lunes, 8 de mayo de 2023

Crítica: EL DIABLO, UN CUENTO DE SUSPENSO DE LEÓN TOLSTÓI


¿Qué pasa si negamos nuestros deseos?

Para el filósofo Arthur Schopenhauer, el mundo es un lugar doloroso y desagradable en donde vivimos en una constante lucha por la supervivencia y el éxito, haciendo que la vida humana esté marcada por la frustración y la insatisfacción. Por ello, la única vía de escapar de este ciclo de sufrimiento es mediante la negación de nuestros deseos y necesidades. Aquí puede radicar la fuente de nuestra infelicidad: solo renunciando a nuestros deseos podemos alcanzar la paz y la serenidad.

Precisamente, en este mundo doloroso y desagradable arrastrado por el deseo, transita el protagonista de esta puesta en escena, Yevgueni Irténiev, quien no puede resistirse a la tentación de una joven campesina, con quien acuerda tener encuentros sexuales clandestinos y con la que se irá involucrando más allá de lo que él pretendía. Este vínculo para él no trae nada bueno por la vida que se plantea, ya que acaba de llegar a una hacienda, herencia de su padre, con el objeto de producirla y así pagar las deudas también heredadas, así como de contraer nupcias con su prometida.

La obra nos presenta clara y progresivamente, bajo la dirección de Mateo Chiarella y Lucho Tuesta, cómo este personaje va encerrándose en sus propios deseos, en sus propios pensamientos, porque quizá no haya nada más fuerte que ser preso de nuestras propias reflexiones e impulsos, todo rodeado de una atmósfera de misterio a la vez que bucólica.

Uno de los personajes elabora jaulas para las aves que viven en libertad en el bosque, aduciendo que estarán más seguras con él; acaso una metáfora acerca de cómo estar sometidos a nuestros deseos, encerrando aquello que vive libre en nosotros, que es nuestra capacidad de elegir. Por su parte, la esposa de Yevgueni expresa que la causa de su felicidad es la felicidad de su esposo, asimismo vemos a cada personaje intentando controlar algo, sin saber que aquello que es control desde su deseo, finalmente los terminará controlando a ellos mismos.

El escenario de un teatro circular como el de la sala Ricardo Blume de Aranwa da la sensación de estar en el mismo bosque, una enredadera de ramas arriba del escenario parece ser el inicio de una gran jaula mental o algo aún por definirse; así como los elementos del escenario, como sillas y mesas armadas con diferentes partes de otros muebles que se transforman en otras cosas, como quizá le ocurre al protagonista por dentro, asediado por sus propias pasiones e impulsos que lo llevan a cada vez deformarse más.

Por último, el cuestionamiento sobre dónde está el Diablo. Y es que está presente en cada detalle, cada vez que nuestros deseos nos gobiernan, que cedemos a la tentación, que tenemos la ilusión que lo de afuera tiene control de nosotros. Pero somos nosotros que, llevados por nuestras propias creencias, juicios y culpas, experimentamos que cielo e infierno están dentro de nosotros.

Muy buen trabajo del elenco, conformado por Sebastián Stimman, Andrea Luna, Milena Alva, Lilian Nieto, Ricardo Velásquez y Valentina Saba; todos muy parejos, conectando bien entre ellos y sus respectivos tiempos.

Yevgueni llegó a ese lugar con una misión clara, a cambiar su mundo, pero como bien dice el buen Tolstoi: “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”

Manuel Trujillo

8 de mayo de 2023

Crítica: ESCUELA VIEJA


Y todo lo que siempre nos hace regresar al teatro

Galardonada como “Mejor Comedia del Año” en la premiación Oficio Crítico 2013, Escuela vieja volvió después de diez años por solo cuatro funciones y qué placer haberla presenciado. Es una puesta en escena osada que ha sabido conquistar y reconquistar a su público. Convirtiéndose de esta manera en merecedora de todas las palmas que a media función recibe por la fuerza, vehemencia y seguridad que sostiene el elenco de artistas escénicos de inicio a fin. Además, destacar que se logra percibir al conjunto de actrices y actores como un equipo solvente y compacto, lo cual incluso permite que se contagie al público de esa adrenalina que van recorriendo y transitando cada uno de los ejecutantes desde el viaje de sus personajes.

Entradas y salidas limpias, ritmo ameno y lúdico como necesario, silencios, miradas, traslados más que justificados, la complicidad con el público, los testimonios casi confesionales sean dentro o fuera de la representación, cargados de personalidad y sinceridad que impactan, nos remueven y hasta transportan a ese lugar al que muchos (como los transeúntes del vídeo inicial) no quisiéramos regresar: la época escolar.

Siendo así que, a modo de coreografía, coro, pequeños unipersonales y secuencias físicas grupales muy bien elaboradas, nos hacen revivir la experiencia de haber habitado salones, patios y direcciones de nuestros colegios. Asimismo, aquellas situaciones incómodas con profesores, compañeros e incluso las diversas áreas que también funcionan y se nos ofrecen como guía en la etapa estudiantil. Muchas de estas reflejando y cuestionando cómo es que funciona y es entendida la educación en nuestro país.

De este modo, entre risas y silencios, el público logra la identificación y también la negación con aquello que se percibe adolece en los testimonios compartidos por los ejecutantes: casos de discriminación, maltrato, violencia, mucha ignorancia, o la añoranza de alguna buena amistad, algún maestro que nos marcó con sus enseñanzas y nos dio la confianza de poder transitar de la niñez a la adolescencia, para terminar con la incierta mirada al futuro sobre qué nos espera al culminar la vida de colegial.  

Lo interesante y el motivo por el cual esta obra funciona pasados ya diez años radica en haber logrado un trabajo colectivo certero. No solo por el buen manejo escénico que han compuesto los artistas, ya que se complementan gracias a distintas herramientas escénicas, sino que la creación de este espectáculo en sí mismo se comprende y desarrolla a partir de la mirada colectiva la cual cumple, de la mejor manera, la tarea de tocar un tema a elección: la etapa escolar, desde un enfoque ligero, donde todos los participantes al haber vivido alguna vez dicha etapa, ya sea como víctima o victimario, la indiferencia tanto de padres como de maestros o entre compañeros, las obligaciones que dañan hasta la salud ya sea por desconocimiento o falta de acompañamiento de un adulto responsable, convergen para ser expuestos y evidenciados resonando así en nosotras y nosotros los espectadores y por qué no, salgamos del teatro cuestionándonos y hagamos algo al respecto. No cometer los mismos errores, por ejemplo, ni justificar y dar por sentado que así debe ser la educación solo porque así ocurra en muchos lados.

Conny Betzabé

8 de mayo de 2023

jueves, 4 de mayo de 2023

Crítica: FANTASMAS


Risas desde el más allá

Casas encantadas. Tormentas eléctricas. Autos malogrados. Número impar de personajes perdidos en medio de la nada y sin señal. Situaciones mil veces vistas en películas y series de terror, pero no tan a menudo sobre las tablas. Es por ello que, de entrada, la nueva puesta en escena de La X Productora en el Centro Cultural CAFAE, titulada adecuadamente Fantasmas, gana en originalidad y expectativa. Pero este nuevo proyecto escénico, escrito y dirigido por el experimentado Paco Varela, no solo juega con las ya conocidas convenciones del género de terror, sino que además se le incluye un agradecido toque de comedia que le da dinamismo al montaje. Con ciertos detalles aún por afinar, el espectáculo regala un par de buenos sustos y muchos momentos de sinceras carcajadas.

El trío conformado por Caroll Chiara, Fiorella Rodríguez y André Moyo termina refugiándose en una tenebrosa casa abandonada, luego de sufrir un desperfecto en su vehículo en medio de una fuerte tormenta. El espacio que ofrece el auditorio sanisidrino no es ciertamente teatral, pero la producción se las ingenia para que, como espectadores, entremos en la convención de encontrarse los protagonistas con las ropas mojadas, en medio de las paredes destartaladas, el polvo y los desechos propios de un lugar en esas condiciones, con retratos enmarcados con ojos que se mueven y un murciélago aleteando en el fondo. Para crear esta ilusión ayudan mucho los actores, con sus personalidades bien definidas: tanto Chiara como Moyo resultan convincentes y divertidos, así como una hilarante Rodríguez, recuperada gratamente para la escena, que derrocha carisma y energía.

Por otro lado, existen algunas secuencias que merecerían una revisión, como las acciones dilatadas (por ejemplo, todo el armado de la carpa) o las explicaciones redundantes (por ejemplo, el origen de la maldición de la casa), que bien podrían abreviarse para ganar fluidez. Sin embargo, el conflicto planteado por Varela y la química lograda por los actores se encuentran por encima de estos detalles, destacando el juego escénico entre las Chiara y Rodríguez poseídas por los espíritus de la residencia (y sus respectivos cambios de comportamiento), ante la sorpresa de Moyo. Bien por La X Productora, que viene trabajando incansablemente para ofrecer novedosos espectáculos al público, como lo es Fantasmas, una entretenida y recomendable comedia de terror.

Sergio Velarde

4 de abril de 2023

miércoles, 3 de mayo de 2023

Entrevista: OMAR VELÁSQUEZ


“Como público uno también aprende mucho de teatro.”

La puesta en escena de Juan está muerto, escrita y dirigida por Omar Velásquez, tuvo un breve paso por nuestra cartelera teatral el año pasado. Oficio Crítico conversó con el joven autor y director sobre el reestreno de su obra, ahora en el Teatro Auditorio Miraflores. El  elenco está formado por Yasmine Incháustegui, Daniel Suárez Lezama, Luis Cárdenas-Natteri y David Huamán Törjék. Cabe resaltar que esta pieza fue ganadora del II Concurso de dramaturgia ENSAD 2020.

Una mujer viuda vela a su marido, un hombre está en búsqueda de un viejo amigo suyo, un muchacho mudo halla el dolor en la pérdida de un ser amado. Las inquietudes del hombre y su insistencia por mitigarlas harán que se devele poco a poco las circunstancias de la muerte de Juan. Juan está muerto, a través de algunas reminiscencias se intentará resolver si su devenir fue justo o si justas fueron las decisiones que lo condujeron a él.

La obra irá los viernes y sábados, 8:30 p. m., del 12 al 27 de mayo, en el Teatro Auditorio Miraflores, en Av. Larco 1150 sótano. Las entradas se pueden adquirir en Joinnus o a través de las redes sociales de BUTACA Arte y Comunicación.

Sergio Velarde

3 de mayo de 2023

Crítica: HA LLEGADO UN INSPECTOR


¿Puede el aleteo de las alas de una mariposa ocasionar un tornado en otra parte del mundo?

Este proverbio chino es una parte de los orígenes del fenómeno llamado “el efecto mariposa”, el cual señala que cualquier pequeña variación en las condiciones iniciales en un sistema acabará dando lugar a una diferencia mayor en estados posteriores. Si bien el vuelo de una mariposa en un lugar de la Tierra difícilmente afectará al desarrollo de un tornado, sí que podemos decir que un tornado puede afectar y mucho a una mariposa; como es el caso de la trágica muerte de una mujer ocurrida en medio de una celebración de la familia Birling, por la pedida de mano de su hija, donde llega entonces un peculiar inspector de la policía a iniciar la investigación sobre la muerte de aquella muchacha.

En Ha llegado un inspector de J.B. Priestley, este personaje interpretado magistralmente por Alberto Isola, parsimonioso, escueto, sereno, con una mirada fría y cálida al mismo tiempo, parece tener un conocimiento profundo de cómo cada miembro de la familia contribuyó de alguna manera a la muerte de la muchacha; acaso él es la conciencia de cada uno, gritándoles desde el interior que cada acción que eligieron tomar tiene consecuencias de las cuales deben hacerse responsables, esa conciencia que a pesar que la mayoría de miembros de la familia están drogados en sus propios egos, no los deja celebrar, ni dormir, ni mantener la calma.

Un escenario realista que representa la opulencia de una familia acomodada de la época (principios del siglo XX), pero también que cobra vida durante el desarrollo de la historia, ya que no puede sostener más su apariencia egoísta y en un momento, literalmente, se rompe, se quiebra, colapsa; esta ruptura parece dar significado a lo que les pasa por dentro, a cómo sus conciencias les gritan, los confrontan, pero al mismo tiempo los toman del hombro con compasión, invitándolos a confesar y redimirse.

En la dirección a cargo de Roberto Ángeles se deja sentir una facilidad visual, que al mismo tiempo mantiene la tensión por saber qué guarda el próximo personaje en relación a la muerte investigada, porque aquello que pueda parecer intrascendente para cada uno de ellos, ha podido sumar desesperanza a la vida de una persona.

Finalmente, la actualidad de la obra radica en cómo podemos impactar positiva o negativamente al estar en contacto con el otro. Y eso es una elección según la identidad que nos hayamos definido según nuestra escala de valores; y cómo las consecuencias de nuestros actos, de alguna manera u otra, nos estallan en la cara en alguna oportunidad al confrontarnos con nuestra conciencia. Somos testigos muy a menudo, en nuestra sociedad o en familias, de cómo la ambición o el ego de una persona deja de lado el bien común, el colectivo, la comunidad, por actos totalmente individualistas. Es duro sentirse feliz en un mundo donde solo ves lo que te hace falta.

Manuel Trujillo

3 de abril de 2023

martes, 2 de mayo de 2023

Crítica: LA VERDAD


Verdades cuestionables

Reabrir un teatro implica mucho coraje. No solo por la cuestión económica, sino por la carga emocional de un espacio que tiene historia, energía y espíritu propio. Para Osvaldo Cattone, el teatro Marsano significó su vida entera entregada al más preciado arte que practicó. Por lo tanto, abrir sus puertas al público después de una pandemia y la muerte del querido Cattone consiste en tomar decisiones correctas, pues lo ideal como decía este gran actor, “no se puede permitir hacer una obra aburrida”. En este caso, se ha escogido un texto muy ágil de Florian Zeller titulado La verdad. Bajo la dirección de Giovanni Ciccia, quien hace un trabajo notable junto a un elenco muy bien logrado respecto al manejo de una comedia.

La premisa es simple: aquí el protagonista, interpretado por Sergio Galliani, engaña a su esposa con la esposa de su mejor amigo. Sin embargo, se verá conflictuado al saber que su amante (Milene Vazquez) desea contar todo sobre su infidelidad a su engañado marido; por lo tanto, una serie de situaciones lo pondrán en aprietos constantemente, tanto con su dizque mejor amigo (Gonzalo Torres), como con su mujer (Magdyel Ugaz). Aunque más allá de la historia de una comedia picaresca, lo que nos trae Zeller es la posibilidad de juzgar si revelar “nuestra verdad” sería la mejor opción. Incluso nos reta a desvirtuarla o tergiversarla en favor del beneficio propio para mantener el status quo. Todo esto con diálogos ligeros y bastante cómicos que Fernando Masllorens y Federico Gonzales del Pino adaptaron en su versión de la obra de este genial dramaturgo francés. 

Por el lado actoral, realmente hay un trabajo impecable. Siempre Galliani llevando la batuta a lo largo de la función. Entra bien al ritmo, acierta en todos los gags y el código le calza perfecto. Un detalle a rescatar es el contraste que brinda el personaje de Torres, porque el actor esta vez decide ir por una interpretación mucho más minimalista, sin imponer nada ni tratando de provocar risas. Sino que se le ve mesurado e incluso, debido a la línea de su personaje, causa mucha melancolía. No obstante, Ugaz y Vasquez tampoco dejan de lucirse haciéndonos reflexionar con respecto al valor de la verdad al mostrar ellas una personalidad ambigua.

El arte de la obra también se ha amoldado a la ligereza de la comedia. Vemos espacios definidos, pero de cambios rápidos y mucho dinamismo. No desea perder el ritmo en lo absoluto, a pesar de que es una escenografía grande que fácilmente es dividida en ambientes por la iluminación. Ciccia, como director, entiende que al espectador hay que mantenerlo atento en todo momento y lo logra sin tomarse en serio la solemnidad del realismo.

Es grato saber que más teatros y espacios culturales abran -o reabran, tal cual sea el caso-. Esperemos seguir viendo montajes que se realizan con rigor en el, muchas veces, polémico teatro comercial.

Christopher Cruzado

2 de abril de 2023 

Crítica: ME TIENES HARTO


Amigos hartos

El teatro Barranco nos recibe, un espacio muy acogedor y bello, hay hartas personas esperando ingresar y algunos van calentando motores tomándose un traguito, un pequeño calentamiento para después ejercitar los abdominales con la risa.

Desde el inicio se siente el trabajo profesional de los realizadores, tanto los que están en escena como los que están fuera: un equipo organizado y que sabe lo que hace. Las luces del espacio eran cálidas y coloridas, un ambiente sonoro hacía sentir como si estuvieras en un bar despejando los quehaceres de la semana, un momento para olvidarse de todo y disfrutar.

Aparecen Lucho Cáceres y Christian Ysla o Christian Ysla y Lucho Cáceres; la estructura del diálogo está marcado para que ambos artistas se suelten y desplieguen su carácter discursivo en escena. Cada uno desde su perspectiva, el cuerpo de Christian es uno cómico de por sí, su sola presencia irradia sonrisas, mientras que Lucho se presenta con otra energía, una especie de galantería combinada con frescura y un carácter pesado.

La estructura del guion da a entender que siempre están improvisando, pero podemos inferir que es un formato que está creado para ello; no obstante, es necesario mencionar que sobre esa estructura se busca la participación del público y a partir de ello, los artistas muestran algunas capacidades de improvisación.

Christian parece como si estuviera nadando, no hay ninguna incomodidad para adecuar lo que el público plantea desde las risas; Lucho le pone el equilibrio, porque de lo contrario todo se elevaría en una enorme carcajada y nos quedaríamos explotando de risa por lo que se dice y hace. En cambio, dentro de toda la comicidad hay un freno y una pequeña reflexión inconsciente, respecto a lo que se está planteando desde las corporalidades.

Evidentemente hay una gran conexión entre ambos artistas, dentro del mundo cotidiano parece que la conexión es un elemento circunstancial, que tiene que ver con una gran voluntad del destino para conjugar intereses y espiritualidades; sin embargo, considero que dentro del arte, una gran capacidad a rescatar dentro de los que se dedican a este trabajo es esa gran elocuencia que muchos tienen para empatizar como si fuera una relación orgánica y armoniosa.

Muchas veces los artistas hasta ni siquiera pueden llevarse bien en escena, pero la atmósfera que crean con su relación espectacular es grandiosa. En el caso de Christian y de Lucho, pues según lo que comentan ambos ya vienen trabajando tiempo y comparten una amistad. Posiblemente esta condición aunada con sus capacidades genera un espacio de confianza, donde llegas a experimentar que estás junto a tus mejores amigos de toda la vida, recordando anécdotas de algún tiempo pasado. 

Aunque por muchos momentos de la trama sentí que todo caía en algo habitual dentro del humor, las presencias de los intérpretes terminaban levantando lo que aparentemente podría ser un simple espectáculo. Además, había momentos en donde debido a la prisa de los sucesos no se podía entender lo que decían, pese a que ambos estaban con micros de vincha.

Sin embargo, había algo en el espacio, el público tomaba alguna bebida y soltaba sus músculos, destemplaba la risa y expulsaba el estrés. El ambiente era agradable, la gente estaba muy contenta y participaba en las ocurrencias de Christian y Lucho. Todo se volvía contagiante, se notaba que estábamos frente a dos personajes con harta trayectoria.

Cuando aparecen el Tunche y el Culebra, podemos ver la capacidad de transformación que tienen los artistas y esto combina de forma rítmica con los pasajes de improvisación y humor, se experimenta un vaivén de sensaciones que expone de manera lúdica el oficio del actor.

La manera en la que solucionan los problemas que puedan suceder en la escena demuestra el profesionalismo y la gran experiencia que ambos tienen; todo está fríamente calculado y si algo sale mal, con mucha sutileza se lo hará parte del espectáculo, el tiempo vuela y te vas dando cuenta que si posiblemente ellos se tienen hartos, es porque quizá tienen harto amor que dar a su trabajo y a su amistad.

Moisés Aurazo

2 de abril de 2023

Crítica: CLÍNICA DE LA LUZ


A obscuras

Una puesta en escena arriesgada toma un texto con formato drama/collage donde ocurren, aparentemente, indistintas historias. No obstante, todas forman parte de un solo universo, de esos que suele crear y sostener muy bien el dramaturgo Jorge Bazalar.

Por esta razón, ponerla a escena con únicamente dos actrices, quienes pasan a representar varios de los personajes de forma lúdica, es un acierto bastante arriesgado. Debido a que después del inicio, donde parece no haber conexión alguna entre las actrices y a ello la suma de la incertidumbre de varias historias que ocurren de manera alterna y paralela, sí logra coger ritmo, el drama se siente vivo y nos hacen a los espectadores parte del acontecimiento. Por ejemplo, con pequeños detalles como la bienvenida con voz en off que va nombrando a modo de “pacientes” a los asistentes a la función. Lo cual funciona desde la dimensión de ser un juego con el público y a la vez, potencia la convención de lo escenificado, la situación central ocurriendo en una clínica.

Si bien al iniciar a las actrices se les percibía desconectadas a su acción y al código de representar a sus personajes, pues únicamente recaían en el artífice de cambiar las tonalidades e imágenes vocales, más adelante fueron ganando fuerza y compatibilidad entre ellas, generando que el público viaje todo el resto de la historia con cada uno de los personajes que iban representando.

Asimismo, el manejo de las luces y de los elementos en escena fueron bastante concretos y limpios; sin embargo, al dejar el espacio vacío con las dos actrices detrás del biombo generaba que se cayese la acción, perdiendo la atención del espectador. Dado que se tendría que revisar entradas y salidas o cómo sostener la energía en el espacio incluso desde la respiración o los sonidos corporales de las actrices, que más adelante sí que lo logra Kukuli Morante, quien sabe aprovechar sus herramientas como actriz, pero que pudo haber ido más allá en la composición y distinción de cada uno de los personajes a los cuales pasaba a representar, no solo un cambio de peinado, sino quizá una sutileza desde otra calidad de movimiento, sobre todo porque se le percibe capaz de hacerlo. Por otro lado, Dayana Reátegui sorprende por la agilidad, firmeza y dulzura que transmite sin caer en la necesidad del cliché. Ambas actrices juegan todo el tiempo y pasada la escena de los marineros, ambas se divierten, y se percibe y comparte porque se toman la libertad de aprovechan el error para seguir componiendo en la misma línea de acción, y con ello hasta conmueven.

En general, se sostiene un espectáculo divertido, agradable y entretenido, con sutiles golpes de reflexión para el espectador, sin la necesidad de instruir y dejando abierto el que quizá los vaya descubriendo cada que la escena se torna a oscuras.  

Conny Betzabé

2 de abril de 2023

lunes, 1 de mayo de 2023

Crítica: LA CIUDAD DE LA MUERTE


Sociedad infecta

La película Amores Perros (2001) de Alejandro González Iñárritu marcó un norte en la estética latinoamericana: el realismo como corriente artística. Desde ese entonces, surgió en el cine esta tendencia. En el caso peruano, creo que la película más cercana a esta corriente fue El Premio (2009) de Alberto Durant, con Emanuel Soriano como protagonista. Tengo que confesar que son poco frecuentes los montajes que se inspiran en la temática del realismo latinoamericano, pero cuando sucede esto, es de felicitar y más aún en el teatro. Abordar a la ciudad como un espacio que cuenta Historia y nos interpela es una estética tanto del cine como del teatro muy atractiva. Por eso quiero resaltar el trabajo de Fiorella Amaro Menéndez y Jair Leiva como dramaturgos de tan arriesgada obra. La Ciudad de la Muerte consistió en tres microobras que iré comentando a continuación.

En primer lugar, se presentó Un día de suerte. La temática fue muy interesante, pues se cuestiona el valor universal de la moral y los sesgos de la personalidad de ser humanos citadinos. Los diálogos fueron muy realistas y crudos, y eso fue lo más atractivo del montaje. Michael Flores representó a Alexandro y Paolo Pacheco interpretó a Oliver; personalmente me causó interés el personaje de Oliver, pues era el que ponía cuestionamientos morales al hecho de devolver el dinero o no, pero al mismo tiempo era confrontado por Alexandro por su comportamiento titubeante. El mensaje potente sobre la doble moral es muy interesante; por otro lado, los vestuarios, a pesar de ser convencionales, fueron muy acordes con las complejidades de los personajes: Alexandro se vestía mucho más descuidado que Oliver y esto tenía un sentido en la historia.

En segundo lugar, se presentó Un asiento cualquiera. Definitivamente fue el montaje con el contenido dramático más original de la noche, debido a sus elementos tan atractivos: una intriga que nunca se resuelve del todo y un final totalmente inesperado. Es de felicitar a la dramaturga por haber logrado esto y de manera condensada para un formato de microobra. José Ticse interpretó a Samuel, un novio agresivo y celoso; Adriana Guerra representó a Mariana, joven cándida, tierna y muy ingenua. No poder medir los límites hasta donde llega la maldad humana fue la condena de Mariana. Y, finalmente, Jair Leiva representó al personaje más intrigante, el Joven, que parecía ser un antagonista y hasta un ladrón, pero hacia la mitad del montaje se convierte en un aliado y pieza clave en entender la terrible historia. Me gustó que se abordara un tema como el feminicidio de una manera limpia. Por otro lado, los vestuarios fueron convencionales y urbanos pero específicos para cada personaje; así como el efecto de la sangre, muy realista.

Y, finalmente, se presentó Por la amistad. Tengo que confesar y con todo respeto, que la temática fue muy densa y confusa, así como el conflicto, los antagonistas y qué objetivo tenía cada personaje. Eso sí, fue interesante que en el fondo había dos historias que sucedían en paralelo, pero no conseguí desentrañar con precisión cada una. También habría que anotar la proyección de voz en los actores, pues por momentos no se entendían bien los diálogos. Por otro lado, el montaje sí contó con mucho mobiliario muy diverso y realista. En suma, La Ciudad de la Muerte es un montaje que se le puede catalogar de electrizante, a pesar de haber sido tan breve. La microobra más potente fue, definitivamente, Un asiento cualquiera. Pienso que este texto bien podría convertirse en un corto cinematográfico y funcionaría también muy bien. Felicitaciones a Catarsis Productora como ejecutores del proyecto y a Amaro Menéndez y Leiva como dramaturgos.

Enrique Pacheco

1º de mayo de 2023

Crítica: HARAKIRI


La vigencia de Arrau

El año pasado, el Club de Teatro de Lima le organizó un merecido homenaje a uno de sus profesores más emblemáticos: Sergio Arrau. El ciclo teatral en mención, Todo Arrau, no solo reconoció su valioso aporte al Teatro Peruano como director y docente, sino también como dramaturgo. Sus piezas, coqueteando con lo “real maravilloso”, sus héroes como falsos culpables y una ácida e irónica mirada hacia una sociedad que se cae a pedazos por sus reprobables actitudes, no dejarán nunca de tener relevancia. Es así que el colectivo teatral independiente Telón Mestizo decidió presentar en temporada, en el citado espacio miraflorino, una de sus piezas breves, llamada Harakiri, con una interesante propuesta escénica que le hace justicia al texto de nuestro tan extrañado profesor, chileno de nacimiento pero peruano de corazón.

Todo le va mal al desprevenido protagonista llamado Juan Castillo (profesor de Historia como el autor y además, con su apellido materno), al ayudar a Kenya Nakamura, luego que este intentara quitarse la vida mediante el ritual oriental que le da el título al montaje. Este improbable hecho es, sin embargo, el disparador para que Arrau nos muestre con su humor característico una sociedad violenta, abusiva, hipócrita y por supuesto, ignorante, al intentar culpar al inocente Juan de un crimen que este no cometió. Con algunos tropiezos en fluidez y dicción, los entusiastas actores Misael Acho, Miguel Villanueva, Gisela Oncoy, Angel Arakaki, Ronald Tapia y Jerica Villafuerte interpretan bien a los múltiples personajes de la historia.

Se percibe además, una valiosa y efectiva propuesta por parte del joven director Victor Lucana y de la producción, en el sentido de otorgarle una personalidad propia al montaje, con sencillas pero funcionales proyecciones al foro para delimitar los espacios, con el vestuario y el maquillaje al estilo oriental, y con un correcto entendimiento del texto original, que nos muestra a nuestra sociedad, integrada por policías, abogados, jueces, periodistas y civiles, solo servil a sus propios intereses y conveniencias. Harakiri es un entretenido espectáculo en clave de comedia, que nos lleva a la reflexión sobre nuestro tan necesario y urgente cambio social, a la vez que le rinde homenaje a uno de nuestros maestros teatrales más recordados, como lo es Sergio Arrau.

Sergio Velarde

1º de mayo de 2023