miércoles, 3 de junio de 2020

Crítica: FANTASMA


Ensayo de una crítica a un teatro fantasma

El teatro como parte de muchas actividades culturales restringidas por la pandemia detuvo sus proyectos. Esta recesión conflictuó a todos los artistas, no solo a nivel económico, sino a nivel artístico. Sobre todo, a los escénicos que nunca habríamos imaginado, el año pasado, el preguntarnos por la existencia de un “teatro virtual” Ante todo ello y en medio de miles de preguntas que aún no terminan de responderse, empiezan a aparecer los primeros “prototipos” de propuestas teatrales vía web. Luego de unos meses de para creative, los artistas escénicos decidieron resolver algunas cosas. Como siempre, sin ayuda del Estado, que los últimos días está ocupado descubriendo algunos recientes enigmas del Ministerio de Cultura.  

Luego de este pequeño context, solo me queda decir que “ensayaré también cómo criticar una obra virtual”; pues sí, ninguno de nosotros está tan preparado para estas propuestas. Sin más, centrémonos en la obra:

Fantasma es una obra de Mariana de Althaus, proveniente de un texto suyo, escrito para micro teatro que fue adaptado y actualizado consiguiendo esta “performance virtual”. La sinopsis de la obra es muy sencilla: una actriz (reconocida en la televisión) y su directora de teatro ensayan el pronto estreno de su obra, todo por vía virtual dada la cuarentena establecida por la emergencia sanitaria. En el transcurso del desafortunado ensayo, nos vamos chocando con fragmentos de sus propias experiencias durante la cuarentena, dejándonos ver un poco más sobre la psicología de estos personajes. 

La obra tuvo su trasmisión a través de la plataforma virtual de Joinnus, teniendo lugar los días viernes 29 y sábado 30 de mayo del presente año, a las 9.00 p.m. y cuya duración fue de 20 min.  En las actuaciones estuvieron Denise Arregui y Jely Reátegui.

La propuesta busca darnos la sensación de observar un ensayo teatral virtual, con todas las dificultades que esto acarrea. La simplicidad de una cámara frontal colocada en sus respectivos espacios establecidos para trabajar por ambos personajes desde sus casas no permite mayor sorpresa ni recursos para contar. Pero sí consigue acercarnos a la carga emotiva de la psicología de estos dos personajes.  En gran parte de la performance, observamos el rostro de las actrices, con excepción de dos momentos en donde ellas se alejan de las computadoras. La obra nos invita a un juego con “meta-teatralidades” si podemos decirlo así. Como parte del ensayo teatral del personaje de la actriz, observamos intentos fallidos de una representación teatral, con convenciones de actuación “más exageradas” o a un registro de actuación teatral, a manera de adaptarse a los nuevos medios.
Sin embargo, lo que mejor funcionó fueron los momentos emotivos, donde los personajes se conectaron con la realidad de hoy en día, a la que nadie puede ser indiferente; es decir, el juego con la “hiperrealidad” es lo que causó mayor impacto.

Por otra parte, el nombre de la obra hace referencia al tema central de esta: “la vulnerabilidad humana ante la (s) ausencia (s)”. Vulnerabilidad a la que nos hemos visto sometidos estos casi ochenta días de cuarentena. El nombre de la performance, Fantasma, es el juego de la actriz que constantemente debe hablar con un fantasma (el otro receptor, público, etc.), pero al mismo tiempo puede hacer referencia a los muertos por el Covid que han empezado a dejar vacíos en la mayoría de las familias.

La ausencia corpórea que generan las tecnologías reclama orgánicamente que se hable sobre las ausencias y presencias. Temas que han estado circulando dentro de las nuevas estéticas que algunos grupos teatrales experimentales han ido abordando ya, en los últimos años anteriores a la pandemia. La virtualidad de los cuerpos, y la ausencia & presencia es centralmente el tema de debate actual entre los teatristas. La pregunta sobre si la aparición de estas propuestas online ¿son teatro o no?, es muy compleja. La complejidad de esta reside, como menciona Koss (2019), en que la virtualidad del cuerpo y desmaterialización de este chocan con una de las características más importantes con las que hemos definido el concepto de teatro: “la presencia”. Este cuerpo virtualizado (ausente) carece de aura y está liberado de su realidad. La pregunta que Koss se realiza es: ¿Podemos seguir llamando “teatro” a eso que acontece sin cuerpo? A pesar de que esta señala la carencia de convivio en ausencia de los cuerpos, y por lo tanto, la dificultad de considerarlo teatro.  Nos habla del intento tecnovivial, término que proviene de una escena neotecnológica que hace referencia al intento de generar un acontecimiento liminal entre la presencia- ausencia del cuerpo diluido (virtual) del artista.  Por el momento, no seguiré ahondando en la búsqueda de respuestas concretas, ya que el fenómeno reciente se encuentra aún en observación, y continuaré analizando algunos detalles sobre la performance virtual Fantasma, que es de nuestro estudio.

Aun cuando esta, una obra sencilla, sin mayor artilugio ni sorpresa, cumple con contarnos las dificultades, miedos y dolencias de los personajes durante la cuarentena. Logra conmover e identificar al espectador con la vulnerabilidad a la que todos estamos expuestos, en circunstancias de emergencia como las que vivimos.

A manera de reflexión, pienso que las exploraciones virtuales deben tener en cuenta que “el espectador” no está comprometido a sentarse a mirarlos como en el teatro, y por ello se debe ver las formas en las que se puede capturar la atención. Por ejemplo: “¿El qué se cuenta? Es decir, la historia.” Una historia simple puede funcionar mejor en teatro, donde se suele jugar mucho más con la estética, pero no tanto en el caso de una pantalla. Y mucho menos, con la elección sencilla de dos simples primeros planos.

Si bien la obra mantiene una estética “hiperrealista”, donde la ficción de los personajes se mezcla con nuestra realidad, lo cual funciona, creo que el medio audiovisual invita a tomar mayores riesgos y a aprender a jugar con otros lenguajes. Por lo que considero que las obras online que continuarán apareciendo tienen mucho por hacer en cuanto a exploración del lenguaje audiovisual. Plantearse el jugar con los planos como con las luces del escenario, o como medio para ampliar los espacios ficticios posibles, etc.  Me es imposible abordar todo lo que genera la aparición de estos intentos, que podrían o no convertirse en una forma liminal proveniente de la performance escénica, performance visual, cine, TV, pero sobre todo, las plataformas virtuales.

Como menciona mi compañera Stefany Olivos en su crítica Empanada parisina: “Todo el gremio artístico está probando herramientas para que el teatro no pare a pesar de la coyuntura.” Ella se pregunta: “¿Podemos decir que estas experiencias son teatro per se? Definitivamente, no.” Y estoy de acuerdo momentáneamente con ello; sin embargo, me mantengo atenta, observando la evolución de esta nueva corriente. Considerando que el teatro contemporáneo había ya ampliado tanto sus posibilidades desde las recientes liminalidades escénicas. Que como diría un maestro hoy en día: No se puede hablar de “Teatro”, sino de teatro(s), puesto que el término está referido a todos los híbridos y exploraciones que se encuentran en los márgenes en mayor o menor medida del concepto teatral.

Asegurar algo sobre esta tan nombrada pregunta es limitar y como crítica, lo que me gustaría es promover e invitar a que se siga explorando y arriesgando. Ya que la respuesta de si es o no teatro se irá construyendo en el proceso de realización durante el tiempo.
Conversar con las formas que exige nuestra nueva realidad es una de las principales tareas del artista, diría que hasta mayor que saber qué está haciendo. Es necesario ser sincero y en hablar desde la vida, esta vida virtual a la que nos ha arrinconado la pandemia.

La respuesta de la posibilidad de hablar o no de “un teatro virtual” dependería, según mi punto de vista, del cumplimiento de dos premisas: la primera, es la persistencia en la búsqueda de un lenguaje o en otras palabras, de sus propias reglas del juego; y la segunda, depende de su duración en el tiempo; es decir, que a pesar de que se regrese a las formas regulares, estas continúen siendo una opción. Solo así, esta podría establecerse como una posibilidad más de hacer presente un teatro liminal. ¿Por qué no? Yo, por mi parte, no cambiaría la experiencia de ir a un teatro; sin embargo, si hay un público que asista a estas propuestas, no veo por qué negar lo que está sucediendo.

El tema es extenso e invita a volver a revisar conceptos tan antiguos y perseguir las etimologías conocidas, contrastándolas con conceptos del teatro contemporáneo, que en esta pequeña crítica no da para la discusión. Podrían o no estar de acuerdo con mi pequeño ensayo de crítica, pero lo que sí propongo es que nos enfrentemos cara a cara a estas propuestas y saquemos nuestras propias conclusiones. Por el momento, estos intentos son aleteos a poder gritar “Hey, el teatro sigue vivo” y sé que está intentando renacer.
Para empezar, Fantasma tendrá dos nuevas funciones, a las cuales invito a asistir: los días viernes 5 y sábado 6 de junio a las 9 pm por Joinnus live. Sigamos asistiendo, por el momento, virtualmente a estas experiencias, para continuar debatiendo sobre el futuro teatral.

Kiara Castro
3 de junio de 2020

martes, 2 de junio de 2020

Crítica: LABERINTO DE MONSTRUOS


Nuevos rumbos para los artistas escénicos

Hace un tiempo, no podía imaginar que mi reencuentro como espectadora de teatro sería distinto a como lo hacía siempre, desde una butaca. La llegada de un virus invisible que aún no tiene cura nos mantiene alejados, evitando cualquier actividad que reúna a un grupo de personas, tal y como se requiere en el rito teatral, donde conviven los actores y el público.

Desde entonces, han surgido varias iniciativas que involucran herramientas digitales y audiovisuales para dar vida a los textos teatrales, a través de un código distinto, que llegue al espectador confinado en su casa, haciendo uso de sus ordenadores o teléfonos móviles. En esta oportunidad, Elefanta de Papel & Punto y Coma – Teatro coproducen la obra Laberinto de Monstruos, escrita por el dramaturgo peruano César de María y bajo la dirección de Emmanuel Caffo, dando inicio al I CICLO DE LECTURAS DRAMATIZADAS.

Mediante una transmisión *vía ‘Zoom’, seis actores interpretan esta obra situada en julio de 1975, periodo que sirve como contexto para contar la historia de cinco adolescentes: Leo (Diego Pérez), Danny (Miguel Dávalos), Fernando (Roni Ramírez), Jenny (Muriel García) y Memo (Sergio Armasgo), quienes en medio de los cambios e inquietudes propios de su edad, conocen al dueño de una feria itinerante, el Viejo (Carlos Victoria), quien les propone trabajar en el laberinto de monstruos, una de las atracciones de la feria. Tentados por la posibilidad de ganar dinero, aceptan la oferta; sin embargo, cuando aparece un vagabundo  a quien llaman el Loco James (interpretado también por Victoria), con un misterioso y llamativo maletín, que según creen los muchachos contiene en su interior una gran cantidad dinero, trazarán un calculado plan para arrebatárselo, sin presagiar que todo saldría mal y que las consecuencias de sus actos los marcarán para el resto de sus vidas.

Dadas las circunstancias que atravesamos, es posible afirmar que estamos ante un lenguaje nuevo, con características y funcionalidades muy particulares; siendo el objetivo principal, rescatar las piezas teatrales que hoy no pueden ver la luz en su propio recinto: el Teatro. Aunque nos cueste aceptar que la vida hoy por hoy no es como la conocíamos, es cierto también que a los cambios hay que adaptarse y en este caso, el trabajo en equipo y la sinergia entre los actores ha sido vital para que esta experiencia sea agradable.

El manejo adecuado de los planos de la cámara y las interpretaciones reflejaban naturalmente las personalidades de cada personaje, aunado al apoyo del Acotador, para situarnos en los diferentes momentos de la obra. Además, la dramaturgia compuesta en gran parte de monólogos, es pertinente y aporta en este tipo de transmisiones en tiempo real, las cuales pueden ser falibles, pero hay que comprender que se pueden presentar contratiempos, como la falla en la señal de internet o en los propios dispositivos.  

El día del estreno virtual, hubo un pequeño conversatorio, el cual vi y escuché atentamente, sin poder interactuar con los participantes, precisamente, por una falla en mi equipo. Por ello recomiendo al público que se conecte, tomar sus previsiones.

Solo puedo felicitar a todos los involucrados en este proyecto, destacando la entrega y profesionalismo de los actores, quienes tuvieron a su cargo además de la interpretación, otros roles: manejando las cámaras, la música y en algunos casos el vestuario, lo cual supone un reto adicional que han sabido superar con entusiasmo, disposición y complicidad.  

*Software de videollamadas y reuniones virtuales desde cualquier dispositivo digital.

Funciones restantes:
-Sábado 06 de junio – 10:00 p.m.
-Domingo 07 de junio – 10:00 p.m.

Maria Cristina Mory Cárdenas
2 de junio de 2020 

lunes, 1 de junio de 2020

Crítica: DOS PARA EL CAMINO


Lectura de a dos

“BUTACA Arte & Comunicación” es una agrupación teatral que, en cinco años, ha sacado adelante alrededor de quince proyectos escénicos de distinto tipo y calibre. Empleamos la expresión “sacar adelante” exprofeso para referirnos al inmenso esfuerzo que esta agrupación ha invertido para producir los espectáculos que logra llevar a las tablas. Con audacia y tenacidad parecen haberle entrado a todo: desde obras en formato corto, pasando por teatro para la infancia (incluso musical) concebido por ellos mismos desde la dramaturgia, hasta obras de formato largo, de autores nacionales e internacionales, y de considerable complejidad. Por supuesto, podemos argumentar y discrepar sobre los niveles de calidad alcanzados en los diversos aspectos que componen su producción escénica. Sin embargo, es nuestro parecer que los amigos de “Butaca” se están ganado a pulso un pequeño sitial en la historia del teatro local, por ese indiscutible coraje para fomentar cultura en un medio tan hostil como este.

Siendo tan prolífica como es su producción, no es de extrañar que “Butaca” tuviese algo que aportar en estos tiempos de salas vaciadas por el estado de emergencia sanitaria actual. Al igual que muchos otros colegas artistas, han echado mano de la conectividad que nos procura la banda ancha de la Internet, y se están atreviendo a producir un ciclo de lecturas dramatizadas (es decir, interpretadas) de textos escritos por dramaturgos nacionales. Las lecturas se realizan en vivo y  llegan al público a través de una videoconferencia. En su primera temporada, el texto elegido fue Dos para el camino del dramaturgo nacional César de María. La lectura interpretada de los personajes estuvo a cargo de Manuel Gold y Rocío Olivera, y fueron dirigidos por Martín Velásquez “Marvelat”, quien también tuvo el rol de “acotador” (lector de indicaciones en el texto).

Proponer un ciclo de lecturas dramatizadas como un espectáculo virtual pagado es, por decir lo menos, un proyecto osado. A fin de cuentas, la lectura es apenas uno de los primeros ejercicios que suelen realizarse en el proceso artístico teatral que culminará en una puesta en escena. ¿Por qué, entonces, pagaría el público para asistir a la lectura dramatizada de una obra de teatro? “¿Tú pagarías? Yo no. ¡Ni hablar!”, me decía días atrás un colega actor. Los amigos de “Butaca”, sin embargo, no piensan igual. De hecho, después de haberle dado muchas vueltas a este punto, parecen haber ideado una estrategia de mercadeo sostenida sobre dos pilares principalmente. El primero consiste en elegir una obra tan buena y cautivante en su historia, como sencilla en su ejecución. En este aspecto, la elección de Dos para el camino como obra inaugural de este ciclo es un acierto total. Es una obra entrañable y poderosa, cargada de historias que lo tienen todo, y se preserva tan vigente ahora como en su estreno, en el 2002. En cuanto al cuerpo actoral, solo precisa de una actriz y un actor, que interpretan dos monólogos cada uno, y un diálogo al final. Por su estructura, no requiere de grandes artificios para ser montada.  Quizás por ello su texto casi no tiene acotaciones, lo cual facilita su lectura. El segundo pilar consiste en convocar por lo menos a un actor suficientemente “conocido" como para “jalarle el ojo” al público que asocia la calidad de un espectáculo con la trayectoria mediática de sus ejecutantes. En este caso, Manuel Gold cumple a cabalidad con los requisitos antes descritos. La pauta de difusión en redes sociales ha sido elaborada con muy buen gusto, apelando a la sencillez y efectividad del “menos es más”: información puntual y fotografías en blanco y negro (posteriormente intercaladas con extractos de las presentaciones en línea), acompañadas de una suave pieza musical de fondo. Hay que anotar, sin embargo, que las instrucciones para la compra de las entradas no eran del todo claras, sobre todo al inicio de la campaña de difusión. Este detalle se ha ido corrigiendo posteriormente.

Teniendo en cuenta que el aspecto técnico es esencial para el normal desarrollo del espectáculo, se agradece que “Butaca” haya cuidado este aspecto en general. Desde el mensaje en pantalla previo al espectáculo, en el que se solicita al público apagar micrófonos y vídeo -así como un pequeño instructivo para ver solo a los actores durante la obra- hasta el uso de conexiones cableadas (en lugar del a veces inestable Wi-Fi) para los lectores, es evidente que la agrupación se ha esmerado en procurar una experiencia óptima. Pese a ello, es necesario mencionar que aún hace falta ajustar algunos detalles de tipo técnico. Por ejemplo, el uso de un headset (o auriculares con micrófono incorporado) resulta más conveniente que el de earphones de teléfono celular, pues le permiten al lector moverse con comodidad en su asiento, sin preocuparse por la proximidad del micrófono o el golpeteo del mismo. Esto sin contar la calidad superior de sonido que puede procurar el micrófono de uno sobre el otro. Otro ejemplo es el medio desde el cual se lee. Leer el texto en una pantalla es mucho más conveniente que hacerlo desde una hoja de papel: no hace ruido ni distrae o interrumpe la lectura cuando se pasan las hojas. Existe una tercera observación, aunque esta no depende de la producción o los actores. Nos referimos a la calidad de conexión a Internet de los participantes. La transmisión que nos tocó ver se ralentizaba e incluso congelaba durante las intervenciones de Rocío Olivera. Lamentablemente este es el sambenito que, tarde o temprano, padecerán todos los espectáculos en vivo que se transmitan por Internet en estos días.

En cuanto al trabajo actoral, y como ya se dijo antes, una lectura dramatizada no es comparable con una puesta en escena. Es, en todo caso, la primera etapa de lo que luego será una puesta. Por ello, no se puede evaluar con el mismo rigor. Más aún cuando, como se nos comentó durante el ameno conversatorio que hubo después a la lectura, los actores solo han ensayado entre tres y cuatro veces. Sin embargo, podemos compartir algunas notas. Partamos, pues, de la premisa de que el texto de César de María suele ofrecer una mayor dificultad para la actriz que para el actor. En nuestra opinión, esto sucede debido a que los personajes masculinos son más “asequibles” y sus historias fluyen y pueden ser procesadas por el público con mayor facilidad que las de los personajes femeninos, más crípticos y hasta lejanos. Cualquier actor medianamente eficiente y con algo de experiencia en su oficio recibe un inmenso regalo en este texto. En contraste, el reto para la actriz es mucho mayor, ya que tiene que “ganarse” al público con una interpretación creíble de personajes esencialmente difíciles de entender y, al mismo tiempo, tiene que alcanzar una intensidad tal que lleve al espectador de la mano hacia la conmoción. En el caso de esta lectura dramatizada, y como estaba previsto, el trabajo de Manuel Gold fue lo que se esperaba, y tuvo éxito en atraparnos con su interpretación. No cabe duda de que su propuesta está muy bien encaminada y, de llevarse a un montaje, podría ofrecer una interpretación memorable. El caso de Rocío Olivera es un tanto distinto. Si bien, y en general, su interpretación fue correcta, no sentimos que se aproxime a lo que sus personajes podrían llegar a ser con mucho más trabajo y una dirección que afine sus intenciones. De hecho, nos llamó la atención que Martín Velásquez no haya encaminado con más precisión algunos pasajes en los monólogos. Sobre todo, en el primero. Dicho esto, es justo darle el beneficio de la duda al trabajo de Olivera quien, probablemente, podría llevar mucho más lejos a sus personajes y sus historias. Como ya se ha dicho, su tarea no es nada fácil.  

En conjunto, esta ha sido una experiencia bastante simpática y, a nuestro parecer, este ciclo de lecturas apunta bien a alcanzar el objetivo que el mismo director explica a los asistentes en su saludo de bienvenida: ofrecer un espectáculo que, sin llegar a reemplazar la experiencia escénica teatral, nos ponga en contacto con personajes e historias entrañables que nos acompañen durante la incertidumbre de esta espera. Sea, pues, muy bienvenida esta singular temporada de lecturas de “BUTACA Arte & Comunicación”. Prometen ser una grata compañía en este largo camino que recorremos.

David Huamán
1º de junio de 2020

domingo, 31 de mayo de 2020

Colaboración regional: LA RESISTENCIA DEL ESCENARIO


¡Abre, por favor, Jaime, el telón!

Las tablas del escenario resuenan con la proximidad del espectador, el hombre asiduo de ver el espectáculo se asoma a paso apresurado por los pasillos tenues, que conducen al fondo de ese lugar, una luz baja anuncia que ya todo está listo, es la noche, es el día o es el amanecer, es todo, es el momento que acompaña,  es el instante que será efímero, que solo acompañará a nuestra vida, es ese momento, la emoción, la enseñanza, la sensación, está con nosotros, ya estamos listos, vamos anuncia que ya saldremos, ¡sí, ya saldremos!, ¡llegó el momento compañeros!, ¡vamos, abre el telón!, ¡qué esperas, abre el telón!,…. ¡qué sucede!, ¡abre el telón!… ¡Jaime, revisa, qué pasa, qué sucede!, si algo pasó soluciónalo ¡ahora!, ¡la función ya debe comenzar y no debemos retrasarnos!... ¡Abre, por favor, Jaime, el telón!.. ¡Que tenemos que presentarnos!, ¡estamos listos!, ¡la obra ya está terminada!, ¡el público espera y el telón no debe de estar cerrado!... ¡Ábrelo!... ¡Dónde están!, ¡dónde se fueron todos!, ¡qué pasó!, ¡no me boten del escenario, porque tengo una función!, ¡no me saquen del escenario, porque tengo una función!, por favor, no quiero cubrirme la boca, con ese tapaboca o como tú quieres llamarlo! ¡No me deja trabajar la voz, necesito crear, con mis compañeros!

Ese silencio de las calles no me deja, el miedo de sus veredas y de sus puertas no me deja salir, no me conformo a esa nada, el tiempo es solo un vacío, que tiene su tiempo violento de voces que estremecen al público y a los compañeros, no hay más… solo el tiempo, porque no se detiene y que su paso se hace cada vez más lento y lento y consume el esperar…

Adaptarse ¡ja! Sí, claro, cómo no, adaptarse tras una pantalla, adaptarse a no estar presente al público, de verlos, de estremecerse cuando te observan, de sonreír cundo te sonríen, de girar en torbellinos cuando te abrazan después de terminar una función, adaptarse a lo que alguna vez fue el sentido pálpito del golpear de palmas de ese fulgurante espacio, adaptarse, adaptarse, el espíritu del teatro, él no puede, lo siento, pero esa alma saltarina y poética del teatro no puede, y yo tampoco, veo las olas de ese viento que arrastra a mis compañeros hacia la desesperanza, no es su culpa, no es de nadie, son cosas del tiempo, es esa tormenta que nos esperaba, es ese telón que no logró abrirse y que demora y demora en levantarse, no me pidas que mantenga cerrado el telón, porque seguiré insistiendo que se abra, una y otra vez, sé que no me cansaré… llámalo fe, llámalo insensatez, llámalo como quieras, pero insistiré hasta que ese telón vuelva a abrirse, porque ya estamos listos, compañeros, el maquillaje aún resiste, las luces están aún bien calibradas, el corazón está latiendo con fuerza como siempre, las emociones están con nosotros, vamos, resiste, compañero, resiste que el telón ya se tendrá que abrir… 

Tercera llamada…

Edgar Palomino Medina
Ayacucho, 31 de mayo de 2020

miércoles, 27 de mayo de 2020

Crítica: CAMERINO VIRTUAL (Parte II)


Reflexiones y sensorialidades desde la virtualidad, parte II

“Camerino Virtual”, además de proponer experiencias escénicas virtuales, ha tenido la iniciativa de ofrecer una variada gama de obras dentro de la misma temporada. En total, son seis representaciones, las cuales se transmiten en dos grupos y días distintos. El segundo listado de obras cuenta con Shakira es más inteligente que nosotres, Cómo ser lesbiana y no morir en el intento y la lectura dramatizada de Bernardo y Valentín.

Shakira es más inteligente que nosotres

Esta propuesta es un monólogo escrito y dirigido por Sebastián Eddowes e interpretado por Gonzalo Whitehead. Se nos presenta un youtuber, haciendo una de sus transmisiones de siempre, esta vez para compartirnos cómo es que Shakira y su música ha estado presente en momentos importantes para el personaje. Desde la dramaturgia se ha hecho el trabajo de buscar conexiones directas entre las letras de ciertas canciones icónicas de la artista, apelando a las etapas por las que Shakira ha pasado en cuanto a su evolución musical. La construcción del personaje estuvo llena de detalles: la corporalidad, la forma de hablar y el manejo de los distintos objetos en la obra denotó un trabajo minucioso por parte de Whitehead. El enfoque de la cámara de transmisión nos permitía ver el interior de una habitación, dividida en dos planos distintos: un primer plano, donde se veía al actor hablando a la cámara, y un segundo, que abarcaba el manejo del resto de la habitación: la cama y una silla extra. Esta división de espacios fue una decisión acertada desde la dirección, pues permitía darle matices a lo que se iba contando: existían momentos extrapolados de la realidad, en los cuales se podía ver al personaje fantaseando con los sucesos que iba contando, reviviendo físicamente experiencias importantes, permitiendo que el espectador sea testigo de ello. Un detalle que es importante tomar  en cuenta es la comodidad del actor con relación a los objetos y vestuarios que utiliza. En el caso de esta obra, era evidente que en el cambio de vestuario final, el vestido era tan incómodo para Whitehead que lo tenía que acomodar casi todo el tiempo; este tipo de altercados se deben evitar, pues distrae al espectador. Finalmente, se da una reflexión a la que se llega después de este paralelo entre la música de Shakira y la actitud del personaje, lo que constituye un buen cierre de todo este mundo creado ante el espectador.

Cómo ser lesbiana y no morir en el intento

El segundo monólogo de esta lista es  interpretado  por Lía Camilo, dirigido por Norma Berrade y con la dramaturgia de Gina Guerrero. Una videollamada con una íntima amiga se convierte en una serie de confesiones personales, donde el espectador es cómplice. La actriz, al no hablar a la cámara, permite al público la sensación de estar “espiando” la conversación, un detalle que capta la atención desde el inicio. El manejo de la información y el ritmo con el que se iba compartiendo fue certero por parte de la actriz, pues se le notaba concentrada y que había interiorizado el texto minuciosamente. La manipulación de una manta para escenificar ciertos momentos narrados por Camilo fue certera, pues permitía al espectador ver más detalles de lo contado. Es así como esta manta podía convertirse en un vestido, una escalera, entre otras imágenes. Esta obra, al igual que el primer monólogo, es un compartir muy franco desde la experiencia de ser homosexual y no ser aceptados como tal: una invitación a la empatía del público. No necesitamos ser de la comunidad LGTBQ+ para lograr cuestionarnos y reflexionar sobre los distintos juicios que se nos impone.

Lectura dramatizada de Bernardo y Valentín

Lectura interpretada por Carlos Victoria y Víctor Prada, escrita por Diana Gómez y Víctor Augusto Mendívil. Esta comedia es definitivamente un buen cierre dentro de esta lista de obras. Este texto propone un juego para confundir al público: hablar de un muerto y entrar en debate sobre quién debe limpiar y quién no. La situación entra en un enredo tal –a propósito, desde luego- que el espectador no sabe con certeza lo que está por pasar. La construcción de los personajes en esta lectura dramatizada fue certera: ambos en ropa de cama, dos hombres que son pareja hace muchos años y  comparten las tareas de su hogar. Es interesante cómo es que tanto Victoria como Prada lograron la apropiación del texto y la  situación, pues mantuvieron el ritmo y las energías necesarias para una obra cómica como esta. Las distintas discusiones que nacían a raíz de este “muerto” van enredándose a tal punto que el espectador oscila entre muchas opciones-desenlace. Este efecto es interesante, porque invita al público a una experiencia más activa: es inevitable preguntarnos sobre qué es lo que han matado. ¿Una persona? ¿Son asesinos? ¿Qué clase de personas son ellos dos? Después de tantas montañas rusas de especulaciones, se logra aclarar lo que realmente pasaba, provocando una sensación de alivio por saber lo que realmente mataron. Definitivamente este tipo de obras están hechas para hacer saltar al espectador de sus butacas/sillones, y en esta ocasión se logró ese efecto.

Es interesante la selección que "Camerino Virtual" eligió en esta temporada. La estrategia de escoger obras de media hora de duración –o menos- permite captar la atención del espectador de mejor manera: la  concentración frente a una pantalla definitivamente agota más que frente a un escenario. Gracias a plataformas –en este caso, Zoom-, podemos seguir en la búsqueda de nuevas manifestaciones artísticas, a pesar del contexto que estamos viviendo. Las distintas temáticas abordadas en esta temporada tienen un objetivo en común: invitar a la reflexión y la empatía de quienes  acuden virtualmente a verla.

Stefany Olivos
27 de mayo de 2020

Crítica: CAMERINO VIRTUAL (Parte I)


Reflexiones y sensorialidades desde la virtualidad (Volumen I)

Dentro de las propuestas escénicas que se vienen dando durante el aislamiento, un grupo de artistas ha creado “Camerino Virtual”, con la intensión de no dejar de contar historias a pesar de la crisis existente. Distintos dramaturgos, actores, actrices y directores se han sumado al gran riesgo de proponer nuevas experiencias  a través de plataformas virtuales. El espectador tiene la oportunidad de ver tres funciones distintas por día: dos obras y una lectura dramatizada. Las primeras obras en liderar esta temporada fueron Demonios en la piel, 3, 2, 1… Estás ahí y la lectura dramatizada de Cenizas quedan.

Demonios en la piel

Este monólogo, interpretado por Silvia Majo, dirigido por Gabriel Gil y escrito por Eduardo Adrianzén, nos trae un acercamiento sensible al personaje: ¿por qué es actriz? Esta pregunta dispara el desarrollo de la obra. Hay un juego interesante de muchos aspectos que responden a dicha pregunta. Uno de los más interesantes fue el paradójico hecho de encarnar la fantasía (personaje) de alguien más (dramaturgo). Se juega mucho con cómo es que vive y encarga esa conversión actriz – personaje. El monólogo está lleno de estímulos hacia el espectador: desde la dirección, se jugó con recursos como la repetición de frases, matices vocales de distinta intensidad, desplazamientos en el espacio y manipulación de elementos. Estos recursos fueron certeros, pues aportaron a la carga sensorial que la obra poseía. El uso de estas herramientas revistieron el monólogo, de manera que había dos canales de percepción: en primer lugar, la historia contada desde el texto y, en segundo lugar, la historia contada desde el lenguaje visual corporal de la actriz. Majo consiguió apropiarse de aquellos recursos con concentración y precisión, de modo que captaba la atención del espectador en todo momento. El vestuario que utilizó principalmente fue una chaqueta, la cual cumplía la función de una máscara: representaba simbólicamente la transición hacia la encarnación de un personaje; este recurso fue claro desde el principio. Se utilizó una sola cámara que acompañaba a la actriz en todo momento, por lo que se movía casi todo el tiempo. Esto, si bien permitió conectar más de cerca con la performance de la actriz, también provocaba distracción debido a la inestabilidad de las imágenes que captaba el dispositivo. Esto se vio acompañado de una falla técnica, en el que se vio la información de la pantalla del celular por error. Quizá en estos casos sea bueno utilizar un sostén de cámara un poco más estable ya  los celulares son tan sensibles al tacto que pueden jugar una mala pasada. Es importante hacer hincapié en el manejo de las cámaras en este tipo de experiencias, pues son las cámaras las que van a cumplir la función de los ojos del espectador.

3,2,1… Estás ahí

Desde el título de la obra, escrito por Paris Pesantes, se puede intuir una sensación de juego. Cheli Gonzáles y Manu Rodríguez encarnan esta historia –dirigida por Ximena Aguilar-. Todo inicia como un encuentro a través de videollamada, una rutina que parece haber sucedido con frecuencia entre ambos. Sin embargo, hubo recursos que desde el inicio denotaron con especificidad el verdadero contexto de la obra: mientras que a Gonzáles se le ve en su cuarto, en un escenario “real”, a Rodríguez, no. Este último estaba acompañado de una luz muy potente, a lado del enfoque de su rostro solamente. Este recurso fue atinado para denotar que efectivamente pertenecían a dos planos distintos de la realidad: un hermano fallecido, y una hermana que no logra superar su muerte.  En este caso, el uso de la  luz fuerte dentro del encuadre del hermano, fue un recurso simple y correcto. La posición de las cámaras permitía al espectador sentirse cómplice de este encuentro, pues se tenía muy de cerca los rostros de ambos actores. El vínculo que se formó entre los hermanos durante la experiencia fue conseguido gracias a una concentración y conexión que ambos actores lograron: el manejo del texto fue eficiente en ambos. Si bien este fue un encuentro que pasa a la vida o a la muerte como la conocemos, ambos personajes dejan hacia el final una lección muy importante, dentro del contexto que estamos pasando: cada uno, desde su posición, debe continuar la lucha que nos toque vivir; no va a importar la distancia física, pues lo que nos une a nuestros seres queridos va más allá de todo problema o contexto.

Lectura dramatizada de Cenizas quedan

Trilce Cavero y Julio Navarro fueron los actores a cargo de esta obra, dirigida por Silvia La Torre, con la dramaturgia de Diana Gómez. Esta propuesta consistía tanto de narraciones de cada persona como “escenas” del presente de la obra. La caracterización en una lectura dramatizada suele ser un plus, sobre todo si contamos con el hecho de que la cámara puede enfocar partes específicas de quien realiza la lectura. Cavero destacó dentro de la representación debido a que logró una construcción de personaje total: la corporalidad, actitud, caracterización y manejo de objetos que desarrolló fueron impecables. Los elementos que utilizó la actriz eran los necesarios para estimular la imaginación del espectador en cuanto al desarrollo de la historia. En cuanto a Navarro, si bien hubo una construcción de por medio, hubo momentos en los que se notaba cierta desconcentración de su parte. Esto provocaba que en pequeños momentos el texto suene desligado de la interpretación del actor. Este tipo de desconexiones pueden distraer o confundir al espectador. Ambos actores manejaron correctamente los saltos entre momentos de narración y de interpretación de los hechos que iban ocurriendo. Aquel logro le daba dinamismo al desarrollo de la lectura. Es interesante cómo se juega con la imagen de fuego, relacionado tanto a la idea de pasiones como a los desastres que pueden provocar. La pareja supo darle matices a esta imagen, explotándola y estimulando la imaginación del espectador.

Stefany Olivos
27 de mayo de 2020
Foto: Juan Carlos Oganes 

domingo, 24 de mayo de 2020

Crítica: HOTLINE


Teatro live dentro de la pandemia

Tras la aparición del COVID-19, el mundo ha entrado en una etapa de reinvención, donde artes como el teatro están buscando cómo manifestarse. Una de las primeras obras en sumarse a este reto dentro del confinamiento social es Hotline, protagonizada por Javier Valdés y Daniela Mayuri, dirigida por David Ames. Esta historia transcurre durante la actual pandemia: un coronel, quien acaba de perder a un ser querido, encuentra refugio en el alcohol y el mundo virtual; así conoce a una joven, Poly, con quien entablará una relación particular a través de una videollamada.

La plataforma por la que se transmite esta obra es Instagram. La modalidad consiste en seguir dos cuentas específicas de los personajes de la obra. Minutos antes de la transmisión, ambos personajes –Héctor y Poly– van subiendo las tres clásicas llamadas previas a la función a través de historias dentro de la plataforma. La transmisión de la representación es en vivo, a través de la opción “transmisión en vivo”, por lo que el espectador debe estar atento para entrar a dicha opción. Esta modalidad elegida por “La sangre life” –productora de la obra-, logra simular la reunión de asistentes a cada función, de manera virtual, dentro de estas cuentas creadas especialmente para la obra, de modo que propone una interacción mayor con el público.

Al ser una transmisión en vivo, están presentes dos cámaras, una por cada actor. El ángulo de visión percibido del personaje de Héctor nos permite observar un escenario cómodo, con algunos elementos que dan información sobre el estatus social en el que se encuentra. El camisón de satén y el trago en las rocas fueron utensilios certeramente elegidos para redondear al personaje. En el caso de Poly, era posible observar un sillón rojo algo desgastado, una luz tenue y una botella de plástico usados, tres elementos que denotan un contexto algo precario para el personaje. El vestuario, que no dejaba lugar a la imaginación, nos situaba a los espectadores de manera clara en el contexto de aquel encuentro.

Ambos actores manejaron de manera certera los giros temáticos y el cuadro de intensidad que la obra planteaba. Casi todo el tiempo se veía un plano muy cercano de los rostros de cada uno, de modo que era posible reconocer inmediatamente lo que cada personaje iba pasando internamente –la mirada y los silencios fueron clave para esto-. Esto permitió que se forme un vínculo interesante entre ambos actantes, de modo que provocaba empatía y captaba la atención desde el primer momento. Hacia el final, sin embargo, casi no se escuchó un sonido importante dentro de la decisión de un personaje. Esto creó confusión, pues no dejaba claro qué es lo que estaba sucediendo. Es importante tener en cuenta que, si se va a utilizar un efecto o un sonido, se escuche claramente en la transmisión, para no crear confusión.

Se nos presentó el encuentro entre un ex coronel y una actriz, ambos en crisis, tratando de sobrellevarla por separado, mientras están viviendo dentro de la actual pandemia. Esta característica ya nos lleva inmediatamente a pensar en nosotros, dentro de nuestras distintas situaciones. Pérdidas masivas de empleo, familiares enfermos o fallecidos a causa del virus en cuestión, imposibilidad de trabajar por el distanciamiento social son distintas situaciones que, aunque no todos la pasen, es necesario ser empáticos con las realidades de otros. ¿Cuáles son los cambios que personalmente tendremos que tomar? ¿Cómo nos sentimos al respecto? Tendámonos la mano, necesitamos hablar sobre cómo nos sentimos; escuchemos, aunque de manera virtual; y, sobre todo, quedémonos en casa.

Stefany Olivos
24 de mayo de 2020

sábado, 23 de mayo de 2020

Crítica: ASUNTO DE TRES

COVID y… un “Nuevo teatro”

La situación actual ha ocasionado grandes cambios en la rutina del ser humano. Esta pandemia ha generado que varios gobiernos establezcan el distanciamiento social como posible solución ante el contagio del COVID – 19. Esta drástica medida ha provocado que la mayoría de lugares - por no decir todos- con gran concurrencia de personas cierren sus puertas. Así, negocios, aeropuertos, empresas, colegios, universidades, estadios, bibliotecas, museos, teatros y varios espacios más ya no funcionen como antes lo hacían. Como efecto mariposa, cada cambio o variación en este sistema ha repercutido en la vida de cada uno de nosotros, también, en la vida del teatrista creador, que quiere seguir labrando en su oficio.

Ya que el distanciamiento social impide que los intérpretes y espectadores se encuentren en un solo lugar, los espacios teatrales se trasladaron a los espacios virtuales u en línea. Así, tratando de unir el lenguaje teatral y audiovisual, Samoa Producciones nos invita a este mundo - ¿será también teatro? – con su propuesta “Odisea 2020”, en la que se ha convocado a más de 20 intérpretes para el montaje de varias obras de teatro con una duración de no más de 30 minutos.

Asunto de tres es una de las obras seleccionadas para presentarse en esta producción. El dramaturgo es Gonzalo Rodríguez Risco y, en esta ocasión, los intérpretes son Alejandra Rivera, Alejandro Baca y Augusto Gutiérrez.

La obra se transmitió en vivo –sin convivio– a través de la plataforma YouTube. El primer fragmento de la obra inicia con las actuaciones de Jano y Alejandra. A nivel actoral, ambos intérpretes generan un ambiente teatral, pues la energía brindada a sus movimientos y cada palabra dicha son característicos del teatro. Por otro lado, el espectador podía observar dos enfoques. Pues, estas indicaban que estaban transmitiendo la obra a través de dos ángulos. Dado que se observaba dos pantallas en la plataforma, esto, a veces, a inicios de la obra, generaba desconcentración a pesar de que era la misma obra, solo grabado desde ángulos distintos. Además, debido a la cercanía de las cámaras a los actores y las actuaciones teatrales de estos, a veces, no se entendía lo que decían. En general, en este primer fragmento, creo que no lograron convergir el lenguaje teatral y audiovisual. Sin embargo, las actuaciones, dentro del código teatral, sí fueron precisas.

En el segundo fragmento, actuaron Augusto y Jano. Aquí, en la transición del primer al segundo fragmento, duró unos segundos más. Sin embargo, ese error “teatral” –porque es en vivo– fue solucionado y pasó a segundo plano dicho inconveniente. A comparación con la primera situación, este fragmento de la historia fue verosímil, es decir, tanto el código teatral y audiovisual convergieron y, dentro del mundo de las convenciones, fue creíble para el espectador. Además, en este caso, los actores tenían conciencia de que estaban al frente de una cámara, y no debían realizar movimientos exagerados, sino contenidos. La situación también ayudó a que ambos lenguajes se unificaran porque ambos personajes estaban frente a una computadora personal, que para los actores era la cámara.

En el tercer fragmento, participan también Augusto y Jano. Aquí, como en el primer y segundo fragmento, utilizan dos planos de cámara. A comparación de la primera, las cámaras presentan una mejor posición respecto a lo que desean mostrar y, también, ya no desconcentraba al espectador. A comparación de la segunda, la situación ya no les ayudó a generar ese ambiente creíble, pues crearon la atmósfera para que lo sea. Así, con la cámara mejor posicionada y las actuaciones no tan teatrales o exageradas lograron convergir otra vez ambos códigos.

Así, con el fin de paliar esta actual coyuntura, varios artistas escénicos se sumergen a la búsqueda de nuevas formas en el quehacer teatral. Una de ellas es como la que está realizando el elenco de Samoa Producciones; sin embargo, podría ser de otra manera. Ahora, toca procesar y preguntarnos si aquello que nos muestran es teatro o, tal vez, es un “Nuevo teatro”, una forma más contemporánea respecto al teatro que conocemos. Pues, tal vez, con la ayuda de la tecnología, el teatro, que se originó como un rito, deba cambiar.

Elio Rodríguez
23 de mayo de 2020

Crítica: LA ENTREVISTA


La entrevista en cuarentena

Hace tiempo que no escuchaba las ya conocidas primera, segunda o tercera llamada antes de iniciar una función y, aunque en esta ocasión no las escuché, si las leí, fue quizá lo más cercano que me sentí como espectador, desde que inició esta cuarentena. Precisamente, eso demuestra que los artistas no podemos vivir sin el arte y es justamente en tiempos difíciles, donde haciendo uso de diversas plataformas digitales, ideamos estrategias para poder reinventarnos, uniendo así el lenguaje teatral con el lenguaje audiovisual. Es el caso de La Entrevista, una obra de formato corto, quienes con gran acierto lograron sumergirnos en una nueva experiencia, donde las cámaras de transmisión se convierten en un actor más. En esta ocasión utilizaron YouTube en vivo, como medio de emisión.

Un atractivo mensaje en la pantalla, nos invita a abrigarnos y, a conseguir algo de comer y beber, para disfrutar de la función, a su vez, la canción Dear Prudence de los geniales The Beatles, nos servía como compañía, en esta pequeña espera, que pronto terminaría con una agradable voz, invitando a buscar el asiento más cómodo de nuestro domicilio. Asimismo, como medida de precaución, ubicar la puerta de salida más cercana del lugar donde nos encontramos, para disfrutar de esta nueva experiencia teatral, con las medidas correspondientes del caso.

Clo Vargas y Alejandra Villasante son las actrices encargadas de darle vida a esta obra de 23 minutos de duración, donde la señora Laura Ibáñez (Villasante) tiene una entrevista en el colegio de su hijo. La citaron para hablar sobre el desarrollo de Santiago durante el trimestre, además, tendrá que responder a algunas preguntas formuladas por la tutora (Vargas) que serán un poco incómodas para ella.

Ambas actrices interpretan apropiadamente sus personajes, cambiando de emociones, mientras la intensidad de la obra va subiendo, para finalmente terminar con otra canción de The Beatles, Don't let me down.

La Entrevista tiene como escenario un reducido espacio donde cabe un pequeño escritorio y dos sillas, una decoración minimalista completa la escenografía, lo necesario para esta interpretación; a pesar de ello, las actrices supieron manejar correctamente el momento de una pequeña pelea que se originó entre ambos personajes dentro de la trama, sin embargo por momentos se salían de escena, perdiendo el encuadre de las cámaras utilizadas. En esta ocasión usaron una cámara para el plano general y otra para enfocar desde el lado lateral a la Sra. Ibáñez; por momentos ambas cámaras fueron proyectadas en una misma pantalla logrando que se visualice a detalle las reacciones de ambos personajes.

Está propuesta de teatro streaming es traída gracias a Samoa Producciones, escrita por Álvaro Pajares y bajo la dirección de Nella Samoa Álvarez. La Entrevista es una de las cinco obras que conforma el proyecto “Odisea 2020”, la temporada va hasta el 23 de mayo en distintos horarios.

Milagros Guevara
23 de mayo de 2020

jueves, 21 de mayo de 2020

Crítica: EMPANADA PARISINA

Odiseas teatrales frente al Covid – 19

El contexto del Covid – 19 definitivamente ha marcado un antes y un después en el estilo de vida que conocíamos hasta antes de esta pandemia. La gran pausa que el mundo ha tenido que tomar nos ha alejado físicamente de nuestros seres queridos, centros de labores, actividades culturales, entre otras rutinas que añoramos desde el inicio del aislamiento en casa. Aunque nos cueste asumir como sociedad este gran cambio, es necesario aceptar estas circunstancias, acomodándonos a las nuevas condiciones: trabajar desde casa, reunirse virtualmente con nuestros grupos de amigos, tomar clases virtuales, entre otras. El sector teatral fue uno de los primeros en parar sus actividades, y será uno de los últimos en poder volver a desempeñarse como solía hacerlo. Es por esto que, dentro de la necesidad de adaptarse al distanciamiento, se están llevando a cabo nuevas experiencias teatrales a través de plataformas digitales como Zoom, Youtube, Instagram, siendo estas algunas de la larga lista de medios existentes. Es así como Samoa Producciones ha lanzado su primer proyecto dentro del aislamiento, “Odisea 2020” , donde ha convocado a más de 20 actores y actrices para darle vida a distintas obras de corta duración (30 minutos), representadas en vivo a través de una plataforma digital.

La primera obra en estrenarse dentro de este proyecto ha sido Empanada Parisina, con la participación de Sebastián Ramos, dirigida por Nella Samoa Álvarez y escrita por Álvaro Pajares. El actor enseña al público su receta secreta para preparar la mejor empanada, mientras cuenta un suceso personal que sorprenderá al espectador. La representación ocurre en una cocina, con la presencia de dos cámaras ubicadas en puntos estratégicos distintos.

La transmisión se hizo en vivo a través de la plataforma YouTube. Al utilizar este tipo de medio, es importante la selección de planos que las cámaras enfocarán, pues estos definen lo que el espectador va a observar. La selección de la dirección fue utilizar una cámara para un plano general de la cocina, y otra para enfocar de cerca la manipulación de insumos. A lo largo de la representación, el actor manejó de manera eficiente los focos de atención entre ambas cámaras: mientras en una pantalla se observa el rostro del actor, en otra aparecen las manos correspondiendo al nivel de intensidad que la escena iba adquiriendo. Era interesante observar por ambas cámaras una concordancia de ritmo y energía, conectadas directamente con lo que el actor iba contando: tanto desde la palabra como desde la corporalidad del actante se podía percibir cómo la historia iba trascendiendo. Esta característica captaba inmediatamente la atención del espectador.

Es importante en este tipo de representaciones ser consciente del manejo del espacio de tal modo que pueda encajar en el encuadre de las cámaras utilizadas, aspecto que se logró en este caso. La caracterización y hablar de escenografía se convierten en un reto, pues claramente se trabajará con elementos que se encuentren accesibles dentro del hogar del actor o actriz: en esta obra se logró cubrir las necesidades de la historia de manera óptima, de modo que sumaba a dar información y contextualizarla. Si bien este formato no permite la reciprocidad propia de un acontecimiento teatral –compartir un mismo espacio-, el hecho de ser una representación transmitida en vivo hace que el espectador capte lo que ve de una manera distinta. La sola consciencia de esta característica es un factor importante: es la nueva convención intermedial entre el actante y el público.

Todo el gremio artístico está probando herramientas para que el teatro no pare a pesar de la coyuntura. ¿Podemos decir que estas experiencias son teatro per se? Definitivamente no. Si bien deriva de él, tiene códigos distintos que deben ser vistos como una nueva forma de representación legítima. Ante la crisis presente, es necesario estar preparados para probar, aceptar y arriesgar ante las transformaciones de sectores y actividades con las que solíamos convivir: la tecnología, como en esta obra, estará de nuestro lado para ello.

Stefany Olivos
21 de mayo de 2020