miércoles, 11 de julio de 2018

Crítica: RECONSTRUCCIÓN_NOMBRE FEMENINO


El discurso y el teatro

RECONSTRUCCIÓN_Nombre Femenino, presentado en el Centro Cultural José Olaya y dirigido por Paloma Carpio Valdeavellano y Coralí Ormeño Michelena, es una pieza que busca aterrizar sobre los paradigmas sociales que rodean a la mujer peruana de hoy y provocar cuestionamientos sobre el origen de este panorama, que asoma de forma lúgubre e infeliz.

El espectáculo inicia con una serie de monólogos que revelan la intimidad de algunas figuras representativas, como Susana Higuchi o Pilar Nores, ambas vulnerables ante los victimarios Fujimori y García; la primera, en una llamada de auxilio por verse encerrada en su hogar y la última, envuelta en su remordimiento, tras aceptar la infidelidad de su esposo.

Estos relatos, acompañados de material audiovisual alusivo al machismo imperante en las figuras políticas del país y el derroche de violencia contra la mujer que todos reconocemos, sugieren la emancipación de una ideología que ha calado en el quid de cada persona y ha causado un daño histórico irreparable.

Tras este primer momento, la dirección decide alejar el espectáculo de la ficción y propone una exposición o por momentos, un stand up comedy sobre el origen de esta problemática, lo cual contrasta duramente con la seriedad de la primera parte. Poco a poco, la teatralidad se desvanece y desde el escenario, las actrices elucubran argumentos debatibles sobre el porqué de nuestro violento presente. Así, se hace trasparente el mensaje sin el teatro que lo sublimice.

Hacia el final, el espectáculo da otro giro y aparecen discursos autorreferenciales de cada actriz con respecto a sus propios conflictos e historias, y a pesar de algunos relatos conmovedores, poco tienen que ver con la situación social de la mujer en la actualidad, se tratan de mensajes de superación que no evidencian la presencia del machismo.

Así, RECONSTRUCCIÓN_Nombre Femenino, que constituía un discurso reflexivo sobre cómo el machismo trastoca todas las clases sociales, poco a poco, se olvida del lenguaje teatral y se ocupa de evidenciar su mensaje, dejando poco espacio para la autorreflexión.

Bryan Urrunaga
11 de julio de 2018

martes, 10 de julio de 2018

Crítica: PROYECTO MATERNIDADES


De mujeres para mujeres

En tiempos en los que la mujer lucha por reivindicar su rol y sus derechos dentro de la sociedad, el Festival Sótano 2 presentó Proyecto Maternidades, espectáculo escénico documental dirigido por Leonor Estrada y Maricarmen Gutiérrez. De esta forma, el festival cierra su tercera edición en el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.

El montaje implicó un trabajo de investigación acerca de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en el Perú. Con una mirada franca y realista, basada en los testimonios de cinco mujeres de distintas realidades y contextos (Liliana Albornoz, Haydée Massoni, Vero Ferrari, Olga Mori y Gina Guerrero), pero que en esencia comparten las mismas inquietudes, miedos y frustraciones sobre lo que implica la elección de ser madre o no.

Como un auténtico ejercicio de Teatro Testimonial, el recibimiento al público fue muy acogedor por parte del elenco y las directoras. Un escenario acondicionado con papelógrafos, que mapeaban los testimonios de las ejecutantes fue suficiente para crear el espacio de convivencia entre el espectador y el elenco. Mediante juegos y dinámicas, se interactuó sobre todo con las asistentes mujeres –el tema gira en torno a ellas-; sin embargo, el espectáculo estaba dirigido para hombres y mujeres (detalle importante si se piensa en sensibilizar y lograr la empatía del género masculino). La propuesta del montaje fue libre; lo importante, considero, era el hecho de recibir con el corazón y mente abiertos, las vivencias de estas cinco mujeres.

La construcción de interrogantes como ¿Cómo fue tu primer beso?, ¿cómo fue tu primera vez?, ¿cómo criamos?, ¿cómo parimos?, ¿cómo fue el primer parto? o ¿has abortado alguna vez? fueron fundamentales para desmenuzar temas que nos atañen íntimamente, los cuales probablemente, no sabemos cómo manejar. Entonces, aparece el Teatro Testimonial como prueba de estos momentos de convivencia e intercambio de ideas, opiniones, conocimientos y experiencias; que son necesarios para despojarnos del temor a expresarnos y reencontrarnos como seres humanos.

Proyecto Maternidades es un impulso genuino, un bálsamo para hacer frente con honestidad a muchas de las incertidumbres que, como mujeres, nos toca vivir y a las elecciones que nos corresponden por derecho. Los testimonios de estas mujeres y sus diferentes puntos de vista –con los que se puede o no estar de acuerdo- han sido valiosos y valientes. Una puesta que no confronta; por el contrario, está hecha de mujeres para mujeres, que sin querer queriendo nos identificamos en alguna o parte de estas historias.

Maria Cristina Mory Cárdenas
10 de julio de 2018

miércoles, 4 de julio de 2018

Crítica: EVOCACIÓN


Un manuscrito llevado a escena

En su cuarta semana, el Festival de Creación Escénica Contemporánea Sótano 2 presentó Evocación, un proyecto experimental dirigido por Óscar Naters, con la participación de Ana Zavala, Alonso Núñez y Rosamar Corcuera en escena.

Como el propio nombre de este espectáculo alude, evocar significa recordar, es así que inspirándose en el capítulo V del texto quechua del siglo XVI Dioses y hombres de Huarochirí (*importante manuscrito de la literatura quechua que describe mitos, creencias religiosas y tradiciones de los indios de la provincia de Huarochirí), se ha creado una especie de performance que combina el trabajo corporal con una propuesta audiovisual; además, incorpora el trabajo artesanal –ejecutado por los actores-, convirtiéndose en una puesta desafiante para el público.

Evocación es una propuesta evidentemente contemporánea, con sonidos intensos, basada en un pasaje mitológico (el cual es difícil descifrar sin un conocimiento previo del mismo). Sumado a esto, en una parte de la ejecución, se utiliza el audio para describir una situación del manuscrito en quechua –lengua originaria del texto-, dificultando el acoplamiento (para quienes no dominamos el idioma) con un tramo esencial de la puesta. Aunque este detalle es más una observación personal que me hace notar la importancia de conocer nuestras lenguas originarias para conectar mejor con este tipo de propuestas.

Esta forma atípica de performance tiene elementos interesantes, tales como el uso del barro, las proyecciones, los sonidos y la aparente simplicidad, los cuales estimulaban los sentidos del espectador –en especial oído y vista-; sin embargo, no estoy segura si todo en conjunto terminaba de funcionar (pues había que dispersar la atención).

Se trata de una construcción que plantea la relación del hombre con la tierra, la cosmovisión y las creencias religiosas de los pobladores andinos. La acción es ejecutada a través del trabajo manual (se hace uso del barro constantemente, creando al final una figura); ello, amalgamado con el uso de la tecnología. Sin duda, una versión distinta e intensa del performance, que genera inquietud por temas que, siendo mitos o no, nos incumben por ser parte de nuestra cultura. De eso también se trata cuando se está en escena: de abordar desde distintos ángulos una representación que mueva al público y le permita explorar estas nuevas formas de comunicar mediante el arte escénico.

*Buscado en la web

Maria Cristina Mory Cárdenas
4 de julio de 2018

domingo, 1 de julio de 2018

Colaboración regional: LA VOZ DEL HERMANO DESAPARECIDO


Un tiempo para la memoria

La necesidad de la memoria, enfocándose en los hechos de violencia ocurridos durante el periodo 1980 - 2000 en el Perú, en tiempos en el que el partido que tiene la mayor participación en el Congreso y heredero del fujimorato no está de acuerdo con políticas de memoria como las del LUM y quiere crear su propia alameda de la memoria, que se ajuste más a su versión de los hechos, es importante, diría que vital, para nuestro país. Dicen que los vencedores escriben la historia, pero recordemos que aquí nadie ganó: todos perdimos amigos, hermanos, padres, paz y memoria; en este nuestro país que se desangró y aún se sigue desangrando, pues no hay paz sin justicia y lamentablemente, no hay justicia donde hay 69 mil 280 peruanos entre muertos y desaparecidos, de ambos bandos y también de los sin bando, aproximadamente, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, y muchos de ellos no encuentran justicia.

Es por eso que obras como “La voz del hermano desaparecido” son valiosos aportes para la reflexión y el pensar un poco más nuestro país, en este caso, las historias comunes que nos unen también como latinoamericanos. Yesica Droz (actriz argentina), José Armando Villarruel (actor peruano) y Mauro Gastón Guiretti (músico argentino) forman un colectivo argentino- peruano que nos brinda con entusiasmo, candor e idealismo esta obra, que nos quiere regalar “una mirada humana y no política” (como nos comenta Droz), de hechos que forman parte de nuestra memoria personal y colectiva.

En esta obra, se pueden diferenciar tres momentos que luchan por unirse y darle una coherencia global a este manifiesto sobre la memoria  y no solo ser tres partes que bien podrían estar separadas para luchar por su independencia y crecimiento, pues quizás si no llegan a hilvanarse y crear una filigrana entre ellas, estemos viendo el nacimiento de tres proyectos llenos de conciencia y candor que quieren tomar en cuenta al individuo más que a la gran historia.    

Comienza la puesta con la entrada tímida del talentoso músico Guiretti, quien se atrinchera detrás de la mesa de forma casual, se pone cómodo y comienza a tocar dos canciones de música popular argentina, como quien la toca para los amigos, para estremecer y redondear un poco el sentido del hacer. Cuando da un pequeño testimonio, cuenta que él nació cuando su país estaba en guerra y después sale con la misma timidez con la que entró, para no volverlo a ver hasta el saludo final.

Entra a escena José Villarruel, forjado en teatro de calle, alumno de Víctor Zavala, egresado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta), quien nos quiere exponer desde su visión, la memoria de las víctimas de la masacre de La Cantuta, tema importante y muy delicado, que merece la pena no solo escuchar, sino también un mayor desarrollo de parte del actor, en la definición de sus acciones, en el manejo de elementos, que por distracción o falta de interés son rotos y olvidados en escena. El trato del texto también merecería una mayor interiorización y quizás, desatarlo desde su propia memoria para lograr mejores matices de en color y temperatura. Pues como nos cuenta José Carlos Agüero: “La memoria en sí no es un bien. Va a depender de qué preguntas le haces a la memoria” y en este caso, el teatro es nuestro vehículo para generar estas preguntas.

El ingreso de Yesica Droz es refrescante desde la vitalidad e intensidad de su testimonio: hace, como diría el maestro Mario Delgado, “que un drama personal se vuelva nacional y a la vez universal”, generando empatía con acciones simples como el hacer unas pizzetas, poniendo una a una las aceitunas o mostrando al público por primera vez a un bebé con poco días de nacido. La relación que mantiene con las cartas escritas por su tío, quien fue víctima de la Guerra de las Malvinas, es cotidiana pero a la vez ceremonial: esto  la ayuda en la transformación de sus personajes, que en ocasiones se desdibujan, pero son retomados gracias a la memoria viva que transmite con cada texto.

Trabajos como el de este colectivo peruano-argentino son importantes y se agradecen, pues ayudan a mejorar la memoria de una sociedad, a la cual la mayoría de fuerzas políticas quieren adormecida y sin memoria para poder manipular, para que sigan votando por los mismos corruptos de siempre. Si bien siempre hay cosas que mejorar en nuestros trabajos en lo estético y técnico, recordemos que nuestro oficio no es solo estético, sino también ético y político.

Miguel Gutti Brugman
Cusco, 1° de julio de 2018

sábado, 30 de junio de 2018

Colaboración regional: HISTORIA DEL TEATRO AREQUIPEÑO


Una tarea pendiente

La historia es importante. Hay algunas huellas que dejaron nuestros antecesores, que en el tiempo se han perdido y que se pueden recuperar.

Lastimosamente, como nación, tenemos un serio desinterés en la historia, en estudiarla y en escribirla. Parecemos sufrir de amnesia colectiva en cuanto a los sucesos posteriores. Es un mal generalizado, que se extiende en todas las ramas del conocimiento. Es increíble como diez años son suficientes para borrar del imaginario colectivo todo suceso trascendente.

El teatro desde siempre ha sido efímero, quizás por el desdén de sus creadores al momento de registrar sus trabajos, o la informalidad que siempre ha RODEADO la práctica teatral. Sabemos poco del teatro peruano, y mucho menos del teatro arequipeño. Hasta ahora no hay un escrito, documentado, que pueda servirnos para el estudio de nuestro propio teatro.

La historia del teatro arequipeño es recopilable, es difícil de encontrarla, pero está ahí, en programas de mano, en diarios viejos, en repositorios, hay que tener la pericia y la paciencia, darse el trabajo de leer, indagar.

El profesor Luis Álvarez -quién es un reconocido hombre de teatro y que ha fungido de director del Teatro Experimental de la UNSA (TUNSA) desde 1970 hasta el 2014- se encuentra realizando una actividad valiosa para nuestro teatro: una recopilación y análisis histórico del teatro arequipeño.

Este es un trabajo duro, arduo, y sobre todo necesario. Trabajo que muchas veces pasa inadvertido, pues, quienes ejercemos el oficio, estamos más preocupados en el futuro, en las próximas producciones, en ver qué es lo que está en boga fuera del país, qué se puede exportar. Pero es el pasado una fuente grande de aprendizaje.

En Arequipa, la mayoría de teatreros reciben formación en talleres y en las aulas del teatro universitario, donde la principal preocupación está relacionada a la técnica actoral y sus derivados (improvisación, clown, stand up, etc.) dando poco o nulo espacio al estudio académico de los distintos ámbitos concomitantes del teatro y he aquí la poca importancia brindada al estudio de la historia de nuestro teatro, del teatro arequipeño.

“El Profe” Luis Álvarez tiene recopilados muchos programas de mano, notas de prensa, resoluciones y fotografías que permiten dar fe de la rica actividad teatral en la ciudad y es una fuente autorizada para evidenciar el trabajo de muchos creadores arequipeños a lo largo de los años.

Solo podremos hablar de un teatro propio si indagamos lo suficiente en la actividad que realizaron nuestros antecesores, revalorar el trabajo de quienes se dedicaron a esta labor en años posteriores nos dará una identidad marcada sobre la cual podremos trabajar, y quizás, algún día, podremos hablar de un teatro arequipeño, con sus propias formas y códigos.

Espero con ansias la publicación de este libro, mientras tanto, y si “el Profe” lo permite, iré compartiendo con ustedes algunos datos.

Comenzar a trabajar por una identidad propia es un paso importante, un paso a ser creadores.

Sería bueno que iniciativas como esta sean replicadas en cada ciudad de nuestro país, que cada una pueda tener un libro que hable del teatro realizado en cada lugar, con sus propios códigos e intereses, es nuestra tarea pendiente.

Mauricio Rodríguez-Camargo
Arequipa, 30 de junio de 2018

viernes, 29 de junio de 2018

Crítica: LOS DEFENSORES DE LA NATURALEZA


En defensa del territorio

“Reducir, reutilizar y reciclar” es el lema que se repite como principal canción de Ecofiesta, productora y empresa, con enfoque de sostenibilidad, que desde hace cuatro años impulsa la generación de productos artísticos y creativos sobre la temática del medio ambiente e integra para ello elementos de la identidad peruana, como vestimentas o danzas, en sus presentaciones. “Los Defensores de la Naturaleza” fue la última comedia escrita y dirigida por joven dramaturgo Jorge Bazalar en coproducción con Ecofiesta. Bazalar es creador de obras como “Un viaje hacia Plutano “, “Daddy Issues“ y “Desaparecidos“, por esta última fue reconocido en el Concurso Nacional de Dramaturgia 2016 del Ministerio de Cultura. El elenco estuvo conformado por Briscila Degregori como “La Madre Naturaleza “, Nuria Mayor como “Nu“, Laly Guimarey como “Laly“, Sergio Cano como “Checho“ y Francisco Luna como “Frank“.

La obra giró en torno a la búsqueda redentora de la Madre Naturaleza de nuevos defensores que protejan a la naturaleza; al principio, encuentra incredulidad e indiferencia de los chicos que escogió para esta misión, Checho y Laly. Ante este conflicto dramático, se vale de sus poderes para poder transformar a los protagonistas en animales silvestres con el fin que empaticen con el cuidado de su territorio; además, siempre en la musicalización de las escenas acompañan dos personajes atractivos (por su particular vestuario) y con comentarios graciosos que amenizan los diálogos de los actores y su interacción con el público: Frank y Nu, que funcionan como consejeros de los actores. Son destacables sus vestimentas similares, que se componen de una camisa con franjas de colores negros y dorados.

La función comenzó con puntualidad, como caracteriza a las presentaciones en el Ricardo Palma y miembros del equipo Ecofiesta son los encargados de recibir al público en orden. Degregori, luego de presentar su personaje, comienza la función dándoles lecciones a todos los asistentes sobre apagar sus celulares. Fue una experiencia única que La Madre Naturaleza cante muchos de sus mensajes y enseñanzas con musicalización (con ayuda de Frank y Nu), en clave de hip hop y música afroperuana. El público fue particularmente empático y conectaba muy bien con las escenas; y los niños, en especial, se emocionaban y reían de las dramatizaciones, diálogos y situaciones hilarantes en las que participaban los actores.

Por otro lado, se debe destacar que la escenografía es impecable, hay que reconocer el gran esfuerzo del equipo de Ecofiesta por representar casi a la perfección un paisaje bucólico con un fondo de un valle frondoso con sol y árboles, todo muy colorido, pero sin caer en una exageración infantil y poco creíble. De igual manera la vestimenta y utilería, muy bellas visualmente, y precisas para las diferentes escenas destacando los vestuarios de Briscila y Laly por su originalidad. En la primera escena sobre el escenario, hay un cajón y una guitarra, que durante minutos pareciera que no tengan sentido, pero luego cobra razón su existencia cuando se vuelven principales herramientas de las actuaciones de Frank y Nu.

“Los Defensores de la Naturaleza” fue una muestra lúdica y familiar, asertiva en transmitir el mensaje sobre la importancia de la preservación del ambiente a través de un lenguaje fácil y comprensible, especialmente para los niños. La obra de Bazalar estuvo en temporada corta de mayo a junio del presente año en el Centro Cultural Ricardo Palma, Av. Larco 770 Miraflores.

Enrique Pacheco
29 de junio de 2018

Crítica: NEGRA


Reflejo de todos los colores

Dentro del marco del festival Sótano 2 en el Teatro de la Universidad del Pacífico, una de las obras propuestas como parte del programa de obras contemporáneas es Negra, dirigida por Gabriel de la Cruz y Malena Romero. Se nos presenta a dos actrices que intentan descubrir qué es lo que significa la palabra “negra”. A través de los testimonios que cada una va compartiendo, es que la obra va mostrándonos una realidad vigente donde factores como el color de piel condicionan la vida de cada persona.

La función comienza sin necesidad de formalidades: sin anunciar una tercera llamada, la presencia de las actrices Mayra Najar y Anaí Padilla se imponen al barullo del público con una conversación acerca de qué es lo que significa “negra”. Este inicio, imponente y sutil a la vez, es perfecto para dar a inicio a la serie de historias personales que las actrices comparten con el público. Si bien la obra se apoyaba en los testimonios de cada una, utilizaron convenciones para tocar cada historia de una manera distinta: apoyándose con fotografías, a través de conversaciones entre ambas, incluso con cambios de ropa dentro de la escena. Estos códigos ayudaron a crear una atmósfera cercana con el espectador.

Algunas escenas de la obra eran hipotéticas en relación a lo narrado por las actrices, como proyecciones de los pensamientos y aspiraciones que ambas manifestaban desde sus testimonios. Este fue un elemento que le daba variedad de dimensiones a la obra: podíamos ver a las actrices contando su testimonio de manera lúdica, a través de historias hipotéticas pero que, como espectador, sabíamos que eran idealizadas, siendo a la vez fieles a todo lo que íbamos sabiendo de cada una de ellas. A todo esto, se sumó una serie de material audiovisual que constaba desde fotografías personales hasta videos donde se podía apreciar testimonios de personas cercanas a las actrices en relación al tema de toda la obra: la experiencia de vivir en una sociedad donde el color de piel puede modificar el trato entre personas.

La obra logró condensar todo el material ya mencionado bajo una línea dramática sólida y coherente, logrando encontrar matices y puntos de encuentro entre ambas historias. Era notorio el trabajo por lograr la conexión de ambas historias personales, de modo que en escena se pudo apreciar toda una partitura que convertía dos testimonios individuales en una radiografía fiel al contexto que vivimos hoy en día en relación a la discriminación. No solo se trató de exponer la historia de dos personas que han sido discriminadas por su color de piel, sino que estuvimos en frente de toda una serie sensaciones y angustias producidas por estigmas culturalmente normalizados: el ser mujer, el ser actriz, el ser gorda, el ser negra.  Por otro lado, hubo un énfasis en el trabajo corporal de las actrices dentro de toda la composición, un elemento que lograba unificarlas dentro de todo este viaje testimonial. Este efecto se consolidó gracias a la precisión en el manejo no solo de marcaciones de movimiento, sino en el manejo de los textos en cada momento por parte de ambas actrices.

No estamos al frente de una obra testimonial que se queda solamente en las experiencias de dos personas. Gracias a las historias de Mayra y Anaí, pudimos ver toda una serie de angustias que se crean a partir de estigmas socialmente normalizados. Negra no es una ficción: es el día a día, es la voz de un grupo marginado, es un balde de agua fría que inevitablemente va a llevar al espectador a sensibilizarse sobre cómo  se encuentra nuestra sociedad actualmente.

Stefany Olivos
29 de junio de 2018

Crítica: EL TIEMPO DE LOS ANHELOS

En círculos

El tiempo de los anhelos responde a un laboratorio experimental que nace a partir de Casa Tomada de Cortázar y concluye como un espectáculo contemplativo dirigido por Carlos Tolentino y albergado en el Centro Cultural el Olivar.

La puesta en escena compone un escenario móvil y actores convertidos en entes, que transitan las tablas mientras mueven las paredes, elaborando cuadros que podrían considerarse desde minimalistas hasta surreales y construyendo lentamente una historia despedazada, como un poema de frases fragmentadas y repetitivas, que hacia el final dibujan una situación y unos personajes.

En el tiempo de los anhelos, predomina una atmósfera melancólica y meditabunda que se desprende  de las coreografías que danzan los actores, sutilmente se transforman movimientos libres y dispares, en imágenes concretas que van revelando las emociones de los protagonistas, luego, así como se forman, todo se desvanece y reinicia el desorden y la incomprensión. Este vaivén se sostiene a lo largo de la hora de espectáculo.

Así, se muestra un noble compromiso de los actores por mantenerse conectados entre sí y con la propuesta, sin brillar ni opacarse; así como una rebeldía para afrontar al público con un teatro de contemplación, al que el espectador limeño usualmente se resiste.

Si habría algo que reprochar a El tiempo de los anhelos, es en principio la incesante banda sonora, que toma un protagonismo involuntario y se torna hacia la media hora del espectáculo, fatigosa.  Y finalmente, la falta de contraste, debido a que esa acción circular y repetitiva en la que transitan los actores, tendría que dar lugar a la intensificación, sin embargo evoca un estancamiento sólido y plano.

El tiempo de los anhelos, da lugar a un teatro que renueva sus formas y sus búsquedas, la extrañeza de involucrar la literatura con el teatro es un ejercicio por lo menos atrevido, la incomodidad que puede acarrear para algunos espectadores se podría considerar una victoria.  

Bryan Urrunaga
29 de junio de 2018

martes, 26 de junio de 2018

Crítica: CASA DE MUÑECAS PARTE 2


Una nueva oportunidad para Nora Helmer

Hace casi 140 años se estrenó una de las obas de Henry Ibsen: “Casa de Muñecas”, la historia  cuyo final dio pie al dramaturgo Lucas Hnath para la creación de Casa de muñecas Parte 2, donde se muestra cómo siguió el curso de Nora Helmer, personaje principal de ambas historias. En la obra de Ibsen, Nora abandona a su esposo y a sus hijos para poder encontrar quién es ella realmente; por otro lado, Hnath nos recrea el regreso de Nora después de al menos 15 años de su partida, trayendo como consecuencia una serie de encuentros con miembros de su familia.

Toda la obra transcurre en el recibidor de la casa Helmer, un lugar donde los adornos han sido descartados, en contraste con la obra de Ibsen, donde se hace hincapié en el ornamento del interior de la casa. Los vestuarios de los personajes fueron claves para este montaje, pues estaban construidos de modo que caracterizaba a cada personaje de manera específica. Incluso la elección de los colores fue atinado para darnos una imagen redondeada de la dimensión de los personajes. El ejemplo más significativo es el personaje de Nora, quien en esta obra llevaba puesto un vestido fino color verde jade o turquesa, con cortes rectos que le daban una imagen de empoderamiento apenas aparecía en escena.

La obra es una sucesión de conversaciones que dan la información suficiente al espectador para entender lo que sucede en la historia sin la necesidad de conocer la obra de Ibsen. La puesta en escena estuvo llena de movimientos y flujos en el espacio con dinamismo. Esto se vio acompañado por la construcción de los cuatro personajes en escena, logrando tener especificidad y, sobre todo, logrando diferenciarse entre ellos. Sin embargo, el personaje de Anne Marie (Violeta Cáceres), la nana de los hijos de Nora, comenzó la obra con un “cantillo” en su forma de hablar, un elemento distractor sin duda, sobre todo si se trata de la presentación de los personajes al inicio de la obra. Esa forma de hablar le quitaba verdad a los textos. En cuanto al personaje de Nora (Sandra Bernasconi), este era uno construido bajo un discurso ágil, pues fue posible ver en ella cómo la serie de hechos que ocurrían en escena iban afectando y dibujando su personalidad, sin dejarla como una víctima o como una agresora por las decisiones que ha estado tomando desde que se fue de aquella casa.

Casa de muñecas Parte 2 es una invitación a pensar en una relectura de la historia de Nora y de cómo esta hubiese podido continuar dentro del contexto que Ibsen impregnó en Casa de muñecas (parte 1, en este caso). Hay una serie de hipótesis claras del dramaturgo donde se quiere mostrar una serie de pros y contras ocurridos a partir de que Nora se marchó de su casa. Sin embargo, no ahonda en un arrepentimiento de Nora en relación a los actos que pudo haber cometido, sino que nos muestra a un personaje que asume sus decisiones y busca seguir haciéndolo. Esta obra termina dándome como espectadora una esperanza de que cada vez habrá más personas – no necesariamente mujeres- van a lograr dar aquel gran paso: poder ser responsable de las propias decisiones que tomen, sin tener que ser condicionados por patrones culturales o contextuales que limiten el derecho universal de decidir por uno mismo.

Stefany Olivos
26 de junio de 2018

sábado, 23 de junio de 2018

Crítica: BENDITA SEAS, MARÍA

Porque lo bueno nunca dura

Siempre es un placer venir a Victoria Bar para disfrutar de buen ambiente y espectáculo. María Guadaña, colectivo de Teatro e Improvisación presentó “Bendita seas, María”, que anteriormente ya había contado con dos temporadas a cargo de la fascinante Piera del Campo, acompañada de Marne Cortijo y Rodolfo Pesantes. Esta tercera temporada de “Bendita seas, María” contó con la dirección de Eduardo Pinillos, que subirá al escenario para improvisar con Pesantes. También contó con la participación de Armando Abanto, músico improvisador. La temporada se llevó a cabo en abril en el mencionado bar de Barranco.

Los dos improvisadores compitieron con el material que el público proporcionaba: fueron como máximo cinco rondas y para que se subiera al siguiente nivel, el perdedor debió quitarse una prenda al son de la música. Tuvo un inicio simple, pero poco a poco fue tomando fuerza el espectáculo. Sentí que faltó un poco más de soltura en Pinillos, hecho comprensible, ya que se trataba de su debut. Sin embargo, ambos actores supieron robarle el corazón a más de una chica.

Tanto al inicio como al final de cada ronda, los protagonistas indicaban al público que debían gritar: “¡Bendita seas, María!” Al principio, supuse que era parte del show o que estaba relacionado a la temática del espectáculo o que saldría una chica que se llamaba María o algo por el estilo. Pero al terminar la función, aún no entendía  por qué debíamos gritar todos eufóricos  estas palabras. Pues “Bendita seas, María” no solo es el título de la improvisación, tal como me lo mencionó la misma Piera: se trata de la manera de rendirle homenaje a la Muerte y que esta creencia proviene de México, en donde decidieron incluir el nombre de “Bendita seas, María” en honor a María Guadaña (nombre del colectivo), nombre popular con el que se le conoce a la Muerte. El detalle me causó sorpresa, pero no negaré que me pareció escalofriante. Pero a pesar de eso, me encantó el espectáculo. No paré de reír con mis amigas (en especial, con la canción con dedicatoria para mi ex jefa), lo disfruté y no lo olvidaré. Gracias por la invitación y espero volverlos a ver en escena otra vez.

Les dejo esta cita textual, sacada del mismo muro de la compañía Maria Guadaña, para que se pueda  entender un poco más a esta colectivo: “¿Qué relación puede tener la Muerte con la Impro? Lo cierto es que improvisar es matar para crear. Los improvisadores no pueden repetir; por eso, esas historias únicas que crean en cada función deben ser olvidadas o matadas  cuando las luces se apaguen. Solo de esa manera los improvisadores podrán crear nuevas y más emocionantes historias”.

María Victoria Pilares
23 de junio de 2018