martes, 31 de enero de 2023

Colaboración regional: SHAULLO CHICO


Niños que caminan como si flotaran

Shaullo Chico es un centro poblado que está ubicado en el distrito de Baños del Inca en la provincia de Cajamarca. Ahí se encuentra la casita cultural “Caminos del corazón”- “Wasisitu Shunqupa Ñanninkuna”, dirigida por la profesora Elena Sánchez. En esta casita nos reunimos con un promedio de 20 niños que reciben reforzamiento matemático y verbal, además de estimulación artística desde la música, la pintura, el teatro y la danza.

Hacer una obra de teatro o componer música con niños rurales es una travesía hermosa, las ideas vuelan desde los pies a la cabeza. Es cierto que las redes sociales están inmersas en todos los espacios y construyen sistemas de valores y pensamiento; sin embargo, la naturaleza que nos rodea, porque estamos sumergidos entre árboles y montañas, permite que el espíritu se despliegue de otra manera. Dia a día luchamos como seres humanos por no caer en la desidia o en el control que azota la tecnología y los sistemas sociales. De esta manera, jugar con los niños nos permite volver a creer, seguir soñando y purificar nuestra esencia, nuestra vida.

La base pedagógica con la que trabajamos es la pedagogía teatral, que basa sus preceptos en las etapas del juego. Dos días a la semana nos reunimos con los niños y empezamos a jugar, aprendemos desde la espontaneidad de los cuerpos, no se busca la rigidez de una disciplina artística, se busca la liberación del espíritu y la libre expresión.

El juego empieza y la creatividad corre como un rio cristalino, purificado por sueños y por anhelos. Construimos nuestra dramaturgia como si los niños estuvieran jugando sin la necesidad de una guía profesional o adulta, nos convertimos en niños y juntos construimos nuestras escenas y nuestros guiones. No utilizamos ningún texto específico y menos intentamos que los niños aprendan diálogos extensos que ni si quiera entienden o perciben cercanos; al contrario, todo lo que dicen sus personajes nace de ellos, de sus intereses, de sus deseos y de sus necesidades.

El teatro es una herramienta que nos permite desarrollar habilidades sociales en los niños, porque se practica para comprender la vida, para entender cómo funciona el sistema social. Jugamos y levantamos nuestras alas, pero llega un momento donde el vuelo debe asentarse en un terreno firme, aterrizamos y descansamos nuestros pensamientos, para reflexionar sobre lo que está sucediendo, sobre lo que sale de nuestra boca y también de sus bocas. Es vital la acción colectiva, percibirse parte de un grupo se torna una necesidad, más ahora cuando el país está tan dividido y ya no defendemos la vida, solo defendemos nuestro confort y nuestra seguridad.

El niño expresa lo que siente y es consciente del poder que tiene su voz; a partir del juego ensayamos escenarios que permiten la reflexión para poder conversar y saberse un ciudadano que tiene algo que decir y que siempre puede aportar desde su propia inteligencia. El trabajo en grupo es muy importante en el teatro, para saber respetar a los demás y poder conseguir acuerdos que favorezcan a toda la comunidad.

Así pasan los días, escuchando a la lluvia que llega con un viento fuerte que nos hace presumir la posibilidad de lavarnos de este mundo cada día mas controlado, nuestro cuerpo danza y adopta posturas inesperadas debido a una energía superior que deambula por los prados verdes y celestes de Shaullo Chico. Si alguna vez deseas ver teatro que no esté regido por los parámetros espectaculares de la contemporaneidad, visita Shaullo Chico y podrás admirar la expresión de los seres humanos reflejada en las pupilas de niños que caminan como si flotaran y juegan a construir mundos, a construir identidades y promesas que puedan servir para el futuro o mejor dicho para el presente.

Moisés Aurazo

Cajamarca, 31 de enero de 2023

Crítica: DESAMOR


En el desamor, pero aquí estoy

Porque claro, se supera y hay que dar nuestra mejor versión/creación.

Cual relación “tóxica”, a veces desearíamos tener una con el teatro “convencional” aristotélico, realista con personajes solemnes y su dichosa psicología; o una arriesgada puesta simbolista, bechtiana. Otras muchas veces solo nos gustaría entregarnos al disfrute de las nuevas formas, no tan nuevas. No importa cuál de las relaciones se emprenda; habrá amor. Siempre y cuando, la estrategia escénica comprenda una laboriosidad, la sencilla, pero determinante molestia de darle un aprecio al detalle, al juego y al apropiarse. Porque es admirable cuando una puesta en escena presenta el motivo que impulsó a la actriz, dramaturga o directora, de tomar la decisión y poner un pie en la tabla, el patio, acera para comunicar algo, más allá de la sola acción de compartir el texto o dialogo. Porque el teatro es más que eso, tiene que serlo. Y por eso, en esta ocasión, mi amor por él se desvaneció, se convirtió en desilusión, dejé de decidir amarlo por el tiempo que duró este espectáculo.

Por ello, la importancia de detenernos en el desamor, entendido como tiempo de reflexión, para mejorarnos como seres humanos y es ahí donde aparecerían los cuatro monólogos que pretenden retratar esta etapa.

1. La negación. No, no y no. Me niego a creerlo, no puede ser posible. Se entiende que la temporada fue corta, pero ¿dónde está la labor escénica? ¿Hubo dirección? Las y los espectadores esperan desesperados por creer todo aquello que se le comparte en escena, claro. Se ingresa al recinto, inocente, dispuestos a creer todo aquello que se nos venda; pero tampoco se les ha de tomar el pelo. No, me niego a creerlo. Siendo un texto muy cotidiano y citadino, queda muy corto desde donde se le vea en cuanto a discurso o poética.

2. Aceptación. Bien, hay que aprender a soltar, tomarse la vida de manera ligera. Tener las manos un poco libres, sueltas. Aceptar las nuevas estructuras. Se juega, la actriz presenta una propuesta. Parece tener coherencia, se divierte, nos divierte. Buen manejo escénico, pero se queda en lo tópico del tema.

3. Confrontación. La revisión hacia una misma. La actriz nos comparte un diálogo con su voz interior, texto tan potencialmente poético, pero se ensimisma en lo superficial. ¿Hubo dirección? La actriz, a pesar de tener todos los recursos técnicos para realizar una labor destacable, se regodea en lo tangible y se olvida la poética que ofrece el escenario en todas sus dimensiones.

4. Y, por último. La “superación”. Esta engloba la situación que vivimos actualmente. La constante búsqueda de paradigmas que nos legitimen como lo que queremos ser aceptados por los demás. Y es así como aparece el empoderamiento sexual femenino. Vaya monólogo a elección. Parece olvidar mirar un poco más allá, a la industria, el capital que saca provecho hasta de nuestra respiración, ¿qué nos hace creer entonces que este no es un nuevo asunto para comercializar con nuestros cuerpos?

Los cuatro monólogos presentan, ya que parten de situaciones cotidianas, temas profundamente humanos. Pero no han sido direccionados de tal modo, es una pena. Pareciera que cuando se utiliza la palabra cómico o comedia, se nos olvida que esta es parte de la vida misma y que, detrás de cada vida que se presenta o representa en escena, no solo existe la risa, es parte de, pero no el fin único.

Conny Betzabé

31 de enero de 2023

lunes, 23 de enero de 2023

Crítica: LA BRUJA ESCARLATA


¿Cómo descubrir el poder oculto que hay en ti?

Una joven acude al salón de una mujer dedicada a las artes místicas, una bruja muy poderosa que la recibe con un reto muy particular para su oficio, y es el de resucitar al exnovio de la misma.

Una pieza teatral de comedia absurda, que cumple muy bien con el objetivo de pasarla bien y tener una noche de magia, diversión y misterio, de estar atento a las diferentes posibilidades que van surgiendo en la obra, para sumergirte en un mundo donde realmente todo es posible.

Las dos actrices desarrollan bastante bien sus personajes, de una manera solvente, y se nota que se divierten con naturalidad y disfrutan haciéndolo, mezclando magia, sensualidad, danza y la muy buena química que hay entre las dos.

El escenario cuenta con lo mínimo indispensable para que todo se centre más en el trabajo de las actrices, que dicho sea de paso, utilizan hasta el espacio entre el público; con lo cual uno se siente que es un testigo muy presente en todo momento, que hasta podría ser elegido para participar de una escena. El diseño de las luces ayuda muchísimo también a propiciar una atmósfera o ambiente que contribuye favorablemente a los momentos más intensos, en su mayoría rojos y azules, en los que uno se siente realmente en una sesión de espiritismo.

Es grato ver obras de teatro que apuestan y sobre todo se arriesguen por lo nuevo. Lo nuevo no solo experimentado desde el punto de vista de un texto, sino también desde la misma puesta en escena, haciendo transversalidad entre diferentes temas; en este caso, desde lo mágico, surrealista, en comedia y que en verdad el púbico la pase bien.

Esa es la verdadera magia del teatro, que se pueda ir sin expectativas y dejarse sorprender, instante a instante, por lo vivo que está y cómo la están pasando en el escenario. Finalmente allí está la magia de nuestro arte.

Manuel Trujillo

23 de enero de 2023

domingo, 22 de enero de 2023

Crítica: PEREGRINOS


La comedia es existencial

Por ende, usted será quien considere este espectáculo una comedia como tal. O no. Silencio en la sala. Bajo una dirección escénica concreta y útil. Las cuatro técnicas aplicadas en esta obra teatral lo retratan así. Ba dum tsss. No obstante, son actrices y actores con habilidades suficientes para ser capaces de probar un poco de la misma historia que comparten: arriesgarse a peregrinar desde sus labores. Peregrinar de una misma, uno mismo y sus formas. Ahí radicaría la esencia del arte, del teatro. La constante peregrinación: la búsqueda de lo extraño, del detalle, de la vida en transformación, cambio que otorga libertad, esa que desde sus personajes planean conseguir.

La ironía entre el arte y la vida plasmada por Un suertero (Pancho Fierro) costumbrista y charlatán, que desde su convicción o falsedad, a fin de cuentas, se muestra sediento de libertad; muy bien resuelto, comparte a sus pares un discurso existencial en oposición a la idea clásica de objeto-sujeto a lo obsoleto, al abandono, al traslado a una sala de arte o depósito, generando así el conflicto para con La dama del armiño (Leonardo da Vinci) y el Autorretrato como alegoría de la pintura (Artemisia Gentileschi), correspondientes al Renacimiento y Barroco, respectivamente, que desde lo actoral desconciertan –con acciones gratuitas y sin justificar- inicialmente, pues se muestran bastante alejadas de lo que podría intuirse buscaban retratar sus creadores, para quizá, a mitad de función, de manera certera –gracias al texto- cerrar con una sorpresa inesperada. Sin embargo, esto no será un obstáculo; es más, se observa bien aprovechado para después de una buena charla, juego y exceso de deseo, enriquecer el ímpetu del Suertero por peregrinar y, a raíz de su nueva condición revelada, emprendan con mayor necesidad la búsqueda de libertad. Ganando así las tres obras de arte, profundidad ante el traficante de cuadros que reflejaría la imagen humana actual: dependiente de algún vicio, conectado a un teléfono celular y de compañera, la soledad; el cual claramente no parece tener idea del para qué en su vida.

Co mi quí si mo.

Cuatro técnicas que desconectadas trastabillan, pero a medida que avanza la acción en Peregrinos, logran complementarse por la destacada labor de Manuel Gold, que la suda desde el inicio hasta el final, porque ahí está. Funcionan, pero podrían hacerlo más; solo basta con agudizar la escucha e ir más allá. Así ganaría la necesaria profundidad que les ofrece el mismo texto, siendo este el que se lleva la honorabilidad por ser una dramaturgia bien lograda que parece invitarnos a cuestionar quiénes somos o qué nos hace ser lo que somos; a quién copiamos, y si no, qué nos hace original; para qué estamos en esta vida; qué papel jugamos en una sociedad sobreestimulada de discursos, íconos, símbolos y simulacros; ¿nos espera ser suplantados y olvidados como los cuadros?, ¿acaso somos verdaderamente libres como pensamos?

Conny Betzabé

22 de enero de 2023

viernes, 20 de enero de 2023

Crítica: EN MI SALSA - CRÓNICA DE UN VIAJE A LA RAÍZ


Unipersonal con ritmo y sabor

“Salsa” significa, de acuerdo a la RAE, “aquel género de música popular bailable, con influencia afrocubana, que ejecuta una orquesta acompañada por instrumentos tradicionales del Caribe y por uno o varios cantantes”; así como también el baile que se ejecuta al son de esta. Se trata pues, de un contagioso ritmo que ha hecho bailar a generaciones de personas en todo el mundo. Justamente, se estrenó el año pasado un logrado unipersonal de autoficción titulado En mi salsa - Crónica de un viaje a la raíz, una creación colectiva del intérprete Diego Zúñiga y de la directora Bea Heredia, la cual estuvo acompañado por muchas de aquellas clásicas e incombustibles canciones de salsa, ejecutadas en escena por el virtuoso bailarín Zúñiga, además de información pertinente acerca de los orígenes e historia de este género musical.

Pero “salsa” denota también, según la misma fuente, “aquella composición o mezcla de varias sustancias comestibles desleídas, que se hace para aderezar o condimentar la comida.” De manera ingeniosa, Heredia y Zúñiga crean un paralelo entre este concepto y los propios orígenes del actor bailarín de padres son salseros y además, este revela que durante su propia concepción, la pareja escuchaba Radiomar Plus. Proveniente de Toquepala, Zúñiga tuvo que adaptarse a una nueva vida en la capital; sus intentos por encajar en esta realidad son análogos a todos los esforzados ensayos que debe hacerse para entrar en el ritmo correcto del baile.

Finalmente, la locución coloquial “En mi salsa” da a entender “En un entorno conocido que propicia que alguien o algo se manifieste con toda naturalidad”. Y acaso sea este el mayor mérito en escena de En mi salsa - Crónica de un viaje a la raíz, presentada en el Teatro de Lucía: el de lograr una total identificación por parte del público con la propuesta de autoficción de Heredia y Zúñiga, con este último conjugando baile, actuación y performance, plenos de ritmo y sabor, para así lograr un sólido y vibrante espectáculo que puso, literalmente, a todo el mundo a bailar al finalizar la función.

Sergio Velarde

20 de enero de 2023

jueves, 19 de enero de 2023

Crítica: RELATOS (IN)CONEXOS


Recuerdos teatrales en pandemia

La dramaturga y directora Paola Vicente también formó parte, muy al principio, del progresivo retorno a la presencialidad teatral luego del forzado encierro por pandemia. Después de empezar una maestría en Escritura Creativa, Vicente estrenó en el Centro Cultural Ricardo Palma el unipersonal Relatos (in)conexos (2021), en el que recopiló un puñado de historias propias, independientes entre sí, a partir de diversas técnicas narrativas. Los resultados obtenidos en esta autoficción escénica fueron ciertamente auspiciosos, pues la autora exploró con acierto y desde su propia perspectiva muchos de los miedos y temores a los que todos, sin excepción, nos tuvimos que enfrentar en aquel tiempo de encierro.

La actriz Denise Arregui es la encargada de presentar el espectáculo, asumiendo el rol de Vicente, en seis secuencias en las que quedará la interrogante sobre el grado de veracidad y ficción en cada una, así como el de descubrir las posibles conexiones entre estos relatos. Veremos entonces a Arregui evocar y actuar diversos pasajes en la vida de Vicente: un viaje familiar a Huánuco; la recuperación de un cadáver desmembrado luego del estallido de un coche bomba; la terrible angustia al recibir los resultados de varias ecografías; y un día rutinario de teletrabajo en la que alternará con el panadero, el reparador de cortinas, la empleada, el vecino, el portero, su madre y sus dos hijas. También asistiremos a una narración teatralizada sobre una mujer sobreviviente llamada Viola y su relación con las campanas; y a una breve charla sobre la desaparición de la cultura maya, a raíz de un sueño que tuvo Vicente sobre unos tótems en la playa.

Más allá de encontrar un probable enlace entre todas las secuencias presentadas, basta con saber que Vicente, con ingenio y sutileza, nos ha compartido su mundo interior, con sus miedos, recuerdos y sueños, tan parecido al de cualquiera de nosotros. Complementan bien las imágenes proyectadas en la pantalla del foro, con panorámicas de nuestra desolada ciudad en ese entonces, pero también con videos de todo el mundo, incluido Trump despojándose de la mascarilla en vivo. A destacar, por supuesto, la comprometida actuación de Arregui, haciendo propias las palabras escritas por la autora, en una ejecución limpia y enérgica. Con solo un sillón y un escritorio con una laptop, Relatos (in)conexos es el resultado de un genuino proceso de sanación y liberación de una sensible artista en pandemia.

Sergio Velarde

19 de enero de 2023

miércoles, 18 de enero de 2023

Crítica: COSTUMBRES


Esforzado y complejo drama familiar

Siempre será de aplaudir la creación de nuevos colectivos teatrales, especialmente los integrados por jóvenes artistas, quienes deciden iniciar la ardua batalla de la autogestión de sus propios proyectos. La pasión, la perseverancia y la necesidad de explorar problemáticas trascendentes pueden compensar la falta de experiencia y oficio en las tablas. Tal es el caso de CRAF Producciones (Centro De Rehabilitación Para Artistas Frustrados) y su brevísima temporada en diciembre del año pasado en el Teatro Mocha Graña, llamada simplemente Costumbres. Pero esta simplicidad de la que se hace mención es justamente la que le faltó a la dramaturgia, pues esta abarcó un gran número de temáticas dentro un mismo núcleo familiar que no pudieron desarrollarse todas adecuadamente en escena.

La joven Mía Camila Romaní, quien escribe y dirige, nos presenta a la enésima familia disfuncional: un padre tradicional, una madre distante, dos hijas rebeldes e ingenuas y un hijo incomprendido; además de las parejas de las muchachas y un inesperado y peligroso antagonista que aparece a la mitad de la puesta. En medio de cada una de sus historias se mezclan enormes temas como la infidelidad, la violencia contra la mujer, los trances de la adolescencia y hasta la esquizofrenia. Demasiadas piezas en el tablero, que luego no encuentran el momento oportuno para exponerse y asimilarse. Ayuda, por supuesto, el esforzado trabajo del elenco, que integran Christian Suito, Alexandra Abadíe y Jose Miguel Argüelles, al lado de los jóvenes Alison Velazco, Luis Fabian, Jorge Iturriaga, Walter Guerrero y la misma Romaní.

Bien por el trabajo de este nuevo y entusiasta colectivo y por el riesgo asumido para sacar adelante un proyecto escénico de esta envergadura. Felicitaciones también para la joven creadora Romaní, a quien se le podría sugerir que dosifique los temas para sus próximos textos y que además, delegue funciones hasta ganar una mayor experiencia en las tablas. Costumbres bien merece una revisión a nivel de dramaturgia y dirección, pues contiene secuencias interesantes y sobre todo, un mensaje de esperanza y reconciliación, en medio de una sociedad cada vez más violenta y hostil.

Sergio Velarde

18 de enero de 2023

martes, 17 de enero de 2023

Crítica: EL HIJO


La salud mental en adolescentes

Todo un acontecimiento teatral resultó el estreno de El padre (2017) del autor francés Florian Zeller, no solo por otorgarle el papel definitivo de su carrera al inolvidable Osvaldo Cattone, sino porque la pieza puso sobre el tapete, de manera magistral, el duro trance que deben atravesar los pacientes de Alzheimer junto a sus familias. Especialmente, en países como el nuestro, en la que la salud mental viene siendo relegada por décadas. Pues bien, siguiendo el mismo camino, Zeller escribió una suerte de “precuela”, titulada El hijo (2022), mostrando la difícil realidad de muchos adolescentes y la tirante relación con sus padres. Su estreno en Perú en el Teatro de Lucía destacó dentro de nuestra (saturada) cartelera, ofreciendo una conmovedora puesta en escena con numerosos aciertos.

Dirigida con buen pulso por el joven pero experimentado Rodrigo Falla Brousset, la historia gira alrededor del introvertido Nicolás (Brando Gallesi), el hijo adolescente de Pedro (Ismael La Rosa) y Ana (Marisa Minetti), ambos ya separados. El joven, luego de descubrirse inexplicablemente que no ha asistido al colegio por tres meses, se muda con su padre y su nuevo compromiso, Sofía (Fiorella Luna), quien acaba de tener un hijo. El errático comportamiento del muchacho y los desesperados intentos de su padre por comprender y frenar la situación se presentan de manera dosificada, con un controlado manejo del suspenso y la anticipación del inevitable y doloroso desenlace. En el apartado técnico, las luces y el sonido, bien puestos; así como una funcional escenografía, que delimita las salas de las dos casas y el consultorio psiquiátrico, en el que aparecen el doctor y el enfermero, José Miguel Arbulú y Brian Savitzky, respectivamente.

La dilatada duración de la puesta es compensada por una inspirada dirección de actores, en la que habría que destacar el excelente trabajo en conjunto de La Rosa y Gallesi, ambos en complejos personajes, quienes lucen sólidos y conmovedores (y por los pelos, sin caer en excesos). A su lado, unas formidables Minetti y Luna componen convincentes figuras de madres y esposas. Bien por Falla Brousset, quien sale airoso del difícil reto de dirigir una obra de esta envergadura; además de promover con su temporada la necesaria preocupación por la salud mental en nuestro país. El hijo de Zeller es una muy pertinente llamada de atención hacia nuestras autoridades sanitarias acerca de una problemática que no debería cobrar más vidas.

Sergio Velarde

17 de enero de 2023

lunes, 16 de enero de 2023

Crítica: HOY MATÉ A MAMÁ


Hilarante crisis familiar

Quizás uno de los más desagradables conflictos familiares sea el de la lucha por la herencia entre hermanos. Dichos problemas deben ser tratados con mucho cuidado, pues de no ser así puede generar fracturas irreparables dentro de las relaciones fraternales. Es por ello que sorprende gratamente cuando de este difícil trance puede resultar una ácida comedia muy bien escrita, dirigida y actuada, que arranque genuinas risas de los espectadores, aun cuando se toque el tema del asesinato de la matriarca de la familia, con el propósito de aliviar las deudas de los insensibles hijos. Es el caso de Hoy maté a mamá, premiado texto de Paris Pesantes, bajo la dirección de Emilio Montero.

Presentada en el Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores, la historia arranca desde la primera llamada, cuando los cuatro hermanos, interpretados por Carolina Cano, Alonso Cano, Lia Camilo y Pedro Pablo Corpancho, van apareciendo sobre el escenario para tener una reunión con su madre, a cargo de la primera actriz Attilia Boschetti, con el propósito de convencerla de vender su casa, ya que hace poco enviudó. Montero delimita con precisión los tres ambientes en los que se desarrolla la acción sobre el escenario (recibidor, comedor y cocina) y dosifica muy bien el humor y el suspenso conforme la situación de los cuatro hermanos va resquebrajándose hasta tomar la fatal decisión.

Los estereotipos de los hermanos (la fría lesbiana, la alcohólica coqueta, el homosexual reprimido y el bravucón fanfarrón) son hábilmente compensados por el talento de sus intérpretes, creando hilarantes secuencias, como por ejemplo toda la farsa de la taza de café. Por supuesto, la gran atracción de la puesta es ver en escena a la enorme Boschetti, que impone su presencia frente a la nueva generación, como aquella dominante, terca y entrañable matriarca. Hoy maté a mamá es una lograda comedia negra, muy ingeniosa para reflexionar desde el humor acerca de las incómodas y trágicas situaciones que pueden generarse dentro de un mismo clan, cuando se anteponen las conveniencias materiales frente a los lazos de amor y respeto entre familiares.

Sergio Velarde

16 de enero de 2023

Crítica: CASI DON QUIJOTE


No hay teatro sin un sueño, no hay sueños sin teatro

Según la RAE, Teatro significa “lugar dónde nacen y se hacen realidad los sueños”. No es cierto, pero debería ser una acepción. Porque es lo que se logra percibir de inicio a fin, gracias a esta propuesta teatral muy bien lograda y apta para todo público. En esta ocasión, una reposición con elenco nuevo bajo la afortunada dirección de Paloma Reyes de Sá, quien sabe aprovechar lo mejor de cada una de las actrices y actores. Así, esta comedia familiar alcanza captar la atención de grandes y chicos por su formato íntimo en la Paya Casa desde la primera llamada, pues te acoge con una atmósfera de hogar-comunidad arriesgada y creativa, además de acertada para el desarrollo de la historia de la mano de los cinco artistas, quienes con sus talentos, particularidades y personalidades, diríase que de manera bastante metateatral, consiguen una yuxtaposición entre la realidad de lo que concierne a la creación artística de una pieza teatral y la ficción misma del entrañable Miguel de Cervantes en su novela Don Quijote de la Mancha; componiendo así, como ellos mismos lo dejan claro, su versión Casi Don Quijote.

Asimismo, se alcanza a apreciar la “mística” teatral detrás de este gran espectáculo gracias a la certera estrategia musical, una partitura de texto -por decirlo así- ya que se presenta abierta al juego mediante la necesaria escucha que les permite la improvisación, resolución y transformación de errores en escena a través de la maravillosa magia del clown; siendo este un espectáculo escénicamente estratégico, con un espacio íntimo como limpio en todas sus dimensiones. Únicamente con la observación de, tal vez, equilibrar los volúmenes de audios e instrumentos en relación a las voces de los actores para que no se pierda ninguna información.

De modo tal que esta propuesta te abraza por la energía única y extraordinaria de cada una de las actrices y actores: un Roni Ramírez que disfruta el error; alta escucha de la mano de Joamoc More; Atria Fiol, súper lúdica; Julian Reyes, necesario, organizado y organizador; y Úrsula Palomino, jugándosela con pasión. Así como de la misma dramaturgia que nos van representando y narrando. Aunado a la ruptura del tiempo y espacio muy bien acompañados por las luces y utilería precisas, que invitan a involucrarse en el viaje de los –inicialmente– fracasados artistas que, poco a poco en el hacer, irán descubriendo que el trabajo en equipo, la aceptación y compañía del otro, la identificación de deficiencias y virtudes propias dejando de lado el ego, será el camino para lograr nuestros sueños. Entonces el juego, la complicidad y las ganas de hacer realidad cada uno de estos, acompañará a los apreciables personajes a correr el riesgo de montar nada más y nada menos que su versión pospandemica/performática/virtual/presencial a la cual llamarán Casi Don Quijote. 

Conny Betzabé

16 de enero de 2023