martes, 21 de agosto de 2018

Crítica: TRES VERSIONES DE LA VIDA


El instinto sobre las formas

Cuando se habla sobre Yasmina Reza es inevitable no pregonar la trascendencia de Arte y Un dios salvaje, la primera como comedia notable donde se desbarata la interminable amistad de tres hombres, quienes debaten frente a un lienzo blanco que ha costado una fortuna; y la segunda, como un encuentro de gente bien que se despoja de sus buenas costumbres y exterioriza sus instintos, tantas veces aislados por lo políticamente correcto. En definitiva, el común denominador de la escritora francesa es el ímpetu por trastocar sus personajes hacia un punto de inflexión, donde la fuerza para guardar la compostura se consume y no les queda más que asir el manojo de nervios al que los ha expuesto Reza.

Roberto Ángeles, quien dirigiese Un dios salvaje en el 2013, conoce bien la voluntad de la dramaturga y emprende hoy Tres versiones de la vida, la historia de un investigador y su esposa que reciben en casa a un científico influyente y su esposa, capaces de ayudarlo con su ascenso. Esta situación dramática confronta nuevamente a los personajes con su máscara social, la hipocresía, las buenas formas, un lugar común de la creadora.

Sin embargo, esta potente matriz sobre la que trabajan Reza y Ángeles se ve desprovista de ingenio y de fuerza en la puesta en escena de Tres versiones de la vida, en tanto que el texto que alude a dar al espectador tres soluciones distintas sobre esta noche de máscaras, no provee una sorpresa más grande que una infidelidad, que a su vez no prospera en generar el quiebre interior de cada personaje. Si bien ninguno escapa de la disputa y al final de la velada todos salen heridos, lo que se transmite hacia la butaca es débil, anecdótico, no hay una transformación profunda, ni un momento de conmoción.

Desde lo actoral, Joaquín de Orbegoso, el investigador que organiza la cena, al construir un estereotipo del hombre inseguro, sublevado y temeroso, se le torna inverosímil su ruptura hacia un tipo seguro, despojado de su sumisión, que grita y sentencia. Lizet Chávez, su esposa, elabora en principio un personaje sobrio y natural, capaz de dibujar perfectamente la realidad de una madre moderna; sin embargo, luego intenta enfatizar la hipocresía, a partir de risas forzadas y gestos remarcados, lo que la dispersa de lo anterior.

Por otro lado, la dupla conformada por Alfonso Dibós y Sandra Bernasconi muestra claramente una pareja rota, como una bomba de tiempo camuflada entre bromas de mal gusto y sonrisas amenazantes. Dibós alude a su presencia y naturalidad para generar una performance eficaz de un hombre ganador, inspirado y resuelto; Sandra Bernasconi es quien nos regala el momento de mayor derroche, al vociferar desenfrenada su visión del mundo, como mujer minimizada por su esposo, testigo de su infidelidad.

Tres versiones de la vida es una obra que sugiere la ruptura de nuestras máscaras, el desmoronamiento de nuestras relaciones, la fragilidad de nuestro status quo.

Bryan Urrunaga
21 de agosto de 2018

No hay comentarios: