lunes, 3 de septiembre de 2018

Entrevista: JOSÉ MANUEL LÁZARO


Actor en “TEBAS LAND”

Oficio Crítico conversó con el actor José Manuel Lázaro, quien es parte del elenco de la recién estrenada obra Tebas Land, bajo la dirección de Gisela Cárdenas, la cual se presenta en el Teatro de la Universidad del Pacífico.

Este personaje es un dramaturgo, un intelectual. ¿Cómo ha sido para ti darle vida?
J.M.: “Ha sido súper interesante, porque se ha traído un trabajo de investigación, que es lo que me gusta hacer cuando creo personajes y hacer esta obra que tiene varios niveles  metalingüísticos, entonces ha sido raro, es decir, no digo ni difícil, porque es como traer a Sergio Blanco y mezclarlo conmigo. Ha sido un personaje medio híbrido, medio real, medio ficcional, entonces ha sido artísticamente bien interesante en ese sentido.”

Personalmente, percibí que tu personaje iba cambiando en el proceso.
J.M.: “Sí, bueno también hay un trabajo de traer un poco el ser humano, artista, crítico, intelectual; así que yo creo que comienza como una persona muy preocupada en su propia realidad artística y también que oculta muchas cosas de sus sentimientos, de su propia sexualidad, una serie de cosas y aparentemente, es un intelectual, totalmente contemporáneo, totalmente liberal. Pero vemos que hay cierta hipocresía en esto, él esconde varios prejuicios que nunca quiere admitir porque él es un intelectual, universitario, de alto nivel. Entonces, ni admite esa contradicción, ni en él mismo, hasta que aparece este ser (el personaje de Emanuel Soriano) que es uno inesperado en la vida, o sea, todos los artistas con los que convive, él ya debe haberlos enfrentado como para encapsularse en sus propios prejuicios personales y viene una persona que no tiene nada de estas estructuras culturales que le hace ver toda una perspectiva de la vida. Así que al final, el personaje cambia, se humaniza de alguna manera como artista, como ser humano y creo que se conecta con sus propios sentimientos y su propia sexualidad de otra manera.”

La dramaturgia de Sergio Blanco muestra distintos paralelismos y juegos en el tiempo. ¿Ha sido difícil pasar de una escena a otra?
J.M.: “Sí, ha sido más que difícil, ha sido trabajoso, tienes que estudiar la escena muy bien, para que esté mezclada, pero al mismo tiempo sea clara para el público, porque no es una escena normal de una para otra, hay unos cambios de contrastes, así que había que tener bastante cuidado en eso y creo que todavía hay cosas que queremos cuidar más, porque es bien compleja y tiene varios niveles.”

En conclusión, ¿cuál es el mensaje que deja Tebas Land, en tu opinión?
J.M.: “Yo creo que habla de varias cosas; primero, el sentido ambiguo o no superfluo que puede tener la justicia, por ejemplo, en este caso, un chico parricida que va a tener cadena perpetua y que tú vas viendo que no es una justicia tan efectiva, porque de alguna manera el autor dice que se justifica este crimen; entonces, la ambigüedad de la justicia por un lado y la cuestión del parricidio por el otro, ¿no? Esta cosa ya más psicoanalítica, mitológica, de que todos vivimos en una sociedad patriarcal y de alguna manera, como dice la obra, hay un parricidio, una relación siempre difícil con el padre de alguna manera.”

Maria Cristina Mory Cárdenas
3 de setiembre de 2018

domingo, 2 de septiembre de 2018

Colaboración regional: EL FENÓMENO "PARAPSICOSIS"


De la Asociación Cultural Teatrando

Siete mil personas en una ciudad de más de un millón de habitantes puede ser, aparentemente, una cifra muy pequeña; pero, si de asistencia de público al teatro se habla, en definitiva, no lo es.

Todos los que hacen teatro saben lo difícil que es llevar público a una función, aun más difícil si de una temporada se trata. La ausencia del “respetable” parece ser un drama que se comparte en todos los niveles del oficio y que atenta directamente contra la supervivencia de los actores, productores, directores y luminotécnicos que forman parte de esta magia catárquica llamada teatro.

Por lo general, el público está compuesto por rostros conocidos, segmentos ya ganados que disfrutan de este arte. Se nos es difícil llegar a nuevas personas, segmentos y estratos. Llevamos mucho tiempo llorando desde el interior de nuestros teatros por la ausencia de gente en las butacas; sin embargo, seguimos empleando los mismos métodos para atraerlos.

El fenómeno “Parapsicosis”

Siete mil, en suma, son las personas que han asistido a ver “Parapsicosis” en sus tres temporadas, una aventura teatral que comenzó en el 2015 y que no se detiene gracias al gran esfuerzo de los colegas de la Asociación Cultural Teatrando.

“Parapsicosis” utiliza el teatro de formato breve (lo que popularmente se conoce como microteatro) para contar historias de suspenso y horror, con un soporte de producción envidiable y manejo sorprendente de efectos que mantiene al público enganchado (y atemorizado) en todo momento. Debido al formato, la obra tiende a realizarse en alguna casona antigua, esas de habitaciones enormes, techos elevados e iluminación escasa; es ahí donde se desarrollan las escenas, cuatro por lo general, y por las que han pasado muchos actores, debutantes y de larga trayectoria. Este año (2018) la obra se trasladó a la FIA, la Feria Internacional de Arequipa, que se organiza cada año por el aniversario de la ciudad. Este movimiento refleja la inquietud por llegar a nuevos segmentos y cautivar nuevos públicos.

Llegar al 0,7% de la población, en una ciudad como Arequipa, con una obra de teatro es algo impresionante. Para empezar, es un esfuerzo logístico bastante grande y muy bien pensado. La trama es cautivadora, el terror y el suspenso, en una fecha igual de atractiva, octubre, mes de brujas y miedo. El formato corto permite un dinamismo en la obra, el público visita distintas locaciones, se mantiene activo en todo momento. El manejo de temporadas cautiva al público, que espera y come ansias por las siguientes entregas.

Los chicos de Teatrando han sabido llegar a nuevas personas, público de estreno, que, después de enterarse que había teatro en la ciudad, esperan la siguiente temporada, vuelven a ver otras obras y visitan otros grupos ampliando el mercado para ellos y para todos. Es un esfuerzo bien planeado, que implica  gestión de recursos económicos y humanos, como un despliegue de publicidad, entre redes sociales y papelería física, han sabido, por sobre todo han sabido volver a “Parapsicosis” un fenómeno, gracias a un esfuerzo en conjunto de la asociación y una excelente producción.

Este año, en octubre, esperamos la siguiente temporada que seguramente será una grata experiencia y un fenómeno al igual que las anteriores entregas.

Alas y buen viento.

Mauricio Rodríguez-Camargo
Arequipa, 2 de setiembre de 2018

jueves, 30 de agosto de 2018

Crítica: QUIERO SER ACTOR


Ingenuas vicisitudes del intérprete

“Siempre me gusta escribir y llevar a escena historias o temas que la gente no se atreve a hablar, temas que no se escuchen así nomás a la vuelta de la esquina”, comentó el joven actor, dramaturgo, director y productor de sus propios proyectos Gianfranco Mejía, a raíz del estreno de una de sus múltiples obras presentadas en el Teatro Auditorio Miraflores, que llevaba nada menos que el poco sutil título de Eutanasia (2017).

Con ese precepto dramatúrgico, Mejía actuó, escribió, dirigió y produjo, siempre presentadas por Mever Producciones, las siguientes obras: Anorexia (2016), en la que narra la terrible enfermedad que una joven universitaria padece, luego de caer en una dolorosa depresión; Ambiciones (2017), que describe las impensables maneras de un grupo de hombres por salir de la miseria económica; y Después de casados (2017), una historia que  asocia la difícil convivencia en pareja con la violación sexual. Pero Mejía también se atreve a actuar, escribir, dirigir y producir puestas con temáticas algo más “inofensivas”: así, llegaron a escena Fiesta de promoción (2016), comedia en la que explora el universo adolescente acercándose el final de la etapa escolar; La Comedia del Año (2017), sátira en la que un grupo de jóvenes trata de sobrevivir en el mundo del arte; y Hogar dulce hogar (2018), historia familiar en la que la matriarca pasa la Navidad con su nuevo compromiso.

La mayoría de las puestas antes mencionadas contaron con algunos actores de oficio y con dilatada experiencia sobre las tablas dentro de sus elencos y que lograron, en los espectáculos que Oficio Crítico alcanzó a apreciar, sortear los lugares comunes y no caer en personajes y situaciones estereotipadas, que la misma concepción de la obras proporcionaban y que el mismo sesgo del creador permite. Y es que mientras que Mejía no deje que la sutileza, lo subliminal, los silencios, las pausas y la estilización de la realidad alcancen a sus propuestas (actuadas, escritas, dirigidas y producidas, eso sí, con mucho empeño, pero acaso con mucha rapidez), sus estrenos caerán en el mediano estilo televisivo. El teatro no puede ser un set de televisión, es un arte que puede rendir mucho más a nivel estético. El numeroso público que lo viene acompañando se verá también beneficiado, pues es además una responsabilidad del artista la de educar a sus espectadores.

Su última apuesta, Quiero ser actor, por lo menos resulta algo más simpática que las demás. Y es que Mejía actúa, escribe, dirige y produce una obra sobre un tema que conoce muy bien: la difícil carrera de ser actor en el país. Nicolás (cómo no, el propio Mejía), un joven que no sabe qué hacer con su vida, asume múltiples oficios hasta que aparece como extra en un corto universitario. Ese es el punto de partida para el descubrimiento de sus incipientes cualidades histriónicas, que incluye su paso posterior por una temporada teatral, por un taller de teatro y por su propia casa, en donde su estricto padre le recrimina por su decisión. Dentro del elenco, la experiencia y recorrido de Nicolás Fantinato, Fernando Pasco y Jeffrie Fuster les permiten agregar matices a sus personajes y hacer llevaderas sus escenas, en demérito de las otras. Quiero ser actor se mantiene dentro de la medianía de las obras de Mever Producciones, que bien pudo haber profundizado mucho más para revelar todo el tejemaneje del oficio del (aspirante a) actor y así conseguir un espectáculo que escape de la ingenuidad.

“Si a mí me preguntaran si estoy o no a favor de eutanasia, posiblemente diría que sí, pero ya no tendría que haber solución; es decir, que la persona no solo esté extremadamente enferma, sino que ya haya cumplido su ciclo de vida”, agregó Mejía en aquella oportunidad. ¿Qué nueva propuesta asomará en el panorama? Estaremos preparados.

Sergio Velarde
30 de agosto de 2018

Crítica: LA COIMA


Sátira músical sobre la corrupción

El estreno de La coima no pudo ocurrir en “mejor” momento y lugar, paradójicamente escribiendo. No solo asistimos, durante Fiestas Patrias, a un escándalo de proporciones mayúsculas referido a la corrupción en las más altas esferas de poder, servido por la descarada conveniencia de la mayoría de nuestros actores políticos y su absoluta arbitrariedad e injusticia contra los más necesitados; sino que el mismo espacio en el que se presentó, la Asociación de Artistas Aficionados, se encuentra actualmente en un real peligro de un arbitrario desalojo. Basada en la pieza El inspector del subestimado dramaturgo ruso Nikolai Gogol, La coima buscó cuestionar la corrupción e impunidad que hace metástasis desde hace muchos años en nuestros últimos gobiernos, pero en una agradecida clave de humor negro, que la debería convertir en un espectáculo urgente y necesario cada 28 de julio.

Resultó evidente que el mayor acierto del montaje fue la muy inspirada adaptación a nuestra realidad, realizada por el director Martín Velásquez, sobre el original de Gogol que situaba su acción en una pequeña aldea de una Rusia gobernada por el Zar Nicolás I en siglo XIX. Triste comprobar cómo sociedades tan distintas y distantes, espacial y temporalmente, puedan tener tantos puntos en común, cuando de deshonestidad e injusticia se trata. La inminente visita de un fiscal, enviado por la mismísima Corte Internacional Anticorrupción, hace tambalear a la clase política de un país sudamericano, cuyo presidente luce una banda blanquirroja. Como si fuera un baile de máscaras, todos los personajes mienten, traicionan, roban o esconden su verdadera personalidad por conveniencia: desde la familia presidencial, pasando por congresistas y ministros, hasta el mismo fiscal. Las típicas referencias coyunturales, en justa cantidad y adecuada aparición, suman a la sátira presentada en escena, al lado de un correcto acompañamiento musical en vivo con canciones originales.

Excelentes actuaciones de todo el elenco, encabezado por la disparatada pareja presidencial, conformada por David Huamán y Paola Chacaltana. Además, brilló con luz propia Luis Cárdenas-Natteri, como el supuesto fiscal, elaborando un antológico personaje rico en detalles y matices. Acompañaron con precisión Francesca Vargas, Daniel Suárez Lezama, Abel Enríquez, Aníbal Lozano Herrera, Paula Zuzunaga y especialmente, los carismáticos Nadyr Castillo y Miguel Agurto; además de Omar Velásquez y Manuel Antonio Aivar en el apartado musical. Es cierto, acaso la dilatada duración de la puesta pudo perfectamente recortarse, acaso faltó afinar la inclusión de los números musicales a la acción dramática, acaso se percibió cierto acartonamiento de algunos actores al cantar; pero esos fueron detalles menores y además, perfectibles: La coima, con la acertada dirección de Velásquez y el apoyo de Verony Centeno, fue una valiosa apuesta por retratar la podredumbre de la política peruana, y paradójicamente escribiendo, a través de una sólida e hilarante comedia, que mostró sin tapujos, acompañada de las risas de los espectadores, la despreciable corrupción de nuestra clase política.

Sergio Velarde
30 de agosto de 2018

domingo, 26 de agosto de 2018

Crítica: LOS COACH DE TU VIDA


La impro a partir del público

La improvisación teatral no es más que la creación en tiempo real de una serie de secuencias que surgen de manera espontánea, es decir, sin un guion previo. El grupo PANDA TEATRO IMPRO, presenta una simpática propuesta denominada Los Coach de tu Vida, que se materializa en un show de comedia, llevado a cabo en La Tarima Café Concert de Miraflores.

Los actores Renato Pantigozo y Julio Díaz construyen su presentación a través de hilarantes dinámicas; mientras que el público cumple un rol vital dentro de la temática, debido a que su intervención define ciertos parámetros de cada segmento. En esta ocasión, la conexión entre el espectador y los artistas fue casi instantánea. Los temas giraron en torno a los géneros teatrales, el abecedario, frases creadas a partir del público, entre otros.

El planteamiento del espectáculo se basa en una sesión de coaching empresarial, la cual se entrelaza con las historias y chistes propuestos por los actores. El trabajo en equipo y la escucha son ingredientes que no deben faltar en un show de impro; esta vez, la sincronía de los ejecutantes hizo que la simplicidad de los temas se tornara entretenida y digerible.

Los Coach de tu Vida se traduce en una propuesta ligera, honesta y divertida, que podría ser una buena opción para el famoso “after office” o una excusa perfecta para liberarse del estrés. Vuelvo a recalcar que el público es un factor clave en la elaboración de los segmentos; entonces, la invitación está hecha para ser parte de una peculiar sesión de coaching. 

Maria Cristina Mory Cárdenas
26 de agosto de 2018

Entrevista: RODRIGO CHÁVEZ


Director de la obra “Respira”

En la víspera del estreno de la obra Respira, escrita por Eduardo Adrianzén, Oficio Crítico conversó con el director Rodrigo Chávez, quien estuvo a cargo del montaje, ello, como parte del proceso de formación de los alumnos de la Escuela de actuación Ensamble de Barranco.

Chávez comentó acerca de cómo nace la idea de montar esta obra. “Esto es parte del Taller de Montaje de la Escuela Ensamble; con esta puesta los alumnos ya egresan de la carrera, con más de un año y medio de formación”, menciona. “Teníamos que hacer un montaje; entonces trajimos muchas obras, todos los chicos trajeron una obra, yo traje otra incluso, pero estaba Respira, que es una obra hermosa, creo que es una de las mejores del teatro peruano, no solo por lo que dice, sino por el contexto en el que está”. El joven director cree que nos toca a todos, porque nos podemos identificar para solucionar cualquier tipo de problema que podamos tener. “Los chicos se emocionaron mucho con el texto, pudimos hablar con Eduardo (Adrianzén), porque a ellos (los alumnos) lo que les interesaba era esta capacidad de decisión que él podía tener, trataban de descubrir por qué Mario (personaje de la obra) no podía lanzarse a la piscina y, hablando con Eduardo, nos hizo entender que el contexto hacía que este personaje haya sufrido por experiencias traumáticas, que están relacionadas con la historia del Perú”. Asimismo, pueden encontrase paralelos por todos lados de aquella generación, que sale de la época de violencia en nuestro país. “Eso les ayudó a los alumnos a decidirse y hacer la obra”.

Además, explicó su visión para plantear esta obra en escena. “La medida de entrega de los personajes fue por características personales, independientemente al sexo o a la edad, porque también hay personajes muchísimo mayores, distantes de la edad de los alumnos”. Agrega que se estaba tratando de entender más a la persona que está detrás del personaje, independientemente de tratar de que sean hombres o mujeres, o que sea incluso hasta realista. “Nosotros vemos que son chicas con el pelo amarrado, pero al final creo que nosotros hicimos el esfuerzo de tratar de ver a la persona y la convención mágica del teatro nos hace imaginar que puede ser así; ellos te cuentan una historia desde su verdad, desde sus seres, no pasan de los 25 años (los alumnos) y tratan de entenderla y transmitirla”. Chávez afirma que la obra es así, que rompe con la cuarta pared y le habla mucho al público. “De repente, mezcla alguno espacios, a veces uno no sabe dónde está, pero creo que por ese motivo conecta mucho con el público y es bastante sincera, yo sé que estoy haciendo la obra pero también sé que estás ahí y te cuento algo específico para seguir. Entonces, eso me gusta mucho del montaje de la obra, que está planteada así desde la dramaturgia y eso es lo que trataban de transmitir los chicos”, concluyó.

Maria Cristina Mory Cárdenas
26 de agosto de 2018

Crítica: RESPIRA


Un buen texto para comenzar

Respira, obra escrita por Eduardo Adrianzén, ha sido escogida por los egresados de la Escuela de actuación Ensamble para su muestra final. Dirigida por Rodrigo Chávez, la obra se presenta en el Teatro Ensamble de Barranco.

En esta oportunidad, la dramaturgia de Eduardo Adrianzén supone un reto para los nóveles intérpretes, quienes asumen un contexto y realidad distante de su generación; sin embargo, es al mismo tiempo una fortaleza el que actores jóvenes logren sumergirse en la historia de nuestro país, la hagan suya y la interpreten desde su propia perspectiva.

Obra ganadora del Segundo Concurso de Dramaturgia Peruana de la Asociación Cultural Peruano Británica en el 2008, Respira evoca a los años ochenta y narra la historia de la familia Atienza, cuyos miembros se ven marcados por la coyuntura política, económica, social y hasta religiosa de aquellos tiempos. Mario, el hijo menor, se enfrentará con su pasado en su etapa de madurez, descubriendo las huellas que su entorno de aquel entonces han dejado en él.

Un elenco conformado por César Adauto, Steph Pinto, Brenda Cuadros, Adriana Pérez, Nicolás Núñez, Fernando Retamozo, Yolanda Delgado y Franklin Gamonal, quienes mostraron mucha energía e ímpetu en sus ejecuciones. Un detalle destacable fue el hecho de que algunos personajes masculinos fueron interpretados por mujeres, quienes si bien no desentonaron, tampoco arriesgaron tanto al momento de construir aspectos externos de los personajes, como la voz o la fuerza propias de la energía masculina; de todas formas, se valora la caracterización y el dominio escénico, tanto del grupo como de las actuaciones individuales. Además, agregar una dosis de dinamismo en los cambios de escena le hubiera dado mayor notoriedad a la propuesta.  

Sin duda, un texto inmejorable para culminar un proceso de formación actoral, que refleja las similitudes que pueden encontrarse entre la historia de nuestra sociedad y la historia como seres humanos, recordándonos que no siempre seremos lo que fuimos, pero que olvidar de dónde venimos tampoco es una opción.       

Maria Cristina Mory Cárdenas
26 de agosto de 2018

martes, 21 de agosto de 2018

Crítica: TRES VERSIONES DE LA VIDA


El instinto sobre las formas

Cuando se habla sobre Yasmina Reza es inevitable no pregonar la trascendencia de Arte y Un dios salvaje, la primera como comedia notable donde se desbarata la interminable amistad de tres hombres, quienes debaten frente a un lienzo blanco que ha costado una fortuna; y la segunda, como un encuentro de gente bien que se despoja de sus buenas costumbres y exterioriza sus instintos, tantas veces aislados por lo políticamente correcto. En definitiva, el común denominador de la escritora francesa es el ímpetu por trastocar sus personajes hacia un punto de inflexión, donde la fuerza para guardar la compostura se consume y no les queda más que asir el manojo de nervios al que los ha expuesto Reza.

Roberto Ángeles, quien dirigiese Un dios salvaje en el 2013, conoce bien la voluntad de la dramaturga y emprende hoy Tres versiones de la vida, la historia de un investigador y su esposa que reciben en casa a un científico influyente y su esposa, capaces de ayudarlo con su ascenso. Esta situación dramática confronta nuevamente a los personajes con su máscara social, la hipocresía, las buenas formas, un lugar común de la creadora.

Sin embargo, esta potente matriz sobre la que trabajan Reza y Ángeles se ve desprovista de ingenio y de fuerza en la puesta en escena de Tres versiones de la vida, en tanto que el texto que alude a dar al espectador tres soluciones distintas sobre esta noche de máscaras, no provee una sorpresa más grande que una infidelidad, que a su vez no prospera en generar el quiebre interior de cada personaje. Si bien ninguno escapa de la disputa y al final de la velada todos salen heridos, lo que se transmite hacia la butaca es débil, anecdótico, no hay una transformación profunda, ni un momento de conmoción.

Desde lo actoral, Joaquín de Orbegoso, el investigador que organiza la cena, al construir un estereotipo del hombre inseguro, sublevado y temeroso, se le torna inverosímil su ruptura hacia un tipo seguro, despojado de su sumisión, que grita y sentencia. Lizet Chávez, su esposa, elabora en principio un personaje sobrio y natural, capaz de dibujar perfectamente la realidad de una madre moderna; sin embargo, luego intenta enfatizar la hipocresía, a partir de risas forzadas y gestos remarcados, lo que la dispersa de lo anterior.

Por otro lado, la dupla conformada por Alfonso Dibós y Sandra Bernasconi muestra claramente una pareja rota, como una bomba de tiempo camuflada entre bromas de mal gusto y sonrisas amenazantes. Dibós alude a su presencia y naturalidad para generar una performance eficaz de un hombre ganador, inspirado y resuelto; Sandra Bernasconi es quien nos regala el momento de mayor derroche, al vociferar desenfrenada su visión del mundo, como mujer minimizada por su esposo, testigo de su infidelidad.

Tres versiones de la vida es una obra que sugiere la ruptura de nuestras máscaras, el desmoronamiento de nuestras relaciones, la fragilidad de nuestro status quo.

Bryan Urrunaga
21 de agosto de 2018

sábado, 18 de agosto de 2018

Crítica: LOS MALCRIADOS


La grandeza del minimalismo

La imaginación de una escritora da vida a oscuros personajes envueltos en una tragedia: la muerte de Clarita; entonces, un detective es convocado para esclarecer el hecho. El escenario: un zoológico que esconde más de una verdad y ¿el culpable? Podría ser cualquiera o todos. Bajo estos argumentos se construye la puesta de Los Malcriados, escrita y dirigida por Natalia Arteman, la cual se presentó en el Teatro Mocha Graña.

Un trabajo originado a partir de la creación colectiva del  grupo teatral argentino Familia Diciembre, cuyos miembros se presentan en Lima por una corta temporada. Un montaje minimalista y tenebroso (la proyección de luces y elementos básicos, como una máquina de escribir, evocaban la época en la que se desarrollaba), en el cual la fuerza interpretativa y el vestuario cobran relevancia desde el primer momento, generando una atracción visual en el espectador.

El elenco lo conformaron Santiago Maurig, Silvia Diforte, Luciana Murdocca, Giovanni Oviedo (actor peruano), Diego Li, Mercedes Fittipaldi, Natalia Arteman y Natalia Páez (quien destacó en su rol de Clarita); ellos formaron un grupo compacto, mostrando destreza en el manejo escénico y la construcción de los personajes, proyectando la voz, siempre en tono alto (una particularidad muy notoria). Además, la sincronización y coordinación entre todos se logró y se mantuvo durante toda la presentación.

Volviendo a la puesta, se plantea como hilo conductor de la historia el llamado “Teatro dentro del Teatro” o Metateatro, en donde los personajes están a merced de La Escritora (interpretada por Natalia Arteman), quien conduce la trama y rompe las escenas constantemente, reflejando en el Detective una especie de otro yo, que interactúa con el resto de personajes. Precisamente, en esta interacción la teatralidad alcanza sus máximos niveles.   

Otro detalle es la clara alusión al Cine Noir o Cine Negro (género cinematográfico que tuvo su auge entre los años cuarenta y cincuenta), el cual representa a una sociedad corrompida y violenta, llegando al fatalismo en su visión más extrema. Los Malcriados supone una construcción escénica que parte de las analogías y metáforas dentro de su narrativa, las mismas que sirven para desvelar temas tan pesados como la corrupción, el poder y las clases sociales; ello, dentro de un contexto familiar.

Una obra que apuesta por la combinación de elementos propios del séptimo arte y los traduce en tiempo real, jugando con la ambigüedad del mundo de los humanos y los animales, teniendo como resultado personajes llevados por sus instintos y, a su vez, controlados por sus emociones. Definitivamente, la recomiendo a quienes no pudieron verla y a quienes puedan repetir, estarán presentándose en La Casa Recurso de Barranco.

Maria Cristina Mory Cárdenas
18 de agosto de 2018

Entrevista: NATALIA ARTEMAN


Directora de “Los Malcriados”

En esta oportunidad, Oficio Crítico conversó con la directora de la obra Los Malcriados, Natalia Arteman (quien también es parte del reparto), acerca de su propuesta. Cabe señalar que este espectáculo es presentado por Familia Diciembre, compañía teatral argentina que está en Lima por una corta temporada.

¿Cómo se origina el proyecto de Los Malcriados?
N.A.: El proyecto tiene dos años, o sea dos años de construcción entre la dramaturgia y los ensayos. La estrenamos hace dos meses en Buenos Aires y esta es nuestra novena función. Como compañía estamos por primera vez en Perú, pero yo ya he estado en Lima haciendo mi espectáculo anterior, que es un unipersonal y a raíz de haber generado contactos y haberme asociado con Giovanni (actor de la puesta), surgió la posibilidad de venir todos a hacer la función en Lima y en Cusco.

Eres la autora y directora del proyecto, además de ser parte del elenco, cuéntanos un poco acerca de esa experiencia.
N.A.: Sí, dramaturga, directora y estoy en escena como el personaje de la Escritora. Al principio, yo no iba a estar en escena cuando comenzamos a ensayar, yo había escrito dos escenas de la obra y sabía de qué se iba a tratar más o menos, pero no tenía toda la historia completa. Entonces les propuse (al elenco) que experimentáramos, que sea una creación colectiva, donde los actores también opinarán sobre lo que creían de sus personajes y de ahí, con los ensayos fui desarrollando la dramaturgia. En un momento, al estar en esta dicotomía en ser dramaturga, mientras estaba dirigiendo, surgió esta idea que era que esté en escena (como la Escritora) y ahí aparece este juego de la meta ficción, en el que mi personaje rompe todo el tiempo, el espacio y se comunica con este personaje (el Detective) de la historia, que es como un alter ego, como un fragmento de ella misma.

Acerca de la trama, encontramos muchas lecturas, ¿Cómo la percibes tú, como autora de la obra?
N.A.: En principio, la idea surge del zoológico, porque da la casualidad que mis dos hermanos trabajaron y fueron cuidadores en zoológicos, entonces yo tenía como muchas historias tétricas de estos zoológicos y, sí sabía que en esta obra quería tocar el tema de la corrupción humana, de lo humano que se corrompe y esta dicotomía entre la animalidad y la humanidad, entonces el contexto era ideal, porque el zoológico se prestaba para esta ocasión. Y hablar también de la aristocracia y del poder, así surgió esta idea donde el zoológico es justamente un centro de la política y de la corrupción absoluta, hay muchas analogías. Luego, apareció esta idea de decir cómo sitúo la historia, esta es la historia, pero cómo la quiero contar y, estéticamente, surgió el tema policial, porque la incógnita está todo el tiempo. Hay un tema familiar también, entonces ahí decidimos que iba a ser como un homenaje al cine negro, entonces, empezamos a buscar imágenes y el vestuario, yo quería que sea una obra que yo la pudiera montar en cualquier escenario, entonces, el vestuario era muy importante para dar la imagen, porque quizás no íbamos a usar tanta escenografía. Es una escenografía bien minimalista, bien simple, y las luces las manejo yo, entonces, así se pensó la propuesta.

Finalmente, Natalia Arteman invita a los lectores de Oficio Crítico a la función que darán este sábado 18 de agosto en La Casa Recurso de Barranco, e invita al público de Cuzco a estar atentos, pues se presentarán allá la siguiente semana. Además, dictarán un taller intensivo este sábado 18 y domingo 19 de agosto, también en Casa Recurso (pueden seguirlos en su página oficial de Facebook como Familia Diciembre, para mayores detalles).

Maria Cristina Mory Cárdenas
18 de agosto de 2018