Este secreto obsceno..
FAE LIMA 2026: CARIÑO MALO
"Este secreto obsceno.. que tienes conmigo nadie lo sabrá". Del Zambo Cavero.
El teatro La Plaza abre sus puertas para brindar un formato descarado que se hila de forma valiente con lo criollo. Y por eso, qué importante es observar en el FAE LIMA puestas en escena que confronten el escenario liminal y dialoguen con la otredad. Esta pequeña obscenidad es Cariño Malo de Alejandro Clavier, con las interpretaciones de Sebastian Stimman, Diego Rocha y el mismo Clavier.
Hay mucho que incendiar más que comentar sobre Cariño Malo, pues en primer lugar es una pieza atrevida y descarada en el mayor sentido de la palabra. En escena se suben tres actores dispuestos a coquetear, conquistar y devorar al público que está siendo sintonizado en una noche de radionovela.
El territorio y la dinámica de la obra se establece en jugar desde un sentido lúdico con las identidades. El actor es una presencia performática, donde lo obsceno permite desdibujar el género y donde el performer presta su cuerpo en disposición a la actividad escénica. Sobre aquello, me parece una mirada acertada, puesto que Cariño Malo nos cuenta la historia de Silvio, un hombre queer que atraviesa un ritmo de vida lleno de adrenalina.
Al inicio, me preguntaba cómo se supone que será trabajado el mecanismo de la obra, es decir, ¿qué hace que Cariño Malo sea queer?, ¿qué posibilidades se abren al jugar con la identidad queer? Y mientras observaba cada minuto de la obra, fui comprendiendo que este mecanismo está previamente trabajado desde el juego en la creación. Rápidamente se puede deducir que Cariño Malo no llegó a la sala para contar fragmentos tibios o masticados.
Al contrario, la puesta llega al teatro con la mirada de hacer un escándalo sobre el escenario. Al utilizar el cuerpo como herramienta colectiva y llena de memoria, se inicia un camino y se abre una puerta de muchas probabilidades. Debido a que el juego de lo personal deja de ser íntimo al momento de compartirse dentro de una sala de espectáculo escénico, basta decir una palabra para que esa intimidad sea la obscenidad del otro.
Respecto al armado estético, la puesta en escena nos sigue revelando la mirada de exacerbar el escándalo, puesto que cada performer lleva puesto un sacón grande que desdibuja la personalidad. En ese sentido, vale mencionar que esta historia es contada desde figuras masculinas y que por su elección es rico ver a un par de viejos convirtiéndose en un trío de radio telenoveleros pomposos, libres de las etiquetas.
En cuanto al diseño sonoro de la obra, debo confesar que desde un inicio nos induce por el camino de una dramaturgia sonora, donde lo obsceno y lo silencioso deambulan por las altas horas de la noche, donde lo invisible no se deja ver, solo se muestra dentro de cuatro paredes, y eso es lo que Favio Rojas nos revela con su creación.
Rojas propone una mirada sonora sumamente pertinente para el desarrollo narrativo de la obra. El introducir lo criollo como lo vintage y volverlo abiertamente amanerado es oportuno para una historia como esta. Sin embargo, el trabajo de brindar una experiencia estética para los espectadores, donde los actores realizan el diseño sonoro, es sumamente exquisito de escuchar; a través de lo silencioso, pausas y las grabaciones escandalosas se crea una barrera colectiva hacia nuestra comunidad.
Sin duda alguna, ver Cariño Malo es observar un acto de generosidad y celebridad para la diversidad queer. Y qué mágico es escuchar cómo lo criollo se obscena y contamina por lo inviable. Valiente, interpeladora, conchuda y criollaza.
Juan Pablo Rueda
20 de marzo de 2026

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