lunes, 8 de febrero de 2021

Crítica: ASTILLAS y CHARLOTTE SOBRE ÓLEO


La vigencia de los clásicos

Sin duda, este año la virtualidad continuará albergando las diversas propuestas audiovisuales que ya conocimos debido a la pandemia. Así, TraSpunte Laboratorio teatral, colectivo que nació en medio de la crisis que atraviesa el sector cultural, presentó el pasado enero Astillas y Charlotte sobre óleo, dos obras en versión libre llevadas a cabo por jóvenes actores y directores.

Exhibidas a través de la plataforma de Joinnus, ambas obras rescatan dos clásicos cuya narrativa sigue vigente a pesar del paso tiempo. La primera, Charlotte sobre óleo, basada en los primeros capítulos de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, fue dirigida por Jhonatan Cordova e interpretada por Fernanda Sánchez, Paula de Cárdenas y José Reyes, quienes nos contaron la historia de Josué, un pintor que busca culminar una importante pieza: el retrato de Charlotte, modelo a quien él ama en silencio. Mientras el artista espera a su musa para seguir con el retrato, sostiene una conversación sobre el arte y la filosofía con Mayra, su mejor amiga, una misteriosa mujer que termina por conquistar a Charlotte con su buena conversación sobre la vida, la belleza y la moral. Respecto a las interpretaciones, los actores tuvieron la rigurosa tarea de llevar al público a través de este breve viaje filosófico/reflexivo, logrando sostener con suma honestidad y naturalidad a sus personajes. De otro lado, la decisión de crear una atmósfera visual cotidiana, en formato de videollamada, utilizando los cuadros artísticos y las salas, en el caso de las actrices, fue óptima, pues la relevancia de la propuesta recaía en la propia historia, que nos recuerda lo efímero de la juventud y belleza, comparado a inagotable que puede ser el amor.

Por su parte, Astillas, dirigida por Mafen Carrión, se basó en la celebrada obra de Tennessee Williams El zoológico de cristal y contó con las actuaciones de Cristina León Barandiarán, Bruno Espejo, Vanessa Demichelli y Jaime Cruz. La historia nos relata los conflictos de una familia de clase media, comandada por la madre, quien frena el sueño de su hijo Tomás de hacer una carrera en el extranjero, haciendo que él se ocupe de la familia y busque un pretendiente para su hermana Laura, quien tiene una discapacidad intelectual que la ha vuelto insegura y ha provocado que se dedique a cuidar de las figuras de cristal que colecciona. Cabe resaltar las contundentes interpretaciones del elenco, quienes delimitaron claramente a sus personajes y nos llevaron a momentos conmovedores, como la decepción amorosa de Laura o el intento de Tomás por retomar la comunicación con su hermana. De la misma forma, los ambientes cotidianos primaron y se utilizaron los espacios de los actores, que permitieron que como espectadores nos centremos en la esencia de lo que nos estaban contando.  

Vale destacar el esfuerzo del colectivo TraSpunte, que en tiempos sumamente difíciles, ha surgido como parte de la resistencia y difusión del trabajo de nuevos valores del teatro, que a pesar de no contar con un escenario físico, se adapta y sigue adelante.

Maria Cristina Mory Cárdenas

8 de febrero de 2021

viernes, 5 de febrero de 2021

Entrevista: FITO VALLES


“La gente de teatro no quiere dejar de hacer y eso no solo es válido, sino necesario.”

Una nueva publicación titulada Dramaturgia Joven II será presentada mañana por la Dirección de Investigación de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático Guillermo Ugarte Chamorro ENSAD, que contará con la participación de cinco jóvenes autores. Esta publicación es el resultado final del programa que viene realizando la ENSAD para incentivar la creación de dramaturgia en su comunidad de estudiantes y egresados. El jurado estuvo integrado por destacados dramaturgos peruanos como María Teresa Zúñiga, Paola Vicente y Carlos Gonzáles; y las piezas ganadoras pasaron por una Clínica de Dramaturgia a cargo de Gonzalo Rodríguez Risco, con el objetivo de reforzar sus fortalezas. Las piezas seleccionadas son Juan está muerto de Omar Velásquez Atoche, La espera de Vulgo y Carolo de Edú Gutiérrez Perea, Renuncio de Maykol Lam Gonzalez Tapia, Noqa kani pay supay o Yo soy el diablo de Eddy Marco Martínez Ramírez, y A veces quiero llorar de alegría y no sé qué hacer de Fito Valles. Justamente, Oficio Crítico conversó con este último, quien a pesar de su juventud, ya tiene una larga trayectoria como actor, director y promotor teatral.

La crisis sanitaria y el regreso a las aulas

“Cuando terminé los cinco años de carrera, la Escuela todavía no brindaba el título universitario, y desde que la institución logró dar ese paso, hace algunos años, tenía la intención de retomar la Ensad; sin embargo, no me era posible por los tiempos, pues gracias a la vida, a Dios, nunca me faltó chamba, sobre todo como productor, que siempre lleva horarios complicados,” comenta Fito, quien no solo tuvo participación en varias obras teatrales como actor, sino que también trabajó en producción con Los Productores durante muchos años y ganó el premio del Jurado de Oficio Crítico 2019 como mejor trabajo de dirección por la puesta de Mi hijo solo camina un poco más lento.   


La pandemia y el cierre de los espectáculos presenciales interrumpió varios proyectos teatrales que tenía Fito, como todo un año de funciones, incluyendo una gira por algunas ciudades del Perú con Mi hijo solo camina un poco más lento y el estreno de una nueva obra. “Me cayó perfecto, entre comillas,” menciona Fito. “Porque logré reencontrarme con las aulas de la Ensad para convalidar mis cursos, he estado todo el 2020 estudiando; además, me puse a escribir la obra que, felizmente, fue una de las ganadoras de esta convocatoria; en ese sentido, creo que no he perdido el tiempo, al contrario, lo he estado aprovechando desde otro lado y eso ha hecho que la tristeza por no tener contacto con un proceso teatral sea menor”.

Con todo el boom de proyectos virtuales que estamos viviendo desde hace casi un año, Fito cree que el mayor obstáculo que tiene este nuevo formato es la conectividad. “Pero siempre pensé que esto iba a llegar en cualquier momento, con pandemia o no: la tecnología ha avanzado tanto con los celulares, computadoras y más aparatos, que de todas maneras iba a pasar.” Fito no lo llama teatro, pero sí cree que este formato, así lleguemos nuevamente a la presencialidad, se convertirá en otra fuente de trabajo. “Hay tantos grupos independientes que postulan a muchas convocatorias en busca de una sala y cuando no son elegidos deben esperar hasta el otro año, porque no les ‘ligó’; por eso es que creo que continuará, y además, porque la gente de teatro no quiere dejar de hacer y eso no solo es válido, sino necesario.”

La dramaturgia como medio de expresión

Ganar el concurso de dramaturgia de la Ensad resultó una sorpresa para Fito, aunque ya tiene una considerable experiencia ganada en sus anteriores trabajos. “Yo no me considero dramaturgo,” afirma. “Me gusta mucho producir, me interesa mucho dirigir y me encantaría volver a actuar” No obstante, Fito reconoce que siempre tiene ideas y estructuras que plasma en el papel y que algún día le interesaría desarrollar. “Por ejemplo, hace unos años participé en Microteatro con una obra escrita y dirigida por mí: un texto que habla sobre el matrimonio igualitario, fue bonito ver y sentir cómo el público conectaba con la obra, pero nada más eran quince minutos, yo no me veía escribiendo una obra larga."


Los intentos de Fito por escribir una obra de largo aliento eran infructuosos, ya que como asegura, no podía llegar ni a la quinta página. “Es más, yo preguntaba por cursos de dramaturgia para tener herramientas y nunca me matriculaba,” comenta. “Entonces, llegó la pandemia y aparte de estar como alumno en clases virtuales, comencé a escribir, a darle forma a preguntas que tenía en la cabeza, a pensar en ideas o cosas que sí quería decir y creo que fluyó mejor de lo que pensaba.” Acaso fue la pandemia en sí o la necesidad de hacer algo, pero lo cierto es que Fito ya alcanzaba más de cuarenta páginas escritas. “No sé si está bien o está mal, te soy honesto, pero por lo menos siento que algo estoy diciendo," confiesa. "Como te comento, no había llevado un curso de dramaturgia, pero la experiencia de actuar y dirigir, incluso desde mi labor como productor, siendo testigo de procesos creativos, y por supuesto leyendo y viendo mucho teatro, me ha dado información sobre la acción, sobre lo que quiere el personaje, entre otras cosas; todos esos datos que he ido adquiriendo me han ayudado mucho para aproximarme a una experiencia dramatúrgica.”

En este 2021, Fito seguirá abocado a sus estudios para obtener su bachillerato y licenciatura, además de sus proyectos. “Tengo un nuevo proyecto para dirigir a fin de año con la Alianza Francesa, y un musical producido por mi buen amigo Pedro Iturria (Asociación Cultural Playbill) que debido a la pandemia ha tenido que posponerse; con esta coyuntura, no sabemos más, los proyectos están ahí, esperando que se concreten.” Muchas felicitaciones para Fito y para los otros cuatro jóvenes dramaturgos que siguen creando y produciendo en beneficio de las Artes Escénicas, aun en tiempos de pandemia. “Estoy contento con mi obra, sé que va a crecer, de aquí hasta un posible estreno tiene que crecer, pero bueno, esa es mi experiencia por ahora,” concluye.

Sergio Velarde

5 de febrero de 2021

jueves, 4 de febrero de 2021

Entrevista: CARLOS VICTORIA


“Mis compañeros actores y actrices son mis principales maestros.”

Uno de los grandes actores en plena actividad que tenemos en la actualidad es, sin duda, Carlos Victoria. Él fue elegido junto a otro notable actor, Víctor Prada, como los mejores intérpretes en lectura dramatizada del año pasado en el evento de Oficio Crítico por Bernardo y Valentín, pieza escrita por Diana Gómez Muñoz y Víctor Augusto Mendivil, con la producción de Camerino Virtual. Conversamos con Carlos sobre su trayectoria y experiencias en el escenario presencial y en las pantallas virtuales. “Un honor compartir el premio con tremendo actor, que es Víctor Prada,” comenta Carlos. Hijo del primer actor Enrique Victoria, no es de extrañar que Carlos se dedicara a la carrera de las Artes Escénicas. “Imagínate, para resumirte: mi padre, hijo de artistas; mi madre, cantante, con familia de músicos principalmente; ellos se casan en Mar del Plata estando en una gira de una compañía de zarzuela.” Carlos nace en Buenos Aires y es inscrito en la embajada de Perú como peruano, pero nacido en Argentina. “Mis lugares de reposo en cuna eran los camerinos de teatro; mis primeros lugares de juego fueron los mismos teatros; fuimos a Perú y mi patio de juego era el teatro Municipal, el teatro Segura, el teatro La Cabaña; mi abuelo era jefe de tramoya; me he movido siempre dentro del teatro.” Sin embargo, Carlos reconoce que también le fascina la Historia. “Me hubiera gustado ser arqueólogo,” confiesa.

El arte desde pequeño


Indudablemente, Carlos considera a su padre como su principal maestro de actuación. “Y también, mi primer y más feroz crítico,” agrega. “Pero para mí, ver a todos los compañeros en el escenario ha sido siempre como asistir a clases de teatro, porque se desempeñan estupendamente; por ejemplo, cuando fui a ver Amadeus (2008) no me pude mover de mi sitio por diez minutos después que acabó la obra, por el trabajo maravilloso de Bruno Odar; todos mis compañeros actores y actrices son mis principales maestros.” Un actor está en constante formación y Carlos siempre se nutre del excelente trabajo de sus colegas.

Si bien había un taller de teatro en su colegio, Carlos prefirió no participar de él, ya que desde pequeño trabajaba profesionalmente en los escenarios limeños. “Estar en un club de teatro en el colegio, para mí, era contraproducente, porque así no quisiera, iba a tener más experiencia que el resto de los compañeros, no me parecía bien.” Carlos participó en su primera obra profesional a sus tempranos trece años, al lado de grandes figuras como Lucía Irurita, Orlando Sacha y Connie Bushby, con la dirección del maestro Sergio Arrau en el teatro La Cabaña.


Sobre Arrau, Carlos menciona que fue su mejor profesor de Historia Universal en su colegio, la primera gran Unidad Escolar Piloto y Experimental de la República Monitor Melitón Carvajal. “Era una clase de teatro que nos daba, porque él interpretaba todos los personajes mientras que iba explicando el tema de Historia.” Definitivamente, el Teatro ayuda al desarrollo de la personalidad y es vital su instrucción desde el colegio. “Ayuda a vencer esa timidez que puedas tener para enfrentarte ante la gente, ayuda a superarla y luego te abre horizontes culturales enormes, que son los que necesitamos los seres humanos para poder llegar a un punto maravilloso de humanidad y eso se logra con la cultura, definitivamente; no con la religión y con la política, con la cultura es que se logra.”

Puestas en escena

Son innumerables los montajes en los que Carlos brilló en escena. Difícilmente podremos olvidar, por ejemplo, su participación en la puesta en escena de Ña Catita (2008), con la dirección de Alberto Isola en el teatro La Plaza, en la que compartió varias escenas con la inolvidable Sofía Rocha. “Maravillosos todos los recuerdos con ella, tenía que enfrentarme con la fuerza maravillosa que tiene esa mujer en el escenario, cada función te cogía y atrapaba, y tenías que luchar para estar a la altura de ella,” recuerda Carlos, quien señala también el sorprendente rompimiento que realizó Isola al tradicional teatro costumbrista. “Esos balcones limeños que se movían en el escenario y que iban cambiando las escenografías; todo fue increíble, a mí me tenía con los pelos parados.” El elenco incluía además, a la primera actriz Delfina Paredes, Mario Velásquez, Bruno Odar, Melania Urbina, Esther Chávez y Chipi Proaño.


Otra notable realización en la que Carlos participó fue La cautiva (2014) de Luis Alberto León y dirigida por Chela de Ferrari, también en el teatro La Plaza, y cuya trascendencia no se vio empañada por una penosa acusación de apología subversiva en su contra. “El 15 de enero del 2016 nos enteramos que ese tipo, que ahora se está lanzando como presidente, estaba haciéndonos una investigación por apología al terrorismo, ¡pobre imbécil!... disculpen la expresión,” sentencia Carlos. “Había mandado a alguien que no tenía la menor idea de lo que es el teatro y sacó frases y escenas de fuera de contexto, diciendo que están a favor de Sendero Luminoso; y la única persona a la que se mencionó con su nombre completo fue a mí.” Carlos afirma que el día en que las Fuerza Armadas pidan disculpas por su participación en el genocidio de la lucha interna, entonces se empezarán a cicatrizar las heridas. “Recuerdo que el Chema Salcedo me entrevistó ese mismo día, me dijo que qué pensaba de todo esto, le contesté que si ese señor cree que estamos haciendo apología al terrorismo, yo estoy absolutamente convencido que él está haciendo apología a la estupidez humana, porque hay que ser escaso mental para hablar así de esa obra maravillosa… ¡Y ese señor quiere ser presidente del Perú! No, gracias; así de simple.”


Conmovedora resultó también su entrañable personaje en Financiamiento desaprobado (2017)puesta escrita y protagonizada por Tirso Causillas y dirigida por Nani Pease, en el que interpretaba a un hombre aquejado por el mal de Alzheimer. “Tuvimos mucho apoyo de alumnas de Nani, como psicólogas, con respecto a cómo es una persona con Alzheimer y qué pasa con nuestro entorno,” cuenta Carlos. “Y de lo que yo había visto y reconocido en series de televisión y en el cine, se va sacando cositas de ahí; fue un personaje inolvidable, maravilloso, con una energía vital que le dio Tirso al personaje… me emociono todavía de recordarlo.”

La dirección y la interpretación

¿Cuáles son las características básicas que debe tener un buen director de teatro? Para Carlos, primero debe tener empatía total con los actores. “Es lo más importante, lo primordial, y escuchar a los actores, saber cómo se sienten, qué cosas no te gustan, qué es lo que necesitas y también, claro, tener mano dura porque para eso eres el director.” Además, asegura que es primordial para un director el saber lo que siente un actor. “Tiene que aprender actuación y a sentirla en su propia piel primero; es definitivo, tiene que ser actor, aunque sea muy malo, como algunos directores que conozco (ríe); tiene que saber pararse en un escenario, ver las luces, imaginar esa cuarta pared delante suyo, eso es primordial para un director.”


De acuerdo al criterio de Carlos, el mejor director que tiene el Perú es Edgar Saba, con quien colaboró en diversos montajes, como Edipo Rey (1996) y El rey Lear (1999). “Recuerdo mucho el trabajo que hicimos en El rey Lear: nos dio el texto, lo trabajamos y nos dijo que traigamos propuestas de personajes, llevé la propuesta de mi personaje (yo era Kent) y él magistralmente tomó todo lo que yo le había llevado, le dio media vuelta y lo llevó para donde él quería y yo quedé maravillado… ¡Dios!, ¿qué fue esto?”. Por otro lado, para la tragedia de Sófocles, Carlos interpretó al mensajero que anunciaba la muerte de Yocasta y la desgraciada suerte de Edipo. “Me hace subir al segundo piso de la escenografía, con los pies al borde del escenario y mi cuerpo hacia atrás ¡y no me permitió hacer ninguna inflexión en la voz al decir los textos! Lo comenzamos a ensayar, yo lo interpretaba, pero él me decía que no, que quería todo plano y bueno…  él es mi director y es lo que tengo que hacer.” Carlos se sorprendió sobremanera con los comentarios del público y de los colegas. “El día del estreno viene Delfina Paredes y me dice: ‘¡Qué musicalidad, Carlos, por Dios!’… y yo, ¡pero cuál musicalidad, si lo hice todo plano!; para mí, Edgar es uno de los grandes directores de este país.”

En el caso de los actores, Carlos sostiene que uno bueno tiene que leer mucho, escuchar y respetar al compañero en el escenario, haga el personaje que haga. “Leer mucho y escuchar, porque es el bagaje que necesitas para poder crear el personaje que estás interpretando.” Y agrega que la importancia de una buena dicción es primordial. “Para que la gente que esté en la platea y para la que te ve por televisión no diga: ‘¿Qué dijo?’, debe pronunciar exactamente las palabras como se tienen que pronunciar, porque el director tiene que dar el público lo que tiene que escuchar a través de los actores.”

Teatro en tiempos virtuales


La crisis sanitaria ha llevado a buena parte de la comunidad teatral a volcarse a la virtualidad, experimentando con una nueva manera de presentar proyectos de actuación. “Yo lo llamo Treaternet, porque no es teatro, es teatro por internet,” comenta Carlos. “No fue fácil, pero lo que me ayudó fue la radio, yo he hecho radionovelas; eso me ayudado mucho para leer la obra dramatizada, aquí delante de la pantalla, buscando algunos momentos para voltear la cabeza a la derecha o a la izquierda, para mostrar que nos estamos mirando.” La lectura dramatizada de Bernardo y Valentín fue el vehículo perfecto para mostrar las dotes histriónicas de Carlos y de Víctor Prada. “No fue fácil la primera vez, pero ya a la segunda vez, se gana más experiencia; pienso que se puede seguir haciendo cosas por este medio, ¿por qué no?”

Las últimas medidas del gobierno con respecto a las Artes Escénicas, como por ejemplo, la reducción del aforo para una actividad cultural que viene adoleciendo de falta de público desde hace años o la cancelación de cualquier espectáculo teatral presencial, solo reconfirma su profundo desconocimiento de nuestra realidad. “Más que desconocimiento, es el escaso o nulo interés por la cultura en nuestro país,” afirma Carlos. “A la gente de poder económico, eso no les conviene, porque la gente comienza a pensar, se comienza a dar cuenta de las cosas que hacen.” Lamentablemente, se demuestra que la cultura y el arte no son prioridades para el Estado. “No les interesamos, yo he pensado seriamente en hacer una gran convocatoria por internet con todos los compañeros, para que cuando el Estado nos pida algo gratis, ¡que se vayan al cacho! Así de simple. ¡Que nos paguen!” Carlos ha tenido la suerte de grabar una telenovela y un comercial, entre otras actividades, en este tiempo pandémico. “Pero hay muchos compañeros, muchísimos, que no han podido hacer eso y que no han recibido el bono del Estado… imagino que pensarán que los artistas siempre nos las arreglamos por nuestra cuenta, supongo que ese debe ser el pensamiento, pero la verdad es que a través de la historia, nunca hemos necesitado del Estado, siempre hemos salido solos adelante y eso es lo que va a pasar.”

Por el momento, Carlos no tiene nada definido para este 2021, pues la incertidumbre sanitaria no permite que se concreten los diversos proyectos que se le presentan. “Todo está en el aire, no pisamos tierra, lo único que vamos hacer es utilizar el internet; yo espero que aparezcan cosas, no tengo ninguna propuesta todavía, pero supongo que aparecerán cosas, vamos a ver qué ocurre, a cuidarse y a seguir los protocolos,” finaliza.

Sergio Velarde

3 de febrero de 2021  

Entrevista: CARLOS POSADAS


“Un buen actor debe tener sensibilidad, empatía y compromiso.”

Una de las puestas virtuales más interesantes del año pasado fue Cautivos, adaptación libre del nuevo clásico peruano contemporáneo La cautiva, con dramaturgia de Luis Alberto León. Esta nueva versión tuvo como director a Carlos Posadas Moncada, quien ganó el premio del jurado de Oficio Crítico por su encomiable trabajo en nuestro evento del fin de año pasado. El elenco estuvo compuesto por Isabel Falcón, Roy Zevallos y Gian Paul Miranda. “Les agradezco a ustedes por acercarse a ver la obra y también por las nominaciones,” comenta Carlos. “También ver a los tres actores nominados, y al proyecto en sí, fue una alegría tremenda, solo queda agradecerles por las nominaciones.”

Inicios en el arte

“Desde muy pequeño, desde los seis o siete años, tuve contacto con el arte, por una clara influencia de mi abuela paterna, que era pianista,” recuerda Carlos. “Tengo recuerdos de ella tocando piano, pero yo fracasé en el intento; era muy muy recta y yo no le tuve tanta paciencia, pero disfruté mucho verla tocar.” Sin embargo, en su colegio, las cosas fueron diferentes, pues sí le daban la importancia debida a las Artes Escénicas: desde tercero a quinto de Secundaria, Carlos participó activamente en las puestas teatrales escolares. “Entré al grupo de teatro del colegio y tuvimos tres profesores: Paco Solís, Fernando Flores y luego estuvo Armando Machuca, con ellos tres hicimos diferentes tipos de obras, que variaban de acuerdo a cada profesor.”

El colegio de Carlos, aparte de tener un taller de teatro, tenía además un grupo teatral. “Con Paco (Solís) trabajamos un poco de creación colectiva, con adaptaciones libres de obras de teatro, con una propia estética; con Fernando (Flores), nos enfocábamos más en el texto; y ya cuando vino Armando (Machuca), entramos a la impro e hicimos un musical, West Side Story.” Carlos valora mucho a los maestros que tuvo en el colegio; sin embargo, lamenta que todavía existan centros educativos que no comprendan la importancia de la enseñanza de teatro dentro de su currícula. “Estamos desconociendo una realidad: que a través del arte podemos educar y lo podemos hacer más eficientemente que usando cualquier otro medio,” asegura Carlos. “Además, generamos una identidad cultural a través del arte, que nos aporta muchísimo como sociedad, nos estamos un poco privando de todo eso.” Como recuerdo, Carlos conserva una foto de su elenco escolar con una dedicatoria escrita por Solís: “Volar hasta la última orilla de algún perdido cielo”, una frase que siempre tiene presente.

Actuar y dirigir


Como todo joven que termina el colegio, Carlos tuvo que tomar una decisión sobre su futuro. “Decidí llevar Comunicaciones y Actuación en paralelo,” rememora. “Pero llegó un momento en que ya no podía con la universidad y con los ensayos.” Es entonces que el Arte se hizo prioridad en la vida de Carlos, quien llevó diversos talleres de actuación con maestros como Reynaldo Arenas y Leonardo Torres, así como improvisación en el recordado Patakultural. “A mí me marcó mucho la lucidez de Ricardo Morán,” asegura Carlos. “Me parece un tipo muy inteligente, muy lúcido, siempre con referencias, te invita a seguir aprendiendo, además de ser una excelente persona.”

¿Cuáles son los requisitos que debe tener un buen actor de teatro? Para Carlos, son importantes la sensibilidad, la empatía y el compromiso. “Una vez, Armando Machuca me dijo que hay dos tipos de actores: el que tiene talento y el que tiene trabajo; muchas veces el actor que tiene talento no llega tan lejos como el actor que tiene trabajo; yo me quedo con esa reflexión.” Por otro lado, un buen director de teatro debe tener escucha empatía y además, observación. “Yo había dirigido antes una obra llamada ¿Quiénes son los enemigos? versión libre que hice de El Enemigo del Pueblo de Ibsen, también con Roy Zevallos.” Y como asistente de dirección, Carlos se preparaba para trabajar con su maestro Mikhail Page, pero la pandemia echó por tierra sus planes.

Cautiverio en tiempos pandémicos

La extraordinaria puesta en escena de La cautiva (2014), estrenada en el Teatro La Plaza con la dirección de Chela de Ferrari, todavía es recordada como uno de los montajes más sentidos de los últimos años. Pero ¿cómo poder siquiera igualar la calidad de dicho espectáculo? “No podía competir con el montaje de Chela de Ferrari,” afirma Carlos. “Se me ocurrió entonces, desmontarla, tenía que darle una vuelta; en ese proceso comenzamos explorar con los actores en espacios vacíos, sobre el escenario, porque la quería hacer presencial.” Sin embargo, la pandemia detuvo toda la producción, aunque no por mucho tiempo.


“Con la pandemia y la inmovilización, aprovechamos el tiempo para leer el texto, pero no sabíamos qué hacer,”
menciona Carlos, hasta que alcanzó a ver una puesta virtual dirigida por Page. “Me encantó y entonces me dije que sí es posible hacer un proyecto así; Mikhail me dijo: ‘Mándate, lánzate, es momento de explorar’, así que convoqué a los actores y ellos se sintieron encantados de explorar y jugar y así tuvimos el producto que ustedes pudieron ver.” Carlos solo tiene halagos para su elenco en Cautivos. “Son actores entregados, con mucho trabajo, compromiso y talento; fue un placer trabajar con ellos, aceptaron una propuesta con todos los cambios que hubo en el camino, confiaron mucho; creo que he tenido mucha suerte, todo mi cariño para ellos.”

Actualmente, Carlos viene trabajando en un proyecto virtual llamado POV, para el primer semestre de este año. Además, se encuentra preparando un taller con la productora Cabac Teatro. “Más que un taller, yo lo llamo laboratorio de exploración,” precisa. “Voy a compartir con otros compañeros algunas herramientas y técnicas que hemos ido descubriendo en todo este tiempo.” La virtualidad ofrece una serie de elementos tecnológicos muy útiles para mejorar la estética de las propuestas virtuales. “Es importante un director de cámaras, porque le da prolijidad y una calidad que nunca hay que perder; como director, vamos a estar compartiendo algunas de esas herramientas y buscar espacios, siempre explorando, para seguir contando historias,” concluye.

Sergio Velarde

4 de febrero de 2021

domingo, 31 de enero de 2021

Crítica: MUERTE EN EL AMAZONAS


Teatro en formación

Muerte en el Amazonas es una historia de intrigas y acertijos sobre un crimen. A primera vista, pudiese parecer que estamos hablando de un thriller, pero más bien fue un montaje familiar. La espera para que comience la función fue breve. La banda sonora fue lo que más destacó del montaje, por lo atractivo del sonido. Me gustó el aire de Sherlock Holmes de la acción dramática y la narración, aunque con un contenido cuidadosamente armado para que el espectáculo sea familiar.

La función fue visiblemente producto de un taller montaje, por esa razón y siendo justos, los actores eran aficionados y en formación. A pesar de que las actuaciones no fueron convincentes, el espectáculo sí fue interesante. El teatro que no se ve, que no está dirigido a un público, ¿qué sentido tiene que se llame teatro? En estos días de cuarentena, me ponía a repasar algunas anotaciones dramáticas y encontré una que me llamó la atención: “El teatro está hecho para todo mundo, incluso para los actores”. En estos tiempos donde hay personas que ven al teatro como una secta o un club social, puedo indicar que Muerte en el Amazonas es teatro y cumple un rol principalmente para su público: el familiar. Lo mejor fue precisamente que el montaje mantuvo su narrativa todo el tiempo, sin olvidar lo familiar y no caer en ámbitos criminalísticos. Desde ese punto de vista, fue interesante.

Los vestuarios y la utilería que usaron fueron semejantes a la realidad. Es de felicitar el empeño que hizo la producción en ello. También, durante la función, pedían al público interactuar, dejándonos pistas y pudiendo hacer pequeñas entrevistas a algunos personajes en grupos separados en la plataforma Zoom. Pienso que las felicitaciones principales son para el director David Vilcapoma, por lo original del proyecto y la dirección.

Enrique Pacheco

31 de enero de 2021

viernes, 29 de enero de 2021

Crítica: CUARENTENADOS


Un respiro en medio del confinamiento

Quien no recuerda esos incansables aplausos, todos los días a una hora exacta cuando inició la pandemia, como símbolo de esta crisis. Esos aplausos que dejaban ver que, aun confinados cada uno en su intimidad, estábamos todos en el mismo barco. Esos aplausos como agradecimiento a todas las personas que velaban por nuestra salud y a todos aquellos que seguían trabajando para que el mundo no se paralice. Producto de ello, pudimos reconocer a muchos vecinos de quienes no teníamos idea, debido a que vivíamos a mil el día a día, sumergidos en nuestras propias preocupaciones, ignorando así a quienes vivían a nuestro alrededor y que sin saberlo, podrían significar mucho en este encierro, como sucedió con los personajes de la obra Cuarentenados. Una propuesta virtual, escrita y dirigida por Leticia Narvarte, dramaturga española, precisamente durante el confinamiento y presentada en nuestro país. Demostrando así que el teatro une fronteras.

Bajo la producción general de La Maleta Teatro (España), la producción ejecutiva de Herbert Corimanya (Perú) y el apoyo de BUTACA Arte & Comunicación, Cuarentenados nos cuenta la historia de Emma (Emily Yacarini) y Nico (Luis Cárdenas Natteri), quienes se conocen cuando salen a sus balcones a aplaudir al personal sanitario y quienes poco a poco van acompañándose desde la corta distancia, hasta lograr una amistad que pronto se convertiría en amor.

Las actuaciones estuvieron cargadas de muchas emociones. A Yacarini la vimos en todo momento sumergida en el personaje, interpretando de manera creíble y verdadera a esa mujer que tiene que cambiar de emociones por las situaciones que se le van presentado; de manera clara y con total naturalidad va pasando de la alegría a la tristeza, de la tranquilidad a la incertidumbre u otras emociones que se le van presentando a lo largo de este viaje. Por otro lado, Cárdenas Natteri no se quedó atrás. No solo demostró la gran capacidad actoral que tiene, sino lo multifacético que es, pues cantó, tocó guitarra, además de ser testigos del fácil manejo que tiene para maniobrar de manera original a Zaborrilla, su fiel amigo títere, quien lo acompañó en todo momento y sirvió de intermediario para expresar cosas que a Nico le costaba procesar de manera normal, logrando en todo momento diferenciar a la perfección entre el personaje y el títere debido a la facilidad que tiene para ir cambiando de registro vocal entre la voz del personaje y la voz que le puso a este, logrando así convencer, divertir y conmover al público durante la transmisión.

Desde el inicio de la obra, combinaron de manera clara algunas imágenes que acompañados por una música de fondo complementaron ciertos momentos en los que veíamos a los actores solo hacer gestos y movimientos, o simplemente no se veían a los personajes, pero que ese recurso utilizado dejaba a la imaginación del espectador lo que estaba ocurriendo en ese momento, aportando positivamente al desarrollo de la obra. Otros aspectos que llamaron la atención fueron el escenario que utilizaron, el cual fue bien preparado, logrando dar la sensación que realmente ambos se encontraban cada uno en el balcón de su casa respectivamente, así como momentos en que se pasaban objetos, aparentemente de balcón a balcón y lo recibían de manera espontánea, logrando convencernos que efectivamente era real, notándose así la buena dirección que estuvo presente a lo largo de este trabajo virtual.

Sin duda, una obra interesante, con personajes creíbles, un escenario bien logrado, abordando temas de la coyuntura actual en el que no solo tenemos que lidiar con el encierro, sino con la impotencia de no poder salir y abrazar a nuestros seres queridos en momentos difíciles, momentos en los que probablemente la mayoría de los espectadores nos hemos visto identificados en muchas situaciones presentadas a lo largo de esta hora y media aproximadamente de duración que tuvo la obra. Sin embargo, este tiempo podría jugar en contra, si tomamos en cuenta que a veces la señal es inestable y más aún en hora punta, o que en algunos momentos podría ser un poco redundante, llegando a desconcentrar y por ende, perder la ilación en la trama o inclusive cansar al público.

Milagros Guevara

29 de enero de 2021

jueves, 28 de enero de 2021

Crítica: EL JARDÍN SALVAJE


Abrazo a la teatralidad

La crisis sanitaria, que viene extendiéndose ya casi por un año, no ha detenido la labor de los creadores escénicos. Desde los tempranos intentos por llevar propuestas de teatro a las pantallas de los dispositivos tecnológicos, mucho se ha experimentado, errado y avanzado hasta ahora. Además, las terribles deficiencias de nuestra conectividad, que han afectado a demasiadas propuestas en vivo,  ha animado a la comunidad teatral a adentrarse de lleno en el campo televisivo, con producciones pregrabadas en diversos espacios, pero manteniendo la teatralidad en su ejecución. Ese es el caso de El jardín salvaje, cortometraje escrito por Federico Abrill y dirigido por Omar Del Águila, grabado en el escenario de Agárrate Catalina y que mezcla de manera acertada elementos abiertamente teatrales en un relato de fantasía.

De entrada, Abrill nos propone una fábula que explora la imaginación y la libre creación de los más pequeños: un niño llamado Mí (Brayan Pinto) y su madre Má (Lucia Rua) llegan a la casa de la abuela; allí el muchacho encuentra un misterioso jardín habitado por Bicho (Karina Toscano), un ser incapaz de hablar pero que rápidamente traba amistad con Mí. La madre decide clausurar para siempre el jardín, pero Mí no está dispuesto a permitirlo. Todo atisbo de realismo en la historia es eliminado por Del Águila para abrazar de lleno la teatralidad, una necesaria decisión que le exige al público entrar en la convención acerca de la caracterización de los personajes: Mí luce muy mayor; la madre, demasiado joven; y Bicho es representado por una jovencita que hace piruetas en las telas que cuelgan del jardín. Las sólidas actuaciones y una historia que avanza sin tropiezos permiten el disfrute del espectáculo.

La dirección de arte, a cargo de Joseph Herrera, es atractiva y funcional, con una gran cantidad de cajas cercando el jardín y una iluminación que favorece los colores vivos y alegres. La composición musical de Gerardo Herrera acompaña con soltura las acciones. Escena Cultural y la productora Karen Guiselle Patiño ofrecen una entretenida y vistosa propuesta para toda la familia, que no solo le deja un mensaje muy positivo a los espectadores, especialmente a los más pequeños, sino que a través de su estilo nos hace extrañar la inimitable experiencia del teatro presencial. El jardín salvaje bien merecería una temporada presencial, cuando la crisis sanitaria sea controlada, para sumergirnos en la teatralidad que esta propuesta grabada nos evoca.

Sergio Velarde

28 de enero de 2021

miércoles, 27 de enero de 2021

Entrevista: ELIHU LEYVA


“Nada va a compararse con la magia de estar en el escenario.”

“Qué bonito fue cerrar el año así,” comenta Elihu Leyva, ganador del premio del público como mejor de reparto por la obra Chami y la Ciudad Dorada, durante el evento de Oficio Crítico 2020. “Como le digo a varios colegas, ha sido tan duro para todos los artistas escénicos y bueno, reconforta que alguien siga creyendo en tu trabajo.” Elihu  felicita a todos los compañeros que recibieron este reconocimiento por su arduo trabajo. “Creo que los artistas latinoamericanos luchamos mucho más que otros colegas de otros lados, eso la gente no ve.” Con formación de cantante, Elihu trabaja desde los quince años cantando en orquestas y participando en shows en café teatros, como el recordado Satchmo. “Entre estos ir y venir conocí a gente de teatro, como a Regina Alcóver, quien me habló de teatro y que me veía muy teatral en el escenario cuando cantaba.”

Inicios en la actuación

Un amigo convence a Elihu de asistir a un casting en el 2010, pues se estaba planeando un tributo a la serie norteamericana Glee. “Los actores tienen que cantar obviamente, yo le decía que yo no he estudiado actuación, solamente sé cantar,” recuerda. Sin embargo, pasó el casting e integró el espectáculo musical al lado de otros actores cantantes como Miluska Eskenazi (su futura compañera en Chami y la Ciudad Dorada). “Ese fue el impulso para llevar clases de teatro,” refiere Elihu, quien ya había llevado talleres de teatro muy cortos con Cesar Vargas y Fernando Bacovich. “Es entonces que decido tomar clases en Espacio Teatro Esencia con el maestro Gerardo Fernández para conocer sobre todo, el teatro musical; me empieza a ir mejor en el teatro, hice comerciales, todo comenzó a salir bien sin que lo haya planeado; en el camino pude aprender de grandes maestros, como Mateo Chiarella, y Denisse Dibós en Preludio.” Elihu, a sus 25 años, ya tenía una noción clara de cómo era la movida teatral en la ciudad.


A veces, la familia se encuentra algo renuente cuando uno de los hijos decide seguir el camino artístico. En el caso de Elihu, él se encontraba estudiando Ciencias de la Comunicación y en paralelo Teología, pues entre sus planes estaba ser sacerdote. “Bueno, mi papá siempre me ha apoyado en todo, pero sí me costó explicarle la situación a mi mamá,” recuerda Elihu. “De pronto ella vio interrumpida mi carrera por todo lo que me estaba pasando; obviamente, el arte me atrapó.” Siempre existe el temor, acaso más en Latinoamérica, en ciertos padres que asumen que una carrera artística no podrá sostener económicamente a sus hijos. “Yo le expliqué a mi mamá que me fue mucho mejor de lo que podía haber esperado; por ejemplo, yo trabajaba en Cinemark para Recursos Humanos, ellos sabían lo que yo estaba haciendo y que mi prioridad era el arte, así que el día que ya no pueda controlar ese tiempo, pues iba a renunciar.” Lamentablemente, la crisis sanitaria actual ha golpeado profundamente a toda la comunidad teatral, que ha tenido que reinventarse por completo para salir adelante.

De lleno en las Artes Escénicas

Cada uno de los maestros que ha tenido Elihu ha marcado su carrera; no obstante, menciona con especial cariño al director de Chami y la Ciudad Dorada, Gerardo Fernández. “Creo que por todo lo que he aprendido de él y sobre todo, es el que me ha retado más,” confiesa Elihu, quien conoció a Fernández como asistente de dirección en una puesta dirigida por Henry Gurmendi. “Recuerdo que cuando salíamos de escena, Gerardo siempre nos daba feedbacks muy precisos y me ayudaba para poder corregir las cosas y ser mejor; bueno, a otros no les gusta, pero a mí, sí me gusta exigirme.” Elihu es de los actores que no pueden permanecer mucho tiempo realizando siempre el mismo trabajo interpretativo. “Si hago algo igualito todo el tiempo, me aburro; por eso Gerardo siempre nos exigido mucho, a veces le tenía cólera (risas), no lo soportamos y hasta aparece en mis pesadillas (risas), pero creo que el actor no debe estar cómodo, y gracias a su exigencia he podido sacar cosas que no sabía que podía hacer.”


“Un buen actor de teatro de teatro debe, primero, tener escucha activa,”
afirma Elihu. “También, saber desprenderse de todos los complejos que uno pueda tener, todos podemos tener problemas y haber pasado cosas en la vida, pero creo que para que puedas transmitir algo tienes que interiorizar las experiencias y deshacerte de todas esas cosas que hacen bulla.” Agrega además que es vital la empatía en el intérprete. “Uno debe sentir al público, no es lo mismo que hacer televisión, con el teatro sientes el público que es el medidor; eso nadie te enseña, lo vas adquiriendo.”

Por otro lado, Elihu señala que un buen director de teatro también debe tener empatía y deben saber escuchar. “A veces he tenido directores que se cierran un poco en su idea, lo que es válido también, pero es más rico el trabajo al final cuando están conectados el dramaturgo, el director y el actor, y si es un musical, con el director musical.” Cuando los cuatro artífices del espectáculo tienen comunicación, la obra llega a ser un éxito. “Creo que como en todas las carreras hay gente que nace con talento,” añade. “Pero hay gente autodidacta que también puede lograr muchas cosas buenas, pienso que es un equilibrio de ambos.”

Experiencias y personajes


Uno de los personajes más queridos que Elihu llegó a interpretar fue el de Ángel, del aclamado musical Rent. “Participé en la segunda versión, estuvo Mayra Goñi, Sebastián Abad, entre otros,” cuenta. “Para ese trabajo ensayaba hasta de madrugada, fue muy complejo a nivel vocal y la obra me exigió bastante; pero creo que ese resultado me abrió varias puertas, porque por esa obra me llamaron muchos directores a felicitarme, entre ellos, Mateo Chiarella.”

Otro excelente personaje en la carrera de Elihu fue el que interpretó de manera virtual en Chami y la Ciudad Dorada, pero Elihu lamenta el cierre de los teatros y el pare obligado de las obras presenciales. “Cuando hablábamos con los compañeros del equipo lo que predominaba era la tristeza, porque ¿cómo vamos a interactuar con la gente?, ¿cómo sabemos cómo lo van a tomar?” Elihu no tenía mucha experiencia actuando frente a una pantalla en vivo, pero los resultados de Chami y la Ciudad Dorada fueron muy auspiciosos. “La manera en la que se adaptó fue muy buena, tuvimos funciones incluso en provincias y para otros países; además, el mensaje era tan importante para el público infantil y eso, nos demostró que sí se puede; pero claro, nunca va a compararse con la magia de estar en el escenario.”

Elihu tiene actualmente un proyecto virtual llamado "Showline" en el que propone diferentes tipos de shows artísticos, principalmente enfocados al público infantil, entre ellos Te cuento un cuento, que consiste en cuentos teatralizados e interactivos a través de una plataforma virtual. “Lamentablemente, varios actores que pertenecemos al elenco del musical del Bicentenario de Lima “La Mariscala”, íbamos a estar en temporada en septiembre del año pasado, pero se postergó por la pandemia.” Además, participó en un proyecto piloto dedicado a los niños. “Y estamos a la espera para que salga al aire,” concluye.

Sergio Velarde

27 de enero de 2021

martes, 26 de enero de 2021

Entrevista: LADY GALLOSO


“Una buena actriz de teatro escucha más y se excusa menos.”

“Me dio una alegría muy bonita el haber podido ganar, estando tan lejos,” nos comenta Lady Galloso, ganadora del premio del público por la obra Secuestro, en el evento de Oficio Crítico 2020. “Sobre todo en estas condiciones, te devuelve un poco la esperanza, especialmente porque nosotros nunca pensamos en ser nominados, simplemente lo hicimos porque era lo que queríamos hacer, porque necesitamos crear pese a estar encerrados, como todos los artistas.” Lady se encuentra actualmente en Argentina; ella es peruana, pero se encuentra tramitando su segunda nacionalidad. “Crecí en el Perú, pero recién desde hace dos años me encuentro radicando aquí en Argentina.”

Baile y actuación

Las primeras experiencias artísticas de Lady fueron el colegio, pero en el apartado del baile.  “Lo mío fue creo, pura casualidad,” recuerda. “Lo primero que me llamó fue el baile desde chiquita; el teatro, no, honestamente, no; yo vivía en una burbuja y no sabía que podía ser actriz, nunca lo pensé.” Lady se pregunta por qué nunca entró al taller de teatro de chiquita; sin embargo, no se atormenta de no haberlo hecho, pues en aquel entonces no era el momento indicado para ella. Sí se valora en cambio la presencia de talleres artísticos en su colegio. “Creo que es importante que desde chicos nos den la posibilidad de probar entre diferentes cursos de arte y ya conociéndolos, poder decir sí o no.”

Fue de casualidad que, pensando en estudiar la carrera de Laboratorio Químico, Lady pasa por un taller de impro. “Me invitaron a participar y desde ahí ya no pude salir,” confiesa. Ella empezó en la ENSAD, teniendo ciertos problemas en casa. “Porque mi papá era el primero en decirme que el arte es bonito, ¡peeeero…! Yo quiero mucho mi papá y sé que le preocupaba mi futuro y creo que todo fue una lucha en convencer a mis papás de que yo podía estudiar teatro, sin descuidar la otra carrera.” No obstante, Lady fue interesándose más y más en las Artes Escénicas, ingresando a varios talleres que fueron puliendo su talento.

Estudios y maestros


¿Cuáles son los maestros más importantes que ha tenido Lady en su formación? Lady menciona a Willy Gutiérrez como uno de ellos. “Me acuerdo que me decía que tengo que pensar menos, que estaba bien analizar el texto, construir el personaje, pero una vez que ya tienes todo y ya lo pasas al cuerpo, entonces deja de pensar tanto y trata que tu personaje empiece a sentir.” Esa técnica le costó mucho a Lady, ya que ella considera que siempre piensa demasiado. “Me ayudó bastante para no preocuparme demás, al hacer las cosas.” Otro importante maestro fue Coco Chiarella, de quien aprendió a darle importancia a la palabra. “Él decía que todo es como una partitura, por más que no se esté cantando; es decir, hay una intención para decir las cosas, eso se me quedó mucho en la mente y cada vez que veo, por ejemplo, un texto donde se separaran muchas palabras  con una coma, siento que es una enumeración que debe acompañarse con un cambio de intensidad.”

Lady estuvo formándose dos años en el Aranwa Teatro y recuerda con mucho cariño a uno de los personajes que interpretó en esa casa de estudios. “Era un policía, no tenía nombre, me da mucho cariño y risa a la vez, porque me transformé en un hombrecito.” Muchos de sus compañeros se quedaron sorprendidos y alabaron el trabajo de Lady, además de Mateo Chiarella, quien le enseñaba en ese ciclo. “Me transformé completamente y llegué al punto de perder todo rasgo femenino al caminar y al hablar, no solamente por fuera con ayuda de maquillaje.”

Pisando el escenario

Peter Pan fue la primera experiencia profesional de Lady, estrenada en el Teatro Canout, un musical dirigido por Henry Gurmendi, un artista a quien admira mucho. “Es una de las personas que yo aplaudo de pie, porque le pone mucho corazón a lo que hace y sobre todo,  hace algo que en mi opinión deberían hacer muchos directores en nuestro país, que es hacer castings abiertos,” cuenta Lady. Continuamente se van formando actores y es importante brindarles la oportunidad de demostrar sus habilidades en montajes profesionales. “Es una manera de brindar la posibilidad no solo de conseguir trabajo, sino de demostrar lo que puedo hacer, uno se puede medirse con otros actores; yo puedo pensar que soy muy buena, pero cómo me doy cuenta si estoy lista.” Lady celebra la apertura de Gurmendi para darle la chance de brillar en escena a sus compañeros, sin distinción. “Sería muy bueno que el sol salga para todos.”

Lady recuerda mucho un montaje que le marcó la vida, estrenado en el teatro de La Cabaña. “Fue Salomé de Oscar Wilde,” confiesa. “Sentí que se me nubló la mente, no sé cómo explicarlo, sentía que no era mi cuerpo, no eran mis pestañas, no eran mis manos, que mi cuerpo ya no era mi cuerpo, sé que puede sonar como una locura pero me sentí así.” Fue esa intensa experiencia interpretativa la que le hizo decidir convertirse en actriz profesional.


Para Lady, una buena actriz de teatro debe cumplir ciertos requisitos. “Debe tener disciplina, compromiso y entrega,” menciona. “En la disciplina entra todo, desde llegar temprano, aprenderte tu texto, dejar el ego de lado, de ser más receptivo; escuchar más y excusarte menos.” Es evidente que la carrera del artista no es fácil y se necesita mucha perseverancia y paciencia. “Tienes que entregarte por más que vengan situaciones difíciles, las cosas se pueden solucionar, es importante no perder la fe, si lo piensas mucho te vas a atormentar.”

Por otro lado, para Lady, un buen director de teatro debería “saber cómo se prepara un actor, cómo le comunico lo que quiero ver y que me pueda entender.” Ella asegura que sabiendo cómo se comportan los actores, el trabajo de dirección será mucho más sencillo. “Creo que es un equilibrio entre confianza y no perder el estado de autoridad,” refiere. “Me ha tocado casos en que tengo mucha confianza con el director, yo puedo ser muy amigo de él, pero en el momento del trabajo, a pesar de la confianza y amistad, él es el que dirige el barco.” Resulta vital no perder el grado de jerarquía que existe durante un proceso de creación teatral. “Y la tercera condición, no menos importante, es la pasión; un director con pasión te contagia, es muy importante en todo tipo de profesional, alguien que no está muy motivado, pues al verlo debe contagiarle su pasión.” Lady nunca ha dirigido, pero sí ha asistido algunas veces en dirección y asegura tener muchas ganas de encargarse pronto de algún proyecto.

Proyectos en la virtualidad


En un inicio, el proyecto de Secuestro llegó a manos de Lady solo como lectura. “Marco (Antonio Huachaca, autor y director) es amigo mío de hace muchos años, me dijo lo que estaba haciendo, a mí pareció impresionante,” recuerda. “Entonces me propuso para hacerla, hubo algunos problemas con el tema de los horarios (dos horas de diferencia con Argentina) y conectividad, pero empezamos.” El elenco incluía al mismo Huachaca y al actor Luis Enrique Gastelú. “Las lecturas fueron muy divertidas, inclusive una vez cambiamos de papeles.” El texto planteaba una interacción cercana entre los personajes y eso preocupaba a Lady. “¿Y cómo vamos a hacer con la otra persona? Lo que me encantó de Marco es que me decía: ‘Ya lo vamos a solucionar, sigamos’; entonces era que los problemas nunca terminaron de ser problemas.” Lady tuvo entonces la confianza para seguir adelante, a pesar de querer siempre saber todo de todo. “Incluso la obra estuvo mejor de como la imaginamos.”

Lady disfrutó mucho de su trabajo en Secuestro. “Los dos (Huachaca y Gastelú) son dos profesionales de primera, era como te decía: esa pasión, esa entrega contagia y me dio mucha ilusión.” Ella siempre quiso trabajar juntos, pero en Perú no se daba la oportunidad. “Justamente estando en pandemia y en otro lado, pudimos hacer esto gracias a la tecnología; dentro de todo lo malo, por lo menos se puede continuar y yo estoy muy de agradecida con los dos, porque todos apuntamos hacia un mismo objetivo y eso es lo bonito, nada te puede retrasar, porque todos están jalando hacia delante.” Justamente, Lady viene trabajando con Huachaca en una obra que se llama Padre nuestro, al lado del actor André Moyo, la cual va a estrenarse el viernes 12 de febrero. “Va a estar muy divertida, nosotros nos estamos divirtiendo mucho y esperamos que ustedes se diviertan también con nosotros, a puertas de San Valentin, con esta comedia romantica,” concluye.

Sergio Velarde

24 de enero de 2021

miércoles, 20 de enero de 2021

Entrevista: WENDDY NISHIMAZURUGA


“El teatro es un trabajo vivo que siempre evoluciona.”

“Yo me enteré que tenía familiares relacionados con el arte y con el teatro ya habiendo entrado en facultad,” menciona Wenddy Nishimazuruga, ganadora del premio del público en el evento de Oficio Crítico 2020 por su actuación en El proceso. “Por alguna extraña razón, siempre me ha gustado hacer reír a mi familia, antes de saber qué era un personaje, un sketch, una escena, siempre quería hacerles algo desde muy chiquitita.” Ya cursando Primaria, Wenddy entró en todos los cursos extracurriculares de su colegio, pero no se hallaba en ninguno. “Hasta que entré a Teatro y me dije ¡wow!, ¿qué es esto?, ¿por qué no entré antes?” Eventualmente comenzó a actuar en obras grandes, con venta de entradas al público de fuera, para así recaudar fondos para la obra del año siguiente. “Teníamos actores invitados (mi colegio era solo de mujeres) y cada vez me tocaba un personaje más protagónico y me dije que iba a estudiarlo afuera.”

La importancia del Teatro a temprana edad

Wenddy recuerda con mucho cariño una de las obras que hizo en el colegio: fue la princesa Jazmín en Aladino. “Fue bravazo,” comenta. “Tenía un profesor de teatro, Giovanni Sanoni, él se preocupaba por todo, adaptaba textos de películas o de obras de teatro que había, se metía en toda la producción y trataba de hablar con la APAFA para convencerlos de por qué es importante un elemento en el escenario y no quitarlo del presupuesto.” Wenddy aprendió no solo actuación, sino de todo el montaje detrás. “Creo que recién se está entendiendo la importancia de las artes en el desarrollo de una persona, así como hay diferentes inteligencias, hay diferentes habilidades que uno necesita para la vida,” asegura. “Yo encontré en el teatro que para mí era válido ser diferente, no ser del montón, ser tímido; uno puede ser tímido, pero lo importante es que se haga las propuestas, que hagan tanto en escena como en la vida, con seguridad, con la convicción de que está bien probar, de lanzarte a decir algo nuevo, de pensar algo nuevo y eso me ha dado el teatro.” Para Wenddy, las personas deberían valorar más las Artes Escénicas, porque actualmente nos falta mucho la parte humana para de ahí aportar a la sociedad. “El Teatro te ayuda a trabajar en comunidad, a escuchar, no solo de manera auditiva, sino la atención en general de todo lo que está sucediendo a tu alrededor, tu mirada en 360° y eso lo utilizas en la vida; ¡todos los colegios deberían llevar Teatro!”


En esa época, Wenddy pensaba postular a otra carrera, la de Ingeniería; sin embargo, la oportunidad de participar en la grabación de telenovelas para Astral Televisión no le fue indiferente. “Había un casting, entonces fui y me llamaron; los jefes de casting me preguntaron si no pensaba tomar en serio la carrera de actriz y me recomendaron Artes Escénicas en la Católica.” Wenddy tuvo muchísima suerte al tener un más que competente grupo de profesores a lo largo de sus estudios universitarios. “Me tocó una promoción en la que cada maestro era más genio que el anterior, como Teresa Ralli (a quien amo con todo mi ser), Alberto Isola, Luis Peirano (mi primer profesor de actuación), Alejandra Guerra, Coco Guerra, Alfonso Santistevan, Alonso Alegría y Carlos Mesta; si me preguntan con cuál me quedo, pues con todos en general.” Hasta el día de hoy, Wenddy refiere seguir haciendo mucho trabajo físico, el que le enseñó Ralli. “También sigo haciendo cosas que me enseñó Alberto en Actuación 4, aparte que llevé todas las Historias del Teatro con él ¡imagínate!, eso se te queda grabado en el cerebro.”

Primeras experiencias profesionales en escena

La primera obra profesional en la que Wenddy participó fue La vida es sueño (2007) dirigida por Peirano, el espectacular auto sacramental estrenado en la Catedral de Lima, con un numeroso elenco. “Se me había pasado la fecha para postular para el montaje,” recuerda Wenddy. “Le dije a Lucho: ¡Dame el trabajo que quieras, barro el piso, pero, por favor, déjame entrar! Y entré primero como tramoya (que se le conocía como curoco) y poco a poco, comencé a apoyar más en el equipo de dirección.” Finalmente, ante la lesión de una de las actrices del grupo que lideraba Ralli, Wenddy cumplió su meta de actuar en el espectáculo, reemplazándola en escena. “Me metieron de frente a escena, fue mi primera experiencia y fue enorme.”

Para Wenddy, una buena actriz de teatro tiene que estar dispuesta el juego, siempre proponer cosas nuevas y ser muy creativa. “Aceptar las propuestas, porque estamos en vivo; escuchar la propuesta del equipo y si la mía no funcionó, pues escucho al otro y continúo el juego.” Resulta indispensable el mantener viva la escucha en escena. Por otro lado, Wenddy asegura que un buen director de teatro debe escuchar a su equipo en general, no solo a sus actores, sino las propuestas de todas las áreas, del diseño de iluminación, de producción, de vestuario, etc. “También tiene que ser curioso para el juego y probar cosas nuevas; por ejemplo, a mí no me molesta cuando cambian las cosas a mitad de temporada, porque creo que todo trabajo vivo muta, siempre evoluciona.” Agrega que todo buen director tiene que ver todo lo que hay en el mercado local y también, saber de hechos históricos y conocer el mercado internacional. “Hay que mirar lo que está sucediendo; hay gente que dice: ¡Yo soy un gran director!, ¿y cuáles son las últimas obras que has visto?, bueno… ninguna, ¡¿entonces?!”

La producción en televisión


“Cuando comencé a trabajar en teatro profesional, estuve largo tiempo en Raquel en llamas, la compañía de teatro de Rocío Tovar, mi maestra, mi hermana, mi compañera, mi todo,”
confiesa Wenddy. “De hecho ella me enseñó un montón y ahí conocí a Ricardo Morán, lo asistí en tres obras de teatro, entre ellas, Casi normal (2011), que fue el primer musical que hacíamos en Lima con banda en vivo.” Después de la temporada teatral, Morán le comenta que estaba por aceptar un proyecto en la televisión, pero delante de cámaras y le asignaba a Wenddy un primer trabajo dentro de la producción. Ese fue el primer Yo soy, el conocido programa de imitación. “Dirigí la parte de la puesta en escena, el trabajo de interpretación, durante 25 temporadas en casi 8 años.”

Wenddy trabajaría después en otros programas, como seis temporadas de La Voz Perú (para niños y adultos), Fama Contrafama, Los Reyes del Playback y Los cuatro finalistas. “Hicimos un montón de programas en los que yo enseñaba interpretación y luego me encargaba de todo lo que era la dirección y la puesta en escena puesta en escena,” refiere. “Es como dirigir teatro, pero en tres minutos y desde las bases del teatro, les decía a todos los cantantes, los originales y los imitadores a quienes llamaba cantantes actores, desde la base del análisis del texto, qué dice la canción, cuál es tu acción, tu objetivo, tu obstáculo.” Wenddy siempre introducía elementos de teatro en su trabajo de dirección. “Le metía un poquito de teatro en la vida de cada uno y desde ahí agarramos todos los personajes, ha sido muy bacán, muy divertido y he aprendido un montón, he conocido a gente con la que no esperaba trabajar, fue súper bacán.” En ese sentido, Wenddy recibió el llamado de la gran cantante Eva Ayllón, para hacerse cargo de la dirección artística del concierto de lanzamiento de su disco Un bolero y un vals 2 (2018) “Dirigir a una artista tan consagrada como ella, incluso a nivel internacional, fue una de mis mayores metas alcanzadas, estoy muy orgullosa.”


Acerca del talento, Wenddy cree que se puede nacer con él, pero también se puede cultivar en el camino. “He trabajado varios años y he visto gente súper talentosa en los programas que yo trabajaba y también veía gente con no mucho talento: los talentos que se quedan dormidos se quedan en un nivel y los chancones los sobrepasaban.” Resulta pues importante para Wenddy el tener talento, pero además saber pulirlo. “Probablemente esa sea la mayor chamba de todas: si tú no desarrollas tu talento, pues se va; hay que entrenar siempre.”

Los proyectos en la virtualidad

“A mí no me chocó la virtualidad,” revela Wenddy. “Toda mi vida, desde la época del antiguo Messenger, yo vivía conectada a las videollamadas, porque toda mi familia está fuera del país.” Cuando apareció la pandemia y la comunidad artística se volcó a las plataformas virtuales, Wenddy ya llevaba cerca de 15 años relacionándose con la pantalla. “Sí ha sido difícil en el sentido de la plataforma, que se te cae la red, a veces uno quiere hacer muchas cosas, pero no los puedo hacer desde un encuadre; pero el sentir al otro vivo, la sensación de convivio, eso yo creo que no le falta; además, sentía la relación constante de acción y reacción e incluso puedes sentir los mismos nervios cuando la gente te está viendo al empezar a llenarse la sala, es igualito.”


¿Todos estos proyectos virtuales continuarán una vez superada la crisis sanitaria? Para Wenddy, sí continuarán, y en paralelo con lo presencial, a pesar de la incertidumbre de cómo serán los próximos acontecimientos. “Todo esto es un caos,” asevera. “Todos sabemos que ha sido muy difícil llenar una sala, sobre todo los independientes y llenar una sala con estas condiciones y que además ese porcentaje chiquito de aforo rinda para toda la producción, cuando producir en esta época es mucho más caro, agregándole el añadido de los protocolos de la producción, pues creo que muchos vamos a seguir en la virtualidad.” Obviamente, los proyectos en línea permiten la disminución de costos de producción y el público ya no tiene excusas para no asistir, pues cierran la ventana de su trabajo y abren la otra del espectáculo en segundos. “La gente va a tener la necesidad de salir, de socializar, eso no lo discuto; pero creo que para muchos, la virtualidad va a ser más práctica; pero insisto, sin desestimar que todos extrañamos volver al teatro.”

Wenddy comenta que tiene varios proyectos para este 2021, dentro de la virtualidad, con Daniel Goya, autor y director de El proceso. “Me lo encontré un mes antes de la cuarentena, haciendo un taller de teatro, luego me invitó a otro taller como actriz y él, como director y nos agarró la virtualidad; comenzamos a jugar un montón con los ángulos, con los colores, los filtros y nos divertimos tanto hasta que surgió El proceso.” Actualmente, Wenddy forma parte de El Club de los Aquellos, colectivo que viene preparando varios estrenos virtuales. “Tenemos un calendario muy interesante, estrenamos esta semana Fronteras, una obra escrita y dirigida por Daniel Goya, y luego se vienen proyectos bien bacanes, bien interesantes, para todos los públicos en general,” concluye.

Sergio Velarde

20 de enero de 2021