jueves, 7 de marzo de 2019

Crítica: MONÓLOGOS DE MUJERES


Tres mujeres, tres historias

“Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro” (La suma de los días) es una de las potentes frases de la escritora chilena Isabel Allende, y son estas palabras las que parecen retumbar en las confesiones representadas en la obra Monólogos de Mujeres, que se llevará a cabo en Amaru Casa Cultural, con dos únicas funciones los días 8 y 9 de marzo.

A propósito de celebrarse el Día Internacional de la Mujer, llegan estas historias de mujeres, contadas desde una mirada honesta, bajo la dirección de Ximena Aguilar Florindo. Pues, a partir de la creación de monólogos, se abordarán diversas problemáticas a las que se enfrentan las mujeres en el cotidiano como el acoso callejero, el maltrato físico y psicológico y ser madre soltera; estos son los temas preponderantes de la narrativa, la misma que estuvo a cargo de Pamela Silva, Carlos Alberto Gonzáles Villanueva (autor de las obras Deshuesadero y Oda a la luna) y Gina Guerrero.

Las actrices Sylvia Majo, Steffani Rojas, Fiorella Flores y Gina Guerrero (habrá una actriz que alternará con otra uno de los monólogos) irán relatando (en una escala que pareciera in crescendo) con suma lucidez, las experiencias de mujeres que sufren o han sufrido algún tipo de vejación (física o psicológica), a aquellas que han sido sometidas al juzgamiento o estigmatización social, a las que han sido estereotipadas, y a las que se han visto vulneradas sin miramientos escondiendo la agresión bajo la máscara de la ‘palomillada’. De negro, como si de luto riguroso se tratase (además de ser un recurso bastante utilizado en el vestuario de los teatristas), los personajes relatan con más y menos emotividad –en algunos casos- realidades que sobrepasan una simple anécdota, verdades que duelen y endurecen el alma. Sin embargo, estas mujeres parecen despojarse de sus miedos, ataduras y dolores, para dar paso al cambio que quieren en sus vidas, entonces renuncian a la mera victimización dando un salto a la trasformación. Cabe mencionar que redondear algunos de los finales sería muy pertinente para afianzar carga emotiva.

La puesta se desarrolla en un espacio pequeño, con elementos muy básicos, que permiten enfocar la atención en lo esencial: los monólogos. Otro detalle curioso es la asistencia -en ciertos momentos- de un actor que ejecuta algunos papeles mencionados por las actrices en sus intervenciones, lo cual aporta una dinámica distinta a la propuesta. Sin duda, el monólogo más intenso estuvo a cargo de Sylvia Majo, quien supo manejar su intervención con destreza, logrando enriquecer –aún más- el texto, que de por sí ya era potente y conmovedor. En una de sus escenas surge el sometimiento o la sumisión (al no querer dejar al hombre que la maltrata), como una especie de ritual expresado en un canto ahogado, que bien podría ser un simbolismo del dominio ejercido por el hombre que alguna vez le prometió amor.

Lamentablemente, los temas vertidos en Monólogos de Mujeres son el pan de cada día, es justo entonces visibilizarlos, continuar hablando de ellos desde la óptica teatral, para que quizá los miedos se evaporen, las voces se escuchen y se abra el paso a la sanación, a los cambios que urgen en nuestra sociedad. Solo así cobrará un nuevo sentido, el pasado, el presente y claro está, el futuro.

Maria Cristina Mory Cárdenas
7 de marzo de 2019                                                

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