jueves, 19 de marzo de 2020

Entrevista: CLAUDIA CASTRO PEDRO


“El cambio tiene que ser tu mejor aliado”

Horizonte de Evento (2019), inclasificable obra teatral protagonizada, escrita y dirigida por Karlos López Rentería fue una de las gratísimas sorpresas de la cartelera teatral del año pasado. Justamente el mencionado montaje ganó como mejor comedia por el Jurado de Oficio Crítico. Su joven productora Claudia Castro Pedro nos comenta que su pasión por el teatro le viene desde muy pequeña. “En el colegio, mi mamá me cuenta que estuve en todas las actuaciones habidas y por haber,” menciona. “No sabía propiamente qué eran las artes escénicas, pero estaban ahí y tomé conciencia poco a poco de que era lo que yo quería hacer en realidad.” Por un tiempo se dedicó a la danza, dentro de un programa de niños talento del Ministerio de Educación. “Van captando chicos que destaquen en varias áreas y yo estaba en Danza; fue mi profesora Verónica Soto la que me dijo que yo debería dedicarme al Teatro y como que eso quedó ahí, muy suelto, y no fue hasta años después, en la universidad, que me doy cuenta de eso.”

Vocaciones y maestros

“Entro al TUC y llevo varios talleres, con Liliana Trujillo, Gabriela Motta y especialmente, con Luis Kanashiro," enumera Claudia. “A Kanashiro yo lo valoro un montón, porque cuando tenía una duda existencial, él era muy preciso conmigo y se hizo necesario para mí; fue el que me enseña que el Teatro es más que pararse en un escenario, que hay una técnica y un trabajo de años, con mucha pasión y disciplina.” Aquella fue formalmente, la primera vez en la que Claudia confirma que es el Teatro lo que quiere hacer el resto de su vida; mientras, paralelamente al TUC, estudiaba Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y acabó la carrera, aunque todavía no es titulada.

Claudia separa dos momentos especiales dentro de su formación universitaria en la Decana de América; el primero, cuando entró a ser dirigente estudiantil. “Lo fui tres veces en los seis años de carrera y siempre me metía a la parte de cultura.” Fue una época difícil, ya que toda la movida cultural, que incluía Juegos Florales y Elenco de Teatro, estaba ausente desde la época de Fujimori, en donde se rompió el movimiento estudiantil y el gremio quedó debilitado. “En la época que estuve en el Centro Federado de la FDCP, quisimos con todos los chicos fomentar de nuevo el área cultural, e instauramos los Juegos Florales, con competencias de, obviamente, Teatro y además, Música, Declamación, Ensayo, Poesía, entre otros.”

El segundo momento llegó al percatarse de que el Teatro de San Marcos tenía una modalidad distinta a la que Kanashiro le había inculcado en el TUC y en consecuencia, no la sentía propia. “Me preguntaba qué era lo que quería decir con el teatro y por qué no hacer un grupo de teatro en San Marcos; así que había chicos que querían hacer teatro y nos juntamos.” Como resultado, se estrenó la obra Los veranos son cortos de Eduardo Adrianzén, quien gentilmente le cedió los derechos a Claudia. “Ese era el espíritu del grupo, de dar un mensaje que no solamente se quede en el entretenimiento propiamente, sino que también tenga un mensaje, un compromiso con la sociedad.” La pieza, que criticaba justamente las “libertades” educativas universitarias, le resultó muy interesante al grupo. “Porque el estudiante de una universidad no estudia solamente para ser un profesional, también tiene que ser crítico; entonces, el teatro te puede abrir un mundo de posibilidades.” El montaje se presentó en La Casona de Rick luego en el TUSM en Jr. Lampa. “La dirigió mi mejor amiga, Diana Camarena y fue una temporada rara, porque la cabeza era yo, producía sin saber que estaba produciendo y ella dirigía al grupo, también sin saber que era la directora del mismo.”

Espacios con libertad

La segunda vez (y reconfirmación) que Claudia siente que el Teatro sería indesligable de su vida llegó con el encuentro con el director de EspacioLibre, Diego La Hoz. “Lo conocí en un encuentro universitario, en donde participó el grupo de teatro que fundé en San Marcos, La Hora Azul, y Diego, de jurado; él es un gran pedagogo, nos enseñó mucho en esa experiencia y fue así que yo tomo la iniciativa de hablarle y meses después me dice si quiero ser su productora y bueno, yo esperaba algo más chiquito, más mínimo, pero me dio la confianza de producirle una obra y dije que ya, porque me encantan los retos.” Laberinto, de la dramaturga peruana María Teresa Zúñiga, bajo la dirección de La Hoz, fue el montaje que celebró el vigésimo aniversario de EspacioLibre, estrenado en la Asociación de Artistas Aficionados. “Ahí conocí a Aurora Colina, una mujer que tiene tantos años de experiencia, se nota lo que ha vivido, muy amable, siempre abierta al diálogo, en los camerinos contaba como era el teatro en su época, como empezó, quién la dirigió; en realidad, tenía amor por la vida del teatro y eso te llena de mucha energía positiva.”

Al igual que Kanashiro, La Hoz se ha convertido en una figura importante para el desarrollo artístico de Claudia. “Diego es mucho para mí, es una persona a la que se le notan los años de experiencia que tiene,” asegura la productora. “Lo que yo valoro de Diego, en general, es que es una persona consecuente con lo que hace o no, con lo que dice a través de la teatralidad que maneja, y es consecuente con su estética; él me dio una oportunidad cuando yo no era nadie en el medio del teatro.”

Al recibir el grupo de Horizonte de Evento su diploma en la premiación de Oficio Crítico en diciembre pasado, López Rentería mencionó que fue un proceso bastante largo. “Ese fue el punto de quiebre y prueba de fuego de EspacioLibre,” confiesa Claudia. “No arruiné Laberinto, así que todo bien (ríe), y paralelamente Diego se iba a ir a Arequipa; entonces Karlos se quedaba en Lima para tomar las riendas del grupo.” Es así que López Rentería invita a Claudia a encargarse de la producción de su espectáculo teatral. “Leo el texto y obviamente, en la primera leída es como ¿qué está pasando aquí?, porque es un texto bastante complejo, que te dice muchas cosas; a la segunda leída, ya como que va tomando forma y me dije: ¡Este es un texto ganador por todas partes!,” confiesa.

Produciendo por vocación y con convicción

Se mencionaba que Horizonte de Evento fue un montaje inclasificable, y para los afortunados que llegaron a verlo, estarán de acuerdo con tal apreciación. “Valoro mucho que sea una alegoría, algo muy retador que me saca en mi zona de confort,” asegura Claudia. “Y eso es lo que quería hacer; le dije a Karlos que aceptaba, porque yo no lo haría nunca en mi vida, y ese es un reto y me va a llenar de muchas experiencias más y voy a aprender; siempre que me mando con un proyecto, me pregunto qué voy a aprender de esto, y si siento que puedo aprender mucho, acepto.” El proceso de Horizonte de Evento no estuvo exento de dificultades y duró varios meses. “Hubo cambio de elenco con el tiempo, fue una propuesta muy rara, muy particular; si bien los actores tenían una pauta, todas las funciones fueron distintas, llenas de anécdotas, los cambios generaban otros eventos; esto fue un punto a favor, porque se podía ver la espontaneidad en escena, cualquier cosa podía pasar.”

Sobre López Rentería, Claudia solo tiene palabras de elogio. “Hizo algo que no se podía lograr o es muy difícil (escribir, actuar y dirigir), me parece súper complicado, pero más allá de estar actuando y dirigiendo, le preocupaba también mucho la estética.” El talento de López Rentería no está en discusión, pero acaso no esté siendo comprendido del todo por la gente. “Creo que su estética está mucho más avanzada de lo que ahora estamos viendo,” asegura Claudia. “Todos coincidimos que tiene un talento muy particular, pero no puedo definirlo en palabras, sabes que es bueno; es cuando ves una obra de teatro que es buena, pero no sabes el porqué exactamente.”

Claudia disfrutó también el tiempo que pasó con el elenco y equipo, integrado por Brian Suárez, Fito Bustamante, Alexandra Jiménez, Luis López Rentería, Emanuel Romero y Nilton Minaya. “Yo soy mucho de separar mis espacios entre lo profesional y la amistad,” comenta. “Pero sucedió una mística especial, nos volvimos amigos; lo que más rescató de ellos es la constancia y el hecho de no rendirse, porque tuvimos muchos problemas; por ejemplo, el día del estreno creíamos que no iba a venir nadie, porque habíamos proyectado una cantidad de personas y solo habían llegado diez.” Varias cosas fallaron en su estreno en la AAA, con problemas de escenografía y utilería, acaso como en todo estreno de teatro convencional. “Karlos estaba en crisis, ya había que dar sala y no terminábamos de ordenar todo, pero bueno, yo estaba súper tranquila.” La Hoz le dijo después que ella estaba en “modo productora”, que estaba pensando como tal y que estaba avanzando por en el camino correcto. “Porque en el fondo, sabía que las cosas iban a salir bien; además si entraba en crisis era ponerlos en crisis a ellos y uno tiene que mantener la calma.” Horizonte de Evento pasó después a una segunda temporada en el Club de Teatro de Lima, en un espacio mucho más íntimo que ganó puntos a favor, gracias a la cercanía con el público.

“Creo que para ser una buena productora de teatro, debes estar siempre abierta al cambio,” reflexiona Claudia. “El cambio tiene que ser tu mejor aliado, al igual que la paciencia, el buen humor y sobre todo, la empatía.” La reposición de Horizonte de Evento resulta inminente y regresará a la AAA este 2020. “Con respecto a EspacioLibre, Diego vuelve a Arequipa y con Karlos estamos viendo de qué otras maneras abarcamos otras áreas, todavía nada confirmado para anunciarlo, pero ya les estaremos informando,” finaliza.

Sergio Velarde
19 de marzo de 2020

miércoles, 18 de marzo de 2020

Entrevista: ALANA LA MADRID

“Hay que tener un amor enorme al teatro”

En muy pocas ocasiones, el elenco en pleno de una puesta en escena es nominado a los premios Oficio Crítico. Xauxa (2018), creación colectiva de la Casa de Tespis, ocupó ese honor; y una de sus actrices logró la preferencia mayoritaria del público, el que votó en la encuesta virtual y la posicionó como la mejor actriz de reparto en la categoría Drama. Alana La Madrid, a pesar de su juventud, tiene ya una sólida carrera no solo en las artes escénicas, sino también en la música. “Mi papá es músico y mi tía trabajaba con Miki González, siempre crecí entre música”, comenta Alana. “Siempre crecí pensando en ser cantante y actriz; todos los años participaba en las actuaciones del colegio, quería bailar, cantar y actuar; pero en mi casa no habían los tiempos como para llevarme a clases.” Al cumplir doce años, y ya con cierta independencia, ingresa junto a sus amigas al MALI a desarrollar su talento artístico.

Maestros y aprendizajes

“Es en el MALI que conocí a mi maestro y al culpable de todo, que es Ramón García,” revela Alana. “Él me inculcó el amor al teatro y la disciplina, también formé parte de su grupo de teatro, que se llamó Sakuntala, con el que empezamos a hacer obras, algunas de Darío Fo, en el Centro Cultural de San Marcos, en el Florentino de Barranco, también pasacalles, y después pasé a su taller de formación actoral TEFA.” La disciplina de García era crucial, especialmente en su horario, los domingos desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde. “Por un lado, digo qué bacán fue mi entrenamiento, pero ahora que no tengo a todos mis seres queridos, me digo que sí me perdí muchos momentos familiares.” En aquella época, Alana siguió al taller de García en todos sus locales, en su etapa itinerante a la fuerza, en el Centro Médico Antroposófico, la Casa del Artista y en el Club de Leones de Miraflores.

Alana llevó un taller de canto con Jaime Calderón en el MALI, paralelamente al de García, pero ante la crisis económica familiar, optó por quedarse solo con este último; también estuvo por poco tiempo en talleres con Aristóteles Picho en el Centro Cultural de la Católica, de quien recuerda mucho su disciplina. “Al terminar el colegio, no había carreras musicales de mi rubro, solo había el Conservatorio y la Escuela de Folklore; así que decido estudiar actuación profesionalmente en el TUC.” Allí tuvo la fortuna de tener a Alberto Isola como profesor de actuación durante cuatro ciclos; así como Mirella Carbone en danza, Ana Correa en cuerpo, y Fernando de Luque y Pepe Bárcenas en música. “Con Alberto ves la luz en cuanto a la acción, que te cuesta en principio entender, pero te queda luego más claro; también tuve otros muy buenos profesores, como Coco Chiarella, Marisol Palacios, Ruth Escudero y Gianfranco Brero.”

De sus muestras internas en el TUC, Alana recuerda la puesta en escena de Chicas católicas de Casey Kurtti y una creación colectiva realizada con Chiarella titulada Y finalmente… “En mi promoción entramos veintiocho y salimos solo diez; si bien un par están en pausa de maternidad, todos la seguimos luchando: Michael Joan, Gonzalo Talavera, Briscila Degregori, Flor Bromley, Alfonso Dibós, Laura del Busto, Sofía Humala, Claudia Mori y Mirella Bálsamo.” Alana menciona que su primera obra profesional, antes de egresar del TUC, fue con el rol de una mendiga en El Gran Teatro del Mundo, con el notable Ricardo Fernández; y ya fuera del TUC en Morir de Sergi Belbel, con la dirección de Manuel Trujillo.

“Quisiera dedicarme profesionalmente al teatro y a la música en un 50/50”, confiesa Alana. “Sin embargo, es 70% de actuación, ya sea enseñando y actuando, y 30% con la música; lucho día a día para que sea de igual a igual, pero la música no me da todavía, me da solo para gastar nomás (ríe), estoy a perdida.” Ella tiene una banda llamada Catarsis, con la que sigue presentándose en diversos escenarios. “Los talleres de canto y música son importantes para el actor, mientras más herramientas tengas, vas a ser un actor más completo, vas a tener más facilidad para crear personajes más ricos e interesante; y también por una cuestión de chamba y de competencia.” Alana considera que una buena actriz de teatro debe tener disciplina, aptitudes (“basta un 1% de talento y 99% de trabajo”) y un amor enorme hacia el teatro. “Porque si no lo tienes, no faltarías a los matrimonios de tus parientes, no te perderías un montón de momentos importantes ni arriesgarías tanto tiempo de calidad, y a veces, ni siquiera ganas; entonces,  si no le tienes amor, ¿para qué?”

La magia de Xauxa

La Casa de Tespis es un colectivo teatral que viene promoviendo interesantes montajes teatrales mediante combinaciones con la danza, la música y el canto, del que Alana es cofundadora. Como ella misma menciona, “producimos proyectos cada cierto tiempo, a pesar que todos estamos en mil cosas, y queríamos sacar un proyecto para adultos, porque lo último que hemos hecho han sido espectáculos para niños.” Desde Un valse, un recuerdo (2011), creación colectiva dirigida por Ana Correa, el grupo no presentaba espectáculos para adultos; sin embargo, sí estaba ocupado con puestas en escena para los más pequeños como El monstruo de los mares – La leyenda parte I (2012) escrita y dirigida por Mirella Balsamo; El monstruo de los mares – La leyenda parte II (2013) escrita por Bálsamo y dirigida por Marlene Banich; y SOS Patas al rescate (2019), creación colectiva dirigida por Banich. Xauxa vino de la inquietud de César Gólac como director, que nos propuso este proyecto y a pesar que siempre invitamos a un director para cada puesta, le dijimos que él mismo se haga cargo.”

Presentada como una creación colectiva que tomaba como contexto la danza de la tunantada y a sus personajes para contar la historia, Xauxa buscaba visibilizar distintos testimonios de corrupción, discriminación y violencia que ocurren día a día en nuestro país, en contra de las mujeres y poblaciones vulnerables. “César mandaba tareas muy puntuales; primero, lo que nos había pasado a nosotras como mujeres y juntos revisamos todo un montón; después, él sacaba los textos y distribuía los personajes; todos metíamos un poco la cuchara, pero él escribía en base a las improvisaciones y tareas que le mostrábamos.” Como todo trabajo en grupo y especialmente, una creación colectiva, durante el proceso se produjeron varios inconvenientes, que felizmente el colectivo pudo superar. “Cuando hemos sentido incomodidad, parábamos y resolvíamos; cuando no nos hemos sentido cómodos, justamente no ha nacido nada y no se siembra la semilla; cuando nos hemos sentido a gusto, y a pesar que siempre hay distintos problemas que luego resolvemos, las cosas salen bien; tratamos de hacer el trabajo lo más profesional posible.”

Proyectos a futuro

A Alana le gustaría mucho participar en alguna película, ya que o bien han cortado sus escenas o su papel era muy reducido. “Me gustaría también hacer teatro musical; hasta ahora solo he cantado en obras de teatros y una vez reemplacé a una actriz en una obra musical, pero solo para una función vendida.” También revela que le encantaría trabajar algún día con sus maestros en temporadas profesionales. “No quisiera morirme sin trabajar antes con Ramón o con Alberto o con Coco,” menciona. “También quisiera hacer de mala en la televisión, hasta ahora no lo he hecho.” La dirección, eso sí, está fuera de los planes de Alana, salvo si se trata de un proyecto para microteatro o una muestra para alumnos. “Para mi proyecto final en el TUC, tenía que producir una obra y podía elegir además entre actuarla o dirigirla; elegí esto último; desde ese momento decidí no volver a dirigir en mi vida (ríe).” El espectáculo, presentado en la galería de arte de la Católica, fue un musical alternativo escrito por Emperatriz Vizcarra, con Andrés Salas y Kemmy Ríos en el elenco. “Hay que tener una visión y ser muy capaz; en verdad, cualquiera no debería dirigir, hay que ser artista, hay que pintar en el escenario cosas que la verdad yo me siento todavía una simple actriz.”

La banda Catarsis estrena nuevo videoclip, titulado No me silbes, "conmemorando la lucha que aún no cesa y desde nuestra música le decimos #noalacososexualcallejero." Para los que se la perdieron, Alana anuncia el inminente reestreno de Xauxa, en diciembre en el Centro Cultural de la Pacífico, y comenta entusiasmada sobre la próxima obra en la que actuará. “Se llama Madriguera y estaremos en temporada desde abril en el Teatro Auditorio Miraflores; es una obra de acción ubicada en una cárcel de mujeres, con un gran elenco: Kareen Spano, Andrea Meza, Trilce Cavero, Ena Luna, entre otras; somos nueve actrices y todas están geniales.” La puesta está escrita y será dirigida por Renato Argüelles, y las entradas ya están disponibles. “A mí me encantan las series Vis a Vis y Orange is the new black; además hago de una presa que es una Mara Salvatrucha y es un reto para mí hablar en acento caribeño todo el tiempo y que salga natural,” concluye.

Sergio Velarde
18 de marzo de 2020

Entrevista: DIEGO CARLOS SEYFARTH


“El arte es una gran arma social”

Ganadora del Festival Sala de Parto 2015, la pieza escrita y dirigida por Sebastián Eddowes, El rancho de los niños perdidos (2019), tuvo que esperar varias años para su estreno oficial. Su actor protagonista, Diego Carlos Seyfarth, fue recompensado con el premio del público como el mejor actor en la categoría Drama por la encuesta publicada en Oficio Crítico. “El único artista en mi familia fue mi bisabuelo, que fue pianista y vino de Alemania al Perú en un barco y se dedicó a la música, tocaba en bares como pianista y terminó dando clases, pero esa fue la única referencia artística en mi familia,” comenta Diego Carlos. “Desde muy pequeño en el colegio siempre me dediqué a la música, toqué varios instrumentos, batería, percusión; el teatro no era lo mío en ese entonces, me dedicaba más al deporte y a la música; lo que sí me gustaba hacer era imitar a los profesores, tenía esa facilidad, todos se mataban de la risa, era muy movido.”

En tierras alemanas

“Yo tengo ascendencia alemana, así que quise ir allá a aprender el idioma”, afirma Diego, quien viajó teniendo diecisiete años a vivir a Bonn y cumplió parte del Servicio Militar. “Estaba defendiéndome muy bien con el idioma, pero no sabía qué hacer, estudié Hotelería y Turismo, y por varios años estuve trabajando en cadenas de hoteles conocidas, hasta que me aburrí.” Gracias a su talento innato por la música estuvo en varias bandas como baterista y percusionista, tocando en varios conciertos, en paralelo con su trabajo hotelero. Es entonces que le llama la atención la energía tan especial que había en el escenario. “Compartir mi arte con el público es algo maravilloso, pero ¿qué más puedo hacer?,” se preguntaba. Diego  prefirió dejar la música y entrar al mundo de la actuación, ingresando en el 2008 a una destacada escuela privada de actuación, en la ciudad de Siegburg, llamada Studio Bühne Siegburg; y en el 2010 a la universidad de artes Alanus Hochschule für Kunst & Gesselschaft en Bonn, para el estudio de arte dramático Diploma of Arts.

Diego  estuvo en constante formación artística y luego de cuatro años se recibe como actor profesional. “Tuve excelentes profesores, como Dieter Braun, quien aplicó mucho la enseñanza de Chéjov, de Kleist, de Stanislavski, un poco de todo; es una persona sumamente estricta y que te confrontaba contigo mismo, decía que había que sacar todo lo tuyo, te aplicaba la memoria emotiva antes de subir al escenario; como acting coach le dio clases a Kate Winslet en Australia.” Otro profesor importante fue Michael Schwartzman, quien estudió en el École Internationale de Théâtre Jacques Lecoq en París. “Hicimos teatro de máscaras y comedia del arte”.

Posteriormente, Diego comienza a audicionar a los principales teatros y es contratado en el Teatro Nacional de la ciudad de Bautzen en Sajonia, en donde participó en numerosas puestas en escena durante tres años. “Experimentas realmente lo que es la vida teatral tradicional, comienzas a ensayar, estrenas y a los dos meses ya estás ensayando la siguiente obra; son ocho obras por temporada, no tienes vida (ríe), vives y respiras teatro; además, convives con muchas personas, con el elenco formal de veinticinco artistas de diferentes partes.” Fue una experiencia increíble, ya que le sirvió para aplicar todo lo que había aprendido. “Y bueno, cada cierto tiempo me daban permiso en la medida de lo posible para participar en rodajes de series policiales; tengo una representante en Hamburgo que me facilitaba todo eso, pero ahora no estoy tan activo, porque estoy acá; a veces me manda castings online, pero es complicado si no estás allá.”

De entre todas las obras que Diego realizó en Alemania, recuerda con emoción la adaptación de la cinta Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975), película de culto esteralizada por Jack Nicholson, en la que interpretó nada menos que al indio “Jefe” Bromden. “Me pusieron una peluca muy larga y me maquillaron de una manera particular,” recuerda. “Toda la obra se contaba desde la perspectiva de Bromden, había monólogos que relataban las vivencias en el manicomio y lo que representaba McMurphy, que simbolizaba la libertad, lo ve como un aliado para escapar.” Debido a la coyuntura social y cultural en Alemania Democrática de ese entonces, esa obra en particular representaba mucho para la gente de esa zona del país: el manicomio representaba a la Alemania Oriental y para la gente había una necesidad de escapar. “Fue un gran reto hacerlo, no tenía mucho texto, pero estás presente en todas las escenas de la obra, es estar presente y no estar presente, como un fantasma; eso fue un gran reto, pude aplicar esa energía de no hacer nada y hacerlo todo; así es la escuela alemana, que vive de la contención, la convención de las miradas, de la energía, el impulso creador.”

La rutina de trabajo para Diego fue extenuante, pero provechosa para desarrollar sus aptitudes actorales: las temporadas duran un año y cada una consta de ocho obras en promedio, en las que los actores se van turnando e intercalando ensayos y presentaciones. “Eres como un soldado del teatro, para eso tienes apuntadoras que trabajan contigo, que te siguen la lectura; tienes toda una infraestructura y trabajo todos los días, si no te toca actuar, te toca ensayo”. El horario de trabajo es de 10 am. a 2 pm. y después de 6 pm a 10 pm., siempre ensayando o en función. “Estás trabajando a un ritmo muy fuerte, pero la gente consume mucho teatro; hay una tradición teatral de hace muchos años; el teatro en que yo trabaja tenía más de 800 años, había sobrevivido dos guerras mundiales y bueno, para mí fue un honor formar parte del sistema teatral alemán.” Actuar en alemán fue un reto. “Sobre todo a nivel fonético, es hablar el alemán sin acento; yo aprendí alemán recién allá, pero gracias a la facilidad auditiva que tengo, pude asimilarlo muy bien, eso me ayudó bastante.” La lista de obras que interpretó es variada, con autores de importancia capital como Goethe, Schiller o Hoffmann. “Para mí, es un honor interpretar obras de estos autores, también baladas en alemán; el idioma es hermoso, es un idioma duro, pero muy poético y muy exacto para describir emociones.”

De vuelta a casa

¿Qué trajo de vuelta a Diego Carlos al Perú? Pues el amor hacia la destacada actriz Karina Jordán, con quien compartió roles en la teleserie VBQ, todo por la fama. “Es que alguien tenía que ceder (ríe); le dije que aprenda alemán y que se venga a actuar acá,” bromea. “Queríamos sacarnos el clavo, teníamos bastante tiempo a la distancia, vine por trabajo y tomé la decisión correcta en la vida y el destino se encarga de lo demás, de recompensarte por eso.” Diego ha tenido, desde su regreso, una presencia constante en teatro, cine y televisión. “No tenía tanta experiencia en la televisión, pero sí estoy participando en obras; mi pasión es el teatro, yo comparo el teatro con la música: el teatro es el concierto en vivo y la televisión, las grabaciones de estudio.” En el 2018, participó en la interesante San Bartolo en el Teatro La Plaza y actuó en la pantalla grande en No me digas solterona.

“Primero, un buen actor de teatro debe saber relajarse,” afirma Diego Carlos. “Segundo, debe saber escuchar; y por último, conservar la mística.” Por otro lado, como características de un buen director de teatro, afirma que “tiene que tener un buen nivel de observación, debe ser muy empático, tiene que respetar los tiempos de sus actores y en verdad, escuchar, darte la mano.” Considera además, que actor y director deben trabajar juntos, porque un director que explica y ordena todo no lleva a ningún lado. “Los dos son un equipo, tanto los actores como el director necesitan proponer, escribir, borrar y volver a escribir, construir para después destruir.”

La dirección no es ajena para Diego, ya que dicta talleres en los que comparte sus aprendizajes y experiencias. “De los alumnos yo aprendo mucho, por ejemplo, yo conozco la obra y propongo jugar, observar y ver lo que está pasando y en base a eso, dar nuevas ideas, nuevos impulsos y del mismo impulso de ellos, salen cosas increíbles.” Obviamente, los actores, en sí, no se dan cuenta de sus logros en escena. “Porque su trabajo es proponer, sentir y ser honestos; para eso está el director, él identifica eso y dice ‘grábalo’, ya ve uno cómo regresa a esa repetición y generar esa emoción.” Diego  reconoce que sí le gustaría en algún momento dirigir actores, pero no es una necesidad. “Estoy más concentrado en la docencia y en dictar clases, haber podido convalidar mi maestría, que para mí es algo excelente, porque también siento que estoy contribuyendo a mi país, he podido acceder a una formación muy buena y me gustaría compartirla con los chicos que realmente lo necesitan y que estén interesados.”

Gracias a su participación en San Bartolo, su codirector Alejandro Clavier le recomienda a Eddowes que tome en cuenta a Diego  para el personaje del director de cine Alexander Porfirievich Zinatov en El rancho de los niños perdidos. “Me escribió, me mandó la obra, nos comunicamos, la leí y le dije que esta obra tiene que ser montada, es genial,” recuerda Diego “Sebastian (Eddowes) es muy prolijo en su trabajo, la obra estuvo en un proceso de renovación, de fermentación, por así decirlo; él fue muy ambicioso con el proyecto; como director, te da mucha libertad y confía realmente en sus actores, aun si conocernos mucho al comienzo , realmente entregó su bebé en nuestras manos.” El elenco estuvo integrado además por los actores Sebastián Ramos y Jorge Black. “Excelentes compañeros, con una gran sensibilidad artística, fue maravilloso trabajar con ellos; probamos varias ideas y lo bonito y lo genial es que el texto era de Sebastian, el autor y el director a la vez, es decir, no había lugar a duda: esto es así y esto es lo que quiere decir; cómo lo dices, qué acción tomas tú para decirlo, pues es tu decisión; ensayar fue buenísimo, un trabajo exquisito de verdad.” La temática de la obra de Eddowes también fue del agrado de Diego. “Me sentía muy identificado con toda la temática de las ideologías, yo he vivido más de tres años en la ex Alemania Oriental y he estado rodeado de ex comunistas o comunistas frustrados; eso me ha servido mucho también para construir este personaje; si bien es cierto, yo no tengo la edad de ese personaje, ni la experiencia, esa vivencia me ha ayudado a conectar con su realidad.”

Paralelamente a los ensayos de El rancho de los niños perdidos, Diego  culminaba la temporada de el musical Todos vuelven, un musical para el Perú de Preludio, bajo la dirección de Carlos Galiano. “Él es muy sistemático, ya tiene un concepto muy claro, una ruta trazada; pero sin embargo, es muy abierto a nuestras sugerencias.” El musical requirió de una gran logística, ya que en escena aparecían más de veinticinco actores y bailarines. “Todos esos artistas variados tenían que interpretar escenas, Carlos tenía que exigir a los actores cantar, además de fusionar el canto con el baile y todo esa producción fue una tarea muy ardua, pero él siempre fue muy acertado, muy prolijo en su manera de trabajar; lo hizo muy bien, con mucha perseverancia y mucha pasión; Carlos es mi amigo, lo felicito, fue un gran trabajo.”

En este 2020, Diego Carlos seguirá dictando talleres de actuación y estará presente en nuestra cartelera teatral. “Vamos a reestrenar Todos vuelven, un musical para el Perú, y también El rancho de los niños perdidos, este último en octubre en el Centro Cultural Ricardo Palma; además, vamos a ver si nos vamos afuera con esta obra, porque se presta para la itinerancia.” En el apartado musical, continuará con presentaciones con su banda The Auroraz, con canciones originales en inglés. “Busco promover un poco la cultura rockera, que se está yendo abajo un poco (ríe); creo el arte es una gran arma social, es la única manera que podemos ser empáticos; vivimos en una sociedad muy apática, hay una gran falta de empatía, de no ponerse en el lugar del otro; yo quiero transmitir a mis alumnos que cambiemos eso por medio del arte, para mí eso es una necesidad,” concluye.

Sergio Velarde
16 de marzo de 2020

martes, 17 de marzo de 2020

Entrevista: ALONSO CANO


“Es básico sincerar el precio de las entradas”

“Mi niñera era el teatro”, comenta el actor Alonso Cano, ganador del premio del jurado de Oficio Crítico por su destacada actuación en la comedia Más pequeños que el Guggenheim (2019). Hijo de los actores Patricia Frayssinet y Carlos Cano, Alonso siempre estuvo involucrado con la actuación, asistiendo desde muy pequeño a grabaciones, ensayos y funciones de teatro. “No tenían con quien dejarme (la mayoría de las veces), entonces yo me ganaba con todas las instalaciones de los teatros, recuerdo el Montecarlo y el Canout, me paseaba por todos lados, pasillos, tramoyas; siempre estuve familiarizado con el teatro.” Lamentablemente, su colegio no tenía un enfoque hacia las artes, así que nunca hizo un taller de teatro escolar propiamente dicho, ni siquiera cuando en Quinto de Secundaria intentaron en vano presentar una obra. “Yo sí recomendaría que todos los jóvenes lleven un taller de teatro en colegios, es básico para conocerse uno mismo.”

Inicios y formación

“Empecé a estudiar teatro para vencer mi timidez,” confiesa Alonso. “Mi mamá me metió al taller de Maritza Gutti a los quince años, porque era muy tímido; ella creía que con el teatro iba a mejorar.” El taller fue dictado en ese entonces en el Dance Studio de Fiorella Cayo, aunque Alonso también recuerda haberlo llevado incluso en la misma casa de la recordada actriz y profesora. “Maritza era una apasionada del teatro, lo amaba, era muy simpática, muy sabia, encantadora y tengo los mejores recuerdos de ella, fue una gran maestra en mi vida.” Alonso llevó tres talleres distintos con ella y era tan tímido que no llegaba a presentarle ni un solo ejercicio. “Hasta que por fin lo hice una vez y ella me dijo sorprendida: ¡Alonso, es la primera vez que has presentado un trabajo!; me demoré bastante.”

Alonso pisó las tablas por primera vez cuando tenía nueve años junto a su madre, dentro del elenco de Pluft, el Fantasmita (1993), que incluía además a su hermana menor Carolina Cano y a su tío Marcelo Oxenford. “Pero mi debut-debut fue en la obra Angelitos (2003), en el teatro Julieta y dirigida por Ana María Jordán; fue súper estricta, apasionada es la palabra que más la define.” Alonso reconoce que no desaprovechó la oportunidad de participar en estas obras, pues lo pusieron “en el radar” para empezar a asistir a castings y a que lo tomen en cuenta para diversos proyectos. “Nunca me han elegido por ser el hijo de quien soy, siempre meritocracia.”

Obviamente, los padres de Alonso fueron sus primeros maestros, de quienes aprendió a continuar la tradición actoral familiar. “De mi papá, me quedo con el disfrute, el gozo, el privilegio de estar en un escenario, el estar haciendo algo que quizá muchos sueñan y no lo han logrado todavía, él lo veía de esa manera; y de mi mamá, la disciplina y la técnica, ella era más técnica que mi papá.”

Alonso, además, se ha formado en los talleres de formación actoral de Roberto Ángeles y Alberto Isola, así como en la escuela profesional de circo La Tarumba y otros talleres. “Con Roberto llevé tres niveles y con Alberto, un taller especial para exalumnos de Roberto”, menciona. “Roberto es absoluta técnica y muy estricto también; alguna vez, cuando no pasé el segundo nivel, le pregunté si me veía talento como actor y él me dijo, sin pelos en la lengua, que muy poco,  me recomendó que busque un trabajo, que estudie otra profesión, que me consiga otra enamorada porque la que tenía me hacía la vida imposible (risas) y que después, ya veríamos.” Sin embargo, Alonso no se rindió y luego de cumplir al pie de la letra sus indicaciones, regresó para repetir su segundo nivel. “Roberto me enseñó la perseverancia también.” Recuerda mucho su muestra final y el personaje que le tocó interpretar en la conocida obra Perdidos en una noche sucia de Plinio Marcos, al lado de Carlos Galiano. “Disfruté mucho el proceso, es una obra muy humana; hice de Paco el Loco el Peligroso.” De Isola, menciona que tiene mucha sabiduría y asegura que es el que más sabe de teatro en este país. “Siempre tenía una respuesta para todo, sabe llegar a sus alumnos, hicimos Maratón en Nueva York, de nuevo con Carlos Galiano, que era una metáfora sobre la muerte.”

Actuar y ser dirigido

Uno de los montajes que Alonso siempre menciona en sus entrevistas es Mercury: más allá de la vida de un dios del rock (2011), bajo la dirección de Jaime Nieto, en donde asumió el reto de interpretar al ex vocalista de Queen en un sentido monólogo. “Un buen actor de teatro debe saber escuchar, tener disciplina y ser generoso con el compañero”, asegura. Por otro lado, menciona que un buen director de teatro debe “también saber escuchar, recibir propuestas y tener sus propias propuestas, que sea un proceso de mucho amor por lo que está haciendo, eso es importantísimo, lo aprendí de Norma Martínez con quien he tenido el placer de estar bajo su dirección en dos obras; y ser estricto con los actores si es que hay alguna indisciplina, creo que eso se perdió un poco.” No obstante, Alonso afirma que un director jamás debe sobrepasar el límite de respeto con sus actores. “No creo que sea necesario el incomodar, creo que verbalizando lo que quieres lograr con el actor es suficiente; si es un exceso, es un abuso de poder y claro, es condenable.”

Justamente, uno de los personajes más difíciles de conseguir para Alonso fue el que realizó con Ángeles. “A Paco el Loco el Peligroso lo agarré al final, con un trabajo exhaustivo de Roberto, que también estaba ahí detrás de mí, exigiéndome bastante; creo que es importante entender que existe un trabajo horizontal y si bien el director tiene la última palabra, este no puede ser un militar.” Es importante entonces, para un director, llegar a un consenso, negociar con el actor, saber recibir las propuestas y llegar a un acuerdo mutuo. “He tenido la suerte de trabajar con ese tipo de directores; tampoco me parece indispensable, ni que sea mejor, que un director haya sido o sea actor; por ejemplo, Roberto creo que nunca ha actuado profesionalmente y es uno de los grandes.”

¿Qué personajes le gustaría interpretar a Alonso y todavía no ha tenido la chance? “Ricardo III”, responde de inmediato. “También me hubiera encantado ser Hamlet, pero ya estoy un poco viejito, aunque Bruno Odar fue un gran Hamlet a sus cuarenta años.” Afirma inclinarse más hacia los personajes dramáticos, a pesar de sus grandes logros en comedias. “Me encanta hacer comedia (y ya he hecho bastante), pero sí me gustaría hacer personajes diferentes, incursionar en el expresionismo, salir un rato del naturalismo.”

Espacios y circo

Alonso fue invitado por Diego La Hoz, director de Espacio Libre, para actuar en tres interesantes montajes, muy recordados además. “Diego me vio actuar en Unicornios (2004) de Aldo Miyashiro, mi primera obra para adultos, y luego me llamó para estar en una que había escrito, para que actuara con Franklin Dávalos, Cuando el día viene mudo (2005).” La pieza abordaba la relación entre dos amigos de veinte años, con uno de ellos confundido por lo que siente por el otro. “Fue muy interesante, había escenas de desnudos, pero Diego fue muy amable y profesional, supo crear un vínculo entre los tres; fue un proceso bastante fuera de lo común, yo todavía era cachorrito en el teatro, recién había acabado mis talleres; fue mi segunda obra profesional y me encuentro con este pastrulo (sonríe).” Las siguientes obras que hizo con Espacio Libre fueron escritas por Eduardo Adrianzén: Demonios en la piel (2007), una mirada al director de culto Pier Paolo Pasolini; y Cuatro historias de cama (2009).

Con La Tarumba, Alonso intervino en siete de sus espectáculos, los últimos fueron Clásico (2012) y Caricato (2013), dos de los espectáculos más recordados de la compañía de circo, teatro y música peruana, dirigida por Fernando Zevallos. “Recomiendo a los actores llevar un taller de circo, acrobacia o de movimiento en general para así tener más herramientas como actor,” asegura. “Yo hago teatro también con la Compañía de Teatro Físico (por ejemplo, en Los regalos), que dirige Fernando Castro; el circo me ha servido mucho para eso, mientras más preparado y más herramientas tengas, porque tu cuerpo es tu herramienta de trabajo, tienes muchas más posibilidades de trabajar y de hacer también un mejor trabajo.”

Público y proyectos

Más pequeños que el Guggenheim, escrita por el mexicano Alejandro Ricaño, fue una de las mejores comedias del año pasado, estrenada en el nuevo Teatro Julieta. “Con Ximena (Arroyo) y Haysen (Percovich), los directores, me fue muy bien, fue un placer de verdad, son dos actores y directores a la vez; era curioso, porque ellos a veces no estaban de acuerdo con una escena y discutían entre ellos, pero de una manera alturada, nunca me había pasado, fue muy interesante y bueno, el teatro es: probar y decidir.” Por ser una obra minimalista y de metateatro, con una obra dentro de otra, a veces surgían los desacuerdos. “Ayudó mucho el tener un buen elenco y dos directores que la tenían clara, pues había momentos en la obra que uno no sabía si era el presente, el pasado o un futuro inventado: eso era lo que teníamos que resolver.” Alonso, al leer a su personaje, le pareció que estaba pintado para que lo interpretara su padre. “Lo quise hacer bien Carlos Cano, y sí considero mi actuación como un homenaje.”

Nuestro medio teatral se ha visto afectado en los últimos años por una afluencia de público que no es la adecuada para sostener a la comunidad teatral. “Yo creo que es básico sincerar el precio de las entradas, eso es fundamental,” reflexiona Alonso. “Creo que también debería haber flexibilidad de horarios, por ejemplo, las ocho de la noche es un horario que puede cambiar, por el tráfico; estoy diciendo cosas muy básicas, porque no hay una cultura teatral en nuestro país, eso es eso es lo que tenemos que hacer a largo plazo: incentivar la cultura teatral en los colegios, en las universidades y si hubiera apoyo del gobierno sería hermoso.” Alonso recuerda que hace muchos años había mucha gente haciendo colas larguísimas para asistir a los teatros. “Tal vez porque eran menos teatros, además no existía Netflix, todo eso influye, ahora el teatro compite con todo, hay muchas alternativas, hasta yo mismo a veces no quiero ir al teatro y prefiero quedarme en casa viendo Netflix, imagínate.”

Este 2020, Alonso estará en la cartelera teatral con varios proyectos. “Vamos a reponer Juergues (2019) en el horario de trasnoche en el teatro Julieta en abril y mayo; y con Roberto vamos a hacer en septiembre La naranja mecánica, el musical, este es un proyecto que tiene años, que por fin lo va a hacer en el teatro de la Universidad de Lima.” También estará en un proyecto de la Compañía de Teatro Físico de Castro, del que está prohibido de revelar detalles. “Todavía no lo quiero mencionar, hasta que nos lo confirmen al 100%,” finaliza.

Sergio Velarde
17 de marzo de 2020

Entrevista: MARÍA DEL CARMEN SIRVAS


“Un director escucha a sus actores y saca lo mejor de ellos”

Una de las actuaciones femeninas más conmovedoras y convincentes del año pasado fue la que nos regaló la actriz María de Carmen Sirvas, en una puesta en escena escrita por el destacado dramaturgo Alfredo Bushby, titulada Balada de la concha y la pastora (2019), al lado de Javier Valdés y Esteban Philipps. Con cuatro nominaciones al premio de Oficio Crítico a lo largo de los años, María del Carmen consiguió su primer reconocimiento por parte del jurado calificador como la mejor actriz en la categoría Drama. “Tengo familia con intereses artísticos,” refiere. “Mi primo es artista plástico, por ahí tengo algún tío abuelo poeta, pero ningún actor en realidad.” La afición por la actuación le llegó desde muy temprana edad. “Sentí como una necesidad de expresarme, era muy histriónica, digamos que la primera sensación que tuve para querer ser actriz era cuando veía niñas en la tele y decía: ¡Ay, yo creo que podría hacer eso!”. El tiempo pasaba y María del Carmen siempre participaba de todas las actuaciones en los cinco colegios en donde estudió. “Mi vida ha sido un poco cambiante y no porque haya sido mala alumna, tenía buenas notas y era súper tranquila, hasta tímida, pero mis papás se mudaban mucho y siempre iba al colegio que estuviera más cerca a mi casa,” recuerda. “Los cambios, en realidad, me parecían divertidos, porque tenía que adaptarme y me daban la oportunidad de jugar a convertirme en una nueva persona en cada espacio; no sé si esto es lo que me hizo ser actriz, porque como adolescente en búsqueda de su propia personalidad, tenía la posibilidad de entrar en un nuevo personaje cada vez que entraba a un nuevo lugar, era como un juego."

Inicios en la actuación

“En el colegio siempre actuaba, pero no tenía muy claro que quería ser actriz,” recuerda María del Carmen. "Cuando estaba en el último año del colegio me di cuenta de que sí tenía en el fondo ese deseo, pero me daba vergüenza decirlo, pensé que mis compañeros no me iban a tomar en serio.” Es entonces que decide estudiar Comunicaciones, ya que su padre también quería que siguiera una carrera más convencional a su criterio. “Como estaba en el tercio superior, me fue fácil entrar a la universidad y escogí Comunicaciones, porque dentro de la currícula decía Taller de Teatro, pero duré tan poco tiempo en la carrera que ni siquiera tuve tiempo de entrar a dicho taller.” 

María del Carmen ya había llevado algunos talleres de teatro y tomó una importante decisión ya cursando el primer ciclo de Comunicaciones en la universidad. “Me metí a Iguana Talleres, ese fue mi primer acercamiento al teatro; mi mamá era la que siempre me apoyaba, ella siempre decía que sí y mi papá, que no; bueno, al final fue todo un tema, porque mi papá me dijo que estaba seguro que si entraba a ese taller, iba a dejar la universidad; ¡no, papá, no la voy a dejar, voy a seguir! decía, pero al final la dejé (ríe); esto fue en el 2004.” En aquel entonces, Iguana Talleres estaba bajo la dirección de Joaquín Vargas. “Yo le tenía mucho cariño, él fue prácticamente mi primer maestro y aprendí mucho en esa etapa; de hecho entro a Iguana con la intención de hacer televisión.” No obstante, María del Carmen afirma que descubrió el teatro ahí. “Era una cosa muy diferente, me enamoré, descubrí que no solo era pararme y ser un personaje, que podía abordarlo de otra manera, de una manera mucho más sensorial, me atrajo mucho, ahí comenzó como mi conexión con el teatro.” Como resultado de su paso por Iguana Talleres, participó en dos puestas en escena: La salsa criolla, que fue una fusión entre La salsa roja y La de cuatro mil de Leónidas Yerovi; y Canción de Navidad, un musical de la conocida historia de Charles Dickens. “Llevamos clases de canto, de jazz, de voz, fue un compilado de talleres, fue una linda experiencia, pero como todo, se acabó.”

Tempestad y luego, la calma

“Pasé por algunas turbulencias emocionales en mi etapa de formación y en algún momento dudé de ser actriz,” revela María del Carmen. “Lo digo ahora con total honestidad: las principales fueron por relaciones  amorosas, siempre he sido muy romántica y como era muy chibola, creía que la primera persona con la que compartía una relación larga, era el amor de mi vida y los celos a la hora de actuar con otros compañeros, eran un gran problema; creí que todo era mucho más grande de lo que realmente era; y aunque suene cursi, fue importante entender que la felicidad no está en terceros, si no en mí misma y en sentir amor por lo que hago.” Ella decide entonces cambiar de rumbo y estudiar diseño de modas todo un año. “Esa fue a otra etapa de mi vida que me sirvió mucho, porque creo que todo lo que haces en la vida te sirve y estoy agradecida por ese año, porque pude descubrir otras artes, aprendí a dibujar, además me gusta mucho la moda; pero en medio de ese año, recibí dos propuestas para volver a conectarme con la actuación, unos unitarios que grababa Iguana y una obra para niños; solo el hecho de volver a conectarme con ello, me activó la necesidad de hacerlo de manera profesional.” Finalmente, cuando por fin pudo salir de esos momentos de indecisión, María del Carmen volvió al camino de la actuación. Es así que se inscribe y entra al TUC de la universidad Católica.

En el TUC, María del Carmen tuvo un gran grupo de profesores que fueron puliendo su talento. “A todos los valoro mucho; la primera fue María Luisa de Zela en el primer ciclo,” recuerda. “Fue súper duro, entramos todos a la clase y lo primero que hicimos fue un ejercicio de cuerpo combinado con respiración que para mí fue eterno y luego corrimos cantando como cuarenta minutos y fue increíblemente agotador y miraba las caras de mis compañeros y nos preguntamos: ¿Esto es lo que quiero hacer cuatro años?, pero después de todo a mí me gustó mucho la experiencia.” Otros maestros importantes en la formación de María del Carmen fueron Alejandra Guerra (“súper buena profesora y actriz”), Ana Correa (“increíble en toda su mística”), Mateo Chiarella, Urpi Gibbons y Mirella Carbone (“todo lo que me aportó en danza”). “Y Alberto Isola, que nos dirigió en el montaje de graduación, muy claro en sus enseñanzas y en cada nota que nos daba , en sus indicaciones, con una precisión que ahora que tengo un ojo más entrenado veo en su dirección, sus obras son estéticamente limpias y a mí me encanta ver esa capacidad de limpieza; así era con nosotros, tan paternal, con tanta amabilidad, es lindo que me haya enseñado de esa manera.”

Actuación y dirección

“Considero que una buena actriz de teatro debe tener disciplina, es importantísimo,” asegura María del Carmen. “Luego, pensar en el montaje no individualmente, tener la capacidad de escucha y de trabajo colectivo; el ego sólo hará que el  montaje sea un lucimiento de individualidades y creo que ahí vendría la tercera cualidad, la humildad.” Por otro lado, un buen director de teatro "debe tener capacidad de escucha combinada a una línea clara de por dónde quiere ir; es importante que escuche a sus actores, que sepa qué le dan para poder trabajar a partir de eso, que sea maleable.” Importante también para un director es el buen manejo de la estética. “Que sepa manejar y combinar los colores con las formas y que todo eso tenga un significado; y creo que la tercera característica es que se ría, que se permita el equilibrio entre tener el control y soltarlo.” ¿Es una ventaja para un director el haber sido o ser actor? “Sí creo que es una ventaja,” asegura María del Carmen. “Por lo menos que lo haya podido experimentar, que pase alguna vez por su cuerpo, porque alguna vez me ha tocado dirigir y el haber actuado me ha servido increíblemente, ya que ahora entiendo por lo que el actor está pasando y sé cómo manejarlo y abordarlo.” Agrega además, que ahora que también dirige, entiende mejor a sus directores. “A veces, es difícil pedirle a un actor que haga lo que está en tu cabeza; creo que la tarea es poder transmitirlo y cuestionar ambas ideas, para así lograr lo que el director quiere y para hacer sentir al actor que está creando; creo que hay un trabajo creativo de ambos lados.”

Sobre los recientes casos de abusos por parte de ciertos directores hacia sus actores y actrices, María del Carmen tiene las cosas claras. “Todas las personas trabajan de manera distinta, pero yo creo que es importante sentirse cómodo con las personas con las que se está trabajando; por ejemplo, a mí no me gusta que me incomoden,” asegura. “No me parece que es la mejor manera de sacar lo mejor de mí, las críticas durante el proceso deben servir para mejorar, y eso no se logra, según yo, si la crítica es agresiva; si se trata de algún ejercicio incómodo, es importante hablarlo antes para saber hasta dónde la persona que hará el ejercicio permite la apertura y respetar sus límites o ir gradualmente, solo si quien participa considera que es una experiencia positiva." Para María del Carmen es importante no quedarse callado y siempre decir las cosas como son y con respeto. “En estos últimos tiempos, han habido muchas denuncias, me parece terrible que esto exista y me parece genial que ahora se puede hablar de esto, sin tener miedo de hacerlo, porque muchas veces han habido personas que se han aprovechado de la vulnerabilidad de otras, atribuyendo a la jerarquía, por sentir el poder de estar en un rango más alto; nadie tiene por qué atacar la vulnerabilidad del otro y menos si se trata de temas que abordan lo sexual.”

Si bien María del Carmen no tiene en mente dirigir algún texto en especial, sí le gustaría enfocarse en una creación colectiva. “Escribir algo justo en estos tiempos en los que las mujeres podemos expresarnos más; me gustaría convocar a un grupo de artistas mujeres y poder crear algo con todas estas experiencias; de hecho, hay varias conversaciones con varios grupos distintos, las ideas se están germinando,” comenta. “Por alguna razón, siento que conecto más con el drama, no sé, quizá lo llevo en las venas (ríe), soy muy dramática a veces, a pesar de lo racional que también puedo ser; para abordar un personaje, trato de entender su mundo interno, su psicología, cómo entiende el mundo emocionalmente; además, hay un texto, una forma y una dirección, que son la guía más importante para materializarlo; en el camino, voy descubriendo lo que va sucediendo en escena, en combinación con la interacción de mis compañeros.”

Colegas, temporadas y proyectos

Como dato curioso, María del Carmen gana su premio de mejor actriz por una obra dirigida por otra colega, la periodista e intérprete Eliana Fry García-Pacheco, quien ganara el premio del público por otro montaje del mismo Bushby, Maribel dice los pieses. “Eliana, como ser humano, me encanta; sucede que el tema de la dirección fue algo abrupto: Balada de la concha y la pastora la iba a dirigir el mismo Alfredo.” Debido a un tema familiar, Bushby cede la dirección a su entonces asistente Fry García-Pacheco. “Fue como un balde de agua fría para el equipo, incluso para ella misma por lo que recuerdo, por tener que asumir la responsabilidad, pero Esteban y yo, que también estábamos a cargo de la producción como representantes de Pegaso Teatro, le dimos todo el apoyo; fue un trabajo que hicimos en conjunto con todo el amor posible.” Los resultados fueron, sin duda, muy auspiciosos. “Creo que Eliana tuvo muchos aciertos, tuvo que darle la vuelta a varias cosas que un principio no estaban concebidas; ella enriqueció mucho la puesta y salió lo que resultó, y lo más importante para mí, no sé si amicalmente o como seres humanos, había buena química, así que eso potenció mucho el trabajo, porque había esa capacidad de escucharnos y entendernos.” Como todo proceso de ensayos, los desacuerdos y roces no estuvieron ausentes; sin embargo, se supo manejar el asunto con mucho respeto. “Eliana tuvo una visión clara  de lo que quiso transmitir con la obra.”

Las obras de Bushby siempre son muy especiales y particulares. "Esta obra en verso fue un reto enorme para todos,” reflexiona María del Carmen. “Como dramaturgo, admiro mucho el trabajo de Alfredo; me gusta mucho la poesía que siempre le pone a todo lo que hace, que pueda traducir su dramaturgia en metáfora, en imágenes que pueda interpretar de mil maneras y el espectador se puede llevar muchas preguntas y eso me parece muy positivo.”

Para el éxito de una puesta en escena, siempre es importante que los actores se lleven bien tanto fuera como dentro del escenario. En ese sentido, María del Carmen es afortunada de contar como compañero de vida a un colega artista. “Esteban (Philipps) es mi socio, mi esposo, mi pata, con él es fácil trabajar,” asegura. “Pero nada es demasiado fácil en esta vida; obviamente siempre hay choques en algún momento, pero creo que ya nos comprendemos a tal nivel que las cosas fluyen mucho; entonces, es bueno trabajar con él y en equilibrio.” Por supuesto, hay épocas en las que trabajan muchos meses juntos y luego por separado. “Eso también me parece muy bueno y necesario, porque es importante tanto para él como para mí, respirar un poco del día a día y bueno, otras personas te aportan cosas distintas, con las que continúas creciendo.” Ambos tienen muchos proyectos juntos, como el colectivo Pegaso. “Vamos a continuar haciendo obras, de hecho tenemos una este año, se llama La sangre es mujer y se va a presentar en el nuevo teatro Julieta en septiembre, en horario alternativo los martes y miércoles y es un proyecto que ya tenemos desde hace bastante tiempo con mi amiga y colega Mayra Najar, quien es su gestora.” Philipps se encargó de la dramaturgia y obtuvo una mención en el concurso organizado por el Ministerio de Cultura. “Yo actuaré y Esteban va a dirigir.”

María del Carmen está atravesando actualmente una racha de directoras en sus proyectos. Luego de la temporada con Fry García-Pacheco el año pasado, acaba de estrenar 1997, 14 de noviembre, escrita por Miguel Ángel Vallejo y dirigida por Marbe Marticorena. “Es una obra alucinante; interpreto a María, (especial coincidencia de nombre) que es una mujer que está luchando contra sus fantasmas internos; ella fue víctima de abuso cuando era adolescente y fue por parte del novio de su hermana, así que toda la familia está involucrada y es una lucha constante contra ella misma y sus culpas, sus miedos y todo lo que la mantiene bloqueada.” María del Carmen solo tiene elogios para el trabajo de Marticorena como directora. “Dirigiendo, ella es maravillosa, amo lo que estamos haciendo a nivel físico, en Balada de la concha y la pastora hice bastante trabajo físico, pero de manera más estilizada y con Marbe es mucho más duro, pero me encanta y además tenemos una química súper buena, con ella y con todo el equipo.” Y la racha de directoras continúa: estuvo en microteatro con la puesta en escena de Permiso, soy mujer, dirigida por Micaela Isola; y próximamente también en microteatro, Pareja, pareja dirigida por Gabriela Salas. “Me gusta trabajar con 'todes', no hago ninguna discriminación de género; en ese sentido, todos los seres humanos tenemos distintos tipos de sensibilidad, no importa si eres hombre o mujer, independientemente de ello puedes tener una sensibilidad muy conectada con el género opuesto; lo importante es la química que tienes con tu equipo; si la logras, ese proyecto tiene mucho porcentaje ya ganado,” concluye.

Sergio Velarde
16 de marzo de 2020