viernes, 11 de abril de 2025

Crítica: LA TRAGEDIA DE RICARDO III


Un Ricardo diferente

Ricardo III es un clásico del teatro, que en esta ocasión llega a nosotros gracias a Alumbra Producciones y el Teatro Barranco. En general, esta adaptación se mantiene fiel al texto original de Shakespeare, pero nos ofrece algunas variantes interesantes. En primer lugar, al contar con un elenco mayoritariamente femenino, la dirección propuso que sean las actrices quienes encarnen a los personajes masculinos, que son los predominantes en la obra. Así, el Ricardo III que interpreta Grecia Simon destaca por la fuerza de su expresión, mostrando un personaje tan profundo como maquiavélico. Como plantea la tragedia, a pesar de que Ricardo es parte de la realeza, presenta una deformidad que se comprende como un castigo de la naturaleza; aun así, en principio, es estimado por su familia y el pueblo al que gobiernan. Lo que veremos a lo largo de la obra es el desarrollo de los sentimientos que lo llevan a pelear por el trono, sin tener mayores límites en su actuar. Por eso, su apariencia física termina siendo la proyección de una moral distorsionada, motivada por un deseo de poder, que igual domina a algunos de sus allegados. Por otra parte, destacan la reina Isabel y Lady Ana, interpretados por Douglas Faria y Eduard Zapata, que son representadas con gran sensibilidad. Ello nos permite conocer los efectos de las complejas situaciones, políticas y familiares, que enfrentan las mujeres de la obra.

Finalmente, queremos llamar la atención sobre el uso del espacio, que consideramos se realizó de excelente modo. Por una parte, en el escenario se contaba con dos ventanas, que permitían mostrar eventos simultáneos. Esto es particularmente conveniente para una tragedia en la que se dan tantos encuentros y secretos, y que además suele ser extensa por el mismo motivo. A la par, el uso de una plataforma que se encontraba cerca del público fue utilizada en acontecimientos clave, y permitía renovar la atención de quienes nos encontrábamos viendo la obra. En ese sentido, y por todo lo que hemos mencionado antes, consideramos que se mantuvo un dinamismo que resulta muy valioso al presentar una tragedia como las de Shakespeare. Por ello, creemos que la propuesta puede ser de gran agrado principalmente para quienes disfrutan de los clásicos del teatro. Sin embargo, la recomendamos ampliamente también para aquellos que sientan curiosidad por este tipo de obras, ya que en todo momento se mantuvo al público a la expectativa de la suerte de personajes tan elevados y, al mismo tiempo, humanos, con virtudes y defectos.

Barbara Rios

11 de abril de 2025

jueves, 10 de abril de 2025

Crítica: TRES MARÍAS Y UNA ROSA, 39 AÑOS DESPUÉS


Telba, las mujeres y el pasado

La puesta en escena de Tres Marías y una Rosa, 39 años después, que viene presentándose en el Centro Cultural Ricardo Palma, sí que resulta un acontecimiento teatral por partida doble: no solo se vuelve a llevar a las tablas la historia de este entrañable grupo de arpilleristas, inspirada en el clásico chileno del mismo nombre, escrito originalmente en el año 1979 por David Benavente, sino que nos devuelve a nuestra cartelera teatral al emblemático grupo Telba, que tuviera gran éxito con esta misma obra en 1985. Para quienes alcanzaron a ver la mencionada temporada hace casi cuatro décadas, esta nueva versión pueda ser apreciada ciertamente con una capa adicional de nostalgia; para el resto (incluyendo a un servidor), esta puesta se sostiene gracias al talento de las actrices y a la cuidada dirección de la experimentada Ruth Escudero.

Debe anotarse que la obra original recibió muchos elogios en su momento por retratar con autenticidad la realidad chilena, en aquel entonces bajo la dictadura militar de Pinochet, y por su contundente crítica a la sociedad. Sobra mencionar que los paralelismos con nuestra reciente coyuntura política y social resultan más que evidentes y pertinentes. La presente adaptación, en formato de creación colectiva a cargo de Francisco Basili y ubicada en tiempo actual, resulta sorprendentemente eficiente y creíble, a pesar del tiempo transcurrido: tres de las cuatro actrices originales regresan, retomando sus mismos papeles, pero con otro tipo de problemáticas que deben aprender a lidiar; y por otro lado, todo el montaje respeta la fuente original. Estas reuniones de coordinación y trabajo de bordado para elaborar una gran arpillera conmemorativa, que retrate los momentos más importantes de la historia compartida de una comunidad de bajos recursos, son la excusa para que estas tres maduras mujeres nos regalen una lección de solidaridad, empatía y amistad.

Las actrices Milena Alva (María Luisa), Olga Bárcenas (María Esther) y Myriam Lértora (Rosa), como las veteranas arpilleristas, llenan el escenario con sus historias de desencuentros y reconciliaciones, con total ausencia de figuras masculinas y en medio de romances otoñales, migraciones forzadas y recuerdos dolorosos, mientras las tres esperan a la directora Maruja. Telba, en este inspirado reestreno tardío de Tres Marías y una Rosa, 39 años después, rinde un merecido homenaje al arte de las arpilleras, que decoran de manera espectacular el escenario, en una historia que evoca el pasado para construir una trama de nostalgia, memoria y transformación.

Sergio Velarde

10 de abril de 2025

Crítica: KORTAS - MIÉRCOLES


Pasión, riesgo y el teatro independiente en Barranco

El Teatro Barranco presenta cada miércoles por la noche la temporada de obras Kortas, una propuesta que reúne cuatro microobras teatrales de distintos estilos y agrupaciones independientes, ofreciendo al espectador una experiencia diversa y entretenida. Esta temporada busca acercarnos al teatro independiente nacional mediante formatos breves pero significativos.

Confesiones desde el escenario: La noche inicia con Dos actores se confiesan, una obra que, en formato de stand-up, expone los desafíos de ser actor en el Perú. Dos intérpretes relatan sus vivencias, estigmas y frustraciones al intentar vivir del arte escénico. Aunque la propuesta aborda temas relevantes, su ejecución técnica presenta debilidades. La escenografía carece de una estética definida, la iluminación no logra una transición clara entre escenas y los cambios espaciales se sienten poco coordinados. El vestuario neutro permite versatilidad en los personajes, pero la falta de elementos escénicos exige una técnica vocal y corporal que no siempre se sostiene durante la representación. A pesar de estos detalles, los actores logran momentos de conexión auténtica con el público. En escena: Luis Lévano y Nicolás Bullón.

Una noche para decirnos todo: Continuamos con ¿Por qué tienes que ser hombre?, una historia de secretos y vulnerabilidad entre dos amigos y vecinos: él, enamorado de ella; y ella, lesbiana. La obra despliega con sutileza los conflictos emocionales entre los personajes durante una noche intensa. La escenografía nos indica que los eventos se desarrollan en el departamento de Marcelo; además, con el apoyo de elementos audiovisuales que contextualizan el espacio escénico. La iluminación se adapta con eficacia a los cambios en la historia, aunque sucede en pocas ocasiones y sin establecer una convención con el espectador, funciona para generar impacto deseado. El vestuario en blanco y negro refuerza el vínculo entre los personajes. Las actuaciones son honestas y logran empatía con el público. En escena: Marcelo Prado y Pau Simons.

Comedia sin filtro: Después se presenta La tinta del coronel, una obra cargada de humor y un estilo no realista que cautiva desde el inicio. El uso de material audiovisual establece la convención escénica de forma clara, lo que permite una conexión inmediata con el público, reflejada en sus risas y constantes reacciones. La propuesta visual es coherente, con una escenografía efectiva y una propuesta musical e iluminación bien integradas. El vestuario y la utilería aportan información relevante sobre los personajes y el argumento. Las actuaciones destacan por su ritmo, versatilidad y dominio del estilo propuesto. En escena: Norka Ramírez y Viviana Andrade.

Amor sin garantías: Finalmente, la noche cierra con El beso de Afrodita, una historia que presenta el encuentro entre un alumno, que ha dejado de creer en el amor, y la diosa griega. La obra inicia mediante una narración en off, que contextualiza la escena. Luego se apoya en proyecciones, iluminación y utilería que sugieren el espacio donde ocurre la acción. Aunque el diseño espacial mantiene cierta ambigüedad, esto permite que cada espectador imagine libremente el entorno de los personajes. La obra rompe la cuarta pared e involucra al público, generando una experiencia cercana. Sin embargo, por momentos, la representación se torna redundante, lo que afecta la coherencia del relato. A pesar de ello, la propuesta se sostiene por su intención reflexiva en torno al amor. En escena: Celeste Villar e Israel Coello.

Rubén Aquije

10 de abril de 2025

Crítica: HOW A FALLING STAR LIT UP THE PURPLE SKY


Danza Roja

El silencio ocupa el espacio, el cuerpo del espectador se conmueve con una presencia que no está, la mirada va captando lo que ofrece el escenario; ahí hay un hombre parado por largo rato, será él quien aparecerá primero, está de perfil, se siente una presencia distinta. Van apareciendo los artistas, el modo de componer advierte otra postura, una mezcla de danza ancestral y danza urbana, hay algo que nos quieren decir, quizá cada uno lo interpreta a su manera. El origen de la vida (puede ser) o el punto en común que tenemos todos los seres humanos, el mundo gira, y hace girar a los cuerpos; hay un hombre que tiene más estatura que todos los demás, usa zancos o algo parecido, que puede representar su presencia, hay mucha ritualidad en todo lo que sucede. Un aspecto muy peculiar de la danza es la posibilidad que el espectador tiene para interpretar desde sus entrañas; no hay un discurso directo, sino hay muchos discursos indirectos que se manifiestan desde lo abstracto y lo efímero.

Las coreografías funcionan como preguntas y respuestas, hay un ritmo africano, una muestra de religiosidad que se manifiesta en un concepto del mundo, en una visión del mundo. La música es muy llamativa porque va acorde a los movimientos, hay una exactitud entre el desplazamiento y el sonido; un silbido retumba el espacio, es un silbido distorsionado, que acusa hacia algo en la profundidad de nuestro ser. Un músico aparece desde la tierra, como si resucitara, mueve la tierra y aparece con su instrumento tras el brazo. Lo toca. Es un bajo que acompaña a la pista que ocupa el espacio de atrás, todos bailan. El músico también empieza a bailar, parecen pandillas o tal vez tribus, no se dice nada, solo una voz en un momento se acerca y nos dice algo, relacionado con no sé qué, es algo que apela al origen (creo) o a la tradición y la cultura.

Visualmente hay una regresión como una búsqueda de caminos alternos, hay magia en lo que sucede, un poema en movimiento, una resistencia que danza, los espacios son amplios y trasladan a un desierto. Espacios de choque entre tribus, o entre poblaciones, el reconocimiento de un hombre hacia otro hombre, la apertura de orquestar una sinfonía de brazos y piernas que plantean un comienzo distinto. El choque es sonoro, es invisible, no hay un diálogo para acercarnos a lo que es fácil de entender, nos aproximamos desde intuiciones, desde las palpitaciones de nuestro ser al observar una condición primigenia como la danza.

Los colores están bien puestos, da la sensación de un potente sol que anochece y amanece en un árido desierto, donde los humanos funcionan como viento, como cosas que son movidas por fuerzas ajenas a nuestro entendimiento cotidiano. La energía del zapateo es muy particular, apreciar los patrones rítmicos de los pies, permite conectar con una raíz compartida, un punto de partida único, la ventaja que permite la urbanidad vuelve única a la composición, pero ahí dentro en la matriz considero que hay cosas que también nos pertenecen. Los vítores y alaridos que se emiten mientras los danzantes despliegan su movimiento, son como orgiásticos un punto de eclosión hacia visiones distintas, un punto de resistencia y de difusión.

Hay una sinceridad en la creación que permite reconocer al otro como diferente, es valioso reconocer al otro como diferente, porque a veces nos llenamos la boca de palabras que promueven la igualdad, no es necesario ser iguales para respetarnos, creo que ahí hay un problema, pretender ser iguales cuando no lo somos. La diferencia y su reconocimiento construye un puente, un lazo, que desde el movimiento retumba en circunstancias primigenias; no se si todos entienden igual, pero lo interesante es encontrar una sensación, que puede ser la extensión de un pensamiento. Los brazos y las piernas pueden ser la prolongación de la lengua, el sonido es particular a la voz (se parecen) ambos emiten un aliento, una forma de comunicar nativa; esa sensación es la que me queda después de haber visto la puesta.

Moisés Aurazo

10 de abril de 2025

lunes, 7 de abril de 2025

Crítica: 3 SON MULTITUD


Enredos con potencia

La transición de cualquier obra a un musical no puede ser un proceso sencillo. Despertar de primavera de Wedekind es probablemente el ejemplo más conocido. Pero hay algo en la energía de 3 son multitud que da la sensación de que esta historia siempre estuvo destinada a contarse en este formato, que le queda como anillo al dedo y nos da una trama bastante sencilla potenciada emocionalmente por el formato en el que se encuentra.

La obra, creada por Ivana Pedreschi y Viviana Pereyra y basada en una comedia de 2023 de Romina Viñas, llega a su breve reestreno con una estética pulida y llamativa. Desde el principio la obra ha tenido una paleta de colores muy marcada para cada personaje, y en esta obra este elemento se lleva a su punto más cuidado. El escenario sencillo (un típico comedor con las sillas y la mesa larga marcando el espacio de juego) sirve como lienzo para los colores, la música y los cuerpos, cada uno de estos últimos muy bien diferenciado.

Pedreschi, en el papel de Lorena, jala la atención desde el primer momento por su gran expresividad a nivel vocal y corporal. Alvaro Pajares como Felipe y Pereyra como Natalia apoyan este ritmo como contraparte y equilibrio, respectivamente. Nunca caen ni flaquean, en especial en los duetos con Pajares. En general, el ritmo entre escena y escena/canción y canción permite mantener la atención entre los momentos tensos y las carcajadas, sin que una le quite el peso a la otra. No hay ni sobrecarga de canciones ni ausencias prolongadas (salvo quizás al inicio del segundo acto). Las canciones se sienten diferentes en cuanto a su tono y propuesta, pero lo suficientemente en la misma línea como para seguir sintiéndose del mismo musical. 

Al principio, eso sí, fue complicada entender lo que cantaban. Lo atribuí inicialmente a un problema de dicción, pero más bien pareció un tema técnico: el CAFAE-SE no es que sea pequeño, pero tampoco es muy amplio, y esto sumado al volumen de los micros hizo las primeras canciones, bastante energéticas y cambiantes, a veces complicadas de escuchar. 

Por lo demás, la trama es correcta. Los agujeros de guion que pudiesen aparecer (como que dos mejores amigas millenials jamás se hayan mostrado una foto de sus ex) son explicados a tiempo y la premisa entrega las escenas, enredos y situaciones obligatorias para mantener atento al público. Quizás la crisis del final se soluciona con más facilidad de lo que uno pensaría al inicio, y aspectos como el desarrollo de Natalia o el budismo de Felipe no están aún explorados a fondo, pero así como con la escenografía, la sencillez de la trama planteada sirve para dar paso a que la química y dinamismo de los tres intérpretes se nutra y se expanda. 3 son multitud es un musical divertido y amigable, en un espacio cómodo y con un remate hecho a medida para dar una última risa de cierre a la experiencia.

José Miguel Herrera

7 de abril de 2025

Crítica: PADRE, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?


La disyuntiva de Jesús

La obra que en esta ocasión nos trae Piere Lugo, quien no solo la escribió y dirigió sino que también interpretó al personaje de Jesús, se presenta como un esfuerzo por romper las convenciones del teatro tradicional, utilizando el movimiento corporal y la danza como medios primordiales de expresión. A lo largo de la función, se intenta crear una atmósfera abstracta y experimental, en la que la narrativa se despliega a través de gestos y posturas más que mediante el diálogo o, en todo caso, este último igual iba acompañado de gestos y movimientos bastante llamativos.

Se nos cuenta la travesía que emprende Jesús al encontrarse en una disyuntiva junto a dos apóstoles: Andrés, interpretado por Roberto Diaz; y Pedro, por Anthony De La Torre. Abandonado por la voz de su padre, Jesús se debate en cuál debería ser su siguiente decisión: si huir o atacar a los que lo persiguen, tanto a él como a sus creyentes. Esta disyuntiva se expresa en los primeros momentos de la obra y ayuda a enfatizar el debate interno que enfrenta el protagonista por su condición humana y ante el abandono de su padre. Ciertamente se aplaude el intento de querer traer de nuevo estos temas religiosos sobre el escenario para reencontrar al público con este lado que no es muy común en el repertorio nacional actual, y quizás pretender reflexionar sobre ello o intentar despertar en el público un sentimiento de empatía por Jesús.

Un aspecto que se destaca de manera positiva es el uso del espacio y la iluminación. La escenografía, aunque minimalista, se aprovecha con habilidad para transmitir diversas sensaciones. Las luces juegan un papel esencial en la creación de ambientes cambiantes; en momentos de tensión, la luz tenue y las sombras alargadas parecían envolver a los personajes, acentuando su aislamiento emocional. En contraste, en escenas de calma, la luz suave resaltaba la vulnerabilidad de los mismos. Esta alternancia en los efectos de luz contribuyó a la atmósfera.

Sin embargo, uno de los puntos débiles de la obra es su narrativa, que carece un poco de claridad. A pesar de los intentos por ofrecer una experiencia sensorial más que intelectual, el hilo argumental se pierde. Ciertas partes de los diálogos y las transiciones abruptas dificultan el entendimiento de la obra. 

En conclusión, aparte del buen uso del espacio y la iluminación, la obra presenta una propuesta innovadora al intentar fusionar danza y teatro experimental, pero que aún le quedan ciertos aspectos por pulir y seguir mejorando para que pueda tener una mayor llegada al público.

Barbara Rios

7 de abril de 2025

Crítica: UN TRANVÍA LLAMADO DESEO


Un tranvía en la línea 1 del metro

Compré mi "pasaje" para ver Un tranvía llamado Deseo y me aventuré a gozar de un viaje maravilloso por este clásico del teatro norteamericano. El cartel de actrices y actores de reconocido talento eran la mayor garantía.

La primera sorpresa fue el ingreso de Ebelin Ortiz cantando un vals criollo que cuenta una tragedia de amor por las diferencias sociales, escrito por Felipe Pinglo, dos décadas antes que Tennessee William escribiera su famoso "Tranvía". Ese intento de "peruanizar" la obra, que parecía ubicarla en Barrios Altos y no en Nueva Orleans, queda allí, flotando como una referencia inconclusa. Luego, Blanche no viene de Misisipi sino de Arequipa, con lo cual queda clara la lejanía, pero no esa marca de aristocracia y racismo de los terratenientes del Sur de Estados Unidos en la primera mitad del siglo pasado, que el autor conoce bien y que resalta al escoger el origen y ubicación de sus personajes. 

Ante un escenario colorido pero algo confuso se desarrolla la historia, que no alcanza la intensidad que se espera por debilidad en la dirección. La obra se sostiene por la magnífica actuación de Katerina D'onofrio, en el papel de Blanche DuBois, la aristócrata sureña en ruinas, bien secundada por Marcello Rivera, en el papel del rudo Stanley, esposo de Stella; esta última bien interpretada por Luciana Blomberg, pero que resulta demasiado relegada luego de demostrarnos su sumisión al marido. Evidentemente, su papel es secundario frente a la pareja protagónica, pero queda tan empequeñecida que casi desaparece.

Por otro lado, el segundo plano constituído por  las vecinas y amigos queda desequilibrado por la presencia dominante de Ortíz, siendo que el texto le da más presencia a la otra vecina, la casi imperceptible Yamile Caparó, cuyo talento se desperdicia. Entre los amigos, debía destacar Mitch (Junior Silva) por la relación que entabla con Blanche, pero se pierde en dimensión y silencios inexplicables en su texto y solo se nota su presencia cuando rompe con Blanche y sale decepcionado.

Buscando solución a estos vacíos, nos perdemos el acompañamiento musical, discreto pero acertado, salvo por el vals del inicio.

La verdad, quién no quisiera dirigir alguna vez una obra tan importante para la historia del teatro como Un tranvía llamado Deseo, con tan buenas actrices y actores y en un excelente teatro, como el de la U de Lima. Pero esta vez, la obra le quedó algo grande a Neyra como director y, no es que sea mala, pero no llena las expectativas con las que asistí.

David Cárdenas (Pepedavid)

7 de abril de 2025

domingo, 6 de abril de 2025

Crónica: II FESMICA “JOHNNY OSCAR MENDOZA TORRES”


Festival de Microteatro de Ica

El pasado fin de semana, Oficio Crítico estuvo presente en el II FESMICA (Festival de Microteatro de Ica), organizado por Chaplin Grupo Cultural, con el objetivo de promover el teatro en la ciudad de Ica, ofreciendo una plataforma para los artistas locales. Además, el evento rindió homenaje al legado del maestro Johnny Oscar Mendoza Torres, quien dedicó su vida a la cultura y al teatro.  

El Auditorio del Colegio de Ingenieros fue el escenario que albergó las distintas propuestas escénicas, en el marco de la celebración del Día Mundial del Teatro, que se conmemora el 27 de marzo. Entre las presentaciones estuvieron el elenco infantil del taller de teatro de la academia municipal “Muniaprendo” verano 2025, a cargo del Lic. Harold López, con la obra La bella y la bestia; el elenco infantil del Chaplin Grupo Teatral, dirigido también por López, con la obra Pinocho, la misma que conmovió a más de un espectador, logrando destacadas actuaciones Alondra Hernandez, Ángel López, Erian Gonzales y Keira Zambrano. Por otro lado, la competencia de obras en formato breve estuvo compuesta por monólogos y creaciones colectivas: Todo lo que amo, interpretado por Daniela Lengua; Los Sordos, a cargo de la agrupación de Teatro Universitario Iqueño; ¿Cómo salvamos el show?, a cargo de El Show W.A.H.; +CULINO, de TeatroWood Producciones; El Vecino, monólogo interpretado por Carlos Espino; La Violación, monólogo interpretado por Angie Reyes, y Humanidad, a cargo de la Asociación Cultural Inti Aku. 

Sin duda, todas las puestas en escena mostraron el trabajo y dedicación de los jóvenes artistas y directores, cumpliéndose el objetivo de difundir el talento local. Para cerrar el Festival, se presentaron algunas escenas de Grease, el Musical, a cargo del elenco mayor de Chaplin Grupo Cultural, dirigido por el Lic. Yerson Lujan. Dicha obra está próxima a estrenarse el 26 de abril en Ica. 

Cabe destacar que Chaplin Grupo Cultural viene trabajando tenazmente en el rubro artístico desde octubre del 2019, contribuyendo a la formación del talento artístico de niños, jóvenes y adultos iqueños, bajo la dirección de Harold López, a quien agradecemos por su gentil invitación.

Maria Cristina Mory Cárdenas

6 de abril de 2025

viernes, 4 de abril de 2025

Crítica: ESTOS PANTALONES NO SON MIS PANTALONES


Un viaje emocional entre el humor y la vulnerabilidad

El viernes 29 de marzo se presentó Estos pantalones no son mis pantalones, un unipersonal clown dirigido por Sue Morrison e interpretado por Tomás Carreño. Desde el primer instante, la obra establece una conexión directa con el público: la velada inicia con una irrupción desde la platea, marcando desde el principio la naturaleza interactiva que predominará a lo largo de la función.

Con un tono humorístico, Carreño se presenta ante cada espectador como un músico, dándoles la bienvenida a su concierto. Sin embargo, pronto descubrimos que algo no está del todo bien: el músico está usando pantalones que no le pertenecen. Esta premisa, aparentemente simple, se convierte en el punto de partida de una aventura emocional que explora el autosabotaje, la duda y la soledad.

A través de un juego escénico que combina el humor con situaciones absurdas y poéticas, Carreño despliega una destreza corporal y expresiva que impresiona gratamente. Su capacidad para transitar de la risa al silencio, de la torpeza cómica a la vulnerabilidad más profunda, genera una respuesta inmediata y visceral en el público. La audiencia, más que espectadora, se convierte en cómplice de este viaje emocional, compartiendo la conmoción, la risa y el asombro ante cada giro de la historia.

La obra es un testimonio del poder del clown como lenguaje escénico, recordándonos que el humor y la ternura pueden ser herramientas poderosas para exponer las contradicciones humanas. Estos pantalones no son mis pantalones es una experiencia teatral conmovedora y profundamente gratificante, que deja en el espectador la sensación de haber sido parte de algo único e irrepetible.

Daniela Ortega

4 de abril de 2025

miércoles, 2 de abril de 2025

Crítica: SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Ximena Arroyo y su visión shakespeariana

Una de las principales temáticas que William Shakespeare explora a través de Sueño de una noche de verano es el amor a través de la inocencia y el juego. Este enredo y lío romántico llega a la Asociación de Artistas Aficionados mediante la dirección de Ximena Arroyo. La adaptación del texto fue realizada por Marco Paulo Meléndez. El elenco está conformado por Christian Aldea, Milagros Campos, Miguel Oliva, Yesenia Medina, Judith Suárez y Angélica Torres García.

En primera instancia, el propio texto invita a los actores a que, particularmente, conlleven una sobreactuación. Por un momento lo sentí innecesario; pero conforme avanzaba la obra, creo que fue un punto a favor, tanto para darle forma a los diálogos como a las ocurrencias románticas que Shakespeare nos presenta.

Además, considero que es acertado que Arroyo nos presente una dirección muy viva y, sobre todo, energética. En las tablas se puede observar a los personajes con una aproximación que está muy ligada a la comedia y la tragedia, tanto así que los propios actores lo interiorizan mediante su fuerza y presencia escénica. Es así que, al ver la pieza, sentía que era teatro para niños, pero después le encontré el ritmo, y es que la historia está siendo contada y sostenida por actores que aman actuar, sobre todo por una directora que conoce lo lúdico que es Shakespeare.

Por otro lado, me parece muy retador el alineamiento estético que la obra ha tenido como tal. Es decir, no solamente un actor nos muestra un código interpretativo que es totalmente exacerbado, sino que todo el elenco se acompaña de una manera limpia y fresca durante toda la obra. Un elenco que sostiene el texto de una forma muy imaginaria, fantasiosa y juguetona. Un montaje fácil de comprender y digerir. Una dirección muy lúdica.

Juan Pablo Rueda

2 de abril de 2025