domingo, 2 de marzo de 2025

Crítica: IMPROANALISTAS


Terapia de hipotéticos hiperbólicos

Uno de los procedimientos más difundidos y, de alguna manera, seguros de la impro teatral es la creación a partir del público: los artistas reciben insumos aleatorios de la gente y crean una historia a partir de estos. Improanalistas, dirigida por Juan Velazco, parte en principio de esta modalidad, pero da el giro sobre esta propuesta hacia escenas que, en su caos y absurdismo, enternecen desde lo que debiera ser, según mi creencia, base de la experiencia improvisadora: la humanidad del performer.

El planteamiento parte de un supuesto psicoanálisis (de ahí el Improanalista) realizado por uno de los cuatro improvisadores a una persona del público voluntaria. La dinámica es exhaustiva para poder obtener la mayor información y estímulos del espectador (ya sea palabras, anécdotas o movimientos), pero logra realizarlo de una manera que no resulta invasiva ni agobiante para la persona. Es más, la improvisación que sigue está orientada a ayudar a la persona con algún problema personal, como el querer hablar en público o ser constante. Como los datos son parciales y con otros elementos aleatorios añadidos, la representación se vuelve naturalmente caótica y exagerada de la realidad. Aquí destaco un gran trabajo de los cuatro improvisadores para mantener la energía y ritmo de las propuestas sin perder nunca de vista el punto de partida de las escenificaciones: aconsejar y acompañar los deseos de mejora del público.

Como va a ser común en la mayoría de impros, algunas consignas terminan implementadas de manera más natural y efectiva que otras. Los improvisadores, sin embargo, logran su objetivo principal, de alguna manera, de enlazar todo el caos visto a una lección al espectador que se siente genuina y no solo parte del número cómico. Logran una progresión de la historia efectiva y que te mantiene sonriendo durante toda la puesta, aunque ya no por ver las consignas aplicadas y combinadas, sino por un genuino aprovechamiento de la comedia y de las energías de cada performer. Destaca en este aspecto Edward Vega, con una energía que eleva cada segmento en el que aparece. Igualmente, cada improvisador logra su cometido en la puesta. Aplausos en particular también al manejo de luces y sonido, pues capta con una rapidez y efectividad envidiable los cambios de tono que surgen en cada propuesta. Debo decir que no terminé de entender la idea de los improvisadores en traje formal al inicio de la propuesta: se quitan los trajes por comodidad casi de inmediato, pasando a un neutro que funciona, pero me confundió de esa impresión inicial. 

Algo que quizás ayudó a mi experiencia fue que Nicolay Romero, uno de los improvisadores, me llevara a ver los altares del equipo antes de la función. Un pequeño rincón en un estante que puede pasar desapercibido, pero que me dio el contexto humano de quiénes eran las personas adelante mío en la propuesta. Hay este entendimiento común en la impro de que quienes se ponen delante tuyo son personas valientes: creo yo que la valentía del arte escénico en general está en encontrar humanidad dentro del caos, verdad dentro de la consigna, y la sensibilidad que estalla cuando se abandona el miedo al ridículo. Improanalistas es una experiencia divertida y compenetrante. Me hubiera gustado poder ver más de dos historias, aunque quizás esta crítica venga de mi piconería por no haber llegado a participar (e igual tenían otra función en diez minutos). De momento, gran trabajo y a seguir expandiendo y jugando.

José Miguel Herrera

2 de marzo de 2025

sábado, 1 de marzo de 2025

Crónica: VISITA A ICA - CHAPLIN GRUPO CULTURAL


El Arte al Sur no se detiene

Desde las últimas semanas, la región de Ica viene siendo castigada por lluvias, huaicos e inundaciones, que han dañado la infraestructura de varias viviendas y dejado cientos de damnificados en distintas localidades. Sin embargo, la movida teatral iqueña no se detiene. Oficio Crítico acudió gustoso a la invitación por parte de Chaplin Grupo Cultural y de su director Harold Lopez, para poder asistir a una muestra abierta al público para compartir los avances de sus alumnos, grandes y chicos, en artes escénicas. Los resultados fueron muy auspiciosos, lo que confirma el enorme talento que existe en la localidad y la imperiosa necesidad de contribuir a su visibilización.

Acondicionado el íntimo espacio de Chaplin ubicado en la Urb. Valle Hermoso, la muestra inició con el elenco Kids & Teens y su particular versión de Pinocho. Con algunas ausencias de última hora, se destaca que los alumnos presentes asumieran, sin hacerse problemas, los roles faltantes, memorizando la letra en el momento y salvando así la función. Se apreció a continuación, el creciente gusto por el teatro musical, en el que parte del elenco adulto, integrado por Silvana Uribe, Gabriel Zárate y Álvaro Alarcón, demostró sus innegables dotes para el canto y baile en fragmentos de conocidas películas y piezas teatrales de corte musical. La ejecución se mostró sin tacha, anticipando desde ya la pronta consolidación de estas jóvenes promesas.

Acaso lo más resaltante de la velada fue la presentación de tres puestas originales, creadas de manera independiente por Karina Félix, Yerson Luján y Kleber Martínez, a manera de breves unipersonales dirigidos por ellos mismos. Tres interesantes propuestas que podrían levantar mucho vuelo con afinaciones en la dramaturgia y dirección, para dar así rienda suelta a toda la creatividad que los intérpretes pueden dar. Incluso la idea de que todo el grupo genere su propio espectáculo, a la manera de creación colectiva, sería una plausible opción. Felicitaciones al director Harold Lopez de Chaplin Grupo Cultural por su tan necesaria labor, demostrando que el Arte, a pesar de todos los obstáculos que puedan presentarse, no debe detenerse.

Sergio Velarde

1º de marzo de 2025

viernes, 28 de febrero de 2025

Crítica: MOBY DICK


Un clásico se transforma y nos trae un mensaje para cambiar el presente

En esta ocasión, La Plaza nos trae una adaptación libre de la clásica obra de Herman Melville, escrita y dirigida por Els Vandell. Con un talentoso elenco conformado por Grapa Paola, Jano Baca, Joaquín Escobar, Alejandro Villagomez, Anneliese Fiedler, Merly Morello y Sergio Urrutia, la historia se nos es contada desde un punto de vista distinto al convencional y que es precisamente lo que le da ese toque especial.

La obra nos presenta a este nuevo personaje llamado Catalina, interpretado por Morello, quien es una chica que se hace pasar por un hombre (Ismael en el libro) para poder unirse a la tripulación y conocer el mar. Es a través de Catalina que el público va conociendo más al personaje de Mocha, interpretado por Grapa, y que es la famosa ballena de la novela. Mocha entabla un diálogo casi directo con la audiencia, con la intención de despertar en ellos la empatía, tanto en grandes como en pequeños, por las otras formas de vida no humanas. Este personaje hace un llamado a la generación actual y las venideras a que cuiden el mar y lleven un estilo de vida más ecológico.

Lo interesante de la obra es cómo busca adaptar una novela densa como es Moby Dick para que sea no solo más digerible y entretenida para todo tipo de público, sino que también busca darle otro dignificado que se adapte más a la actualidad. Se invierte la historia tradicional; es decir, ya no se centra en el capitán Ahab y su fijación por querer cazar a la ballena, sino que le da voz a esta última para que dé su propio punto de vista, lo que siente y cómo vivió este encuentro con el capitán, así como sus deseos de seguir viviendo de manera tranquila y pacífica. Para poder lograr su objetivo de evocar en el público este sentimiento de empatía ya mencionado, la historia también recurre a mostrar los momentos más vulnerables de algunos personajes, como en el caso de Catalina y Queequeg, quienes entablan una relación de amistad bastante conmovedora.

La escenografía con la que cuenta es bastante sencilla pero funcional, los principales elementos son estructuras hechas de cartón, lo cual va de acuerdo con el propósito de la obra: cuidar el medio ambiente, generar una conciencia ecológica. Además, por el mismo hecho de que es sencilla, invita al espectador a usar la imaginación junto con los actores, para los adultos es como ser niños de nuevo y jugar.

Es una adaptación que a partir del humor, canciones y buenas actuaciones logra transmitir mucho y llegar a cada uno de los espectadores; además, los motiva a hablar más sobre el tema y comenzar a hacer algo al respecto.

Barbara Ríos

28 de febrero de 2025

martes, 25 de febrero de 2025

Crítica: CÓMO OLVIDAR A TU EX


No hay receta para el olvido

Aplacar el dolor de un “corazón roto” es una experiencia que se vive en solitario; sin embargo, la nueva propuesta de Los Productores pone sobre el escenario a un grupo de mujeres que busca compartir este proceso, aunque en el camino deban enfrentarse a la incomodidad de sus propios dolores y fracasos. Cómo olvidar a tu ex es un viaje teatral lleno de música, risas compartidas y lecciones profundas acerca del desamor, el olvido y las emociones desbordantes que dejan los finales no tan felices en algunas etapas de la vida. 

Escrita por María José Osorio, quien también la dirige junto a Diego Gargurevich, la puesta se presenta en el Teatro Claretiano, un nuevo espacio que aprovecha muy bien el amplio espacio para retratar una confortable sala con pinturas y elementos sutiles como los sillones tipo puf, entre otros, que construyen esa atmósfera zen, sin extremarla. Los tonos claros del mobiliario se complementan sin esfuerzo con el diseño de luces, que también cuenta su propia historia, al jugar con los cambios entre escenas. 

La narrativa plantea un retiro de fin de semana, donde cuatro mujeres de distintas edades, personalidades y ocupaciones, Anahí de Cárdenas (Mónica), Arianna Fernández (Eme), Ximena Palomino (Coni) y Tati Alcántara (Pilar), buscan la fórmula para olvidar a sus ex, interpretados por Jesús Neyra; guiadas por una experimentada gurú, a cargo de Monchi Brugué (Alicia). Sin duda, el elenco ejecuta sólidas interpretaciones, al dotar de particularidades a cada personaje (los vestuarios, los gestos, la voz), así como las armonías vocales. Además, la acertada distribución entre los diálogos y las canciones en vivo, agiliza la dinámica de la puesta.

Más que una comedia acerca del desamor, Cómo olvidar a tu ex es una obra que transita por diferentes emociones y giros inesperados, acompañada por un atinado soundtrack que las exorciza y nos muestra una ruta en común, una suerte de espejo en el que cualquier ser humano podría reflejarse, ya sea por un amor no correspondido; por un amor que se acabó; por un amor que no es amor, o, simplemente para descubrir el amor propio. Divertida, fresca y conmovedora, es una oportunidad que el arte vivo nos da para aprender de las experiencias y reencontrarnos con una mejor versión de nosotros mismos.

Maria Cristina Mory Cárdenas

25 de febrero de 2025

Crítica: ¡AMIGA, SE ME OLVIDÓ! / MISIÓN BANANA / MICRO BANCA


Risas, misterio e improvisación en el CAFAE - SE

Con su última presentación, hoy 25 de febrero, el centro cultural CAFAE-SE (San Isidro) nos presenta un divertido ciclo de microobras que mantendrán al espectador en un vaivén de misterio y risas: ¡Amiga, se me olvidó! y Misión Banana, para posteriormente culminar con el audaz formato de improvisación Micro banca. Las tres propuestas artísticas, producidas por La Intensa Producción y Diantres! Asociación Cultural, respectivamente, mantendrán al público al filo de lo insólito, superando cualquier expectativa. Un repertorio variado y provocador que promete una noche llena de teatro y risas.

Una mujer en un sugerente baby doll rojo aparece en escena, su rostro desencajado. Algo grande ha sucedido, pienso, y enseguida lo pensamos todos (el público y yo). Entrada acertada para capturar toda la atención y expectativa de la sala. Hablamos de ¡Amiga, se me olvidó!, escrita por Luisito Fernández y dirigida por José Gómez Ferguson, con las actuaciones de Issa Ringgold Mannucci y Karina Arbocco. La obra presenta el dilema de dos grandes pero despistadas amigas, cuya coincidencia y dispersión las llevarán a un conflicto que pondrá a prueba su amistad y enfoque. Ambas actrices se destacan por mantener un código claro de comedia a través de sus personajes contrastantes, hasta incluso un match perfecto en el contraste de sus registros vocales, como en el caso de Arbocco, quien refuerza eficazmente su registro vocal agudo para acentuar la sensibilidad de su personaje. Si bien hubo intentos de ambas actrices de remarcar el humor en momentos exactos del texto, lo más interesante surgió de las constantes reacciones genuinas del público ante la situación límite de la historia. Por otro lado, un mayor aprovechamiento en el enfoque final del conflicto podría potenciar la obra y las reacciones del espectador.


Después de esta reflexión sobre la amistad y la complicidad, la comedia toma un giro hacia lo absurdo con la siguiente obra: Misión Banana, escrita por Fernández y dirigida por Christian Suito. Es una comedia absurda y original en la que nada es lo que parece. Con un elenco conformado por Fernández y Francisco Agip, nos harán vivir momentos de tensión y risas. El inicio de esta obra arranca con la cotidianidad de este presunto espía, interpretado por Agip, quien nos muestra una interesante construcción de personaje. A su vez, el solemne momento es interrumpido estrepitosamente por la espontaneidad de Fernández, quien, con su gracia natural, generará más de una carcajada desde el primer momento de su aparición. La dinámica entre ambos personajes se complementa con momentos brillantes, y en otros, el personaje de Agip decae en matices en comparación con la chisporroteante energía de Fernández. Sin embargo, a lo largo de la trama, se logran amalgamar las energías a través de la escucha activa. A punto de llegar al final, el texto nos regala un giro dramático inadvertido, lo cual genera una considerable aceptación reflejada en carcajadas nerviosas por parte del público. Si bien en algunos momentos del inicio de la trama las energías de ambos actores no se hallan, durante el transcurso logran salir airosos y rematar con un gran cierre, lo cual refleja un texto dinámico y un espectáculo bien logrado.


Cambiando completamente de género, la improvisación en Micro banca aporta una propuesta aún más arriesgada y única, con el público como protagonista. El formato, dirigido por Ringgold Mannucci, consiste en recrear historias únicas en conjunto con el público, utilizando un único elemento en el escenario: una banca. Con un elenco solvente de improvisadores a cargo de Beto Natteri, Darwin Romero y Rosa Cárdenas, dotados de un ingenio y rapidez creativa inagotables, serán los encargados de crear las historias que surgirán durante la puesta y serán diferentes para cada función. La energía de los intérpretes es diferenciada entre sí, sin embargo, aquella diversidad logrará un acierto brillante para la fluidez de la escena. La rapidez y energía física y vocal de los tres improvisadores es sobresaliente de principio a fin, destacando a todos los miembros del elenco y celebrando la sinergia en cada uno de sus ocurrencias y divertidos diálogos. Esto es solo un reflejo del sólido proceso creativo de su escuela y producción.

En definitiva, este ciclo de teatro e improvisación destaca en humor y versatilidad, tanto de sus solventes intérpretes como de la precisa dirección en cada una de sus producciones. Con unos cuantos aspectos a reforzar en las dos obras, pero con un sólido desempeño en términos generales y, sobre todo, sobresalientes aciertos de parte de cada director y directora. Las tres obras culminan su temporada en su última función de cierre hoy, 25 de febrero, a las 21:00 en el C.C. CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985), y el humor está más que asegurado.

Abigail Salvador Jaime

25 de febrero de 2025

lunes, 24 de febrero de 2025

Crítica: LA EDAD DE LA CIRUELA


Alas de nuestras madres

La edad de la ciruela es un clásico ineludible para conocer el trabajo de Arístides Vargas y una mirada tierna, a la vez que melancólica, de la mujer latinoamericana y su relación con el tiempo. No es de extrañarse que Ana Julia Marko, directora que con este dirige cuatro montajes de final de carrera consecutivos para la FARES-PUCP, lo haya elegido para la promoción de Teatro de este año. Es una fortuna contar con el texto, pues dota a la creación de este elenco de una complejidad y gracia que se siente propia de ellos (y principalmente, ellas) así como de la memoria colectiva que, como peruanos y latinos, desarrollamos sobre las mujeres de nuestras familias.

La obra, como es común con los montajes estudiantiles en promociones grandes, cuenta con una dinámica coral y escena espejo que permiten dar a cada estudiante un momento de protagonismo. Esta dinámica coral es una que Marko suele realizar, pero se realiza aquí con la convicción artística de que representa la masa de la familia numerosa y no solo una decisión pedagógica. Las historias en nuestras familias, de tías que sueñan con amores que perdieron, abuelas que se hartan de todo y hermanas pequeñas que discuten y hacen travesuras, se repiten entre casa y casa. Se siente esta esencia colectiva en la construcción de las escenas y las corporalidades, logran superar la rigidez y prestarse a no solo la imitación, sino el entendimiento de la costumbre.

Las actuaciones de los estudiantes, en general, logran explayarse dentro de esta dinámica propuesta. Como coro cumplen y funcionan, no hay momento estático o sin contraescena (gran logro considerando que están todo el tiempo en escena). La magnitud de cada personaje individual, a su vez, hace que puedan utilizar todo su lenguaje teatral y físico en códigos grandes, fuertes y juguetones. Los momentos más íntimos y sentimentales quizás se apagan un poco, pero se sostienen a partir de la música y elementos visuales muy bien diseñados. Destacan sobre todo las participaciones de Celeste Torres, Fiorella Mejía, Camila Castillo, Marilyn Chumbimune y María José Guzmán. 

El montaje, en general, utiliza sus elementos visuales como punto de partida para el ritual colectivo. Las plantas, los colores en la ropa, los retazos del texto puestos en cursiva y sobre todo, las fotos de las familiares reales del elenco sirven para acompañar al público en ese viaje a la historia personal. Hay muchísimos momentos simbólicos, y no todos golpean con la misma fuerza, pero todos se sienten como un posible final para la obra. El nivel de producción para cada momento se agradece, con el final, la carta y la parada del tiempo como momentos resaltantes que evocan memoria y dan a la casa de las hermanas una sensación de realismo mágico, un lugar tocado por el abuso, pero también por el constante deseo de libertad.

La edad de la ciruela es un montaje que aprovecha sus recursos para darles a sus alumnos, así como a su público, una bella sensación de cierre. Sentir la progresión de momento a momento (siendo que trata con una obra no lineal) dará el golpe necesario para que, al final, sintamos la crudeza del paso del tiempo, y aun así recordemos a las mujeres de nuestra familia con brutal admiración.

José Miguel Herrera

24 de febrero de 2025

Crítica: RITUALES DE ALTURA


Un encuentro de culturas a través del humor

Rituales de altura es una fábula de teatro infantil en código clown, que no solo les genera carcajadas a grandes y chicos, sino que también invita a la reflexión sobre nuestra comunidad. Escrita y dirigida por Carlos Orbegozo Reyna, y producida por Casa Perejil, la obra nos cuenta la historia de dos nobles y desconfiadas chinchillas del altiplano que se encuentran con un misterioso jaguar amazónico. A través del juego constante, descubrirán grandes similitudes entre ellos, transmitiendo un mensaje profundo sobre el intercambio cultural y el poder de la amistad.

La pieza nos recibe con un diseño escenográfico equilibrado y visualmente atractivo para su público objetivo. El vestuario de los personajes principales se ajusta bien a los constantes cambios de rol, ya que, inicialmente, actúan como narradores y luego representan a los animales de la historia. Esta dinámica mantiene al público expectante durante toda la obra, lo que refleja decisiones acertadas por parte de la dirección de Orbegozo.

El texto ofrece una tierna historia de dos divertidas chinchillas de los Andes: Gino, quien se destaca por su pasión por las teorías y el cosmos;y John, quien sigue las costumbres de su comunidad y secunda a su astuto hermano en todo. Las personalidades contrastantes de estos dos personajes se equilibran bajo el código clownesco. Tras la aparición del jaguar Jasilma, la tensión en la obra comienza a aumentar, ya que las chinchillas deberán decidir si confiar en este felino amazónico o respetar las normas de su comunidad. A lo largo de la obra, ambas especies aprenden sobre el valor de sus culturas y la importancia de escuchar para entender.

En cuanto a las actuaciones, Diana Veliz Castro, Ángel Vera y José Huanilo se mantuvieron sólidos durante toda la obra. Destaco especialmente la interpretación de Veliz, quien mostró un registro musical e interpretativo sobresaliente, manejando la dosis precisa de picardía e inteligencia en su irreverente personaje, lo que repercutió positivamente en la receptividad del público. Sin embargo, en algunos momentos clave, los tres personajes pudieron haber aprovechado más la interacción con el público, especialmente con los espectadores más pequeños, a través de sus preguntas y respuestas. Esta conexión directa habría fortalecido el vínculo con el público y mantenido su atención de manera más efectiva.

En definitiva, esta pieza cautiva a personas de todas las edades, lo cual es un requisito indispensable en el buen teatro familiar. Además, contribuye a comprender y valorar nuestras culturas, utilizando textos con tintes de sátira política, pero con un enfoque hacia los valores y el respeto a nuestras diferencias, con el objetivo de construir una comunidad sin discriminación. Rituales de altura tuvo lugar del 8 al 9 de febrero en el auditorio Cafae - San Isidro, y esperamos una pronta reposición.

Abigail Salvador Jaime

24 de febrero de 2025

sábado, 22 de febrero de 2025

Crítica: LO PASADO, PASADO: EL MUSICAL DEL AYER Y HOY


Un divertido encuentro entre el desamor y la amistad

La puesta en escena, dirigida y producida por Marco Palomino, nos lleva a un ambiente ameno y divertido, pese a las circunstancias iniciales que dan pie al resto de acciones que cada personaje tomará para poder superar la difícil situación en la que se encuentran. Y es que lo que une a los tres personajes es que todos están pasando por una etapa de desamor. Sin embargo, pese a lo tétrico o pesimista que podría sonar este tema, la obra nos propone un cambio de perspectiva: nada es blanco y negro en la vida, hay matices, y cada personaje se esfuerza por ponerle la mejor de sus caras a la situación para poder verla de esta manera.

Los personajes de José, Rocío y Camilo, interpretados por Pedro Ibáñez, Selene Risco y Marco Antonio Rique respectivamente, son tres mejores amigos que dan vida a este divertido musical. Cada actor le da una personalidad única a su personaje; asimismo, cada uno trae consigo un pasado que se irá develando de a pocos a lo largo de la trama y con cada canción, lo cual hará que el público empatice con cada uno de ellos.
Por otro lado, no son solo los personajes el gran atractivo de la obra, sino también la escenografía, pues es bastante elaborada, con artículos tanto modernos como antiguos, lo cual en un inicio hace dudar sobre en qué año está ambientada la obra, pero pasando los minutos te das cuenta que eso es lo de menos y solo te centras en lo que cada personaje tiene para contar y todas las canciones que hay para cantar.

Sumado a todo lo anterior mencionado, también es importante resaltar el hecho de que se trata de un musical con canciones muy bien seleccionadas, pues despiertan, no solo en los personajes, sino también en el público, un sentimiento de nostalgia, aparte de desamor, pues nos traen clásicos de José José (de hecho, es una de sus canciones la que da nombre a la obra), Camilo Sesto, Rocío Dúrcal, entre otros. Desde un inicio se le invita al público a formar parte de la obra, que cante las canciones junto con los actores, lo cual crea una atmósfera de complicidad entre espectadores y actores, la cual no se rompe en ningún momento, pues incluso al final del espectáculo es público también es invitado a bailar y seguir divirtiéndose al ritmo de las canciones.

También no está de más mencionar que incluso la antesala es amena con el público y desde ese momento busca involucrarlo en la historia, pues apenas uno entra al teatro se encuentra con un gran panel y post-its en los cuales puedes dejar algún mensaje a tu ex y proceder a pegarlo en dicho panel. Sin duda, se evidencia las intenciones del director de querer hacer del espectador un amigo más de los personajes, o incluso un personaje más de la historia. Es una obra ideal si lo que se busca es hacer catarsis, no solo al ver la historia, sino también al vivirla cantando las canciones junto con los personajes.

Barbara Rios
22 de febrero de 2025

miércoles, 19 de febrero de 2025

Crítica: VISITANTE


La Loca

Varamá Teatro presenta una propuesta lúdica y divertida para toda la familia. Desde su propio espacio y su autogestión artística motivan el quehacer teatral en Cercado de Lima; en esta ocasión vimos Visitante, una propuesta dinámica con una temática patente: la inseguridad ciudadana y el temor a correr algún peligro con nuestra vida.

La puesta es ligera, con una buena comprensión entre los actores; hay una chispa de comicidad que permite que nos adentremos en la historia. La propuesta sabe manejar un tema tan delicado como la violencia desde una mirada hilarante. Anthony Solís mantiene la chispa de la narrativa, sus expresiones permiten conectar y arranca sonrisas en los espectadores; su compañera Andrea Cabrera aporta el matiz adecuado para que la postura graciosa del primer personaje se torne aun mas hilarante. Los momentos son curiosos, están celebrando Año Nuevo y temen por sus vidas: mientras el personaje de Andrea espera desencadenar su pasión, el personaje de Anthony rompe los momentos candentes con tropezones gestuales que van armando una trama enloquecida. Hasta que en un punto llega la visitante Deyna Nuñez (la Loca); es en este momento que todo se vuelve más irreverente, la interacción que realizan antes de abrir la puerta es un constante ir y venir de acciones enfocadas en el texto que permite un ritmo preciso para la digestión del acto escénico. La interpretación de Deyna permite resaltar una caracterización, una personalidad, la construcción de un personaje que encaja con el desarrollo de la historia, permite que el desplazamiento de la trama se concrete y el sentido de la propuesta se avive.

Es una propuesta rápida, pero deja con una sensación de querer observar más, y también con cuestionamientos respecto a cómo cada uno responde desde su individualidad a los acontecimientos de violencia constante en la que nos vemos expuestos. Día a día percibimos la violencia muy cerca de nosotros; tal vez el arte y el teatro aún sean espacios que permitan trasformar toda esa inseguridad en atisbos de esperanza y dedicación. 

La dirección de Alonso Cortez y la asistencia de dirección de Victoria Cortez han sabido aprovechar los recursos de sus artistas, organizando una estructura divertida que trasciende una temática necesaria de reflexionar en estos tiempos. Quizá el momento del final queda un poco inconcluso y da la sensación de que pudo durar un poco más; los espectadores se quedan con preguntas, con incógnitas respecto a cómo se solucionó el problema que se había ocasionado. La manera intempestiva de culminar podría tener un mejor trato; pese a ello, la iniciativa promovida por Varamá Teatro es una creación que anima a la generación de recursos propios para la difusión artística y es una forma de acercar el arte dramático al barrio y a la comunidad.

Moisés Aurazo

19 de febrero de 2025

Crítica: FANTASÍA


Una fantasía en escena

La música siempre acompaña a las artes escénicas, no solo como ambiente, sino a veces como un personaje invisible que sigue o dialoga con los otros personajes - los que vemos y nos ven - y juntos nos cuentan una historia. Así ocurre en el teatro, pero mucho más en la danza, donde la estrecha y fluida relación entre historia, movimiento y melodía es fundamental.

En Fantasía, una mujer se multiplica con distintas melodías. Es una y muchas a la vez. Cambia de piel y vuelve a empezar. Son las facetas de un mismo ser que repite sus pasos con distintos colores en una búsqueda interior, acaso de recuerdos o tal vez de nuevos caminos. Los cambios de color nos hablan del cambio frente a las circunstancias, pero la desnudez nos devuelve al origen, a la esencia de la mujer que se descubre a nuestra vista.

La música es parte de su vida en distintos momentos. Ella misma es parte de la música, como si fuera un instrumento más. La música se interrumpe con el movimiento como si dependiera de él para existir. En Fantasía el orden se invierte: no puede haber música sin movimiento y el movimiento es la condición para ser alguien o algo con sentido. Una perfecta sincronización con el sonido crea esta maravillosa ilusión.

¿A dónde va esta mujer? ¿A dónde nos lleva la música que su cuerpo interpreta? No son preguntas para encontrar respuesta inmediata, sino para reflexionar durante casi una hora de desarrollo de una performance creada con elevada exigencia en la pulcritud de los detalles.

Destreza, belleza, armonía, reflexión. Todo eso nos trajo Fantasía desde Suiza, a cargo de Ruth Childs (bailarina e intérprete británico-estadounidense) al festival Temporada Alta, en la Alianza Francesa.

David Cárdenas (Pepedavid)

19 de febrero de 2025