lunes, 5 de agosto de 2024

Crítica: ESPÍRITU TRAVIESO


Qué cosas hacemos para darle un sentido a nuestra existencia

La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto emocional profundo en el mundo. El conflicto, que duró de 1939 a 1945, fue el más devastador de la historia, con pérdidas masivas de vidas humanas, destrucción de ciudades y comunidades, y cambios radicales en el orden mundial. Algunos de los efectos emocionales incluyen traumas y estrés postraumáticos (en soldados y civiles), pérdida de seres queridos, hogares y comunidades enteras que provocó un dolor profundo por el duelo en muchas personas, también el miedo y ansiedad constante por los ataques vividos, el cuestionamiento de muchas creencias y valores. Y por supuesto, la guerra también influyó en el arte, la literatura, la música y el cine. Es así que, desde todos estos factores, las sociedades empiezan a abordar temas como la paz, la injusticia, los derechos humanos y el sentido de la vida.

En este contexto de la Segunda Guerra Mundial, el dramaturgo, músico y actor inglés, Noël Coward, con más de 60 obras teatrales en su repertorio, escribe Espíritu travieso, partiendo del sentir de los londinenses de volver a ver a sus seres queridos, en una etapa en que también se había perdido el sentido de la existencia, de lo absurdo de las guerras, y quizá lo que más necesitaba el ser humano de aquella época era escapar de esa realidad mediante las artes. Es así que Espíritu travieso se convierte en una comedia negra de enredos; su director Mateo Chiarella plasma muy bien en su visión este sentido de la obra y nos logra entregar un montaje con personajes que buscan descubrir constantemente qué existe más allá de la realidad conocida y cómo nos aferramos a los recuerdos, tratando de encontrar un sentido a nuestras vidas.

En escena, los actores David Villanueva, Wendy Vásquez, Andrea Luna, Celeste Viale, Cecilia Reckhemmer, Sebastián Stimman y Danitza Montero hacen una buena sinergia, con buen ritmo y totalmente involucrados en una atmósfera misteriosa, oscura y divertida; a destacar el personaje de Madame Arcati, interpretado por Viale, que es realmente un deleite verla en escena: atrapa, conmueve y logra transmitir la esencia y emociones del personaje de manera convincente con una presencia escénica que deslumbra. Punto aparte también a la disposición escenográfica, que al ser un teatro circular como el de Aranwa, ayuda mucho a la acción de la pieza llegando a ser una experiencia inmersiva en donde, por momentos, no sabes de dónde saldrá un espectro y juega mucho con tu complicidad. Muy recomendable.

Manuel Trujillo

5 de agosto de 2024

Crítica: AVENTURAS EN LOS ANDES MÁGICOS


La magia de Óscar

Entre mis recuerdos tiernos, algo escondidos, está leer Cholito tras las huellas de Lucero de Óscar Colchado Lucio durante la primaria. Y aunque Aventuras en los Andes Mágicos de la Asociación Cultural Puckllay esté basado en su secuela, comparten un sentido similar de fascinación e inocencia al momento de viajar, junto a Cholito, por los parajes de la mitología andina.

Los diferentes elementos, desde las luces, el humo hasta la utilería, colaboran a darle al montaje una sensación de estar imaginando un cuento. Esta última, en particular, saca a relucir la gran creatividad con la que se manejan muchas de las imágenes más fantásticas de la obra. El trabajo con papel, telas, máscaras, marionetas y unos increíbles cerros habladores me atraparon desde adulto: imagine desde la inocencia de los niños en la sala. Para efecto, probé mirar a mi alrededor durante la puesta: y a mi alrededor, en efecto, veía buena cantidad de niños bien concentrados, que veían a Cholito siendo cargado por un cóndor o enfrentarse a un gigante. 

El auditorio del Colegio San Agustín se presta para darle una mayor grandeza a la escena, y el equipo de Puckllay hace un genial aprovechamiento del espacio. Nuevamente, los elementos en escena crecen gracias a las luces del auditorio, bien aprovechadas durante varios momentos. Quisiera decir que todos estos elementos combinados me hicieron no poder despegarme de las imágenes de la obra y de su magia, pero sí es cierto que unos cuantos momentos quebraron mi atención. Los dos narradores tienen una increíble capacidad para cautivar al público con una voz y corporalidad de grandes cuentacuentos, con pasajes sacados directamente de la novela original, pero algunas descoordinaciones del coro que les acompañaba hacían que no siempre entendiera lo que decían. Su presencia es bienvenida, y se nota el ensayo y la confianza entre todos los jóvenes del elenco, pero esto es algo que destaca más en sus momentos móviles que en los quietos, donde la obra a veces hace mucha pausa como para poder seguir metidos en el cuento.

Los chicos se notan de lo más cómodos, siempre que pueden usar su cuerpo y sus elementos para contar la historia: el momento inicial, en el que el pequeño Ichic Ollcco se esconde en un baúl con una inolvidable sonrisa pícara, es una impecable introducción. Acompañar sus marcaciones de texto con más acciones físicas que les ayuden a seguir evocando los pasajes de la obra podría ser quizás la clave para terminar de cerrar la ya tan bien lograda labor de este joven elenco.

Estas Aventuras en los Andes Mágicos ya acabaron, pero vuelven por dos funciones en septiembre, y creo que sería un gran error no llevar a sus hijos si se la perdieron: Puckllay, junto a la memoria de Óscar Colchado Lucio, transmite con mucha sinceridad una fascinación por la cosmovisión andina que para muchos pequeños es importante cultivar. 

Gracias, Óscar. Gracias, Puckllay. Por 20 años más.

José Miguel Herrera

5 de agosto de 2024

domingo, 4 de agosto de 2024

Crítica: COMO UNA UVA SECA AL SOL


Sueños postergados

En el marco de la conmemoración del Día de la Mujer Afrodescendiente, se estrenó la temporada de la obra Como una uva seca al sol (A Raisin in the Sun). Desde los escenarios de Broadway y Londres, llega esta galardonada puesta en escena, escrita en 1959 por la dramaturga y activista afroamericana Lorraine Hansberry, inspirada en el poema Harlem de Langston Hughes. Con la traducción del texto a cargo de Indhira Serrano y bajo la dirección de la actriz y cantante Ebelin Ortiz, el espectáculo tiene lugar en el Teatro Antonio Banderas, del Centro Español del Perú.

La historia gira en torno a los Younger, una modesta familia de afroamericanos, que ven puestas sus esperanzas de un mejor futuro en el cheque del seguro por la muerte del patriarca. Así, a través de la convivencia, cada uno va revelando sus anhelos y frustraciones, mientras luchan por encontrar su lugar en medio de una sociedad hostil y prejuiciosa. El sólido elenco lo conforma Cecilia Monserrate, Herbert Corimanya, Martha Muñoz, Mera de la Rosa, Omar Cruz Navarro, Elena Benites, Sergio Paris, Eder Campos, Neymar Zambrano y Taíno Iriarte, quienes componen personajes realistas con características específicas que nos hablan de su mundo interno. De otro lado, la escenografía es funcional, pues funge como la pequeña casa en la cual prevalece la sala donde la acción ocurre. A destacar el vestuario acorde al estilo de la época, aunado a la música y la iluminación, que recrearon una atmósfera natural y cotidiana, bien complementada con el código teatral.   

Con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos en el Perú, la ONG Yanapakuy Perú y el auspicio nominal del Ministerio de Cultura, Como una uva seca al sol, con la dosis justa de humor y el drama familiar que nos presenta, remueve fibras sensibles, como recordatorio de los numerosos obstáculos de la comunidad afroamericana (y nuestra propia comunidad afrodescendiente) en la lucha por la erradicación de la discriminación y el reconocimiento de los derechos civiles. Una pieza teatral necesaria, que nos lleva a preguntarnos si los sueños acaso no son para todos. Sin duda, el arte continúa siendo un medio inagotable para visibilizar la todavía castrante desigualdad y el racismo; sin embargo, no podemos negar los progresos conquistados, como la potente narrativa de Hansberry, que impactó y resignificó la justicia social de su época.

Maria Cristina Mory Cárdenas

4 de agosto de 2024

Crítica: LA CORRUPTA COMEDIA


Cómo se jodió el Perú

La idea de contar la historia del Perú en clave de comedia, para reírnos de nuestras desgracias en lugar de llorar por ellas, no es nueva. Todos recordamos la muy estimable El Perú Ja Ja (2013) de Rocío Tovar y la entretenida Perú pa’tod@s (2021), en formato virtual, a cargo del divertido Christian Ysla, curiosamente actor en la primera puesta en mención. En esta oportunidad, son Daniel Subauste y Bea Heredia Narváez los autores del montaje titulado La Corrupta Comedia, dirigido por la segunda, que muestra con sarcasmo e ingenio algunos pasajes (tristemente célebres) de nuestra historia, revelándonos no solamente cómo se jodió el Perú, sino también por qué no hemos aprendido la lección y como resultado, lo seguimos jodiendo todos como nación.

Presentado por La Nave Producciones y estrenado en el Nuevo Teatro Julieta, el espectáculo solo necesita la caja negra para ofrecer el trabajo coral de cinco sólidos actores, que se valen de funcionales elementos de vestuario y de utilería, así como de proyecciones de pantalla, para escenificar varios de los pasajes más emblemáticos de nuestra historia, con mucho brío y corrosivo humor, y siempre con la corrupción como común denominador: desde las quejas de Túpac Amaru II ante la españolísima Real Audiencia de Lima, pasando por el hilarante encuentro entre Bolívar y San Martín, hasta un logradísmo enfrentamiento entre nuestros ilustres dictadores Leguía y Fujimori, junto a sus respectivos “asesores” Cáceres y Montesinos. 

La labor interpretativa de Job Mansilla, Gretha Bazán, Walter Ramírez, Andrea Brissolese y Pedro Cáceres es precisa e intachable, divirtiéndose todos en escena y contagiando al público de su energía, que no decae en ningún momento. Acaso el último acto, en donde se nos enrostra en la cara que todos (absolutamente todos) somos responsables de la corrupción enraizada sin remedio a todo nivel, puede resultar algo discursiva y prescindible; y es que el montaje lo dice todo en cada una de sus secuencias, muchas de ellas de antología. Beneficiaria del programa de incubación FAE Lima, La Corrupta Comedia de Subauste y Heredia Narváez es una ingeniosa y divertida revisión histórica de nuestro paradójico país, que se vale de cinco versátiles actores para mostrarnos la omnipresente corrupción que nos viene acompañando desde siempre. Y lamentablemente seguiremos jodiendo al Perú, qué duda cabe.

Sergio Velarde

4 de agosto de 2024

jueves, 1 de agosto de 2024

Crítica: BULLYING


Nadie vio nada

Todos debemos cerrar filas contra el bullying. Como ya es sabido, esta forma de acoso escolar consiste en la exposición de niños o adolescentes a severos daños físicos y psicológicos, de forma malintencionada y reiterada por parte de otro u otros compañeros, dentro del recinto educativo. Y por supuesto, los actores de estos hechos execrables no solo son los acosados y acosadores, pues mucho se menciona la enorme responsabilidad de los testigos, pero que permanecen mudos ante el drama, o que simplemente “no vieron nada”. Justamente, el director y dramaturgo Emilio Berrocal se suma a la visibilización de esta problemática en su montaje titulado Bullying, que si bien presenta ciertas irregularidades, resulta en un valioso aporte para exponer y denunciar esta clase de abusos.


En un exclusivo internado de Lima, se juntan (convenientemente) los casos más reconocibles de acoso escolar en una misma promoción: la insoportable pituca, su amiga incondicional, la rolliza aspirante relegada, el tartamudo, el afroperuano, la provinciana, el homosexual, su mejor amiga y el homofóbico; atacándose sin piedad, unos a otros y todo el tiempo, delante de una maestra incapaz de hacer algo para evitar la tragedia. Se agradece el sentido de humor que aparece para matizar secuencias que realmente indignan, pero que muchas veces lucen desbordadas en su ejecución; además, la inclusión de musicales, unos con voz en vivo (con micrófonos que aparecen de la nada) y otros, en playback, le resta puntos al resultado final.


Los actores Thalia Estabridis, Nicolle Flores, Joseph Sebastian, Paloma de Abril, Yamilet Benites, Alejandro Vasquez, Pia Rodríguez, Johao Silva, Ana Moloche y Rodrigo López asumen con entusiasmo sus papeles. Asimismo, las escenas del inicio, con las tres víctimas principales incapaces de escapar de su trágico destino, y la del final, con testimonios que representan a los millones de acosados siendo recitados por el resto del elenco, lucen estilizadas y tienen la contundencia suficiente como para cerrar un espectáculo ciertamente irregular, pero necesario. Bullying, presentada en su primera temporada en el Teatro Barranco, es una valiosa propuesta que visibiliza y denuncia estas conductas reprochables. La lucha frontal contra el bullying debe involucrarnos a todos.


Sergio Velarde


1º de agosto de 2024

lunes, 29 de julio de 2024

Crítica: TITO ANDRÓNICO


Qué mueve la voluntad humana para ejercer violencia

La violencia, como tal, es un fenómeno complejo que tiene muchos orígenes y causas, que abarcan desde las biológicas (algunos estudios sugieren que la violencia puede tener causas genéticas y así pues, predisponer a las personas a ciertos comportamientos agresivos), ambientales o del entorno (nuestro aprendizaje de vida en donde crecemos y vivimos; es decir, estar expuestos a entornos hostiles, represivos o de continuo conflicto), culturales (la sociedad en la que vivimos, los valores, normas y creencias que fomentan este comportamiento), psicológicas (factores emocionales como la ira, el miedo, la frustración y la ansiedad mal gestionados pueden también llevar a conductas violentas) y la historia (los traumas y experiencias adversas en la infancia y adolescencia, como el abuso, abandono o negligencia, aumentan el riesgo de comportamientos violentos en el futuro).

La violencia es, entonces, un fenómeno de muchas variables, donde no hay una sola causa u origen y que a lo largo de nuestra historia como humanidad nos ha hecho ser capaces de las mayores barbaries, desde las más sutiles hasta las más viscerales. Shakespeare, obviamente, no era ajeno a esto y escribió Tito Andrónico, una de sus obras más oscuras y violentas, y por su estilo y lenguaje se sugiere que fue creada en un periodo de experimentación y desarrollo en la carrera del dramaturgo. Se cree que fue escrita alrededor de 1588 y 1594; la primera edición impresa fue publicada en 1594. En 1987, la directora Deborah Warner llevó la historia con Brian Cox como Tito Andrónico, exhibiendo todo el horror de la obra; y en 1999, Julie Taymor elige a Anthony Hopkins como el protagonista para su adaptación cinematográfica.

En esta oportunidad, La Ira Producciones trae a escena Tito Andrónico en el Teatro Segura, dirigida por Mikhail Page, que al mismo tiempo hace una versión acorde a nuestra época y esa visión se adecúa bien a nuestros tiempos violentos, en el que “el otro”, por ser de otro equipo, país o color de piel, es muy diferente a nosotros. También nos muestra con eficacia un ambiente político de corrupción e intereses individuales; la visión de la obra no se aleja de esa realidad evidente y sobre todo, de la ira que lleva a su protagonista a la venganza más cruda. Quizá en ese aspecto, la propuesta pudo haber arriesgado un tanto más por mostrarnos esa violencia a la que somos capaces de llegar ante determinado contexto. Por otro lado, la utilización del espacio escénico es precisa, con una escenografía que apunta mucho a la imaginación del público y basándose más en el trabajo del actor. Las luces, además, contribuyen a conseguir la atmósfera lúgubre y abrumadora que la pieza propone.

El personaje de Tito Andrónico es interpretado por Bruno Odar y el de Tamora, por Mónica Sánchez; ambos, con todo su oficio, consiguen emociones que mantienen la atención del público, así como Diego Pérez, que en el papel de Saturnino le otorga una tensión constante a la obra. Los hijos del protagonista se encuentran a cargo de unos excelentes Jorge Armas, Diego Salinas, Joaquín Escobar, Giovanni Arce y especialmente, Cindy Díaz. Completan el elenco Carlos Mesta, Daniel Cano, Martín Velásquez, Sebastián Ramos, Gilberto Nué y Patricia Frayssinet, todos muy eficientes.  Tito Andrónico es una puesta en escena muy recomendable.

Manuel Trujillo

29 de julio de 2024

Crítica: AMNESIA


Identidad y olvido

Al ingresar a la sala se observa una tenue luz azul que recae sobre los personajes, la cual nos invita a sumergirnos en un fugaz suspenso; inmediatamente, unas risas y un golpe de Sandra cayendo al piso dan inicio a Amnesia, una obra de teatro escrita por Chiara Roggero que narra cómo la joven en cuestión, quien tras una noche de fiesta despierta en casa ajena sin recordar lo ocurrido, generando mucha confusión en ella y la desconfianza de su anfitrión, un taxista llamado Sandro, quien de manera amable intenta explicarle a detalle lo sucedido la noche anterior, desarrollándose así la trama.

Bajo la dirección de Ricardo Caffo, la obra logra una fusión efectiva de comedia y crítica social. El director guía la interacción entre los personajes, creando no solo un ambiente de gracia, sino también invita a la reflexión sobre problemáticas profundas que afectan a la sociedad actual. Justamente, las interpretaciones de Miguel Cente y Cheli Vera destacan por su profesionalismo y la química que comparten en escena, aportando una frescura a la puesta; asimismo, sus reacciones dinámicas y genuinas enriquecen la experiencia del espectador. La escenografía es efectiva al situar a la audiencia en el lugar de la acción.

Amnesia aborda, de manera metafórica, el fondo sobre el olvido de las raíces y la identidad, especialmente relevante en el contexto de las festividades patrias. A través de un formato cómico, la obra también expone temas de discriminación y prejuicios que, trágicamente, persisten en nuestra sociedad.

La pieza de Roggero es una obra que deja una huella significativa desde el inicio hasta el final, gracias a la trama y a las destacadas actuaciones, estas logran hacer palpable el humor negro de la historia. Además, el sorprendente desenlace hace que la puesta en escena posea todos los elementos necesarios para mantener al público cautivado, ofreciendo una experiencia teatral enriquecedora.

Javier Gutiérrez

29 de julio de 2024

Crítica: LAS TÓXICAS


Mujeres al borde de un ataque de nervios

La toxicidad en una relación de pareja se ha convertido en los últimos años en un tema recurrente; sin embargo, es bien cierto que este concepto no es nuevo y viene ocurriendo quizás desde siempre. Mucho se ha escrito sobre esta problemática sentimental: en una relación tóxica, la pareja, o al menos uno de sus integrantes, se siente mal en mayor o menor grado, generando ansiedad o un sinnúmero de emociones negativas, ya que esto implica los esfuerzos denodados para que la relación funcione y no dejar que se termine. La actriz y dramaturga Romina Viñas explora esta temática en una puesta en escena netamente femenina, titulada adecuadamente Las tóxicas, y que a pesar de ciertos ajustes aún por realizar, se convierte en una simpática comedia para disfrutar el momento.

Una reunión de treintañeras, en la casa de una de ellas, es la excusa para mostrar algunos síntomas de toxicidad, justamente desde el punto de vista de “ellas” y sus confesiones más íntimas: infidelidades, desconfianza, violencia física y psicológica, dependencia emocional, falta de compromiso, entre otros aspectos que vamos conociendo de las vidas de estas mujeres, matizadas por un contenido sexual que pareciera dominarlo todo. Si bien se hace evidente la falta de un conflicto concreto en todo el primer acto, los diálogos entre Fabiola Vargas, Mellanie Elguera y la misma Viñas son lo suficientemente simpáticos y atrevidos como para sostener la secuencia; es recién con la llegada de Kiara Tangüis que se revela un fatal acontecimiento que pondrá en jaque al cuarteto de tóxicas y su amistad.

Con algunos aspectos por revisar, como el apartado estético (¡esa mesita forrada!), la puesta sale adelante gracias al carisma y energía de las cuatro actrices, las que saben defender sus respectivos personajes incluso en situaciones límite, bien dirigidas por Johan Escalante. Presentada en su primera temporada en el Teatro Barranco, Las tóxicas, a través del humor negro que la trama de Viñas permite, es la clara evidencia del terrible destino que les depara a aquellas parejas que permanecen unidas a pesar de la baja autoestima, la angustia, la frustración y sobre todo, la injustificable violencia que tarde o temprano aparecerá.

Sergio Velarde

29 de julio de 2024

domingo, 28 de julio de 2024

Colaboración regional: LA LUCACHA


Mirando desde el corazón de Vallejo

Es difícil imaginar que una obra alrededor de la poesía de Vallejo no se encuentre atravesada por la víscera y el dolor universal. Esto es algo que la agrupación cultural ayacuchana Awaqmuyu tiene muy presente, y en su última obra, La lucacha busca llevar a su extremo visual.

Dos hermanas y su anciano padre se reúnen para darle el último adiós a su menor hermana, Rimacha, quien se quitó la vida antes del inicio de la obra. A medida que avanza la ceremonia, diferentes flashbacks y secuencias físicas (bien diferenciadas a través de las luces) nos terminan de mostrar de cuerpo completo no solo la situación de la hermana, sino del simbolismo trágico que representa toda la familia sobre la sociedad y la política en el Perú.

El uso del espacio es creativo y muy bien logrado. Las actuaciones destacan principalmente por el trabajo físico del elenco, con personajes y secuencias bien trabajadas. Un punto de mejora importante sería lograr el equilibrio entre la historia y su significado, pues este último absorbe al primero a veces, y vemos a las hermanas más como símbolos de la izquierda y la derecha peruanas que como seres humanos. Frases reconocibles de nuestra política, así como transiciones prolongadas con mensajes explícitos, hacen que a veces se pierda el hilo y mensaje principal de la obra.

Pero, a medida que nos acercábamos al final, me surgía la pregunta: ¿Y si no hay otra manera de encajar esta historia que no sea a través del caos y la denuncia? Sin alusiones sutiles, sino destapando nuestra putrefacción. En ese tenso funeral aparecen las verdades que, como país, nos cuesta aceptar sobre nuestra política, nuestra hipocresía, nuestra “cultura del más sapo”, nuestra violencia de género. Cada imagen y transición se vuelven así únicas (cortesía de una precisa dirección y musicalización) y culminan en la figura del Perú como una araña descabezada, o como un grupo de hermanas traicioneras, víctimas a su vez de un decrépito, dominante y obsoleto status quo.

La lucacha bebe del expresionismo como una muestra del alma pura y desangrada del peruano. Esta es una obra necesaria de hacerse en la UNSCH, en el corazón de Huamanga más que en cualquier otro lado, y una muestra de la evolución a futuro que un grupo joven como Awaqmuyu puede desarrollar. Véanla con buen ojo, y recen para que al próximo Bicentenario, su realidad sea cosa del pasado.

José Miguel Herrera

Ayacucho, 28 de julio de 2024

viernes, 26 de julio de 2024

Crítica: LA REPÚBLICA ANIMAL


Una historia atemporal 

BUTACA Arte y Comunicación, junto a Bravo Productora, han estrenado la temporada de La República Animal, basada en la novela satírica Animal Farm, del escritor británico George Orwell, cuya trama gira alrededor de un grupo de animales que deciden rebelarse en contra de los humanos que dirigen la granja en la que viven, componiendo un nuevo sistema de gobierno que en principio los beneficiaría a todos por igual, pero que termina siendo una tiranía que destruye los ideales y la convivencia entre ellos. Es así que la historia se posiciona en el plano político, constituyendo una crítica abierta en contra de los sistemas corruptos y la crudeza de la condición humana. 

La versión escrita y dirigida por Martín Velasquéz Marvelat sitúa la fábula de Orwell en una recóndita chacra de la sierra peruana, donde los animales se rebelan en contra del maltrato y explotación que reciben de los seres humanos. Al lograr su cometido, instauran un nuevo sistema que tiene como pilares la justicia, dignidad e igualdad, el cual se ve desbaratado por la ambición y los intereses de algunos miembros de la chacra. Con clarísimas alusiones a nuestro día a día como peruanos, Marvelat nos confronta con una desoladora realidad social y política, que parece no tener cuando acabar.

Sobre la puesta en escena, los coloridos vestuarios y las máscaras a la mitad del rostro, de entrada, nos transportan al universo de la obra, complementándose con los elementos escénicos funcionales, el juego de luces y las canciones interpretadas por los personajes. El escenario del Teatro Ricardo Roca Rey de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) alberga al nutrido elenco, conformado por Briscila Degregori, Juan Carlos Díaz, Miguel Agurto, Luis Cárdenas-Natteri, Alejandra Reyes, David Huamán, Alexandra Garcés, Omar Velásquez, Cynthia Bravo, Daniel Suárez Lezama, Paola Chacaltana y Edgar Linares, quienes realizan logradas construcciones, siendo evidente el trabajo corporal y vocal sostenido a lo largo de puesta, incluso en los cambios de personajes entre humanos y animales. 

La República Animal es una propuesta intensa y pertinente, sobre todo, en esta coyuntura de celebraciones patrias, pues desnuda las miserias de una nación todavía fragmentada por la violencia, el olvido y la corrupción. Tan mordaz como estremecedora, esta historia nos confronta con situaciones que se han normalizado en nuestro país. Queda mucho por reflexionar; sin embargo, desde la tribuna artística es importante visibilizar estos temas, quizá, irremediablemente atemporales para gran parte de las naciones en el mundo. 

Maria Cristina Mory Cárdenas

26 de julio de 2024