jueves, 25 de abril de 2013

Crítica: LA ETERNIDAD EN SUS OJOS

Homenaje de generaciones

La Asociación de Artistas Aficionados es un lugar de mucha historia teatral, y obligado referente cultural en nuestra ciudad. Actualmente se viene presentando ahí una obra muy particular, titulada La eternidad en sus ojos, escrita por el destacado dramaturgo nacional Eduardo Adrianzén. La pieza en cuestión está narrada en dos espacios y tiempos diferentes, bien delimitados: el departamento de una profesora de literatura jubilada, en la actualidad; y un cuarto de hotel, lugar de encuentros furtivos entre la profesora y uno de sus alumnos, en plena década del ochenta.

La acción en el presente: la repentina aparición del joven Claudio (Jorge Bardales, a quien vimos en La razón blindada) pone en aprietos a la septuagenaria Nina (Sonia Seminario, celebrando seis décadas en la actuación) y pronto, un secreto se descubre. Y en el pasado: Nina (ahora Ximena Arroyo, hija de Sonia, pero consumada actriz por derecho propio), casada y bordeando los cuarenta, tiene un romance con uno de sus alumnos, llamado Alejandro (Claudio Calmet, ocupadísimo el año pasado con La huella, La mueca y El último fuego), un joven profesor con aspiraciones de poeta y futuro padre de Claudio.

Si bien es cierto, los recuerdos no parecen ser del todo ciertos, a juzgar por lo que afirman los personajes en el presente, el dramaturgo Eduardo Adrianzén acierta en, por lo menos, dos niveles: la historia de amor de Nina y Alejandro, y la certera ambientación de aquellos años, que parece mentira, luzcan ahora tan lejanos. Este último aspecto es particularmente logrado, por ejemplo, con el estallido de los coches bombas, engranando perfectamente con el deterioro de la relación entre Nina y Alejandro, salpicada también por detalles netamente ochenteros, como el comienzo del movimiento senderista y las costumbres de aquella época, como la compra de dólares MUC en el mercado negro y la necesidad imperiosa de Nina por “evacuar” a sus hijos del país, en plena crisis económica.

La eternidad en sus ojos llega al escenario de la AAA, como un merecido homenaje a la veterana actriz Sonia Seminario, por sus 60 años de impecable trayectoria artística. Y ella debe sentirse seguramente muy orgullosa además, por compartir escenario con su hija, una inmensa Ximena Arroyo, absolutamente genial en el personaje de la Nina cuarentona, con un impecable dominio escénico, muy bien acompañada por un conmovedor y convincente Claudio Calmet, y servida además, por las inspiradas líneas escritas por Eduardo Adrianzén. El director Oscar Carrillo consigue los mismos brillos obtenidos en el mismo escenario, con El jardín de los cerezos, celebrando en aquel entonces, el medio siglo en las tablas de Seminario. Un montaje pleno de añoranza, de visión obligatoria.

Sergio Velarde
25 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Crítica: EL ORNITORRINCO

Audaz triángulo amoroso  

Escrita por el mexicano Humberto Robles (uno de los dramaturgos más populares en América Latina), estrenada en el Teatro Mocha Graña de Barranco y presentada por La Fuente de Castalia, El ornitorrinco es una comedia postmoderna con tintes dramáticos, que nos habla sobre las muchas apariencias que surgen en las identidades sexuales de las personas. El animal que le da título a la obra es una especie de mamífero australiano, que desconcertó a los científicos en su momento por sus extrañas características, tildado inclusive por algunos como “una elaborada falsificación”. Analogía correcta para describir las caretas que tuvo, tiene y tendrá el género humano, a la hora de querer relacionarse unos con otros.

Justamente el ornitorrinco es el tema de la tesis de la protagonista Ana (María del Carmen Sirvas, autora de Jardín de colores y protagonista de Madrugada), mientras que es consultada por su pareja Paco (Ernesto Ballardo) sobre la innecesaria cuestión de la “monogamia” dentro de su relación. Un primer acto algo reiterativo, pero que finalmente nos presenta la leitmotiv de la obra; le siguen tres actos más, en los que también interviene el amigo de ambos, David (Marco Antonio Huachaca, a quien vimos en El lenguaje de las sirenas y Los cuatro puntos cardinales), con el que se completa este sorpresivo triángulo amoroso, siempre con una cama en escena como eje central del drama. Los desnudos y escenas subidas de tono están planteados con una necesaria sobriedad estética, pues el mayor atractivo del montaje radica en el planteamiento de las tribulaciones de los personajes.

El director Manuel Trujillo logra un trío de interpretaciones bastante sólido y corrige detalles mayúsculos de su anterior montaje El disparo; en El ornitorrinco sí existe coherencia entre lo que vemos y escuchamos. Acaso el mayor mérito del director sea el de arriesgarse con la intromisión del músico en vivo (Loko Pérez con su guitarra) en algunas escenas: lejos de perturbar, sirve como un perfecto comic relief dentro del espinoso drama. En conclusión: El ornitorrinco es un montaje bastante solvente, divertido, bien dirigido y actuado, con ese toque de modernidad que nos susurra al oído que todo es ahora (para bien o para mal) demasiado relativo y cambiante.

Sergio Velarde
21 de abril de 2013

lunes, 15 de abril de 2013

Crítica: OPCIÓN MÚLTIPLE

Personalidades disociadas

Cuenta el mismo Luis Mario Moncada, autor y director de nacionalidad mexicana, que escribió una obra a pedido de cinco actrices recién egresadas de un instituto de arte escénico, que querían actuar juntas en una pieza en la que todas tuvieran el mismo peso dramático. Lo más sensato, pensó Moncada en ese entonces, fue que interpretaran al mismo personaje. Es así que nace este divertido espectáculo, Opción múltiple, en el que trastorno de personalidad disociada es el gran protagonista. Luis Miguel Talledo dirige la puesta peruana en el Teatro Larco, con un competente elenco, y aprovechando lo absurdo del planteamiento de Moncada.

Diana (Andrea Chuiman, a quien vimos en Cuento alrededor de un círculo de espuma) es una bella mujer con muchas inseguridades, que se vale de sus cuatro alter-egos para enfrentarlos: por un lado se encuentra la díscola Petra (Masha Chávarri, musa de Plan 9 en Demasiado poco tiempo y ¿Qué tortura?); por otro, la protectora Sabueso (Mayra Olivera); le sigue la conciliadora Julia (Fiorella Díaz de Sólo dime la verdad); y en medio de todas, la depresiva Olga (Alexa Centurión). Las cinco aparecen en el escenario utilizando el mismo vestuario y peinado, primero ante el sicólogo, luego ante el vendedor de una vidriería, y finalmente, ante el galán de turno, todos ellos interpretados por un solo actor (Junior Silva).

La dramaturgia es bastante ingeniosa, rematada por un final con tintes melodramáticos, pero bien aprovechada por el director y sus actrices protagónicas. La dilatada duración del espectáculo (hora y 45 minutos) no se siente. Co-producida por el TUC en la casa de la Asociación Cultural Plan 9, Opción múltiple destaca por su excelente ritmo y fluidez. El elenco es bastante efectivo, especialmente Díaz y Centurión. Si bien es cierto el montaje depende escénicamente de la temporada principal Sueños de un seductor, los cambios de elementos para delimitar los tres espacios en los que ocurre la acción (consultorio, tienda y departamento) son muy adecuados. En suma, una comedia muy recomendable.

Sergio Velarde
15 de abril de 2013

sábado, 13 de abril de 2013

Crítica: EL BOTÓN DE PLATA


Atractiva propuesta con luz negra

Existen muchas razones para ir al Centro Cultural CAFAE-SE y ver la nueva obra del grupo Palosanto, titulada El Botón de Plata. Para empezar: es la primera obra escrita por el reconocido director y dramaturgo nacional Ismael Contreras, ganadora en el XXVI Concurso Nacional de Obras de Teatro para Niños y jóvenes de la UNMSM. Además, mantiene la misma temática ecológica que ha caracterizado a las demás obras del repertorio del grupo, como La zorra vanidosa, Achikée, la Tierra Seca, Zacatapum, Villasucia, entre otras . Y finalmente, según las palabras del maestro Contreras, se trata de la primera obra para toda la familia, realizada íntegramente con luz negra.

El argumento gira en torno a una historia narrada por una cuentacuentos: Paichito, un pez inventor sin oportunidades en la pequeña laguna que habita, pese a tener buenas ideas para su desarrollo. Es entonces que decide irse de allí, para probar suerte en el exterior. La analogía está servida: nadie es profeta en su tierra. Un mensaje bastante claro y además, esperanzador para premiar el esfuerzo y el mérito. Paichito representa a todos aquellos que deben salir de su tierra natal para demostrar sus verdaderos talentos. Y el Botón de Plata es la perfecta metáfora de aquella laguna vista desde los cielos.

El experimentado Ismael Contreras dirige con bastante fluidez la historia, aprovechando con eficacia los beneficios de la luz negra, utilizando para ello títeres, marionetas, telas, vestuario y la misma plasticidad de los actores. Acaso la voz en algunas secuencias musicales, y las canciones grabadas, le resten puntos a un espectáculo innovador y atractivo, que irá afiatándose en el transcurso de la temporada. Acompañan a los habituales Julio César Delgado y Yasmine Incháustegui, los jóvenes Nadyr Espinosa, Juan José De los Santos y Herberth Hurtado. El Botón de Plata de Ismael Contreras sigue la misma línea de entrega y calidad de los espectáculos de Palosanto, y por las razones antes mencionadas, es una obra recomendable para toda la familia.

Sergio Velarde
13 de abril de 2013

Crítica: CON-CIERTO OLVIDO


Siempre pensando, siempre recordando

El mítico grupo Yuyachkani cumple 42 años y lo celebra, siempre pensando y recordando, con la reposición de Con-cierto olvido, un espectáculo catalogado por su director Miguel Rubio como una acción escénica, que celebra la trayectoria de artistas que se propusieron la idea de realizar teatro en grupo, investigar tradiciones peruanas y latinoamericanas, así como desarrollar su propio lenguaje escénico. Su acogedora casa en Magdalena recibe al público, que poco a poco ocupa las tribunas, para recibir a siete de sus integrantes, quienes nos deleitarán con sus virtudes escénicas: actuación, declamación y música, en esta suerte de íntimo concierto de cámara con mucho teatro y memoria.

“Estoy pensando, estoy recordando”: nunca antes la definición de la palabra Yuyachkani fue tan precisa para describir a una de sus obras. Todas ellas, con fuerte contenido social y político. Han sido escogidos fragmentos de 18 de sus obras más representativas, que incluyen conceptos y versos de poetas universales como el alemán Bertolt Brecht, el griego Constantino Kavafis, el francés Antonin Artaud y el español Jorge Manrique, para confeccionar este espectáculo en tres actos, en los que el común denominador es el trabajo del actor, sus esperanzas, sacrificios, fracasos y éxitos. Pero también se perciben en algunos cuadros, ideas como la libertad, la pérdida de la identidad, la reconciliación, la muerte y el amor.

Los intérpretes de Yuyachkani también emocionan al público, con canciones que mueven nuestro orgullo peruano, utilizando variados instrumentos musicales. Amiel Cayo con el violín, Augusto Casafranca con el saxofón, Ana Correa con el acordeón, Débora Correa con la trompeta, Rebeca Ralli con la percusión, Teresa Ralli con el clarinete, y un magistral Julián Vargas con la guitarra. Un espectáculo completo, compacto, vigoroso y emocionante, en el que se lucen cada uno de sus intérpretes por igual. Con-cierto olvido confirma a Yuyachkani como uno de los grupos pioneros del teatro nacional, ofreciendo un trabajo escénico con sello propio.

Sergio Velarde
13 de abril de 2013

sábado, 30 de marzo de 2013

Crítica: LA VISITANTE


Oscuros tratamientos de personalidad

Yo, Río fue una pieza que generó muchos comentarios positivos el año pasado, especialmente durante su paso por el Festival de Artes Escénicas de Lima – FAEL 2012. Sus responsables, Julia Thays y Alberick García, lograron con este unipersonal a cargo de Cesar Golac, una sincera propuesta sobre los daños y perjuicios que genera la pérdida de la identidad. Siguiendo este mismo estilo dramático, Procrea Producciones vuelve a poner en escena otro montaje de la dupla artística: La visitante, en la que asistimos a un nuevo caso de progresiva pérdida de la identidad, matizado con una propuesta estética interesante y un conjunto de actuaciones bastante bueno.

Alberick García dirige y Julia Thays escribe, respectivamente, la historia de Rafaella (Thays), una poetisa aterrada de enfrentar la realidad, refugiada en el Centro de Recuperación Mental EL CERUMEN, y sometida a los más crueles e inhumanos tratamientos. Mientras que el Doctor del Instituto (Sandro La Torre) nos presenta el caso en cuestión, llega hasta el lugar Aurora (Jackelyn Vásquez), una mujer que regresa a la vida de Rafaella, luego de varios años ausente, para plantearle un escape del aséptico infierno en el que se ha internado. Las blancas paredes, pisos y sábanas en el escenario de Teatro Racional, contrastan con las brutales y surrealistas sesiones de “sanación” a las que es sometida Rafaella; y los besos y caricias que se prodigan las dos mujeres, hacen pensar en las intolerantes razones de su forzada separación.

Vásquez, a quien vimos en De repente, un beso, logra transmitir la impotencia de Aurora al ver a su gran amiga completamente trastornada, a la vez que es creíble al explicar el porqué no la visitó desde hace años, debida a la tortuosa relación con su madre. Por su parte, La Torre, completísimo actor en montajes de interés, como La razón blindada o Lock Out, le imprime la exacta cuota de sarcasmo a su insano Doctor. Pero es Thays como Rafaella, la que resulta particularmente perturbadora, tanto estética como psicológicamente: sus palabras, tan fingidas y sobreactuadas; y sus gestos y movimientos, tan veraces y sobrecogedores; definen con precisión su errático estado mental. La visitante es un montaje muy recomendable, que nos habla sin tapujos sobre la violencia y la represión que vivimos a diario, sobre las libertades individuales y las personalidades deformadas, no carente de humor, que afianza la solidez artística, luego de Yo, Río, de la dupla Thays-García.

Sergio Velarde
30 de marzo de 2013

viernes, 29 de marzo de 2013

Crítica: LA CENA DE LOS IDIOTAS


Lograda comedia francesa

Francis Veber es un destacado dramaturgo y director francés, aclamado por público y crítica gracias a su comedia teatral (y posterior estreno en cine) Le Diner de Cons o La Cena de los Idiotas. Estrenada hace muchos años por Osvaldo Cattone, con Tulio Loza y él mismo como protagonistas en el Teatro Marsano, llamada La Cena de los Tarados; y luego por Rocío Tovar, con Carlos Carlín y Paul Vega en el Teatro Peruano-Japonés, llamada ¿Dónde está el idiota?; Nicolás Fantinato dirige acertadamente  su propia versión en la Alianza Francesa de Miraflores. Y es que Fantinato (impecable actor cómico) demuestra que también puede dirigir en el género más solvente para él: la hilarante dramaturgia de Veber es aprovechada solventemente en La Cena de los Idiotas, que la vuelve divertidísima de principio a fin.

Todos los miércoles, y a pesar de las quejas de su esposa, el editor Pierre Brochant (Gustavo Mayer) y sus amigos organizan la llamada “Cena de los Idiotas”, en la que cada uno deberá llevar a la reunión al ser más excéntrico para ganar el duelo. Pero un molesto lumbago impide que Brochant asista a la reunión de hoy, justo cuando pensaba presentar a la auténtica joya que descubrió: François Pignon (Tito Vega), un empleado público que hace maquetas con fósforos. La presencia de Pignon en el departamento de Brochant causará mil descalabros, en los que se enredan la esposa y la amante de Brochant (Adriana Quevedo y Claudia Rúa), el ex de su mujer (Homero Cristalli) y un inspector de impuestos (Leandro Mikati).

Algunas escenas especialmente logradas, como las desternillantes llamadas telefónicas de Pignon o toda la secuencia con el inspector de impuestos, resultan comiquísimas y bien ejecutadas, con el ritmo exacto. Buen trabajo del elenco en general, destacando (y sorprendiendo) un sólido Gustavo Mayer en el papel principal, así como los secundarios, con el divertido Leandro Mikati “Lelé” a la cabeza. Mención aparte para el novel y carismático Tito Vega, salido de las canteras del Conservatorio del Teatro Británico, sencillamente hilarante y convincente durante toda la duración de la obra, haciendo del “idiota” principal Pignon. Fantinato logra con La Cena de los Idiotas una divertidísima comedia, con una prolija producción, enfatizando las actuaciones y aprovechando al máximo el texto de Veber.

Sergio Velarde
29 de marzo de 2013

jueves, 28 de marzo de 2013

Crítica: EL DISPARO


Contradictorio encuentro generacional

Con casi una hora de retraso comenzó la función programada de El disparo de Estela Golovchenko, a cargo de la agrupación Teatr3s y la dirección de Manuel Trujillo, en el Teatro Auditorio Miraflores. Una obra con varias dificultades por sortear, con sólo dos actores que deben sostener la acción desarrollada en tres planos de la realidad, pero con sólo algunos momentos interesantes, debido a un texto que peca de redundante, así como también de la confusión que se genera en el hecho de que las palabras que dicen los personajes, no son coherentes con lo que el espectador ve en escena. Una mujer encuentra en su departamento a un delincuente, pero lejos de expulsarlo como alguien sensato lo haría, comienzan tres dilatadas conversaciones, con finales abruptos y muy contradictorios en su ejecución.

Al escoger una obra teatral de autor extranjero para su representación, debe tomarse en cuenta el contexto en el que fue escrita, y luego tomar la decisión de, ya sea adaptarla a nuestra realidad o respetar el referente original, con el propósito de entender los objetivos del autor y de paso, no confundir al público. El disparo esconde su sorpresa, casi al final: toda la obra es un encuentro entre dos personas, pero resultan tres muertos. Y es que la coda final, con la revelación de la mujer sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura militar, descoloca completamente al espectador, pues es un dato que nunca se menciona (o no se dejó entender) durante el transcurso de la obra.

Se nota el empeño que tienen, tanto el director Manuel Trujillo como los actores Paola Vera y Carlos Grados, pero poco pueden hacer por hacer despegar la historia, que desgraciadamente tampoco ofrece mayores sorpresas. Agravando la situación, Vera luce demasiado joven para hacernos creer que es una mujer madura, y Grados ya no aparenta ser un muchacho delincuente; eso hace que sus palabras, acciones y decisiones carezcan de verdad e inclusive existan escenas con un claro tufillo paternal, completamente ajeno a la historia original. La agrupación Teatr3s debe reorganizarse para emprender nuevos proyectos, escoger mejor los textos a trabajar y convocar a los actores que cumplan los requisitos para encarnar a los personajes en cuestión.

Sergio Velarde
28 de marzo de 2013

Crítica: PIZARRO, CRÓNICA DE TRAICIÓN Y CONQUISTA


Intentando una mirada diferente

¿Cómo generar el suspenso de una historia cuando sabes perfectamente en qué acabará? Y no estamos mencionando en este acaso a aquellas tramas clásicas o populares, que van desde los cuentos infantiles hasta las obras cumbres de la literatura universal; enfrentar a un personaje histórico escénicamente resulta complicado, pues el montaje en cuestión debe ir más allá de lo que todos, por cultura general, sabemos. Se debe entonces profundizar las personalidades de los personajes, desentrañar datos nuevos y agregar nuevos filtros para conseguir diferentes miradas hacia aquello que ya sabemos de antemano.

Un intento que lleva ya dos fases, con la última aún por estrenarse, es el iniciado por Teatro de la resistencia con Atahuallpa, intentando otra mirada. Se trata de laboratorios de experimentación, en los que Beto Romero y su versátil elenco buscan contar la misma historia, pero desde diferentes puntos de vista, dotándola de un discurso propio a través de un logrado lenguaje escénico. En el caso del montaje que reseñamos ahora, Pizarro: Crónica de traición y conquista, presentada por el Teatro de Cámara con la dirección de Rafael Sánchez, el corsé de “Crónica” le resulta muy apretado, ya que no se permite un mayor vuelo en presentar la historia del conquistador español, más allá de algunos aciertos puntuales, como la representación de algunos personajes y un intento por dotar de una personalidad menos estereotipada y más humana al Pizarro que interpreta el mismo Sánchez.

Con un correcto elenco, que incluye a Rubén Enzian, Josse Fernández, Walter Huallpa, Mayra Loaiza, José Medina y Mariajosé Quiñones, todos ellos narradores y personajes a la vez, la obra podría alzar un mayor vuelo, cuidando todavía más algunos detalles como el vestuario, las maneras de hablar de cada personaje, y la precisión y agilidad para continuar de una escena a otra. Estrenada en temporada en el Auditorio “Taulichusco” del Museo Metropolitano de Lima, Pizarro: Crónica de traición y conquista es un digno intento por maquillar hechos conocidos y presentarlos como novedosos, agregando ciertos detalles que acaso nos pasaron inadvertidos mientras escuchábamos a nuestros profesores de historia. La utilización del multimedia, el sonido y las luces se irán corrigiendo y puliendo con el transcurrir de las presentaciones itinerantes, así como una mayor seguridad en la letra del personaje protagónico. En suma, se trata de un montaje ideal para aquellos estudiantes que quieran afianzar sus conocimientos fuera de los libros; y para el público en general, un espectáculo felizmente, no carente de suspenso, que hace recomendable su visionado.

Sergio Velarde
28 de marzo de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

Entrevista: ORIETTA FOY

“Se debe saber renunciar, cuando la propuesta no es adecuada”

“Desde niña siempre me ha gustado bailar danzas folklóricas, como la marinera y el tondero entre otros”, recuerda Orietta Foy, ganadora del premio del público a Mejor Actriz de Reparto en Drama por La Ciudad de los Reyes de Hernando Cortés. “Mis padres no me dejaron ser bailarina de ballet; y quedaron muy preocupados cuando en mi quinto año de carrera de Educación, decidí ingresar a la ENSAD para estudiar Actuación”. En su sétimo ciclo de estudios en dicha institución, se quedó sola como promoción; eso le ayudó en su preparación no sólo como actriz, sino como directora, ya que debía alternar con otros grupos de estudiantes y además le sirvió de entrenamiento. “También tuve la suerte de tener de profesores a Ernesto Ráez, Alicia Sacco, Aristóteles Picho, Sergio Arrau y Edgar Guillén”.

Para Orietta, un buen director de teatro debe “ser observador y muy estudioso de la obra; si es un autor clásico, debe tenerle respeto y conocerlo; por último, tener buen ojo para elegir a los actores correctos para cada personaje y crear un equipo de trabajo sin discrepancias”. Por otro lado, un buen actor de teatro debe “ser puntual, tener entrenamiento, creatividad y ser flexible; tiene que interpretar y co_ crear con el director, pues el actor no se ve a sí mismo en escena; además, debe saber renunciar, si la propuesta no es la adecuada, y proponer otra”.

“Me siento orgullosa de una obra que dirigí, Corazón mentiroso, del puneño Inocencio Mamani”, menciona Orietta, quien actuó y dirigió en esta comedia de estructura española al lado de estudiantes de la Universidad La Cantuta, quien incluía bailes y coreografías. Como actriz, recuerda los montajes de Camino de rosas de José Enrique Mavila, en la que cantó y bailó; y Entre juegos y rumores, espectáculo de danza teatro de Mireliz Alva, presentado en La Noche de Barranco. “Le tengo mucho respeto a la dramaturgia, todavía no me animo a escribir, considero que es la parte más difícil”, reflexiona.

Sobre Hernando Cortés, Orietta sólo tiene palabras de admiración y respeto. “Él fue mi profesor de Historia del Teatro y Dirección Teatral; siendo una alumna destacada me eligió para participar en una obra en la que actuaría con él, siendo también director; fue un regalo que me hizo”, menciona. Actualmente y desde hace 16 años, Orietta es profesora nombrada en la Cátedra de Teatro en la Universidad La Cantuta. “Este 2013 estaré en un nuevo proyecto con el grupo El Tábano y también con un unipersonal que estoy preparando”, concluye.

Sergio Velarde
13 de febrero de 2013