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lunes, 14 de mayo de 2012

Crítica: MADRUGADA

Nuestras variopintas celebraciones y festejos

Resulta entendible que el estreno de Madrugada, presentado en el Museo de Arte de Lima por Viaexpresa colectivo teatral, haya generado una oportuna reflexión de Gabriela Javier Caballero en su blog El teatro sabe, acerca de la naturaleza misma del teatro, sobre su necesidad imperiosa de traducir la realidad, estilizándola. Escrita por Gilberto Nué y dirigida por Diego López, Madrugada toma de pretexto la esquemática y por demás, trillada historia de amor de una pareja a la que le urge reencontrarse, para escenificar con mucha pompa, gracia y brío, algunas de las diversas manifestaciones culturales que ofrece (y enriquece) nuestra ciudad. Y precisamente, este estilo pseudo-documental, apoyado con música en vivo, baile y proyección de video, justifica la posición de Caballero de no considerar a este montaje como un espectáculo teatral.

Curiosamente otra colega, Rosana López-Cubas en su blog Lima en escena, también indaga sobre la naturaleza misma de Madrugada: le pregunta a su director Diego López si estamos ante un musical. Ante la respuesta negativa, López afirma que su puesta en escena busca básicamente divertir. Y lo consigue en gran medida, gracias a la creatividad con la que pone en escena cada una de las representaciones festivas de la obra, desde un quinceañero hasta una fiesta rave, pasando por un cumpleaños, una pollada, un matrimonio o una “pera malograda”. Todos estos cuadros resultan entrañables, al igual que algunos divertidísimos personajes que intervienen, como la animadora infantil, la adorable quinceañera, los niños malcriados que odian a Barney, los pitucos de la discoteca o las “amixers”. Sin embargo, la coartada sentimental del imposible amor entre los cusqueños Lucinda y Cirilo, separados por la distancia y por la nueva vida de ella en la capital, está escrita de manera tan predecible y básica, que a duras penas es sostenida por los esfuerzos de los actores María del Carmen Sirvas y Edwin Vásquez.

La búsqueda de Lucinda, por parte de Cirilo y su amigo Wilson (Óscar Ugaz) resulta esquemática, cansina y repetitiva. Pasados los primeros cuadros entendemos que los insertos a manera de flashbacks (que nos muestran la última conversación entre los enamorados en la sierra) sólo sirven para que el resto del elenco prepare la siguiente escena. Pero Madrugada sí ofrece algo muy destacable: los pintorescos protagonistas de cada festejo, quienes cantan, bailan y se divierten con absoluta convicción, a pesar de lo estereotipado de sus roles. Ray Álvarez, Carla Arriola, Jorge Bardales, Carolina Cano, Pierina Carcelén, Natalia Cárdenas, Jeffrie Fuster, Carla Gonzales, Jaime Lozada, Marco Otoya, Diego Alonso Pérez y María Fernanda Valera están notables en cada uno de los variopintos personajes que les toca representar. Acaso se podría afirmar que Madrugada sí es un montaje teatral, pero que sólo vale como un inofensivo entretenimiento y nada más.

Sergio Velarde
14 de mayo de 2012

martes, 19 de diciembre de 2023

Colaboración regional: CAMINAR BAJO LA LLUVIA ENTRE LA MADRUGADA Y LA NOCHE SIN PARAGUA, SIN ABRIGO


Confluencia de otredades

Reconocernos como migrantes es bastante difícil, aunque la migración sea algo instintivo para nosotros, inicialmente impulsada por la búsqueda de mejores cultivos y áreas de caza. En la actualidad, la motivación ha evolucionado hacia la búsqueda de una educación de calidad, oportunidades laborales y, en ocasiones, simplemente por el deseo de estar lejos del lugar de origen para crecer, experimentar, amar y eventualmente regresar. Sin embargo, es importante señalar que estas posibilidades están restringidas a algunos privilegiados.

Las mayores olas de migraciones, tanto en nuestro país como en el mundo, han sido desencadenadas principalmente por la violencia social, la precariedad económica, las guerras y las tensiones religiosas, recordándonos así nuestra humanidad desde su lado más oscuro.

La otredad se manifiesta como la búsqueda de las diferencias con el otro, ya sea que provenga del otro lado del mar o del otro lado del río o del bosque, que a simple vista son solo espacios geográficos, pero que históricamente se han delimitado como fronteras. Esta es una de las premisas que nos presenta Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche, sin paraguas, sin abrigo, un título extenso como los que ya estamos acostumbrados a encontrar en las obras del joven dramaturgo Mario Zanatta.

En esta obra, el camino de exploración en la dramaturgia lleva al autor a alejarse de la búsqueda de una especificidad geográfica, algo que caracterizó proyectos anteriores donde su dramaturgia se impregnaba de la música y las avenidas de sus recuerdos de juventud en su distrito natal. Por el contrario, como señala Zanatta, "podría ser cualquier lugar".

La visión de la directora para llevar a escena esta obra es casi alquimia, sabiendo conjugar los materiales exactos para hacernos viajar. "Lo primero que me impactó del texto fueron las imágenes", comenta Malu Gil, y lo demuestra en escena con momentos que quedan impresos en la retina y resurgen en la memoria para ser descifrados poco a poco.

La dirección de Gil es precisa y sutil, haciéndose presente en los detalles. La claridad con la que nos presenta esta obra hace que reverberen imágenes que nos cuestionan sobre nuestro propio ser migrante, a menudo negado por la necesidad simplista de juzgar al otro solo por haber nacido al otro lado del mar o del río.


Charlotte Giusti es "la sorpresa perenne dentro de la rosa del día", como diría Oquendo de Amat. La actriz nos hace viajar con cada palabra, no solo gracias a la claridad de su voz, sino desde un cuerpo vivo, tenso y presente, matizando la palabra con emoción. Su presencia se ve enriquecida por su maestría en la danza, creando micro partituras en música celeste. Aunque aún hay detalles que se irán solidificando con el transcurso de las funciones, el camino está trazado.

La claridad del oficio de Mauricio Rueda se manifiesta con elegancia en la sutileza de su actuación, sabiendo acompañar, coquetear y brillar en las breves ventanas donde es necesario, utilizando el detalle incluso en lo oculto al ojo del espectador, "secretos del actor", como diría el maestro Miguel Rubio. Cabe resaltar la artesanía de su trabajo, no solo como actor, sino también como escenógrafo de esta obra, creando detalles que sorprenden y despiertan la curiosidad.

Una de las principales dificultades en el teatro en provincias es la técnica, especialmente la de luces. Muchas veces, esto se debe al desconocimiento o simplemente a aplicar la clásica fórmula de "así nomás" o justificándose con un "no hay". Sin embargo, todas estas limitaciones carecen de fundamento al observar el trabajo profesional de Cristiano Jara. Al agregar simplemente un par de luces al equipo de Casa Darte, logró crear atmosferas y complementar imágenes de manera maravillosa. Dentro de lo técnico, también se destaca lo sonoro, a cargo de Javier Quiroz, conocido como "El Galifardo", quien supo complementar las atmosferas de manera precisa.

Toda esta labor escénica se ve complementada con el trabajo de Benjamín Suárez de La Hipérbole Lab, en la producción; Mario Osorio, en la producción ejecutiva; y en la fotografía, José Amador.

Confluencia de otredades, diversos en sus geografías, formaciones y estéticas, pero capaces de dialogar en el lenguaje común de la creación escénica. Aquí se manifiesta la dialéctica de la otredad, buscando puntos en común para presentarnos esta hermosa obra. Es relevante destacar que este proyecto ha sido ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2023 del Ministerio de Cultura. Proyectos como este refuerzan la necesidad de contar con más estímulos para la creación, ya que son impulsos vitales para un trabajo de alta calidad.

En estos tiempos, donde constantemente buscamos al enemigo en aquel que no piensa, siente o se parece a nosotros, o que proviene de otro lugar, el teatro persiste como un acto político de diálogo. Su propósito es golpearnos con nuestro propio reflejo, con la esperanza de que tal vez alcancemos la metanoia.

Caminar bajo la lluvia entre la madrugada y la noche sin paraguas, sin abrigo continúa en temporada en Casa Darte, ubicada en la avenida Micaela Bastidas 331, Wanchaq, Cusco. Quedan dos funciones el 22 y 23 de diciembre a las 7:30 pm. Si se encuentran en Cusco, les recomiendo asistir, no solo por ser una obra bien lograda, sino también porque es fundamental vernos, dialogar y el teatro siempre ofrece un excelente pretexto para ello, siendo un punto de encuentro y la "última reserva ecológica del hombre", como diría el maestro Mario Delgado.

Miguel Gutti Brugman

Cusco, 19 de diciembre 2023

lunes, 6 de mayo de 2013

Crítica: NÚMEROS REALES

Entre lo racional e irracional

Diego López, como director, ha tenido con el estreno en el MALI de la pieza Números reales, una muy positiva evolución. Su anterior montaje, Madrugada de Gilberto Nué, fue un divertidísimo entretenimiento sin mayor profundidad dramática, pero que explotaba al máximo el histrionismo de su versátil elenco. Es justamente la dirección de actores, uno de los puntos más altos alcanzados en el presente montaje, escrito por Rafael Dumett, en el que somos testigos del derrumbe de una familia disfuncional a finales de la crítica década de los 80, con cierto parecido en su ambientación a otro montaje aún en cartelera. Por otro lado, la analogía de los números reales resulta perfecta para describir lo racional e irracional que puede convertirse el ser humano, y a veces, con dramáticas y fatales consecuencias.

Luego del breve prólogo, nos situamos en la correccional de menores, en donde Rubén (Renato Rueda, grata revelación) es visitado por su hermano (un correcto Emanuel Soriano), y nos enteramos de la muerte del padre de ambos a manos de Rubén, en defensa de la madre. Luego retrocedemos en el tiempo para conocer cómo fueron los hechos, en un ingenioso giro dramático, que nos permite sentir una gran compasión por aquel señor a quien en el barrio tildan de “loco”, el padre de familia con un grave trastorno mental, que necesita del litio que le echan en secreto en su sopa, mientras habla con fervor de su telescopio en construcción, delante de su esposa e hijos, en el humilde comedor de la casa.

Las escenas dramáticas entre el padre y la madre constituyen los pilares del montaje: él, pierde el sentido de la realidad de manera violenta; y ella, no puede abandonarlo a su suerte, porque aún lo ama. En ese sentido, la elección de Leonardo Torres Vilar (enérgico actor con visos de genialidad, como en Los Número Seis) y Andrea Fernández (feliz descubrimiento de El lenguaje de las sirenas) para estos personajes resulta de lo más acertada. Torres Vilar luce inmejorable como el demente padre, irreconocible, conmovedor y hasta peligroso, demostrando su feliz evolución como actor. A su lado, Fernández le da la réplica exacta con mucho nervio, haciendo olvidar su extrema juventud para este difícil rol.

Números reales contiene muchos momentos memorables, tanto dramáticos como cómicos, todos con una violencia latente, como en la relación entre los hermanos o el mismo parricidio en la cima del Morro Solar. Buen trabajo de los actores de reparto, como Paul Ramírez (a quien recordamos en La mueca) y María Fernanda Valera (una de las actrices de Madrugada), en papeles clave. Completa el elenco, un grupo de jóvenes y talentosos intérpretes, quienes cumplen cabalmente en sus discretos roles: Jely Reátegui (genial en El deseo más canalla y Laberinto de monstruos), Oscar Meza (descubrimiento en ¿Qué tortura?), Henry Sotomayor (protagonista de Cacúmenes) y Ricardo Otta (de El Libro de la Selva). Acompañados sólo por una funcional y discreta escenografía, el director le da, esta vez, verdadera relevancia al uso de las proyecciones en la pantalla del foro, superando largamente a sus anteriores montajes, como Karaoke, por ejemplo. Todo un verdadero avance en la carrera de Diego López y uno de los mejores montajes independientes en lo que va del año.

Sergio Velarde
06 de mayo de 2013

viernes, 25 de marzo de 2016

Entrevista: JAVIER QUIROZ y KARLOS LÓPEZ RENTERÍA

Teatro con sangre nueva   

Ganadores del premio “Sara Joffré” a la mejor dramaturgia peruana de 2015 otorgado por El Oficio Crítico, los jóvenes actores Javier Quiroz y Karlos López Rentería, creadores e intérpretes de RaTsodia (hilarante pieza en la que dos ratas, literales y/o simbólicas, nos cuentan sus aventuras en nuestra sociedad), comentan su primer acercamiento a la actuación. “Entré de casualidad, yo quería estudiar fotografía”, revela Javier. “El teatro era mi segunda opción; cuando me di cuenta que la carrera de fotografía resultaría muy cara, entré a la ENSAD. Mi tío me dijo entonces que me pagaría la carrera, pero de terco me quedé en la Escuela”. Por su parte, Karlos nos cuenta que su anécdota ha sido boicoteada. “Yo quería ser músico, pero Diego (La Hoz, director de EspacioLibre) me dijo que de música no sabía nada. Y considero que el no saber se aplica para el teatro.”

Un espacio para soñar con libertad

“Solo estuve un año en la ENSAD”, comenta Javier. “Quería viajar a Argentina, porque tenía ganas de estudiar teatro de calle. Conocí a EspacioLibre (vivía a dos cuadras), asistí a un par de funciones y cuando salió la convocatoria de talleres, me terminé quedando. Voy por mi segundo año”. La primera colaboración de Javier con EspacioLibre fue Entre nubes y alcantarillas, una interesante revisión de la novela de Jorge Eduardo Eielson, El cuerpo de Giulia-no. En cuanto a Karlos, quien es oriundo de Chiclayo, su contacto con el teatro empezó con un taller de guitarra en la Casa de la Cultura de Chiclayo, la cual tenía un presupuesto tan ajustado, que las luces solo se prendían a partir de las 6:00 pm; es por ello que Karlos debía estar cerca a la puerta para tener luz y fue así que observaba al grupo de teatro que ensayaba en el patio. “Mis primeros pasos los tuve a los 14 años con el grupo Huerequeque, un colectivo de tradición que entendía el concepto de grupalidad". Posteriormente, a los 19 años, conoce al grupo Cultura Urbana y su directora Liz Moreno, en el marco de una actividad organizada por Yuyachkani. Años más tarde, en un festival nacional en esa ciudad, “llegaron varios grupos de teatro: Barricada de Huancayo, Olmo Teatro de Trujillo y EspacioLibre de Lima; este último con un espectáculo de autoría propia y actores de televisión. Me interesaba más Barricada, que se presentaba con una obra de Brecht, pero el director Carlos Mendoza me sugiere que trabajara con el grupo de Diego”. Karlos acabó su carrera y vino a Lima para participar en su primer estreno para el colectivo, Cuento alrededor de un círculo de espuma de Sara Joffré.

¿Qué representa Diego La Hoz para estos jóvenes? “¡Qué pregunta tan abstracta!”, exclama Javier. “Diego es un verdadero personaje”, manifiesta Karlos. “En un casting, una joven actriz le dijo algo maravilloso: ¡Tu nombre es así como grande! Mucha gente lo ve como un personaje casi mítico por las cosas que ha hecho, por las discusiones con otra gente y por el valor de las cosas que ha dejado por el teatro”. Karlos menciona que mucha gente cree erradamente que trabajar en EspacioLibre es como estar en un claustro. “Es una experiencia difícil: trabajamos desde las 7 de la mañana, hacemos actividades fuera, preparamos los ensayos hasta las 2 de la madrugada, hay momentos en que queremos matarnos. Pero es divertido, inclusive hasta en las cosas malas. Diego es el referente del grupo. Él ha soportado los 16 años íntegros y todos nosotros, mal que bien, estamos continuando esa idea”. Javier agrega que “Diego puede ser muy pesado a veces, pero está convencido que todo debe salir bien: esa obstinación, esa terquedad en el cuidado por los detalles es mi mayor enseñanza.”

Definitivamente, hablar de grupos de teatro es hablar de EspacioLibre. Javier comenta que siempre el término le pareció raro, especialmente cuando estudiaba en la ENSAD. “Muchos compañeros hablaban de qué talleres tomar y una amiga me trajo un folleto de Yuyachkani. Por primera vez escuchaba sobre teatro de grupo. Quería saber qué era tener un grupo, porque un elenco es gente que trabaja junta, pero un grupo qué hace. Quise formar un grupito y le pusimos nombre. Lo primero que dije fue que teníamos un compromiso desde este momento y todos me dijeron que el compromiso se ve después, ¿cuando llega el dinero o el reconocimiento?”. Javier reconoce que tuvo suerte de encontrase con la que él mismo llama, casita verde de Bolognesi 802 A. “Y recalco A, porque hay gente que se confunde, tocan al costado y se enojan feo”. Los espectáculos que se presentan en EspacioLibre son con entrada libre y salda solidaria; es por ello que Javier menciona que un día en caja pueden haber 5 soles y al otro, puedes ir a cenar en un chifa. “Conversando con Karlos, hablábamos de aquella gente que se bancaba con la grupalidad, como los cirqueros, en que todos los que trabajan en él se pelean para que el nombre del mismo circo sea el que brille.”

Trabajar en EspacioLibre le ha permitido a Javier y Karlos conocer de cerca a la veterana actriz Aurora Colina. “Ella es  parte de nosotros, muy generosa y sencilla, y no se queda con las indisposiciones de su propia edad”, comenta Karlos. “Ella, más bien, desanuda las cosas y potencia una vitalidad que me recuerda a Sara (Joffré), la de no verse arrastrada por la vida. Ella está más viva que todos nosotros”. Menciona además, que en los ensayos de madrugada para Un saludo que no llega, Aurora seguía ensayando mientras todos dormían. “No podíamos creer que está cumpliendo 60 años haciendo teatro ininterrumpidos. Eso se contagia. Para la gente joven es importante compartir el tiempo en este mundo con personas así”. Por su lado, Javier considera que es una de las pocas personas en la que sí le cree la sencillez que predica. “Cuando dice que no quiere tomar taxi para irse a la casa de su amiga, que vive en la urbanización Las delicias, al fondo de Chorrillos, y prefiere tomar la 31 que está destartalada. Ella menciona que no le gustan las premiaciones ni las grandes cosas, contrario a lo que muchos quieren en la actualidad. Para ella no son la gran cosa.”

El teatro como profesión

Para Karlos, una característica esencial que debe tener un actor de teatro es que sea muy malo. “Debe ser malísimo, para que así tenga que levantarse todos los días a planear y diseñar cómo dejar de ser tan mal actor”. Menciona además, que el teatro solo se puede renovar con actores que tengan la necesidad de novedad, de destruir lo viejo. “Es por ello que es necesario que el actor sea fuerte (un requisito de Brecht), con recursos expresivos poderosos y que tengan un espíritu que aporte a la disciplina”. Y para Javier, un director de teatro debe “ser muy parecido al conductor de un taller, a un pedagogo; debe primero observar con mucho cuidado qué necesita la otra persona, es decir, no debe pensar en el porqué no sale el espectáculo como yo quiero, sino en cómo ayudo a mi actor”. Y también cree que debe ser económico, en el sentido de no pensar en que su obra se instale en un solo lugar. “Mejor no hagas nada; haz espectáculos que puedas meter en tres maletas y llevarlos a estadios o a pequeñas salas.”

RaTsodia, escrita e interpretada por Javier y Karlos y dirigida por Diego La Hoz, no solo funcionó como una entretenida comedia llena de humor negro, sino también como una ácida crítica a la sociedad actual. “La gente nos dice luego de ver la obra, incluso en otros países como Chile, que estamos en un contexto en el que el nivel de corrupción es realmente muy común”, reflexiona Karlos. “Es tan descarado el nivel de deshumanización, que la gente identifica perfectamente la metáfora de las ratas. Y estamos todos, no solo los políticos, estamos hablando de todos: de los 50 céntimos que ahorras al bajarte más delante de tu ruta o de los 20 segundos que ganas al cruzar la calle antes que cambie la luz del semáforo”. El vestuario de los actores combinó la ausencia de rostro en las ratas, pues la gente ya no se mira a la cara; y el uso de un vestuario de gente bien vestida, el que genera más rechazo. “Me pareció que era importante sentir en escena de qué ratas hablamos: de las ratas contra los humanos o de ratas humanizadas; en ambas especies estábamos hablando de una cosa en común: no podemos seguir viviendo así”. Javier agrega que le gusta el subtítulo de la pieza: Oda para curar el insomnio. “Vamos a ver si notas el canto al inicio; nosotros no te vamos a decir qué hacer: está en cada uno si devuelves los 50 céntimos o si te aguantas esos 20 segundos antes de cruzar la calle”.


Finalmente, Karlos enumera los proyectos que se avecinan en EspacioLibre para este 2016. “El más grande es la continuación de la formación alternativa durante todo el año, además de las giras y el estreno de Un saludo que no llega, en el que celebramos los 60 años de la actriz Aurora Colina”. A lo largo del año también estarán de vuelta en la casa barranquina dos de las obras más representativas del repertorio del colectivo, El otro aplauso y Paréntesis; este último, un unipersonal en el que Karlos desea rediseñar algunos aspectos. “También seguiremos con nuestro proyecto editorial con nuevas publicaciones y abriendo nuevos espacios. Lo que más deseo es que todo eso pueda funcionar y que tengamos el espacio necesario para trabajar”, concluye.

Sergio Velarde
30 de enero de 2016

lunes, 1 de marzo de 2021

Crítica: TODA MUERTE TIENE


Trilogía tanática

Quizás por primera vez en mi vida infantil sentí, en el límite de mi entendimiento y de la conciencia, cómo dos personas muy próximas, que se quieren, no se comprenden y pueden atormentarse y martirizarse, y cómo toda la conversación, toda la voluntad de ser inteligente, toda la razón, solo consiguen inyectar veneno, nuevos tomentos, nuevos pinchazos, nuevos errores. ¿Cómo era posible? Pero era posible, sucedía. Era absurdo, era demencial, risible y dudoso. Pero así era.

Alma de niño de Hermann Hesse

Diego La Hoz, qué duda cabe, es un hombre de teatro. Además de ser un prolífico dramaturgo y director peruano, es también el fundador de EspacioLibre Teatro, asociación teatral que desde 1999 no ha parado de producir arte y cultura desde el escenario. Basta con buscar su nombre entre las notas publicadas por este medio para darnos una idea de lo que ha sido y sigue siendo su nutrida producción. Producción que, además, no ha surgido necesariamente desde la comodidad. Por el contrario, y como él mismo lo ha afirmado, La Hoz se ha educado para trabajar desde el estímulo de la precariedad. Y qué escenario más precario para las artes (aquí y en el mundo) que el año que acaba de pasar y el que nos toca vivir.

La incertidumbre del 2020 hizo que La Hoz esperara pacientemente a que fuera posible volver a los escenarios presenciales. Hasta que la incertidumbre dio lugar a la innegable (y triste) certeza de que el ansiado regreso no sería a corto plazo. Aunque dio lugar también a la oportunidad de jugar con nuevas posibilidades desde esa novedad llamada “virtualidad”. Así, habiéndole tocado vivir el confinamiento en Arequipa, se puso en contacto en julio del 2020 con el colectivo Teatro del Tercer Piso, con quienes ya había trabajado en el proyecto ¡Bien macha!, para explorar opciones que permitieran el diálogo entre el teatro y la virtualidad. Este colectivo arequipeño, con tres años de permanencia en la escena local, coincidía con el director en apostar por un montaje multidisciplinario. En esta búsqueda, y en colaboración con la productora audiovisual Calzón Negro, deciden trabajar con tres cuentos de la autoría de La Hoz, adaptados al lenguaje escénico y cinematográfico en simultáneo. Como resultado, este conjunto de artistas nos ofreció Toda muerte tiene, una trilogía de cortometrajes escénicos, bajo la dramaturgia y dirección de La Hoz, la dirección de fotografía y edición de Luis Ramos, el sonido y la iluminación de Harold Núñez Solís, y las actuaciones de Erick Alpaca, Katy Basurco, María Alejandra Márquez, Erick Pfuro y Caleb Vásquez. Cada corto de esta trilogía se mostró durante un fin de semana de octubre y noviembre del 2020.

El resultado de este singular trabajo asemeja a un conjunto de piezas de cinematografía independiente y muy de autor. De cierta manera lo son. Las tres historias que componen este montaje no siguen necesariamente la clásica estructura aristotélica de la dramaturgia que solemos consumir. Su lenguaje es, más bien, críptico, lleno de visos y figuras poéticas. El mismo hilo conductor entre ellas, la muerte, no resulta tan evidente, sino que se confunde en el tejido narrativo. En palabras de La Hoz, estas historias no hablan de la muerte natural per se, sino de la muerte a la que nos encamina la sociedad, como la única salida al tormento que esta nos inflige. En un espacio físico minúsculo y hasta improbable para un montaje teatral, estos cortos escénicos se narran entre planos cerrados y ángulos rasantes, en un ambiente iluminadísimo en blanco y negro, y otro a color, algo lúgubre, acompañados de una musicalización tan discreta como inquietante. En contraste, el código actoral no es para nada cinematográfico sino teatral ex profeso. Es como si los rarísimos personajes (todos presentes e interactuando en el espacio) que transitan por estas historias reafirmaran su vitalidad expresándola con una exageración estridente para el espectador sentado en la fila “k” que, sin embargo, los ve a través de la lente colocada a centímetros de sus rostros. Es importante comentar, además, que las tres piezas fueron grabadas de un tirón en una madrugada, durante un toque de queda.  El resultado es que los tres cortos escénicos mantienen uniformidad en cuanto a estética y estilo. Lo agradecemos de sobremanera: la mente humana se esmera en detectar constantes, y esta es una muy importante en el conjunto.


Toda muerte tiene…cinco ojos de ancho

En este el primer corto escénico actuaron Katy Basurco, Erick Pfuro y Caleb Vasquez. Este último interpretó al “Espectro”, una suerte de anfitrión que está presente en los tres cortos y que hace una breve introducción al espectador sobre lo que verá, además de interpretar a otros personajes de la trama. Esta historia versa sobre una mujer que parece haber matado a su marido y/o al padre de sus hijos, y ahora es atormentada por el fantasma del difunto y de sus culpas. Habla con una muñeca que podría ser o representar a su hija o, en general, aquello que perdió y que añora con locura.

Hay que reconocer que las primeras sensaciones con esta entrega fueron de desconcierto. Hubo que hacer un esfuerzo importante para entrar en el código dramatúrgico (sobre todo) y cinematográfico de la puesta. En lo personal, no gustamos de las actuaciones teatrales ante una cámara. Consideramos que esta estridencia, bastante usual en nuestro medio y en la novedosa virtualidad, no permite apreciar la capacidad actoral de su ejecutante y distrae de lo que sucede en la obra. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos, durante un conversatorio posterior al corto, que este estilo fue planteado con toda intención. Fue necesario, entonces, volver a ver la pieza escénica para apreciar este trabajo desde esa intención. Es importante destacar el trabajo actoral de Caleb Vásquez y Erick Pfuro, que parecen haber hecho exactamente lo que se les pidió hacer en escena (aunque Pfuro tuvo un encargo más complicado con un personaje como el suyo), y el de Katy Basurco, que lleva gran parte de la acción dramática en sus hombros. Hay que decir, sin embargo, que faltó algo de peso escénico en el personaje de Basurco. Hubo textos larguísimos en los que no parecía haber incorporado el lastre de todo el sufrimiento por el que esta mujer ha pasado. Era como si sus entrañas no hubieran comprendido el horror por el que transitaba. Por supuesto, entendemos que lo que pedimos no es poco. Pero es nuestro deber pedirlo.


Toda muerte tiene…sangre azul

En este segundo corto escénico actuaron María Alejandra Márquez, Erick Pfuro y Caleb Vasquez. Esta entrega nos cuenta la historia de dos hermanos, una niña y un niño, que están huyendo. Ella es una princesa a la que él, como un caballero andante, debe proteger del mal que los acecha. Una vez más, los fantasmas de la culpa rondan, sobre todo al niño, que parece haber matado al padre abusador. Los hermanos corren hasta donde sus fuerzas les dan, pero la sombra de su crimen parece ser más rápida y los orilla a un precipicio.

Llegamos a esta segunda entrega más preparados que a la primera. Caleb Vasquez repite el plato como nuestro anfitrión, y nos invita a sumergirnos en esta historia. Esta vez, el lenguaje dramatúrgico resulta más claro y no tan críptico, aunque no exento de imágenes y figuras poéticas. En línea con esto, el trabajo actoral resulta más comprensible para el espectador. Destaca aquí Erick Pfuro, que parece sentirse más identificado con el personaje que le ha tocado interpretar. En cuanto al riesgo escénico, cabe destacar la inclusión funcional de mobiliario en la obra. Se propone una estructura central hecha de mesas o sillas, con la cual interactúan de manera efectiva estos personajes.


Toda muerte tiene…un gato para dos

En el tercer y último corto escénico actuaron María Alejandra Márquez, Erick Alpaca y Caleb Vasquez. En esta historia, una mujer embarazada tiene un gato. Un gato domesticado. Un gato humanizado. El gato resiente el abandono de la mujer, entiendo que su amor es condicional y agobiante. La mujer resiente el abandono del gato, que ahora ansía la libertad. Quiere marcharse y ella no lo deja. Lo sujeta con su querer que es como una soga que aprieta. Demanda fidelidad. La mujer tiene un marido que la sujeta, también, con la soga de su querer. Ambos quieren liberarse del otro pero, al mismo tiempo, se atan entre sí. El amor ¿incondicional? que la mujer lleva en el vientre lo amenaza todo.

Así como el gato que Erick Alpaca interpreta, llegamos a esta función bastante “domesticados”. Conocemos el lenguaje con el que nos van a hablar, y nos dejamos envolver en él. Nuevamente el “Espectro” de Vasquez nos lleva de la mano a esta historia que él también compartirá como un personaje más. Nos sugiere, antes, que usemos nuestra imaginación. Asumimos que es para que entremos a la convención de que Alpaca interpreta a un gato humanizado que se expresa con todo el dolor que le cabe. Felicitamos desde aquí su interesante trabajo, así como el de Márquez, que se debate entre el ama dominante y la esposa sumisa. El juego con la soga entre los tres personajes es interesante de ver y cobra cierto nivel de protagonismo como la analogía del amor asfixiante del que habla esta historia.

Toda muerte tiene no es un producto de fácil ingestión o digestión. Lleva en sí el fermento de lo absurdo, lo demencial, lo risible y lo dudoso. Como al personaje del cuento de Hesse que citamos líneas arriba, nos duele y nos atormenta desde la contradicción en la puñalada artera de quien dice querernos. Y, sin embargo, su rara complexión nos genera un goce estético. Termina convirtiéndose en un gusto adquirido. Un delicatesen discretamente exhibido en el amplio buffet de la virtualidad local. Enhorabuena.

David Huamán

1º de marzo de 2021

Nota del autor: Esta entrega llega con casi cuatro meses de retraso a este medio. Nada justifica semejante dilación. Solo nos cabe ofrecer nuestras más sinceras disculpas a sus lectores y, en especial, a Diego La Hoz, Luis Ramos, Harold Núñez Solís, Erick Alpaca, Katy Basurco, María Alejandra Márquez, Erick Pfuro, Caleb Vásquez y a todo el equipo de Teatro del Tercer Piso y Calzón Negro. Esperamos que estas líneas estén a la altura de vuestras expectativas.

martes, 18 de noviembre de 2014

Crítica: KAPITAL

Krimen. Kaos. Korrupción. Así es nuestra Kapital. 

Lima. Retratada mil veces y desde diferentes puntos de vista en el escenario, como por ejemplo, en Los funerales de doña Arcadia (2014) de Espacio Libre, una aguda y estilizada crítica hacia nuestra “Lima, la Horrible” de Sebastián Salazar Bondy; o en Palintrópolis (2006) de Cuer2 Teatro, brutal y cruda exploración sobre todo lo violenta y salvaje que puede ser nuestra maltratada ciudad; o en The Reality Lima Pipol Chou (2010), una desordenada y estrafalaria farsa sobre nuestros tan queridos personajes que pululan en nuestra urbe día a día; o en Madrugada (2012) de Viaexpresa, visitando nuestros mejores antros de diversión. Pues bien, la novel agrupación El Sótano, conformada por egresados del Club de Teatro de Lima y que sorprendió hace poco con su debut La niña se mató y punto (2014), vuelve a la carga con una puesta en escena diferente, que aborda los problemas de nuestra querida Ciudad de los Reyes, con su particular estilo: el riesgo.

Con todos los años y muestras estrenadas que tiene a cuestas el profesor Paco Caparó en el Club de Teatro de Lima, no es de extrañar que su sentido de creatividad y riesgo, junto con el del joven actor Joseph Palomino, haya resultado en un espectáculo jamás visto en el espacio que fundó hace 61 años Reynaldo D’Amore. El público participa activamente en Kapital; luego de un primer cuadro, en el que todo el elenco (vestidos de negro y con un par de cubos) escenifica la educación y cortesía de los pasajeros de un bus, todos los espectadores son divididos en tres grupos sobre el escenario, para luego ser llevados simultáneamente a distintos espacios (las salas 1, 3 y la de espera) para apreciar tres cuadros de exacta duración sobre las diversas taras que afectan nuestra ciudad, en un verdadero circuito con tres paraderos.

En la Sala 1 somos testigos de una acertada parodia de nuestra vida electoral, en la que tres candidatos a la alcaldía (Sofía Espantoso, Cintia Díaz del Olmo y Juan Carlos Ñiquen) se enfrascan en un duelo para obtener los mayores votos; en la Sala 3 nos espera una sentida interpretación de cómo educa el limeño promedio a sus hijos (buena dupla de Maykol Ascencios y un emotivo Hendrick La Torre); y en la Sala de espera, una migrante (Jannina Vargas) y un capitalino (José Gómez) desnudan a través de sus diálogos toda la discriminación, el abuso y la injusticia que cunde en la capital. Finalizan el espectáculo, todos los actores en escena en un emotivo epílogo que invita a la oportuna reflexión.

Los directores Caparó y Palomino logran con estas cinco breves historias de creación colectiva sobre nuestra Kapital dentro del Club de Teatro de Lima, lo mismo que Mario Ballón y Nudos Teatro con Generación en liquidación (2007) en el Teatro de Cámara. Acaso el mayor reto de los actores y directores haya sido el de haber cuadrado exactamente la duración de las tres escenas en simultáneo, sin por ello afectar la veracidad y coherencia de las mismas. Kapital no solo revive literalmente al Club del Sr. D’Amore, sino que nos ofrece un efectivo mosaico teatral que desnuda las carencias y falencias de nuestra tan ultrajada y violenta Lima. El grupo El Sótano se las trae.

Sergio Velarde
18 de noviembre de 2014

domingo, 15 de julio de 2012

Crítica: JARDÍN DE COLORES

Discreto estreno de dramaturga peruana  

Siempre es grato apreciar una obra de autor nacional, especialmente si es del sexo femenino: la actriz María del Carmen Sirvas (a quien vimos en Madrugada) escribe y actúa en Jardín de colores, puesta en escena estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, bajo la dirección de Francisco Echeandía (de quien vimos su particular visión de Electra el año pasado). El tema elegido por Sirvas es la difícil relación entre una madre castrante y una hija sumisa, presa de una frustración que adivinamos no traerá consecuencias agradables. La llegada de un joven inquilino a la casa brindará una luz de esperanza a la hija para escapar de este asfixiante mundo y encontrar la libertad.

La primera escena nos deja ver claramente el conflicto inicial: la madre no deja levantarse de la mesa a la hija que no ha terminado de comer y tampoco le permite cambiarse de ropa ante la inminente llegada del inquilino. Cuando éste llega, la hija se refugia debajo de la mesa para terminar de comer, llena de vergüenza. A partir de ese momento y debido a algunos vacíos en la dramaturgia, sólo quedan algunas inspiradas secuencias como el primer encuentro entre los jóvenes, el enfrentamiento final entre madre e hija y las escenas surrealistas en ese jardín de colores, que le sirve de refugio a la hija cuando duerme. Muchas interrogantes quedan en el aire y algunas motivaciones de los personajes no son exploradas debidamente: las razones de la sumisión de la hija, la atracción que siente la madre hacia el inquilino, el olvido del boleto de la hija, entre otras.

Por otro lado, las actuaciones del elenco son eficientes: Cynthia Urrunaga compone una madre asfixiante y creíble, en el límite de la sobreactuación. Ernesto Ballardo también cumple como el “Salvador” de la joven. María del Carmen Sirvas está impecable como la muchacha llena de culpa y miedo y logra una buena química con Ballardo. La dirección de Francisco Echeandía es pulcra, austera y funcional; y tal como lo hizo en Electra, prefiere enfatizar la caracterización de los personajes, quienes finalmente hacen de este Jardín de colores, un discreto montaje de que se deja ver.

Sergio Velarde
15 de julio de 2012

jueves, 11 de julio de 2024

Crítica: KORTAS


Cuarta temporada

Se ha estrenado en el teatro Barranco Kortas, la cuarta temporada de un espectáculo de cuatro obras teatrales muy diferentes entre sí. Con chilcano y salchipapa en mano pude entrar a ver estas cuatro opciones.

Lo dejo… y punto

Me siento y la primera obra que se presenta resulta ser la más entreverada de todas. Dirigida por Sergio Muñoa y escrita por Marc Egea, cuenta una historia en la que un ama de casa (Adriana Benito) contrata a un terapeuta (Andre Natteri) con un misterioso método para dejar de fumar. Una obra en general graciosa, pero con problemas de verosimilitud en la que no se termina de comprender del todo qué sucede ni el tono de la obra. Entre aciertos y desaciertos, los momentos de risa son opacados por una comedia de confusiones en la que actores y público también terminamos confundidos.

Yo (NO) lo parí

Ya desde el primer minuto, la segunda obra alejaba su propuesta de la primera. Si Lo dejo y… punto era una comedia, Yo (NO) lo parí de Juliana Morales Carreño y dirigida por Gretha Marston y Flavio Giribaldi se presenta como una obra de protesta. Se sirve de una premisa en la que dos mujeres en distintas partes de la ciudad quedan embarazadas al recordar no tomar la pastilla anticonceptiva para evidenciar a una sociedad reaccionaria-imperialista-capitalista- conformista-carnicocéntrica-apostólica y romana. Los recursos de los que se vale Yo (NO) lo parí también distan de la primera obra. A través de monólogos y de lo físico se valen para contar una historia que en tan solo 15 minutos es capaz de hacer una crítica fuerte y clara a un sistema opresor. El uso de los visuales, del escenario compuesto de tan solo dos sillas, es aprovechado para redondear en una crítica directa y poderosa.

Ya, pero… ¿eres o no eres?

Probablemente la mejor de las cuatro obras de la noche al haber leído el humor del teatro Barranco. La obra, escrita y dirigida por Gian Loli, muestra a Lucho quien despierta en la madrugada en el cuarto de Beto luego de haber tenido relaciones. Entre situaciones incómodas y de aceptación, la obra nunca baja el tono de comedia sin importar lo dramático que está contando. Y gran parte de ese mérito recae en Beto, interpretado por Eduardo Pinillos, que con un gran timing para la comedia y un texto del que se apodera nos atrapa, al igual que ellos, en ese cuarto a las 4 de la mañana. La reflexión de la obra sobre la soledad y el drama por no saber quién es uno aparece sin restarle al tono a una comedia que no pretende nada más que hacernos reír.

11:11

Como acto final aparece 11:11 que cierra la noche con otra propuesta totalmente diferente a las anteriores. Desde una escenografía más clásica y unos diálogos más directos. Escrita y dirigida por Ricardo Caffo, esta obra muestra a Andrea quién acaba de conocer a Matías a las 11:11 el día en el que pensaba matarse. ¿Es una señal? Ya sin el tono de comedia de las otras obras, 11:11 toma un tono más solemne que funciona debido a la química de sus actores y a la puesta en escena que nos hace preguntarnos: ¿existen las casualidades?

Gabriel Calderón

11 de julio de 2024 

miércoles, 9 de agosto de 2023

Crítica: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE


Paralelismos cómicos de la vida conyugal

Dos universos cómicos del dramaturgo francés Georges Feydeau, Leonorcita se adelantó y No somos nada, cada una de un acto, conforman la obra Hasta que la muerte nos separe, bajo la dirección de Alberto Ísola. Este montaje se encuentra en temporada en el Teatro de Lucía hasta el 21 de agosto, trayendo a escena a un elenco conformado por Sandra Bernasconi, Javier Valdés, Roberto Ruiz, Airam Galliani, Antonella Gallart y Sol Nacarino. Ambas obras están ambientadas en Paris de 1912. La primera historia trae a Leonor, quien está a punto de dar a luz; Toudoux, su marido; sus padres, los de Champrinet; y la partera hacen lo posible para que el parto se desarrolle de la mejor manera. La segunda historia, en otro lugar de la ciudad, muestra a Luciano, quien vuelve tarde de un baile de disfraces y se enfrenta a los reclamos de su mujer, Yvonne, hasta que en medio de la madrugada y las discusiones conyugales llega una noticia impactante.

Leonorcita se adelantó

Galliani encarna a Leonor, una mujer en trabajo de parto, quien se apoya en su esposo Toudoux (Ruiz) para sobrepasar las contracciones. Desde el inicio de la obra, se destaca el trabajo de construcción de personaje de la pareja de esposos, con un trabajo impecable de texto, manteniendo el ritmo de la obra de acuerdo a lo que una comedia como esta requiere. A nivel de técnica actoral, el elenco completo logró apropiarse del texto, la idiosincrasia y los comportamientos propios de un París de inicios del siglo XX. La contextualización de la obra fue clara, gracias al uso de una escenografía detallada, la cual describía perfectamente el hogar de una familia de clase media – alta de aquella época. La obra logró ser vitrina de una situación íntima y cotidiana de los vínculos de las dos parejas de la historia. Era fácil crear empatía con las emociones y pensamientos de los personajes, pues describía situaciones que no tienen tiempo ni contexto: problemas de pareja, posiciones sobre lo que es ser padre, ser madre, la rutina en pareja, la evolución de esta en el tiempo, entre otros tantos aspectos tan humanos y vigentes. Ísola logró, a través de su interpretación y dirección, trabajar la comicidad a pesar de que las historias en sí mismas podían llegar a ser oscuras.

No somos nada

Luciano (Valdez) vuelve tarde de una fiesta de disfraces. Yvonne (Bernasconi), su esposa, lo recibe con una serie de reclamos que oscilan entre distintos reclamos por celos, inseguridades, choques de opiniones, entre otros temas importantes de discutir en pareja. Destaco el trabajo de ambos actores en esta historia, pues lograron una concentración y conexión técnicamente impecable en escena. Un elemento que resaltaba dentro del desarrollo de la discusión era la inclusión aleatoria de su criada, interpretada por Galliani, quien era víctima de decisiones impulsivas tomadas por sus patrones. Este factor resultaba muy gracioso al espectador: el director logró que, a pesar de que se trataba de una situación densa, la comicidad estaba presente dualmente. Esta historia fue adecuadamente colocada como segunda dentro de la representación. Si bien la situación y los giros de la historia no son para reírse, la historia fue complementada con situaciones tan cotidianas como cómicas sostenidas adecuadamente. La conversación de esta pareja de mediana edad resultó simpática, pues tocaba y criticaba comportamientos de marido y mujer que, estoy segura, cualquier pareja podría atravesar en algún punto de su relación.

Stefany Olivos

9 de agosto de 2023

lunes, 6 de noviembre de 2023

Crítica: 7 AÑOS


El precio de la lealtad

El Centro Cultural de la Universidad del Pacífico y Empresa en Escena Producciones de Jorge Céspedes y Ernesto Gonzáles Quattrini estrenaron la temporada de 7 años, un impactante thriller basado en el guion de la primera película de Netflix, España (2016), escrito por Julia Fontana y José Cabeza, bajo la dirección de Roberto Ángeles.

La acción trascurre en Lima, una madrugada de domingo, en donde cuatro socios y amigos o viceversa, están reunidos en una oficina de la exitosa empresa de tecnología informática que han forjado, y no precisamente para trabajar, sino para tomar una decisión que pondrá en jaque los cimientos de su amistad; así como la libertad de uno de ellos. Pues la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) ha detectado una fuerte evasión tributaria que los involucra a todos por igual; sin embargo, han decidido que solo uno tomará la responsabilidad, librando a los otros de la culpa, requiriendo la intervención de un mediador profesional, que los llevará a decidir quién de los cuatro va a la cárcel.

Los personajes están perfectamente delimitados, acorde al imponente factor psicológico de la narrativa, que pulsa cada movimiento, cada palabra y argumento, defendido por un excelente reparto encabezado por el primer actor Roberto Moll (Mediador), quien cargado de templanza y rigor, va escudriñando en las fibras más sensibles de los socios encarnados por Oscar López Arias (Gerente de ventas), Jackie Vásquez (Gerente de finanzas), Jorge Céspedes (Gerente de tecnología), y Ernesto Gonzáles Quattrini (Gerente General). Cada uno con mucho que perder, pasan de la preocupación a la desesperación, entonces el cómodo espacio bien ambientado con los artículos de una oficina, los acorrala, siendo mudo testigo el óleo “Yo nunca te prometí un paraíso”, del artista José Miguel Tola, representando a su vez un símbolo del infierno que se desata en la deliberación. El espacio de la amistad se estrecha a punta de insultos, de peleas y golpes bajos; se desnudan las verdaderas personalidades, y la tensión llega a su máximo nivel cuando las cuestiones más íntimas quedan al descubierto. Todo se vale en esta suerte de partida de ajedrez escénica, con tal de esquivar la cárcel. Cabe resaltar la notable interpretación de López Arias, que tiene a su cargo un personaje lleno de matices, el cual se opone al de Jorge Céspedes, con quien logra una intensa confrontación. Importante también la breve intervención de Jimena Lindo, como la abogada de la empresa, cuyo mensaje es el tiro de gracia a la agonizante hermandad de los personajes.

7 años es una cuidada pieza teatral, que nos acerca al universo empresarial de una manera ruda y honesta, además de reflexionar acerca de los valores y convicciones del ser humano. Prevaleciendo las buenas interpretaciones de los actores, quienes como contradicción de la trama, han gestado este proyecto luego de veintitrés años de amistad, forjada siendo alumnos del Taller de Formación Actoral de Ángeles, quien ha sabido sacar provecho de ese vínculo para lograr una puesta estéticamente impecable, con sólidas intervenciones que nos dejan varios cuestionamientos sobre la mesa: ¿Hasta dónde somos capaces de llegar para salvarnos?; ¿a quién le damos realmente nuestra lealtad?; ¿cuál es el precio de la amistad?; ¿qué vida vale más en libertad?...

Maria Cristina Mory Cárdenas

6 de noviembre de 2023

viernes, 22 de mayo de 2026

Crítica: DÍA 4 DE LA XIX MUESTRA MACROREGIONAL DE TEATRO LIMA – ICA – CALLAO, BRUNO LUERA


El teatro continúa…

Volvimos a Lima Norte. La Casa Cultural Haciendo Pueblo nos sigue acogiendo entre sus telones… que se abra la sala, que jueguen las luces, ¡que viva el teatro! 

La faena empezó con Historias Cotidianas de la agrupación teatral Los Punteños, una puesta escénica trabajada con personas especiales. El rótulo del director fue claro: al finalizar el espectáculo dijo que había trabajado con personas con habilidades impresionantes y extraordinarias. Pues fue así: el escenario se convirtió en un espacio donde lo magnífico es posible. Desde la ternura y lo simple se construyeron cosas hermosas a partir de un ritmo constante que marcaba la obra, una tonada parecida a un vals o referente a la música criolla. El gesto fue fundamental, acciones cotidianas fueron reconocidas y estructuradas desde su sistema social, por ejemplo, hubo escenas donde los vendedores fueron los protagonistas y su eterno enfrentamiento con los serenos; también hubo momentos de diversión con acciones precisas que iban repetidas de ritmo y parlamentos pequeños, caídas y recuperaciones, gestos humorísticos que alegraban el transcurso. Al finalizar, cada uno de los participantes realizó un solo de baile, donde la improvisación y el carisma se llevaron los aplausos del público.

Después de haber encendido el espacio con tal capacidad de encanto, pasamos a una puesta de la old school, donde personalidades fueron apareciendo desde las sombras. Lima 4 am del colectivo Cirqueando inició con música, dos intérpretes (uno con guitarra y el otro solo con su voz), que fueron tejiendo una historia que respiraba a madrugada y sonoridad divertida. La narración musicalizada y teatralizada se sostuvo desde la interacción de los artistas y su constante provocación al público. Durante la performatividad, se fue sintiendo la incomodidad de la calle y la invasión del personaje, un ex convicto que busca otra oportunidad. Los pasajes sonoros de la composición estuvieron guiados por un arpegio que era la columna vertebral para cada situación, la música iba de un lado a otro, con matices de distintos géneros, pero conectada por una sonoridad que retornaba a la situación, que funcionaba como pluma que escribe un texto. Los elementos fueron muy bien utilizados y las relaciones que se producen a partir de ello, entre el intérprete y su compañero y también con el público. Se reflexionó sobre el concepto de basura social, y cómo sería posible la reinserción de un exconvicto a la sociedad; un tema bastante cuestionable, muchas son las miradas, pero estamos dispuestos a dar segundas oportunidades, o de qué depende para estar prestos a una aceptación y a una reinserción. Los nervios se quedaron algo temblorosos después de esta puesta, ya que en varias ocasiones, debido a mi ubicación en las butacas, fui embestido por la energía del actor que hacía de exconvicto y por sus acciones.

En la tercera puesta del día, Casting artifi(I.A)L del colectivo Meleles, el ambiente cambió: se bajaron las revoluciones y los payasitos aparecieron. Esta creación tuvo como referente el cuerpo payaso, el ser payaso; cómo se mueve, cómo habla, cómo hace las cosas, las posibilidades del payasito son inmensas y más aún cuando intentamos generar algún tipo de reflexión en los espectadores. Se trabajó con la música, no solo se la presentó, se la intervino desde la edición, haciendo una buena selección de canciones y mezclándolas inteligentemente, para subir la velocidad, bajar la velocidad y mezclar algunos ritmos. La historia nos hace reflexionar sobre el mundo de la Inteligencia Artificial, cómo ha llegado a posicionarse en nuestra rutina y las causas que puede tener si se apodera rotundamente de nuestros espacios. Hay un monitor que todo lo ve, que todo lo sabe, siempre está dando indicaciones y parece manejar el mundo payaso; la realidad a veces supera a la ficción, pero el arte de la risa y la corporalidad del payaso permite reflexionar desde otra mirada, subraya la vida haciéndola más inverosímil para llegar a comprender en lo que nos estamos sumergiendo día a día. Una de las cosas que más me llamó la atención de esta creación es la voz y el cuerpo del payasito, cómo desde una corporalidad aparentemente descuidada e inocente se construye narrativas muy potentes y cómo desde una voz que en algunos casos solo balbucea se puede construir un hilo narrativo que va hacia lo imaginativo y permite la posibilidad de la creación del público. Porque una cosa es escuchar un parlamento, pero otra cosa es observar gestos, escuchar sonidos y paulatinamente ir construyendo una historia o una expresión.

La noche cerró con Candela, diario de una actriz, un unipersonal de Sonia Franco, que duró más de una hora, pero el tiempo no se sintió. Mantuvimos la atención y nos perdimos en los detalles. El color es lo que vive desde el primer momento, un texto resistente y una conexión con la vida, con los recuerdos. El movimiento era rápido constante y la voz no se apagaba, gran manejo de técnica. Una sensación fue lo que me dejó esta puesta, una sensación que se desmenuzaba en distintas expresiones, tristeza, resistencia, arte, amor, fracaso, dolor. La mirada de la actriz por momentos llegaba a un brillo trascendente, ese estado donde el artista se ha fundido con el escenario y su creación para ser el nuevo mundo que se habita. Gran parte de la composición me aludía a la calle, había pedazos de calle en los desplazamientos, en los textos, en los altibajos, cambios constantes ordenaban una sensación potente que se supo colar entre mis ojos. Hubo magia, burbujas nos acompañaron en la noche, fue un cierre excelente, después de tanto talento asentamos con algo sólido, una remembranza a los muertos, a Mario Delgado y su presencia, su enseñanza, que se sintió, estuvo presente.

Así se dio la cuarta fecha de la Muestra, con muchos aplausos, conversaciones intrincadas, comentarios ajenos subjetivos. Hay una gran alegría en todo lo que nos rodea. Haciendo Pueblo cumple su anfitrionaje con mucha ilusión, los artistas acuden con disciplina, con entereza, para mostrar sus trabajos, para ser vistos, para ver también, y seguir haciendo arte, seguir existiendo dentro del teatro y para el teatro.

Moisés Aurazo

22 de mayo de 2026

domingo, 7 de junio de 2020

Crítica: CONEXIÓN

De lo convencional a lo no convencional

El aislamiento obligatorio, por motivos de la pandemia, no solo ha ocasionado cambios de estados emocionales en las personas, sino también experiencias nuevas, como la manera de buscar y utilizar distintas plataformas para hacer videollamadas con nuestros amigos, adaptarnos a la migración de las clases presenciales a las virtuales, la falta de sueño por las noches, llantos involuntarios a mitad de la madrugada, entre otros. Asimismo, nos ha hecho valorar más a las personas que nos rodean y extrañar a aquellos familiares que no tenemos cerca, deseando con todas las fuerzas poder darles ese abrazo afectuoso, de los cuales nos hemos vistos privados desde que inició esta cuarentena. Precisamente es la historia que nos cuentan Isabel y Gonzalo en la obra Conexión, quienes al igual que todos nosotros se enfrentan a una realidad que jamás habían experimentado.

Bajo la dirección de Sebastián Eddowes y Lorenzo Zumaeta, Isabel Martínez y Gonzalo Castro escribieron estas historias y son ellos mismos los actores que protagonizan esta nueva forma de hacer teatro, a través de plataformas virtuales, en este caso Zoom. Ambos personajes lograron sumergir a los televidentes, logrando identificarnos con alguna de sus vivencias narradas, a lo largo de estos 25 minutos que duró la transmisión, usando un lenguaje ligero, fresco y sencillo, sintiéndolos no solo compenetrados con lo que iban narrando, sino también conectados y sincronizados. Aunque por momentos, a Isabel no se le entendió algunas palabras.

La propuesta de estos dos jóvenes no solo fue buscar que sea un texto honesto y natural, seguramente proveniente de vivencia propias; también sumó a la obra los momentos de música. Fue muy interesante ver y escuchar a Gonzalo cantar mientras tocaba un charanguito, que al igual que el personaje, en la realidad, buscamos estrategias para lograr levantar el ánimo de alguna persona (en este caso, de su amiga Isabel), especialmente en las circunstancias actuales. Los cambios de ropa y la proyección de los días en la pantalla fueron de gran ayuda, dando entender que pasa el tiempo y aún seguimos protegiéndonos en nuestros hogares de este virus invisible.

Cabe resaltar la buena dirección de Eddowes para lograr transformar una historia convencional en algo no convencional. Sin embargo, si bien es cierto nadie estaba preparado para una pandemia y menos aún para empezar a hacer teatro desde casa, debemos tomar en cuenta pequeños detalles que puede aportar a mejorar esta nueva forma de mostrar contenidos teatrales. Al iniciar Conexión, vemos a Isabel en un espacio, pero detrás de ella se observa una pared con afiches de bandas de K-POP, aunque distraía la vista, supuse que era parte de la obra, pero mientras fue avanzando, empezó a hablar que escuchaba música del género “reggaetón”, entonces ¿qué hacían estos posters detrás de ella?

Pero, en definitiva, una comedia dramática fresca, que te engancha de principio a fin, dejando la sensación de querer seguir escuchando sus experiencias, especialmente en estos días en que no podemos ser indiferentes a la realidad, donde aún no terminamos de adaptarnos a esta nueva forma de vida temporal y estamos constantemente buscando respuestas de qué hacer y cómo sobrellevar mejor estos tiempos de encierro obligatorio. Aprovechen para verla, solo quedan dos funciones (jueves 11 y sábado 13 de junio a las 8.00 p. m.) y son gratuitas.

Milagros Guevara
7 de junio de 2020

lunes, 3 de octubre de 2016

Crítica: DE TODO, EN UN DÍA

Conversaciones en el Teatro Larco   

Teatro Plan 9 presenta un espectáculo teatral creado a partir de 5 obras cortas, dirigido por David Carrillo, con las actuaciones de Sandra Barbosa, Piera Del Campo, Rodrigo Falla Brousset, Airam Galliani, Talía Ganoza, Andrés Luna, Iñigo Luna, Alicia Mercado, Jean Paul Neyra, Henry Peláez, Valentín Prado y Martín Velásquez.

La noche empieza con el primer montaje: “Espacio” de Donald Marguilies, que a pesar de ser algo denso tiene un final muy "feeling". El suceso empieza en la madrugada, cuando Andrés le cuenta a su amigo el proceso de su viaje al desierto y de cómo terminó con su novia; al escuchar esto, su amigo le cuenta su experiencia para reconfortarlo, hasta que él se queda dormido.

El segundo es “La secretaria” de M. Lynda Robins. La protagonista se ve envuelta en unos enredos al ser llamada por su jefe, el cual le pide explicaciones por las fuentes que usó para entregar su reporte. Es una escena muy graciosa, también realista, en donde en la mayoría de los casos se refleja una realidad que existe aún en las compañías o centros de trabajos: el minimizar el trabajo de una mujer. Por otro lado, la historia termina con una gran sorpresa que nos roba más de una sonrisa.

En el tercero, “Dúo Matrimonial” de Lauren Wilson, unos recién casados tienen algunos problemas en la luna de miel: todo transcurre antes de entrar al umbral, que es una tradición en la que el novio carga a la novia, pero sin querer la hace caer; en consecuencia, se verá la furia de la novia. Suceden cosas que uno no se puede explicar, además refleja cómo a veces podemos llegar a ser algunas  mujeres. Es una escena muy cómica y realista, que nos hace reflexionar sobre cómo el amor siempre triunfa a pesar de los problemas.

El cuarto montaje es de David Carrillo, llamado “Sombra nada más”. Empieza con la mudanza de Jackelin al departamento de su enamorado Manuel. Ella se molesta por ver ahí la presencia de una mujer y le pide una explicación a su pareja. Él le dice que es el recuerdo de su ex; Jackelin no logra entender hasta que la ex le dice que no se puede ir, porque está atrapada en los pensamientos de Manuel. Al ver este cuadro, Jackelin también recuerda a su ex y este aparece, así de la nada. Es entonces donde los cuatro empiezan a entender algunas cosas, que después de terminar una relación esta se vuelve parte de sus propias sombras, que los persiguen a donde vayan; además, que no se puede reemplazar a una  persona con otra.

Finalmente, el quinto es “El control” de Mark Harvey Levine. Esta es la historia de una pareja que vive en la monotonía, que sin darse cuenta su relación va de mal en peor. Una noche, como de costumbre, se ponen a ver TV y al cambiar de canal, uno de ellos se ve poseído por el espíritu del aparato, haciéndole hablar solo comerciales. En esa lucha por quitarle el control remoto y por ayudarse uno al otro, ambos comprenden que para salir de cualquier problema deben permanecer juntos y deciden no volver a prender nunca más ese aparato.

Quiero agradecer tanto talento en las puestas en escena, me encantó también el buen elenco. Aunque a mi parecer, me hubiera encantado que el orden de las obras hubiesen sido otro, ya que si empezó la obra con algo de "feeling", esta termina igual, como que le quita la emoción de un final satisfactorio. A pesar de eso, la vida es como una caja de bombones: uno nunca sabe lo que va a encontrar.

María Victoria Pilares
3 de octubre de 2016

martes, 19 de enero de 2021

Entrevista: YAMIL SACIN


“Este es un trabajo que es al mismo tiempo creativo, intelectual y de contacto.”

Nacimiento, espectáculo unipersonal en homenaje a Samuel Beckett, fue el vehículo escénico virtual perfecto para el lucimiento del actor Yamil Sacin, quien ganó el premio del público en el evento de Oficio Crítico 2020. “Tenía siempre un interés en la actuación, pero relacionado al cine”, recuerda Yamil. “De pequeño fui a ver algunas obras, la que más recuerdo fue una de Oswaldo Cattone, Annie, era la que estaba más de acuerdo a mi edad.” No solo el cine, sino también programas como los de Biography Channel, con biografías de conocidos actores, o las películas en blanco y negro con artistas clásicos. “Después, bueno, vino la clásica por la que muchos de nosotros pasamos: la familia, que te decían ¡pero qué vas a hacer con tu vida!”

Encontrando el camino

Yamil no tuvo un taller de teatro fijo en su colegio, solo de manera esporádica y a cargo de un profesor de Arte que era mimo, pero que no enseñaba lo que precisamente sabía. “Seguro no estaba en la currícula”, comenta. “En época escolar, me pasaban la voz para hacer obras, pero en otros colegios y así me fui interesando y acercando más al teatro”. No es un secreto que (todavía) muchos colegios sacrifican las contadas horas de taller cuando tienen algún evento en especial. “Creo no entienden nada de la parte creativa del ser humano”, sostiene Yamil. “Se están cerrando otros cursos similares, como el de Filosofía, que son importantes por la crítica, porque el Arte no solamente es hacerlo, es también tener una crítica en relación con la sociedad, con sus roles y para percibir nuestra propia realidad.”


Ya adolescente con 17 años, Yamil empezó a participar como figurante en algunas producciones de Iguana. “Incluso participé en una obra de teatro con Leslie Stewart en el Satchmo.” Sin embargo, en aquellas épocas Yamil estaba más interesado en el tema de los Derechos Humanos, así que estudió Derecho. “Igual participaba en cosas esporádicas y yo mismo me decía hasta dónde voy a llegar con este hobby”. Terminada la carrera de Derecho, en la que estuvo becado prácticamente en toda su duración, estuvo practicando pero ahorrando en paralelo para estudiar teatro. “Y el primer taller que entré fue el de Roberto Ángeles; no pasé el primer nivel, pero estuve rondando por otros hasta regresar para sacarme el clavo.”

La inspiración de los maestros

Yamil tuvo a lo largo de todo su aprendizaje muchos maestros, quienes fueron puliendo su talento, como por ejemplo, David Carrillo. “Él tiene un gran matrimonio entre la teoría y la práctica, sabe cómo encajar perfectamente esa idea que el teatro también es un juego, lo sabe hacer aplicando todas las herramientas que dispone,” señala Yamil. “Y te las enseña para que las puedas comprender mucho mejor; por ejemplo, en su taller había muchas personas que tenían problemas para conectar, pero él buscaba la causa de la desconexión, la trabajaba y emparejaba al más rezagado; y al mismo tiempo, te contagiaba con ese entusiasmo, porque David lee mucho sus obras, hasta que encuentra una en la que dice ¡ya está!, y te llega a enamorar con la obra.”

Otro gran maestro de Yamil fue Alberto Isola, a quien describe como “una persona que tiene bastante experiencia en el teatro, pero cada obra la hace con la ilusión de un niño que recién la descubre, enamorado y admirado por ella.” Yamil recuerda los mensajes que recibía de Isola, a veces de madrugada después del taller, con información o videos de la obra. “Él estaba pensando constantemente en sus alumnos y enamorado de enseñar, porque le encanta enseñar, esa transmisión es muy importante, ese amor por el teatro.” Yamil menciona también al director de EspacioLibre, Diego La Hoz. “Es mi amigo, con una visión del teatro no solamente limeño sino a nivel nacional e internacional y siempre está retando las formas y rompiendo los moldes.” Reconoce en La Hoz una visión más amplia del acontecer teatral y como un amante de las artes escénicas en todas sus formas, especialmente en la de responsabilidad social. “Además, se nota el ritmo interior en los montajes de EspacioLibre.”

Experiencias dentro y fuera del escenario


Yamil ha venido participando en  interesantes puestas en escena de variado calibre, desde dramas como Vigilia de noche (2017) de Lars Norén, hasta comedias como Medias naranjas (2019) de Carlos Ruiz. Sin embargo, el personaje que más le ha costado interpretar, y al que le gustaría darle una segunda oportunidad para redondearlo, es el de Garcin de A puerta cerrada (2017), el clásico de Sartre que se presentó en el Teatro Racional, bajo la dirección de Manuel Trujillo. “Llegué a ese proyecto a solo un mes de estrenar, el texto es enorme, pero me quedé con las ganas de tener un poco más de tiempo para darle vuelta, siento que no llegue a cerrarlo por completo.”

Otra carrera contra el tiempo fue también la de Nacimiento, en la que Yamil tuvo solo dos semanas para preparar su personaje, ante la salida del actor anterior. “El tema técnico fue complicado,” comenta. “Es más, casi muero asfixiado en un ensayo cuando utilicé una lámpara de gas por primera vez, comenzó a llenarse de humo todo el lugar, parecía un incendio.” A pesar de los problemas, el espectáculo unipersonal fue muy atractivo, gracias al talento de la directora Carla Valdivia, quien dirigiera meses después Ofelia no estaba loca, otro interesante monólogo, que fue seleccionado por el premio Luces 2020 de El Comercio. “Carla es una gran amiga que conozco hace muchos años, siempre decíamos que vamos a trabajar juntos, pero nunca se daba la oportunidad,” refiere Yamil. “Tenemos una buena conexión, nos gusta viajar mucho a otras dimensiones, somos medio psicodélicos; a ella le encanta mucho la creación, es decir, los textos que sirvan para crear más, creo que es muy necesario para innovar, para presentar otras opciones también.”


“No voy a decir que un buen actor debe tener mucho talento,”
asegura Yamil. “Uno llega con pocos talentos a veces, pero depende qué tanta disciplina tengas para lograrlo; por eso creo que sí debe tener esfuerzo, disciplina y una correcta visión de a dónde quiere llegar; eso es algo que aprendí mucho con uno de mis maestros, Bruno Odar." Por otro lado, mucha gente llega acaso al arte pensando en qué va a ser famoso, pero Yamil afirma que eso sucede en muy pocos casos. “Debes estar preparado no rendirte, porque a veces económicamente las cosas no van bien; por eso, si yo en algún momento soy famoso o popular, sería por añadidura, porque no es que lo haya buscado; a mí me gusta vivir en el arte, porque es un trabajo que es al mismo tiempo creativo, intelectual y de contacto.”

Yamil ha incursionado en la dirección, tanto presencial como virtual, curiosamente en obras del gran dramaturgo peruano Sebastián Salazar Bondy, con Dos viejas van por la calle (2019) y En el cielo no hay petróleo (2020), esta última como lectura dramatizada. “Un buen director de teatro debe tener empatía, es muy importante ponerse en el lugar del otro,” afirma Yamil. “Es importante elegir el elenco y también saber leer e interpretar, es decir, tener una visión más amplia, de la estética, de la parte técnica, de la música.” Yamil se encuentra preparando algunos proyectos desde la virtualidad e incluso, uno presencial. “He sido convocado para la obra Héroes del Pacífico, por el bicentenario, todos los sábados de febrero y marzo, y la haremos en la locación que más me ha gustado: el cementerio Presbítero Maestro, en donde hice Don Juan Tenorio hace muchos años; me encantó el cementerio, me da bastante paz,” finaliza.

Sergio Velarde

19 de enero de 2021