martes, 19 de junio de 2018

Crítica: MOMENTOS PARTE I


Algunos momentos de la Asociación de Artistas Aficionados

La Asociación de Artistas Aficionados está celebrando su aniversario número ochenta presentándonos Momentos, una recopilación de fragmentos de ocho obras estelares de la AAA, a cargo de siete directores distintos. La temporada va hasta el 1° de julio, dividiendo la lista de obras en dos minitemporadas de dos semanas cada una. Hasta el 17 de junio se presentaron cuatro de la lista de obras: “La muerte de Atahualpa”, “El diario de Ana Frank”, “La voz humana” y “Las brujas de Salem”. Tuve la oportunidad de ver estas obras que son parte de la primera etapa del montaje.

Momentos propone que la realización de cada fragmento de obra se realice en diferentes espacios de la AAA, de modo que el espectador tenga la posibilidad de recorrer la casa. Los tres espacios utilizados fueron el patio, el teatro y una sala acondicionada. Si bien la idea es interesante, pues moviliza al público entre las funciones y logra crear una sensación de estar recorriendo un museo, el aforo del espacio fue muy distinto en cada espacio: mientras que en el patio el espacio es medianamente reducido, en el teatro hay capacidad para mucho más gente, para luego pasar a una sala donde el espacio era notablemente reducido y, al tratarse de un público numeroso, la ubicación de este resultaba incómoda y poco práctica. Se debería tener más noción del aforo en general y, sobre todo, de la comodidad de la gente al ver el espectáculo.

La obra que daba inicio a las funciones fue “La muerte de Atahualpa”,  donde se representaba un momento de conversación clave entre el inca y un traidor. La representación se dio en el patio de la AAA, un espacio al aire libre que exigía un nivel de energía actoral específico. Sin embargo, los actores desbordaron energía en casi toda la obra, actuando frenéticamente desde el inicio, por lo que provocaba una sensación de inverosimilitud al espectador por parte de ambos intérpretes. La segunda obra de la noche fue “La voz humana”, donde una mujer se encuentra sola al teléfono. Toda la obra propone la convención de tratarse de una llamada telefónica; sin embargo, no quedaba clara dicha indicación, pues el manejo de texto provocaba confusión en cuanto a interpretación y, por consecuencia, al ritmo escénico. Esta sensación de ver a un actor acelerado saturaba, debido a que el ritmo de la escena era lineal y poco preciso.

La tercera obra de la noche fue “El diario de Ana Frank”, cuya propuesta nos traía al personaje de Ana (Yamile Caparó) y una anciana que cumplía el rol de narradora (Sonia Seminario). Esta pieza fue la más destacable, debido a su propuesta de montaje: el escenario representaba tanto el espacio de la habitación de Ana, como el asiento donde la narradora leía el diario del mismo personaje. La dirección se valió de recursos como las marcaciones de movimiento para indicar un cambio de espacio, o posiciones corporales del personaje de Ana que funcionaban como gestos brechtianos, de modo que las posiciones corporales brindaban información en detalle del personaje: su edad, su forma de pensar, su contexto social, etcétera. La escena jugaba entre la lectura del diario que narraba los hechos vividos por Ana y el mismo testimonio de la muchacha, de modo que teníamos dos perspectivas de una misma historia, un recurso que definitivamente enriqueció el proceso del montaje. Por otro lado, a nivel técnico hubo en el personaje de Ana momentos donde no se podía entender lo que estaba diciendo, debido a una dicción imprecisa, por lo que algunos textos se perdían, sobre todo en momentos de mucho movimiento corporal.

La última obra de la lista fue un extracto de “Las brujas de Salem”. El momento elegido de la obra fue un juicio a unas posibles acusadas de brujería. El espacio, si bien fue reducido, permitía que el público se ubique de tal manera que pareciera que formase parte del juicio. La presencia de un balcón en la sala permitía redondear la idea del espacio donde nos encontrábamos. Sin embargo, al tratarse de un fragmento de una obra larga, es necesario pensar en una parte donde se pueda trabajar una unidad a nivel escénico. El fragmento del juicio, si bien es un momento clave, dejaba muchas aristas abiertas de información necesaria para el público para entender mejor la puesta en escena. Quedaron vacíos de datos relevantes de la obra, y la información que sí se daba en escena, a veces se mencionaba tan rápido que podía pasar desapercibido. Sin embargo, el manejo del espacio fue adecuado, al igual que el trabajo de todo el elenco de este momento.

Estamos ante una propuesta que invita a los espectadores a celebrar ochenta años de actividad viendo una variedad de obras que significan mucho para la AAA como parte de su recorrido artístico. En una segunda reseña hablaremos sobre los cuatro fragmentos que completarían la selección de ocho obras de Momentos.

Stefany Olivos
19 de junio de 2018

domingo, 17 de junio de 2018

Crítica: CIENCIA-FICCIÓN


La magia de estar en escena

En su segunda semana, el Festival de Creación Escénica Contemporánea Sótano 2 presentó Ciencia-ficción, un trabajo escénico creado por la artista española Cris Blanco, quien se caracteriza por fusionar distintos géneros, incluyendo el error, los trucos que se perciben, la ciencia ficción y lo trash.

Para esta ocasión, el espectáculo reunió elementos diversos y atípicos (una mesa simple, una laptop para proyectar los videos, un órgano pequeño y una guitarra para la música en vivo); no obstante,  la protagonista –Cris Blanco- era la encargada de darle vida a algunas de las infinitas posibilidades que ofrece una puesta en escena. El concepto de esta creación tiene una lectura muy particular, debido a la temática escogida, en este caso: la ciencia, expuesta a partir de una construcción personal –por ejemplo, se describían diversas teorías acerca del universo, con canciones creadas a la medida-; convirtiéndose en un acercamiento a la ciencia desde la perspectiva de la artista.

Ciencia-ficción es una variante interesante y divertida de las típicas puestas en escena; una obra que podría parecer no serlo, porque suceden cosas y nada a la vez; pero transportan al espectador a una nueva forma de experimentar una ficción contemporánea. Ahora bien, la generosidad de Cris sobre el escenario, su naturalidad y espontaneidad, fueron ingredientes igual de importantes para facilitar la comprensión de lo que se observaba y escuchaba.  

Por otra parte, no estoy segura si fue la intención principal, pero este tipo de performance (acción artística) es una forma creativa de presentarse ante el público y crear un vínculo para que este se familiarice con el trabajo del artista.

Un trabajo que, sin duda, tiene el potencial justo para expandirse y superarse (ya que se trata de una creación experimental). Por ejemplo, para no saturar con las proyecciones, estas podrían llegar a ser más teatrales  –con mayores efectos escénicos-; puesto que si bien el público sintonizó con lo que se estaba contando, también es cierto que los videos hacia el final ya no calaban tanto. Un buen acierto fueron las canciones que interpretó Cris Blanco, que supo combinar los cambios en la voz, la interpretación y las letras fuera de serie.

Finalmente, vuelvo a recalcar la importancia de recibir estas propuestas artísticas, con la mente y corazón abiertos, observando sin juzgar, lo que ofrece el ejecutante de la acción. Solo así, estaremos contribuyendo como público a la apertura hacia nuevos rumbos en la escena contemporánea.

Maria Cristina Mory Cárdenas
17 de junio de 2018

Crítica: SEÑORA DE LOS AHOGADOS


Secretos siniestros

Una familia disfuncional, un coro de mujeres sollozando y oscuros secretos es lo que nos presenta la puesta Señora de los Ahogados (Senhora dos afogados), escrita por el influyente periodista, dramaturgo y escritor brasileño Nelson Rodrigues, quien es conocido por abordar temas ásperos como el adulterio, el incesto, el conflicto de familias resquebrajadas, entre otros. En esta ocasión, es la directora Guadalupe Vivanco quien ha conducido y traducido esta pieza teatral, como marco de la cuarta temporada producida por la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático.

En principio, el montaje logró crear una atmósfera siniestra, oscura y hasta tenebrosa, que contrastaba con la musicalización –de ritmos afro-brasileños-, nada que reprochar en ese sentido; ya que se utilizaron los recursos correctamente, introduciendo al espectador a una fantasía, a una realidad distinta. Y es que la trama gira en torno a la familia Drummond (quienes valoran la fidelidad conyugal y la perpetúan a través del tiempo) y un trágico suceso que involucra la muerte de Clarita –una de las hijas de Eduarda y Misael, quien muere ahogada en el mar-; sin embargo, existen otros hechos que redondean la historia –la muerte de una prostituta el mismo día del casamiento de Eduarda y Misael- que la convierten en una explosión de acontecimientos marcados por las frustraciones y pasiones de los personajes.

El uso permanente de la música en vivo, combinado con el coro de mujeres y una especie de ritual de lamentos y bailes, hace la diferencia, dejando en claro el origen de la tradición brasileña. En contraste, la suma de aquellas energías, así como las interpretaciones que evocan a una épica tragedia griega, detonan (a medida que avanza la obra) en un tedio que es provocado por la intensidad de todos los recursos en escena (físicos, utilería, sonido, luces, etc.) y por la carga de la propia trama, que mezcla apariciones y realidades en medio de la rivalidad de madre e hija y del propio conflicto de los cónyuges.

Con actuaciones bastante correctas y con una energía al tope, la puesta refleja desde una perspectiva psicológica a los personajes, desvelando la actualidad de los temas que, aún siendo sensibles, no dejan de ser trascendentes para una sociedad que necesita cuestionarse, entonces, qué mejor que el teatro para comunicar y transmitir.

Maria Cristina Mory Cárdenas
17 de junio de 2018

martes, 12 de junio de 2018

Crítica: DETECTIVES DE LA SALUD


Un montaje para la salud

“La salud es lo más importante” es el mensaje final de la nueva propuesta escénica de la Asociación Cultural Par Diez Artes Escénicas, colectivo especializado en el teatro comunitario y para un público familiar. “Los detectives de la salud” lleva por título la obra, una creación original con dirección de Ángel Angulo Leguía, principal dramaturgo del grupo y egresado de la Escuela Superior de Arte Dramático, ENSAD. El elenco se compone por los actores Isabella Mamani, Cesar Maldonado, Leydi Balcázar, Miriam Maldonado, Mayte Salvador y Florentino Fox. Es importante destacar el esfuerzo de esta asociación (integrada por un grupo de jóvenes de uno de los distritos más poblados al este de la ciudad y del Perú, San Juan de Lurigancho), en presentar una obra de calidad como la presente. Par Diez declara que tiene como misión el que se genere procesos y servicios artísticos, culturales y pedagógicos de calidad e innovadores, principalmente dentro del ámbito de la comunidad.

Son la cuatro de la tarde y con puntualidad, se abren las puertas del recinto teatral elegido para la presentación, el teatro de la Asociación de Artistas Aficionados en el Centro Histórico. Una aglomeración de padres y niños forman una fila ordenada, y son las actrices y actores quienes reciben a este público con una gran sonrisa y globos para los más pequeños. La puesta en escena gira en torno a la captura de una par de inocentes y cándidas niñas por manos de una bruja del bosque, el personaje antagónico que representa todo lo contrario al goce de una buena salud: la suciedad y la enfermedad.

La historia está llena de diálogos entretenidos (y humor), dramatizaciones histriónicas y divertidas, y mucho baile entre las escenas. La escenografía es relativamente simple, pues consiste básicamente en una pared móvil cubierta por una gran tela negra que sirve como lugar donde se esconde la bruja; además, estos elementos permanecen en el espacio durante toda la función, sin aprovecharse debidamente. Por otro lado, es gracias a los diálogos que el público puede imaginarse, con un poco de esfuerzo, que la historia se contextualiza en un bosque, pues este elemento no es del todo explícito. El relato tiene a sus héroes (una pareja de médicos que rescata a las niñas) que además, en un acto de inmensa redención, rescatan a la bruja y a su ayudante de la suciedad.

Los vestuarios de los actores son un reflejo del esfuerzo de la agrupación por presentarse como un conjunto teatral serio: se cuida mucho que cada actor vista de manera correspondiente a su personaje. Un elemento interesante es la reacción del público ante la bruja, especialmente el infantil: por instantes no solamente goza de todo el espectáculo, sino que este personaje en particular llega a espantar literalmente a algunos niños, ya que suceden algunas escenas con la actriz interpretando un monólogo acompañada por música de terror y esto genera algo de miedo en algunos niños. Esta sensación genera desasosiego, pero luego resulta desconcertante luego, cuando la bruja retoma los diálogos de humor con otros personajes, y es entonces que el miedo de los niños se desvanece.

Par Diez es una agrupación con mucho futuro por delante y esta obra construida con mucho esfuerzo colectivo puede ser el inicio de una gran carrera. En el 2016, la asociación presentó, en el teatro de la AAA, la obra “Supper Popper”, adaptación de la obra del dramaturgo Cesar de María; cuentan con el respaldo institucional del Ministerio de Cultura, a través del Proyecto “Puntos de Cultura”, un esfuerzo del ministerio por apoyar iniciativas comunitarias y culturales de colectivos; es parte de la red “Grupos de Cultura Viva Comunitaria” de la Municipalidad de Lima, y, además, el año pasado participaron en el II Concurso Anual de Proyectos de Arte y Comunidad, organizada por la misma institución.

“Los detectives de la salud” tuvo una breve temporada el pasado mes de mayo y está dirigida para toda la familia; es una buena justificación para entretenerse, pasarla bien en familia, reflexionar y generar crítica sobre la realidad del sector salud en nuestros tiempos, resaltando la importancia de un sistema de calidad y digna para toda la sociedad.

Enrique Pacheco
12 de junio de 2018

domingo, 10 de junio de 2018

Crítica: EXHUMACIÓN


El teatro en su máxima expresión

En el marco de la tercera edición del Festival de Creación Escénica Contemporánea Sótano 2, se presenta Exhumación, una creación de AngelDemonio Colectivo Escénico, bajo la dirección de Miguel Rubio Zapata, que  tiene como escenario el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.

La puesta alude a la dramatización de una danza guerrera (de los Shapish), mediante la cual dos actores realizan una especie de ritual, que conjuga la tradición del ande, la religiosidad y su lucha contra lo pagano. Cabe resaltar que esta creación es una suerte de mezcla entre la danza, la corporalidad, el juego escénico, la música y los elementos que se utilizan en escena; por esta razón, es una propuesta que dista mucho del teatro tradicional, llevando la teatralidad a su máxima expresión y así, transmitir el mensaje al espectador.

Considero muy interesante la presentación de nuevos trabajos escénicos, que involucren riesgo, pues al salir de la zona de comodidad –que te da el teatro tradicional- tanto el artista como el público experimentan distintas formas de sentir y asimilar el arte escénico.

En Exhumación, los actores hacen al público parte activa del montaje, lo que genera una expectativa importante. Al ser una propuesta que exige más trabajo corporal, los diálogos quedan relegados, la atención se fija en los movimientos, en los gestos, las miradas, los impulsos y manejo de la utilería; los actores, exploran sus personajes desde su propia masculinidad, ubicándolos en situaciones que generan inquietud para ellos mismos y para el espectador.

Una experiencia intensa y teatral de principio a fin; así, Exhumación sugiere desenterrar lo que se ha olvidado, utilizando el folclor, la tradición, los ritos y las costumbres que nos han acompañado a través del tiempo.

Maria Cristina Mory Cárdenas
11 de junio de 2018

Crítica: LA VISITA DE BOLÍVAR


Un guiño histórico

La visita de Bolívar es un drama histórico que se presentó en el Teatro Federico García Lorca del Centro Español. Gira alrededor del rol del libertador Bolívar en el Perú en los años posteriores a la independencia. El dramaturgo Herbert Morote, con la dirección de Ruth Escudero, nos presentan una historia que, basada en documentos históricos, crea una situación ficticia que transcurre enteramente en el departamento de Bernardo Monteagudo (Christian Esquivel), quien esperando la llegada de Manuelita Sáenz, recibe sorpresivamente la visita de Bolívar (Mario Velásquez).

La escenografía y los vestuarios fueron útiles para poder contextualizarnos dentro del tiempo donde este hecho hipotético-histórico se da. El espectador es testigo de una acalorada discusión entre ambos personajes, situación que se ve adornada con toques de humor provocados por el comportamiento del mayordomo de Monteagudo (Enrique Avilés). La aparición de dicho mayordomo, un ex esclavo afrodescendiente pícaro y alborotado, es el contrapunto humorístico de esta obra. La construcción de este personaje estuvo a la altura de las exigencias que una obra  de ese corte tiene, siendo “el gracioso” en una medida justa y necesaria. Hay que recalcar también que el trabajo de construcción de personaje fue igual de destacable en los tres actores de la puesta en escena, cada uno lleno de particularidades que los diferenciaban claramente: los tres creaban una armonía interesante de ver en escena.

Es interesante una propuesta como esta que, con base en hechos históricos comprobables, crea una ficción donde podemos volver a abrir una discusión sobre un momento de la historia del Perú. Esta obra crea la sensación de ver a los personajes, principalmente a Bolívar y Monteagudo, como si estuviesen en un debate donde el público es jurado. En esta  puesta en escena, lejos de darnos un punto de vista panfletariamente, podemos apreciar una serie de lluvia de razones e ideales que en ese momento estaban en juego con el objetivo de ver el porvenir del Perú luego de ser una colonia. El hecho de ser una ficción permite condensar toda esta información histórica en una conversación, algo que quizá en ese momento de la historia pudo no ocurrir – es algo que nunca sabremos.

Se viene el bicentenario del Perú y una obra como esta es un agente necesario para poder revivir discusiones en torno a nuestra identidad, nuestra historia y cómo es que hemos llegado a la situación actual de nuestro país. No hay una forma certera de saber qué decisiones fueron buenas o incorrectas en tiempos pasados. Sin embargo, sí lo es asumir y aceptar cada capítulo de nuestra historia como un legado que hay que transformar/revisar/perdonar.

Stefany Olivos
11 de junio de 2018

Crítica: CORPUS CHRISTI


Joshua y los doce

¿Cuán acostumbrados estamos a rechazar aquello que por ser distinto, nos molesta y hasta llega a ofendernos? ¿Qué tan fácil se nos hace mofarnos unos de otros escudándonos en el “sentido del humor”? Pues bien, la obra Corpus Christi, escrita por el dramaturgo estadounidense Terrence McNally, es la propuesta que David Carrillo ha adaptado a nuestros tiempos y realidad (como sociedad); además de dirigirla y actuar en la misma.

En escena, se narra la vida de Joshua -interpretado por Pedro Pablo Corpancho-, al que se le percibe desde su nacimiento, pasando por su etapa escolar y juventud, hasta que un día decide marcharse para emprender la búsqueda de su verdadera esencia, aceptando finalmente su homosexualidad y encontrando en el camino a otros, que como él, sienten que son rechazados por su forma de amar y creer. Al unirse para compartir su mensaje con el resto, se verán perseguidos por quienes ven en ellos una amenaza, dando paso a la traición, pues Joshua será entregado a sus perseguidores por el gran amor de su vida (Judas, personaje interpretado por José Dammert).

Un paralelismo que, sin duda, evoca a la historia de Jesús y los doce apóstoles, pero que ha sido recreada para protestar frente a temas más complejos, como lo son el bullying, la negación de la fe para unos pocos, la discriminación, el rechazo, la familia y la educación. El reparto se esforzó para ejecutar diversidad de roles dentro de la puesta, lo cual generaba un grado de dificultad que fue superado con la versatilidad y solidez requeridas en cada intervención. Completando el acertado elenco están Giovanni Arce, Fabricio Ascárate, Jimmy Astley, Job Mansilla, Carlos Casella, Rodrigo Falla Brousset, Paolo Teevin, Raúl Sánchez McMillan, Federico Abrill y Roy Zevallos.

De otro lado, hay que resaltar la intensidad, realismo y teatralidad en la realización de la obra –una imagen memorable es la representación de la última cena-, aunque por momentos centrar la atención era difícil, sobre todo cuando intervenían casi todos los personajes. Sin embargo, la esencia del montaje se encuentra en el contenido y las interpretaciones. No es preciso intentar descifrar desde el inicio de qué va la historia, es más conveniente ir con una mente y corazón predispuestos a aceptar lo que se quiere decir realmente.

Corpus Christi es una confrontación con los prejuicios, con las conductas –nocivas- que repetimos a pesar del tiempo, con las cosas que no nos permiten avanzar a convertirnos en una sociedad más tolerante y por qué no, más susceptible de aceptar con todas las letras, esa diversidad que ha sido representada en esta obra, a través de Joshua y los doce. Una diversidad que no debería ofender, molestar ni turbar a nadie. En todo caso, le corresponderá a cada quien encontrar su propio mensaje.

Maria Cristina Mory Cárdenas
10 de junio de 2018

Entrevistas: DAVID CARRILLO Y JOSÉ DAMMERT


De la obra Corpus Cristi

Oficio Crítico estuvo en el pre-estreno de la obra Corpus Christi en el teatro Mocha Graña; así pudimos conversar con el director de la puesta David Carrillo (quien además es parte del elenco actoral) y con el actor José Dammert, quien interpreta un particular personaje dentro de la historia.

¿Cómo sientes la experiencia de esta obra en la que diriges y actúas?
David Carrillo: “Como cualquier estreno, lleno de ilusiones, con ganas de que la obra encuentre rápidamente su público objetivo y compartir un texto que me parece valiosísimo para los tiempos que vivimos; un texto que le exige al público algún nivel de apertura, que a veces no estamos acostumbrados a dar, entonces requiere cierta generosidad del público y eso me parece fundamental para nuestra sociedad, porque normalmente a ella no le importa nunca el discurso de otro, si este no se parece al mío, no te escucho ¿no? Entonces, me parece bacán esa idea.”

Esta obra es una adaptación tuya del texto original de Terrence McNally. ¿Cómo ha sido este proceso?
DC: "En verdad, la adaptación tiene que ver con la época y tiene que ver con el dónde y el cuándo, porque la obra empieza en los cincuentas y habla un poco de la infancia de Terrence McNally y de su entorno, y de una comunidad de Texas que existe, que es el pueblo de Corpus Christi. Entonces, si solamente la montáramos así, nos podría resultar interesante y todo, pero sería una obra lejana. Por eso creo que sí valía la pena trasladarla a nuestro medio para que se entienda, cambiar la idiosincrasia y hacer que funcione aquí, para que la gente se conecte más rápido ¿no?; y sienta el drama de este chico que lo vemos nacer hasta los treinta y tres años, o sea, del ochenta al dos mil dieciocho.”

¿Consideras que esta propuesta, es una versión hasta cierto punto arriesgada?
DC: “Hacer teatro de por sí es una actividad riesgosa, porque uno nunca sabe qué es lo que el público va a querer ver, puedes intuirlo… pero sí, hay un riesgo mayor porque… primero, somos trece actores en una sala de cien personas, no entran más, entonces de por sí muchos colegas míos, que me han visto dirigir en teatros de quinientas, de doscientos ochenta personas, me dicen ¡oye, cómo vas a hacer! y yo les digo que la verdad, hemos decidido hacer la obra sabiendo que no vamos a ganar dinero; la estamos haciendo porque nos provoca hacerla, nos provoca dar este mensaje y nos provoca ver qué pasa, entonces lo estamos haciendo por garra; lo que vamos a procurar es no perder dinero, porque ya eso sería de orates. Sabemos que el punto de la recaudación para los actores va a ser modesta.”

En la obra se abordan temas importantes como la familia, la educación y la religión. Es así que vemos cómo la dramaturgia se vuelve contemporánea. ¿Cuál es tu opinión?
DC: “Es una obra del noventa y siete, y da un poco de pena, porque desde el noventa y siete al dos mil dieciocho te das cuenta que seguimos con los mismo temas… no evolucionamos tan rápido… en esta obra hay una sensación cíclica de que la historia se va a repetir. Lo único que hacemos es trasladarla… no es el rey de los judíos, como el judío que es el culpable de todo lo que está pasando, sino que es el “rey de los cabros”, como si la homosexualidad fuera la gran responsable de que el mundo esté como esté”.

Finaliza con este mensaje: “Ustedes que están ahí, leyendo Oficio Crítico, que son gente que ama el teatro, les digo que lo que sí les puedo ofrecer es una obra que hemos hecho con mucho amor por el teatro, o sea, creo que hemos explorado mucha teatralidad y lo hemos hecho con mucho respeto y mucho amor por esta profesión, que amamos; entonces, vengan a compartirlo con nosotros y saquen sus conclusiones”.

Por su parte, el actor José Dammert compartió con nosotros su experiencia como parte del elenco de Corpus Christi.

¿Cómo ha sido formar parte del proceso de creación de la obra?
José Dammert: “Yo me he sentido súper contento desde que recibí en las manos el papel de Judas, no porque yo esté contento de hacer del malo de la situación (risas), sino porque yo creo que cada personaje, sobre todo, en una historia tan importante… tiene una relevancia y la relevancia de este personaje es enorme, él tiene una tarea muy importante y al mismo tiempo que no jugará a su favor, tal cual como la tiene Joshua –personaje interpretado por Pedro Pablo Corpancho- en nuestra historia, que es Jesucristo en la historia de la Biblia; ambos tienen que sufrir y hacer algo que no quieren, porque así tiene que ser y el pobre Judas viene condenado y criticado y odiado por todo el mundo por eso. Entonces, en realidad yo, poder enseñarle a la gente que Judas simplemente cumplió su tarea y que amaba a Joshua tanto como el resto de los hombres y lo admiraba tanto como el resto de los hombres y lo siguió como todos los hombres… para mí es importante, es un mensaje que quiero dar”.

¿Cómo fue la construcción del personaje?
JD: "Los personajes los hemos ido construyendo los trece, han ido de la mano, porque si bien son personajes que conocemos bien, son personajes que están representados en una forma diferente: Judas está en la actualidad, Judas va al colegio, Judas es un chico tranquilo, Judas es un chico que defiende a quien él cree el amor de su vida desde siempre y tiene que pagar por eso. La construcción del personaje fue dura, fue intensa y hacerlo es aún más intenso, porque va en un “crescendo” durante la obra, pero ha sido súper interesante porque somos trece actores y cada quien con su energía, congenia y se hace una energía única, que corre, que fluye… Somos trece actores que les queremos dar un mensaje muy bonito e importante”.

Para finalizar hace la invitación a todo el público lector de Oficio Crítico a ver la obra, los viernes, sábados y domingos hasta el 15 de julio, en el Teatro Mocha Graña de Barranco.

Maria Cristina Mory Cárdenas
10 de junio de 2018


lunes, 4 de junio de 2018

Crítica: EXPERIMENTO PARANORMAL


Un experimento personal

Experimento Paranormal es el primer unipersonal que presenta Pierre El Ilusionista, campeón nacional de Magia e Ilusionismo. El espectáculo, se lleva a cabo en el Teatro Racional de Barranco.

Confieso que, para ser una escéptica en estos temas, he quedado sorprendida con los trucos que lindaban entre lo real e imaginario. Para empezar, al ingresar al teatro, se puede percibir y observar un ambiente especialmente acondicionado para inducir al espectador a lo que vendrá, como velas, efectos de humo y sonido particulares.

Este show tiene detalles esenciales, tales como la participación del público, que resulta imprescindible para hacer esta experiencia posible. Tuve la oportunidad de ser partícipe de uno de los actos, el cual consistía en retar a la vista y a la percepción; además de poner en práctica la confianza en Pierre –se ejecutó con gran destreza, a pesar de mi evidente nerviosismo- cabe resaltar que llegué a percibir dónde se encontraba el elemento que Pierre me pidió visualizar al inicio del truco. Ciertamente, no estoy segura si fue tal la adrenalina del momento o si realmente logré “conectar” mentalmente con Pierre; sin embargo, me asombró lo atinado que fue el resultado.

Así continuaron actos que incluían mentalismo, telepatía, psicoquinesis y telequinesis. También hubo alguno que incorporó la tecnología –bastante perturbador-. La música fue un bonito elemento utilizado, para adornar una de las presentaciones. En definitiva, un espectáculo bien estructurado, con una buena escenografía y una presentación bien lograda.

Para la familia (apto para mayores de 12 años), para los amantes de los trucos de magia, para los escépticos, en fin. Puedo decir que Experimento Paranormal fue una experiencia personal muy interesante y seguramente, cautivará la atención del público que asista (sugiero ir con la mente abierta y con la predisponían de participar).

Maria Cristina Mory Cárdenas
4 de junio de 2018

Colaboración regional: AMARU, UNA Y MIL VOCES


Icaro Teatro

“La lucha por la dignidad del ser humano en todos los tiempos” es una las cosas que motiva a Julio Cesar Flores, director y actor de Icaro Teatro, para llevar a escena a Túpac Amaru, en “Amaru, una y mil voces”, uno de los padres de la Revolución Latinoamericana, pues su legado sigue reverberando en el cuerpo, en la memoria, a todos los dispuestos a prestar atención y tomar conciencia de nuestro alrededor; así, con la mirada afilada y el cuerpo listo, nos obsequia esta obra hecha con la finura de un artesano del oficio.

Hay obras, hay personajes cuyos proceso de creación nos remontan en el tiempo y hasta quizás a hechos casuales, si creemos en las casualidades… o quizás causalidades, o se asoman como “un Dios serpiente” desde un cofre donde se guardan tesoros que ayudan a la memoria a recordar; así nace esta obra, cuya primera inspiración surge de la lectura de  “A nuestro padre creador Túpac Amaru” de José María Arguedas, que esperaba en una cajita desde 1985, guardada por el Actor.

Contribuye también a su proceso de creación y acumulación sensible  la obra de teatro “Túpac Amaru vive” (2004 -2005) en Tinta- Cusco, donde es director y participan más de 200 actores. En 2012, participa en la misma obra como actor, bajo la dirección de Lucho Castro, reconocido director cusqueño. Pero en el 2013, el reencuentro con Wili Pinto, director de Maguey teatro, canaliza este proceso para la creación de “Amaru, una y mil voces”, encuentro de creadores que entrelazan acciones, imágenes, textos y memoria en una filigrana de emociones.

El quechua, esa lengua de los andes que cuyo significado no puede ser simplemente literal sino que envuelve una cosmovisión amplia y bella, es usada más allá del texto, es también un vehículo de reencuentro con la lengua materna que revive la memoria y hace más cercano el texto, más propio  y lo entreteje con claridad al cuerpo hecho acción.

“Desde mi experiencia, la persistencia y la terquedad son importantes para seguir en el oficio”, nos cuenta Julio, siendo estas herramientas vitales para ir mejorando y a veces cogiendo las propias dificultades del cuerpo como herramienta de desarrollo. Como decía el maestro Mario Delgado: “Partir de las dificultades, porque desde ahí se aprende mejor.”

El sudor del actor en escena no refleja solo el esfuerzo del momento, sino que cada gota trae la memoria de horas y horas de entrenamiento, ensayos, repeticiones que ayudan a fijar con organicidad cada acción y a la vez, también es la memoria de los maestros, de lo vivido, así como el paso por el Teatro de arte popular de San Marcos en 1978, por Raíces teatro con el maestro Ricardo Santa Cruz de 1981 – 1989 o los más de 27 años de Icaro teatro (1990-2018), el oficio de Julio Cesar Flores es forjado en el tiempo y cada gota de sudor se agradece.

Carmita Pinedo y Julio Cesar Flores son los pilares de Icaro teatro, que no solo se dedican a hacer obras, con las cuales han viajado a diversos países y festivales, sino también a compartir lo aprendido a través de la pedagogía dictando talleres, y siempre con la apertura de ir a donde los llamen y sientan el interés de aprender más sobre lo hecho en escena.

Miguel Gutti Brugman
Cusco, 4 de junio de 2018