domingo, 13 de octubre de 2024

Crítica: EL DOLOR POR TU AUSENCIA


De la soledad, solos o acompañados

Escrita y dirigida por el dramaturgo peruano Jaime Nieto, la historia se ubica en Nueva York y nos trae a la mente personajes de películas, novelas o musicales que hemos podido ver también en la Gran Manzana. Si bien ajenas a la realidad peruana, las historias pueden ser transversales a la condición humana, sin importar donde estén ubicadas. Nos hablan de la soledad, de esa que se vive estando solo, pero también acompañado.

Nieto nos presenta tres historias, que durante la obra se van entrelazando y poco a poco se nos van revelando esos hilos conductores entre las tres. Vemos a personajes solitarios que evitan perder lo más importante que tienen, aun cuando esto pueda implicar perderse a ellos mismos. Una propuesta acertada resulta ser la declamación de las acotaciones en escena, aunque esto suponga, eventualmente, algunos giros de comedia.

Es un montaje bastante sobrio, se reflejan las oscuridades de los personajes, pero se denota que aún están en proceso de encontrar su identidad y fuerza, donde el espectador pueda ver las capas más profundas del dolor que atraviesan por aferrarse a eso que parece mantenerlos vivos, con muchas o pocas ganas de vivir. Lo más interesante de la puesta es el texto, pero aún le falta al montaje un desarrollo más profundo de los personajes para conseguir una propuesta más lograda.

Alejandra Sierralta

13 de octubre de 2024

viernes, 11 de octubre de 2024

Crítica: HASTA LAS PATAS


Dramático accidente de la vida real en clave de comedia

Paco Varela, uno de nuestros artistas más completos y en permanente actividad, tuvo la desgracia de sufrir un terrible accidente durante los últimos ensayos de una obra musical. La falta de visibilidad de los bordes del escenario, que de manera negligente no fueron pintados adecuadamente, motivó la aparatosa caída que le costó a Varela una fractura en su brazo. Su profesionalismo lo llevó a cumplir con las funciones posteriores, pero ante la ausencia de un seguro de salud pertinente, él tuvo que atenderse y operarse en un hospital público. Este terrible acontecimiento, que obviamente trastoca todas las actividades del afectado, le ha servido sorprendentemente a Varela para inspirarse y sacar de la manga una amable comedia, basada en el mencionado accidente, llamada Hasta las patas, presentada en el Centro Cultural CAFAE.

Como ya lo hicieran otras puestas como Siguiente (2019) de Patricia Denegri o La pacientita Nº4 (2019) de Sara Paredes Mansilla, que denunciaban los condenables atropellos del personal que labora en los hospitales de nuestro país, Varela también se suma a la tarea de poner en escena las deficiencias de nuestro sistema de salud prácticamente colapsado; sin embargo, presenta (inesperadamente) a un personal sumamente empático y profesional, integrado por una doctora y dos enfermeros, interpretados sin tacha por Caroll Chiara, Andréa Felix y Tame Dávila, respectivamente. Por su parte, el protagonista (un solvente André Moyo), alter ego de Varela, un conocido actor acosado por fanáticos y prensa, reniega al ser atendido en este centro de salud, pero más bien debido a los variopintos pacientes que comparten habitación con él, cada uno con sus singulares características; en ese sentido, y evitando por los pelos la gruesa caricatura, los actores Katherina Sánchez, Paola Vera, Kike Causso Bogani y Betto Gómez cumplen con entregar creíbles personajes.

La puesta en escena, con escenografía verosímil y funcional, adolece de cierta falta de ritmo y se torna discursiva por momentos. Narrada en orden cronológico, desde la llegada del protagonista al hospital hasta los momentos previos antes de su operación, esta sí que contiene varias secuencias entretenidas, algunas cómicas y otras dramáticas, en las que se aprecia el cambio de mentalidad del actor accidentado con respecto a la loable labor del personal del nosocomio que le tocó. Presentada por La X Productora, Varela se toma la legítima licencia de agregarle una alta dosis de ingenuidad y buena suerte a su propuesta escénica y así consigue que Hasta las patas, basada en su dramático accidente de la vida real, se convierta en una simpática comedia que nos hace ver que no todo está perdido en nuestro nefasto sistema de salud.

Sergio Velarde

11 de octubre de 2024

martes, 8 de octubre de 2024

Estreno: ULTRAMAR


Un acercamiento al universo de Jorge Eduardo Eielson

Ultramar, inspirada en la obra poética y plástica de Jorge Eduardo Eielson, es una experiencia escénica, de danza, música y teatro que sumerge al espectador en el mundo del autor. Eielson, conocido por su experimentación con el lenguaje, encuentra en esta obra un eco visual y físico que resuena con su búsqueda artística. Así, la puesta en escena, dirigida por Claudia del Águila y con las interpretaciones de Dionarah del Carmen Herrera, Naysha Meneses y Marco Miguel Ravines, es una exploración profunda del cuerpo y la transformación.

La puesta en escena se despliega como un collage de la obra de Eilson donde el cuerpo humano es el protagonista en escena. Los actores, más que interpretar personajes, encarnan emociones, texturas y paisajes interiores para traer a escena distintos aspectos de la obra del artista.

El diseño escenográfico es minimalista, lo que permite que el espacio sea moldeado por los cuerpos en movimiento quienes usan diferentes recursos y elementos en escena. Las coreografías son fluidas, con cuerpos líquidos que reflejan un mundo en constante movimiento y cambio. Al igual que en la obra de Eilson, son las telas el principal elemento que danza junto a los intérpretes, se estiran y contraen creando figuras para representar los complejos nudos presentes en las obras de Eilson, quien a su vez rememora a los quipus precolombinos para darles una nueva simbología, tal como la unión entre el futuro y el pasado, la tensión y la complejidad de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, y la complejidad del ser humano en sí mismo. Así, muchos momentos de la propuesta evocan directamente a pasajes de la obra de Eilson, como la obra El Cuerpo de Giulia-no y parten de los poemas de Eilson como albergo del sole I.

Por otro lado, en la propuesta escénica utilizan proyecciones que ayudan a crear atmósferas que oscilan entre lo etéreo y lo oscuro, que junto a la música refuerza la sensación de inmersión en un mundo que se mueve entre lo tangible y lo intangible. Sin embargo, a pesar de la fuerza visual y poética de la obra, en ciertos momentos se puede sentir una desconexión emocional. La abstracción, aunque potente, puede volverse densa y difícil de entender para quienes no estén familiarizados con la obra de Eielson, sumado a que por momentos no hay una ilación clara entre las diferentes escenas.

No cabe duda de que Ultramar es una propuesta audaz y experimental, que invita a los espectadores a embarcarse en un viaje introspectivo que conmemora la vida y arte de Jorge Eduardo Eilson, que en su lenguaje único resulta potente y una experiencia inmersiva para el espectador.

Alexandra Valdivieso Chudán

8 de octubre de 2024

miércoles, 2 de octubre de 2024

Crítica: QUÉ DIFÍCIL ES HABLAR DE AMOR


La vigencia del debate sobre el amor y otros menesteres

Es gratificante para mí, como colaboradora de Oficio Crítico, ver que cada vez más dramaturgos peruanos apuestan por poner en escena sus más recientes creaciones. Cada vez más temporadas de autores nacionales y de mi generación están inspirando al público peruano, escenificando temas y vicisitudes tan vigentes en estos días. Recientemente tuve la oportunidad de ver una obra corta del dramaturgo Carlo Mario Pacheco titulada Qué difícil es hablar de amor. La temporada tuvo lugar en Teatro del Juego, un espacio acogedor en el corazón de Lince. Dos amigos, interpretados por los actores Rodrigo Delgado y Santiago Torres, personifican una discusión en la que debaten dos perspectivas diferentes sobre el amor.

Una estación de buses se convierte en el escenario perfecto de este encuentro. La conversación surge naturalmente, denotando un vínculo muy fuerte entre los personajes. La confianza entre los amigos provocó una atmósfera íntima, en la que el espectador era un cómplice silencioso en cada tema de conversación. La interpretación de Delgado y Torres estuvo llena de detalles, apoyado de un nivel de concentración actoral preciso para las necesidades de la obra. El texto de Pacheco logró unir tangencialmente temas muy complejos y a la vez cotidianos, lo cual permitió una apropiación natural de este por parte de los actores. En consecuencia, esta obra resultó un producto escénico interesante, de alta calidad, preciso y vigente.

Considero necesario que una obra de teatro cuestione y discuta temas vigentes, sin la necesidad de imponer una conclusión. Al contrario, la vigencia de un producto escénico se ve en la profundidad de preguntas que pueda llevarse el público espectador. El hablar de las emociones humanas y nuestra relación crea una conexión inmediata con la audiencia. La conversación de este par de amigos, aunque parezcan no estar de acuerdo, terminan demostrando que cada opinión e ideal resulta teniendo aspectos en común. Este montaje nos lleva a cuestionar esos aspectos grises de las relaciones, y de las consecuencias de la toma de decisiones desde el impulso o desde la racionalidad. Estoy segura de que todos, incluso sin haber visto la obra, habremos tenido muchas veces conversaciones donde debatimos, en confianza, estas contradicciones que nos acompañan día a día. Evidentemente, estos son solo algunos de los tantos aspectos que podríamos tocar con relación a ese tema pues, finalmente, qué difícil resulta hablar de amor.

Stefany Olivos

2 de octubre de 2024

lunes, 30 de septiembre de 2024

Crítica: PEDRO NAVAJA: EL MUSICAL


Un puñal más afilado

Antes de cualquier comentario en esta crítica, aplaudo la ambiciosa idea de hacer una obra de teatro a partir de una de las canciones más conocidas del maestro Rubén Blades. La idea, investigada de buena manera para tener presente todo su contexto, resulta ingeniosa y llamativa. Lamentablemente, el espectáculo no termina de sopesar varias carencias argumentales y actorales que hacen sentir a Pedro Navaja: El musical como una experiencia incompleta.

Lo que el montaje sabe aprovechar y cuidar enormemente es el factor “espectacular” de la propuesta. Desde el momento que entramos al Salón Changó, vemos una calidad de producción efectiva e inmersiva. El Teatro Municipal fue la decisión más acertada para hacer sentir al espectador como parte del club y del espectáculo. Esto se complementa a su vez con un trabajo en las coreografías muy bien logrado, que captura esta sensación de club nocturno a la vez que permite a sus bailarines jugar y dar frescura.

El problema viene cuando la historia y el código actoral no terminan de darles vida a este club y a sus habitantes. Gabriel Gil hace un buen trabajo construyendo al famoso criminal, pero no se siente en la misma energía o código que el resto del elenco. Por su parte, Ximena Palomino crea una buena Josefina misteriosa, pero no muestra un rango de emociones que le saque provecho a su personaje. El resto del elenco tiene sus momentos (destacable la energía de Alphie Pagano), pero la propuesta de la obra no les da suficientes momentos para desarrollar sus historias más allá del cliché: me hubiera gustado, por ejemplo, ver una conclusión sólida para Trompeta. El personaje de Jhulio Eskén es el que más se acerca a este desarrollo, pero solo terminamos de ver este cerca del final. En general, la historia entre Pedro y Josefina pudo haberse desarrollado mejor, con un arco un poco más claro para el primero, quien acaba sintiéndose un poco estático. Quizás las espectaculares canciones se pudieron haber aprovechado también para entender el mundo interior de los personajes y sus viajes, y que así el final de Pedro Navaja, baleado pero aún parado, se sienta como un mensaje más claro.

Pedro Navaja: El musical sabe balancear su espectáculo de manera que sus tres horas no se sientan excesivas (si bien el tiempo que tienen las estrellas invitadas es lo que más contribuye a esta duración). Quizás, en un futuro, la obra se beneficiaría de aprovechar ese tiempo para desarrollar una historia más única, atrapante y completa, sobre todo para una figura latina tan legendaria como la de Pedro “Navaja” Barrios. Ojalá esta vida nos dé la sorpresa.

José Miguel Herrera

30 de setiembre de 2024

domingo, 29 de septiembre de 2024

Crítica: UNA COMEDIA MACABRA: EL MUSICAL


¿Comedia o musical?

Una comedia macabra: El musical es una obra que arranca muy bien, alta en energía, pero que se va desdibujando a medida que avanza. La música le da potencia a un texto cuyo argumento presenta algunos vacíos y por momentos, no sostiene el interés de lo que ocurre. Contiene tramas que se vinculan con la historia principal, pero no se da el desarrollo necesario, ni se realza los hechos esenciales para que cale en el público. La historia principal, la de una venganza por una infidelidad, intenta vincularse con la segunda trama, de una bruja joven que busca desenvolver su profesión mágica.  Ambas historias tienen un desarrollo, pero el vínculo de ambas no es sólido para entender los cambios emocionales y la relevancia que puede tener una historia con la otra para, finalmente, hacerla una sola.

Por el lado de las actuaciones, vale la pena destacar a Fabiana Valcárcel y Adriana Campos Salazar. Ambas han sabido identificar las características y motivaciones de sus personajes, además de desplegar una buena calidad vocal e interpretativa. Hay un desarrollo en ambas más amplio en lo que respecta a la idea del musical. Distinto es el acercamiento de Gia Rosalino, más avocado a la comedia, su construcción no es mala, pero se queda en lo externo, no se ve de dónde viene ese deseo de venganza más allá de lo que dicta el libreto. Feffo Neyra trabaja en lo suyo, el despliegue musical, y salvo la vocalización, sabe transmitir las canciones y añade su cuota cómica que por momentos también se vuelve esperada; la historia redunda en la misma idea y no avanza cuando debería avanzar, bien podría durar menos.

Al final la obra se convierte en un montaje con buenos elementos, pero que no se unifican. Hay potencial para ser una gran obra, falta más desarrollo, quitar redundancias, además de plantearse si pueden abarcar o no tantas aristas.

Omar Peralta

29 de setiembre de 2024

Crítica: ¿QUIERES ESTAR CONMIGO?


Una adaptación a la actualidad

La conocida obra ¿Quieres estar conmigo? de Roberto Ángeles y Augusto Cabada regresa adaptada a la actualidad, bajo la dirección de Tania López y la actuación de un joven y talentoso elenco conformado por Gabriel Poémape, Briana Campos, Alfredo Motta, Edu Albarracín, Joel Calderón, Lucía Mayorga, Santiago Torres, Ana Paula Galvez y Paola Carbo.

La adaptación de la obra, a cargo de Mikhail Page, se sitúa en una Lima actual en el periodo del 2014 al 2024. La obra inicia en los últimos años de secundaria de un grupo de amigos a quienes acompañaremos durante diferentes hitos de su vida en un periodo de diez años. Así, los vemos crecer, enfrentar el amor y el desamor, la vida universitaria, la amistad y las peleas, la vida profesional, las despedidas, los retos y crisis que enfrenta la juventud en el Perú actual, marcado por la inestabilidad política, las protestas sociales y las secuelas de la pandemia.

Si bien el texto original parte de una premisa que ofrece un terreno fértil para explorar las complejidades de una generación atrapada entre la inocencia y el idealismo y la realidad, esta adaptación se queda en la superficie de estos conflictos. A lo largo de la historia, las vidas de los personajes se ven atravesadas por grandes eventos del país —desde la renuncia de presidentes hasta las protestas del 2020- pero estos sucesos, lejos de ser analizados con profundidad, son tratados de forma superficial, perdiendo la oportunidad de traer al teatro peruano narrativas más actuales. De esta manera, el texto pierde importancia y queda a medio camino entre el drama juvenil y la crítica social, sin desarrollar adecuadamente ninguno de los dos aspectos.

Un punto a favor, presente en la dramaturgia original, es que la estructura de la obra avanza rápidamente entre los años, presentando tres grandes saltos temporales que plantean las tramas de los personajes y sus transformaciones. Vemos cómo estos jóvenes pasan de ser adolescentes recién salidos del colegio (2014) a jóvenes llenos de ideales (2020) y finalmente a adultos más maduros con nostalgia de su juventud (2024).

En cuanto a la dirección, en relación con la propuesta escénica en el teatro, no logró la apropiación del espacio. La puesta en escena minimalista no contribuye a que los actores y actrices adquieran relevancia en el espacio, ya que las secuencias transcurren mayormente en los extremos del teatro o en la parte posterior perdiendo presencia en el escenario. Asimismo, no hay una propuesta clara en las transiciones entre las diferentes épocas, de manera que no logra evocar la sensación de paso del tiempo ni contextualizar los hitos relevantes del país.

Por otro lado, destaco las actuaciones del elenco, actores y actrices jóvenes que representan una nueva generación para el teatro y que logran sostener una obra larga con energía y autenticidad, consiguiendo momentos de conexión y resonancia emocional. Además, son ellos los que logran a través de su actuación mostrarnos la evolución de sus personajes y evidenciar el paso del tiempo.

A pesar de las buenas actuaciones y una premisa interesante, la adaptación no logra dar el peso necesario a los temas que aborda, dejando al espectador con la sensación de que, en un contexto lleno de conflictos como el actual, se perdió la oportunidad de ahondar en una narrativa contemporánea.

Alexandra Valdivieso Chudán

29 de setiembre de 2024

sábado, 28 de septiembre de 2024

Crítica: ¡AY! ¿QUÉ SERÁ DE MÍ?


Entre polvos pica pica

Algo en el ADN de los Hombres G debe haber codificado en su música un sentimiento de nostalgia por el pasado, por los sueños y locuras juveniles. Diego Lombardi no es ajeno a esto, y con ¡Ay! ¿Qué será de mí?, este aspecto nostálgico toma un primer plano. Una muy buena química entre los actores y la sensación de diversión con su historia sostiene este musical hasta la meta, aun con algunos procesos apresurados.

La música en vivo es incorporada de una manera muy lúdica y desnuda hacia el espectador. Me preocupó un poco, al inicio, comprender la convención en la que los cuatro músicos se encuentran en el escenario, pero rápidamente su presencia se vuelve más comprensible y logra aportar buenas dosis de comedia sin restarle peso a las escenas más dramáticas. Los momentos musicales, en general, están muy bien cuidados: las canciones fluyen y entretienen tanto en un aspecto técnico como visual y temático. Los Hombres G tienen letras bastante juguetonas y tanto la dirección, los músicos y la buena disposición de los actores comparten este juego con el público, si bien algunas se sienten un poco forzadas dentro de la trama (algo con lo que la obra también hace juego: apenas se menciona al personaje de Marta, ya todos sabemos qué canción va a estar).

Los personajes que dan mayor eje a la obra son, probablemente, los de Marco Zunino y Miguel Álvarez. Es el viaje de Zunino el que enmarca la obra, y Álvarez logra hacer un antagonista pulcro y muy claro. Quizás, eso sí, el auge del conflicto entre todos los personajes pudo construirse con una mayor profundidad. Hay muchos agravantes en la situación: la muerte del padre, la violencia, la revelación de grandes secretos. Se hace una buena construcción hacia el estallido, pero este aun se siente algo súbito.

Lo que atraviesa la obra de manera sumamente profunda es la nostalgia. Sí, los Hombres G la causan sin piedad, pero Lombardi parece haberlos escogido a propósito para hablar más a profundidad del sentimiento de juventud que, a veces, sentimos se ha ido por completo ante la crueldad del mundo. Nicolás Galindo y Tati Alcántara, sidekick e interés amoroso de la obra respectivamente, muestran también esto en sus propios viajes, que dan atinadamente este sentir de leitmotif a la obra.

 ¡Ay! ¿Qué será de mí?, con un título que pareciera pesimista, es una divertida obra que curiosamente nos hace ver estas canciones, no como un tiempo pasado, sino como un optimista recordatorio de que nunca es tarde para volver al camino que realmente soñamos. Simbólicamente, la obra empieza y termina con un montaje de fotos, que nos hace pasar del Photoshop a lo auténtico.

José Miguel Herrera

28 de setiembre de 2024

Crítica: HASTA LAS PATAS


La comedia en los personajes, el drama en la obra

Hasta las patas es una obra que expresa con gran detalle las desventuras y padecimientos de un actor dentro de la habitación de un hospital, previo a una operación. Esgrime claramente una postura respecto a un sistema de salud deplorable y propone de manera dramática, aunque por momentos cómica, una lección de vida. Con carácter aleccionador, esta obra brinda ciertas reflexiones gracias a un grupo de actores que han logrado expresar a sus personajes a través del compromiso máximo que se puede tener para un papel. Si algo hay que observar con mayor detenimiento, son las limitaciones en cuanto al texto y la dirección, pues no ayudan a explotar el entero potencial de la obra, y tampoco de sus actores.

Si bien la obra se vende como una comedia, muestra con mayor énfasis las cargas dramáticas del personaje principal, su sufrimiento a raíz de su accidente, cortes reflexivos con música e iluminación acorde a ello, por lo que el sentido de comedia pasaba a un segundo plano.

Lo personajes, por otro lado, sí marcaban un sentido de comedia por medio de arquetipos, gestualidades grandes, y reaccionen o expresiones llevadas a ciertos extremos. Cada actor expresando con gran particularidad a cada personaje, dándoles características muy humanas y divertidas de ver. En ese sentido, sí hubo una buena dirección de actores en lo que respecta a la construcción de los personajes, y un trabajo minucioso para poder darle las particularidades necesarias a cada uno, pero también para que sean capaces de relacionarse entre sí y construir las escenas de la obra. Los momentos más significativos de la obra se dieron precisamente gracias al sentido de unidad que expresaban los personajes, respecto a la situación en la que se encontraban.

Ese mismo enfoque fue el ausente en la construcción de escenas, faltó ritmo, saber aprovechar la energía de ciertos momentos, no alargar los discursos, y ser más concisos en cuanto a las reflexiones. Daba la sensación de que se intentó recrear un momento exacto de la vida misma, y eso en escena es imposible, y corre el riesgo de hacer un producto tedioso. La reflexión se anticipó a la expresión de la vida de estas personas. Al final, la obra se puede vender como una comedia gracias al trabajo en la construcción de los personajes, pero cala más el sentido de drama. No haberse anticipado a la reflexión (sabemos desde un inicio que el personaje principal partirá de una idea para llegar a otra) hubiera ayudado, quizás, a romper un poco con los esquemas que presenta la obra, y hacerla un producto más fresco, en efecto, más cómico.

Omar Peralta

28 de setiembre de 2024

jueves, 26 de septiembre de 2024

Crítica: EL EFECTO PROUST


Promesa fallida

Uno de los temas más recurrentes por los artistas de todos los tiempos ha sido el amor. Este sentimiento, que es eminentemente humano y se encuentra presente en una gran cantidad de escritos literarios, ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de inspiración artística para los creadores.

Así, pues, no es de extrañar que basado en este sentimiento, Daniel Cano escriba y dirija la obra de teatro El Efecto Proust. Esta se desarrolla en un bar de Madrid, donde Matías, un amante de las letras, busca a Romina, su antigua pareja, con el fin de hacer cumplir su último pacto, el cual hiciera antes de que ella se fuera del Perú y recordar la intensa pasión que compartieron hace mucho tiempo. No obstante, han transcurrido diez años y la vida de Romina ha experimentado cambios. Para poder lograr su objetivo, Matías utilizará los recuerdos, las sensaciones y la memoria que se almacenan en sus sentidos. Fuerza, pasión, amor, verdad se instalan en la discusión central de la obra, un conflicto que se articula precisamente en torno a los cambios de la vida de Romina y al amor que le profesa Matías. 

Las actuaciones de esta obra son un gran acierto. Todas ellas están a un buen nivel. El profesionalismo de los actores y su trabajo dan sustento a la propuesta; ellos logran mantener las escenas, el conflicto y las necesidades de la acción dramática a la que se juega la obra. Valentina Saba, con su trabajo sólido y bien sostenido, realza a su personaje dotándolo de una interpretación llena de verdad. Diego Salinas dice sus textos con matices, valorando las palabras y dotándolas de significación, con una fuerza interpretativa que lo lleva a transmitir todas las etapas por las que atraviesa su personaje. Francisco Luna genera un personaje muy coherente, compacto, que trasmite la seguridad y personalidad que su personaje requiere. 

Con este trabajo, Cano, como dramaturgo y director, ha demostrado ser un artista capaz de explorar las escenas de manera muy ingeniosa y organizada. Logra que el espectador de forma clara pueda leer los hechos y situaciones que ocurren en diferentes momentos; solo con una ligera acción en cada personaje, automáticamente nos trasportan a otro momento. Se aprecian escenas bien organizadas donde la acción dramática se desarrolla de manera nítida. Ha llenado también la obra de momentos conmovedores, dulces, divertidos y de gran tensión, manteniendo al espectador enganchado de principio a fin.

La puesta en escena El Efecto Proust tiene actuaciones notables y una dirección muy bien trabajada. Sin duda, muy interesante y recomendada.

Javier Gutiérrez

26 de setiembre de 2024