martes, 2 de noviembre de 2010

Crítica: LOCK OUT


Un Vallejo más vigente que nunca  

Si bien es cierto César Vallejo logró reconocimiento universal por sus inigualables poemas (“Los heraldos negros”, “Masa”, “Trilce”) o por sus contundentes relatos (“Paco Yunque”, “El tungsteno”), su obra dramática no es muy conocida. Por eso, causó expectativa el estreno de Lock out (o cierre de fábricas por parte de la empresa como respuesta a una situación de huelga, según la traducción), obra teatral de corte social escrita en 1930 y que fue estrenada dentro el X Festival de Teatro Peruano Norteamericano, en el ICPNA de Miraflores, bajo la dirección de Carlos La Rosa (director de la amable comedia Pony del año pasado), y que confirma la vigencia del autor en nuestros días.

La pieza dramática, concebida originalmente “a la antigua” con más de 30 personajes y una dilatada duración, es hábilmente adaptada por su director como un ejercicio teatral a cargo de ocho intérpretes, quienes darán vida a los variados personajes de la historia. El cierre de una fábrica provoca un estallido de violencia y muerte entre un grupo de trabajadores, que son injustamente lanzados a la calle, mientras se intentan diversos mecanismos para solucionar el problema. El amplio espacio que ofrece el ICPNA es aprovechado al máximo por el elenco, siempre en constante movimiento, generando suspenso e interés por los acontecimientos que van sucediendo.

La dirección escénica es rica en símbolos, a pesar de su aparente austeridad. Los actores, todos uniformados y con escasos elementos escenográficos, representan con absoluta veracidad las escenas, derrochando fuerza y vitalidad, algunos con un dominio de cuerpo y voz envidiable. Quedarán para el recuerdo tres escenas claves: la imagen de nuestra patria, representada en el escenario por nuestro estandarte, es la cortina que los politiqueros esquivan para salir del despacho del ministro; la madre, dándole vanas esperanzas a sus dos hijos, mientras el padre huelguista es golpeado por las fuerzas del orden; y aquellos “vivas” al final del conflicto, pronunciados con una impotencia perturbadora.

Acaso el mayor acierto del director sea el de no haber caído en la fácil trampa de retratar a los huelguistas como las pobres víctimas de los atropellos perpetrados por los patrones, ya que sus propias conductas, llenas de odio y resentimiento, provocan al final el daño irreparable que se vaticinaba. El “monstruo” de la huelga es claro ejemplo de ello: el presentar a la turba como un ser descontrolado y agresivo sirve para entender que la violencia no puede ser, bajo ninguna circunstancia, la solución de cualquier conflicto. La Rosa acierta también en lograr una unidad interpretativa en sus ocho actores, con evidentes desniveles histriónicos en conjunto, siendo Sandro La Torre el más solvente y convincente de todos. Lock out se convierte en un espectáculo excelente (se podría calificar discretamente de brillante), que revitaliza a nuestro gran literato de Santiago de Chuco y que rescata un interesante texto, que bien pudo caer en el fácil maniqueísmo de la mano de otro director, que no tenga la visión de entregar una puesta en escena honesta y sin desbordes. Una de las mejores obras del año.

Sergio Velarde

02 de noviembre de 2010

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