viernes, 13 de marzo de 2020

Crítica: VARIETÉ CHOPIN


Cuando los cuerpos y las voces evocan emociones

Generalmente, los espectáculos teatrales son dirigidos por un director de escena. La función principal de este radica en el montaje de la obra. También, es el encargado de escoger a los actores y actrices para organizar el espectáculo. Por otro lado, existen las creaciones colectivas, que también son dirigidas por un director de escena, pero, en este caso, el director funciona como un líder coordinador del espectáculo. En otras palabras, el montaje recae sobre todos los miembros de la actividad teatral y el director solo ordena lo que cada intérprete  brinda a la obra en cada ensayo e improvisación. Este es caso del hecho teatral Varieté Chopin, dirigido por Mateo Chiarella Viale e interpretado por los actores y actrices de La Comparsa Patafísica. En esta ocasión, el espectáculo cuenta con una corta temporada hasta el 15 de marzo (jueves a domingo) en el teatro Ricardo Blume.

Los intérpretes no cuentan la historia del compositor polaco según la estructura aristotélica, como la mayoría de los espectáculos de occidente. Sino que, en este caso, los creadores deciden arriesgarse a mostrar algunos elementos de la vida de Chopin desde un punto de vista surrealista y mezclando teatro, música, danza y poesía. En ese sentido, al no presentar cierta estructura aristotélica, en la que el espectador puede inferir qué va a suceder con el protagonista, la obra permite que este se sorprenda por las diferentes performances que posee.

La obra no inicia con la típica voz en off de apertura que se dice en la mayoría de los teatros, sino que alguien del público lo lee. Esto anuncia que la obra va a tener un pequeño acercamiento con el público y más adelante, eso sucede. Pues en el desarrollo de la obra los actores y actrices juegan con el público: ambos se divierten.

La escenografía es simple, pero surrealista. El piso es negro y sobre esa base se traza una espiral blanca. Muy aparte de los posibles significados que se le puede brindar, el efecto que se lograba crear cuando alguien se paraba sobre el centro de dicha espiral y saltaba era mágico, parecía de otro mundo.

Por otro lado, la mayoría de los intérpretes poseían un buen dominio corporal. Cada vez que se lanzaban al suelo, no se escuchaba esos sonidos toscos que indican la falta de control del peso. Sobre esto, lo más resaltante es que, en cada movimiento que realizaban y no tenían ningún texto hablado, sus cuerpos expresaban cosas y el espectador disfrutaba. Así mismo, cada uno manejaba una técnica vocal increíble. Sus voces se proyectaban por toda la sala del teatro. Además, cuando la actriz de la compañía interpretó la canción al centro de la espiral, no era necesario saber el idioma para descifrar todo lo que intentaba decir. Cada palabra bien entonada tocaba el alma del espectador: era una comunicación en el plano emocional más que hablado. Sin embargo, en algunas ocasiones habían textos en el que no le brindaban alguna intención a la palabra. Pero eso no quita el gran desenvolvimiento vocal de los intérpretes.

Varieté Chopin es una obra que nos permite repensar el hacer escénico. ¿Tomar como estímulo un texto ya existente para crear o arriesgarnos a tomar nuestros estímulos internos para crear? Ambos casos son válidos, pero esto ya depende del artista creador. Para finalizar, el espectáculo es como un cuadro surrealista o alguna partitura de Chopin que pertenece al rango de las obras en la que el espectador no debe entender, sino simplemente disfrutar.

Elio Rodríguez
13 de marzo de 2020

miércoles, 11 de marzo de 2020

Entrevista: JAVIER MERINO


“Si tenemos nervios en exceso hay que convertirlos en combustible”

Ganador del premio del público como el mejor trabajo de dirección en Comedia/Musical Oficio Crítico 2019 por una obra de su autoría, Magia en una Lima de noche, el joven artista Javier Merino menciona que su tío abuelo fue el cantante y compositor Luis Abanto Morales, pero a quien nunca llegó a conocer. “Mis tíos y mis abuelos cantan y tocan la guitarra, la quena, zampoña, pero todo en eventos familiares o para pasar el rato,” refiere sobre su ascendencia artística. “Yo soy la oveja rara de la familia; en el colegio participaba en las actuaciones, cantaba, bailaba de todo, y todo lo hacía mal; tuve un buen profesor de teatro, con el que recuerdo haber hecho una versión de El Rey Midas, muy graciosa, pero que no hice de rey (ríe), ya ni me acuerdo a quién interpreté”. Javier permaneció fiel a su taller de teatro hasta que acabó el colegio a los quince años y a la misma edad entra a la universidad Villareal a estudiar Ciencia Política para continuar una carrera diplomática. “Siempre me gustaron las letras, además fui -y estoy siendo- criado por un padre maravilloso que es un militar retirado muy amoroso y de él adopté el amar al Perú y ver la formas de sacarlo adelante”.

Primeros maestros

Gracias a la cercanía de su facultad, ubicada en la avenida La Colmena, Javier optó por entrar a estudiar teatro al MALI y es ahí donde conoce al reconocido actor y profesor Ramón García. “Éramos un montón de alumnos, hacíamos dinámicas y todavía conservo varios amigos de allí,” comenta Javier. “De Ramón aprendí que el actor es conchudo, el sentir los nervios en exceso y convertirlos en gasolina para el motor; yo podía ser conchudo, porque era un personaje, no Javier; después ingresé al TEFA y me comenzó a gustar más y más el teatro y me dije: ¿Qué hago?” Javier averiguó sobre los talleres de actuación de ese entonces y consideró el de Alberto Isola. “Pero antes de entrar allí, tenía que primero pasar el de Bruno Odar, con cuatro niveles y ya con el Alberto, el quinto. Yo tenía 16 en ese entonces”.

Odar es uno de los mayores referentes teatrales para Javier, incluso García lo felicitó y animó a seguir con él su preparación. “Ramón me dijo que le parecía muy bien que siguiera con Bruno, me dijo que era mucho más académico y que era una muy buena elección,” recuerda. “Ingresé a Diez Talentos con Bruno Odar, al mismo tiempo empezaba el segundo año de la universidad, se cruzaban los horarios y me comenzó a gustar más la actuación, era algo serio y tenía tarea, tenía que invertir mi tiempo, porque con Bruno tenías que prepararte y ensayar.” Javier tuvo que tomar una decisión y les comentó a sus padres sobre su elección. “Se armó un cónclave en mi familia,” recuerda. “Me decían -con justa razón- que encima yo entraba a la primera a la universidad, que harta gente quisiera tener tu vacante, pero al final aceptaron mi decisión; mis padres son lo que más amo en el mundo y supieron entender, y como todo padre, este quiere que su hijo asegure su futuro.”

“Estuve con Bruno, dejé la universidad y no reservé vacante,” afirma Javier. “Terminé los cuatro niveles y me enfermo en el último, tres semanas antes de la muestra final, y no pude asistir.” Javier dejó la actuación y siguió estudiando a la par en un instituto Comunicación Integral, para así tener un respaldo. “Comencé a chambear en comunicación y periodismo en diferentes medios, empecé a hacer comerciales, estaba todo afanado, hice un poco televisión, al final me llamaron para hacer unas cositas, pero no me gustaron, la tele te absorbe mucho tiempo, y a mí me gusta ser dueño de mi tiempo.” Finalmente, regresa al taller de Odar para completar su formación. “Como profesor, como actor y como director, Bruno me encanta,” confiesa. “Es un gran actor, muy versátil, lo que hace en televisión no es nada comparado con lo que hace en teatro o cine. Es un ícono nacional.” Para Javier, la ventaja de Odar como profesor es que le gusta probar bastante, acepta propuestas y no “sobreintelectualiza” cuál es la acción. “Porque los ensayos resultan siendo diferentes y terminamos haciendo otra acción distinta a la que se planteó al comienzo; al momento de interactuar, salen otras cosas; además, él no es tanto de hacer trabajo de mesa, leemos una vez el texto y ya vamos a ensayar y así salen cosas.” Odar inculca además valores, sumamente importantes para cualquier profesión, especialmente, para un actor. “Puedes tener un gran talento, pero si no eres responsable, si no eres disciplinado, entonces prefiere llamar a un actor que no es tan bueno, pero sí puntual y disciplinado. Por eso me llama, no soy bueno, pero creo que sí disciplinado.”

Javier valora mucho el aprendizaje con Odar, con quien además tiene una bonita amistad con él, su esposa Julia Ruiz, y su familia. Tras ello, un tiempo después, ingresa al Taller de Formación Actoral de Plan 9 con David Carrillo, director de la primera obra de teatro que vio Javier cuando tenía 13 o 14 años: Los 39 escalones, que dirigió unos tantos años antes Alfred Hitchcock en la pantalla grande. “A David, como profesor y maestro, lo respeto mucho, y por ser un gran director, sabe crear el ambiente que quiere impregnar,” refiere. “Es actor también, pero se dedica más a la dirección; Bruno es más un actor que se dedica a la dirección; con Bruno aprendí el tema dramático, la fuerza del personaje, y con David, cómo lograr el punto preciso para que la gente se ría en determinadas escenas, me ayudó bastante a comprender y entender la comedia.” También menciona que Carrillo es muy calculador, que a veces se sienta como público para analizar las reacciones del público. “Creemos que la gente se va a reír en un momento y se ríen en otro momento que no pensamos que lo harían; tengo la suerte haber tenido dos grandes maestros, como David y Bruno, quienes me formaron en el mundo de las artes escénicas."

Gestor cultural, actor, escritor y director

Polifacético como pocos teatristas de su generación, Javier tiene bastante experiencia escribiendo, dirigiendo y actuando en diversos montajes de interés. “Un buen actor, para comenzar, debe tener disciplina, más que talento,” asegura. “Yo sí creo en el talento, se nace con un poquito talento, pero lo puedes reforzar, lo puedes hacer crecer, de cinco a diez talentos como la parábola; yo no creo que el talento se haga, siempre y cuando se tenga el talento escondido, uno puede encontrarlo.” Para Javier, un buen actor debe tener un “60/40” de disciplina y talento. “Y pasión, ser apasionado en lo que haces, que te guste, que lo disfrutes.” Por otro lado, menciona que un buen director debe ser frío para tomar decisiones. “Tiene que saber pensar fríamente, porque los artistas trabajan en un mar de emociones y muchas veces esa emoción le gana más a la razón y por eso, no vemos de repente un buen producto; hay que ser frío para manejar todo, porque el director es responsable de todo el montaje final, es la guía y la conexión de todo, para que pueda salir adecuadamente.”

Magia en una Lima de noche demostró el enorme talento de Javier como dramaturgo y no le molestaría que su obra fuera llevada a escena en un futuro por otro elenco y director. “Pero si van a hacer una modificación, sí me tendrían que decir qué quieren cambiar; finalmente, si ha habido un acuerdo y si yo le he dicho al director que tiene licencia para hacer lo que quiera, bueno, entonces ya está hecho.” Sin embargo, Javier sí estaría al tanto de no ver alterada su obra en su concepto principal. “Solo si no veo que cumpla su objetivo artístico,” aclara. Javier tiene múltiples proyectos para este año: seguirá dándole vida a Frankenstein en la Plazuela de las Artes el 29 de marzo con entrada libre y producirá junto a Gary Prialé con su productora Café Society la nueva puesta en el teatro Julieta llamada Los marcianos llegaron ya de Giuseppe Albatrino, y con un elenco conformado por Connie Chaparro, José Dammert, Jesús Neyra y Luis José Ocampo. “Además, estoy escribiendo una nueva obra, pero ni nombre tiene, porque ni tiempo tengo para escribirla,” concluye.

Sergio Velarde
11 de marzo de 2020

sábado, 7 de marzo de 2020

Crítica: MONÓLOGOS DE MUJERES


No juzgar, no callar, no silenciar

Figuras conocidas y de larga trayectoria actoral invaden las instalaciones de Amaru casa Cultural, ansiosos esperan el inicio de la obra, pues no es casualidad que a puertas del Día Internacional de la Mujer reestrenen en una nueva versión Monólogos de mujeres, una puesta en escena que nos cuenta la historia de tres mujeres maltratadas de distintas maneras (una madre soltera, una mujer que sufre acoso callejero y una mujer maltratada física y psicológicamente) en una sociedad en la que actualmente aún percibimos que es algo normal, especialmente cuando notamos el poco interés por parte de nuestras autoridades ante estos temas y donde el machismo aún se percibe de lejos.

Bajo la dirección de Norma Berrade y Ximena Aguilar, las actrices Gina Guerrero, Lia Camilo, Fiorella Flores y Alexandra Barandiarán conforman el elenco de esta interesante obra teatral, la cual nos lleva a una profunda reflexión sobre la problemática de la mujer en estos tiempos, donde cada mañana al despertar y prender el televisor lo primero que escuchamos son noticias haciendo referencia a este tema: mujeres humilladas, ultrajadas, violadas, o finalmente asesinadas; fue tal vez lo que inspiró a los dramaturgos Pamela Silva, Carlos Alberto Gonzales Villanueva y Gina Guerrero, quienes en un intento de alzar su voz de protesta, ponen en escena parte de lo que acontece a diario a diversas mujeres quienes al día de hoy luchan por una igualdad de género, para poder vivir dentro de una sociedad mejor. Libres y sin miedos.

El escenario compuesto por una antigua máquina de escribir y cuatro sillas fue lo necesario para que se diera inicio a esta puesta en escena. En cuanto al vestuario (todas con vestido negro) probablemente el más indicado para contar estas situaciones tan trágicas por las que vemos que pasan día a día las mujeres en nuestra sociedad. En muchas ocasiones asociamos este color a la muerte, dolor y violencia y justamente eso es lo que reflejan en cada uno de los monólogos que nos cuentan durante estos 30 o 35 minutos que dura la obra.

Es preciso destacar la calidad vocal de las actrices a las cuales se les entendió perfectamente, las actuaciones fueron correctas. Vimos a una Alexandra Barandiarán representar el papel de madre soltera de una manera segura, a una Fiorella Flores que sin embargo, a pesar de ser correcta, no llegó a emocionarnos del todo en el papel de la mujer que sufría acoso callejero desde pequeña, pero cabe resaltar que la actuación que más conmovió fue la de Lia Camilo, en el papel de una mujer maltratada física y psicológicamente, reflejando de manera clara la lucha y el dolor en su actuación, sin olvidarnos de Gina Guerrero a quien pudimos ver en escena, sentada frente a su máquina de escribir, tratando de no perder cada detalle de lo que acontece a otras mujeres que tal como ella en algún momento de su vida pasó por lo mismo, atenta y dispuesta a plasmar cada detalle para no olvidar y mucho menos callar. Por otro lado, sobre el aspecto musical podemos decir que fue el necesario, la misma música instrumental bastó para dar inicio y fin a la obra.

En general, es difícil no poder sentirse identificada con los temas tratados en Monólogos de mujeres y sentirme parte de cada una de ellas a través de las cuales vemos el reflejo de una sociedad aún machista, ciega e indiferente ante todas las situaciones que vemos a diario. Quiero terminar con una frase que leí en algún lugar y creo que nos define perfectamente: “La mujer es como la sal, su presencia no se siente pero su ausencia hace que todo quede sin sabor”. Monólogos de mujeres va por pocas funciones en Amaru Casa Cultural a las 8.00 pm. Totalmente recomendada.

Milagros Guevara
8 de marzo de 2020

Datos adicionales:

1. Entre el 2017 y 2019 se implementaron 150 Centros de Emergencia Mujer (CEM) en comisarías a nivel nacional debido al incremento de casos a diario (Fuente: Portal Estadístico -Programa Nacional contra la violencia familiar y sexual) pero en lo que va del año se han reportado 30 feminicidios solo enero y febrero (fuente: Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables).

2. Asimismo, es importante informar que existe la línea 100, un servicio gratuito de cobertura nacional, especializados en brindar orientación e información en temas de violencia familiar y abuso sexual durante las 24 horas del día.

Crítica: BÚFALOS


La fábula que estamos viviendo ahora mismo

Como parte de la muestra de obras de los alumnos de 8vo ciclo de la especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se presentó Búfalos, del dramaturgo Pau Miró, bajo la dirección de Gino Luque en el Centro Cultural de la misma universidad. Esta es la historia de cinco hermanos que viven y trabajan en una lavandería de un barrio marginal. Cuando eran pequeños, uno de ellos desapareció y, tiempo después, la mamá siguió el mismo destino. Si bien el padre les da una supuesta explicación, no les resulta satisfactoria. Poco a poco irán descubriendo que hay una verdad detrás de dichas desapariciones. 

El montaje ocurre en el interior de la lavandería y hogar de estos hermanos. Hubo una serie de cajas que hicieron las veces de lavadoras, todas con el agujero distintivo de dichas máquinas, además de un lado hueco que permitía a los actores meterse fácilmente en la estructura. Los actores jugaban con estas cajas en escena, de modo que construían composiciones con alturas y niveles distintos a lo largo de la puesta, especialmente en las escenas donde los cinco hermanos aparecían juntos. Esto permitió darle dinamismo a la obra, pues se percibía la sensación de estar en un lugar donde el tiempo pasa de manera cíclica y rutinaria. El vestuario de los actores estuvo diseñado con retazos de telas y colores acorde con la escenografía: colores sepia, con sensación de estar en un lugar totalmente desolado. Cada personaje tenía un diseño particular de vestuario que le daba un perfil más específico individualmente: visualmente ya teníamos referencias de los personas solamente por las prendas que usaban, lo cual le daba mayor interés al ojo del espectador. Sin embargo, hubo algunos traspiés en los cambios de escena y transiciones de algunos momentos de la obra, pues caía el ritmo de la obra por el exceso de ruido y falta de especificidad en el cambio escenográfico.

La construcción de personajes de los hermanos estuvo llena de especificaciones, de modo que tanto vocal como corporalmente se diferenciaban entre sí. Lo más destacable estuvo en la manera particular en la que cada uno intervenía el espacio escénico y los objetos: la manipulación de las lavadoras era hecha de manera personalizada, desde la esencia del personaje.

La iluminación jugó un papel muy importante en esta representación, pues permitía ajustar los puntos de atención en algunos momentos de la obra. Sin embargo, los actores muchas veces llegaban tarde a los cambios de luces, lo que le quitaba precisión al desarrollo del montaje. No obstante, esto ocurrió al empezar  la obra solamente, que después no volvió a repetirse; esto pudo deberse a una falta de concentración inicial.

La soledad y degradación de los personajes parecen ser consecuencia de un estilo de vida al que cada vez más personas están inmersas: experiencias traumáticas normalizadas, hechos de violencia de todo tipo normalizados por los medios de comunicación y a nivel cultural, la falta de empatía entre nosotros como sociedad. Con un impacto muy contemporáneo, Búfalos deja en el espectador muchas preguntas sobre los parecidos a la realidad que estamos viviendo aquí y ahora. Nos invita a reflexionar sobre los vínculos familiares, el afrontar y reiniciarse después de una experiencia traumática, la resistencia ante una ausencia, la soledad y la violencia típicas que marcan las relaciones en ciudades tan grandes y revoltosas como nuestra Lima gris.

Stefany Olivos
8 de marzo de 2020

jueves, 5 de marzo de 2020

Crítica: SE BUSCA COMEDIANTE


El humor en la autorreflexión

La historia de cuatro anfitriones, que tienen la posibilidad de demostrar su talento en el escenario, ya se encuentra en el teatro Pirandello. Esta obra regresa un año después tras una corta y exitosa temporada. Sobre esto, Adrián Galarcep, director artístico de Los Productores, afirma que la obra fue un hit el año pasado. Además, el público les escribía a través de las redes, porque querían ver la obra; por lo tanto, reprogramaron el espectáculo para este año y así el espectador también regresaría al teatro. En esta temporada, Se busca comediante solo se presentará en veintiséis funciones desde el 17 de febrero hasta el 24 de marzo en el teatro Pirandello.

El teatro está lleno: las setecientas butacas han sido vendidas, pero los actores de la obra no irán a la función de ese día. La primera llamada del teatro suena, pero ninguno de los intérpretes aparece. Este problema queda en manos de cuatro anfitriones del teatro Pirandello que en su tiempo libre se dedican al stand up comedy. Ellos se acaban de enterar y tendrán que solucionar ese contratiempo en menos de quince minutos. ¿Cuál será la mejor solución? ¿Devolver el dinero al público? ¿Improvisar? ¿Hacer lo que más les gusta en el escenario? ¿Huir o aceptar el reto?

Se busca comediante es una creación colectiva en el que actúan Guille Castañeda, Mateo Garrido Lecca, Gachi Rivero y Carlos Palma, dirigidos por Rodolfo Reaño. La obra comienza desde que el público ingresa al teatro. Los comediantes cumplen la función de ser anfitriones; ellos reciben al espectador y los ayudan a encontrar su respectiva butaca. Luego, una voz en off dice: “Primera llamada” y ellos empiezan a interactuar entre sí. Se podría decir que ese momento marca el verdadero inicio de la obra.

El espectáculo es una fusión de ficción y realidad. Por un lado, presenta una situación ficticia en la que acontece una obra de teatro, pero los actores no se presentarán. Para ello, el escenario cuenta con todos los objetos que usarán en el supuesto espectáculo. Por otro lado, cada actor y actriz se interpreta a sí mismo dentro de la ficción, por lo que en algunos momentos suele percibirse como teatro testimonial.  Así mismo, Guille representa al actor encasillado, que siempre lo llaman para algún personaje específico; Mateo, al influencer, que solo lo llaman porque tiene muchos seguidores; Gachi, la que ya lleva más de diez años en la radio, pero no es conocida y Carlos, al que no puede obtener un préstamo del banco por ser comediante.

El conflicto principal de la obra yace en qué hacer ante tantos espectadores. Mateo, Carlos y Gachi están de acuerdo en presentar su arte, hacer stand up comedy. Pero, primero deben convencer a Guille, porque cree que se debe respetar las tablas; es decir, hacer teatro en el teatro y no stand up, que solo son monólogos que se presentan en los bares. En el desarrollo de este conflicto, los comediantes desarrollan algunos monólogos que parten desde su verdad, desde su propio rollo. Por su parte, los monólogos no se quedan en el chiste fácil, ni en lo burdo. Por el contrario, tocan temas de sus propias vidas. Hablan de esas situaciones tan incómodas que tienen que pasar como comediantes para cuestionarse a sí mismos.

A nivel interpretativo, cada comediante se representaba a sí mismo, no existe ningún personaje excepto en la representación de las historias de cada uno. Estas representaciones solo se quedan en la forma, no había intención en la palabra. Sin embargo, cuando interpretaban sus monólogos o contaban sus historias, solían brindar vida a cada palabra, aquí sí decían aquello que comunicaban.

Por otro lado, la escenografía solo dibuja el ambiente donde están ellos a pesar de que usan algunos elementos de ahí. Además, desde que comienza la obra, los comediantes solo tienen quince minutos para decidir qué hacer; sin embargo, el tiempo que les toma para resolver es más de una hora, lo que dura la función real. En otras palabras, el tiempo diegético dura menos que el tiempo real; por lo tanto, no presenta verosimilitud.

Se busca comediante, mirado desde el stand up comedy, es una obra que busca innovar el teatro peruano. No solo es que el comediante se pare sobre el escenario, que puede ser de un teatro, e interprete un monólogo; sino buscar un cómo llevar esto a una sala de teatro, que es donde yace su innovación. Es cierto, presenta algunos errores, pero esto no quiere decir que el espectáculo haya sido malo. Así que, si se desea comenzar bien la noche, “Se busca comediante” es una buena opción.

Elio Rodríguez
5 de marzo de 2020

Entrevista: OMAR ORTEGA

ESPACE LIBERTÉ

En nuestro paso por Piura, hemos notado el desinterés de parte de las autoridades hacia el arte, pero sobre todo el vacío que existe en las artes escénicas dentro de mi ciudad natal. Los pocos espacios que he conocido parten de proyectos de artistas independientes que apuestan por incrementar la cultura teatral piurana.

Es así que contactamos con uno de ellos: Omar Ortega; director y fundador de Espace Liberté, quienes en sociedad con la Alianza Francesa trabajan buscando incentivar y fomentar esta práctica artística en Piura. Este espacio cuenta con elencos formativos de canto, baile y teatro que están dispuestos para la población interesada en desarrollar su lado artístico.

Estimado Omar, muy buenas noches. He podido conocer tus instalaciones; además de tu trabajo, gracias a la invitación que nos hiciste a tu obra “El culpable de mi muerte”. Debo felicitar tu iniciativa de tener un espacio tan bien cuidado y donde cada esquina de sus paredes deja ver el cariño con el que ha sido desarrollado este proyecto. Me comentabas que tienen aproximadamente unos dos años de trabajo. Me encantaría que pudieras contar más al respecto. ¿Qué significa “Espace Liberté” para ti y para el contexto piurano? Nos contarías la historia de sus inicios, un poco sobre integrantes fundadores.

Espace Liberté, para mí, en primer lugar, es un sueño hecho realidad, siempre tuve la meta de lograr llegar a tener mi propia sala teatral. Y en el contexto concreto de la situación actual de la cultura en Piura, creo que vendría hacer un gran aliciente a la gran problemática de no tener escenarios formales que ayuden a la difusión de proyectos artísticos de calidad, fomentando siempre una visión de trabajo profesional en nuestras puestas en marcha.

De los integrantes con los que iniciamos esta aventura hace un año y medio quedamos prácticamente la mitad, algunos tuvieron que dejar la posta a otros por diversos asuntos personales o porque tuvieron sus propios proyectos; sin embargo, siguen activamente apoyándonos con la difusión de nuestros proyectos y asistiendo al Espace, ahora como gustosos espectadores.

Nos podrías explicar sobre el proyecto formativo que tiene Espace Liberté y cómo es que se maneja y se entrelaza este espacio con el espacio de creación y muestra de proyectos expuestos a un público. ¿Quiénes son los profesores, cuál es el enfoque de su escuela?

El proyecto formativo de nuestros elencos, nace precisamente por la necesidad de establecer una mayor oferta de proyectos culturales al público. Cuando iniciamos, nos dimos cuenta que la mayoría de colectivos y agrupaciones artísticas manejan una oferta entre uno a tres proyectos por año, lo cual, claramente sería insuficiente para nuestra perspectiva de presentar distintas temporadas ininterrumpidas.

Es así que buscamos formar nuevos actores culturales, personas que se formen en la disciplina que mejor manejen, ya sea canto, danza o teatro; las tres disciplinas que hemos podido implementar con el aval de la Alianza Francesa de Piura.

Formación que se realiza durante un año con artistas de amplia experiencia a la cabeza de cada elenco, formadores que dejan todo en cada clase por brindarles todo su conocimiento adquirido, incluyéndome.

Como te comentaba me parece genial que exista un espacio así en Piura. En general existen solo pocos directores que se preocupen en formar a sus elencos; sin embargo, en un contexto piurano, imagino que esto es vital para mantener un proyecto de este tipo. Me gustaría conocer un poco más sobre su modalidad de trabajo. Además, me gustaría saber de sus procesos creativos, hacia la preparación de un montaje, de manera general. Normalmente de donde parten y cuáles son sus inquietudes.

Nosotros somos una residencia artística cultural que está abierta para todos los artistas nacionales e internacionales, con un enfoque profesional y de calidad. Además de eso, tenemos el tema de los elencos formativos que nos manejamos como si fuera una escuela tal cual; sin embargo, dejando claro que no podemos otorgar títulos a los artistas, sino certificaciones por el año de formación.

El proceso creativo, por tanto, es variable. Creemos en las propuestas cargadas de mensajes potentes para la sociedad y su sensibilización con temas del día a día; sin embargo, no compartimos mensajes políticos, religiosos y tampoco nos inclinamos por ninguna orientación de índole social. Vemos en el arte una herramienta de expresión que no necesariamente debe estar cargada de temas como estos.

En relación a  la obra que acaban de presentar, “El culpable de mi muerte”, ¿de dónde nació la preocupación por el tema que aborda la obra? ¿Cuánto tiempo les llevó la preparación de este unipersonal? ¿Y cuál ha sido en particular este proceso de creación con la actriz y el equipo?

Esta es la segunda vez que se presenta esta obra, tuvo otra protagonista en la versión anterior y ahora con Angie Salvador que forma parte de nuestros elencos. Yo vi que era un tema que necesitaba reforzar en los jóvenes, viví episodios muy cercarnos acerca de la depresión y vi una obra del español Humberto Robles, que precisamente enfocaba de alguna u otra manera este tema. Lo adaptamos, lo volví un trabajo conjunto con la misma protagonista, implementando recursos clown, musicales y dancísticos.

Este unipersonal es especialmente complicado para la intérprete, el tener un personaje tan lastimado no hace sencilla la labor de la misma, hemos ensayado incansablemente en forma diaria desde las 10 de la noche hasta las 2 de la mañana durante un mes y medio, sin respetar fines de semana.

Tú que te mueves en el contexto teatral piurano, ¿cómo me podrías describir este? ¿Cuál crees tú es uno de los más grandes problemas del poco movimiento escénico en esta ciudad?  

Creo que el problema tiene cinco aristas claramente identificadas:

La primera es la gran informalidad que existe en el mercado artístico. Soy un fiel creyente de que el artista debe valorar su esfuerzo y trabajo como cualquier otro profesional; sin embargo, el público piurano está acostumbrado a las obras “gratis”, las populares “salidas a la gorra”, esto hace que el escaso público que asiste a una muestra artística considere al arte como un producto que debe ser “gratuito”, desalentando la oferta por no considerarse un trabajo como tal y por tanto insostenible como medio de vida para los artistas que sí ven un trabajo en el arte.

La segunda arista está en la calidad de las propuestas. Esta es consecuencia de lo anterior, sin flujo económico no se pueden financiar capacitaciones y los “egos” artísticos tampoco permiten el crecimiento objetivo de los mismos. Presentaciones vacías hacen que el público piense que el arte en nuestra ciudad “no es de calidad”, y se ve reflejado en la gran diferencia en los precios y asistencia a espectáculos que vienen de otros lugares como Lima o internacionales. El problema se agudiza ante la generalización de las propuestas, es decir, el consumidor observa un producto con artistas poco capacitados e imagina que “el arte en Piura es malo”.

En tercer lugar está la competencia por bienes sustitutos. El consumidor tiene la opción de pagar entre 10 y 40 soles por una obra de teatro de calidad o asistir al cine, por ejemplo, que maneja precios por debajo de los 10 soles. Esto también desalienta la oferta cultural.

La cuarta arista es la inacción de las autoridades locales. Tenemos una gerente de cultura que poco o nada hace por reconocer y trabajar con las instituciones formales como la nuestra, al contrario, limita el quehacer de la oficina de cultura y deporte a “talleres” y espectáculos pobres en contenido y producción. Definitivamente el tener una autoridad que no reconozca la importancia de la profesionalización, que no maneje estrategias palpables por desarrollar el arte en Piura hace que las instituciones privadas sientan desaliento. No somos quién para señalarle el camino, pero como autoridad, debería conocer que el desarrollo cultural es fundamental para cualquier pueblo.

Y por último, está el hecho de no tener ningún teatro de gran envergadura en nuestra ciudad. El único recinto activo es el auditorio de la Universidad Nacional de Piura, que funciona más como un centro para todo tipo de eventos (corporativos, charlas, educativos, etc.) y no como un teatro dedicado exclusivamente para el arte. Nuestro esfuerzo con Espace Liberté pretende llenar, en parte, esta carencia.

Para ir concluyendo nuestro encuentro, cuéntanos un poco las aspiraciones de Espace Liberté como punto cultural y como equipo creativo. ¿Cuáles son los sus proyectos más próximos luego de este exitoso estreno de la obra?

Nuestra visión es convertirnos en eje fundamental para el desarrollo cultural a nivel regional, nacional e internacional. Ser una ventana abierta para todos los artistas sin importar fronteras, creciendo en infraestructura, comodidad y desarrollando pronto nuevas disciplinas artísticas como la música y las artes plásticas.

Próximamente, tenemos una programación variada en el Espace, son 42 funciones restantes hasta finalizar nuestra primera temporada de este año en julio. A manera de elenco se viene la producción de “Pétalos”, que es una obra que habla acerca de los prejuicios, también para el 28 y 29 de este mes tenemos “La cisura de Silvio” que es una comedia irreverente dirigida por Liz Moreno de Chiclayo, en un intento por romper las fronteras artísticas y descentralizar aún más la cultura. Tenemos una nueva versión del formato de improvisación teatral “Jueves de comedia”, a cargo de Tangledo producciones, dirigida por Lewis Gómez y Moisés Marchán, y otros.

Muchas gracias por tu tiempo, estimado Omar, ha sido todo un gusto conocerte y conocer  parte de tu estupendo equipo de trabajo, así como tu trabajo de dirección. Estoy segura que en mis continuos viajes por nuestra ciudad estaremos siempre en contacto y espero ver más propuestas suyas. Espacé Liberté es un verdadero espacio para que todo aquel interesado en el arte se acerque a afianzar su talento artístico y liberé sus capacidades, miedos e imaginación; dejándose cautivar por el sensible viaje creativo que son las artes escénicas.

A los piuranos, les comento que tienen en este espacio un grupo de amantes del arte que quieren compartir sus conocimientos y su arte en búsqueda de un crecimiento cultural positivo para toda nuestra ciudad. Les invito a visitarlos más seguido y estar más atentos a sus próximos estrenos, así les demostraremos un poco de vuestra gratitud a su trabajo mediante unos calurosos aplausos, pues los tienen muy merecidos.

Espace Liberté  
Para contactarlos:
Dirección: Calle Lima 278 – Piura  (referencia: detrás de la Alianza Francesa- Piura)
Correo electrónico: adm.espaceliberte@gmail.com
Teléfonos: 981588474 – 968066048

Kiara J. Castro Béjar
5 de marzo de 2020

miércoles, 4 de marzo de 2020

Entrevista: ALEXANDRA BARANDIARÁN


“Tenemos que apoyarnos, recomendarnos, crear alianzas”

Ganadora del Premio del público en la encuesta propuesta por Oficio Crítico 2019 a lo mejor del teatro en nuestra ciudad por la puesta en escena para niños El Zorrito Audaz y el Ave Voraz, la joven actriz Alexandra Barandiarán se tomó un tiempo para atender a nuestra entrevista.

¿Cómo fue tu primer contacto con las artes escénicas?
Cuando estaba en el colegio, en Quinto de media se hace un musical grande y fue mi primera obra de teatro. ¡Nunca más quise bajar del escenario! Ese mismo año entré a un grupo de teatro (Apéndice).

¿Quiénes fueron tus profesores de teatro y qué rescatas de ellos hasta el día de hoy?
Mis maestros en el CFT Aranwa fueron Coco Chiarella, Mateo Chiarella y Celeste Viale, y luego hice el taller para actores de Alberto Isola. Además de todas las enseñanzas académicas (que fueron muchísimas y cada una la valoró como oro) lo que más rescato es el amor y el respeto por el teatro. ¡Por esta profesión! ¡A dar siempre el 100% con dedicación, responsabilidad, disciplina y muchísimo respeto!

¿Cuál fue tu primera obra profesional como actriz?
Hice algunas antes, pero recién me consideré profesional de verdad cuando terminé mi formación en Aranwa. La primera obra que hice fue en el Teatro Ricardo Blume recién inaugurado, con mi promoción. Hicimos Leonor y Lena de Büchner.

¿Escribes, produces, diriges o realizas alguna otra actividad ligada a la actuación?
Sí, producción. He trabajado en la producción de muchísimas obras y suelo encargarme a veces de la de las mías. ¡Y me encanta conducir y locutar!

¿Cuáles son las tres condiciones básicas para ser un buen actor de teatro?
Disciplina, dedicación y pasión.

¿Cuáles son los tres requisitos que debe tener un buen director de teatro?
Visión, empatía y paciencia.

¿Cómo fue tu experiencia en El Zorrito Audaz y el Ave Voraz y con Jorge Chiarella y Celeste Viale?

¡Maravillosa! ¡Son mis maestros! Aranwa es mi casa, yo le digo “mi lugar feliz”, y trabajar bajo su batuta es un placer. He sido formada por ellos, por lo que su metodología y ritmo de trabajo no solo me son familiares sino que me encantan. ¡Son exigentes y eso me parece fabuloso! Porque saben lo que puedes dar y no paran hasta que logres sacarlo y ponerlo sobre el escenario. Además, ¡Blas es una trilogía mágica! ¡No puedes evitar enamorarte de la historia y los personajes!

¿Qué opinas del Teatro para niños antes y en la actualidad?
Creo que antes no se le daba la importancia que tiene ahora. Se hacían cosas más simples o comerciales y no se generaba tanto impacto. Ahora las historias son más profundas y pensadas en generar un cambio y reacción en los niños. Además, el público se está interesando más en el Teatro para niños y los papás llevan a sus hijos con más frecuencia a ver obras y a su vez son más exigentes con los montajes, propuestas y contenido.

¿Cómo podríamos generar más público para las salas?
¡Generando aún más comunidad entre la gente de teatro! Apoyarnos, recomendarnos, crear alianzas. Si uno puede conseguir prensa, los demás también pueden. Generar promociones, eventos, ¡es cuestión de ponerse creativos!

Cuéntanos tus proyectos para este año.
Ahora estoy en Microteatro con la obra Infelices Para Siempre de la dramaturga argentina María Paula Del Olmo, dirigida por Pancho Tuesta y acompañada de Lia Camilo, Claudio Calmet y Gabriel González.
Esta semana tendremos por un fin de semana Monólogos de mujeres en el Centro Cultural Casa Amaru, acompañada por Fiorella Florez, Lia Camilo y Gina Guerrero Pflucker y dirigidas por Norma Berrade y Ximena Aguilar.
En abril, estrenamos Tenis!, una comedia del director y dramaturgo argentino Diego Beares. Esta es la quinta temporada de la obra y su tercera versión luego de haber estado en Buenos Aires, Ciudad de México y Bogotá. 
Y en mayo, vuelve Blas con la tercera y última parte de la trilogía de Celeste Viale Yerovi, esta vez bajo la dirección de Mateo Chiarella.

Todos los éxitos para Alexandra en sus proyectos artísticos.

Sergio Velarde
4 de marzo de 2020

martes, 3 de marzo de 2020

Crítica: ASUNTO DE TRES


Lo que la pasión se llevó

Asunto de tres, una de las primeras obras escritas por Gonzalo Rodríguez Risco, se estrenó por primera vez en el 2004 y ahora fue montada en una única función bajo la dirección de Nella Samoa Álvarez. El montaje abordó las complejidades psicológicas de muchos personajes en relación al amor. Son cuatro breves historias, donde el amor romántico es sobrepasado por la pasión, el compromiso es desmitificado y la tolerancia hacia las diferencias triunfa. El montaje implicó del espectador una gran concentración, para poder descifrar sus simbolismos. Los diversos personajes fueron interpretados por los actores Alejandra Chávez, José Miguel Chuman y Mario Cortijo.

Taffel es un centro cultural y también un reciente espacio de formación actoral dirigido por Fernando Luque. El ambiente que genera el lugar es sencillamente acogedor, así como la decoración al estilo “vintage”. El escenario se compuso de una serie de elementos que llenan de intriga: un espejo, tres sillas vacías, una mesa con bebidas alcohólicas a medio tomar y un sofá inmenso, todos distribuidos muy bien en el espacio, generando una sensación de vacío. Desde un primer momento, uno se pregunta en qué momento se usarán. Por otro lado, la ambientación musical fue perfecta, así como la calidad del sonido y cómo se condensaba en el lugar: esto reflejó que fue muy bien pensada la ubicación y el tipo de parlante. Con música al estilo pop-rave inglés, comenzaron los monólogos de los personajes.

El primer rol de Alejandra fue el de una mujer superflua, pero su presencia escénica no llegó a convencer del todo; en cambio, cuando en el personaje más introvertido y cuestionador se le percibió más creíble. También, José Miguel demostró tener un control de la energía en sus personajes, de tal manera que nunca se le notó sobreactuaciones o desequilibrio alguno. Pero definitivamente, quien destacó fue Mario en sus personajes, pues les impregnó una carga emotiva muy fuerte, y fue muchas veces hasta generadora de empatía entre el público. Las intenciones de las acciones de sus personajes cambiaban en una misma escena y esto generaba un ambiente muy agradable estéticamente. Su actuación más conmovedora fue en la tercera historia, en donde destaca interpretando a un hombre totalmente enajenado y sin juicio, que además se encuentra inmerso en una depresión total por un amor virtual totalmente falso. Fue realmente potente esa escena.

Por otro lado, comentando otros aspectos estéticos del montaje, la directora Samoa Álvarez reflejó un manejo muy acertado del lenguaje audiovisual, debido a que las escenas estuvieron acompañadas con breves grabaciones proyectadas sobre la pared de la cotidianidad de los personajes, principalmente mirándose cada uno al espejo y entrando a una habitación. Esto, en simultáneo con el desarrollo de las respectivas historias. El simbolismo fue inteligente y estéticamente atractivo. Finalmente, lo más resaltante de Asunto de tres fue cómo se interpela al espectador sobre la temática del amor libre, desmitificando (y a veces, destruyendo) los paradigmas de amor monógamos, pero de una manera inteligente y sutil artísticamente.

Enrique Pacheco
3 de marzo de 2020

lunes, 2 de marzo de 2020

Crítica: VOLAR


Poder volar en un cuerpo sin alas

La Asociación de Artistas Aficionados da lugar a distintas obras de teatro bajo la modalidad de “Teatro en el patio”. Uno de los últimos montajes en representarse fue Volar, escrita y dirigida por Jesús Cerrón,  con las actuaciones de Adriana R. Riva, Helen Domínguez,  y Kevin Velarde. La representación cuenta la historia de una mujer, parte de una comunidad a la que enseñaron desde siempre que no pueden volar. Este personaje va a tomar el riesgo de probar qué puede pasar si se lanza a volar, pues tiene las alas para hacerlo. Durante todo el montaje se ve cómo hay una metáfora sobre agentes que niegan la posibilidad de riesgo a dicha comunidad, cuyos miembros tienen alas, pero no se les permite volar.  

El montaje contó con un trabajo de secuencias físicas y trabajos de texto a nivel coral, de modo que la historia era contada a modo de cuento por parte de los actores. Las marcaciones físicas fueron ejecutadas con precisión, de modo que llenaban el espacio energéticamente. En cuanto al trabajo vocal, hubo momentos en los que muchos textos se perdían, debido a que la pronunciación se veía afectada por el trabajo corporal en escena.

Este fue un elemento muy importante, pues tanto el trabajo físico y de texto deben ser manejados con el mismo cuidado. El no entender algunos textos le quitaba continuidad a la representación. La caracterización de los personajes constó de ropa cómoda y apropiada para el espacio escénico intervenido, pues se notaba que aportaba a la movilidad y los desplazamientos de los actores. Los colores de las prendas, blanco y negro, le dieron redondez a la propuesta escénica. Si bien a nivel general fue un montaje cuya recepción se logró por parte del público, le faltaba un elemento unificador a nivel de historia. Personalmente, podría decir que un actante narrador hubiese podido permitir un mejor desarrollo de la historia.

La metáfora a la que se refiere esta puesta en escena es al hecho de limitar nuestros deseos por prohibiciones hechas por terceros. Muchas veces se nos enseña a no seguir nuestros deseos o sueños, sin ninguna razón aparente. En este montaje, se nos presenta las dos posibilidades que la mujer de la historia pudo tener: arriesgarse a volar y morir por no poder lograrlo, o arriesgarse a volar y terminar lográndolo. Nosotros, como espectadores, podremos escoger de manera personal cuál de esas opciones queremos aplicar en nuestra propia historia de vida.

Stefany Olivos
2 de marzo de 2020

Colaboración regional: PAPELITO MANDA


MINEDU, leyes universitarias y sus alcances en Arequipa

La realidad educativa en el Perú va cambiando a ritmos muy trepidantes, así lo hemos visto desde la puesta en acción del MINEDU, aplicando leyes y requisitos para con las instituciones educativas.

Dentro de las nuevas políticas públicas, que tienen en la mira el mejorar la muy precaria calidad educativa nacional, se han implementado ciertos requisitos académicos tanto para la formación básica como en la superior; esto a fin de normar quienes formarán el futuro de la nación.

Entre los nuevos requisitos impuestos se establece como necesario tener un grado universitario para poder enseñar en colegios y ser magister para poder enseñar en una universidad. Estas medidas no tienen otra finalidad más que la de asegurar el nivel de quien se para delante de una clase, o por lo menos en cuanto a títulos se refiere.

El Perú no es un país resuelto y está muy lejos de llegar a serlo. Ya nos ha enseñado la historia reciente que cada acción gubernamental, aunque hecha con buena fe, tiene una repercusión no prevista ni esperada.

Arequipa no cuenta con una institución, pública ni privada, que enseñe teatro como una carrera universitaria, o por lo menos, como una carrera técnica. No existe tal formación en la ciudad. Aquellos que deseen obtener un título como actor, u otro relacionado, deberán salir de la ciudad, a Lima en el mejor de los casos o al extranjero en el peor de ellos, para poder concretar su anhelo de poder obtener un grado de actor avalado por SUNEDU.

Esta es una ausencia histórica. Aun cuando se cuenta con facultades para otras bellas artes, como el dibujo o la pintura, el teatro está relegado fuera de las aulas universitarias.

Además de la injusticia que se obtiene al casi obligar a salir de su ciudad a quien desea formarse en teatro o artes escénicas en una universidad, nos pone en desigualdad de condiciones frente a la capital en cuanto educación superior teatral se refiere.

El Estado peruano establece requisitos académicos que no ayuda a cumplir en cuanto a formación teatral se refiere. El Estado no brinda, por medio de sus universidades, opciones para los que quieren formarse y posteriormente enseñar. Aquí hay un evidente hueco que necesita ser subsanado.

No existe voluntad política para inaugurar un centro de formación superior en cuanto al arte teatral se refiere, y ahora, se ha oscurecido más el panorama para quienes quieran ejercer de profesores universitarios con el requisito de maestría.

No digo que la ley sea injusta, por supuesto que debe exigirse mucho más a nuestros docentes, pero también es justo que el Estado pueda brindar oportunidad de cumplir aquello que requiere. Necesitamos un centro de formación universitario en la ciudad que pueda cumplir esta necesidad. Conozco de primera mano a muchos que han tenido que migrar fuera para cumplir su sueño y que luego han decidido quedarse ahí. ¿Cómo sería nuestra realidad teatral si esa cantidad de buenos artistas se hubiesen quedado en casa?
En este Perú que cada vez más se rige por estándares y requisitos, parece que la experiencia ha sido relegada por los cartones, y en este preciso escenario necesitamos, cada vez más, un centro de formación… Tenía razón mi abuela al decir: papelito manda.

Mauricio Rodríguez-Camargo

Arequipa, 2 de marzo de 2020