sábado, 23 de junio de 2012

Crítica: EL BANQUETE DE MARIÁTEGUI

Cuatrotablas en tiempos modernos   

Un verdadero riesgo significa la última apuesta del longevo grupo Cuatrotablas, en su afán por llevar al teatro la vida y obra de algunos de nuestros compatriotas más ilustres, para rescatar nuestra identidad nacional. Luego de exponer su particular visión sobre Garcilaso de la Vega, César Vallejo y José María Arguedas, se viene presentando en el Museo Metropolitano de Lima la autodenominada intervención, performance de la vida y acción escrita del Amauta José Carlos Mariátegui, llamada oportunamente El banquete de Mariátegui, siempre bajo la dirección de Mario Delgado. Con la asesoría en dramaturgia de Alfonso Santisteban y Fernando Olea, el grupo pretende rescatar las ideas originales de este escritor y periodista de importancia capital en nuestra historia, cuyo pensamiento marxista socialista inspiró su obra más destacada, Los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Imposible y descabellado no considerar a este espectáculo como de fuerte carga política; sin embargo, la acción escénica tiende a estilizar este aspecto y a resaltar el pensamiento social y crítico hacia la injusticia, con la urgencia de respetar los derechos de las minorías y lograr un clima de igualdad y derecho.

La creación del espectáculo toma como pretexto la fantástica invitación que hace José Carlos Mariátegui (José Miguel de Zela) y su esposa Ana (Zitha Elías) a algunos notables amigos; entre ellos, César Vallejo (Luigi Acosta) y su esposa Georgette (Helena Huambos), la poetisa y activista aprista Magda Portal (Flor Castillo), la periodista y defensora de los derechos de la mujer Ángela Ramos (Antonieta Pari), el fundador del partido aprista Víctor Raúl Haya de la Torre (Bruno Ortiz León), el ensayista y pensador Manuel Gonzales Prada (José Infante) y los poetas José María Eguren (Ruth Castillo) y Abraham Valdelomar (Miguel Gutti). Con semejante grupo reunido, y como lo expone contundentemente el personaje de Georgette, este banquete no necesita de bebidas ni bocaditos: es un festín de ideas políticas y sociales que cada personaje postula y defiende sin tapujos. En medio de todos ellos, un grupo de estudiantes y la música en vivo de Felipe Pinglo Alva.

Resulta todo un espectáculo apreciar en escena a la actual troupe de Cuatrotablas, encabezada por la señera Huambos, acompañada con acierto y aplomo por Elías, Castillo y Pari. Exagerada por momentos, eso sí, la actuación de Ortiz León, aunque convence cuando se convierte en el personaje antagónico de la puesta. Desconcierta la escena en donde existe un acercamiento sexual entre Haya de la Torre y Portal, pues si bien ella fue en un inicio fundadora de su partido, es bien sabida su separación del partido de la Estrella, debido a que en ese tiempo se consideraban a las mujeres como simples simpatizantes. Por su parte, De Zela toma la posta dejada por el entrañable José Carlos Urteaga, para interpretar con dignidad a un lánguido y expectante Mariátegui. El vestuario de la enérgica Ruth Castillo resulta incongruente con su participación en escena y merece una revisión. Curiosa la presencia del mismo director Mario Delgado en escena, dirigiendo en vivo con libreto en mano, buscando así la fluidez escénica en tiempo real, siguiendo su instinto para generar las emociones, que serán irrepetibles entre función y función. El espacio del Museo Metropolitano es explotado al máximo, con los actores deambulando por el lugar seguidos por luces de linternas. El grupo Cuatrotablas se reinventa en cada montaje, y El banquete de Mariátegui es una prueba fehaciente de ello, buscando así (según palabras del mismo director) nuevas técnicas teatrales para seguir vigentes y vitales frente a una competencia, acaso con mayor producción, pero sin la garra, estilo y sello característicos que Cuatrotablas no deja de ofrecer.

Sergio Velarde
23 de junio de 2012

Crítica: EN ALGÚN LUGAR DEL CORAZÓN

Los dramas contemporáneos del adulto mayor

El injusto olvido al que son sometidos los adultos mayores en estas épocas de modernidad e individualismo, es el tema central de la puesta en escena de En algún lugar del corazón, drama estrenado en diciembre del 2011 en el auditorio de la Asociación de Artistas Aficionados y dirigido por María Elena Mayurí, con la participación de los integrantes del Taller de Teatro del Club del Adulto Mayor Sabiduría y Experiencia (SAEX). Justamente, el presente montaje es el fruto de un taller a cargo de la directora, con el objetivo de mejorar la autoestima de los participantes y demostrar que son ellos la base de sabiduría y experiencia en nuestra sociedad. La sencilla trama ubica la historia en la casa albergue Villa Navidad, en donde sus ocupantes están a punto de ser desalojados para construir en ese lugar un edificio de departamentos. Sin embargo, en medio de la tristeza que invade a los ancianos internos, una luz de esperanza se presenta cuando don Cristóbal (Ramón García) descubre que el arquitecto responsable del proyecto es su propio hijo (Martín Abrisqueta) y es entonces que decide convencerlo apelando a su sensibilidad, que permanece escondida en algún lugar de su corazón. La obra es fluida y cuidada, con un correcto manejo de luces y sonido, así como de una sencilla y funcional escenografía. Evidentemente el mayor logro de la obra es el de apreciar el trabajo en conjunto de los alumnos del taller, el cual es bien aprovechado por la directora. Además de García y Abrisqueta, acompañan a los debutantes de la tercera edad, los actores Claudia Burga, Alicia Avelino, Benjamín Villagómez y la participación del grupo Escena Verde. En un lugar del corazón es un claro ejemplo de cómo integrar a personas de la tercera edad en un proyecto teatral con dignidad y creatividad. La obra espera ser presentada en otros países para compartir esta agradable experiencia.

Sergio Velarde
23 de junio de 2012 

sábado, 16 de junio de 2012

Crítica: EL PÓRTICO DEL CIELO

A un paso del paraíso   

La recién fundada organización cultural La Fuente de Castalia, luego de su tibio debut con la obra Secretos, presenta ahora en el Teatro Julieta su segunda producción titulada El Pórtico del Cielo, escrita por el autor argentino Román Sarmentero y dirigida por Manuel Trujillo. Se trata de una reposición, estrenada el año pasado en el mismo teatro, dirigida por José Luis Ruíz y en la que intervinieron Carlos Grados (ahora productor ejecutivo) y las actrices Paola Vera y Rocío Huamán (quienes repiten sus papeles en el presente montaje). Se trata de una obra con moraleja, muy sencilla en su desarrollo, pero ejecutada con limpieza y precisión.

Cuatro mujeres, una niña y un misterioso hombre vestido de blanco, que es tratado como un loco, aparecen en una habitación sin saber cómo llegaron ahí. Pronto aparecerá otro hombre, pero vestido de negro, quien les informa que es la Muerte, que todos han fallecido y que tienen sólo 24 horas para elegir a uno de ellos para volver a vivir. Ante esta revelación, el desarrollo de las discusiones e intentos por determinar al elegido servirán para desenmascarar las verdaderas personalidades de todos los personajes. Es ahí donde radica el interés de un montaje con dramaturgia sencilla, ya que el suspenso es nulo, pues resulta fácil adivinar quién será el afortunado que será salvado, y el misterio del “loco” vestido de blanco se adivina a leguas. Por otro lado, el aprovechamiento del espacio, de las luces y el sonido son óptimos y la dirección de Trujillo aprovecha el talento de los actores.

Las actuaciones son muy solventes, destacando el contrapunto entre las actrices Laura Brain y Eileen Céspedes. Especialmente Brain, quien no cae en el fácil estereotipo de la malvada pituca, dotando a su personaje de humanidad y hasta algo de simpatía. El personaje de Rocío Huamán luce algo desdibujado, debido principalmente a vacíos en la dramaturgia. El papel de la niña pudo haber sido interpretado por una de verdad, aunque Carolina Álvarez hace su mejor esfuerzo. La Fuente de Castalia logra con El Pórtico del Cielo, un montaje sencillo y con mensaje claro, así como lo propuso el autor. Esperamos, acaso, para su próxima aventura teatral, una obra más compleja y que signifique un verdadero reto para todos sus integrantes.

Sergio Velarde
16 de junio de 2012

sábado, 2 de junio de 2012

Crítica: LABERINTO DE MONSTRUOS

Notable revisión setentera

En medio de los Hairsprays, Cocinas y Dráculas de la cartelera teatral, que nos hacen reflexionar oportunamente sobre nuestro teatro más “visible” y que escrito sea de paso, sucede de igual manera en Broadway en donde ya “disfrutan” de la versión teatral de “Spiderman” (¿?), da gusto ver un montaje netamente nacional (escrito por César De María, dirigido por Roberto Ángeles y ambientado en nuestro país), que alcanza esa brillantez escénica que le es tan esquiva a algunas propuestas realizadas con las mejores intenciones, gracias a una sencilla y entrañable historia, a una precisa dirección de actores y a un grupo de jóvenes intérpretes que brillan con luz propia, alcanzando genuinos momentos de teatro. Laberinto de Monstruos, estrenada en la Biblioteca Nacional del Perú, es una lección que todo artista debería aprender, apreciar y disfrutar.

Ambientada en las vacaciones de Fiestas Patrias de la Lima de 1975, la historia nos presenta a cuatro jovencitos que entrarán a trabajar en el Laberinto de Monstruos de una feria itinerante. Las deudas que los adolescentes generan al comprar cosas en la feria, los motivan a urdir un plan: robar dentro del laberinto un maletín, supuestamente lleno de dinero, perteneciente al “Loco James”, un orate que merodea la zona, a quien atraerían con la ayuda de una amiga. Obviamente, el resultado no es el esperado, y a través de sentidos monólogos de los protagonistas, convertidos ahora en “monstruos” de verdad, nos enteramos de los estragos producidos por este hecho.

Los momentos de comedia y drama están muy bien resueltos: la pérdida de la inocencia y la imposibilidad de ser felices luego del atroz hecho cometido, contrasta con la alegría y vitalidad de los jóvenes, al espiar a la vecina desnuda o al bailar en el quinceañero de su amiga Jenny. La escenografía, que incluyen cajas con imágenes publicitarias de la época y la elección de la música, contribuyen a generar la revisión nostálgica. Fernando Luque, Juan José Espinoza, Carlos Casella y Nicolás Valdés resultan conmovedores y creíbles en cada uno de sus personajes. Buen trabajo de apoyo de la fresca Jely Reátegui y de Gabriel Iglesias como el estricto dueño de la feria.

Impecables actuaciones del elenco en pleno, gran trabajo en conjunto de los cuatro protagonistas y a destacar la presencia escénica de Luque, quien presenta y despide la puesta. Laberinto de Monstruos merece una reposición en un horario más asequible que los miércoles en la noche, pues es un espectáculo compacto, dinámico, estilizado, bien escrito y dirigido, que alcanza los brillos de otra obra del mismo autor, la notable Super Popper del año pasado, y que se convierte, por derecho propio, en el mejor estreno de teatro independiente hasta la fecha. La obra se presentará en Arequipa y Trujillo y esperamos la ansiada reposición a su regreso.

Sergio Velarde
02 de junio de 2012

Crítica: LA HUELLA

Entretenida trama de suspenso

Estrenada en 1972 y dirigida por el laureado director estadounidense Joseph Mankiewicz, La huella (Sleuth) es una entretenida película de suspenso en la que se enfrentan, en un magnífico duelo interpretativo, dos gigantes de la actuación británica: Laurence Olivier y Michael Caine. Basada en la obra teatral del mismo título de Anthony Schaffer, la historia pretende ser una fuerte crítica hacia la aristocracia británica, debido a que el principal conflicto de intereses radica en la clase social de los protagonistas, quienes compiten por el amor de una mujer. Dirigida en nuestro país por Manuel R. Pimentel y producida por Magno Teatro en el Auditorio del ICPNA de Miraflores, La huella centra la atención en la inteligente trama que le depara algunas sorpresas al espectador.

Algo tienen en común el soberbio y afamado escritor de novelas policiales Andrew Wyke (Javier Valdez) y el actor desempleado Milo Tindle (Claudio Calmet); se trata de la mujer del primero. Enterado del asunto, el escritor cita en su sofisticada residencia al amante de su mujer y le propone un negocio que podría traer consecuencias fatales para uno de ellos. Estructurada en dos actos, la trama nos muestra pistas falsas, que poco a poco van quedando al descubierto. La acción es fluida y el suspenso es bien trabajado en escena, hasta la resolución final.

Se puede apreciar un buen aprovechamiento del espacio que ofrece el ICPNA de Miraflores, así como una cuidada propuesta escenográfica. La utilización del multimedia (en el que vemos los exteriores de la casa) y las luces contribuyen a generar un espacio estilizado y frío, acorde con la personalidad de Andrew. El oficio en las tablas que tiene Javier Valdés lo ayuda a no palidecer ante un excelente Claudio Calmet, que resulta muy natural en su actuación y perfectamente creíble en el último acto, siendo vengativo, seductor e inquietante a la vez. Esta versión peruana de La huella no defrauda y se convierte en un espectáculo muy disfrutable e intenso.

Sergio Velarde
02 de junio de 2012

sábado, 26 de mayo de 2012

Crítica: AÑEJAS Y ...

Amable y recatada comedia 

Cinco excéntricas señoras setentonas, todas de personalidades muy dispares y muy preocupadas por los peligros que acechan en esta época, se reúnen en casa de la mayor de ellas para celebrarle su cumpleaños. Sumado a este hecho, el que las viejas sean representadas por actores, pues la hilaridad estaba prácticamente asegurada. Sin embargo, esta nueva aventura teatral de la Asociación Cultural Entre Cajas titulada Añejas y ..., dirigida por el incansable Oswaldo Bravo y estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, no consigue a plenitud lo que el planteamiento inicial prometía, que incluía la advertencia que este espectáculo era dirigido exclusivamente para adultos, conformándose sólo con ser una simpática comedia, pero ingenua y contenida en su ejecución.

Existe un descuido en las caracterizaciones (especialmente en el personaje de Carlos Orbegozo), pues ninguna de estas supuestas ancianas aparenta la edad que dicen tener. Además, la falta de un verdadero conflicto sí se hace notar y hay largas secuencias en la que la acción sólo es sostenida por una sucesión de gags, que si bien son simpáticos, no aportan nada significativo a la historia. La inseguridad ciudadana, que pretende ser la coartada creíble de la puesta en escena, no cuaja del todo, especialmente cuando las señoras le dan tamaña importancia al sonido del timbre de la puerta. La supuesta paranoia de las señoras no es creíble y pronto queda relegada a un segundo plano. La tardía llegada del personaje de Mario Soldevilla le da a la obra su esperado y necesario antagonista, pero su desarrollo dramático es muy limitado, aunque efectivo.

La dirección de Oswaldo Bravo consigue buenas actuaciones del elenco en general, especialmente Paco Varela (además, autor del guión) y Nico Ames. Mención especial para Adolfo Geldres, quien consigue arrancar sonrisas con un personaje mudo y que sí alcanza, por momentos, los niveles de picardía, acidez y doble sentido que se anticipaban desde el inicio. Añejas y … se convierte entonces, en una amable comedia, en un espectáculo recatado y contenido; disfrutable sí, pero que se queda a medio camino de las verdaderas posibilidades que su elenco y publicidad prometían.

Sergio Velarde
26 de mayo de 2012

domingo, 20 de mayo de 2012

Crítica: CANDILEJAS

Homenaje al genio

Candilejas (Limelight, 1952) es recordada no sólo como la última película que produjo el genial Charles Chaplin en Estados Unidos, sino también como una de las más agridulces que filmó su autor. Divertidísima y dramática en su particular manera, y con una antológica banda sonora, Candilejas se convirtió en un efectivo retrato autobiográfico de su autor (su protagonista Calvero es un artista olvidado que intenta volver a los escenarios, en medio de una tierna historia de amor) y confirmó a Chaplin como un genio imperecedero y un clásico inimitable. Adaptar Candilejas para el teatro constituía todo un riesgo, pues el montaje debía respetar el descomunal original, pero tenía la responsabilidad de encontrar su propia personalidad. Pues Ariel Varela, autodenominado artista intersexual, que regresa a los escenarios luego de varios años de ausencia, asume el riesgo con resultados muy dispares, pero que finalmente hacen visible y hasta recomendable, su propuesta.

Varela, que adapta, dirige y actúa (igual que Chaplin) esta versión peruana de Candilejas, yerra justamente al situar la acción en nuestro país, pues no sólo este detalle resulta totalmente intrascendente, sino que no aporta nada a la historia. Mantener la universalidad de la obra hubiera resultado más efectivo, descartando así ese panel rojiblanco, que resulta inútil en escena. Acaso el resto de la escenografía aparente ser en extremo austera y desordenada, como una manera de establecer la pobreza de los personajes, pero un toque de estilización no le haría mal. Todo el primer acto podría condensarse aún más, pues resulta demasiado largo y cansino. Las escenas de los tres señores comentando el destino de Calvero tomando cerveza, deben revisarse urgentemente, pues lucen como simples insertos para preparar los números musicales del protagonista. El segundo acto es superior, pues se presentan tres momentos muy puntuales, que bien valen la visión de este montaje: la sorpresa de la muda; el número artístico de Calvero y comparsas, en estricto muting; y el desgarrador final, calcado del original, pero totalmente efectivo y contundente.

Varela se rodea de su propia familia para su regreso al escenario: su madre (entrañable Elsye Villar), su hija (Gabriela Macchi), su hermana (Blanca Varela) y su actual pareja (Claudia Burga), quien interpreta a la joven bailarina enamorada de Calvero. Los musicales con voz en vivo (como debe y tiene que hacerse en el teatro) y las secuencias en mimo aportan al montaje; no así los discursos manipuladores sobre la importancia del teatro y la vigencia del arte en general, que no son necesarios pues el espectáculo en sí lo dice todo. Ariel Varela (por cierto, en una digna actuación) ha perpetrado con Candilejas un espectáculo sui generis, poco convencional, extremadamente austero, con personajes y cuadros aún por afinar, con demasiados altibajos en su desarrollo escénico, pero que finalmente se deja ver, pues es una pieza con garra y alma, y que nos regala algunos momentos notables, que sólo nos queda disfrutar con una sonrisa cómplice. Recomendable.

Sergio Velarde
20 de mayo de 2012

jueves, 17 de mayo de 2012

Entrevista: EDER GUARDA

"El teatro independiente es más sincero, honesto y arriesgado"

¿Existen todavía por ahí desinformados que sostienen que no existe crítica teatral en nuestro país? Pues, de seguro, aún no conocen el blog El Escenario Imaginado, administrado por Eder Guarda, periodista egresado de San Marcos, y que confirma el innegable interés por los jóvenes en el ejercicio del oficio crítico. “Terminé mis estudios en el 2009 y empecé a trabajar en la sección cultural de Expreso”, recuerda Eder. “Fue entonces que comencé a ir al teatro para realizar notas y reportajes. Fue ese mi primer acercamiento con las artes escénicas”.

“Me gustó mucho el teatro”, afirma Eder, quien lo prefiere al cine o cualquier otro divertimento. “Se trata de una cuestión de cercanía pues percibo emociones distintas”. Poco a poco, y a raíz de las entrevistas que realizaba a actores y directores durante sus prácticas, disfrutaba cada vez más su rol de espectador. “Me fascinó conocer de cerca el fenómeno teatral”. En la actualidad, Eder trabaja en una revista empresarial llamada Casino. “Ahí me encargo de la sección cultural y cada vez que puedo hago una nota de actualidad teatral”.

¿Cómo surgió el blog El Escenario Imaginado? “Pues es una historia muy curiosa”, refiere el joven periodista sobre esta plataforma virtual creada en noviembre del 2010. “Fue algo espontáneo. Realizaba críticas, en ese entonces, de las obras del Festival de Teatro Peruano Norteamericano del ICPNA y cada vez que salía de alguna función iba formando una opinión en mi mente. Decidí que era hora de compartirlas, publicándolas en un blog”. Y el nombre del blog también tiene su historia. “Probé varios nombres: Tercera Llamada, Programa de mano y otros que ya estaban tomados”, recuerda. “Entonces fui a ver la obra Cacúmenes de Alejandro Alva en la AAA. Era una obra de teatro violenta y cruda cerca de un joven que se convierte en asesino por su dura realidad. A la salida del teatro una idea me rondaba: ¿Qué hubiera pasado si este joven hubiera vivido en otro escenario? ¿En un escenario imaginado por el mismo?” Nace así, formalmente, El Escenario Imaginado.

“Debo confesar que todavía no sé mucho sobre crítica teatral”, confiesa Eder. “Creo que soy más un espectador u observador teatral que un crítico, formalmente hablando”. Sin embargo, Eder no sólo ejerce la crítica teatral, sino que también es el editor de Crítica Teatral Sanmarquina, otro blog administrado por estudiantes universitarios, quienes inspirados por Sara Joffré, disertan sobre espectáculos del medio.

¿Cómo redacta Eder Guarda una crítica teatral? “Pues es un poco extraño. Siempre me daban pases dobles y casi nunca encontraba quién me acompañara. De regreso a casa, en el bus meditaba mucho sobre la obra y fue esa ‘soledad’ la que me motivó finalmente a escribir”. A veces, cuando la obra es muy densa, Eder lleva una libreta para anotar alguna frase o alguna emoción que le produce el montaje. “En realidad, no me es muy complicado escribir una crítica, pero prefiero redactarla con un estilo entretenido antes que muy académico. Me tomo, como máximo, dos días para publicarla luego de ver la obra. Ayuda mucho cuando estoy inspirado, lo que no ocurre muchas veces”, confiesa. “Lo tomo como un ejercicio mental, para formarte un ritmo de trabajo”.

Sobre el teatro independiente, Eder asegura que “estas obras tienen propuestas más sinceras, honestas y arriesgadas. Uno debe darse un salto por esos teatros más alternativos. La calidad de esas obras no desmerecen para nada y el público lo sabe apreciar”, concluye. Sigan al periodista Eder Guarda en su blog El Escenario Imaginado, para comprobar que la crítica teatral limeña se encuentra en pleno ascenso. Le duela a quien le duela.

Sergio Velarde
17 de mayo de 2012 

lunes, 14 de mayo de 2012

Crítica: MADRUGADA

Nuestras variopintas celebraciones y festejos

Resulta entendible que el estreno de Madrugada, presentado en el Museo de Arte de Lima por Viaexpresa colectivo teatral, haya generado una oportuna reflexión de Gabriela Javier Caballero en su blog El teatro sabe, acerca de la naturaleza misma del teatro, sobre su necesidad imperiosa de traducir la realidad, estilizándola. Escrita por Gilberto Nué y dirigida por Diego López, Madrugada toma de pretexto la esquemática y por demás, trillada historia de amor de una pareja a la que le urge reencontrarse, para escenificar con mucha pompa, gracia y brío, algunas de las diversas manifestaciones culturales que ofrece (y enriquece) nuestra ciudad. Y precisamente, este estilo pseudo-documental, apoyado con música en vivo, baile y proyección de video, justifica la posición de Caballero de no considerar a este montaje como un espectáculo teatral.

Curiosamente otra colega, Rosana López-Cubas en su blog Lima en escena, también indaga sobre la naturaleza misma de Madrugada: le pregunta a su director Diego López si estamos ante un musical. Ante la respuesta negativa, López afirma que su puesta en escena busca básicamente divertir. Y lo consigue en gran medida, gracias a la creatividad con la que pone en escena cada una de las representaciones festivas de la obra, desde un quinceañero hasta una fiesta rave, pasando por un cumpleaños, una pollada, un matrimonio o una “pera malograda”. Todos estos cuadros resultan entrañables, al igual que algunos divertidísimos personajes que intervienen, como la animadora infantil, la adorable quinceañera, los niños malcriados que odian a Barney, los pitucos de la discoteca o las “amixers”. Sin embargo, la coartada sentimental del imposible amor entre los cusqueños Lucinda y Cirilo, separados por la distancia y por la nueva vida de ella en la capital, está escrita de manera tan predecible y básica, que a duras penas es sostenida por los esfuerzos de los actores María del Carmen Sirvas y Edwin Vásquez.

La búsqueda de Lucinda, por parte de Cirilo y su amigo Wilson (Óscar Ugaz) resulta esquemática, cansina y repetitiva. Pasados los primeros cuadros entendemos que los insertos a manera de flashbacks (que nos muestran la última conversación entre los enamorados en la sierra) sólo sirven para que el resto del elenco prepare la siguiente escena. Pero Madrugada sí ofrece algo muy destacable: los pintorescos protagonistas de cada festejo, quienes cantan, bailan y se divierten con absoluta convicción, a pesar de lo estereotipado de sus roles. Ray Álvarez, Carla Arriola, Jorge Bardales, Carolina Cano, Pierina Carcelén, Natalia Cárdenas, Jeffrie Fuster, Carla Gonzales, Jaime Lozada, Marco Otoya, Diego Alonso Pérez y María Fernanda Valera están notables en cada uno de los variopintos personajes que les toca representar. Acaso se podría afirmar que Madrugada sí es un montaje teatral, pero que sólo vale como un inofensivo entretenimiento y nada más.

Sergio Velarde
14 de mayo de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

Crítica: IFIGENIA Y OTRAS HIJAS


Mitología griega en tiempos contemporáneos   

Tomando las tragedias de Eurípides: Ifigenia en Áulide, Electra e Ifigenia en Táurde, el montaje de Ifigenia y otras hijas de Ellen McLaughlin, con la traducción de Alberto Isola, centra su atención en los personajes femeninos, a través de tres actos bien definidos, desde el sacrificio de Ifigenia (Claudia Tasso) en manos de su padre; pasando por  la muerte de Clitemnestra (Elena Cabrera y Natalí Zegarra) por obra y gracia de sus propios hijos; hasta el trágico reencuentro de Ifigenia con su hermano Orestes (Fito Bustamante y Kenji Huerta) en una isla habitada por mujeres. También aparecen las otras hijas, Electra (Andrea Pajuelo y Gabriela Navarro) y Crisóstemis (Mariajosé Quiñones), en esta impecable temporada a cargo de los graduados de 8vo ciclo del curso de Actuación del TUC .

Algunas escenas memorables que nos regala el montaje: la malvada Clitemnestra, ante la revelación de la muerte de su propio hijo, lamenta preocupada la muerte del caballo durante aquel enfrentamiento, ante la atónita mirada de Orestes. Y sin saber que se trata de su propio hijo, lo seduce con la intención de hacerlo ingresar a su hogar, para luego encontrar su (acaso) merecido final. Los encuentros entre los hermanos perdidos también resultan conmovedores. La caracterización de Electra puede resultar algo excesiva, mugrienta y convertida en un ser cuadrúpedo con una cadena en el cuello, contrastando con la opulencia de su madre, aunque es coherente con la propuesta del montaje.   

La austera escenografía y el cuidado vestuario nos remiten a un escenario latinoamericano en época de dictadura de los años 50. El rol de la mujer en la sociedad, la sumisión y la obediencia, es puesto en tela de juicio, contrastándolo con el implacable deseo de venganza, como única solución para la tragedia acaecida. La autora estadounidense Ellen McLaughlin logra un entretenido compendio de hechos y personajes míticos, mientras que Katiuska Valencia consigue un apreciable trabajo en la dirección de actores, todos ellos en caracterizaciones muy cuidadas, en un montaje fluido y conmovedor. Ifigenia y otras hijas constituye un excelente montaje de graduación de la Promoción 2011 del TUC, presentándose actualmente en Centro Cultural El Olivar de San Isidro.

Sergio Velarde
12 de mayo de 2012