sábado, 7 de noviembre de 2020

Crítica: EL BAÚL DE LOS MALOS SUEÑOS, ENCERRADOS – PARTE II


Violencia sin distinción de género

El director Jeffry Rasmussen no oculta su admiración por el famoso novelista estadounidense Stephen King. Su primera incursión en la dirección, la primera parte de El baúl de los malos sueños, Encerrados, fue una adaptación libre de El juego de Gerald (Gerald’s Game, 1992), con la imagen promocional de Lilian Schiappa-Pietra como una sufrida mujer esposada a la cama, en una trágica historia de relación marital disfuncional con un fuerte componente de violencia doméstica. Para esta segunda parte, Rasmussen nos presenta su particular visión de Miseria (Misery, 1987), lo cual constituye de por sí un enorme riego: la versión fílmica es harto conocida y alcanzó un estatus de culto abrumador, mucho más que el anterior libro mencionado (estrenado en 2017 en Netflix con Carla Gugino), por lo que el nuevo producto ofrecido por Rasmussen pierde en mayor medida el factor sorpresa. Sin embargo, la ejecución de su propuesta es bastante solvente y mantiene el interés a lo largo de su reducida duración.  

Prácticamente, la mayoría de artistas escénicos que viene trabajando con plataformas virtuales dejó de interesarle el bautizar a este nuevo género digital en apogeo. A los que insisten en llamarlo “Teatro” virtual o en línea se les podría perdonar el hecho de que por lo menos, sus espectáculos son presentados en vivo. Pero los pre-grabados abandonan por completo sus orígenes teatrales para convertirse, como en este caso, en cortometrajes. En ese sentido, la dirección consigue ofrecer un producto audiovisual bastante correcto con la conocida historia de esta fanática desequilibrada que encuentra a su autor favorito luego de sobrevivir este a un aparatoso accidente. Si bien pudo haberse arriesgado más con el juego de cámaras y algunas decisiones estéticas, como la de recurrir a una máquina de escribir como utilería en plena época de pandemia (tal como lo dice un personaje), pueden resultar desconcertantes, la tensión psicológica entre los únicos dos protagonistas sí luce muy conseguida y sostiene el suspenso hasta el inevitable final.

Una de las mayores fortalezas de este proyecto virtual radica entonces, en el trabajo de la pareja de actores: tanto Rocío Montesinos como José Gómez Ferguson evitan caer en la repetición del modelo fílmico y construyen personajes con características propias y muy creíbles, ambos interactuando en aquella reducida habitación. Habría que trabajar, eso sí, en despojar de la ejecución escénica cualquier atisbo de “teatralidad”, ya que no es necesaria. No es casualidad además, que la foto promocional de esta presentación virtual sea la de Gómez Ferguson atado a la cama: Rasmussen nos muestra que la violencia es atroz venga de donde venga, sin distinción de género. El baúl de los malos sueños, Encerrados es una propuesta absolutamente pertinente, que tomando como referencia a las notables historias de King, se convierte en una buena alternativa para la necesaria reflexión en estos violentos tiempos en los que nos hayamos inmersos todas y todos como sociedad.

Sergio Velarde

7 de noviembre de 2020

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