miércoles, 10 de julio de 2024

Crítica: SAN ALIPIO


Amistad y corrupción

Quizás el afiche y las fotos promocionales de la puesta en escena de San Alipio, escrita por Daniel Subauste y dirigida por Jimena del Sante, no le hagan la suficiente justicia al producto final en su real dimensión. No solo se trata de una reunión de cinco amigos de la infancia que deben poner a prueba su amistad frente a los graves problemas que atraviesa uno de ellos; la propuesta va mucho más allá: cada uno de estos sólidos personajes retrata cuán profunda se encuentra enraizada la corrupción en nuestro país, a la vez que señala que deberán pasar muchos años (incluso generaciones) para poder remediar y contrarrestar la institucionalización del crimen en un sistema que no da para más.

Del Sante acierta al economizar los recursos de luz y sonido en una propuesta que no los necesita. Subauste plantea la obra en tiempo real, desde que inicia la reunión hasta su término, con la aparición de este quinteto de exalumnos del San Alipio, que se juraron en Primaria apoyarse ante cualquier grave eventualidad que alguno llegara a sufrir. Ellos dicen ser muy amigos, pero no se conocen del todo en realidad, pues ante la revelación de que uno de ellos deberá elegir entre entregarse a las autoridades o fugar del país frente a una acusación de corrupción, sus marcadas diferencias afloran en un intenso diálogo, muy bien manejado por la directora, que no da tregua hasta su ambiguo final.

Por tratarse de una propuesta coral, en la que todo el peso dramático recae en el elenco, su elección no pudo ser mejor: unos excelentes Jorge Bardales, Gabriel Poémape, Patricio Villavicencio, Jesús Oro y Rodrigo Súnico interpretan con convicción y solidez el drama, en el que en todo caso podría destacarse la labor de Poémape, en un rol que sirve de efectivo alivio cómico, pero que también esconde un lado machista y discriminador compartido, lamentablemente, con buena parte de nuestra población. San Alipio demuestra que, ciertamente, menos es más: despojada de cualquier artificio innecesario, la propuesta escénica presentada en la  Asociación Cultural Campo Abierto es un contundente llamado de atención sobre el estado actual de nuestra sociedad, en la que impera la corrupción y la ética se encuentra resquebrajada.

Sergio Velarde

10 de julio de 2024

Crítica: GRANDIOSAS


Reunión de amigas

Las risas contagiosas e ininterrumpidas durante una comedia teatral son el claro síntoma de que el espectáculo ofrecido al público va por muy buen camino. Pero sería un error quedarse únicamente en ese aspecto. Una buena comedia teatral no debe(ría) ser solo una serie de gags de humor muy efectivo, porque también son importantes la historia en sí, el mensaje que se pretenda transmitir y además, la creíble inclusión de ya sea personajes insólitos en situaciones convencionales o viceversa. En todo caso, sirva este preámbulo para escribir esta reflexión sobre Grandiosas, escrita por Federico Abrill y dirigida por Rodrigo Falla Brousset, una puesta en escena en la que los espectadores ríen a carcajadas, efectivamente, pero que podría elevarse por encima del promedio de ajustar algunos aspectos.

Acaso el hecho que más llame la atención sea el de las actrices convocadas para contar esta sencilla historia de cuatro amigas que se reúnen para buscar la reconciliación de un hecho sucedido en el pasado durante su etapa escolar. Por un lado, Marisol Aguirre, entrenada durante muchos años sobre las tablas con la firme dirección de Osvaldo Cattone; Mónica Torres, proveniente de las ficciones televisivas; Mariella Zanetti, de los programas cómicos; e Issa Ringgold, de las canteras de la Impro. Se trata pues, de intérpretes de estilos y registros distintos, que logran mantener, en términos generales, una buena química durante gran parte de la puesta en escena; química que bien podría ser fortalecida desde una dirección de actores aun más exigente por parte de Falla Brousset, responsable de excelentes puestas como El hijo o Sylvia.

Por tratarse de una obra escrita por Abrill, joven y valioso dramaturgo contemporáneo, la trama debería tener un lugar más prominente. Sin embargo, las pinceladas de humor que van apareciendo progresivamente, algunas más gruesas que otras, esconden en ciertas secuencias el verdadero significado de la historia original: la capacidad de perdonar los maltratos ocurridos en la etapa escolar debido a la inmadurez adolescente, así como la hidalguía necesaria para reconocer los propios errores. A destacar, en todo caso, el aplomo de Aguirre para sostener en las primeras escenas un personaje al borde del estereotipo, y la simpatía de Ringgold para lucir fresca y comprometida en todo momento. Grandiosas, espectáculo de la Asociación Cultural Diantres, es una muy divertida puesta en escena que con los ajustes precisos se convertiría en una sólida comedia que provoque risas y reflexión por igual.

Sergio Velarde

10 de julio de 2024

martes, 9 de julio de 2024

Crítica: EL PLAN PERFECTO


“Ha tirarse la pera”

Siempre es grato comprobar que nuestros avances en el formato de teatro musical son, efectivamente, una realidad. En los últimos años, se aprecia un creciente interés por parte de colectivos jóvenes en sacar adelante sus propias propuestas, dejando de lado los ya prescindibles playbacks o aquellos musicales de toda la vida, lamentablemente rebautizados para escapar de los derechos de autor. Es por ello que el estreno de El plan perfecto, espectáculo peruano original creado por Rafael Sanz Flores, en coautoría con Alisson Guillén y la composición musical de ARA, JJ Gonzales y el mismo Sanz Flores, se convierte en un motivo de celebración, a pesar de ciertas irregularidades que bien pueden pulirse para una más que merecida reposición.

Estrenada el Centro Español de Jesús María, el equipo creativo logra sacar adelante una historia bastante sencilla en sí y además, entrando de lleno y sin miedo en los estereotipos tan trillados de los jóvenes estudiantes de secundaria: Luciana, la avezada chica de barrio de padres separados; Rodrigo, el tímido intelectual; Brianna, la engreída pituca; y Agustín, el grosero insolente. Que todos nos hemos “tirado la pera” del colegio alguna vez en nuestra vida es una afirmación ciertamente discutible; sin embargo, los cuatro alumnos en cuestión deciden faltar a su exclusivo centro de estudios en La Molina para dirigirse a Larcomar y encontrarse con la madre de Luciana, a quien la joven no ve hace mucho tiempo, para terminar todos involucrados en un caso de tráfico de drogas. Tal como lo mencionó el director de la puesta al terminar la función, el tiempo de ensayos fue bastante ajustado, notorio en algunos tropiezos en la ejecución, problemas en el ritmo, personajes de apoyo algo desdibujados y ciertas resoluciones muy apuradas. 

Pero a pesar de estos contratiempos perfectibles, el producto final termina con un saldo positivo, gracias principalmente a la energía y carisma del cuarteto protagonista: Jorge Barriga, Andrea Silva, Moisés Vera y especialmente Adriana Cueva lo dejan todo en el escenario, siempre convincentes y divertidos. Controlar la respiración en el uso de los micrófonos, no abusar del lenguaje procaz y cambiar el diseño de las sillas para que sean más funcionales para los distintos ambientes, como en el colegio, por ejemplo, serían algunos de los contados reparos que este auspicioso musical bien podría revisar para futuras temporadas. El plan perfecto es un muy significativo espectáculo que confirma los valiosos progresos del teatro musical en nuestro país.

Sergio Velarde

9 de julio de 2024

lunes, 8 de julio de 2024

Crítica: LA MUERTE DE POR VIDA


Morir para vivir

La muerte de por vida, un espectáculo mágico, narrado por François Vallaeys, musicalizado por Gisela Pérez Ruibal, y con Mario Ráez en las luces y Patricia Eguren en la pintura corporal, nos lleva por un viaje de redescubrimiento y entendimiento de lo que muchas veces negamos, desconocemos o no deseamos ver: la muerte.

Durante casi dos horas nos adentramos en siete cuentos narrados con una presencia escénica inigualable y un talento vibrante para mantener viva una tradición oral. El tiempo pasa, pero no quisiéramos que pase tan rápido, pues escuchar estos cuentos es como volver a nacer, morir un poco a nuestras ideas y resurgir, con nueva vida.

De igual manera, la musicalización del espectáculo completa la experiencia de la narración, y les da el carácter emocional y dramático a los cuentos, así como la dulzura y la quietud que impregna al momento de cerrar cada historia. Vallaeys y Pérez Rubial se complementan de una manera única, y hacen de este espectáculo una experiencia merece repetirse, solo para encontrar nuevos sentidos a cada historia.

La iluminación y la pintura corporal son otro dúo dentro de este espectáculo que es tratado con gran solvencia y precisión, genera atmósferas en el escenario, nos transportan también a distintos pasajes de los cuentos, y nos lleva también de la mano a pensar, pensar con detenimiento lo que vemos, lo que experimentamos con lo que nos están mostrando y contando. Y es justo ello lo que el espectáculo también nos propone:  un espacio para poder pensar, poder procesar lo que hemos visto y lo que nos han contado, nos ofrece la posibilidad de entender mejor cada cuento, cada sueño, cada inquietud, nuestras vidas.

Al fin y al cabo, ¿qué es la vida si no hay muerte? Así como existen las dificultades como los momentos felices, pero acaso las dificultades no sacan virtudes de nosotros, y, por tanto, necesarias; así también la muerte y la vida, son una para la otra y no podemos ser sin la otra. La muerte puede parecer la antagonista, pero no por ello, es “mala”. Por último, justa, pero fuera de un juicio moral sobre ella, es tanto como lo que abarca, y al igual que la vida, solo es.

La muerte de por vida es un espectáculo maravilloso que invita a reevaluar tus percepciones, que mantiene viva la tradición oral, y que invita a los oyentes a contar ellos también la historia, que muere esa noche al apagar las luces, pero nace de nueva forma si decidimos contarla a quién tenga oídos para oírla.

Omar Peralta

8 de julio de 2024

martes, 2 de julio de 2024

Crítica: CHICHA Y RON


La estimulante historia de Chicha

El Centro Cultural de la Universidad del Pacífico está albergando en el escenario a la obra Chicha y Ron, teatro familiar bajo la dramaturgia y dirección de Patricia Romero. Esta obra nos cuenta la historia de Chicha, un cerdito que sueña con ser nadador. Ocurre un suceso que marca precedente en el talento nadador de Chicha: salva a una gallina de morir ahogada. El rumor sobre su habilidad corre rápidamente, hasta que llega a oídos de Ron, un cerdo líder de la revolución porcina contra la opresión humana. Es así como Ron decide ayudar a Chicha a escaparse del cautiverio para participar en un concurso de natación. Ambos cerditos buscan demostrar que su especia es digna de respeto. En medio de su búsqueda, conocen aliados como Titino, un perrito de casa que le entrenar en su piscina. Sin embargo, también se encontrarán con Fifi, una gata que podría impedir sus planes. Esta obra es para público de todas las edades, cuyo elenco está conformado por Claudio Calmet, Pedro Pablo Corpancho, Joaquín Escobar, Valquiria Huerta y Astrid Villavicencio.

La propuesta escénica contó con elementos escenográficos versátiles, los cuales se convertían en distintos lugares necesarios para el desarrollo de la historia. Estas estructuras permitieron entender mejor los cambios espacio-temporales, además de servir de estímulo para que el espectador complete la escena con su imaginación. Los actores tuvieron que usar títeres de ellos mismos durante la obra, pues la representación permitía que los personajes oscilen entre ser encarnados por actores y por las marionetas. Este recurso fue utilizado eficientemente, aportando a que el ritmo de la obra se sostenga. Se debe destacar la participación de Villavicencio en esta tarea, pues la actriz no solo manejaba los títeres, también desempeñaba personajes distintos que iban apareciendo en la historia. La versatilidad de Villavicencio para cumplir con todos los requerimientos fue impecable.

Chicha y Ron es una propuesta de teatro familiar donde el espectador podrá cantar, imaginar, soñar y emocionarse con la historia de Chicha. Esta propuesta se destaca por brindarle al público la posibilidad de ser testigo de una lucha de superación y compañerismo sin imposiciones. El espectador, sin importar su edad, podrá tomar una postura sobre las decisiones que los personajes vayan tomando. Chicha y Ron nos dejan su perseverancia; Titino, su ternura y compañerismo; Fifi, la posibilidad de reconocer un error. Finalmente, todos los tiernos animalitos de esta obra nos regalan la posibilidad de ser cómplices de una historia llena de estímulos sensoriales y preguntas que dan pie a posteriores reflexiones.

Stefany Olivos

2 de julio de 2024 

Crítica: 2007


Hablemos de las pequeñas muertes

El Teatro de Lucía alberga en el escenario la obra 2007, estreno de Los Extras Producciones, bajo la dirección de Abel Enriquez. El montaje traslada al espectador al año del título, específicamente al colegio donde estudia Brayan Bermeo. Él es un adolescente de 13 años, quien se encontraba jugando futbol en un campeonato del colegio. El terremoto que sucedió en el país en agosto del 2007 empieza cuando el estudiante decide ir al baño. El techo del baño cae a consecuencia del desastre, causando la muerte de Brayan instantáneamente. Carla, su mejor amiga, empieza a buscar la forma de conectar con Bermeo, por lo que es capaz incluso de acudir a un vidente famoso de aquel momento, Rishi Santos. El elenco está conformado por Trilce Cavero, Iván Chávez, Fabiola Huamán, Silvana Picco y Mariano Ramírez.

La representación plantea una serie de saltos temporales, de modo que el espectador tiene información clara sobre la naturaleza de cada personaje. No fue necesario agregar detalles como fondos de pantalla, o subtítulos para denotar el orden de los hechos representados. Los actores lograron construir personajes complejos, con contradicciones genuinas y cercanas. La concentración actoral y la precisión a nivel técnico de todo el elenco fue un aspecto destacable de la representación. Este factor, en consecuencia, atrajo la atención del espectador momento a momento. 

En medio de situaciones de desastre no controlables y búsquedas paranormales, 2007 propone una perspectiva con toques de humor al momento de hablar sobre la muerte. La obra de Enríquez representa una propuesta refrescante sobre este tema, de modo que entendamos las pequeñas muertes que se dan a lo largo de nuestra vida. Situaciones que juzgamos como un fracaso, pérdidas de amigos, frustraciones profesionales, y un sinnúmero de experiencias que representan hitos de “muerte” en vida. El autor logra plantear claramente este discurso – con unos toques de humor y sarcasmo -, de modo que se entienda la dualidad muerte-vida: es necesario morir para resurgir, para vivir. 

Es destacable en esta propuesta escénica el usar un suceso como aquel terremoto del 2007 para contar una historia. Lejos de romantizar un desastre natural, considero que la vigencia de esta obra se centra en darle una visión distinta a situaciones que normalmente juzgamos como (solamente) trágicas. El público se lleva de esta obra una invitación a pensar en la muerte como un paso necesario para crecer, para superarse y seguir viviendo. Si bien aquí se habla de un terremoto, el espectador podrá reconocer su propio suceso trascendental, una pequeña muerte que haya podido superar. Es así como 2007, gracias a la magia del teatro, nos abre una invitación a una nueva perspectiva sobre las pequeñas muertes de la vida. 

Stefany Olivos 

1° de julio de 2024

lunes, 1 de julio de 2024

Crítica: PISO 1 TRASNOCHE (MAYO-JUNIO)


Cuatro instantes

Visitar Piso 1 fue una experiencia entretenida. Mientras vas transitando de sala en sala, los pasillos están repletos de gente que espera ver alguna microobra o está sentada disfrutando de alguna bebida con una conversación y sonrisas. La primera puesta que observé, El Chico L, se desarrollaba en un espacio pequeño; era la primera vez que acudía a ese lugar, es por ello que me llamaba la atención la magnitud de sus dimensiones. Todo era íntimo, había una cercanía entre el espectador y los actores, la historia empezaba desde que ingresabas, un actor permanecía atento al inicio del drama, una vez todos adentro la voz invadió el aire, espontáneo y simpático funcionaba como preludio; después aparece otro personaje, lo interesante hasta este momento es la naturalidad y frescura de los intérpretes, parecía como si nos hubiésemos colado dentro de sus paredes y estuviéramos husmeando su intimidad.

En un momento aparece un tercer actor: la historia era muy divertida, dos chicos que esperaban encontrar el amor, cada uno a su manera, uno más impaciente que el otro, pero al final ambos estaban dentro del mismo juego, el uso de apps para encontrar citas. Los dos chicos eran gays y cuando ingresa el tercer actor creían que él también lo era, pero sin embargo se dan con la sorpresa de que no. El ritmo era muy bueno, el hecho de que durase poco permite que no vaciles en ningún momento, constantemente estás atento a la dinámica del trabajo, empatizas con lo que observas y disfrutas de los pormenores. Salí de la primera sala contento, motivado a seguir explorando las siguientes salas, la calidad interpretativa ameritaba una noche de sábado, la situación fue simple, pero las interpretaciones son diversas; el amor, la búsqueda ansiada del amor, muchas veces nos lleva a mirar hacia lugares muy lejanos, cuando simplemente es necesario observar lo que tenemos más cerca, aunque parece sencillo, en la vida real y también en la ficción resulta muy complicado.

La segunda sala fue un contraste total con la primera, para empezar, no había tantas personas como en la anterior y la historia, titulada La espera, ya no era tan ocurrente y divertida, ahora había otra atmósfera. Una joven aguardaba en un lugar, después aparecía un joven que resultaba ser su ex y para colmo se encontraban dentro de una sala de espera de un psiquiatra que ahora era la nueva pareja de la joven.

Las interpretaciones fueron excelentes, una capacidad sorprendente de mantener la energía y de entrar en una situación complicada como una separación emocional y el reencuentro del ser alguna vez querido. Me gustaría rescatar la mirada de los intérpretes, estaba muy cargada de emociones, se podía dar lectura a todo lo que sucedía solo con la mirada, con el brillo, con la forma, con la intensidad; las palabras complementaban perfectamente este gran suceso ocasionado por los ojos y el cuerpo era un resultado por gravedad. Fueron quince minutos de intensidad enfrascada en simples gestos, estábamos dentro de una telenovela o de una serie, la energía de los artistas acompañaba muy bien la situación, fue refrescante cambiar de sensación de un momento a otro, al salir de la sala, la expectación sobre lo que se podría observar en las siguientes salas había incrementado, la variedad de propuestas hace muy llamativa esta experiencia y la categoría de los actores y actrices es de primera.

La tercera sala fue un golpe más duro, desde la imagen que presentaba la propuesta se presentía que se avecinaba otra situación, algo crudo, cruel, y así fue. Cuando ingresamos al espacio de Reconstrucción todo estaba a oscuras y solo había una actriz esperándonos, y cuando todo empezó a suceder, hubo un juego muy interesante con las luces; simples, muy sencillas, de casa de un espacio habitual, pero que fueron utilizadas creativamente. La actriz comienza su cometido y nos hace naufragar junto a ella en una historia violenta, una violación consumada por varios individuos narrada en primera persona y prácticamente increpada ante nuestra mirada inesperada. Desde el inicio hay una tensión, la actriz supo llevarnos en su viaje de recuerdos y la gravedad de los hechos dejaba la piel erizada, me parecía muy interesante cómo ella nos miraba fijamente y hacía sentir algo muy profundo, más que una reflexión, una culpa destellaba entre las comisuras de mi pecho, era extraño, muy fuerte, pero dinámico, porque las emociones eran un ir y venir, una eterna transformación.

El hecho de que sea corto y fuerte caló hondo en mí, salí impactado de la puesta y la música que se utilizó pese a ser muy agradable terminó convirtiéndose en una película sonora de horror; ahora solo aguardaba el final, que podía haber después de experimentar tanta diversidad en instantes que ya se estaban agrupando y hacían un largo tramo.

La última puesta, Proyecto Secreto, fue como un relajo, una lectura dramatizada de una obra escogida al azar por el público, fue necesario para refrescar todo lo vivido hasta ese momento, una historia de amor entre dos chicos que no supieron sobrepasar las adversidades que el amor entre dos hombres significa, pero al final de cuenta se encontró un alivio, pese al pasar de los años. Los actores se mimetizaban rápidamente con los parlamentos, aunque decían que no sabían ni conocían que texto les iba a tocar interpretar, daba la sensación de que ya lo habían estudiado y que todo era parte de un show, pero todo fue divertido. Es ahí donde me di cuenta que yo había visto las obras por un orden numérico, pero la propuesta es que tú puedes elegir a cuál obra ingresas, entonces no hay un orden, no hay un esquema, la situación se vuelve juguetona, dinámica; es ahí que muchas cosas interesantes suceden, cuando no nos acogemos a lo establecido sino buscamos nuevas formas de ver el sol.

Moisés Aurazo

1º de julio de 2024

Crítico: DES-HUMANO


Transformación extrema

El Colectivo Teatral Metamorfosis está presentando la obra Des-Humano, una versión libre de la novela La metamorfosis de Franz Kafka, escrita y dirigida por Katherine López. La corta temporada tiene lugar en el Auditorio del CAFAE-SE.

La trama gira en torno a Gracia, una joven que vive con su padre y su hermana menor, siendo ella quien lleva la responsabilidad de un trabajo que ya no le satisface, además de causarle una profunda ansiedad. Un día, Gracia decide posponer el despertador y dormir un poco más antes de ir al trabajo; sin embargo, al no poder responder al llamado de su hermana, se despierta espantada por el cambio radical que han sufrido su voz y su cuerpo, convirtiéndola en un ser casi animal que, luchará para sobrevivir en su propia casa.

Respecto a la escenografía, se recrea una atmósfera sombría, con un fondo oscuro, la cama, el perchero y una mesa con libros, los cuales serán el refugio de Gracia (Rosa Sedano), que deteriora su estado lentamente, ante la mirada impasible de su padre (Brayan Vilchez), que solo se preocupa por la economía familiar; y la impotencia de Gema (Gianina Zurita), quien intenta en vano ayudar a su hermana mayor. Una interesante construcción de personaje nos ofrece Sedano, quien a través del uso de cuerpo y los sonidos vocales, da vida a esta criatura extraña y atormentada, logrando un trabajo sólido junto a sus compañeros de reparto.

Con claras alusiones al expresionismo alemán y a la estética del dreamcore (asociado con los sueños o pesadillas), que se observan en detalles como el maquillaje y el juego de luces, las cuales se complementan con el uso de las proyecciones en pantalla, que nos muestran otra parte de la historia de esta familia, caracterizada por la rigidez y estructura, que finalmente desencadenan la trasformación extrema de Gracia. Solo como sugerencia, se podrían precisar más algunos cambios de escena para no interferir en el ritmo de la puesta.    

Des-Humano aborda con crudeza temas como la salud mental, el núcleo familiar, la vocación profesional, la autoexigencia, el rechazo, entre otros, invitando al espectador a una abierta reflexión, en torno a nuestro propósito como individuos.

Maria Cristina Mory Cárdenas

1º de julio de 2024 

jueves, 27 de junio de 2024

Crítica: LA PACIENTITA N° 4


Testimonios de violencia gineco-obstétrica

El Teatro debería, dentro de las posibilidades con las que cuenten sus mismos creadores, convertirse en un valioso instrumento de transformación social, cuyo objetivo sea el de devolverle a los espectadores la tan necesaria capacidad de reflexionar de manera crítica sobre la dura realidad que nos rodea. Señalar una problemática específica y mostrarla en el escenario de manera estilizada es la mejor y única manera de empezar el camino de esta indispensable transformación. Es por ello que, más allá de los indudables logros artísticos que consigue la creadora escénica Sara Paredes Mansilla, el unipersonal La pacientita N° 4 es un conmovedor y valioso espectáculo teatral que denuncia los violentos maltratos a las que son sometidas miles de mujeres a punto de dar a luz en los centros de salud de nuestro país.

Paredes Mansilla acierta en señalar esta problemática de la que no se habla mucho, no solo para advertir de las atrocidades cometidas por médicos y enfermeras insensibles frente a un acontecimiento tan crucial en la vida de cualquier mujer como lo es el parto, sino que a la vez reflexiona sobre las posibles causas del porqué vivimos actualmente en un clima de violencia: ¿acaso no son miles los niños peruanos traídos al mundo en condiciones agresivas para ellos y especialmente humillantes para sus madres? ¿No sería lo óptimo que los recién nacidos inicien sus vidas rodeados de buenos cuidados, paz y amor? La actriz, haciendo las veces de narradora, doctora, enfermera y paciente cuando corresponde, nos hace partícipes de la odisea que muchas mujeres deben atravesar para traer al mundo a sus hijos. Y sorprende, por supuesto, con la revelación hacia el final de la identidad de la "pacientita" en cuestión.

Basta solo un biombo, una silla y un par de mandiles para que el público se sienta identificado y conmocionado con la historia, limpiamente ejecutada por Paredes Mansilla, quien utiliza su cuerpo y varios elementos de los que se apropia (como los lazos para atar su mandil) para mostrarnos con crudeza la deshumanización a la que son sometidas demasiadas futuras madres en nuestra ciudad. Y ni qué decir de lo que seguramente ocurrirá en nuestras regiones. La pacientita N° 4, publicada en el tercer compendio de teatro peruano del Bicentenario publicado por la ENSAD, constituye una contundente crítica a una práctica generalizada de maltrato hacia las mujeres gestantes; muy bien por Paredes Mansilla, una artista comprometida con las enormes posibilidades del Teatro como herramienta de cambio social.

Sergio Velarde

27 de junio de 2024

Crítica: MAQUILLAGE


Revelaciones vigentes de la mano de Eielson

La noche suele ser el contexto propicio de situaciones poco comunes. Nos esconde en cierto encanto oscuro, que provoca más de una revelación a los personajes de Maquillage. Este montaje, del dramaturgo peruano Jorge Eduardo Eielson, fue representado en el Teatro Británico bajo la dirección de Carla Valdivia. Esta historia se ambienta en la ciudad de Lima: una familia atraviesa una noche de enfrentamiento con muchas verdades trascendentales. Este es el segundo estreno en Lima de esta obra, luego de los 100 años del nacimiento del autor. El elenco que da vida a esta historia estuvo conformado por Lita Baluarte, Eduardo Camino, Irene Eyzaguirre, Brayan Pinto y Jorge Villanueva.

La representación traslada al espectador a la noche rutinaria de una jornada laboral. Sin embargo, la escenografía multinivel ya nos da señales de lo atípica que será esta aparente interacción entre esposos. El montaje proponía grandeza escenográfica e interpretativa, pues los personajes no eran convencionales. Hubo un código corporal uniforme en todo el elenco, el cual provocaba en el espectador la sensación de estar viendo una situación de ensueño. El texto es exquisito, lo que supone un reto a nivel interpretative; los actores estuvieron a la altura de estas exigencias, conservando una concentración uniforme y adecuada en términos técnicos.

Muchas conversaciones trascendentales en una sola noche constituyen una situación apremiante, donde el público fue testigo oculto de las verdades de cada personaje. El espectador tuvo estímulos para estar conectado con la obra momento a momento, debido al lado humano de los personajes tan bien elaborado por Eielson. La dirección de Valdivia supo darle una interpretación vigente a la historia de esta familia que nos abrió las puertas a sus más inesperadas verdades.

No hay familia que esté libre de conflictos, y Eielson supo condensar un tótem de drama familiar en una obra de teatro. La sensibilidad del autor para exponer los escudos de defensa creados por cada personaje es digna de reconocimiento, además de suponer un texto vigente hoy en día. El público se lleva una experiencia apremiante de sensaciones, provocando inevitablemente identificación con más de una situación. Las causas de conflicto podrán variar entre familias, pero las reacciones humanas de estos personajes constituyen una figura empática para quien se aproxime a la obra. Esto evidencia, en consecuencia, un aspecto multipotencial del arte de Eielson.

Stefany Olivos

27 de junio de 2024