martes, 24 de marzo de 2026

Crítica: KORTAS MARZO - MARTES


Cuatro piezas breves, una experiencia completa

El formato breve ha ido ganando terreno en la escena limeña como una estrategia para diversificar públicos y dinamizar la experiencia teatral. En esa línea, Kortas, presentado en Teatro Barranco, reúne cuatro piezas de quince minutos que apuestan por la síntesis sin renunciar a la construcción de universos. La propuesta sostiene el ritmo que exige este dispositivo y encuentra en la brevedad un campo fértil para explorar situaciones límite, vínculos tensionados y lecturas contemporáneas sobre lo afectivo y lo social.

Mita Mita se instala desde la comedia para abordar una premisa inusual: dos amigos que, tras haber compartido una misma noche con una mujer, se enfrentan a la posibilidad de asumir juntos la paternidad. La obra encuentra su mayor fortaleza en la química entre los intérpretes y en la construcción de una amistad que no se fractura ante el conflicto, sino que se reorganiza. En ese gesto aparece una idea de familia que se desmarca de lo tradicional y que, en su lógica interna, resulta funcional e incluso afectiva. Sin embargo, la ausencia del personaje femenino deja abierta una capa de lectura donde el cuerpo de la mujer, aunque no visible, sigue operando como eje de decisión y reparto. La pieza no subraya esta tensión, pero la mantiene latente, permitiendo que convivan tanto la ligereza de su tono como una posible incomodidad en su trasfondo.

En A los 30, la estructura se articula a partir de la repetición y la reescritura de una misma escena: una mujer enfrenta, en la noche de su cumpleaños, una propuesta de matrimonio que no logra encajar con su deseo. La pieza destaca por la precisión en el manejo del ritmo y por un trabajo actoral que sostiene con solvencia los cambios de energía que exige el dispositivo. A través de cada reinicio, se filtran capas de información que complejizan la relación y desplazan la situación inicial hacia un terreno más crítico. Lo que en apariencia es una crisis personal se revela como una fricción con discursos más amplios sobre la edad, el compromiso y las expectativas de género. La obra encuentra un cierre coherente con ese recorrido, apoyándose en una interpretación que privilegia la honestidad y el vínculo directo con el público.

Pasadizo se construye desde el encuentro entre dos personajes en un espacio de tránsito, apostando por una progresión dramática basada en la revelación. El diálogo, sostenido con eficacia, permite que la situación escale hacia un giro que reconfigura el vínculo entre ambos. La pieza trabaja sobre la idea de la doble vida y la fragilidad de ciertas estructuras familiares, introduciendo un humor que por momentos roza lo incómodo. El contraste entre ambos personajes se va tensando hasta desembocar en una resolución que no busca redimir, sino evidenciar. En ese sentido, la obra se mantiene fiel a su propio código, privilegiando un cierre que dialoga con el cinismo que ha ido instalando progresivamente.

La última pieza, Bernard X, propone una reinterpretación condensada de La casa de Bernarda Alba, trasladando su universo a un lenguaje físico donde la danza y la musicalidad adquieren un rol central. La elección de trabajar con intérpretes masculinos en travestismo introduce una capa de lectura que tensiona la representación de lo femenino y desplaza la atención hacia la construcción escénica del cuerpo. Más allá de la referencia directa al texto original, la obra apuesta por la síntesis emocional, logrando momentos de intensidad que dialogan con los ejes de encierro, vigilancia y deseo. La propuesta sugiere un potencial de desarrollo mayor, en tanto su lenguaje parece abrir posibilidades que exceden el tiempo acotado del formato.

En conjunto, Kortas evidencia una curaduría que prioriza la diversidad de enfoques sin perder coherencia en la experiencia global. El tránsito entre piezas se sostiene en la energía de sus intérpretes y en la claridad de sus dispositivos, evitando que la brevedad se traduzca en superficialidad. Por el contrario, cada obra logra instalar, desde su propia lógica, una situación reconocible que conecta con el espectador.

La propuesta confirma que el formato corto, cuando se articula con precisión, no solo capta la atención, sino que permite concentrar conflictos y lecturas con una intensidad particular.

Naomi Noblecilla

24 de marzo de 2026

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