriba, nos duele y nos atormenta desde la contradicción en la puñalada artera
de quien dice querernos. Y, sin embargo, su rara complexión nos genera un goce
estético. Termina convirtiéndose en un gusto adquirido. Un delicatesen
discretamente exhibido en el amplio buffet de la virtualidad local. Enhorabuena.
David Huamán
1º de marzo de 2021
Nota del autor: Esta
entrega llega con casi cuatro meses de retraso a este medio. Nada justifica semejante dilación. Solo nos cabe ofrecer nuestras más
sinceras disculpas a sus lectores y, en especial, a Diego La Hoz, Luis Ramos, Harold
Núñez Solís, Erick Alpaca, Katy Basurco, María Alejandra Márquez, Erick Pfuro,
Caleb Vásquez y a todo el equipo de Teatro del Tercer Piso y Calzón Negro. Esperamos que estas líneas estén a la altura de vuestras
expectativas.
martes, 18 de noviembre de 2014
Crítica: KAPITAL
domingo, 15 de julio de 2012
Crítica: JARDÍN DE COLORES
Siempre es grato apreciar una obra de autor nacional, especialmente si es del sexo femenino: la actriz María del Carmen Sirvas (a quien vimos en Madrugada) escribe y actúa en Jardín de colores, puesta en escena estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, bajo la dirección de Francisco Echeandía (de quien vimos su particular visión de Electra el año pasado). El tema elegido por Sirvas es la difícil relación entre una madre castrante y una hija sumisa, presa de una frustración que adivinamos no traerá consecuencias agradables. La llegada de un joven inquilino a la casa brindará una luz de esperanza a la hija para escapar de este asfixiante mundo y encontrar la libertad.
La primera escena nos deja ver claramente el conflicto inicial: la madre no deja levantarse de la mesa a la hija que no ha terminado de comer y tampoco le permite cambiarse de ropa ante la inminente llegada del inquilino. Cuando éste llega, la hija se refugia debajo de la mesa para terminar de comer, llena de vergüenza. A partir de ese momento y debido a algunos vacíos en la dramaturgia, sólo quedan algunas inspiradas secuencias como el primer encuentro entre los jóvenes, el enfrentamiento final entre madre e hija y las escenas surrealistas en ese jardín de colores, que le sirve de refugio a la hija cuando duerme. Muchas interrogantes quedan en el aire y algunas motivaciones de los personajes no son exploradas debidamente: las razones de la sumisión de la hija, la atracción que siente la madre hacia el inquilino, el olvido del boleto de la hija, entre otras.
Por otro lado, las actuaciones del elenco son eficientes: Cynthia Urrunaga compone una madre asfixiante y creíble, en el límite de la sobreactuación. Ernesto Ballardo también cumple como el “Salvador” de la joven. María del Carmen Sirvas está impecable como la muchacha llena de culpa y miedo y logra una buena química con Ballardo. La dirección de Francisco Echeandía es pulcra, austera y funcional; y tal como lo hizo en Electra, prefiere enfatizar la caracterización de los personajes, quienes finalmente hacen de este Jardín de colores, un discreto montaje de que se deja ver.
Sergio Velarde
15 de julio de 2012
jueves, 11 de julio de 2024
Crítica: KORTAS
Cuarta temporada
Se ha estrenado en el teatro Barranco Kortas, la cuarta temporada de un espectáculo de cuatro obras teatrales muy diferentes entre sí. Con chilcano y salchipapa en mano pude entrar a ver estas cuatro opciones.
Lo dejo… y punto
Me siento y la primera obra que se presenta resulta ser la más entreverada de todas. Dirigida por Sergio Muñoa y escrita por Marc Egea, cuenta una historia en la que un ama de casa (Adriana Benito) contrata a un terapeuta (Andre Natteri) con un misterioso método para dejar de fumar. Una obra en general graciosa, pero con problemas de verosimilitud en la que no se termina de comprender del todo qué sucede ni el tono de la obra. Entre aciertos y desaciertos, los momentos de risa son opacados por una comedia de confusiones en la que actores y público también terminamos confundidos.
Yo (NO) lo parí
Ya desde el primer minuto, la segunda obra alejaba su propuesta de la primera. Si Lo dejo y… punto era una comedia, Yo (NO) lo parí de Juliana Morales Carreño y dirigida por Gretha Marston y Flavio Giribaldi se presenta como una obra de protesta. Se sirve de una premisa en la que dos mujeres en distintas partes de la ciudad quedan embarazadas al recordar no tomar la pastilla anticonceptiva para evidenciar a una sociedad reaccionaria-imperialista-capitalista- conformista-carnicocéntrica-apostólica y romana. Los recursos de los que se vale Yo (NO) lo parí también distan de la primera obra. A través de monólogos y de lo físico se valen para contar una historia que en tan solo 15 minutos es capaz de hacer una crítica fuerte y clara a un sistema opresor. El uso de los visuales, del escenario compuesto de tan solo dos sillas, es aprovechado para redondear en una crítica directa y poderosa.
Ya, pero… ¿eres o no eres?
Probablemente la mejor de las cuatro obras de la noche al haber leído el humor del teatro Barranco. La obra, escrita y dirigida por Gian Loli, muestra a Lucho quien despierta en la madrugada en el cuarto de Beto luego de haber tenido relaciones. Entre situaciones incómodas y de aceptación, la obra nunca baja el tono de comedia sin importar lo dramático que está contando. Y gran parte de ese mérito recae en Beto, interpretado por Eduardo Pinillos, que con un gran timing para la comedia y un texto del que se apodera nos atrapa, al igual que ellos, en ese cuarto a las 4 de la mañana. La reflexión de la obra sobre la soledad y el drama por no saber quién es uno aparece sin restarle al tono a una comedia que no pretende nada más que hacernos reír.
11:11
Como acto final aparece 11:11 que cierra la noche con otra propuesta totalmente diferente a las anteriores. Desde una escenografía más clásica y unos diálogos más directos. Escrita y dirigida por Ricardo Caffo, esta obra muestra a Andrea quién acaba de conocer a Matías a las 11:11 el día en el que pensaba matarse. ¿Es una señal? Ya sin el tono de comedia de las otras obras, 11:11 toma un tono más solemne que funciona debido a la química de sus actores y a la puesta en escena que nos hace preguntarnos: ¿existen las casualidades?
Gabriel Calderón
11 de julio de 2024
miércoles, 9 de agosto de 2023
Crítica: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
Paralelismos cómicos de la vida conyugal
Dos universos cómicos del
dramaturgo francés Georges Feydeau, Leonorcita
se adelantó y No somos nada, cada
una de un acto, conforman la obra Hasta
que la muerte nos separe, bajo la dirección de Alberto Ísola. Este montaje se encuentra en temporada en el Teatro de Lucía hasta
el 21 de agosto, trayendo a escena a un elenco conformado por Sandra
Bernasconi, Javier Valdés, Roberto Ruiz, Airam Galliani, Antonella Gallart y
Sol Nacarino. Ambas obras están ambientadas en Paris de 1912. La primera historia trae a Leonor, quien está a
punto de dar a luz; Toudoux, su marido; sus padres, los de Champrinet; y la
partera hacen lo posible para que el parto se desarrolle de la mejor manera. La
segunda historia, en otro lugar de la ciudad, muestra a Luciano, quien vuelve
tarde de un baile de disfraces y se enfrenta a los reclamos de su mujer,
Yvonne, hasta que en medio de la madrugada y las discusiones conyugales llega
una noticia impactante.
Leonorcita
se adelantó
Galliani encarna a
Leonor, una mujer en trabajo de parto, quien se apoya en su esposo Toudoux (Ruiz)
para sobrepasar las contracciones. Desde el inicio de la obra, se destaca el
trabajo de construcción de personaje de la pareja de esposos, con un trabajo
impecable de texto, manteniendo el ritmo de la obra de acuerdo a lo que una comedia
como esta requiere. A nivel de técnica actoral, el
elenco completo logró apropiarse del texto, la idiosincrasia y los
comportamientos propios de un París de inicios del siglo XX. La contextualización de la obra fue clara, gracias
al uso de una escenografía detallada, la cual describía perfectamente el hogar
de una familia de clase media – alta de aquella época. La
obra logró ser vitrina de una situación íntima y cotidiana de los vínculos de
las dos parejas de la historia. Era
fácil crear empatía con las emociones y pensamientos de los personajes, pues
describía situaciones que no tienen tiempo ni contexto: problemas de pareja,
posiciones sobre lo que es ser padre, ser madre, la rutina en pareja, la
evolución de esta en el tiempo, entre otros tantos aspectos tan humanos y
vigentes. Ísola logró, a través de su interpretación y dirección, trabajar la
comicidad a pesar de que las historias en sí mismas podían llegar a ser
oscuras.
No
somos nada
Luciano (Valdez) vuelve
tarde de una fiesta de disfraces. Yvonne (Bernasconi), su esposa, lo recibe con
una serie de reclamos que oscilan entre distintos reclamos por celos,
inseguridades, choques de opiniones, entre otros temas importantes de discutir
en pareja. Destaco el trabajo de ambos actores en esta
historia, pues lograron una concentración y conexión técnicamente impecable en
escena. Un elemento que resaltaba
dentro del desarrollo de la discusión era la inclusión aleatoria de su criada,
interpretada por Galliani, quien era víctima de decisiones impulsivas tomadas
por sus patrones. Este factor resultaba muy gracioso al
espectador: el director logró que, a pesar de que se trataba de una situación
densa, la comicidad estaba presente dualmente. Esta historia fue adecuadamente
colocada como segunda dentro de la representación. Si bien la situación y los
giros de la historia no son para reírse, la historia fue complementada con
situaciones tan cotidianas como cómicas sostenidas adecuadamente. La conversación de esta pareja de mediana edad
resultó simpática, pues tocaba y criticaba comportamientos de marido y mujer
que, estoy segura, cualquier pareja podría atravesar en algún punto de su
relación.
Stefany Olivos
lunes, 6 de noviembre de 2023
Crítica: 7 AÑOS
El precio de la lealtad
El Centro Cultural de la Universidad del
Pacífico y Empresa en Escena Producciones de Jorge Céspedes y Ernesto Gonzáles
Quattrini estrenaron la temporada de 7 años,
un impactante thriller basado en el guion de la primera película de Netflix, España (2016), escrito por Julia Fontana
y José Cabeza, bajo la dirección de Roberto Ángeles.
La acción trascurre en Lima, una madrugada
de domingo, en donde cuatro socios y amigos o viceversa, están reunidos en una
oficina de la exitosa empresa de tecnología informática que han forjado, y no
precisamente para trabajar, sino para tomar una decisión que pondrá en jaque
los cimientos de su amistad; así como la libertad de uno de ellos. Pues la
Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) ha detectado una
fuerte evasión tributaria que los involucra a todos por igual; sin embargo, han
decidido que solo uno tomará la responsabilidad, librando a los otros de la
culpa, requiriendo la intervención de un mediador profesional, que los llevará
a decidir quién de los cuatro va a la cárcel.
Los personajes están perfectamente
delimitados, acorde al imponente factor psicológico de la narrativa, que pulsa
cada movimiento, cada palabra y argumento, defendido por un excelente reparto
encabezado por el primer actor Roberto Moll (Mediador), quien cargado de templanza
y rigor, va escudriñando en las fibras más sensibles de los socios encarnados
por Oscar López Arias (Gerente de ventas), Jackie Vásquez (Gerente de finanzas),
Jorge Céspedes (Gerente de tecnología), y Ernesto Gonzáles Quattrini (Gerente
General). Cada uno con mucho que perder, pasan de la preocupación a la
desesperación, entonces el cómodo espacio bien ambientado con los artículos de
una oficina, los acorrala, siendo mudo testigo el óleo “Yo nunca te prometí un paraíso”, del artista José Miguel Tola,
representando a su vez un símbolo del infierno que se desata en la
deliberación. El espacio de la amistad se estrecha a punta de insultos, de peleas
y golpes bajos; se desnudan las verdaderas personalidades, y la tensión llega a
su máximo nivel cuando las cuestiones más íntimas quedan al descubierto. Todo se
vale en esta suerte de partida de ajedrez escénica, con tal de esquivar la
cárcel. Cabe resaltar la notable interpretación de López Arias, que tiene a su
cargo un personaje lleno de matices, el cual se opone al de Jorge Céspedes, con
quien logra una intensa confrontación. Importante también la breve intervención
de Jimena Lindo, como la abogada de la empresa, cuyo mensaje es el tiro de
gracia a la agonizante hermandad de los personajes.
7 años es una cuidada pieza teatral, que nos acerca al universo
empresarial de una manera ruda y honesta, además de reflexionar acerca de los
valores y convicciones del ser humano. Prevaleciendo las buenas
interpretaciones de los actores, quienes como contradicción de la trama, han
gestado este proyecto luego de veintitrés años de amistad, forjada siendo
alumnos del Taller de Formación Actoral de Ángeles, quien ha sabido sacar
provecho de ese vínculo para lograr una puesta estéticamente impecable, con sólidas
intervenciones que nos dejan varios cuestionamientos sobre la mesa: ¿Hasta
dónde somos capaces de llegar para salvarnos?; ¿a quién le damos realmente
nuestra lealtad?; ¿cuál es el precio de la amistad?; ¿qué vida vale más en
libertad?...
Maria
Cristina Mory Cárdenas
6 de noviembre de 2023
viernes, 22 de mayo de 2026
Crítica: DÍA 4 DE LA XIX MUESTRA MACROREGIONAL DE TEATRO LIMA – ICA – CALLAO, BRUNO LUERA
El teatro continúa…
Volvimos a Lima Norte. La Casa Cultural Haciendo Pueblo nos sigue acogiendo entre sus telones… que se abra la sala, que jueguen las luces, ¡que viva el teatro!
La faena empezó con Historias Cotidianas de la agrupación teatral Los Punteños, una puesta escénica trabajada con personas especiales. El rótulo del director fue claro: al finalizar el espectáculo dijo que había trabajado con personas con habilidades impresionantes y extraordinarias. Pues fue así: el escenario se convirtió en un espacio donde lo magnífico es posible. Desde la ternura y lo simple se construyeron cosas hermosas a partir de un ritmo constante que marcaba la obra, una tonada parecida a un vals o referente a la música criolla. El gesto fue fundamental, acciones cotidianas fueron reconocidas y estructuradas desde su sistema social, por ejemplo, hubo escenas donde los vendedores fueron los protagonistas y su eterno enfrentamiento con los serenos; también hubo momentos de diversión con acciones precisas que iban repetidas de ritmo y parlamentos pequeños, caídas y recuperaciones, gestos humorísticos que alegraban el transcurso. Al finalizar, cada uno de los participantes realizó un solo de baile, donde la improvisación y el carisma se llevaron los aplausos del público.
Después de haber encendido el espacio con tal capacidad de encanto, pasamos a una puesta de la old school, donde personalidades fueron apareciendo desde las sombras. Lima 4 am del colectivo Cirqueando inició con música, dos intérpretes (uno con guitarra y el otro solo con su voz), que fueron tejiendo una historia que respiraba a madrugada y sonoridad divertida. La narración musicalizada y teatralizada se sostuvo desde la interacción de los artistas y su constante provocación al público. Durante la performatividad, se fue sintiendo la incomodidad de la calle y la invasión del personaje, un ex convicto que busca otra oportunidad. Los pasajes sonoros de la composición estuvieron guiados por un arpegio que era la columna vertebral para cada situación, la música iba de un lado a otro, con matices de distintos géneros, pero conectada por una sonoridad que retornaba a la situación, que funcionaba como pluma que escribe un texto. Los elementos fueron muy bien utilizados y las relaciones que se producen a partir de ello, entre el intérprete y su compañero y también con el público. Se reflexionó sobre el concepto de basura social, y cómo sería posible la reinserción de un exconvicto a la sociedad; un tema bastante cuestionable, muchas son las miradas, pero estamos dispuestos a dar segundas oportunidades, o de qué depende para estar prestos a una aceptación y a una reinserción. Los nervios se quedaron algo temblorosos después de esta puesta, ya que en varias ocasiones, debido a mi ubicación en las butacas, fui embestido por la energía del actor que hacía de exconvicto y por sus acciones.
En la tercera puesta del día, Casting artifi(I.A)L del colectivo Meleles, el ambiente cambió: se bajaron las revoluciones y los payasitos aparecieron. Esta creación tuvo como referente el cuerpo payaso, el ser payaso; cómo se mueve, cómo habla, cómo hace las cosas, las posibilidades del payasito son inmensas y más aún cuando intentamos generar algún tipo de reflexión en los espectadores. Se trabajó con la música, no solo se la presentó, se la intervino desde la edición, haciendo una buena selección de canciones y mezclándolas inteligentemente, para subir la velocidad, bajar la velocidad y mezclar algunos ritmos. La historia nos hace reflexionar sobre el mundo de la Inteligencia Artificial, cómo ha llegado a posicionarse en nuestra rutina y las causas que puede tener si se apodera rotundamente de nuestros espacios. Hay un monitor que todo lo ve, que todo lo sabe, siempre está dando indicaciones y parece manejar el mundo payaso; la realidad a veces supera a la ficción, pero el arte de la risa y la corporalidad del payaso permite reflexionar desde otra mirada, subraya la vida haciéndola más inverosímil para llegar a comprender en lo que nos estamos sumergiendo día a día. Una de las cosas que más me llamó la atención de esta creación es la voz y el cuerpo del payasito, cómo desde una corporalidad aparentemente descuidada e inocente se construye narrativas muy potentes y cómo desde una voz que en algunos casos solo balbucea se puede construir un hilo narrativo que va hacia lo imaginativo y permite la posibilidad de la creación del público. Porque una cosa es escuchar un parlamento, pero otra cosa es observar gestos, escuchar sonidos y paulatinamente ir construyendo una historia o una expresión.
La noche cerró con Candela, diario de una actriz, un unipersonal de Sonia Franco, que duró más de una hora, pero el tiempo no se sintió. Mantuvimos la atención y nos perdimos en los detalles. El color es lo que vive desde el primer momento, un texto resistente y una conexión con la vida, con los recuerdos. El movimiento era rápido constante y la voz no se apagaba, gran manejo de técnica. Una sensación fue lo que me dejó esta puesta, una sensación que se desmenuzaba en distintas expresiones, tristeza, resistencia, arte, amor, fracaso, dolor. La mirada de la actriz por momentos llegaba a un brillo trascendente, ese estado donde el artista se ha fundido con el escenario y su creación para ser el nuevo mundo que se habita. Gran parte de la composición me aludía a la calle, había pedazos de calle en los desplazamientos, en los textos, en los altibajos, cambios constantes ordenaban una sensación potente que se supo colar entre mis ojos. Hubo magia, burbujas nos acompañaron en la noche, fue un cierre excelente, después de tanto talento asentamos con algo sólido, una remembranza a los muertos, a Mario Delgado y su presencia, su enseñanza, que se sintió, estuvo presente.
Así se dio la cuarta fecha de la Muestra, con muchos aplausos, conversaciones intrincadas, comentarios ajenos subjetivos. Hay una gran alegría en todo lo que nos rodea. Haciendo Pueblo cumple su anfitrionaje con mucha ilusión, los artistas acuden con disciplina, con entereza, para mostrar sus trabajos, para ser vistos, para ver también, y seguir haciendo arte, seguir existiendo dentro del teatro y para el teatro.
Moisés Aurazo
22 de mayo de 2026
domingo, 7 de junio de 2020
Crítica: CONEXIÓN
lunes, 3 de octubre de 2016
Crítica: DE TODO, EN UN DÍA
martes, 19 de enero de 2021
Entrevista: YAMIL SACIN
“Este es un trabajo que es al mismo tiempo creativo, intelectual y de contacto.”
Nacimiento, espectáculo unipersonal en homenaje a Samuel
Beckett, fue el vehículo escénico virtual perfecto para el lucimiento del actor
Yamil Sacin, quien ganó el premio del público en el evento de Oficio Crítico
2020. “Tenía siempre un interés en la actuación, pero relacionado al cine”,
recuerda Yamil. “De pequeño fui a ver algunas obras, la que más recuerdo fue
una de Oswaldo Cattone, Annie, era la que estaba más de acuerdo a mi edad.” No
solo el cine, sino también programas como los de Biography Channel, con
biografías de conocidos actores, o las películas en blanco y negro con artistas
clásicos. “Después, bueno, vino la clásica por la que muchos de nosotros
pasamos: la familia, que te decían ¡pero qué vas a hacer con tu vida!”
Encontrando el camino
Yamil no tuvo un taller de teatro fijo en su colegio, solo
de manera esporádica y a cargo de un profesor de Arte que era mimo, pero que no
enseñaba lo que precisamente sabía. “Seguro no estaba en la currícula”,
comenta. “En época escolar, me pasaban la voz para hacer obras, pero en otros
colegios y así me fui interesando y acercando más al teatro”. No es un secreto
que (todavía) muchos colegios sacrifican las contadas horas de taller cuando
tienen algún evento en especial. “Creo no entienden nada de la parte creativa
del ser humano”, sostiene Yamil. “Se están cerrando otros cursos similares, como
el de Filosofía, que son importantes por la crítica, porque el Arte no
solamente es hacerlo, es también tener una crítica en relación con la sociedad,
con sus roles y para percibir nuestra propia realidad.”
Ya adolescente con 17 años, Yamil empezó a participar como figurante en algunas producciones de Iguana. “Incluso participé en una obra de teatro con Leslie Stewart en el Satchmo.” Sin embargo, en aquellas épocas Yamil estaba más interesado en el tema de los Derechos Humanos, así que estudió Derecho. “Igual participaba en cosas esporádicas y yo mismo me decía hasta dónde voy a llegar con este hobby”. Terminada la carrera de Derecho, en la que estuvo becado prácticamente en toda su duración, estuvo practicando pero ahorrando en paralelo para estudiar teatro. “Y el primer taller que entré fue el de Roberto Ángeles; no pasé el primer nivel, pero estuve rondando por otros hasta regresar para sacarme el clavo.”
La inspiración de los maestros
Yamil tuvo a lo largo de todo su aprendizaje muchos
maestros, quienes fueron puliendo su talento, como por ejemplo, David Carrillo.
“Él tiene un gran matrimonio entre la teoría y la práctica, sabe cómo encajar
perfectamente esa idea que el teatro también es un juego, lo sabe hacer
aplicando todas las herramientas que dispone,” señala Yamil. “Y te las enseña
para que las puedas comprender mucho mejor; por ejemplo, en su taller había muchas
personas que tenían problemas para conectar, pero él buscaba la causa de la desconexión,
la trabajaba y emparejaba al más rezagado; y al mismo tiempo, te contagiaba con
ese entusiasmo, porque David lee mucho sus obras, hasta que encuentra una en la
que dice ¡ya está!, y te llega a enamorar con la obra.”
Otro gran maestro de Yamil fue Alberto Isola, a quien
describe como “una persona que tiene bastante experiencia en el teatro, pero cada
obra la hace con la ilusión de un niño que recién la descubre, enamorado y admirado
por ella.” Yamil recuerda los mensajes que recibía de Isola, a veces de
madrugada después del taller, con información o videos de la obra. “Él estaba
pensando constantemente en sus alumnos y enamorado de enseñar, porque le
encanta enseñar, esa transmisión es muy importante, ese amor por el teatro.”
Yamil menciona también al director de EspacioLibre, Diego La Hoz. “Es mi amigo,
con una visión del teatro no solamente limeño sino a nivel nacional e internacional
y siempre está retando las formas y rompiendo los moldes.” Reconoce en La Hoz
una visión más amplia del acontecer teatral y como un amante de las artes
escénicas en todas sus formas, especialmente en la de responsabilidad social.
“Además, se nota el ritmo interior en los montajes de EspacioLibre.”
Experiencias dentro y fuera del escenario
Yamil ha venido participando en interesantes puestas en escena de variado calibre, desde dramas como Vigilia de noche (2017) de Lars Norén, hasta comedias como Medias naranjas (2019) de Carlos Ruiz. Sin embargo, el personaje que más le ha costado interpretar, y al que le gustaría darle una segunda oportunidad para redondearlo, es el de Garcin de A puerta cerrada (2017), el clásico de Sartre que se presentó en el Teatro Racional, bajo la dirección de Manuel Trujillo. “Llegué a ese proyecto a solo un mes de estrenar, el texto es enorme, pero me quedé con las ganas de tener un poco más de tiempo para darle vuelta, siento que no llegue a cerrarlo por completo.”
Otra carrera contra el tiempo fue también la de Nacimiento,
en la que Yamil tuvo solo dos semanas para preparar su personaje, ante la
salida del actor anterior. “El tema técnico fue complicado,” comenta. “Es más,
casi muero asfixiado en un ensayo cuando utilicé una lámpara de gas por primera
vez, comenzó a llenarse de humo todo el lugar, parecía un incendio.” A pesar de
los problemas, el espectáculo unipersonal fue muy atractivo, gracias al talento
de la directora Carla Valdivia, quien dirigiera meses después Ofelia no estaba loca,
otro interesante monólogo, que fue seleccionado por el premio Luces 2020 de El
Comercio. “Carla es una gran amiga que conozco hace muchos años, siempre
decíamos que vamos a trabajar juntos, pero nunca se daba la oportunidad,”
refiere Yamil. “Tenemos una buena conexión, nos gusta viajar mucho a otras
dimensiones, somos medio psicodélicos; a ella le encanta mucho la creación, es
decir, los textos que sirvan para crear más, creo que es muy necesario para
innovar, para presentar otras opciones también.”
“No voy a decir que un buen actor debe tener mucho talento,” asegura Yamil. “Uno llega con pocos talentos a veces, pero depende qué tanta disciplina tengas para lograrlo; por eso creo que sí debe tener esfuerzo, disciplina y una correcta visión de a dónde quiere llegar; eso es algo que aprendí mucho con uno de mis maestros, Bruno Odar." Por otro lado, mucha gente llega acaso al arte pensando en qué va a ser famoso, pero Yamil afirma que eso sucede en muy pocos casos. “Debes estar preparado no rendirte, porque a veces económicamente las cosas no van bien; por eso, si yo en algún momento soy famoso o popular, sería por añadidura, porque no es que lo haya buscado; a mí me gusta vivir en el arte, porque es un trabajo que es al mismo tiempo creativo, intelectual y de contacto.”
Yamil ha incursionado en la dirección, tanto presencial como
virtual, curiosamente en obras del gran dramaturgo peruano Sebastián Salazar
Bondy, con Dos viejas van por la calle (2019) y En el cielo no hay petróleo
(2020), esta última como lectura dramatizada. “Un buen director de teatro debe
tener empatía, es muy importante ponerse en el lugar del otro,” afirma Yamil.
“Es importante elegir el elenco y también saber leer e interpretar, es decir, tener
una visión más amplia, de la estética, de la parte técnica, de la música.”
Yamil se encuentra preparando algunos proyectos desde la virtualidad e incluso,
uno presencial. “He sido convocado para la obra Héroes del Pacífico, por el
bicentenario, todos los sábados de febrero y marzo, y la haremos en la locación
que más me ha gustado: el cementerio Presbítero Maestro, en donde hice Don Juan
Tenorio hace muchos años; me encantó el cementerio, me da bastante paz,”
finaliza.
Sergio Velarde
19 de enero de 2021






















