miércoles, 6 de septiembre de 2023

Crítica: CANDELA, DIARIO DE UNA ACTRIZ


Testimonio de una artista empoderada

La violencia contra la mujer en nuestro país continúa siendo uno de los más graves problemas que enfrentamos como nación, pero a la vez, uno de los más solapados y además, “aceptados” socialmente. Y es que nuestra historia se encuentra plagada de hechos y situaciones de racismo, discriminación y violencia desde hace varios siglos y que se convierten en una muy pesada mochila sobre nuestras espaldas, difícil de desechar. El machismo y la ignorancia, que ahora son atacados frontalmente con mucho esfuerzo, causaron mucho daño en miles de mujeres y es de aplaudir cómo muchas de ellas, artistas escénicas, decidieron compartir sus experiencias para prevenir futuras agresiones y crear conciencia en los espectadores. Tal es el caso del conmovedor unipersonal Candela, diario de una actriz.

Provenientes del colectivo Cuatrotablas, la actriz Sonia Franco y el director Eduardo Torrejón decidieron estrenar este espectáculo testimonial, basándose en la propia historia de la actriz, quien con mucha valentía y coraje comparte una vida llena de pasión, arte y superación, pero también de mucho dolor, agresiones y frustración. Franco, interpretándose a sí misma desde uno de sus personajes más llamativos, la bailarina Candela, nacido en un homenaje realizado a su director, el inolvidable Mario Delgado, asume la difícil tarea de recrear, simbólica y estilizadamente, los pasajes más dolorosos de su vida, intercalados por bailes y canciones del ayer. Gran trabajo de la actriz, agregando además, lo complicado que debe resultar para ella abrir su corazón al público, incluso en los momentos más escabrosos que le tocó vivir.

La puesta presentada en Kasa Kambaleche le permite a Franco lograr una relación muy íntima con el público, haciéndole cómplice de su historia, sin perder nunca nuestra atención. La dirección ordena adecuadamente la historia de la intérprete, desde que la vemos al inicio, lista para iniciar el show, con vestuarios y accesorios de color rojo pasión, pero tejiendo tranquilamente en su silla. Las pocas luces con las que cuenta el espacio se utilizan correctamente, pero el equipo de sonido bien podría revisarse; los numerosos bailes (que acaso podrían dosificarse) le permitirían a la actriz lucirse aún más con un adecuado fondo musical. Candela, diario de una actriz es un recomendable y necesario unipersonal, que tiene su mayor fortaleza en la capacidad interpretativa de una empoderada Franco, una sobreviviente más de la violencia generalizada contra la mujer, y es un claro ejemplo de que el arte es, sin duda, sanador.

Sergio Velarde

6 de setiembre de 2023

martes, 5 de septiembre de 2023

Crítica: LA BARRAGANA


La violencia histórica de siempre

Dramaturgo y director, Luis Alberto León ya forma parte de la historia del teatro peruano, con una trilogía dramática de su autoría dedicada a representar, de manera contundente y estilizada, la violencia histórica en nuestro país, que encuentra un cierre más que digno en La Barragana, puesta estrenada en el Teatro La Plaza, bajo la cuidada mirada de la directora Chela De Ferrari y la propia dirección adjunta de su autor. Luego de La cautiva, ambientada en pleno conflicto armado interno y Savia, ubicada durante los abusos cometidos por la fiebre del caucho, aparece este montaje protagonizado por la magistral Liliana Trujillo, que se desarrolla en el contexto del levantamiento de Juan Santos Atahualpa en el siglo XVIII, que nos demuestra que la violencia nunca desaparece, solo cambia en sus formas.

La trama se ubica en Jauja en 1742, en la hacienda de la Barragana (Trujillo), una mujer mestiza que regaló a su propia hija al rebelde Atahualpa, a cambio de respetar sus tierras. Tres años después, la hija aparece sorpresivamente y es entonces que la mujer debe tomar una decisión: ¿estaría dispuesta a recibir de vuelta a su hija en la hacienda o sacrificarla nuevamente para no perder su estatus logrado? León convierte esta sencilla premisa en toda una declaración de intenciones, con la Barragana tomando una decisión que, seguramente, cientos de peruanos también tomaron, toman y tomarán, muchas veces, sin siquiera chistar. “Y tú, ¿con qué te portas?” sería acaso una de las líneas más duras y a la vez más efectivas recitadas sobre cualquier espacio, que en la voz de Trujillo, con la camisa manchada de sangre y subida sobre la enorme mesa en el escenario, adquiere dimensiones épicas.

La puesta en escena sorprende por la elección de ciertos vestuarios actuales (jeans, polos estampados) en algunos personajes, ciertamente para representar la atemporalidad de la violencia, la discriminación y el racismo; vicios, actitudes y conductas que se siguen practicando, incluso solapadamente. Una enorme luna en el foro se convierte en llena en la tercera llamada y muta en diversas formas, conforme avanza la acción. Por otro lado, la distribución espacial es ordenada con fluidez por un impecable coro integrado por las actrices Andrea Andrade, Valeria Buendia, Nicole Guimaray, Xiomara Minchan, Ajelandra Ojeda, Maria Guadalupe Ramos, Almendra Retamal y Tais Villanueva.

De Ferrari y León aciertan, además, con la elección del elenco protagónico, no solo en el caso de Trujillo, sino también con la presencia de un enorme Augusto Mazzarelli, como el acaudalado hacendado español. A su lado, no desentonan los jóvenes intérpretes, como los sólidos Fernanda Llanos y Omar Cruz, y una sobresaliente Carolay Rodríguez. La Barragana es un poderoso espectáculo que explora los estragos ocasionados por las abismales diferencias culturales aparecidas en nuestra historia y que León ha sabido capturar de manera magistral, en este cierre de una trilogía teatral que todo peruano necesita ver.

Sergio Velarde

5 de setiembre de 2023

lunes, 4 de septiembre de 2023

Crítica: ¿QUÉ CHUCHA DIJO ALDO DOLOS?


La cumbia de la corrupción: una coreografía de cuatro monstruos políticos

Una obra muy divertida y bien realizada, con personajes concretos e irreverentes, con un texto poético y crudo a la vez. Al ingresar al espacio, encontramos una distribución circular en las sillas, una elección muy adecuada debido a la condición espacial de El galpón. Al elegir esta orientación, los espectadores hemos tenido la posibilidad de observar todos los pormenores de los intérpretes y no como en otras ocasiones, de perder de vista la interpretación actoral, porque las cabezas tapaban la visión.

La dramaturgia y dirección de Emilio Aguirre es tan fresca que permite conectar inmediatamente con lo que está sucediendo en escena, es tan necesario que alguien más lo diga, lo exprese. Los artistas poseen un poder tremendo frente a la colectividad y muchas veces solo encontramos banalidad en su expresión; sin embargo, cuando alguien dice o manifiesta una situación que todo el mundo sabe, pero nadie lo comenta en voz alta o en todo caso todos están hartos de repetir, la sala adquiere un potencial distinto, el arte se manifiesta en su totalidad y en su utilidad y no solo en su espectacularidad.

Hay mesas en el espacio y entre ellas se encuentra un bote de basura, mientras el público va ingresando observamos una mano que pulula sutilmente desde el recipiente, presagia algo visceral, algo del mundo reptante. Cuando la obra inicia ingresa Déborah Baquerizo en una posición de araña, de animal que acecha su presa, es muy interesante la construcción del personaje femenino porque todo el tiempo está descalza, pero hace como si caminara con unos tacos invisibles, solo en algunos momentos críticos asienta los pies en la tierra, pero durante la mayor parte de la presentación ella está en puntitas. Su presencia es muy sugestiva para la interpretación del espectador, es la compañera de Aldo Dolos (Gabriel Gil) que permanece en el bote de basura, ella lo saca, ella le recuerda quién es, para iniciar su periplo criminal. El personaje de Dolos presenta una construcción muy potente, su forma de hablar, la forma de moverse, el maquillaje que utiliza, el mostacho que le adorna el rostro, la energía que despliega y su forma de relacionarse con el público, mantiene la expectación y nos introduce en la historia.

El ingreso de Peluquini (Álvaro Pajares) matiza la composición; al igual que los personajes ya mencionados, la construcción es espectacular, desde el vestuario, hasta los movimientos y desplazamientos. Su presencia es la exposición de lo que sucede en nuestro país, es el espectáculo y la farándula presente, cumpliendo su rol político, su rol social. Desde este momento la interrelación entre personajes es cada vez más densa, tenemos ante nuestros ojos, sucesos que sabemos reales, pero lo vemos desde el arte y eso permite un extrañamiento, que nos lleva a una reflexión profunda sobre lo que está pasando, sobre lo cómplices que podemos ser ante ciertas realidades y sobre cómo estamos adormecidos por el poder y solo tendemos a callar y a espectar, como si de una obra de teatro se tratara.

Cuando las piezas parecen estar en su lugar aparece el matón de matones (Ricardo Bromley), con una construcción de personaje bien definida, un uso vocal correcto y llamativo. Una silla se ubica en la lateralidad del escenario y ahí está él, tan vulgar, tan simple, pero embarrado de dinero y de poder. Hay una dualidad en su personaje, una presencia endemoniada junto a una apariencia dócil y delicada que finge ser el hermano inexistente de Peluquini. Es la abstracción de la manipulación, del dominio de los poderosos, que mediante retazos de aparente sublimidad azota con violentos latigazos satánicos.

Una vez que los cuatro personajes están en escena danzan al compás de la musicalización de Daniel Sifuentes, las canciones clásicas del ideario peruano se desvirtúan en tiempo y sonoridad, como si quisieran reflejar nuestro estado actual como nación. Una descomposición que se finge de identidad y se trasluce hostil y horripilante, no pudiendo fingir el hedor que emana de la podredumbre de sus entrañas políticas y de gestión. Finaliza con una cumbia cantada por los cuatro personajes subidos en las mesas, es el instante del clímax, los espectadores hasta ese momento hemos sido arrastrados por la risa hacia un estado de reflexión inconsciente. La desvirtuación de los personajes y su alejamiento de su condición humana se da paso a paso, finalmente tenemos ante nosotros a unos monstruos que lamentablemente nos tienen en sus manos. Hay una comparación muy interesante entre la realidad y la ficción, el espectáculo nos adormece y nos lleva a una especie de letargo, estamos envueltos por la irreverencia de estos personajes, y esto me lleva a cuestionarme: es solo el artificio del arte que nos tiene así o hay un distanciamiento hacia la realidad, que demuestra cómo los ciudadanos estamos ensoñados por el espectáculo que presenciamos día a día, que ya no podemos acabar ni si quiera con la escasez de juicio crítico.

Moisés Aurazo

4 de setiembre de 2023

Crítica: UN HOMBRE COLGADO DEL CIELO


La vigencia de las vicisitudes de conflictos políticos

El Auditorio Julio Ramón Ribeyro del Centro Cultural Ricardo Palma dio lugar a la temporada de Un hombre colgado del cielo. Este montaje fue dirigido por Alonso Alegría, bajo la dramaturgia de Rafael Anselmi, con las actuaciones de Camila Medina, Diego Bronstein y Klaus Herencia. La obra está inspirada en un hecho histórico ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, donde José García Calderón tuvo participación. Este personaje se enlistó como voluntario de la Legión Extranjera para vigilar los movimientos alemanes en la batalla de Verdún. Hans, por otro lado, es un soldado alemán que se encuentra en pleno servicio. Mosha, la novia de José, es una joven que espera desde París la llegada de su amado sano y salvo, conectados siempre por cartas que los consuelan en esos tiempos difíciles.

Este montaje retrata la declaración de tres personajes solitarios en un contexto de guerra, cada uno en distinta posición. García Calderón fue un peruano que, por convicción, se enlistó. ¿Hasta qué punto las convicciones valen arriesgar la vida misma? Definitivamente no existe una respuesta correcta a ella. Hans, representante del frente alemán, tiene que cargar con el peso de la ideología nazi sobre sus hombros, y cumplir con los requerimientos de guerra desde ese lado, sin cuestionarlo realmente. Él logra representar cómo se llega a normalizar estos “deberes” politicos, que el personaje va asumiendo por el hecho de ser alemán. Finalmente, Mosha es la representante de cada familia y vínculo conectado con cada participante de la guerra, sin importar el frente en el que estén. Después de todo, la guerra es un contexto que impacta a todas las naciones implicadas, sin importar en qué contexto se desarrollen. En un montaje como este, al espectador le queda como reflexión el reconocer que, actualmente, vivimos en un mundo en conflicto constante, donde la intolerancia por la diversidad de posiciones políticas nos lleva a enfrentamientos, incluso guerras que no se pensaban posibles aún.

El proyecto contó con una división justa del escenario, donde cada actante tuvo la posibilidad de posicionarse dentro de la historia. Simulaba la representación del “frente” de cada personaje, cada uno en un nivel distinto (alto, medio y bajo), lo cual le daba un sentido de complemento a los testimonios de cada uno a nivel espacial. Los textos tuvieron un nivel de complejidad alto y fueron apropiadamente interiorizados por los personajes. Sin embargo, el personaje de José no lograba sostener del todo el ritmo de la obra por momentos. Un elemento destacable desde la dirección era la interacción entre los personajes de los enamorados, quienes se decían simbólicamente sus cartas el uno al otro, con gestos recíprocos, pero sin un punto de contacto. Este factor fue coordinado de manera impecable, y se entendió perfectamente como un resaltador de la soledad y añoranza de los personajes. Hans, del polémico frente alemán, asumió su posición en la guerra de una manera fresca, destacando en su interpretación debido al nivel de detalle logrado en el personaje momento a momento.

Aunque hubo algunas maniobras desde las luces que no quedaron claras si fueron errores o parte de las marcaciones, el montaje a nivel técnico fue sostenible y logrado. Se entendió la contradicción de cada personaje, logrando que el espectador pueda empatizar con la representación. Es importante apuntar a sostener el ritmo de la obra como un aspecto relevante, y para ello, es necesario revisar la concentración del elenco en escena. No obstante, el espectador es capaz de salir de la obra con preguntas relacionadas a los conflictos que las distintas posiciones políticas han generado y seguirán generando con el pasar del tiempo. ¿Qué tanto podemos cuestionar, defender y sostener una posición política? ¿Hasta qué punto arriesgamos aspectos de nuestra vida por aspectos políticos, aceptando la época en la que nos ha tocado vivir? Son algunas de las preguntas que me llevé de esta función.

Stefany Olivos

4 de setiembre de 2023

Crítica: LA VERDAD DE LAS MENTIRAS


A minutos de partir

La verdad de las mentiras, texto escrito por Betsheba Gil, en tiempos de pospandemia, ha sido llevado al teatro bajo la producción de Butaca C. Esta historia nos lleva a reflexionar sobre la vida que hemos llevado todo este tiempo y cuestionar lo que hemos hecho con ella. ¿Qué pasaría si fuera el último día de tu vida y tuvieras que rendir cuentas antes de partir? ¿Estaríamos satisfechos con las decisiones que tomamos o pediríamos con desesperación un minuto más en este mundo? ¿Realmente sabemos lo que hacemos o todo lo que creíamos cierto en nuestra vida ha sido una completa mentira?

En esta microobra, Gil lleva el papel de una persona que ha vivido buscando siempre el éxito a costa de lo que fuera necesario sin darse cuenta de que dejaba atrás a quienes la amaban, encontrándose, el día de su muerte, rodeada de una infinidad de cosas materiales que no abogarán por ella en su agonía. Es en esos momentos, en los que se da cuenta del devenir de su muerte inminente, que se encuentra con un ser que va en su búsqueda para llevársela sin darle oportunidad a enmendar sus errores. Patricio Villavicencio encarna a un ángel guardián que, lejos de ser un ser celestial estereotípico, acarrea un pasado humano tan accidentado como el de ella, el cual lo llevó a cumplir su penitencia en la tierra y llevar a las próximas almas al mismo purgatorio en el que le tocó vivir, a la espera de algún día poder llegar al cielo.

Veo oportuno recalcar el trabajo en equipo que ha permitido el desarrollo exitoso de la puesta en escena. Desde la entrada a la sala, con una propuesta semicircular y de luces tenues, el público puede sentir cómo queda sumergido en el ambiente y la cercanía a los actores lo hace sentir partícipe de la situación. Por otro lado, la dramaturgia da lugar a un mensaje totalmente claro y contundente que remueve los pensamientos y esquemas que por costumbre y miedo no queremos cuestionar. Añadido a ello, la propuesta de personaje de Villavicencio, sorprendentemente, retrata una dualidad entre la dureza de un ser que debe ejecutar su tarea para encontrar esa paz que aún escapa de sus manos y el sufrimiento de una especie de padre o protector que lamenta ver cómo la vida de esta mujer se ha perpetrado en engaños. Por último, resaltar el gran trabajo del director Johan Escalante, con una cantidad de aciertos que siguen dando vida al teatro de calidad que anhelamos seguir viendo todos los amantes de este hermoso arte.

Viviana Távara

4 de setiembre de 2023

domingo, 3 de septiembre de 2023

Crítica: SUEÑO CON VOLVER


Sobre la necesidad de vivir (de) los sueños

Un día más en la oficina. Despertar, ponerse el uniforme y salir a trabajar. El proceso automatizado del día a día; cumplir con los rituales sociales básicos (conversación, llamadas, cotilleo a la hora del almuerzo). ¿Qué es lo que nos queda?: los papeles invertidos, el ser humano como un objeto industrializado, que existe para trabajar para una máquina. ¿Podemos luchar contra ello? ¿Existe aún la posibilidad de soñar? Esta es la premisa de Sueño con volver, obra de teatro - danza dirigida por Dayna Vargas y Rodrigo Ñiquen.

Partiendo de esta premisa clara, la expresividad del cuerpo en relación a ella es notable, pues nos permite ver los automatismos y cadencias propias de un cuerpo enfrascado en una rutina y que anhela un despertar. Hay un antes y un después en la vida de estas personas en relación a la oficina. El contrapunto está llevado por un personaje que parece no haber entrado enteramente en esta dinámica laboral y el que permite que se desarrolle la historia. El trabajo de precisión, colectividad y vitalidad en escena es destacable, y permite una total inmersión en lo que está pasando.

El inicio es envolvente. Proyecciones de un estilo de bocetaje futurista, la música en vivo y la iluminación están en constante armonía y encuentran su apoyo entre sí, potenciando la labor cuidada y trabajada de los intérpretes. Algo quizá inesperado fue la presencia de la voz. Fuera de una primera aparición a modo de rumor, en un segundo momento, escuchándose ya palabras definidas, faltó cierto detalle en relación a la uniformidad en el volumen y el tono. Diferente a un momento posterior en que la particularidad de las voces y sus expresiones se hilvanaban mejor con lo que decían, ya no acciones descritas, sino aquellas cosas que despertaban en ellos un sentido de vitalidad y pertenencia.

La obra planteó distintos finales para cada función, de los cuales el público tiene la posibilidad de elegir entre dos. Esto no deja de ser una propuesta curiosa e interesante y que inserta un deseo de saber cómo habría terminado la obra en otra función. El final que yo presencié estuvo cargado de momentos emotivos, cálidos, que cerraron muy bien el viaje interior que significó la obra. Si bien se puede presentar como una obra interactiva, me animaría a recomendar la búsqueda de un espacio distinto, menos convencional, que permita otro tipo de interacciones con el público. Está bien, para un espacio virtual, darle esa posibilidad a quien vea la obra. En un espacio presencial distinto, las posibilidades son mayores.

A grandes rasgos, son esos dos momentos los que conforman la obra. Lejos de estar unidos con una continuidad en la historia, los une la sensación de añoranza, de la búsqueda de un sentido de pertenencia. En ese sentido, vale la pena pensar en las implicancias del discurso. La obra plantea un enfrentamiento entre el trabajo de oficina, lo ordinario, lo automático, frente a la idea de libertad, de lo particular y lo auténtico. ¿Acaso la vida laboral y la realización personal mantienen diferencias irreconciliables? ¿Es el artista quien mantiene cierta diferencia con otros, al estar en contacto o anhelo constante del baile, la improvisación, la alegría? ¿O es una invitación a despertar el sentido artístico de vivir? Puesto que la vida es arte, y es todo un arte vivir, quizá la pregunta principal, y de la que no se puede escapar sería: ¿Qué es aquello con lo que sueño?

Ya para finalizar, debo afirmar que la obra es un viaje interior lleno de sensibilidad y de una carga filosófica innegable. ¿Tiene algún sentido soñar? ¿Vivo de acuerdo a mis sueños? ¿Se puede vivir de ello? Gracias Dayna Vargas, Rodrigo Ñiquen, Braulio Bustamante, Cristopher Nuñez, Brunella Odar, Angelo Crudo y todo el equipo detrás de esta obra, por plantear, a partir de una premisa sencilla, el recuerdo y la necesidad de hacerse estas y otras preguntas.

Omar Peralta

3 de setiembre de 2023

Crítica: SOLOS CON TENNESSEE


Un musical desde el Misisipi

Confieso que desconozco el trabajo de Tennessee Williams, pero revisé cada una de las obras originales y diferentes versiones de estas, presentadas en otros países. Quiero felicitar a Yasmin Loayza por esta propuesta, producto de un taller montaje, y por despertar interés en el autor que aborda temas tan existencialistas.

La primera presentación fue La Marquesa de Larkspur Lotion. Para hacer mi crítica vi una versión de la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga (1) y comparé lo visto con el texto original. Cabe aclarar que el Larkspur Lotion es un producto que se utiliza para combatir parásitos. En escena están tres personajes: la señora Wire (Maribel Gutiérrez), la señora Hardwicke-Moore (Virginia Mayo) y el Escritor (Jean Lugo). Como crítica constructiva, pienso que pudo precisarse más el planteamiento de los personajes y sus roles en la historia; por ejemplo, según el texto de Williams, el Escritor protege a la señora Hardwicke-Moore y, de hecho, hace un monólogo en donde confiesa que es alcohólico y que siente empatía por dicha señora. Por el contrario, la acción dramática giró en torno a la mencionada señora, que no puede irse de la pensión por los insectos, y a la señora Wire, que desea botarla por morosa. El ritmo de las actuaciones fue algo acelerado y debe trabajarse más la proyección vocal, en general. En todo caso, mencionar a Gutiérrez, por una actuación convincente.

La segunda presentación fue 27 Vagones de Algodón, en donde los personajes fueron Jake Meigham (Luis Lozada), propietario de una desmontadora de algodón; Flora Meigham, la esposa, (Marleny Rojas); y Silva Vicarro (Sandro Hernández), el superintendente de la plantación del sindicato. La acción dramática fue muy interesante, pues todo giró en torno al intento de Vicarro por arrancar una confesión a la esposa sobre un supuesto incendio. En el transcurso de la obra es esta señora quien se vuelve la protagonista al encontrar un camino emancipador femenino e insólito para la época. La mejor secuencia sucedió aquí, cuando Vicarro seduce a Flora, pues tuvo muchos componentes visuales de erotismo, muy sutiles, y sin caer en la vulgaridad simplista. Por otro lado, me gustó que Loayza generara suspenso en el público, por no saber quién efectivamente incendió la plantación.

Y finalmente, la última escena fue Hábleme Como La Lluvia y Déjame Escuchar. Quiero confesar que quizás me hubiese gustado ver una versión más cercana al texto original, pues tiene un fuerte componente dramático. Mi crítica se basa en el texto y en una interpretación de la compañía teatral mexicana Versión Alternativa Moderna (2). La acción dramática giró en torno a la historia de amor de un hombre hacia una mujer a pesar de las desconfianzas, del paso de tiempo y de no darse atención mutuamente. En cambio, aquí se presentaron todos los actores recitando monólogos a media voz, entendiéndose luego que era un diálogo, con las actrices en primera fila (Rojas y Mayo) narrando la historia con la luz tenue de una linterna; mientras que el resto del elenco (Fernanda Coronado, Gutiérrez, Hernández y Lugo) estaba en segunda fila, sosteniendo hilos atados en palos de madera.

La escenografía fue muy buena y con mucho simbolismo. Creo que se podría hacer una versión libre más “peruanizada” de cada una de las historias; de esta manera, podría restarle cierta densidad al espectáculo. Felicitaciones por el buen trabajo a la directora y al elenco de este taller montaje de la Asociación de Artistas Aficionados.

Enrique Pacheco

3 de setiembre de 2023

(1) Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga https://www.youtube.com/watch?v=X6Q3-aUCQVE

(2) Colectivo teatral Versión Alternativa Moderna  https://www.youtube.com/watch?v=ydQ9Q3ADJP8

Crítica: LOS OJOS


¿Cuánto buscamos nuestro lugar en el mundo?

Pablo Messiez es un director de escena, dramaturgo y actor argentino con una amplia vivencia en el quehacer escénico; ahora se hace presente en la cartelera limeña con una pieza de su autoría, Los ojos, en el centro Cultural de la Universidad Pacifico y dirigida por Martin Guerra. Cabe destacar que los textos desarrollados por Messiez son de una profundidad emocional bastante personal y existencialista, como se siente en cada uno de sus personajes; quizá no sea coincidencia que su primera obra estrenada en Madrid se llamase Muda, cuya protagonista vive en un total silencio y que hable de la profunda soledad que vive cada uno de sus personajes y cómo intentan escapar de ella.

En Los ojos, con claras referencias a la novela Marianela del escritor español Benito Pérez Galdós, la trama gira en torno a la relación entre cuatro personajes y su necesidad de tener un lugar especial en la vida de alguien, de cambiar algo que no aceptan para darle un sentido a su vida. Tenemos a Nela, una chica enamorada de Pablo, ciego de nacimiento; la madre de Nela, Natalia, que no puede aceptar, ni mucho menos soltar, un vínculo que ya pertenece al pasado y que ha elegido para definir su vida y la de su hija. Cuando tienes tanto dolor y resentimiento dentro, pues lo más probable es que lo salpiques a quien más deberías amar, porque sientes que se te ha negado la felicidad. Por lo tanto, Nela ha aprendido a ser una chica muy insegura y con un complejo grande sobre su autoconcepto; a todo esto se suma que llega al pueblo una oftalmóloga, Chabuca, quien asegura que puede devolverle la vista a Pablo, lo cual atenta obviamente contra los intereses de Nela, ya que está convencida que si este recobra la vista dejará de quererla y necesitarla de inmediato.

Lo más interesante de esta puesta en escena es que, en cuanto a dirección, se consigue tener un muy buen ritmo de las escenas, que hace que la puedas vivenciar como muy personales. Quién no ha pensado alguna vez qué es lo mejor para alguien a quien “amamos” o que tenemos las respuestas a los sufrimientos de los demás. Cuántos de nosotros nos vinculamos afectivamente con alguien, pensando que nuestros conceptos aprendidos del amor deberían también pensarlos o sentirlos igual nuestras parejas. Y vamos entonces con conceptos equivocados al relacionarnos e inventamos toda una realidad, y entonces… enceguecemos. Estos cuestionamientos lo representan muy bien los actores sobre el escenario: Alejandra Guerra, Daniela Trucíos, Brian Cano y Lucia Caravedo; a destacar la labor y fuerza de Guerra.

El escenario ayudaba muchísimo a entender cómo nuestros sentidos pueden engañarnos y nos engañan continuamente, muebles a medio terminar, la tierra que atraviesa el espacio, todo a la vez no sabes si está muriendo y/o naciendo. No puedes confiar en lo que ves, porque todo lo que vemos está teñido por cómo hemos aprendido en nuestro contexto histórico, que de no ser conscientes de este, pues pasará a definirnos y por lo tanto, definir todo lo que nos rodea. Finalmente, la obra reflexiona acerca del concepto filosófico del eudemonismo, todo lo que estamos dispuestos a hacer para alcanzar aquello que llamamos felicidad. Recomendada.

Manuel Trujillo

3 de setiembre de 2023

viernes, 1 de septiembre de 2023

Crítica: AMOR AL CUBO


Las cuestiones del amor

La cartelera teatral limeña continúa apostando por los formatos en espacios no convencionales, dirigidos tal vez, a un público deseoso de escapar de la rutina y entretenerse; así como para refrescar al ya cautivo espectador teatrero. En esta ocasión, Cultural Point (que nace de la unión de JDS Producciones y Cientos Volando) estrenó este viernes Amor al cubo, tres comedias breves que detonan las particulares formas de comportarnos frente a esta emoción universal llamada amor.

Los encargados de la dramaturgia, Federico Abrill, Jimena Del Sante y Jesús Álvarez Betancourt, nos revelan tres historias donde los protagonistas tendrán que lidiar con situaciones relacionadas a sus vínculos amorosos. La primera entrega, ¿Cómo le digo que me gusta?, dirigida por Luis Cárdenas-Natteri, presenta a dos jóvenes, interpretados por Renzo Abrill y Rocío Olivera, quienes al conocerse se sienten atraídos; sin embargo, los obstáculos como la distancia y el miedo al rechazo podrían jugarles en contra. Luego viene Asimetrías 2.2, dirigida por Del Sante, que propone una interesante forma de ejecutar las interpretaciones actorales a cargo de Paulina Bazán y Estefano Buchelli, quienes inician sus roles siendo parte del público, representando a una pareja que celebra su quinto aniversario en el teatro viendo obras cortas; pero surge el conflicto cuando las personalidades de estos personajes colisionan y salen a la luz sus verdaderos sentimientos. Finalmente, 10 maneras de terminar con tu pareja y no morir en el intento, dirigida por Álvarez Betancourt e interpretada por Airam Galliani y Bernardo Scerpella, en donde este último pretende terminar la relación con su pareja, ensayando más de una “razón” para cumplir este difícil cometido.

Cabe señalar que el espacio que alberga esta propuesta es el restaurante La Folie, que se ha acondicionado debidamente para la naturaleza de esta propuesta, que requiere cambios rápidos y funcionales; por ello es acertada la elección de muebles que pueden adaptarse a las tres obras. Las historias se desarrollan con dinamismo y ritmo por los actores, quienes rompen la cuarta pared haciendo uso de la improvisación en momentos claves; además, les otorgan a sus personajes matices y características que podrían identificar al espectador en situaciones y comportamientos similares. Respecto a la dirección, considero que las historias se han integrado de forma coherente, lo cual funciona para que el público conecte con la puesta.

Amor al cubo es una de las nuevas alternativas que intervienen espacios no convencionales con ingenio y a través del humor, poniendo sobre la mesa los múltiples cuestionamientos que surgen a partir de los vínculos amorosos, como por ejemplo: ¿Mis sentimientos serán correspondidos?, ¿qué me une a esta persona? o ¿quiero dejar esta relación? Lo cual nos confronta con nuestros miedos, fragilidades y profundas contradicciones como seres humanos.

Maria Cristina Mory Cárdenas

3 de setiembre de 2023

Crítica: DISCURSO DE PROMOCIÓN - REVISADO


El camino hacia una reflexión

El grupo cultural Yuyachkani ha vuelto a montar Discurso de promoción bajo el subtítulo de “revisado”. Posiblemente con la intención de indicar que el trabajo ha sido analizado, reflexionado, re-pensado e incluso re-interpretado. De todas maneras, solo es una muestra de que siguen llevando un proceso de creación constante y de autobservación.

En líneas generales, la obra es una suerte de teatro inmersivo guiado, pero que presencias sin intervenir.  Aquí los pasajes históricos son cuestionados. Aparecen diversos personajes tratando de dar testimonio de su época. Además de que el uso de la música en vivo y de los elementos simbólicos terminan de conflictuar al espectador, quien no solo es parte del público, sino que sería parte del problema que se presenta en escena.

El aspecto espectacular es brillante en su ejecución. Las interpretaciones y la interacción con el público son impecables, tanto en la antesala como en el “espacio/escenario”. Destacando su desorden meticulosamente ordenado. Siempre estamos viendo imágenes que nos refieren a algo, cuerpos en constante tensión; escuchamos bellos temas musicales; aun así, la cuestión está en si escuchamos el discurso (tal cual el título de la obra). Es aquí donde entramos en debate.

Hay un aparente mismo concepto: el Perú, país caótico, dividido, con heridas sin cerrar, de problemas que no han sido resueltos, falto de identidad, independiente pero que no se ve ni se siente de esa forma. Esto a la vez se difumina por la pérdida de ritmo a mitad de la obra debido a las altas dosis de espectacularidad sin muchas pausas y a las temáticas que no logran relacionarse del todo. No es lo mismo hablar de la negada participación de la mujer en la historia o de las esterilizaciones forzadas o de la trata de personas. La complejidad es muy grande. Incluso traerlos a colación requiere de observar todas las perspectivas posibles. En la puesta parece que solo vemos buenos y malos, mas no grises. Hay presentación (en lo estético), mas no la revisión que se necesita. Todavía hay detalles mínimos que son interesantes y se escapan de lo políticamente correcto (lo cual al final es la esencia del montaje). Por ejemplo, cuando una joven caucásica usa una pollera e intenta cantar un huayno. ¿Metáfora exacta del contenido curiosamente? Pudo ser ese un camino muy especial, en lugar de caer en la solemnidad.  

El director Miguel Rubio llamaba “acción escénica” a su estilo de hacer teatro, pero ahora el grupo ambiciona a ser un material de archivo vivo, un manifiesto estético de memoria política que dialoga con los conflictos del presente. No obstante, el tema unificador se torna ambiguo. Aunque no se niega el inmenso valor del riesgo de converger tantas problemáticas y desarrollarlas a través de lo performático, el hecho de abarcar demasiado provoca no darnos una razón clara de lo que se quiere lograr con esto. Quizás lo ideal sería que nosotros como artistas y espectadores no busquemos respuestas a través del arte, sino formulemos las preguntas correctas e incómodas en medio de un contexto de mucha incertidumbre. Así podremos obtener un manifiesto consistente en nuestro teatro peruano actual.

Christopher Cruzado

1º de setiembre de 2023