lunes, 3 de junio de 2024

Crítica: SIMÓN


Crudos testimonios de un asesino serial

Cada cierto tiempo aparecen espectáculos teatrales que dividen al público y a la crítica, obras ante las que no es posible permanecer indiferente: o las amas o las detestas. La nueva apuesta de la agrupación Butaca Arte & Comunicación, titulada simplemente Simón, es indudablemente una de ellas. La historia de Simón Wayne, un peligroso asesino serial responsable de la muerte de más de cincuenta mujeres, es una verdadera prueba de fuego para el mencionado colectivo que ha sabido enfrentar con ingenio textos de contenido violento, como Carne quemada (2022) de Jaime Nieto, o Frenesí (2022) de Herbert Corimanya. Y es que resulta pertinente la pregunta para este reciente estreno: ¿Cuál es el objetivo de sumergirnos en la enloquecida mente de este psicópata? ¿Se busca acaso encontrarle alguna explicación o justificación para su insano proceder? Dependiendo de las subjetividades de los espectadores, las respuestas pueden ser muy variadas.

La dramaturgia de Daniel Quispe se toma dos largas horas para narrarnos los tristes orígenes del asesino (Dante del Águila) en medio de una sociedad (norteamericana de décadas atrás) previsiblemente hostil y violenta; pero también para conocer los desesperados intentos de la psicóloga encargada del caso (Eliana Fry García-Pacheco) por encontrar a su hija desaparecida. Desprovista por completo de humor, el director Martín Velásquez nos presenta una puesta en escena no apta para todo público, e incluso difícil de digerir para aquellos que, como quien escribe, se consideran fanáticos de series de crímenes y películas de asesinos seriales. Eso sí, el regodeo en la violencia se ve equilibrado por una estilizada representación de las escenas de tortura contra sus víctimas: los cuerpos de Daniela Sosa del Rio, Fabiola Huamán y Lucía Meza (quienes representan además a las mujeres en la vida de Simón) se mueven silenciosos durante los encuentros con el asesino, mientras que el público solo lo escucha a él "justificar" sus crímenes por la insólita diferencia entre mariposas y polillas.

Los intérpretes, por su parte, están intachables, entre quienes se encuentra la siempre solvente Fry García-Pacheco; sin embargo, habría que destacar la composición que hace Del Águila, en el que quizás sea su rol más intenso a la fecha: su Simón, acaso inspirado en el Frank Zito de Maniac (William Lustig, 1980) resulta inmisericorde en cuanto a la brutalidad que ejerce contra sus víctimas y su sola presencia en el escenario provoca tensión. No obstante, resulta imposible no opinar sobre la reacción del público en sala (en todo caso, durante la ejecución todos nos convertimos en espectadores de la misma): movimientos y respiraciones incómodas y un par de celulares cayendo al piso denotan que muchos esperaban que la ejecución termine lo más pronto posible, así como la obra. Improbable que haya quien le haga caso al encargado de la prisión (Juan Pablo Bustamante), que pide orden y respeto por el condenado ante los gritos de los numerosos deudos. Simón, que tuvo temporada en el Teatro Mocha Graña, es el retrato macabro de un oscuro personaje, desprovisto por completo de simpatía; un dilatado montaje que bien puede ser tachado de misógino, morboso y truculento, pero que contiene secuencias notables. Un arriesgado espectáculo que, así como lo es el arte, se encuentra destinado a incomodar.

Sergio Velarde

3 de junio de 2024

domingo, 2 de junio de 2024

Crítica: ANATOMÍA DE LA FRONTERA


Lo que las guerras nos dejan

El Grupo de Teatro Llaqta siempre se ha caracterizado por la conciencia social que le impregnan a sus variados espectáculos; algunos, con dramaturgia propia como Último acto, escrito por la actriz y directora Noraya Ccoyure, y otros, clásicos contemporáneos como Nuestra Señora de las Nubes, del maestro Arístides Vargas. En esta oportunidad, el grupo optó por el formato de creación colectiva, bajo la dirección de Guillermo Ale, proveniente de la interesante agrupación argentina La Cuarta Pared. La puesta en escena, estrenada en el espacio no convencional Teatro Aforo XI, lleva por título Anatomía de una frontera y se inscribe dentro de aquellos necesarios montajes que reflexionan sobre los horrores que nos dejan los conflictos armados.

Nos ubicamos en una nación indeterminada, azotada por una cruenta guerra entre los bandos del Norte y del Sur. Hasta una de las garitas llega una mujer (Ccoyure), proveniente del Sur, que desea cruzar la frontera para encontrar a su esposo. No se lo permiten un implacable oficial (Fernando López) y un joven soldado (Joseph Mendoza) que esconde un terrible secreto. La dirección desarrolla bien los conflictos entre los personajes y apuesta, entre otros aspectos, por estilizar el contenido de violencia que la sencilla trama provee, ralentizando algunos movimientos; esta propuesta no distrae del conflicto, pues la mayor fortaleza radica en la caracterización realizada por los intérpretes.

Buen trabajo de López y Mendoza, convincentes y precisos en sus roles, con una mención especial para Ccoyure, conmovedora y valiente como esta mujer dispuesta a todo por reencontrase con su pareja. Los elementos escenográficos podrían estilizarse aún más y además, ser más utilizados en la ejecución escénica; no obstante, la historia es lo suficientemente clara y fluida como para seguirse con interés. Anatomía de una frontera es una muy pertinente apuesta del grupo Llaqta en estas épocas en las que el mundo se desangra de manera absurda, y que nos muestra que, efectivamente, en una guerra no gana nadie. Perdemos todos.

Sergio Velarde

2 de junio de 2024   

viernes, 31 de mayo de 2024

Crítica: CARAMBOLA


Contextos y adaptaciones

Para adaptar una obra antigua y extranjera a nuestra realidad nacional actual y que quede en buen estado, pues hay que tener mucho cuidado. Y es que la razón de “peruanizar” una pieza supone un acercamiento de la trama y personajes, que viven en otra realidad en tiempo y espacio, a nuestra idiosincrasia para su completo entendimiento por el público. Sin embargo, si este proceso no se encuentra del todo bien desarrollado, se corre el riesgo de que el resultado sea (a veces) muy extraño o, peor aún, completamente inverosímil. ¿No sería acaso más sensato mantener el contexto original? De esta manera, las acciones y actitudes presentadas, por más atípicas que sean, estarían justificadas por tratarse de realidades ajenas a la nuestra. Ese sería el caso, en general, de la comedia Carambola, presentada en el Teatro Auditorio Miraflores, que a pesar de tener ciertas irregularidades debido al aspecto antes mencionado, mantiene muchas secuencias bastante logradas.

Con versión y dirección de Ricardo Morante, el espectáculo se basa en la comedia de enredos llamada Óscar, escrita por el francés Claude Magnier en 1958. Por un lado, el diseño de producción luce inmejorable, con tres pantallas en el foro para delimitar los espacios, muebles rodantes y sonido ambiental, que apuntan inequívocamente a nuestros tiempos actuales. No obstante, esta “modernidad” de la puesta en escena, por ratos, no luce coherente con la historia que se cuenta, una que refleja el estilo de vida europeo de los años 50, con matrimonios arreglados con dotes incluidos y confusión de identidades, por ejemplo.

Además, todos los personajes actúan de manera insólita, desde el empresario de cuyes que hace tratos con el empleado que lo desfalcó, hasta la hija rockera que hace tick tocks en el baño para luego comportarse con una niña engreída delante de sus padres; pero una vez dentro de la convención en la que literalmente cualquier cosa puede suceder (como las tres mochilas idénticas de diferentes dueños), los actores regalan varias escenas divertidas. Buen trabajo de Sebastian Stimman (en reemplazo de último momento debido al accidente del actor original), Ricardo Combi, Cecilia Tosso, Katherina Sánchez y Renato Pantigoso, todos ellos con el suficiente oficio como para sacar adelante el montaje; curiosamente, es la más joven del elenco, Ana Paula Simón, la más destacada gracias a un muy creíble doble papel. Carambola podría ganar más puntos ubicándose en su contexto original; sin embargo, el resultado final no es para nada desdeñable.

Sergio Velarde

31 de mayo de 2024

Crítica: LOS CARACOLES


¿El fin justifica los medios?

Mientras presenciaba la puesta en escena (y reía mucho), esta pregunta rondaba mis pensamientos. Todo lo que somos capaces de hacer por conseguir nuestros objetivos, cómo nuestras escalas de valores están regidas por esos “triunfos” que necesitamos conseguir para sentirnos que somos alguien, ese ascenso, esa aceptación del otro o de un grupo, ese reconocimiento, el hecho de “SER ALGUIEN” nos ha ido deshumanizando y alejando del “SER”. Nuestra propia aceptación está en la mirada del otro, en cómo el otro nos perciba y reconozca nuestro valor. Era 1964 cuando Julio Ramon Ribeyro en Francia escribe esta pieza teatral, donde dos hoteles en una isla entran en mortal competencia; quizá, si lo vemos en nuestros tiempos, tal competencia viene siendo señalada por quién tiene más likes, comentarios o cómo causamos más polémica, poniendo nuestra inteligencia al servicio de nuestros instintos más primitivos.

Conmemorando los 30 años de fallecimiento del escritor peruano Julio Ramon Ribeyro, Manuel Gold, en su debut en la dirección escénica, nos propone una puesta en escena muy divertida, ágil, con muy buen ritmo, con cinco actores en escena haciendo varios personajes muy bien definidos. Hace una muy buena dirección de actores y, al mismo tiempo, la puesta en escena que nos propone es tremendamente profunda, mostrándonos al final que nada queda oculto, que todos observamos y que sobre todo, nos observamos a nosotros mismos.

Los actores Miguel Iza, Jely Reátegui, Renato Rueda, Sebastián Monteghirfo y Gisela Ponce de León tienen una muy buena conexión en el escenario, todos destacan entregándonos toda su energía y disfrutando cada personaje que interpretan; cada uno de ellos hacía más de dos personajes y todos muy bien delineados y hechos con amor. Así como la música que acompaña muy bien cada momento, hecha originalmente para la puesta en escena por Favio Rojas, el diseño de luces completaba una atmósfera de una isla en pleno verano y la escenografía minimalista con módulos que iban transformando los mismos actores para cada cuadro. La Ira producciones estuvo a cargo de la producción general de la obra. Muy recomendada.

Manuel Trujillo

31 de mayo de 2024  

miércoles, 29 de mayo de 2024

Crítica: BOYS


Del espacio vital y otras aniquilaciones

Boys de Ella Hickson, y adaptada por Raúl A. Saco, es una obra llena de brutalidad juvenil, energía avasallante, con matices emocionales que nos adentran al mundo interno de cada personaje. Sin duda, una obra que se alimenta de la pasión y el dolor, pero también de cierta alegría desbordante propia de la inmadurez de los personajes.

Los actores Brayan Pinto, Francesca Correa, Jorge Guerra Wiesse, Jorge Luis Pérez, José Miguel Argüelles, Marianne Carassa y Matías Spitzer logran despertar un sentido especial al texto y regalarnos actuaciones que despiertan las singularidades de sus personajes y dejar en manifiesto su verdad única. Valdrá la pena destacar algunos de ellos.

Por el lado de Mack, vemos en su apatía ese vehículo externo por el cual vamos descubriendo su sensibilidad, su esencia y su relación con los demás. Por el lado de Cam, destaca su brillo, su curiosidad por la vida y las ansias de vivir algo distinto, y Timp, enérgico, de una calidad física expresiva imparable, pero cuya necesidad inconsciente de un espacio de silencio, hace que nos encariñemos con él.

Otro tipo de detenimiento podemos hacer con el personaje de Benny, cuyos dilemas son los que transitan e invaden el espíritu de sus compañeros. En donde la calidad en el manejo del texto de Argüelles permite que nos adentremos en su mundo interno, en sus necedades y su dolor. Algo que queda pendiente es la construcción física que otorga, aún sigue en un proceso de construcción, de liberarse de tensiones más propias del actor que del personaje, que bloquean por momentos esa fluidez que muestra con el texto.

Con Sophie y Laura ocurre algo distinto. Gran presencia, con buen manejo de sus personajes al momento de la interacción con los otros, pero con ciertas limitaciones en su accionar y el tratamiento del texto. Como si buscaran una verdad a través de una idea de naturalidad. Pero ¿qué es lo natural sino aquello que carga vida? La naturalidad no es necesariamente una evocación de algo normal, más bien aquella expresividad de la esencia de las cosas de la vida. En ese sentido, hace falta mayor libertad para hallar esa esencia en sus personajes.

Por otro lado, la construcción espacial se vuelve vital en relación con la música, y por ende en la influencia que tienen sobre la historia. Algo a destacar, sin duda, es cómo la música otorga una amplitud del caos, de la disonancia de la vida que los personajes quieren contra la que tienen. Los márgenes de la casa resaltan a manera de cuadro y fortín del caos de las calles, pero vacío al mismo tiempo, haciendo inevitable que ese caos externo se fusione con el drama de estos chicos que terminan una etapa y luchan por soltar un pasado que los vincula y ata. Y un elemento interesante fue el uso de la refrigeradora como un microespacio dentro del mismo escenario, lugar seguro de Benny; un lugar donde podía escuchar, pensar, pensarse. Una zona inquebrantable e inalcanzable.

Todos estos elementos hacen de la obra un montaje sólido, lleno de estímulos; valdría la pena cuestionarse si estos elementos están al servicio de la historia, o fugan hacia una idea individual de sus alcances estéticos, si hablan más de los temas que aborda la obra o buscan potenciar a los personajes; a veces uno, a veces lo otro. Pero no se puede negar que enriquecen la historia, por lo menos la mayor parte del tiempo.

Con ello, la obra termina mostrándose como una historia vertiginosa, donde los personajes tratan de salir de aquello que los va sepultando, aniquilando. Un espacio vital que ha dejado de ser vida para muchos de ellos, que seguirá siendo un refugio para otros, pero donde siempre existe la posibilidad de mirar la vida con otros ojos.

Omar Peralta

29 de mayo de 2024

Crítica: INDISCIPLINADA


Experiencia sensorial

La música es envolvente, desde el primer momento el trabajo musical es lo más llamativo; es innegable que el espacio del Goethe Institut posee una gran capacidad sonora y un excelente ambiente lumínico, pero el trabajo que realiza la artista al escoger las canciones que conectan los momentos y al hacer su propia versión de Vico y su grupo Caricia es propio de aplaudir.

La obra inicia con una actriz que interpela al público a partir de una historia, un dilema existencial originado a partir de una culpa que no le corresponde, la culpa de una caca que no es suya; cuenta la intérprete que cuando era pequeña su tía la culpó de una caca que no le pertenecía. Al principio la forma de manifestar la historia no es tan convincente, los recursos escénicos son lo que complementan la historia y la convierten en una vivencia sensorial.

Finalmente descubres a libre albedrío que la caca no es el punto final, sino es el pretexto para traslucir algo que está atorado, quizá en la vida todos tenemos algo atorado dentro de nuestra conciencia que no nos permite disfrutar de nuestra existencia con plenitud. Es a partir de ello que la obra va cobrando un peso distinto al que podemos sentir con solo el hecho de las palabras, lo que va de fondo es más convincente que lo hay en la superficie, No obstante, la acción escénica es un poco pasiva, volveré a rescatar que lo que convierte en una propuesta atractiva a esta puesta son los recursos escénicos que se usan, la música, el canto, la conferencia performática y las luces.

Los momentos en que se torna expositivo son interesantes, pero caen en un ritmo pesado y monótono, la acción del texto es vacía. Quizá el hecho está en poder seguir con atención lo que la intérprete cuenta e intuir qué es lo que quiere decir; sin embargo, se torna una situación un poco complicada, personalmente no podía seguir el hilo narrativo con facilidad.

La condición espectacular y de interdisciplinariedad convierte a esta puesta en un performance más que en un acto teatral; en este punto, las interpretaciones son distintas, porque las sensaciones que aborda como experiencia son más reales que las que se experimenta desde el punto interpretativo. Cabría saber cuál ha sido el objetivo de la intérprete, porque desde mi punto de vista alcanzo a entender e interpretar solo aproximaciones vividas desde mis ojos, pero más allá de ello, doy mi opinión respecto a lo que causó sensación en mí, es así que rescato la experiencia, la vivencia de la obra. Escuchar la música se tornaba una sensación sorprendente mientras el juego de luces hacia viajar la conciencia y la sensibilidad, creativamente la versión de noche también causó mucho dentro de mí, el uso de efectos vocales, fue acertado en muchos momentos, aunque en otros parecía desencajar, igual es una visión muy personal del trabajo. 

Moisés Aurazo

29 de mayo de 2024

domingo, 26 de mayo de 2024

Crítica: FROZEN JR.


Magia en el reino helado

Licenciado por Disney Theatrical Productions, a través de un acuerdo con Music Theatre International y la Asociación Cultural Escuela D’Art, se presentó en el Centro Cultural CAFAE de San Isidro el musical Frozen Jr., estrenado previamente en Broadway en 2018. Basado en la popular película homónima de Disney del 2013, este proyecto busca capitalizar el éxito de la cinta animada en una versión creada específicamente para la escena. Y si bien el espacio para su presentación sea más bien reducido tomando en cuenta la envergadura de la propuesta, el espectáculo dirigido con mano firme por Mario Mendoza sí conserva toda la magia de la entrañable historia de las hermanas Elsa y Anna, princesas del reino ficticio de Arendelle.

Con libreto de Jennifer Lee y canciones de Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez, la trama es bastante conocida, incluso para aquellos que no se hayan acercado en ningún momento a la versión cinematográfica: Elsa tiene poderes mágicos incontrolables que le permiten crear hielo, convirtiendo al invierno en permanente; es así que esta huye a las montañas, siendo buscada por su hermana Anna y en el camino encuentra a un simpático grupo de personajes. Con el apoyo de proyecciones y pistas musicales, un cuidado vestuario y el uso de micrófonos inalámbricos, el elenco logra recrear acertadamente el universo animado, con impecables coreografías a cargo de Jordan Guzmán y la dirección vocal de Adriana Timoteo.

Acaso el único personaje que puede revisarse sea, justamente, el más complicado de representar en escena: el reno Sven, quien por momentos no logra estar a la altura del otro personaje fantástico de la historia, el muñeco de nieve Olaf, interpretado por un carismático Brayan Vílchez. Muy buen trabajo en general de todo el elenco de actores y ensamble, como las niñas actrices que interpretan de manera impecable a las hermanas al inicio,así como el sólido Luis Golding como Kristoff, la versátil Lorena Reynoso como Anna y la excelente Andrea Aguirre como Elsa, quien se luce (cómo no) en la ya clásica versión de Libre soy. Con la producción general de Henry Gurmendi y Jerónimo Naranjo, Frozen Jr. es un muy disfrutable musical para toda la familia.

Sergio Velarde

26 de mayo de 2024 

sábado, 25 de mayo de 2024

Critica: EFÍMERO


Lo único verdaderamente duradero es la fugacidad

Efímero, escrita por Mariana de Althaus y dirigida por Rosa Victoria Chauca, es una puesta en escena divertida y con una exploración dinámica y fresca sobre un tema universal, lo efímero de la vida, a través de la travesía de Lunar, una chica que ha perdido a su gato negro llamado Efímero. 

Lunar emprende un viaje por la ciudad en busca de su gato y, en el camino, se encuentra con una serie de personajes típicos de una ciudad como Lima: desde su vecina y la mesera del café de siempre, hasta una grifera, una peluquera, una psicóloga, una mendiga y hasta la mismísima Mujer Maravilla. Estas interacciones no solo añaden color y profundidad a la historia, sino que también ofrecen momentos cómicos sin perder el sentido de búsqueda y reflexión. 

La obra comienza con un trabajo coral de las cuatro intérpretes (Mafer Misajel, Verónica Infantes, Ana Paula Gálvez y Akemi Toma), quienes, vestidas de manera idéntica, representan a Lunar, que llama y busca a su gato Efímero. Esta dinámica se mantiene a lo largo de la puesta en escena, con las actrices intercambiándose el rol principal del personaje de Lunar entre escenas. Esta propuesta logra que las cuatro actrices destaquen y tengan la misma participación en la obra, enriqueciendo la narrativa con sus diversas interpretaciones. Así, cada actriz logra infundir a Lunar con sus propias sutilezas, sin perder la cohesión del personaje principal. La dirección de Chauca es vibrante y fresca, logrando mantener un ritmo y acción constante que captura la atención del público desde el primer momento. 

Un aspecto que podría mejorar es la última escena, protagonizada por la Mujer Maravilla. Aunque es divertido parece fuera de lugar y rompe con la atmósfera construida a lo largo de la obra, en especial en la escena final, ya que distrae del emotivo cierre de la historia de Lunar. Sería interesante ver cómo la obra podría ser adaptada para que esta parte final mantenga la coherencia y la potencia emocional que caracteriza al resto de la pieza.

En conclusión, la obra logra de forma dinámica mantener la atención del público, permitiendo que el espectador acompañe a Lunar en este viaje por la ciudad y a su vez hacia su interior, para reflexionar sobre que “lo únicamente duradero en la vida es la fugacidad”.

Alexandra Valdivieso Chudán 

25 de mayo de 2024

lunes, 20 de mayo de 2024

Crítica: KISMA


Círculos interminables

Atmósfera Alterna – Grupo de Teatro culminó el fin de semana con la breve temporada de Kisma, escrita por K´intu Galiano y dirigida por René Ynquillay. Las funciones tuvieron lugar en el Teatro del Juego (Lince).

La narrativa presenta a Esther (Grecia Morales), una mujer andina que, a través de un intenso y conmovedor monólogo, revive momentos de su vida marcados por la violencia y las carencias afectivas, hasta llegar a un punto sin retorno en su relación con la maternidad; además del evidente deterioro de su salud mental, como consecuencia de su historia. Completa el elenco María Belén Yulén con el personaje de “Mujer”, quien detona la señal de dónde se encuentra la protagonista en la actualidad.

El escenario íntimo del Teatro del Juego es ideal para recrear esta suerte de habitación en la que se encuentra Esther, tejiendo y cantándole a su vientre que denota un avanzado estado de gestación. Por otro lado, el complemento luminotécnico es otro factor importante dentro de la puesta, aportando a los cambios de escena.

Vale destacar la interpretación de Morales, quien trabaja un acento sostenido, así como los gestos y la mirada, revelándonos poco a poco a su personaje, que ha tomado decisiones irremediables y cuestionables; sin embargo, no deja su condición de ser humano, llevado al extremo –quizá- por un círculo interminable de abandono y violencia.

Kisma es una intensa puesta en escena que aborda temas como la salud mental, la maternidad y la pérdida, representados en una mujer del ande, que a través de su mirada, como si de gritos silenciosos se tratase, pide una nueva oportunidad, aunque su destino parece estar marcado.

Maria Cristina Mory Cárdenas

20 de mayo de 2024

Crítica: MIRANDO AL TENDIDO


Entretenida reflexión y oportuno cuestionamiento

Mirando al tendido, escrita en 1987 por el dramaturgo Rodolfo Santana, se presentó en una corta temporada en el teatro del Centro Cultural del CAFAE-SE. Bajo la dirección de Willy Gutiérrez y la producción de La Máquina Producciones, la obra contó con las interpretaciones de Johan Escalante y Gian Paul Miranda.

La obra nos sumerge en una corrida de toros desde las perspectivas de un torero, conocido como El Niño, y un toro llamado Florentino. Ambos, heridos durante la faena, se ven obligados a debatir y enfrentarse en un duelo para determinar quién tiene derecho a seguir viviendo o si son merecedores de entrar al cielo o “al prado”, el cielo de los toros. Este texto, ameno y divertido, pone en cuestionamiento la corrida de toros, un deporte polémico donde entra en debate si el torero es un artista o es un criminal. Si bien el texto plantea algunas preguntas interesantes, tales como si tenemos los seres humanos el derecho de quitar la vida a un ser considerado inferior o si vale más la vida de un hombre que la de un animal. Estas se podrían ahondar aún más, ya que la historia tiene el potencial para generar un debate ético y moral interesante, pero que por momentos pierde solidez en su desarrollo debido a un texto que por momentos se queda en lo superficial y que no profundiza en el debate, considerando que es un tema aún vigente en nuestra sociedad actual.

Por otro lado, en cuanto a las interpretaciones, Miranda destaca por su trabajo físico al caracterizar a un animal imponente y ágil como el toro. Junto a Escalante, quien interpreta al torero español, logran una buena dupla de rivales que también aporta momentos cómicos, logrando un ritmo dinámico en la obra. La intervención de un tercer actor, como el asistente del torero, no aportaba mucho valor a la puesta en escena y sus transiciones faltaban pulir para que no pierda el buen ritmo conseguido entre los intérpretes principales.

La dirección de Gutiérrez brilla en los momentos culminantes de la obra. Las escenas en las que el toro pide piedad debido al sufrimiento causado por sus graves heridas están logradas con un potente juego de luces y efectos en cámara lenta, especialmente cuando el matador se dispone a lancear al animal. Estos son momentos de gran impacto y tensión, que capturan la crueldad del hecho y conmueven al público, y donde se evidencia este debate ético y moral de la obra. Asimismo, el timing de la obra es sostenido, con momentos de participación de los espectadores en la historia, logrando así capturar la atención del público.

Así, el montaje resulta en gran parte entretenido con momentos dramáticos que aportan matices de reflexión y cuestionamiento. Espero que puedan reponer la obra para que más personas puedan conocer más del trabajo de este equipo.

Alexandra Valdivieso Chudán

20 de mayo de 2024