Entre el baile, la belleza y la resistencia
A mediados de 1981, en un sótano de la Av. Aviación en San Borja, se inauguró la primera discoteca gay del Perú. Su sola existencia causaba escándalo entre las vecinas limeñas. Percibidos como enfermos y pecadores, por primera vez, los gays tuvieron un lugar de encuentro, comunidad y resistencia, acostumbrados ya a las batidas y persecución de quienes se creen representar la moral pública y privada.
La obra Perseo (Dos Reinas y un Funeral) rinde homenaje a esta resistencia con la presencia de sus más icónicas representantes: Coco Marusix y Naamin Timoyco, y convierte la sala de La Plaza en el escenario luminosos de aquella discoteca "de ambiente": El Perseo. Su fundador, Mario Carozzi, produjo espectáculos de varieté en donde se hicieron conocidos, entre otros, estos personajes fundamentales en la comunidad LGBTQ+.
Marusix saltó a la fama al quedar segunda en el primer concurso Miss Universo Gay, en 1982 cuando aún tenía 17 años. Durante las décadas de los 80 y 90 fue la atracción principal de varias revistas musicales de la comunidad gay. El año 2003 sufrió un derrame cerebral que paralizó la mitad de su cuerpo y la obligó a alejarse de la actividad artística durante más de dos décadas. Ahora, con ayuda de un bastón y el apoyo cariñoso de los bailarines, pero más precisamente, con una enorme fuerza de voluntad, se viste de vedette, se instala en el escenario y ofrece nuevamente su espectáculo, como la diosa de la noche que siempre fue. Por eso, quienes asisten cada año a la Marcha del Orgullo esperan ver el camión decorado con flores en donde Coco se luce, como heroína por la vida.
Timoyco, algo mayor que Coco, demuestra que mantiene la gracia y talento para el baile que la hizo ganar un concurso en El Perseo cuando tenía 18 años, por lo que se quedó a participar de sus espectáculos como figura protagónica. Dato aparte: Naamin es considerada la primera mujer trans del Perú en obtener legalmente un DNI con su identidad de género reconocida, el 2011.
La obra, escrita y dirigida por Mario Saldaña, se desarrolla de manera ágil y entretenida, por la presencia de un tercer personaje: La Langosta, quien, a modo de divertido narrador, nos cuenta la historia y tiende una trampa a las legendarias divas del transformismo limeño, a quienes convoca a la mítica discoteca El Perseo con el pretexto del fallecimiento de la otra, pero las secuestra con la intención de consagrarse como la nueva estrella. Los diálogos con ellas son hilarantes, cargados de gags e improvisaciones que hacen estallar de risa al público, por lo que lejos de ver en ella a “la mala”, logra una empatía total.
La producción de Ernesto Pimentel (que también bailaba en esa discoteca) ha tenido el cuidado de reunir los elementos fundamentales de las revistas musicales, aún con la sobriedad que exige un bajo presupuesto. Destaca el elenco de baile, por sus buenas coreografías, profesionalmente impecable y el cariño con el que cuidan a Coco. Luego, un excelente trabajo con la música y las luces nos instalan imaginariamente en El Perseo, para gozar de una buena revista y aplaudirlos con emoción, por el merecido homenaje.
David Cárdenas (Pepedavid)
22 de setiembre de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario