sábado, 24 de enero de 2026

Crítica: PADRES TERRIBLES


Una familia de locos

En 1938, Jean Cocteau sacudió a la sociedad parisina con una obra que desnudaba una cruda verdad: una familia puede ser el refugio, pero también el infierno. Padres Terribles nos muestra a una familia aparentemente normal y feliz, compuesta por la madre, el padre, el hijo de ambos y la hermana de la madre, pero que revela su disfuncionalidad en el momento en que el hijo, Michael, de 22 años, anuncia que tiene una novia.

La versión que nos ofrece Ares Teatro respeta lo fundamental de la obra original y desarrolla los conflictos con las llaves lúdicas que propuso el autor, adecuándose sutilmente a los tiempos actuales en el Perú.

Empieza con la inmadurez estereotipada de Michael y la sofocante sobreprotección de su madre, que linda con lo absurdo, para advertirnos que estamos ante una familia disfuncional y cualquier cosa puede pasar en adelante. La obra sacude, divierte, deleita y desorienta, ya que expone, sin ánimo de solución, las extrañas relaciones de Jorge, el padre de Michael, con la novia de su hijo y además con la hermana de su esposa, de modo que la tragedia familiar termina siendo una comedia de situaciones absurdas, para diversión de los asistentes. 

Claramente, ese es el objetivo de la obra y Ares Teatro lo logra, a pesar de la poca experiencia de su elenco y algunas imprecisiones de la dirección, especialmente en el ritmo y algunos personajes que no logran redondear su carácter, sin que ello haga decaer el conjunto en donde el apoyo mutuo es la clave para mantener el equilibrio y se nota.

Una obra que se sustenta en los conflictos personales requiere de un ambiente íntimo. El Teatro Ares y la puesta en teatro circular, permiten la cercanía del público para crear una atmósfera privada. La escenografía es mínima, del mismo modo el vestuario y el uso discreto de las luces y el sonido hace que sea una puesta sobria, apoyada fundamentalmente en la actuación. Todo un reto por cuanto se trata de actores y actrices en formación, en donde sobresale Lucero Sandoval en el papel de Ivonne, la madre sobreprotectora, cuyo amor egoísta y posesivo devela al espectador todos los demonios que se esconden detrás y le toca poner las notas más dramáticas de la obra, que es una tarea difícil en la comedia, pero esta es algo negra y lo permite. 

Pero no es la única con esa "cualidad", pues cada uno tiene un interés especial, salvo el hijo, cuya candidez raya con la estupidez. Al construir su personaje de joven engreído e inmaduro, Francisco Rosero ha cuidado equilibrar ternura y debilidad; su exageración, que por momentos parece una caricatura, no rompe los límites del personaje. Por su lado, Kattsy Chávez estructura su personaje de Madeleine a la altura de las circunstancias; no lo hace trivial ni tonta ni tampoco es una "devoradora de hombres" que se aprovechó del padre y el hijo, sin conocer esa relación, sino que simplemente se dejó llevar por sus sentimientos y ahora se encuentra atrapada en un conflicto del cual no sabe cómo salir y eso la aterra. Ella ingresa a mitad de la obra, con el ambiente ya creado y se adapta perfectamente al clima, al que aporta con la seguridad de su personalidad para entregarnos una novia frágil, confundida y vulnerable, pero totalmente honesta.

La función de estreno conlleva nerviosismo y altos riesgos de error; sin embargo, luego de unos minutos, el elenco alcanza la concentración debida, lo que permite al público disfrutar de los sentimientos que sus personajes transmiten. Hoy empiezan su segunda semana, y estoy seguro que habrán superado los nervios para beneficio del espectáculo.

David Cárdenas (Pepedavid)

24 de enero de 2026

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