sábado, 18 de enero de 2025

Crítica: KORTAS – MIÉRCOLES ENERO/FEBRERO


Juegos de apariencias

A un año de empezar, Kortas tiene una situación curiosa respecto a otras propuestas limeñas que han abordado el microteatro. Cuatro obras cortas que no necesariamente guardan relación temática entre ellas, todas en el mismo espacio una después de la otra. Es algo que puede resultar riesgoso si la curatoría hace que las obras desentonen entre ellas en tono o calidad. La selección de los miércoles para este enero y febrero logra, aún con este peligro, mantener una línea de progresión interesante, aunque dejándome preguntas sobre el lugar y el futuro de Kortas.

En Mentiras blancas, vemos a Franco (Brayan Vilchez) y Gime (Leonela Alarcón) navegando por una primera cita en la que ambos están claramente mintiendo, para al final conectar en esa desfachatada deshonestidad. Ambos actores entran en códigos altos pero distintos, lo que hace que sus respectivas mentiras se sientan lúdicas y distinguibles. Vilchez, en particular, hace uso de un dramatismo extremo, entrando en desgracia cada vez que es descubierto, pero necesita confiar más en esta exageración para que se sienta resuelta. La propuesta funciona como un primer aperitivo con una propuesta sencilla, apoyada en una buena elección de fondos y vestuarios y en el carisma aún explorable de sus personajes.

El reencuentro, tratando también el tema de las mentiras y la infidelidad, se siente aún algo endeble. Aquí, Karlos Lopez Rentería y Miguel Cente interpretan a dos amigos reencontrándose por “sorpresa” en un parque. Lo más interesante aquí es la construcción del conflicto, estableciéndose el nudo principal sin necesidad de mucha explicación y manteniéndote en vilo a cómo se resolverá. Es una progresión dramatúrgica interesante, pero que se apaga por momentos por necesitar de mayor energía y conexión de los actores en escena para sostener la urgencia. Las revelaciones cerca del final son así el mejor momento de la obra, pues requieren a Cente concentrarse más en su compañero y a López Rentería reaccionar al primero.

Noche fake continúa la temática de las mentiras, esta vez centrándose en la falsedad de las redes sociales. La energía de Camila Medina en particular nos mantiene entretenidos desde el minuto 1, dándonos a una protagonista que se vuelve más patética (en el buen sentido) con cada línea. Aquí quizás la dramaturgia jugó un poco en contra al desarrollo, pues no permite que las actrices se centren de lleno y exploren más la premisa de fingir una vida falsa por redes. ¿Cómo seguir con la mentira? ¿Qué otras podrían las dos chicas idear?

Spotofai no continúa la línea temática, pero sí abraza sin tapujos el absurdismo, imaginando una realidad donde lo ads y canciones de Spotify son hecho en vivo, por turnos, con nalgadas espontáneas y con una de la voces perseguida por una maldición. Es una obra (¿concierto?) que se sabe estúpida y disfruta serlo, lo que curiosamente le da un gran encanto y funciona fantástico como cierre. Buena química y timing cómico de Tracy Alcántara y Pedro Ibañez. Buena elección para el jingle de la aplicación.

Cuando las obras de Kortas funcionan como unidad, lo hace muy bien. Pero las que más funcionarán serán aquellas que sepan arriesgarse y explotar su potencial, incluso dentro del formato chico y digerible. Así, la progresión de una obra a otra logrará este sentir de variada montaña rusa. A subir la apuesta.

José Miguel Herrera

18 de enero de 2025

miércoles, 15 de enero de 2025

Crónica: LA PLAZA JOVEN – TEMPORADA 2025


Entre clásicos y nuevas historias: La Plaza Joven presenta su temporada 2025

Este martes 14 de enero, La Plaza Joven presentó oficialmente su programación anual para el 2025. Tras un exitoso 2024, con la representación de cuatro obras para las primeras infancias, niñez y juventudes, este año continúa la tendencia con una propuesta que incluye adaptaciones de clásicos y creaciones originales que exploran temas como el valor de la infancia, el amor propio y la amistad.

El evento de presentación inició con una breve muestra de Colores Primarios, obra creada y dirigida por Luigi Valdizán, la cual inaugurará la temporada de La Plaza Joven. La programación completa para este año es la siguiente:

Colores Primarios

Creación y dirección: Luigi Valdizán

Director adjunto: Lucho Tuesta

Elenco: Dánitza Montero, Fernanda Luna y Adelaida Mañuico


Moby Dick

Adaptación y dirección: Els Vandell

Elenco: Alejandro Villagomez, Jano Baca, Merly Morello, Sergio Armasgo, Sergio Urrutia, Anneliese Fiedler, Grapa Paola y Joaquín Escobar


Cyrano de Bergerac

Adaptación y dirección: Fito Valles

Asistente de dirección: Augusto Gutiérrez

Elenco: Roni Ramírez, Gina Yangali, Diego Pérez, Joaquín Escobar y Pedro Pablo Corpancho


Payapaluza Al Rescate

Dirección: Christian Ysla

Elenco: Luciana Arispe, Alejandro Villagomez, Francisco Haya y Christian Ysla


Con esta programación, La Plaza Joven reafirma su compromiso con el desarrollo y la difusión del teatro para las infancias, promoviendo obras que conecten con diversas generaciones y temáticas contemporáneas.

Daniela Ortega 

15 de enero de 2025


Crítica: ACTOS CONSENTIDOS


Cuestión de límites

Actos consentidos es la obra que inaugura la temporada 2025 en el Teatro La Plaza, un intenso texto de la directora y dramaturga inglesa Nina Raine, traducido por Italo Cordano, bajo la dirección de Adrián Galarcep.

La puesta, dividida en dos actos, inicia con una reunión entre amigos en la casa de Edward (Oscar López Arias) y Kitty (Érika Villalobos), por la llegada de su primer hijo, quienes junto a Rachel (Anneliese Fiedler) y Jake (Gonzalo Revoredo), revelan detalles ocultos de su mundo interno entre indirectas y bromas ácidas. Más adelante, Tim (Miguel Álvarez) y Zara (Karina Jordán) se unen a la historia, causando una disrupción en la trama, junto a uno de los personajes interpretados por Cindy Díaz (Gayle y Laura). Si bien la narrativa confronta al espectador con una variedad de temas como la moral, el adulterio, el perdón y el funcionamiento del sistema de justicia frente a los casos de violación, todos tienen que ver con la complejidad de las elecciones y comportamientos del ser humano.

Respecto a la escenografía, está ambientada como una sala – comedor, con elementos funcionales; sin embargo, la iluminación juega un papel importante, ya que los cambios de escena y lugar se apoyan en ella, incluso cuando la atmósfera se torna más feroz, acompañadas por el incremento del sonido musical.

Por otro lado, las sólidas interpretaciones del elenco encarnan a estos personajes falibles y contradictorios, en su mayoría abogados, o aspirantes a serlo (en la ficción), que despojados de la objetividad de su profesión, muestran a través de sus decisiones, opiniones y estrategias personales, la banalidad y fragilidad de la condición humana, frente a un hecho condenable como lo es una violación, y el tratamiento que se da por parte del sistema, muchas veces indiferente y frío. No obstante, cada personaje defiende su propia verdad, lo cual nos lleva a infinitas interrogantes: ¿cuáles son los límites?, ¿seremos capaces de perdonar realmente?, ¿existe la justicia?, entre otras.

Sin duda, Actos consentidos es un drama con dosis de humor, que nos invita a la reflexión y al cuestionamiento, pues pone en la palestra hechos debatibles, que apartan al espectador de la comodidad, confrontándolo con su propia verdad. Una narrativa inteligente y mordaz, que a través de giros inesperados nos sacude, recordándonos el peso de nuestras decisiones, a veces, tan profundo como el vacío de los lugares deshabitados.

María Cristina Mory

15 de enero de 2025

sábado, 11 de enero de 2025

Crítica: TRAZOS DE AMOR: VOLUMEN 1


Dos miradas sobre el reencuentro del amor

En Trazos de Amor: Volumen 1, presentada en el Teatro Esencia de Barranco, se nos muestran dos obras de microteatro con la temática del amor y del reencuentro luego de que una parte renuncie a esta. Si bien son comedias cada una a su manera, las obras se diferencian por el código en el que estas historias son abordadas.

En la primera de ellas, Match a ciegas, somos testigos de una cita a ciegas en las que Rubí (Celeste Massiel), una mujer decidida a conquistar a su cita, se encuentra con Rubén (Jean Pierre Ormaechea), un joven otaku con dificultad para hablar con las mujeres. Escrita por Juan Robles y dirigida por Steve La Cruz, esta obra se encuentra rápidamente con el problema de no poder vincular apropiadamente el tono de comedia del “romance” de Rubí con Rubén con la trama de secretos y del amor abandonado de Rubí con el mesero. Resulta visible la mano del dramaturgo al tener que avanzar la historia desapareciendo por gran parte de la obra a Rubén en la trama del mesero y al mesero, en la trama de Rubén.


En la segunda obra No me arrepiento de este amor, escrita y dirigida por La Cruz, muestra la historia de Diego, un músico famoso, que se encuentra a su rival Matías, un influencer reconocido, al momento de seducir a su mesero favorito. Si bien la obra a veces cambia de código, resulta una graciosa en donde están mejor vinculadas las historias. Dosifica la información y se apoya correctamente en el mesero (Juan Robles), que termina siendo el personaje con el que el público se puede identificar. El personaje que solo está en una encrucijada sin saber del todo qué está pasando. No me arrepiento de este amor resulta una comedia ligera, pero efectiva en lo que propone, con momentos genuinamente cómicos y una historia bien contada.

Si bien No me arrepiento de este amor y Match a ciegas se presentan como comedias ligeras, habría que mencionar que no es necesario apelar a lugares comunes y dejar que los personajes cuenten su propia historia en la trama. En Match a ciegas, la comedia se basa en estereotipos que, si bien funcionan en un principio para generar momentos cómicos, encasillan a los personajes de una manera superficial.

Gabriel Calderón Portugal

11 de enero de 2025

viernes, 10 de enero de 2025

Crítica: LAS PRECIOSAS RIDÍCULAS


Costumbres Z

Solemos entender el costumbrismo como una reliquia del pasado, pero es algo que sigue vigente en todos nuestros medios nacionales. Y es que a medida que nuestros modismos se van transformando, nuestras faltas sociales se repiten más. Las preciosas ridículas es una muestra de esta tendencia cíclica en nuestra vanidad, tema que trata con mayor profundidad de lo que podría parecer a primera vista.

La adaptación es minuciosa y bien diseñada, sin sentirse contradictoria. Es fácil olvidarse que la obra original se estrenó hace más de 300 años, aunque la presencia de algunos monólogos y modismos lo delatan de vez en cuando, pero siempre entendemos a los personajes como pertenecientes a nuestro imaginario colectivo limeño, más que al de la Francia de 1700. Es una propuesta bien definida, que transforma la sofisticación exagerada del París moderno en un aspiracionismo limeño contemporáneo. Los acentos internacionales y las referencias a la cultura popular, que en otras circunstancias yo acusaría de distractoras, se sienten aquí apropiadas por los temas a tratar: las preciosas del título, bien construidas por María Belén Yulen y Jose Francisco Solis, se sienten como la personificación de una superficialidad maquillada de good vibes, una negación de la ostentosidad antigua (personificada por el personaje del padre, interpretado por Rafael Ruiz) en pro de una ostentosidad moderna e igual de banal. Los temas están, así, muy bien definidos a nuestra vista y entendimiento.

La construcción física es traída al frente, aprovechando el espacio de Aranwa para tomar el espacio de manera creativa y expresiva. Los personajes en líneas generales no abandonan su caricatura hasta cerca del final, y cuando lo hacen es para delatar que sus máscaras sociales se están cayendo. David Salazar es a quien se le da más tiempo para elaborar esta máscara, y es él quien protagoniza las secuencias más lúdicas y burlonas de la puesta, mientras su personaje busca impresionar a las ingenuas protagonistas. A medida que se unen los personajes de Gia Ocampo y Alfredo Motta, la propuesta evoluciona más, aunque corre en varios momentos el riesgo de sentirse repetitiva en caso este juego no sea de tu agrado.

El momento final de la obra, cuando las mentiras caen y la trama se torna a la violencia, es todavía muy divertida aunque extraña, aun no del todo conectada. Buena parte de la denuncia social añadida es hecha desde el personaje de Motta, el mayordomo, que hasta entonces aportaba mucho a la contraescena y los gags físicos, pero no se sentía construido como personaje revolucionario. Se entiende la necesidad de la catarsis, pero aún parece un elemento desconectado de las demás tramas presentes, algo notorio cuando ni las preciosas ni los impostores vuelven a tocar mucho el tema.

Ante todo, Las preciosas ridículas te sacarán como mínimo unas cuantas carcajadas con sus burlas y referencias. Su planteamiento podría parecer, tal como sus personajes, superficial y de burla fácil, pero está creado y bien encaminado a una cohesiva crítica actual que conserva el ingenio de Molière.

José Miguel Herrera

10 de enero de 2025

domingo, 5 de enero de 2025

Crítica: CUANDO TÚ LLEGASTE


Maternidades incondicionales

El formato de teatro testimonial, bien aplicado en escena por el equipo creativo de turno, puede regalarnos estupendos montajes teatrales, mezclando la vida misma de los intérpretes-creadores con la historia de ficción, acercando así de una manera más efectiva al público con la trama propuesta. Y si el tema central es tan conmovedor como lo es la maternidad por vocación (mujeres que eligieron voluntariamente convertirse en las figuras maternas de los protagonistas en escena), entonces cabe esperar una puesta intensa y entrañable. Cuando tú llegaste, con la dirección de Paola Vera Infante y estrenada en el Centro Cultural CAFAE-SE de San Isidro, es uno de estos casos, ya que acierta en su estructura organizada y fluida, sin caer en facilismos melodramáticos.

El montaje es presentado por tres jóvenes estudiantes avanzados de Artes Escénicas en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), quienes actúan, escriben y producen todo el proyecto. Mérito de Cielo Pacheco, Liam Mc Cubbin y Gianina Zurita por compartir sus propias historias de vida con los espectadores, dentro de un juego escénico bien orquestado por la directora. Con los intérpretes vestidos de negro y con elementos puntuales, cuando corresponde, para representar los diversos personajes de sus tres historias, la puesta se nutre no solo de sus propios testimonios, sino además por cartas, música, fotografías, videos y una participación activa con el público.

A destacar la versatilidad y destreza del elenco (en el que se podría resaltar además, el gran carisma de Mc Cubbin) por integrar sin tropiezos las historias, logrando una puesta en escena valiosa y eficiente. Este proyecto teatral es el justo homenaje para todas aquellas mujeres, que sin proponérselo realmente, se convierten en guías afectivas que acompañan en los años más difíciles a muchos jóvenes, que en otras circunstancias habrían terminado por el mal camino. El teatro testimonial es pues, un formato que viene siendo utilizado con una mayor frecuencia en el medio y es de agradecer que muchos de nuestros colectivos, a su vez, lo pongan en práctica con ingenio y estilo propio, ofreciendo excelentes obras como lo es, efectivamente, Cuando tú llegaste.

Sergio Velarde

5 de enero de 2025

sábado, 4 de enero de 2025

Crítica: EL PRINCIPITO


Nueva relectura para público adulto

Sin duda, El Principito, capital obra literaria del francés Antoine de Saint-Exupéry, se ha convertido en una fuente creativa inagotable para diversos artistas y sus respectivas interpretaciones. A pesar de contar con una historia aparentemente sencilla, el texto ha conseguido permanecer en la memoria colectiva por su enorme vigencia y por aquella mirada reflexiva hacia la vida, llena de valores universales. Si bien su apariencia de libro para niños puede confundir, el cargado simbolismo que impregna sus páginas acaso solo pueda ser entendido en su totalidad por la madurez de un adulto. Es justamente, desde esta perspectiva, que el director Omar Velásquez ofreció en la Asociación de Artistas Aficionados su particular versión escénica, muy personal y a su propio ritmo, que explora nuevas aristas de este clásico imperecedero.

La principal directriz de la puesta en escena de Velásquez es la de evidenciar la frustración de los adultos cuando se les corta las alas de la imaginación desde pequeños, bien representada en aquella primera secuencia en la que el futuro Aviador, siendo niño, es aconsejado por su familia para dejar de perder el tiempo pintando y que mejor se dedique a estudiar materias escolares. Es así que, ya de adulto, su encuentro con el Principito, un curioso niño que vive en un asteroide y que llega a la Tierra en busca de alguien que le dibuje un cordero, le resulta reconfortante, pues recuperará parte de su fantasía inicial. La música original, interpretada en vivo por el tecladista Eduardo Zapata, suma a crear la particular atmósfera de la propuesta.

A destacar en el elenco a Isabel Falcón, quien con mucho carisma y energía interpreta al entrañable Principito; muy bien secundada por Joel Calderón, Cynthia Bravo, Victor Lucana, Jiro de la Vega y Rocio Castañeda, todos construyendo con eficacia cada uno de los entrañables personajes de la historia, como el Rey, la Rosa, el Hombre de negocios y otros, con detalles precisos en sus respectivas caracterizaciones. El Principito de Antoine de Saint-Exupéry cautiva y conmueve, y probablemente nunca dejará de hacerlo, ya que posee una aproximación sencilla y única hacia la experiencia humana; esta versión de Velásquez respeta el material original y evidencia cómo sería el mundo real, si los adultos aprendieran a ver las cosas desde el punto de vista de un niño. Como el Principito.

Sergio Velarde

4 de enero de 2025

Crítica: RIBEYRO EN SU FARSA


Divertido tríptico teatral 

Uno de los más ilustres cuentistas dentro de la literatura peruana fue, sin duda, Julio Ramón Ribeyro. Perteneciente a la Generación del 50, sus magníficas historias cargadas de denuncia social, vinculadas a temas como el desarrollo urbano o la migración andina hacia la capital, nos han acompañado desde muy pequeños. No obstante, sus obras teatrales (en menor cantidad que sus historias en prosa) también contienen ciertamente la brillantez de su pluma. A treinta años de su fallecimiento, el autor de Los gallinazos sin plumas y Alienación es justamente conmemorado en un acertado y sólido montaje titulado Ribeyro en su farsa, estrenado en el Club de Teatro de Lima bajo la dirección de Manuel Calderón, con tres de sus piezas dramáticas en un acto.

Ni bien terminado el confinamiento por la pandemia, tuvimos ya un estreno similar, llamado Dos de Ribeyro (2021), con un par de sus obras cortas llevadas a escena, que fueron El último cliente y Confusión en la prefectura. Curiosamente, el presente montaje del colectivo Trama recoge las mismas historias, añadiéndoles la titulada El uso de la palabra. Pertinente el formato farsesco que elige la dirección, para así desnudar con humor la crítica que el autor diestramente reflejó en sus personajes y en su accionar, especialmente la muy vigente conveniencia política del último cuadro presentado (máscaras incluidas), en el que asistimos a los hilarantes enredos de un prefecto y un gobernador regional por mantenerse del lado del poder de turno, ante la supuesta muerte del presidente.   

Muy buen trabajo del elenco, conformado por Javier Gutiérrez López, Marcos Soto Asalde, Sandy Uribe Hernández y Sara Carbajal Montesinos, quienes les dan vida a todos los personajes de este tríptico teatral, con solvencia y gracia. La ejecución coral permite además, conectar las tres historias y evitar que luzcan independientes una de la otra, otorgándole fluidez al espectáculo general. Concebida como un divertido juego escénico, Ribeyro en su farsa le hace justicia a un autor de importancia capital para nuestro país y Latinoamérica, por su incisivo cuestionamiento, a través del humor, hacia una sociedad llena de taras y prejuicios.

Sergio Velarde

4 de enero de 2025

jueves, 2 de enero de 2025

Crítica: MUERTE, SEXO Y TRAICIÓN


Tres actos de humor y humanidad

La obra Muerte, Sexo y Traición de Eduardo Adrianzén, dirigida por Esteban Philipps, ofrece una antología teatral que mezcla humor negro, drama y una buena dosis de ironía en tres relatos independientes. Esta propuesta, presentada en el Club de Teatro de Lima, se distingue por su capacidad de entretener y hacer reflexionar al espectador sobre los aspectos más sombríos y contradictorios de la naturaleza humana. Esta característica se manifiesta con ingenio, sin una intención aleccionadora de por medio.

El elenco, compuesto por María del Carmen Sirvas, Cheli Vera, Yaremís Rebaza y Rodrigo Chávez, entrega actuaciones sólidas, específicas y emocionalmente resonantes. Cada actor muestra un dominio técnico notable, manejando muy bien los cambios de personaje y las transiciones emocionales con naturalidad, llevando al público de la risa a la tensión a lo largo de la representación. Sin embargo, un aspecto que resta ligeramente a la puesta en escena es el manejo de los acentos, especialmente en el segundo cuento, Sexo. La introducción del personaje de María Matehuala, una joven mexicana, exige una precisión lingüística que no siempre se logra, y que, en ciertos momentos, es un elemento distractor en el desarrollo de la historia. Aunque el esfuerzo por dotar a los personajes de un contexto cultural específico es evidente, la inconsistencia en los acentos afecta la inmersión del público en la narrativa.

Por otro lado, la dirección de Philipps logra equilibrar los matices cómicos y dramáticos de la obra. El ritmo de las historias se mantiene ágil, y la puesta en escena aprovecha al máximo el espacio del teatro, generando una atmósfera íntima y envolvente. La iluminación y el diseño escenográfico refuerzan los cambios de tono entre cada cuento, subrayando tanto los momentos de hilaridad como los de tensión. Cada relato aborda temas universales con un enfoque mordaz: la muerte como catalizador de confesiones en Muerte, la pasión desbordante y las mentiras en Sexo, y las traiciones entre amigas en Traición.

A través de un texto ágil y cargado de ingenio, Adrianzén invita al público a explorar las complejidades de las relaciones humanas. En conclusión, Muerte, Sexo y Traición es una obra que, pese a pequeños tropiezos con los acentos, sobresale por su calidad actoral, su dirección precisa y su narrativa provocadora. Una experiencia teatral intensa y entretenida que deja al espectador con mucho en qué pensar, y que, sin duda, se consolida como un éxito en la cartelera limeña.

Stefany Olivos

2 de enero de 2025

Crítica: CASA, LLEGUÉ A CARIÑO


Hogar, no tan dulce hogar

Casa, llegué a cariño, dirigida por Patricia Biffi y protagonizada por la brillante Karina Jordán, es una comedia que, bajo su fachada de risas y colores pastel, esconde una reflexión poderosa y necesaria sobre las relaciones, las presiones sociales y el papel de la mujer en el hogar. Inspirada en el idealizado mundo de los años 50, la obra desmonta con ingenio las nociones románticas de un tiempo que, aunque envuelto en nostalgia, aún estaba lleno de limitaciones y desigualdades (especialmente para las mujeres).

Jordán encarna a Judy, una mujer que parece salida de una revista de esa década: perfecta anfitriona, esposa impecable, siempre arreglada, y siempre lista con un cóctel y pantuflas calientes para su esposo. Sin embargo, las grietas en esta imagen idílica comienzan a aparecer, revelando la complejidad y los conflictos internos de su personaje. Jordan brilla en este papel, alternando entre momentos de hilaridad y otros de gran vulnerabilidad emocional, logrando una interpretación que conecta profundamente con el público. El elenco en su totalidad está a la altura del desafío, entregando actuaciones impecables que complementan a la perfección el viaje emocional de Judy. Las dinámicas entre los personajes son tanto conmovedoras como reveladoras, especialmente las escenas con su madre, que añaden capas de significado y contradicción a la narrativa.

La dirección de Biffi destaca por su habilidad para manejar el tono de la obra. Cada momento cómico está cuidadosamente balanceado con instantes de introspección, permitiendo que el público ría mientras reflexiona sobre los temas subyacentes. La escenografía y el vestuario, diseñados en un estilo retro de los años 50, refuerzan la atmósfera nostálgica, pero también actúan como un recordatorio visual de las restricciones de esa época. Este efecto se logró gracias a lo específica que fue la elaboración de cada elemento escenográfico. Además, el diseño de luces aportó calidez al hogar representado en la obra.

El texto, ganador del premio Olivier en 2019, es una obra maestra de humor y crítica social. A través de situaciones absurdas y diálogos brillantes, la obra explora cuestiones contemporáneas como los roles de género, la idealización del pasado, y las complejidades del matrimonio. Además, plantea preguntas difíciles: ¿qué sacrificamos por cumplir con las expectativas de los demás? ¿Somos cómplices de la perpetuación de estas dinámicas? Casa, llegué a cariño es una experiencia teatral imprescindible. Con su equilibrio perfecto entre comedia y profundidad, es una obra que invita tanto a la risa como a la reflexión. Una mirada fresca y mordaz a las relaciones y a la nostalgia mal entendida, que deja al público con nuevos cuestionamientos.

Stefany Olivos

2 de enero de 2025