Pajaritos en la cabeza: aventura en el aire
Estrenada el año pasado en el marco del XIII Encuentro con Artes Escénicas de la PUCP, sigue en cartelera en el Auditorio del MALI el espectáculo infantil Pajaritos en la cabeza, interesante propuesta del colectivo Solo tantito, que narra las aventuras de un puñado de avecillas que deben encontrar el amor, enfrentándose a un sinnúmero de problemas. Escrita por Guillermo Rendón y dirigida por Alejandra Campos y Johanna Cuevas, la obra cuenta con varios aciertos, entre ellos, la música en vivo de Rodrigo Ráez y el buen desempeño en conjunto del elenco.
Utilizando proyecciones de video y sencillos elementos escenográficos, la historia nos transporta al África, en donde un grupo de pajaritos decide salir a buscar un lugar llamado Amor, en donde ingeniosamente, se sienten "pajaritos en la cabeza". Las distintas personalidades de cada uno de ellos, así como la aparición de un malvado buitre, complicarán el viaje. El vestuario y el maquillaje, así como toda la producción del espectáculo en general, son impecables, percibiéndose una preocupación por cada detalle. El aprovechamiento del espacio es también acertado, con las avecillas volando y cantando en la platea.
Como ya se mencionó anteriormente, el elenco cumple tanto vocal como estéticamente con la caracterización de los pajarillos, bosquejando bien sus personalidades. Buen trabajo el de Andrea Sarango como el personaje antagónico; y el de la co-directora Campos, como el interés romántico del líder del grupo. Pajaritos en la cabeza acaso puede pecar de tener una duración algo dilatada, pero es un sano entretenimiento para los más pequeños, con mensaje y reflexión incluida.
Sergio Velarde
12 de diciembre de 2012
miércoles, 12 de diciembre de 2012
lunes, 10 de diciembre de 2012
Crítica: ¿QUÉ TORTURA?
Nuevo acierto de Plan 9
Como siempre, con una cuidada producción y un impecable trabajo escénico, la Asociación Cultural Plan 9, dirigida por David Carrillo y Giovanni Ciccia, cumple 10 años en gran forma: su último estreno, ¿Qué tortura? o Porqué la tortura está mal y la gente que le gusta del dramaturgo Christopher Durang, constituye una prueba más del profesionalismo y del esmero que le imprime a cada uno de sus estrenos. Acaso pueda decirse que esta obra luce demasiado norteamericana, con algunos gags sólo comprensibles por aquellos que conocen algo del show business de Broadway (en el caso de un personaje en especial), pero se trata sin duda, de buen teatro, con todas sus letras, con una dramaturgia muy ingeniosa y una puesta en escena que no escatima detalles y saca el mayor provecho de sus actores, entre los que se encuentra el propio director Carrillo, en un hilarante papel.
Estrenada en el 2009, la historia busca retratar con un feroz sentido del humor, el miedo y la paranoia desatada luego de los atentados terroristas que sufrió Norteamérica. Felicity, una joven y guapa mujer, amanece en la cama con Zamir, un hombre de ascendencia árabe, que afirma ser su reciente marido luego de una noche con tragos de más. El inexplicable comportamiento del marido hace temer a Felicity, de que se trata de un terrorista. Mientras tanto, los padres de Felicity no se quedan atrás con las extrañas conductas: él afirma coleccionar mariposas en una habitación en la que nadie puede entrar; y ella es una asidua espectadora de obras de teatro, buscando acaso escapar de su vida cotidiana. La desmedida locura está presente en cada escena, con otros disparatados personajes como un director de películas porno, o unos ridículos agentes pertenecientes a una oscura organización política.
Se aprecia en toda la puesta en escena un gran trabajo por parte de todos los responsables, con un desopilante desarrollo escénico, un ritmo que no decae en ningún momento, y que termina nada menos que en una sucursal de Hooters, coronando así esta comedia negra en gran forma. Excelentes actuaciones de la joven pareja protagónica, a cargo de Vania Accineli (gratísima revelación) y de Oscar Meza, con el apoyo de los experimentados Oscar López Arias y Masha Chávarri. También destaca Daniela Sarfatty, muy divertida en su papel de díscola madre. David Carrillo convierte a ¿Qué tortura? en un divertidísimo espectáculo, nos acerca nuevamente a la dramaturgia norteamericana contemporánea, y cierra estos primeros diez años de Plan 9, haciéndonos esperar con emoción qué estrenos nos vendrán en los siguientes diez.
Sergio Velarde
10 de diciembre de 2012
Como siempre, con una cuidada producción y un impecable trabajo escénico, la Asociación Cultural Plan 9, dirigida por David Carrillo y Giovanni Ciccia, cumple 10 años en gran forma: su último estreno, ¿Qué tortura? o Porqué la tortura está mal y la gente que le gusta del dramaturgo Christopher Durang, constituye una prueba más del profesionalismo y del esmero que le imprime a cada uno de sus estrenos. Acaso pueda decirse que esta obra luce demasiado norteamericana, con algunos gags sólo comprensibles por aquellos que conocen algo del show business de Broadway (en el caso de un personaje en especial), pero se trata sin duda, de buen teatro, con todas sus letras, con una dramaturgia muy ingeniosa y una puesta en escena que no escatima detalles y saca el mayor provecho de sus actores, entre los que se encuentra el propio director Carrillo, en un hilarante papel.
Estrenada en el 2009, la historia busca retratar con un feroz sentido del humor, el miedo y la paranoia desatada luego de los atentados terroristas que sufrió Norteamérica. Felicity, una joven y guapa mujer, amanece en la cama con Zamir, un hombre de ascendencia árabe, que afirma ser su reciente marido luego de una noche con tragos de más. El inexplicable comportamiento del marido hace temer a Felicity, de que se trata de un terrorista. Mientras tanto, los padres de Felicity no se quedan atrás con las extrañas conductas: él afirma coleccionar mariposas en una habitación en la que nadie puede entrar; y ella es una asidua espectadora de obras de teatro, buscando acaso escapar de su vida cotidiana. La desmedida locura está presente en cada escena, con otros disparatados personajes como un director de películas porno, o unos ridículos agentes pertenecientes a una oscura organización política.
Se aprecia en toda la puesta en escena un gran trabajo por parte de todos los responsables, con un desopilante desarrollo escénico, un ritmo que no decae en ningún momento, y que termina nada menos que en una sucursal de Hooters, coronando así esta comedia negra en gran forma. Excelentes actuaciones de la joven pareja protagónica, a cargo de Vania Accineli (gratísima revelación) y de Oscar Meza, con el apoyo de los experimentados Oscar López Arias y Masha Chávarri. También destaca Daniela Sarfatty, muy divertida en su papel de díscola madre. David Carrillo convierte a ¿Qué tortura? en un divertidísimo espectáculo, nos acerca nuevamente a la dramaturgia norteamericana contemporánea, y cierra estos primeros diez años de Plan 9, haciéndonos esperar con emoción qué estrenos nos vendrán en los siguientes diez.
Sergio Velarde
10 de diciembre de 2012
sábado, 8 de diciembre de 2012
Crítica: COMO SI FUERA ESTA NOCHE
En contra de la violencia familiar
La joven dramaturga española Gracia Morales es conocida como una autora que busca concientizar a los espectadores a través de sus obras, cargadas de humanismo. Uno de sus textos más reconocidos es Como si fuera esta noche (2002), que toma como excusa la imposible conversación entre una madre y su hija (la primera, muerta; y la segunda, a punto de repetir su historia), para dar a conocer su postura en contra de la violencia hacia la mujer dentro del ámbito familiar. Con mucho lirismo y alguna que otra pincelada de fino humor, el texto permite el lucimiento de las actrices durante este encuentro mágico y onírico.
En el escenario aparecen Mercedes y su hija Clara, ambas con la misma edad; cada una ocupa un espacio determinado y parecen no escucharse ni verse, en un inicio. Luego, el terrible secreto de la trágica muerte de Mercedes, una víctima más de la violencia familiar, será el motivo para que Clara reflexione y piense sobre si está dispuesta a repetir la misma historia. Madre e hija inician entonces una conversación llena de recuerdos alegres y amargos (unas veces salida de la memoria de Clara; otras, como parte de un sueño), para evitar que esa noche se repita interminablemente. Recuerdos que involucran a un marido cobarde y alcohólico, que amenaza con aparecer de nuevo en la vida de la hija.
La novel directora Diana Hurtado presenta un interesante trabajo de dirección, cuya mayor virtud radica en la total atención conseguida por las actrices, a pesar del bullicio que se filtraba del Restaurante Patagonia. Sofía Izquierdo (una grata revelación salida de las canteras de la ENSAD) y Vania Duncan Gálvez, como madre e hija respectivamente, convencen en sus papeles. Como si fuera esta noche no sólo es el curioso encuentro de dos generaciones distintas separadas por una cuestión temporal, sino que se convierte en un atinado comentario en contra de la violencia hacia la mujer.
Sergio Velarde
08 de diciembre de 2012
La joven dramaturga española Gracia Morales es conocida como una autora que busca concientizar a los espectadores a través de sus obras, cargadas de humanismo. Uno de sus textos más reconocidos es Como si fuera esta noche (2002), que toma como excusa la imposible conversación entre una madre y su hija (la primera, muerta; y la segunda, a punto de repetir su historia), para dar a conocer su postura en contra de la violencia hacia la mujer dentro del ámbito familiar. Con mucho lirismo y alguna que otra pincelada de fino humor, el texto permite el lucimiento de las actrices durante este encuentro mágico y onírico.
En el escenario aparecen Mercedes y su hija Clara, ambas con la misma edad; cada una ocupa un espacio determinado y parecen no escucharse ni verse, en un inicio. Luego, el terrible secreto de la trágica muerte de Mercedes, una víctima más de la violencia familiar, será el motivo para que Clara reflexione y piense sobre si está dispuesta a repetir la misma historia. Madre e hija inician entonces una conversación llena de recuerdos alegres y amargos (unas veces salida de la memoria de Clara; otras, como parte de un sueño), para evitar que esa noche se repita interminablemente. Recuerdos que involucran a un marido cobarde y alcohólico, que amenaza con aparecer de nuevo en la vida de la hija.
La novel directora Diana Hurtado presenta un interesante trabajo de dirección, cuya mayor virtud radica en la total atención conseguida por las actrices, a pesar del bullicio que se filtraba del Restaurante Patagonia. Sofía Izquierdo (una grata revelación salida de las canteras de la ENSAD) y Vania Duncan Gálvez, como madre e hija respectivamente, convencen en sus papeles. Como si fuera esta noche no sólo es el curioso encuentro de dos generaciones distintas separadas por una cuestión temporal, sino que se convierte en un atinado comentario en contra de la violencia hacia la mujer.
Sergio Velarde
08 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Comentario: SOBRE LA "OTRA PREMIACIÓN"
Como todos los años, el Decano de la Prensa Peruana propone su lista de nominados a lo Mejor del Teatro Peruano del 2012: excelentes obras y mejores actrices y actores la engalanan, pero también nos hacen notar la chata, chatísima visión que manejan los periodistas de El Comercio sobre todo el quehacer teatral que existe en nuestro medio y que aparentemente no pueden (o no quieren) ver.
“No hay esfuerzo en hacer una antología que se salve de las críticas”, mencionan en la página web. Habrá que tomarles la palabra.
En todo caso, cumplo con mi ritual de todos los años. Ahí les van los nominados:
MEJOR OBRA DE TEATRO
MEJOR ACTRIZ DE TEATRO
MEJOR ACTOR DE TEATRO
He copiado y pegado nombres y títulos de manera textual de la página. Creo que hay algunos errores, pero cumplo con publicarlos tal cual.
Da gracia también como los montajes nominados le "pertenecen" a los directores. Entonces, ¿qué hay de los autores? ¿Acaso no merecemos saber también quiénes escribieron las obras?
¡Felicitaciones a los nominados! ¡Y por supuesto, no olviden dar su voto por aquí también!
“No hay esfuerzo en hacer una antología que se salve de las críticas”, mencionan en la página web. Habrá que tomarles la palabra.
En todo caso, cumplo con mi ritual de todos los años. Ahí les van los nominados:
MEJOR OBRA DE TEATRO
1. “Rojo”, de Juan Carlos Fisher.
2. “Cenando entre amigos”, de Roberto Ángeles.
3. “New Market”, de Carlos Galiano.
4. “El sistema solar”, de Mariana de Althaus.
5. “Nuestro pueblo”, de Chela de Ferrari.
MEJOR ACTRIZ DE TEATRO
1. Denisse Dibós por “Chicago”.
2. Catherina D’onofrio por “El sistema solar”.
3. Gianella Neyra por “Toc Toc”.
4. Gisela Ponce de León por “Hairspray”.
5. Ximena Lindo por “Electra/ Orestes”.
MEJOR ACTOR DE TEATRO
1. Javier Váldez por “Newmarket”.
2. Alberto Ísola por “Rojo”.
3. Marcelo Rivera por “El último fuego”.
4. Gustavo Bueno por “El sistema solar”.
5. Christian Ysla por “Velorio”.
He copiado y pegado nombres y títulos de manera textual de la página. Creo que hay algunos errores, pero cumplo con publicarlos tal cual.
Da gracia también como los montajes nominados le "pertenecen" a los directores. Entonces, ¿qué hay de los autores? ¿Acaso no merecemos saber también quiénes escribieron las obras?
¡Felicitaciones a los nominados! ¡Y por supuesto, no olviden dar su voto por aquí también!
sábado, 1 de diciembre de 2012
Crítica: EL ÚLTIMO FUEGO
Contundente drama psicológico
Los cuatro puntos cardinales, El Feo y Parásitos son montajes que animaron nuestra cartelera independiente en este último tramo del año. Los tres tienen en común el haber sido escritos por autores alemanes, y también el haber sido dirigidos por Jorge Villanueva, virtuoso director que nos regaló el año pasado El Dragón de Oro. Las piezas mencionadas comparten además el hecho de ser escenificadas por estudiantes de actuación del TUC y de la ENSAD, respectivamente; este detalle sin embargo, no constituyó un problema para alcanzar ambas ese brillo teatral tan esquivo para algunas producciones profesionales.
Por su parte, la apuesta profesional de Villanueva para este año, de la mano de su grupo Ópalo en asociación con el Goethe-Institut Lima, es El último fuego (Das letzte Feuer) de la renombrada dramaturga alemana Dea Loher. Historias cruzadas dentro de un mismo entorno, llenas de amargura, culpa y desesperación, que se tejen después de la trágica muerte de un niño llamado Edgar (Adrián Du Bois), atropellado accidentalmente. Sus padres, Susanne (Laura Aramburú) y Ludwig (Carlos Mesta), deben convivir no sólo con su recuerdo, perpetuado por su silueta marcada con tiza en el piso, sino con la abuela (estupenda Sonia Seminario), víctima de Alzheimer; Susanne decide involucrarse con el único testigo del accidente, un militar traumado por la guerra, que responde al nombre de Rabe (Marcello Rivera); mientras que Ludwig tiene como amante a Karoline (una muy convincente Patricia Pereyra), que tuvo que extirparse los senos debido al cáncer. Por su parte, la autora de la tragedia, Edna (Carolina Barrantes), una policía que perseguía supuestamente a un terrorista, siente remordimientos, ya que el sospechoso sólo era un drogadicto de mala muerte llamado Olaf (Claudio Calmet). El amigo de este último Peter (Stefano Salvini), está desempleado y es víctima de las pulgas de su perro, que finalmente conseguirá trabajo antes que él.
Nuevamente el espacio del Goethe es bien aprovechado por un inspirado diseño escenográfico basado en escaleras y rejas, con todos los personajes siempre ante el público, ya sea simplemente observando o narrando la acción, algunos detrás de barrotes como seres impotentes ante la tragedia que se avecina. La dilatada duración del espectáculo no se siente, gracias al gran trabajo realizado con la dirección de actores, quienes orquestan algunas escenas memorables, desde aquel niño jugando inocentemente con su pelota, hasta el espantoso e increíblemente poético destino final de la abuela. El dolor y la tortura psicológica están presentes en todo momento, en cada culpa aceptada, en cada reproche dicho. El último fuego, que además es el título del cuadro en la pared del cuarto de Rabe, es un poderoso y emotivo montaje, acaso no del gusto de todos debido a su contenido, pero que confirma a Villanueva como uno de los directores más inspirados (y ocupados) de este año que ya se acaba.
Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012
Los cuatro puntos cardinales, El Feo y Parásitos son montajes que animaron nuestra cartelera independiente en este último tramo del año. Los tres tienen en común el haber sido escritos por autores alemanes, y también el haber sido dirigidos por Jorge Villanueva, virtuoso director que nos regaló el año pasado El Dragón de Oro. Las piezas mencionadas comparten además el hecho de ser escenificadas por estudiantes de actuación del TUC y de la ENSAD, respectivamente; este detalle sin embargo, no constituyó un problema para alcanzar ambas ese brillo teatral tan esquivo para algunas producciones profesionales.
Por su parte, la apuesta profesional de Villanueva para este año, de la mano de su grupo Ópalo en asociación con el Goethe-Institut Lima, es El último fuego (Das letzte Feuer) de la renombrada dramaturga alemana Dea Loher. Historias cruzadas dentro de un mismo entorno, llenas de amargura, culpa y desesperación, que se tejen después de la trágica muerte de un niño llamado Edgar (Adrián Du Bois), atropellado accidentalmente. Sus padres, Susanne (Laura Aramburú) y Ludwig (Carlos Mesta), deben convivir no sólo con su recuerdo, perpetuado por su silueta marcada con tiza en el piso, sino con la abuela (estupenda Sonia Seminario), víctima de Alzheimer; Susanne decide involucrarse con el único testigo del accidente, un militar traumado por la guerra, que responde al nombre de Rabe (Marcello Rivera); mientras que Ludwig tiene como amante a Karoline (una muy convincente Patricia Pereyra), que tuvo que extirparse los senos debido al cáncer. Por su parte, la autora de la tragedia, Edna (Carolina Barrantes), una policía que perseguía supuestamente a un terrorista, siente remordimientos, ya que el sospechoso sólo era un drogadicto de mala muerte llamado Olaf (Claudio Calmet). El amigo de este último Peter (Stefano Salvini), está desempleado y es víctima de las pulgas de su perro, que finalmente conseguirá trabajo antes que él.
Nuevamente el espacio del Goethe es bien aprovechado por un inspirado diseño escenográfico basado en escaleras y rejas, con todos los personajes siempre ante el público, ya sea simplemente observando o narrando la acción, algunos detrás de barrotes como seres impotentes ante la tragedia que se avecina. La dilatada duración del espectáculo no se siente, gracias al gran trabajo realizado con la dirección de actores, quienes orquestan algunas escenas memorables, desde aquel niño jugando inocentemente con su pelota, hasta el espantoso e increíblemente poético destino final de la abuela. El dolor y la tortura psicológica están presentes en todo momento, en cada culpa aceptada, en cada reproche dicho. El último fuego, que además es el título del cuadro en la pared del cuarto de Rabe, es un poderoso y emotivo montaje, acaso no del gusto de todos debido a su contenido, pero que confirma a Villanueva como uno de los directores más inspirados (y ocupados) de este año que ya se acaba.
Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012
viernes, 30 de noviembre de 2012
Crítica: EL FEO y PARÁSITOS
Notables comedia y drama de sabor germano
Siguiendo con su feliz tradición de explorar la dramaturgia alemana contemporánea, el director Jorge Villanueva, en su calidad de profesor de la ENSAD, dirige con integrantes del 8° Ciclo de la Carrera Profesional de Actuación, dos obras del dramaturgo Marius von Mayenburg llamadas El Feo y Parásitos. Ambos textos, si bien es cierto comparten una feroz mirada a una sociedad en estado de verdadero quiebre moral, abarcan situaciones y emociones extremas: el ácido humor que emana de la insólita trama de El Feo, se contrasta con la salvaje brutalidad de los personajes de Parásitos. Ya en el escenario, profesor y alumnos nos regalan dos excelentes montajes independientes, llenos de energía, precisión y emoción.
El Feo es una comedia con todas las de la ley, que abraza sin contemplaciones el absurdo más descarado: el ingeniero de sistemas Lette pierde la oportunidad de presentar su más reciente invento en un importantísimo congreso, por la sencilla razón de que es terriblemente feo. Abrumado por los problemas que este hecho le acarrea con su esposa, su jefe y su ayudante en la compañía, Lette decide operarse quirúrgicamente para obtener la belleza tan ansiada. Y lo logra, pero esto no hará otra cosa que aumentar sus problemas, cuando esta dichosa operación sea requerida por todos. Actuada con gran convicción (destacando Danny Sanchez y Miguel Torres), la pieza destaca por sus múltiples lecturas (la sociedad de consumo, la imagen física asociada irremediablemente al triunfo) y por su vertiginosa puesta en escena, sin tropiezos y con un hábil aprovechamiento del espacio.
Por su parte, Parásitos es un truculento drama en baño María, con cinco personajes sumidos en la desesperanza y sin oportunidad de escape, enclaustrados en una sofocante realidad. Un trágico accidente que deja paralítico a un joven llamado Ringo, llevará a su novia Betsy al límite de la cordura; mientras que la aparición de la hermana de ésta, Friderike, embarazada de su salvaje marido Petrik, le complicará aún más su existencia. Este grupo de parásitos, que incluye al hijo por nacer de Friderike, conviven rodeados de angustia, dolor, desesperación, incomunicación, profunda y enferma dependencia y fallidos intentos de suicidio. Acaso el personaje de la Sra. Multscher, la autora del accidente (bien representada por Mia Michelena) sea el más complejo y a la vez, el más cargante de todos: la manera que encuentra para “ayudar” a subirle la moral a Ringo, diciéndole lo mal que se siente por arruinarle su vida, lleva al drama al límite de lo verosímil, pero sin desbordarse nunca, gracias al talento de los intérpretes y la sólida dirección de actores. Muy recomendables ambas puestas en escena, todavía en temporada en el Teatrín de la ENSAD.
Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012
Siguiendo con su feliz tradición de explorar la dramaturgia alemana contemporánea, el director Jorge Villanueva, en su calidad de profesor de la ENSAD, dirige con integrantes del 8° Ciclo de la Carrera Profesional de Actuación, dos obras del dramaturgo Marius von Mayenburg llamadas El Feo y Parásitos. Ambos textos, si bien es cierto comparten una feroz mirada a una sociedad en estado de verdadero quiebre moral, abarcan situaciones y emociones extremas: el ácido humor que emana de la insólita trama de El Feo, se contrasta con la salvaje brutalidad de los personajes de Parásitos. Ya en el escenario, profesor y alumnos nos regalan dos excelentes montajes independientes, llenos de energía, precisión y emoción.
El Feo es una comedia con todas las de la ley, que abraza sin contemplaciones el absurdo más descarado: el ingeniero de sistemas Lette pierde la oportunidad de presentar su más reciente invento en un importantísimo congreso, por la sencilla razón de que es terriblemente feo. Abrumado por los problemas que este hecho le acarrea con su esposa, su jefe y su ayudante en la compañía, Lette decide operarse quirúrgicamente para obtener la belleza tan ansiada. Y lo logra, pero esto no hará otra cosa que aumentar sus problemas, cuando esta dichosa operación sea requerida por todos. Actuada con gran convicción (destacando Danny Sanchez y Miguel Torres), la pieza destaca por sus múltiples lecturas (la sociedad de consumo, la imagen física asociada irremediablemente al triunfo) y por su vertiginosa puesta en escena, sin tropiezos y con un hábil aprovechamiento del espacio.
Por su parte, Parásitos es un truculento drama en baño María, con cinco personajes sumidos en la desesperanza y sin oportunidad de escape, enclaustrados en una sofocante realidad. Un trágico accidente que deja paralítico a un joven llamado Ringo, llevará a su novia Betsy al límite de la cordura; mientras que la aparición de la hermana de ésta, Friderike, embarazada de su salvaje marido Petrik, le complicará aún más su existencia. Este grupo de parásitos, que incluye al hijo por nacer de Friderike, conviven rodeados de angustia, dolor, desesperación, incomunicación, profunda y enferma dependencia y fallidos intentos de suicidio. Acaso el personaje de la Sra. Multscher, la autora del accidente (bien representada por Mia Michelena) sea el más complejo y a la vez, el más cargante de todos: la manera que encuentra para “ayudar” a subirle la moral a Ringo, diciéndole lo mal que se siente por arruinarle su vida, lleva al drama al límite de lo verosímil, pero sin desbordarse nunca, gracias al talento de los intérpretes y la sólida dirección de actores. Muy recomendables ambas puestas en escena, todavía en temporada en el Teatrín de la ENSAD.
Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
Crítica: ASÍ QUE PASEN CINCO AÑOS
El Lorca más rompedor
Las temporadas teatrales de la ENSAD nos regalaron algunos montajes para el recuerdo a inicios de este año, como Sueño de una noche de verano o Arlequín, servidor de dos patrones, por citar sólo un par; finalizando este 2012 nos llegan cinco variadas propuestas, siempre a cargo de los estudiantes de actuación de dicha institución y de la mano de sus profesores-directores. El primer montaje a reseñar es el de Fernando Flores, quien se arriesga con sus alumnos de 8vo ciclo del turno tarde a llevar a escena uno de los textos más inusuales y atrevidos de García Lorca, Así que pasen cinco años, en donde están presentes tanto el lirismo como la simbología lorquiana, pero dentro de un contexto onírico y surrealista.
Escrita en Estados Unidos en 1931, Así que pasen cinco años, es considerada revolucionaria para su época, así como también fue tachada como “irrepresentable” por el mismo autor. Lo cierto es que su dramaturgia, así como un sueño o una pesadilla, avanza teniendo como base escenas de gran belleza y que no necesariamente deben tener alguna explicación lógica. La historia de amor entre el Joven (Narayana Campos) y la Mecanógrafa (Sofía Izquierdo) es la mera excusa para ver entrar a escena siniestros y exóticos personajes como el Niño Muerto, la Gata, el Maniquí, la Máscara y el Payaso; todos ellos interpretados con mucha energía, plasticidad y un cuidado maquillaje y vestuario.
Como lo dijo el propio Lorca, la puesta en escena está por completo fuera del tiempo y de la realidad, arrancada de la mente del protagonista. Se dice también, que en los ensayos de su frustrado estreno, el poeta-dramaturgo aconsejaba a sus actores: “Sólo tienes que pensar que estás en el jardín de las maravillas”. Así que pasen cinco años es un sólido montaje, en el que los jóvenes intérpretes cambian totalmente de registro, luego de las excelentes comedias que llevaron a escena dirigidas por Sofía Palomino; es un espectáculo lorquiano atípico que debe verse. Las reseñas de los otros montajes de la ENSAD estarán por aquí antes de fin de mes.
Sergio Velarde
25 de noviembre de 2012
Las temporadas teatrales de la ENSAD nos regalaron algunos montajes para el recuerdo a inicios de este año, como Sueño de una noche de verano o Arlequín, servidor de dos patrones, por citar sólo un par; finalizando este 2012 nos llegan cinco variadas propuestas, siempre a cargo de los estudiantes de actuación de dicha institución y de la mano de sus profesores-directores. El primer montaje a reseñar es el de Fernando Flores, quien se arriesga con sus alumnos de 8vo ciclo del turno tarde a llevar a escena uno de los textos más inusuales y atrevidos de García Lorca, Así que pasen cinco años, en donde están presentes tanto el lirismo como la simbología lorquiana, pero dentro de un contexto onírico y surrealista.
Escrita en Estados Unidos en 1931, Así que pasen cinco años, es considerada revolucionaria para su época, así como también fue tachada como “irrepresentable” por el mismo autor. Lo cierto es que su dramaturgia, así como un sueño o una pesadilla, avanza teniendo como base escenas de gran belleza y que no necesariamente deben tener alguna explicación lógica. La historia de amor entre el Joven (Narayana Campos) y la Mecanógrafa (Sofía Izquierdo) es la mera excusa para ver entrar a escena siniestros y exóticos personajes como el Niño Muerto, la Gata, el Maniquí, la Máscara y el Payaso; todos ellos interpretados con mucha energía, plasticidad y un cuidado maquillaje y vestuario.
Como lo dijo el propio Lorca, la puesta en escena está por completo fuera del tiempo y de la realidad, arrancada de la mente del protagonista. Se dice también, que en los ensayos de su frustrado estreno, el poeta-dramaturgo aconsejaba a sus actores: “Sólo tienes que pensar que estás en el jardín de las maravillas”. Así que pasen cinco años es un sólido montaje, en el que los jóvenes intérpretes cambian totalmente de registro, luego de las excelentes comedias que llevaron a escena dirigidas por Sofía Palomino; es un espectáculo lorquiano atípico que debe verse. Las reseñas de los otros montajes de la ENSAD estarán por aquí antes de fin de mes.
Sergio Velarde
25 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
Crítica: ZAPATOS DE CALLE
Singular texto en eficiente espectáculo
Escrita por Celeste Viale en 1999, la pieza Zapatos de calle se viene representando en el Teatro Racional de Barranco, con la producción de Cuando la luna se caiga, grupo que nos trajo el año pasado la entretenida Historias para ser contadas. Nuevamente con la dirección de Jorge Medina Moretti, la agrupación apuesta por llevar a escena autores peruanos, decisión de por sí loable, y que contribuye a demostrar que la dramaturgia peruana sí existe, especialmente este año, con un considerable número de excelentes espectáculos teatrales de autoría nacional. Zapatos de calle no es la excepción, presentándonos con bastante corrección la historia de un abogado deprimido llamado Amador, más interesado en imaginar las historias de los dueños de los zapatos impares que encuentra en la calle para luego coleccionarlos en su habitación alquilada, que en resolver sus casos asignados.
El íntimo espacio que ofrece el Racional es bien utilizado por el director, que con un sencillo diseño escenográfico, nos muestra la parametrada personalidad de Amador, representada en su modesto y ordenado cuarto. Al colocarse Amador los zapatos que ha recogido en la calle, comienza este escape de la realidad, personificando a sus dueños. Mientras, en la pared posterior de la habitación, se descubre un escondido agujero por donde alguien observa a Amador. Más tarde, aparece una misteriosa mujer de vestido rojo, que trastoca la rutinaria vida del abogado, seduciéndolo primero y después motivándolo a abandonar su espacio y a la entrometida casera. Todos estos elementos aparecen en el escenario y acaso falten definir más, ya sea ajustando la dirección de actores o acaso la dramaturgia, para entender a plenitud el mensaje de la autora.
El difícil personaje de Amador, que debe interpretar las escenas oníricas a los diferentes dueños de los zapatos que él mismo encontró, debía ser representado por un actor capaz de mantener la credibilidad durante sus largos monólogos y sostener la inusual acción dramática sin caer en la sobreactuación; en ese sentido, la elección de Sergio García-Blásquez (también actor en Historias para ser contadas) resulta acertada. Acompañan Yolanda Rojas y Verónica Miranda, en el límite del desborde para sus personajes. Zapatos de calle nos trae de vuelta el singular texto de Viale, que bien vale la pena revisitar, gracias a su digna y eficiente puesta en escena.
Sergio Velarde
18 de noviembre de 2012
Escrita por Celeste Viale en 1999, la pieza Zapatos de calle se viene representando en el Teatro Racional de Barranco, con la producción de Cuando la luna se caiga, grupo que nos trajo el año pasado la entretenida Historias para ser contadas. Nuevamente con la dirección de Jorge Medina Moretti, la agrupación apuesta por llevar a escena autores peruanos, decisión de por sí loable, y que contribuye a demostrar que la dramaturgia peruana sí existe, especialmente este año, con un considerable número de excelentes espectáculos teatrales de autoría nacional. Zapatos de calle no es la excepción, presentándonos con bastante corrección la historia de un abogado deprimido llamado Amador, más interesado en imaginar las historias de los dueños de los zapatos impares que encuentra en la calle para luego coleccionarlos en su habitación alquilada, que en resolver sus casos asignados.
El íntimo espacio que ofrece el Racional es bien utilizado por el director, que con un sencillo diseño escenográfico, nos muestra la parametrada personalidad de Amador, representada en su modesto y ordenado cuarto. Al colocarse Amador los zapatos que ha recogido en la calle, comienza este escape de la realidad, personificando a sus dueños. Mientras, en la pared posterior de la habitación, se descubre un escondido agujero por donde alguien observa a Amador. Más tarde, aparece una misteriosa mujer de vestido rojo, que trastoca la rutinaria vida del abogado, seduciéndolo primero y después motivándolo a abandonar su espacio y a la entrometida casera. Todos estos elementos aparecen en el escenario y acaso falten definir más, ya sea ajustando la dirección de actores o acaso la dramaturgia, para entender a plenitud el mensaje de la autora.
El difícil personaje de Amador, que debe interpretar las escenas oníricas a los diferentes dueños de los zapatos que él mismo encontró, debía ser representado por un actor capaz de mantener la credibilidad durante sus largos monólogos y sostener la inusual acción dramática sin caer en la sobreactuación; en ese sentido, la elección de Sergio García-Blásquez (también actor en Historias para ser contadas) resulta acertada. Acompañan Yolanda Rojas y Verónica Miranda, en el límite del desborde para sus personajes. Zapatos de calle nos trae de vuelta el singular texto de Viale, que bien vale la pena revisitar, gracias a su digna y eficiente puesta en escena.
Sergio Velarde
18 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Crítica: LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES
Dramaturgia alemana en su mejor momento
El talentoso Jorge Villanueva es el encargado de dirigir actualmente tres montajes en paralelo, hecho que además de ser curioso e inusual para nuestro medio teatral, resulta todo un reto para este joven director el conseguir la misma calidad artística lograda con El Dragón de Oro, montaje nombrado por El Oficio Crítico como el mejor del 2011. Justamente, el autor de la obra en cuestión, Roland Schimmelpfennig, es el encargado de escribir el inteligente drama Los cuatro puntos cardinales, llevado a escena por los alumnos de octavo ciclo de la Escuela de Teatro del TUC en el Centro Cultural El Olivar.
Así como en la ya mencionada El Dragón de oro, el notable escritor alemán Schimmelpfennig nos presenta escenas aparentemente aisladas, sin rumbo fijo, de cuatro personajes que se entrecruzarán al final del drama: el Hombre del Norte, que pierde la carga de su camión, consistente en globos moldeables de colores; el Hombre del Sur, que encuentra dicha carga y decide venderla disfrazándose de un insólito payaso con dos lenguas; la Camarera del Oeste, con rizos en forma de serpientes, como Medusa; y madame Oiseau, la Adivina del Este, que predice la tragedia al encontrarse estos personajes. Los textos se repiten una y otra vez, añadiendo cada vez muchos detalles sugerentes, que vuelven rica y compleja la puesta en escena.
Con un impecable trabajo de todo el elenco y una cuidada producción, precisa en cada detalle, Los cuatro puntos cardinales es un excelente montaje por sus cuatro costados; puede confundir en un inicio, pero no tarda en atrapar al espectador con sus impactantes imágenes (como la progresiva transformación del payaso de Carlos Casella) y sus diálogos y monólogos, llenos de poesía y misterio, recitados por el limpio y parejo coro de actrices. Confiamos que las otras dos obras con Villanueva como director y con textos de dramaturgos alemanes (El Feo y Parásitos de Marius von Mayenburg, en la ENSAD; y El Último Fuego de Dea Loher, en el Goethe), tengan la misma excelencia antes mencionada, consolidando el gran momento que atraviesa nuestro teatro independiente limeño, con una gran calidad en varios de sus montajes, y que dificultan la tarea de este servidor para elegir a lo mejor del 2012, en la Premiación que ya se avecina en el mes de diciembre.
Sergio Velarde
12 de noviembre de 2012
El talentoso Jorge Villanueva es el encargado de dirigir actualmente tres montajes en paralelo, hecho que además de ser curioso e inusual para nuestro medio teatral, resulta todo un reto para este joven director el conseguir la misma calidad artística lograda con El Dragón de Oro, montaje nombrado por El Oficio Crítico como el mejor del 2011. Justamente, el autor de la obra en cuestión, Roland Schimmelpfennig, es el encargado de escribir el inteligente drama Los cuatro puntos cardinales, llevado a escena por los alumnos de octavo ciclo de la Escuela de Teatro del TUC en el Centro Cultural El Olivar.
Así como en la ya mencionada El Dragón de oro, el notable escritor alemán Schimmelpfennig nos presenta escenas aparentemente aisladas, sin rumbo fijo, de cuatro personajes que se entrecruzarán al final del drama: el Hombre del Norte, que pierde la carga de su camión, consistente en globos moldeables de colores; el Hombre del Sur, que encuentra dicha carga y decide venderla disfrazándose de un insólito payaso con dos lenguas; la Camarera del Oeste, con rizos en forma de serpientes, como Medusa; y madame Oiseau, la Adivina del Este, que predice la tragedia al encontrarse estos personajes. Los textos se repiten una y otra vez, añadiendo cada vez muchos detalles sugerentes, que vuelven rica y compleja la puesta en escena.
Con un impecable trabajo de todo el elenco y una cuidada producción, precisa en cada detalle, Los cuatro puntos cardinales es un excelente montaje por sus cuatro costados; puede confundir en un inicio, pero no tarda en atrapar al espectador con sus impactantes imágenes (como la progresiva transformación del payaso de Carlos Casella) y sus diálogos y monólogos, llenos de poesía y misterio, recitados por el limpio y parejo coro de actrices. Confiamos que las otras dos obras con Villanueva como director y con textos de dramaturgos alemanes (El Feo y Parásitos de Marius von Mayenburg, en la ENSAD; y El Último Fuego de Dea Loher, en el Goethe), tengan la misma excelencia antes mencionada, consolidando el gran momento que atraviesa nuestro teatro independiente limeño, con una gran calidad en varios de sus montajes, y que dificultan la tarea de este servidor para elegir a lo mejor del 2012, en la Premiación que ya se avecina en el mes de diciembre.
Sergio Velarde
12 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
Crítica: MEDIAS NARANJAS
Discreto montaje acerca del amor y del desamor
Las relaciones de pareja siempre serán materia prima para contar mil y una historias, acerca de lo cómico o lo dramático que pueda resultar. Encontrar a esa “media naranja”, tan inubicable para muchos, provoca situaciones de todo calibre: en Medias Naranjas, del dramaturgo español Carlos García Ruiz, son siete historias cortas que hurgan en el siempre complicado terreno del amor. Teniendo como títulos Declaración, Cita, Terapia, Tentación, Conferencia, Sorpresa y Despedida, el autor propone que cada cuadro se mueva entre el drama y la comedia, con algunas sorpresas, pero sin ofrecer nada realmente nuevo y que no hayamos visto mil veces en otras producciones.
El director Rafael Mora comprende la mecánica del montaje y las tribulaciones de los personajes, consiguiendo un rendimiento parejo en su elenco del Taller Estudio de Formación Actoral ETEFA: Ernesto Ayala, Jessika Galarreta, Marieli Llerena, Claudia Mendoza, José Omar Paz, Palestina Salazar, Gustavo Seclén y el mismo Mora, a pesar de un texto poco novedoso. Tratándose de siete escenas independientes, era necesario no demorar los cambios de escena para que el ritmo no decaiga; para ello el director tiene a varios actores que podrían mover los cubos, así como apresurar las luces y el sonido. Y el humor, producto de las palabras soeces, el doble sentido y la sexualidad de algunas situaciones y personajes, podría haber sido más estilizado.
Acaso la mejor escena sea la última, en la que la misma pareja del prólogo, repite prácticamente el mismo diálogo, pero intercambiando las personalidades, destacando el trabajo de Seclén. Medias Naranjas es un discreto montaje, que bien podría replantear algunos aspectos en su producción y dirección, para ganar una personalidad propia y convertirse en una opción destacable en medio de todas las comedias románticas que aparecen en nuestra cartelera.
Sergio Velarde
11 de noviembre de 2012
Las relaciones de pareja siempre serán materia prima para contar mil y una historias, acerca de lo cómico o lo dramático que pueda resultar. Encontrar a esa “media naranja”, tan inubicable para muchos, provoca situaciones de todo calibre: en Medias Naranjas, del dramaturgo español Carlos García Ruiz, son siete historias cortas que hurgan en el siempre complicado terreno del amor. Teniendo como títulos Declaración, Cita, Terapia, Tentación, Conferencia, Sorpresa y Despedida, el autor propone que cada cuadro se mueva entre el drama y la comedia, con algunas sorpresas, pero sin ofrecer nada realmente nuevo y que no hayamos visto mil veces en otras producciones.
El director Rafael Mora comprende la mecánica del montaje y las tribulaciones de los personajes, consiguiendo un rendimiento parejo en su elenco del Taller Estudio de Formación Actoral ETEFA: Ernesto Ayala, Jessika Galarreta, Marieli Llerena, Claudia Mendoza, José Omar Paz, Palestina Salazar, Gustavo Seclén y el mismo Mora, a pesar de un texto poco novedoso. Tratándose de siete escenas independientes, era necesario no demorar los cambios de escena para que el ritmo no decaiga; para ello el director tiene a varios actores que podrían mover los cubos, así como apresurar las luces y el sonido. Y el humor, producto de las palabras soeces, el doble sentido y la sexualidad de algunas situaciones y personajes, podría haber sido más estilizado.
Acaso la mejor escena sea la última, en la que la misma pareja del prólogo, repite prácticamente el mismo diálogo, pero intercambiando las personalidades, destacando el trabajo de Seclén. Medias Naranjas es un discreto montaje, que bien podría replantear algunos aspectos en su producción y dirección, para ganar una personalidad propia y convertirse en una opción destacable en medio de todas las comedias románticas que aparecen en nuestra cartelera.
Sergio Velarde
11 de noviembre de 2012
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