domingo, 1 de junio de 2025

Crítica: DES-CONOCIDO


Entre sombras y recuerdos 

Un hombre internado en un hospital psiquiátrico divaga entre lo real y lo imaginario; enfundado en una gabardina militar, nos advierte que se trataría de un soldado del ejército. Entonces se desplaza por el escenario con la utilería móvil unida entre sí (un perchero, una tina y una camilla) como si fuera una comparsa lista para el carnaval. Esta es la primera imagen del unipersonal creado por Julián Vargas, basado en una experiencia que lo llevó a dictar un taller para los pacientes del hospital Víctor Larco Herrera, siendo una oportunidad para vincular sus vivencias como ser humano y actor.

Bajo la dirección de Miguel Rubio Zapata, Des-conocido es la primera producción del Grupo Yuyachkani que se presenta en el Teatro de la Alianza Francesa de Lima. A través de la música, el baile, y el canto, este personaje se confronta con sus recuerdos más felices y aquellos más feroces; así, por momentos entramos en la convención a tal punto de no diferenciar qué es verdad y qué es ficticio. Acompaña a Vargas un muñeco con rasgos muy similares a él, como una suerte de alter ego que protege y tiene un significado en escena. De hecho, cada gesto, cada movimiento y palabra lo tienen, y la entregada interpretación actoral así lo respalda.  

Des-conocido, más allá de una obra teatral, es un retrato vivo de la realidad de la salud mental en nuestra sociedad, que cada vez se fragmenta más. Honesta y profunda en su composición escénica y en su ejecución, nos obliga a cuestionarnos y replantear qué estamos haciendo para no olvidar y abandonar a quienes padecen algún tipo de enfermedad o condición de salud mental.

Maria Cristina Mory Cárdenas

1º de junio de 2025

sábado, 31 de mayo de 2025

Crítica: ESO DE SER AINOKO


Familia

Decir “en lo específico está lo universal” no significa que todas las experiencias humanas sean paralelizables. Lo que sí creo que significa es que el acto de compartir el archivo personal de nuestras memorias, en sus particularidades y sus escamas, nos da la puerta como espectadores al desafío de comprender nuestro propio archivo. Eso de ser ainoko no es un desafío escénico al precepto del espectador, pero sí un momento de apertura desenmascarada de su autor, Miguel Ángel Vallejo Sameshima.

Cuatro intérpretes intercalan la voz de Vallejo Sameshima para contar la historia de su árbol genealógico y los tumultos de una familia peruano-japonesa. Las historias, anécdotas, objetos, canciones y símiles culturales se entremezclan; se enmarca una dinámica en la que siempre hay alguien interactuando con el desordenado entorno. No se trata de un ejercicio meramente auto-nostálgico; el texto y la manera del elenco de contar la historia denota un análisis crítico sobre el propio repertorio, de aquellos elementos de nuestra familia que reconfortan y que duelen, con sus respectivas complicaciones. 

Como buen autor prolífico, Vallejo Sameshima es exhaustivo en su investigación e ingenioso en su estructuración de los textos, cosa que transforma la experiencia en un compartir de relato con el público, aclimatado entre hoja de coca y una botella de chela que va pasando de manos. Como relato en partes y a partir de creación colectiva, comprender el flujo de la historia puede resultar complicado por momentos, no por una disonancia cultura, sino por el evidente reconocimiento de que nuestra historia no tiene un punto final definitivo o con moraleja. 

Ese no es el objetivo de Eso de ser ainoko, sin embargo; y las exploraciones del elenco con los objetos a su alrededor y con sus propias personas se vuelven el elemento que enmarca el viaje, saltando entre diferentes formatos de entender la vida con hasta la intervención del mismo escritor (en puntos naturales donde la voz externa no es suficiente), la elaboración de paralelos con la realidad nacional y mundial a través de un proyector (donde destaca un abierto y correcto paralelo Fujimori-Castillo) y con el propio insumo del elenco.

Es evidente durante el visualizado que las dinámicas de la obra, en su gran mayoría, han surgido de la exploración grupal, del tomar a tres actrices y un actor a transformar los objetos a su alrededor y agruparse a construir a partir del recuerdo colectivo. Con estas cuatro personas destaco el peso que tiene que los intérpretes en un testimonial no sean meramente micrófonos intercambiables de un escritor lejano: por el contrario, Daniela Hudtwalcker, Mitsue Machie, Karen Giuliana y Leonardo Barrantes otorgan sus colores particulares a la puesta, sus intervenciones son identificables en sus diferentes energías y maneras de relacionarse con el espacio, su voz y sus cuerpos. 

Termino en este último punto para destacar nuevamente la universalidad de las familias y las vidas con más de un origen. Mis momentos favoritos en esta dinámica de testimonio son conocer a los intérpretes en su propia relación con su archivo cultural y familiar, situación que me llevó como espectador a examinar mi relación con mi ascendencia. Realizo esta crítica mientras leo a Amin Maalouf, y recalco que la identidad no es una historia sencilla e inamovible, sino una en constante movimiento y reconocimiento de nuestros encuentros. Toda identidad, como bien dice la obra, va más allá del linaje, y el collage en el que culmina Eso de ser ainoko es una honesta apreciación de esto. 

José Miguel Herrera

1º de junio de 2025

Crítica: LA TRIBU


La familia puede ser un refugio en la tormenta, y a veces, la tormenta misma.

Una serie inglesa nos grabó la frase: “La familia puede ser un refugio en la tormenta, y a veces, es la tormenta misma” (Peaky Blinders). Ítalo Cordano llevó esta idea a la comedia y creó una serie alocada de situaciones que hacen que La tribu sea divertida de principio a fin.

En todas las familias hay secretos, pero cuando estos se descubren en el peor momento convierten una celebración en el momento más caótico y no hay armonía posible sino caos. Varios temas del libreto suenan contemporáneos, pero tienen siglos y son parte del conflicto intergeneracional: el padre apegado a las tradiciones no acepta que un hijo suyo sea gay; este llega con su novio y, como cualquier pareja, se dan un beso. Me sorprende oír grititos de horror en la platea. ¿No entramos al siglo XXI hace 25 años? En fin. Si escogieron a este alcalde para Lima es que algunos se sienten en el medioevo.

Pero no es el único hijo que vive frustraciones. Está la hermana solterona y el hijo mayor obligado a trabajar en la empresa del padre. Todos juntos, con sus respectivas parejas, se reúnen para celebrar el cumpleaños de mamá y allí empieza el divertido alboroto. 

Hacer teatro en un gran escenario requiere de experiencia en el manejo de la escena. La tribu fue un éxito en el NOS de la PUCP el año pasado, con un aforo de 600 y ahora en el Peruano Japonés, llena diariamente sus 1000 butacas. También es un reto por la distancia física y el necesario recurso del micrófono. Sin embargo, el buen diseño de la escenografía permite que todos los actores estén en escena en la mayor parte de la obra, alternando la atención o jugando al doble foco. La dirección de Bruno Ascenzo se luce en esta dinámica que no nos permite distraernos de cada secuencia, porque todo se desarrolla vertiginosamente.

La amplia experiencia teatral de Carlos Carlín y Alejandra Guerra hacen que ellos sean las columnas sobre las que se arma esta hilarante historia familiar. Son conocidos los gestos irónicos o iracundos que le da Carlín a sus personajes, pero es menos común ver a una extraordinaria actriz dramática como Guerra, en una comedia y lo hace tan bien que es difícil retirarse del teatro sin recordar varias de sus frases.

Siendo ellos los principales, los demás no están en un nivel menor: Nicolás Galindo, Luciana Arispe, Diego Pérez, Oscar Meza y Alejandro Villagomez asumen con solvencia los papeles. Una especial mención para Jely Reátegui, que brinda a su personaje una frescura desenfadada que resulta cuestionadora de la conducta de los demás.

La obra parece tener dos finales (advertencia de spoiler): el monólogo de frustración del papá Silvano, que reconoce su derrota, baja la cabeza y cuando se extingue la luz, el público aplaude. Pero no. Aún no ha terminado. Falta el final feliz. ¿Para qué? ¿Lo exigen los productores? ¿Es el momento de redención necesario en toda comedia que transita a lo trágico, para que la gente salga con una sonrisa? Cuando se ha mentido mucho, encontrar nuevamente la verdad cuesta demasiado y la única manera de lograrlo es romperlo todo y volver a empezar.

Yo me hubiera quedado con el primer final, dándole a la comedia un mensaje firme y contundente sobre las consecuencias de nuestros actos. Pero sería una herejía para el género. Lo comenté a algunos y nadie estuvo de acuerdo conmigo. En fin, son ilusiones de espectador.

David Cárdenas (Pepedavid)

1º de junio de 2025

Crítica: FELIZ AÑO PASADO y EL PROCESO


Fragmentos de la vida cotidiana sobre el escenario

Con una propuesta innovadora, cuyo objetivo es traer al teatro a espacios donde normalmente uno solo va a comer y conversar, La vida sin sostén Producciones nos trae dos obras de 30 minutos cada una, que se desarrollan en un salón del restaurante La Folie, donde el público no solo asiste a la función, sino que también puede hacerlo mientras cena o toma algo o conversa con su acompañante. La idea es que se genere un ambiente ameno que incite a las personas a acercarse al teatro, que ya no lo vean como algo lejano o un lugar muy serio y frío, quizás, pues genera una atmósfera acogedora que invita a compartir.

La primera obra, Feliz año pasado de la dramaturga Alejandra Sierralta, nos cuenta la historia de Laura, una mujer que desea reconciliarse tanto con ella misma como con su historia. Mediante una serie de flashbacks que fueron posibles sin necesidad de grandes elementos sobre el escenario, solo los efectos de sonido, un buen uso de luces, así como del espacio, y la gran actuación de Antonella Gallart, la historia nos transporta a distintos momentos de la vida de nuestro personaje, algunos tristes, otros cómicos; sucesos cotidianos con los que al público se le hace fácil identificarse, lo cual, combinado al buen ambiente, suma bastante a la puesta. Al final la historia nos deja con un conmovedor mensaje de aprovechar cada pequeño momento de nuestras vidas, pues uno no sabe cuándo será la última vez que vea a alguien o sienta algo.

Por otro lado, la obra El Proceso, del dramaturgo Daniel Goya, es de un corte más del estilo del programa Black Mirror, de hecho, apenas acaba te deja esa sensación. Se nos cuenta la entrevista laboral por la que pasa Alfonso, la cual es poco usual y evidencia lo que uno estaría dispuesto a hacer con tal de obtener un puesto que se anhela, incluso si eso implica perder a personas cercanas. Es una obra que a su manera invita a la reflexión de los propios actos, pero sin llegar a ser moralista o que intente persuadirte de tomar una posición determinada; de hecho, que sea tan abierta es lo que invita al diálogo posterior entre el público.

Ambas piezas teatrales se complementan, en el sentido de que buscan generar cierta reflexión en el público. Que se presenten en un ambiente relajado y de diálogo no implica que estén exentas de ideas que dejen pensando al espectador o que no lo muevan en absoluto; al contrario, son de esas representaciones de las que sales habiendo aprendido algo sin darte cuenta, y es ahí donde reside el encanto de estas obras que, con tan poco y en tan poco tiempo tienen algo importante que decir.

Barbara Rios

31 de mayo de 2025

Crítica: ME VERÁS VOLVER


Tres en uno

Me verás volver es un espectáculo con tres puestas en escena cortas, cada una con su singularidad, no solo por las historias que ponen en escena, sino también por cómo las narran; uno puede emocionarse, llorar o reír con cada una de estas microobras.

Iniciamos con Loop de Airam Galliani, que nos cuenta la historia de una pareja (Claudia Trucíos y Alejandro Mejía) en medio de una crisis. Esta puesta en escena, dirigida por Tábata Fernández Concha, nos regala momentos cautivadores, pues posee una peculiaridad: el desplazamiento constante de los actores por todo el escenario. Esta utilización logra que cada lugar tome un valor particular; cada espacio se convierte en recuerdos, alegrías o melancolías. Sin duda, es una propuesta interesante. En algunos instantes se siente una linealidad; no obstante, es un percance menor, ya que en general la obra está bien planteada.

La noticia de Erick Pfuro es una obra tan nostálgica como interesante, dirigida por Diego La Hoz, acerca de dos hermanos muy distintos entre sí (Flavio Moreno y Francisco Zamora) y un triste pasado en común. Desde el inicio, cada personaje logra invadir el escenario con una energía propia; la trama va escalando en intensidad, generando diferentes sensaciones para quienes la observamos. Sin duda, se deja ver el trabajo bien logrado por parte de los actores, aun cuando en algún momento hay un desborde de energía, pero sin duda una buena puesta en escena.

Inhala, exhala de Nicolás Teté: una pieza que te hace reír de principio a fin, sobre dos trabajadores envueltos en una mentira; sin duda, el dinamismo y la química de los actores (Rocío Montesinos y Rodrigo Delgado, quien también dirige) hacen que esta obra no solo esté llena de momentos muy divertidos, también se logran apreciar la tensión que viven los personajes. En definitiva, un buen trabajo. El dominio del escenario, la voz, el desplazamiento, todo esto hace que la puesta se pueda disfrutar en su totalidad.

En general, Me verás volver es un espectáculo que une estas tres obras, con sencillas escenografía y juego de luces, pero que brillan por las actuaciones, a cargo de actores de gran calidad. Es, sin duda, una propuesta sólida, en la que no solo se comparten tres historias; además, se experimenta un viaje por distintas emociones, desde el amor romántico y apesadumbrado, para luego ir al amor filial, y terminando con una sonrisa. Es, sin duda, un gran espectáculo.

Javier Gutiérrez

31 de mayo de 2025

jueves, 29 de mayo de 2025

Crítica: ECOS DE CRUELDAD y LÍMITES DIFUSOS


Eco y golpe: cuando la violencia toma la palabra

La noche del martes 27 de mayo abrió escena con la microobra Ecos de crueldad, escrita y dirigida por Gerardo Coveñas, y protagonizada por Franco Solís, Julio Sosaya, Edu Cáceres y Owen López. En esta pieza, se nos presenta a cuatro jóvenes; entre ellos, Mateo, quien carga con el resentimiento acumulado tras haber sido víctima de bullying por parte de Percy, Joaquín y Stephano. Movido por ese pasado no resuelto, Mateo planea una venganza que tiñe la obra de una tensión constante. La pregunta que sobrevuela es punzante: ¿qué ocurre cuando las heridas de la infancia no sanan?, ¿cómo se define la justicia cuando el dolor ha hecho metástasis en el tiempo? El desenlace, de tono trágico, busca más que impactar: apunta a provocar reflexión sobre los efectos persistentes del acoso escolar, un tema que, lamentablemente, no pierde vigencia.

La noche continuó con Límites difusos, también escrita y dirigida por Coveñas, esta vez con un elenco numeroso. La obra inicia con una secuencia coreográfica de lucha escénica que destaca por su dinamismo y coordinación, atrapando de inmediato la atención del público. Desde el inicio, se sugiere que nos enfrentamos a una historia marcada por la acción física. La trama gira en torno a Lei, un artista marcial que, tras intervenir en un operativo policial, es reclutado para colaborar con la policía y desmantelar un cartel. A lo largo de la puesta, se repiten secuencias de combate que están bien ejecutadas y coreografiadas con cuidado. La propuesta también incorpora inesperados momentos musicales que, aunque generan cierta extrañeza, añaden una capa lúdica que contrasta con la crudeza de la violencia representada.


Ambas obras, aunque distintas en forma y tono, se entrelazan temáticamente al abordar la violencia: en el caso de Ecos de crueldad, una violencia que se origina en lo íntimo y lo escolar; en Límites difusos, una violencia institucional y estructural, donde el cuerpo se convierte en herramienta de control. Coveñas construye así un díptico donde la fuerza, el dolor y la búsqueda de justicia son los motores narrativos. Quizá lo más interesante de la propuesta sea ese punto de encuentro: el momento en que la violencia deja de ser solo un acto y se vuelve un lenguaje, una respuesta aprendida, un modo de habitar el mundo cuando este se muestra indiferente.

Daniela Ortega

29 de mayo de 2025

sábado, 24 de mayo de 2025

Crítica: EN LA OSCURA PROFUNDIDAD DEL MAR


El cielo/infierno son las otras personas

En la oscura profundidad del mar acierta al elegir la Casa Bulbo como lugar de representación. Marcando el ambiente desde el primer momento, tu entrada viene acompañada de un cóctel, y al entrar a la sala se te invita a unirte a la fiesta estilo rave en la que se encuentran los actores. Con mi público en particular fuimos bien tímidos, solo yo y quizás un par de personas nos movimos sentados al ritmo de la música. Esa barrera que separa intérpretes y público todavía es a veces muy rígida, incluso en una experiencia inmersiva, pero quizás por eso es la destrucción del tabú el punto constante que rodea esta obra.

Mateo (Jorge Bardales) y Miguel (Anibal Lozano) son el núcleo emocional de la obra, dos hombres en contextos y momentos de la vida distintos. El romance y conflicto entre los dos es llevado por las interpretaciones y la escritura con los matices correctos para evitar generar sobre ellos un juicio imperante: su situación es la que es, dependiente, escapista, y con una balanza de poder que va cambiando con el ritmo y las posiciones de los cuerpos en el espacio.

El poder que tienen el uno sobre el otro, sea por su edad, ambiente o nivel socioeconómico, es bien comunicado tanto a través de esta dinámica de cuerpos, delimitados en espacios que varían entre fiestas, salidas y la sala de Mateo. Los biombos translúcidos, los tragos y bolsitas cambiando de mano, la plataforma sobre la que se performa el amor entre los dos, todo está diseñado muy acorde al espacio específico de Casa Bulbo y se convierte en una experiencia alucinógena gracias a los sonidos y las luces, con paredes que se trasladan entre escenarios provenientes de la droga, de las constelaciones y del Callao. Es un lenguaje visual rico y diseñado para adentrarnos en el mismo mareo autoinducido de sus protagonistas.

En mitades de la obra, Mateo parece transformarse en el avatar del mismo Jaime Nieto, el director y dramaturgo, para explicarnos la línea entre la realidad y la ficción, la vida y el teatro. Son intervenciones que se sienten tan alucinógenas como el resto de la obra por lo inesperado de los dos momentos, y me pregunto si surgieron de la necesidad de Nieto de ayudar de la mano al público, sacarlo un momento del caos de las dependencias y recordarle que está viendo una situación/relación basada en la realidad. Si el recurso se debió utilizar en mayor o menor cantidad no estoy seguro, pero creo que es testamento de la experiencia de otro mundo de En la oscura profundidad del mar. Siento un poco de impotencia de no saber si el alcance de la experiencia inmersiva pudo aún ser alcanzado, si sería posible incluso desafiar más al espectador a volverse parte de la fiesta, quitarle la silla y el espacio seguro en el que puede apartar la mirada. Pero también es cierto que la experiencia humana, tal como la de la obra, puede meternos tan adentro del escape de la ficción que no volveríamos a ver la luz del sol.

José Miguel Herrera

24 de mayo de 2025  

 


miércoles, 21 de mayo de 2025

Crítica: OBRAS CORTAS EN BARRANCO


Teatro independiente en espacios no convencionales

Paso de Gato Teatro presenta en Lima una temporada innovadora titulada Obras Cortas en Barranco, donde el público disfruta de tres microobras en un mismo evento. El equipo de Oficio Crítico asistió a las funciones realizadas en el restaurante La Residencia, ubicado en Sáenz Peña 107, Barranco. La propuesta no solo ofreció teatro independiente de calidad, sino también una experiencia cercana e inmersiva, en un ambiente acogedor acompañado de diversión y gastronomía.

La noche comenzó con La Princesa Gominola, escrita por Helen Hesse y dirigida por Milagros López Arias, quien también actúa en la obra. El relato gira en torno al regreso de Alejandra (López Arias) al Perú tras varios años de ausencia, para recuperar a su hijo Santi (Sergio Velasco), que quedó al cuidado de sus abuelos. Lo que parecía una simple cena familiar se transforma en una intensa confrontación cargada de recuerdos y emociones. La escenografía, de corte realista, apoya eficazmente la verosimilitud de la historia. El elenco, conformado por Pilar Delgado, López Arias y Velasco, ofrece actuaciones sólidas y conmovedoras, logrando una conexión sostenida con el público.

Tras una breve pausa, los espectadores fueron invitados a recorrer las instalaciones antes de pasar a la segunda obra: ¿Soñar o no soñar?, escrita por Álvaro Moreno y dirigida por Gian Marco Valle. En esta pieza, dos actrices frustradas intentan representar una obra que parece estar al borde del colapso constantemente. La propuesta mezcla humor, caos y crítica al medio teatral, en una dinámica constante entre la ficción y la realidad. Alana la Madrid y Briscila Degregori sostienen el ritmo escénico con química y precisión, brindando una experiencia divertida y reflexiva.

La tercera propuesta, La lógica del escorpión, se desarrolla en dos ambientes del local. Comienza con un monólogo de la artista Sandra (Katia Salazar), que nos introduce a los conflictos personales y afectivos de la protagonista. Luego, el público es trasladado a otro espacio, donde se revela la compleja relación entre Sandra y su amiga, Raquel (Marisa Minetti). La escenografía realista, la iluminación contrastada y un vestuario simbólico en negro y rojo aportan fuerza estética a la obra, que explora temas de pasión, secretos y vínculos frágiles. Las actuaciones destacan por su intensidad y claridad dramática, a pesar de las posibles distracciones del entorno escénico no convencional, el trabajo de las intérpretes nos mantiene atentos a los eventos de la historia.

Obras Cortas en Barranco es una muestra del potencial del teatro independiente limeño. Combina nuevas formas de interacción con el público y demuestra que la creatividad escénica puede florecer más allá de los espacios escénicos convencionales. Una propuesta fresca, cercana y artística que merece ser vista.

Rubén Aquije

21 de mayo de 2025

Crítica: LA ESTÚPIDA ESCOPETA


“Entre broma y broma la verdad se asoma.”

Esta obra, tras ser presentada en varios países, llega a nosotros en el Nuevo Teatro Julieta, en un formato que se nos ofrece una propuesta cómica y con música en vivo, que resultan refrescantes y entretenidas para el espectador. Aún en ello, se introducen reflexiones más profundas, especialmente sobre los vínculos entre padres e hijos, además de aquellos que se construyen en medio de una sociedad constantemente cambiante. Quizá lo más resaltante sean las actuaciones, donde contamos con Gian Loli, Ethel Requejo, Miguel Soriano y Luis Miguel Yovera, cada uno conectando a su manera con el público a través de las risas y exageración de ciertas situaciones que son bastante cotidianas para todos, incluso un tema tan delicado como la depresión es tratado desde el lado cómico, pero sin faltarle el respeto, por el contrario, logra generar cierta empatía.

Los cuatro personajes cuentan con características que probablemente tengan un lugar en el imaginario de todos: los padres desinteresados, el hijo apesadumbrado y un juez tal vez muy accesible. Aunque encarnan arquetipos bien definidos, llama la atención la personalidad que agrega cada actor en su representación, como ya se mencionó. En particular, consideramos que es en los personajes de los padres donde se muestra esta mayor dimensión, pues además son quienes, en apariencia, daban la impresión de ser más superficiales. A la par, cabe resaltar la interpretación musical de Ger Vergara, quien toca guitarra, percusión y también canta. Su intervención intensifica tanto los momentos más graciosos, como aquellos tensos y algunos otros, sensibles.

Dado todo lo anterior, la obra es ideal para quienes deseen relajarse y pasar un rato divertido. La dinámica es muy lúdica, en tanto asistimos a una especie de talk show, donde los espectadores somos también parte del jurado. Buscamos al culpable de un asesinato, pero en medio de la investigación vamos descubriendo abrumadores secretos y dolorosas verdades. Así, la participación del público se mantiene jugando con los personajes, entre peleas maritales, discusiones entre los padres y su hijo, guiños a la escena política y la realidad nacional. Ambos últimos puntos resultan los planteados más inteligentemente, por lo que nos encontramos frente a una sátira sobre las autoridades, los valores morales y el poder. En ese sentido, independientemente del país en que se presente, es evidente que los temas representados son muy actuales, pero resultan precisos dada la situación del Perú. Por eso, entre las bromas y risas, tenemos reflexiones que se introducen por medio del humor y lo absurdo.

Barbara Rios

21 de mayo de 2025

Crítica: SOLTERA, CASADA, VIUDA Y DIVORCIADA


Risa, sátira y complicidad: la obra que rompe el silencio femenino

El pasado miércoles, el equipo de Oficio Crítico asistió a la presentación de Soltera, casada, viuda y divorciada, dirigida por Milagros Morales. La obra, escrita por el dramaturgo argentino Román Sarmentero, propone una puesta en escena atrevida, cargada de humor y crítica social, donde se abordan las vivencias de cuatro mujeres. 

La dirección de Milagros Morales apuesta por una narrativa no lineal, tipo stand-up, en la que cada personaje —soltera, casada, viuda y divorciada— representa una voz única que, a su vez, se entrelaza con las otras. Desde el inicio, la obra rompe la cuarta pared: las actrices interactúan directamente con el público, anunciando la convención teatral que veremos, la cual no sigue una estructura convencional. Esta fórmula logra una fuerte conexión gracias a la sinergia entre dirección y elenco.

La historia gira en torno a lo que las mujeres callan: desde lo erótico hasta lo socialmente silenciado. Abordan los temas con sátira, cruda y burlesca, lo cual permite hablar de temas complejos con humor picante y desenfadado, generando incomodidad reflexiva en el espectador. Lejos de ser solo entretenimiento, la obra se convierte en una denuncia ácida contra una sociedad conservadora que invisibiliza las necesidades femeninas.

El elenco, compuesto por cuatro talentosas actrices, sostiene con fuerza el ritmo dramático. Su capacidad para alternar entre monólogos íntimos y diálogos dinámicos da cuerpo a una ficción que se mueve con agilidad. Incluso en momentos donde elementos técnicos no respondieron, las intérpretes supieron adaptarse y aprovecharlo para potenciar la comicidad. Su entrega en escena es destacable por su escucha, claridad, interacción constante y conexión con el público.

La escenografía minimalista se basa en un espacio casi vacío, donde la utilería sugiere entornos y situaciones concretos. Esto permite que la acción actoral cobre protagonismo. La iluminación complementa con precisión las escenas clave: monólogos y momentos íntimos. Ayuda a situar emocional y espacialmente a los personajes.

El vestuario también juega un papel narrativo: cada personaje cuenta con una paleta de colores que refuerza su identidad. La viuda viste en rojo y negro; la casada, en verde y blanco con flores; la divorciada, de azul; y la soltera, en tonos grises y negros. Estas elecciones reflejan tanto el carácter como la temporalidad de cada mujer, aportando coherencia a la construcción escénica. El sonido cumple su función al ambientar y dar dinamismo a las escenas. Lo más importante es que, pese a cualquier dificultad, la obra mantiene su efecto: entretener, provocar y reflexionar. 

Soltera, casada, viuda y divorciada es una comedia hilarante que invita a la reflexión. Desvergonzada, crítica y profundamente humana, ofrece al espectador una experiencia catártica a través de la risa y la verdad sin filtros. En escena: Cecilia Tosso, Susan León, Titi Plaza, Karla Medina, Alexander Ugalde y Juanma Chirinos.

Rubén Aquije

21 de mayo de 2025