sábado, 29 de abril de 2017

Crítica: SOMOS LIBRES

La caótica libertad creativa

Estrenada discretamente en el ICPNA de Miraflores el año pasado, la puesta de Somos libres de la Asociación Cultural Winaray goza de un rápido reestreno gracias a la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD), en donde el joven autor y director Cristian Lévano nuevamente explora a sus anchas las diversas posibilidades que dispone para llevar a escena sus desconcertantes textos de costumbre, pero siempre con total libertad creativa. Desde su debut en ¿Qué hiciste Diego Díaz? (2008), Lévano ha explorado la complejidad del ser humano buscando retratar en sus historias, muchas de ellas servidas con un delirante humor negro, nuestras propias debilidades y frustraciones para encontrar luego la manera de corregirlas y potenciarlas. Así llegaron Dana (2009), Francisco (2010), El misterioso asesinato de You Payaso (2011) y Me toca ser el nene esta noche (2016), sin contar sus aventuras teatrales para toda la familia.

En Somos libres, el argumento es el sencillo pretexto para que Lévano elabore una corrosiva puesta en escena, que equilibra sin mucho desborde la sórdida y estilizada atmósfera en la que se mueven los siniestros personajes: cinco decadentes y delirantes seres que intentarán ser “libres” a través de un pacto anual que consiste en la muerte de uno de ellos, dentro de una paupérrima y esperpéntica vivienda. A la cabeza, la Madre castrante e infernal que arrea a sus anchas al parlanchín Anselmo, al inquietante Lisandro, al confundido Esperanzo y a una Niña que estará destinada irremediablemente a continuar su legado. Mientras el tiempo corre imparable, el grupo se dedica a discutir sádicamente sobre la elección idónea de la próxima víctima, aquella que alcanzará la tan ansiada “libertad”, en medio de perturbadores encuentros sexuales, canibalismo y algunos aberrantes hábitos como beber orines y tragar excrementos.

Como ya es costumbre, la Sala ENSAD permite apreciar un admirable diseño de producción, que encuentra la imposible belleza dentro del sucio caos escénico, con un ritmo que no decae y llega sin tropiezos a su inexorable final. Participan en este reencuentro de Winaray, actores que fueron parte del colectivo en sus primeros años como Henry Sotomayor (de ¿Qué hiciste Diego Díaz?) y Gabriela Chero (de Francisco), junto a los más recientes como Sergio Ota (Me toca ser el nene esta noche), Yuri Cárdenas y Juan Gerardo Delgado (de El oso de abril, 2016), así como la novel Kelly Carrillo, quien interpreta a una suerte de surrealista cadáver marioneta. Somos libres, acaso la puesta más libérrima, innovadora y arriesgada de Winaray, exuda una exuberante personalidad propia en medio de desperdicios e inmundicias.

Sergio Velarde
29 de abril de 2017

jueves, 27 de abril de 2017

Estreno: SALVADOR

TEATRO FAMILIAR

Presenta el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico
Dirección: Fernando Castro / Concepto: Eduardo Ramos
Dramaturgia: Federico Abrill, Alexa Centurión, Eduardo Ramos

La obra se estrena el sábado 06 de mayo en el Teatro de la Universidad del Pacífico.
Las entradas están en preventa en Teleticket.
Las funciones son los sábados y domingos a las 4 p.m.

El Centro Cultural de la Universidad del Pacífico y La Nave Producciones presentarán, desde este sábado 06 de mayo, el espectáculo familiar Salvador. Las funciones serán todos los sábados y domingos a las 4:00 p.m.

La obra cuenta la historia de un grupo de niños que no encajan en las convenciones sociales de lo que se considera normal. A través de la puesta en escena, conoceremos su mundo, sus sentimientos y su vínculo con el mundo adulto. Este último está representado por excéntricos maestros, quienes realizan denodados esfuerzos para que estos niños sean “normales”. Los profesores llevan a cabo esa tarea con especial empeño porque tienen la plena convicción de que están haciendo lo mejor para los niños.

Salvador, un famoso y exitoso arquitecto, ha sido convocado para unir dos pueblos separados por un río. Dicho encargo se torna complicado, pues la presión que ambos pueblos ejercen para resolver su problema lo frustra. En medio de unas disputas, Salvador termina cayendo al río. Ahí se sumerge mágicamente en una etapa de su vida que lo marcó para siempre: su niñez. Se encuentra con amigos de la infancia en su colegio, que están castigados por diferentes motivos, pero pronto descubren que no existe una sola forma de resolver las cosas y que juntos podrán solucionarlas.

El elenco se encuentra compuesto por Montserrat Brugué, Andrea Fernández, Eduardo Ramos, Lilia Romero y Diego Sakuray. La obra se estrena el sábado 06 de mayo a las 4:00 p.m. en el Teatro de la Universidad del Pacífico, ubicado en Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María. Las entradas se encuentran a la venta en Teleticket a partir del 17 de abril.

INFORMACIÓN IMPORTANTE
Estreno: sábado 06 de mayo de 2017.
Temporada: del sábado 06 de mayo al domingo 16 de julio de 2017.
Días de función: sábados y domingos a las 4:00 p.m.
Lugar: Teatro de la Universidad del Pacífico ubicado en Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María.
Venta de entradas: Teleticket de Wong y Metro, y los días de función, en la boletería del teatro.
Inicio de preventa: lunes 17 de abril.

PRECIOS DE ENTRADAS Y PROMOCIONES:
Entrada general: S/. 40.00
Niños, estudiantes y jubilados: S/. 20.00

Preventa general: S/. 25.00

Para mayor información, contactarse con:
Carla Revilla | 971448388| carlarevilla@gmail.com

Rony López Mija | 947 158 956 | ronymija@gmail.com

martes, 25 de abril de 2017

Crítica: LUZ DE GAS

A la tercera va la vencida

Luego de dejarnos desconcertados en su irregular debut en nuestro país, con una apócrifa adaptación llamada Lima Laberinto XXI (2015) y de regalarnos, posteriormente, dos antológicas actuaciones en otro atípico montaje llamado Clausura del amor (2016), el español Darío Facal vuelve a hacer de las suyas, dirigiendo esta vez una pieza clásica como lo es Luz de gas (1938) del británico Patrick Hamilton, que llegara a la pantalla grande en dos oportunidades: en 1940, dirigida por Thorold Dickinson; y en 1944, dirigida por George Cukor y protagonizada por la notable Ingrid Bergman, quien ganó por ella su primer Oscar. La mención de las adaptaciones cinematográficas no es impertinente: Facal, dentro de su puesta en escena, le rinde tributo a la versión fílmica en una decisión que, como para no perder la costumbre, dividirá opiniones y creará polémica.

Como ya es sabido, “luz de gas” hace referencia al muy efectivo método psicológico de acoso, basado en la malvada manipulación de la realidad, que consigue que la víctima dude de sus sentidos y razonamiento, y por consiguiente, de su propia voluntad. Método que emplea Jack Manningham (Javier Valdés) para volver loca a su esposa (Lucía Caravedo, musa de Facal en nuestro país), quien escucha inexplicables ruidos en el ático, a su vez que pierde misteriosamente objetos personales dentro de su habitación. Testigos del progresivo deterioro mental de la mujer, las sirvientas Nancy (Stephanie Orúe) y Elizabeth (Delfina Paredes), dentro de la casa; y el inspector Rough (Alfonso Santiestevan) con el sargento Cobb (Eduardo Camino), fuera de ella. La tensión de la obra se mantiene gracias al brillante aprovechamiento del espacio que ofrece el Teatro Británico y a los aciertos en la producción y dirección artística, así como a las impecables actuaciones del elenco.

Se mencionó anteriormente que Facal le rinde tributo a la versión para cine de Luz de gas, tal como lo escribe en el programa de mano: “Me resultaba imposible eludir la intertextualidad que un texto como este establece con la tradición cinematográfica de la que es deudora y añadir así otro nivel de lectura y complejidad al montaje”. Pues bien, el irreverente Facal inicia su espectáculo proyectando un fragmento inicial de la cinta de Dickinson ¡sobre los mismísimos Valdés y Caravedo, mientras actúan sobre el escenario la misma escena proyectada! Además, diversos fragmentos son insertados a lo largo de la puesta, en una arriesgada decisión que puede ya sea distanciar al espectador (que puede tomar la obra como una simple teatralización de la película) o convertir al presente montaje en una delicia visual con visos de genialidad. Este tercer proyecto de Facal no solo alerta oportunamente sobre una problemática tan actual que afecta a la mujer, sino que acaso redime a su director con un muy interesante montaje. Luz de gas confirma que a veces, a la tercera va la vencida.

Sergio Velarde
25 de abril de 2017

sábado, 15 de abril de 2017

Crítica: PENÚLTIMA COMEDIA INGLESA

Siempre engañan las apariencias

Los juegos de roles siempre han estado presentes en el teatro, desde Las criadas (Jean Genet, 1947), en donde las hermanas Claire y Solange asumen el personaje de la señora para la que trabajan; hasta Cuento del hombre que vendía globos (Gregor Díaz, 1975), en el que dos mendigos fingen ser aristócratas para burlar a la castrante autoridad, por citar dos ejemplos. Pues bien, orientados hacia la comedia mezclada con perversión sexual, estos juegos son los grandes protagonistas en Penúltima comedia inglesa (Marco Antonio de la Parra, 2013) estrenada como parte del Festival Directores en Acción del Centro de Formación Teatral Aranwa el año pasado y reestrenada posteriormente en el Club de Teatro de Lima, siempre con la dirección del novel Sergio Anchiraico.

Presentada en teatro circular, Penúltima comedia inglesa no deja adivinar su sinopsis con facilidad. Inicia con Carlos (el señor de la casa) intentando seducir a Rita (la criada). Sin embargo, a los pocos minutos los roles cambian: es ahora Irma (la señora de la casa) la que coquetea con Jaime (el mayordomo). Pero luego nos enteramos que toda esta situación no es más que una nueva farsa. Entonces, la única verdad que podemos inferir a manera de sinopsis, por las palabras que ellos mismos dicen y como señala en su reflexión Piero Miovich, es que una mujer y un hombre, en continuo juego sexual de roles de amos y sirvientes, conviven en una aislada mansión en Inglaterra, en medio de un estado de emergencia y caos, con mendigos acechando en las calles y personas que, por alguna extraña razón, se encuentran en el  sótano.

El montaje enreda adrede al espectador, en medio de paranoia, tortura y fetichismo, mientras que cada uno de los personajes busca tener el control de la situación. Pero Anchiraico además, hace hincapié en la crítica que señala el también autor de El continente negro (1994) hacia la clase alta y sus ridículos comportamientos y caprichos, así como a las apariencias que deben seguirse para ocultar la propia decadencia, como cuando Ella y Él buscan excusas para no ser vistos al salir para buscar provisiones. Bien Paco Caparó, diferenciando sus personajes con mucha precisión; y muy bien Ursula Kellenberger, llevando siempre al límite su trabajo interpretativo. Notable el detalle de las marcas en la pared al final, para enterarnos que la representación que acabamos de presenciar no fue (ni acaso será) la última. Producida por Idea Original, Penúltima comedia inglesa maneja diestramente su contenido cruel y erótico, regalándonos un entretenido espectáculo que podría aparentar ser meramente superficial, pero que es en realidad una dura crítica hacia nuestra risible idiosincrasia.

Sergio Velarde
15 de abril de 2017

viernes, 14 de abril de 2017

Crítica: LA EDAD DEL EXILIO

Frustraciones y crisis adolescentes

Escrita por el dramaturgo alemán Frank Wedekind, Despertar de primavera (Frühlings Erwachen, 1891) fue un drama que generó polémica en su momento, debido a una trama protagonizada por adolescentes envueltos en crisis existenciales, sexo y suicidio, dentro de una sociedad conservadora y castrante en el siglo XVIII. Esta “tragedia infantil” (catalogada así por su autor) inspiró también un popular musical en Broadway (Spring Awakening, 2006), espectáculo traducido y montado con regularidad en todo el mundo. Para su primer proyecto teatral,  la productora Gato Volador y su joven director Flavio Giribaldi se encargan de la reescritura del texto original de Wedekind ambientada en tiempos modernos para el estreno de La edad del exilio. Se trata de una decisión para nada descabellada, ya que nos encontramos, actualmente como sociedad, inmersos en una coyuntura de necesario cambio, en la que se enfrentan los valores tradicionales frente a los justos reclamos de reforma social.

Giribaldi, a quien vimos como Lorca en España 36: Bodas de sangre (2015), conduce sin mayores tropiezos la historia y bosqueja bien a sus ocho personajes principales, todos ellos jóvenes adolescentes en constante búsqueda y presas de sus pasiones y frustraciones, en el escenario del teatro Mocha Graña: el youtuber Max (Miguel Dávalos, a quien vimos en la notable Luz oscura), la ingenua Wendla (Daniela Trucíos, de Tiernísimo animal/La luz de la lluvia), el angustiado Mauricio (Eric Otero, de Los perros), la despreocupada Ilse (Paula Zuzunaga, de El alma buena de Zsechuán), el aplicado Otto (Daniel Menacho), la engreída Thea (Deborah Baquerizo), la rebelde Marta (Marjorie Roca) y el atrevido Hans (Alejandro Pérez).

Al igual que en Bare: Expuestos (2014), otra puesta de temática similar, ciertos personajes y sus respectivas historias dejan algunos cabos sueltos. Sin embargo, muchas escenas dentro del montaje resultan perturbadoras y contundentes, especialmente las de Dávalos y Trucíos. Los adultos dentro de la historia, como los padres y profesores de los muchachos, son interpretados limpiamente por Daniel Suárez y por una enérgica Lilian Schiappa-pietra. Las luces, escenografía y utilería utilizada en la puesta pueden afinarse a lo largo de la temporada. A pesar del abrupto final y de lucir algunos actores algo mayores para interpretar adolescentes, La edad del exilio sí que depara algunos buenos y sentidos cuadros de decepción y confusión en la pubertad, respetando así la fuente original de Wedekind y logrando un auspicioso debut del colectivo Gato volador.

Sergio Velarde
14 de abril de 2017

lunes, 27 de marzo de 2017

Crítica: JÓVENES A LA OBRA

Cuando los jóvenes toman las riendas de la creación

Hay diferentes maneras de motivar a los jóvenes a mirar hacia dentro de ellos mismos para que conozcan y/o reconozcan los talentos que tienen, pero cuando ese viaje personal se da en el ámbito del teatro y, más aun, de la dramaturgia (disciplina que a mí mismo me tiene en una constante búsqueda), es inevitable para mí sentir emoción y expectativa por lo que el futuro nos deparará.

Este fin de semana tuve la oportunidad de ver el trabajo de más de diez adolescentes de la zona de Ventanilla llamada Pachacutec, y era un trabajo que no solo consistía en actuar sino que ellos mismos eran los creadores de las historias que orgullosamente nos mostraron.

Es por eso que hoy no estoy escribiendo aquí para opinar sobre la calidad de dichas obras o sobre el nivel de actuación; todos son muy jóvenes y están en franco proceso de aprendizaje. Hoy quiero contarles a todos los que lean estas líneas que hay un grupo de chicos y chicas que apenas han dejado la niñez y que no tienen temor de compartir con el mundo un poco de la realidad que los rodea, realidad que, posiblemente, sea un poco más dura de lo que nos tocó vivir a muchos de nosotros.

Por eso, no creo que sea algo gratuito que varias de las historias mostradas hayan tenido que ver con violencia sexual, traiciones (entre amigos, parejas y también familiares), y hasta un caso de violencia doméstica en donde la mujer nunca supo decirnos si perdonaba o no al abusador.

Como podemos ver, este es uno de esos casos en que el arte realmente cumple su máximo objetivo: el cambiar vidas, y hay que agradecer el trabajo de los profesionales y las instituciones que permiten que estos jóvenes tengan la oportunidad de poder crecer y poder creer que el teatro es una opción real de desarrollo social y personal. Gracias a la directora del montaje, Ximena Arroyo, al dramaturgo Carlos Portugal, guía de los artistas y a la ONG Pachayoung.

Esperaremos con entusiasmo lo próximo que estos artistas tengan para mostrarnos.

Daniel Fernández
27 de marzo de 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

Crítica: ¡COMPRE, CASERA, COMPRE!

La vida después de la escuela

La mayoría de las veces que voy a ver la muestra final de un taller, empiezo a pensar con cuidado respecto a lo que veré. Vienen a mí las ideas que me dicen que “es una muestra”, “no es un montaje de verdad”, y todo para justificar de antemano el producto que veré, el mismo que, estoy seguro, tendrá fallas originadas (y permitidas), justamente por ser una muestra final. No sé cuán válido sea este pensamiento, ya que si alguien se atreve a mostrar al público (y más aún, si vas a cobrar por ello), debe de ser porque estás seguro que mostrarás un buen producto y no porque sabes que contarás con la indulgencia del “respetable”, pero el hecho es que el pensamiento existe.

Eso fue lo que me pasó cuando fui a ver la obra “¡Compre, casera, compre!”, montaje final de la Promoción XI del Centro de Formación Teatral Aranwa, y que si bien contaba con el gran aval de haber sido escrita por Mateo Chiarella y dirigida por Jorge Chiarella, aún seguía siendo la muestra de un grupo de jóvenes entusiastas que sueñan con actuar profesionalmente.

Sin embargo, esta vez no hubo ni comprensión ni indulgencia, porque lo que vi estaba en un nivel bastante más alto que algunos montajes profesionales que me han tocado ver. Y es que ¡Compre, casera, compre! no sólo resultó siendo una obra fresca y divertida, hecha para que sus cinco actores tengan la oportunidad de demostrar sus dotes artísticas, sino que también es una obra que critica a la sociedad consumista en la que vivimos, y que nos mostró a través de su ficción el dolor del feminicidio, la ignorancia y la soledad.

Para esto, la obra nos cuenta lo que ocurre cuando, un día y sin previo aviso, a un caserío del norte del país llamado Santo Potón, llega un vendedor inescrupuloso, quién se aprovecha de los pobladores y les hace endeudarse hasta perder todo lo que tienen, siendo esta situación la detonante para que otras desgracias empiecen a ocurrir.

Dicho esto, me voy a enfocar en los puntos más positivos de esta obra: Primero, ha sido trabajada como una real obra de teatro y no como una muestra y el lenguaje usado para comunicar su mensaje (texto, canto y baile) ha sido muy efectivo, dando como resultado una obra coherente y muy bien hecha. Segundo, las actuaciones han sido buenas y nos han mostrado la versatilidad de los participantes. Tercero, hemos conocido personajes realmente queribles (el inocente y enamorado Gabriel es el mejor ejemplo). Cuarto, dramatúrgicamente es una obra que no se quedó en la forma, sino que realmente tenía algo importante que decir, criticando a la sociedad en diferentes temas.

Es cierto que hay puntos que arreglar, especialmente en el primer acto, pero realmente disfruté mucho de esta obra y me emociona pensar en lo que estos actores harán en el futuro. Espero que venga la reposición.

Daniel Fernández
25 de marzo de 2017

jueves, 23 de marzo de 2017

Crítica: FINANCIAMIENTO DESAPROBADO

Visibilizando la falta de comunicación

La memoria, las maneras de pensar y de comportarse son las principales afectadas por la enfermedad cerebral llamada Alzheimer, la forma más común de la demencia. Pero ni el autor Tirso Causillas ni la directora Nani Pease parecen centrarse exclusivamente, dentro del montaje de Financiamiento desaprobado en el MALI, en el personaje afectado por dicho mal dentro de la obra en cuestión, sino en las relaciones que se generan entre este puñado de personajes incapaces de comunicarse entre ellos mismos, enfermos o no: la esposa alcohólica (Lilian Nieto), la tía histérica (Sylvia Majo), el amigo despreocupado (Sammy Zamalloa), el policía fanfarrón (Emmanuel Caffo) y el hijo confundido llamado Julián (el mismo Causillas),que poco a poco se derrumba frente al deterioro mental de su padre (Carlos Victoria), obsesionado por conseguir el ahora imposible financiamiento para un proyecto que beneficiará a todos, y del cual Julián es responsable sin pretenderlo.

Ganadora del Festival Sala de Parto 2014, Financiamiento desaprobado parte de una premisa interesante: asistimos a una puesta en escena en desorden temporal, que es presentada en primera persona por Julián, personaje que afirma dedicarse al teatro. Y todo el montaje en sí se parece demasiado al protagonista teatrero, una vez que lo vamos conociendo, a él y a su padre sin memoria ni brújula que lo guíe en el día a día, dentro de aquella habitación en completo caos con botellas de plástico llenas de la orina del enfermo. La pérdida del padre y su posterior búsqueda hacen estallar todo el drama, que se estanca de manera ingeniosa en el día 40. Pease condensa hábilmente todos los espacios (la casa, el parque, la comisaría, el acantilado y demás) en un mismo escenario, acaso de manera atiborrada pero en total coherencia con el estilo de Julián, muy posible "director" de lo que vemos. Inclusive el uso de los celulares queda desechado en los primeros minutos de cada escena, cuando los personajes los guardan para simplemente seguir el diálogo cara a cara, así se encuentren a kilómetros de distancia, como la madre refugiada en España. Violentos y atropellados diálogos (como en la vida misma), que delatan la completa falta de comunicación entre los personajes, enfermos no de Alzheimer, pero sí de mucho egoísmo.

El texto de Causillas consigue además, personajes muy bien esbozados que se dirigen al público cada uno en su momento, en monólogos muy bien trabajados por el elenco. Las experimentadas Nieto y Majo lucen sólidas y precisas, mientras que Zamalloa y Caffo aportan los bienvenidos toques de humor que un texto tan dramático reclama. Causillas (como lo hizo también en Como castigo por mis pecados, de su propia autoría) compone a un Julián lleno de temores y frustraciones, pero profundamente humano. Mención aparte para la sobresaliente actuación de Victoria, quien consigue un antológico personaje, retratando fidedignamente al disparador del impacto que causa el Alzheimer en familias disfuncionales que no están preparadas para enfrentarlo. Financiamiento desaprobado, producido por Otro/Colectivo Teatro, no solo sí aprueba sobradamente como espectáculo teatral, sino que viene acompañado por un valioso proyecto de investigación e intervención, a cargo de la directora Pease, para buscar la pertinente reflexión sobre este tema tan necesario de visibilizar.

Sergio Velarde
23 de marzo de 2017

lunes, 20 de marzo de 2017

Crítica: A PUERTA CERRADA

Resultados entreabiertos

No, señor(a). Usted no se equivoca. La foto es de la nueva versión del clásico de Sartre, A puerta cerrada (Huis clos, 1944), que viene presentándose en el Teatro Racional de Barranco.

Texto de importancia capital, A puerta cerrada constituye acaso el pico más alto de la genialidad del autor existencialista francés, quien se dio el lujo de rechazar, por sus profundas convicciones, el Premio Nobel de Literatura en 1964. Las complejas ideas de Jean-Paul Sartre, en plena Segunda Guerra Mundial, podrían considerarse como esenciales preocupaciones existencialistas plasmadas en su obra, como por ejemplo, que son nuestros actos y no nuestros pensamientos los que determinan nuestra esencia; o de que es la mirada de los otros la que finalmente nos puede salvar o condenar, y contra ella no valen las justificaciones con las que intentamos engañarnos a nosotros mismos: un concepto que se revela maravillosamente en aquella frase para el recuerdo: "L'enfer, c'est les Autres" o “El infierno son los otros".

Sartre nos presenta en A puerta cerrada su propia versión del infierno: uno particularmente burocratizado, lleno de pasadizos y habitaciones. Hasta allí llegan Garcin, Inés y Estelle, quienes son conducidos por un misterioso mozo a un salón estilo Segundo Imperio, que cuenta con tres muebles, una estatua de bronce sobre una chimenea y un cortapapeles. Sin poder salir, el trío no hace otra cosa que hablar unos con otros, mientras observan a través de las paredes cómo sus familiares y amigos se olvidan de ellos. Allí descubrirán que son pecadores y que están condenados por toda la eternidad. Garcin es un cobarde que traicionó sus ideales y maltrató a su mujer. Inés es una lesbiana que indujo a la muerte a sus seres queridos. Y Estelle ha matado a su hija, engañado a su esposo y necesita la urgente compañía de un hombre. Los protagonistas de A puerta cerrada resultan ser sus propios verdugos en aquel claustrofóbico y sofocante lugar. Lamentablemente, la actual puesta en escena (o adaptación) no le hace justicia a un texto de semejante calibre.

De acuerdo a la nota de prensa, esta nueva actualización de la obra de Sartre busca incidir en la necesidad del hombre actual por tener una identidad individual, en medio de la globalización y el internet; pero este concepto es apenas perceptible, dentro de la desordenada estética elegida por el director. Convertir al salón en un aula de escuela inicial actual (con piso de rompecabezas de colores incluido) y al mayordomo en una niña, interpretada por la actriz Angie Cuba (¿acaso no hay niñas actrices  en la capital?), resulta inexplicable o no aporta nada concreto al objetivo mencionado, como tampoco que Garcin aparezca desmayado en el piso antes de empezar el montaje y los demás personajes, por la puerta; o que la niña aparezca intermitentemente a lo largo de la puesta; o que el momento cumbre, cuando la puerta por fin se abre y nadie decide salir, pase completamente desapercibido. Por otra parte, falta coherencia en los vestuarios (especialmente, el de Inés frente a los otros dos) y en el maquillaje. Los cambios de luces son apenas perceptibles y deben afinarse. 

Los actores Mirtha Ibañez, Carla del Solar y Yamil Sacin lucen, al menos, encaminados (especialmente las damas), pero ninguno logra darle el peso requerido a estos tres antológicos personajes, que serían un regalo para cualquier actor experimentado. El siempre ocupado Manuel Trujillo, que venía de dirigir el año pasado la irregular Entre dos puertas (puesta con temática similar), sí arriesga en esta A puerta cerrada, pero nuevamente deja un montaje con resultados medianos y entreabiertos, dentro de las enormes posibilidades que prometía este texto del siempre genial Sartre.

Sergio Velarde
20 de marzo de 2017

Entrevista: ALFONSO DIBOS

“Hay que despertar nuestra sensibilidad”

El amor es un bien (2016), una interesante adaptación de Tío Vania de Antón Chéjov a cargo del argentino Francisco Lumerman y estrenada en la Alianza Francesa de Miraflores por el colectivo Hermanas Lamancha, sirvió para regalarnos un puñado de sentidas actuaciones por parte de su elenco. Uno de los intérpretes en cuestión, Alfonso Dibos, fue reconocido por el jurado del Oficio Crítico como el mejor actor de reparto en la categoría Drama, por su conmovedora y contenida actuación. “Empecé tarde en el teatro”, afirma Alfonso. “Estudié Economía en la Universidad del Pacífico y trabajé en la tesorería de un banco por cuatro años”. Si bien es cierto tiene familiares que se dedican a la música o a la actuación, su familia nuclear no es artista. Un día, Alfonso vio una entrevista en televisión al actor Liam Neeson. “Me pregunté cómo sería esa ‘chamba’. A mí siempre me había gustado el cine y me daba mucha curiosidad cómo sería eso de ser actor”.

Un amigo de Alfonso, el actor y director Sergio Llusera, le recomendó seguir un taller en la escuela de la destacada bailarina y coreógrafa Mirella Carbone, para iniciarse en danza clásica. “Mi ignorancia era tan grande que no tenía una idea clara de lo que era la danza clásica. Llegué a mi primera clase y había tres chicas en vestido de tutú, recién en ese momento descubrí que eran clases de ballet. Y lo disfruté. Durante los últimos tres meses de mi trabajo como gerente de ventas de tesorería en el banco, me escapaba dos veces por semana un poco más temprano para ir al ballet. Los martes y los jueves. Las clases estaban a cargo de la profesora Lorna Ortiz. Tenía 25 o 26 años”. Alfonso cree que su corto paso por la danza clásica abrió una puerta importante para su formación como actor. “En todo caso fue beneficioso para mí, ya que entendí que el cuerpo se podía mover de otra forma. Se despertó en mí una sensibilidad que estaba algo adormecida, que seguro todos tenemos, pero que debemos hacer algo para despertarla”.

Los maestros y Lumerman

Nuevamente Llusera ayudó a Alfonso a prepararse para ingresar al TUC. Una vez dentro, tuvo la fortuna de tener un impresionante grupo de profesores que fueron puliendo su talento. “Definitivamente Alberto Isola ha sido mi maestro emblemático, no solo porque era el director de estudios del centro de formación en aquel entonces, sino que tuvo a su cargo 4 de los 8 cursos de actuación de la carrera. Aprendí mucho de Alberto, también de Marisol Palacios y de Coco Chiarella, quien me dirigió en mi primer montaje profesional, Enrique V”. La puesta en cuestión, una notable revisión moderna del clásico de William Shakespeare, le permitió a Alfonso demostrar sus habilidades interpretativas, al lado de un versátil elenco, que incluía al mismo Isola, Bruno Odar, Salvador del Solar y Wendy Vásquez. “También tuve de profesor a Gianfranco Brero, con quien hicimos un curso de actuación para la cámara; y debo reconocer que fui un mal alumno de Ruth Escudero, no me porté muy bien, yo estaba en conflicto conmigo mismo, terminé siendo un dolor de cabeza para ella”, reconoce.

“Hermanas Lamancha nace de las ganas de Valeria Escandón (socia y pareja de Alfonso) y mías de hacer el teatro que nos provocaba”, menciona Alfonso, que asegura además ser consciente de que prefiere no sentarse a esperar el llamado de los directores, sino salir a buscarlos. “Valeria venía de haberse formado en Londres y todo el tiempo le metieron en la cabeza que uno debe crear su propia compañía”. El estreno de El amor es un bien, primera producción de Hermanas Lamancha, fue inicialmente el resultado del taller de tres días que llevó Alfonso con Francisco Lumerman en Lima, durante el festival de Sala de Parto 2014. “Fue un gran acontecimiento para mí, un abrir los ojos a una manera más simple de aproximarse al trabajo del actor en el escenario”. Valeria y Alfonso fueron con un grupo de amigos a buscar a Lumerman en Argentina e hicieron un taller por allá. La propuesta para otro taller en Lima no se hizo esperar y de vuelta en nuestra capital surge la oportunidad de realizar una temporada. Así llegó a la Alianza Francesa El amor es un bien. “Ensayamos para la obra con horarios parecidos a los de colegio, bloques fijos de 6 horas, de lunes a viernes”, recuerda.

¿Pero qué hace a Francisco Lumerman un director tan especial? “Todos los directores tienen su manera y estilo particulares. Lo que a mi me llamó la anteción en él es que no trabaja para un resultado”, explica Alfonso. “No es que tiene la obra en la cabeza y quiere que se haga así, sino que realmente usa los ensayos para eso, para ensayar, para buscar. Es decir, había una verdadera apertura para probar, sin presión de que algo funcione desde el día uno”. Alfonso añade que probar en escena es parte del trabajo del actor y la idea es probar las cosas sin imponer una emoción. “Él deja que todo vaya naciendo de a pocos. A veces los actores preguntamos por dónde van a ser las entradas o las salidas, o cómo va a ser la iluminación. Eso al él no le importaba, ya veremos en el teatro decía. Su enfoque estaba puesto en lo que pasaba entre esas personas que estaban en escena, en lo que esas personas sentían en ese momento, mientras ensayábamos. Fue un proceso placentero, divertido, con algunas frustraciones claro, pero hasta eso era agradable”.

De esta forma de trabajo es que salió el nombre de los talleres que organizan con Francisco Lumerman en Lima, “Actuar sin actuar”. La base es escuchar de verdad al compañero, estar de verdad, sin representar que haces algo, sino hacerlo de verdad. Sin actuarlo, sino hacerlo. “La idea es que el público deje de ver al actor y vea a la persona. Que en lugar de que el público salga comentando sobre la técnica y las habilidades del actor, salga preguntándose si estaba actuando o si es así de verdad. Por eso queremos que Francisco siga regresando a Lima, para seguir aprendiendo”.

Artes escénicas y proyectos

Consultado sobre cómo debería ser un buen actor de teatro, Alfonso responde con cautela. “La experiencia es de gran ayuda, por eso hay que trabajar y trabajar”, afirma. “Algo que creo es muy importante es luchar contra el ego. Es muy aburrido ver a un actor con el ego inflado, que solo está en el escenario para que lo vean, para demostrar lo bueno que es. Creo que debemos ir en el camino contrario a eso, trabajar para desinflar nuestros egos, y que se nos vea como somos en verdad”. Añade además que es importante que un actor esté relajado en escena. “Ver a un actor con tensión en el escenario no me gusta. No me gusta darme cuenta de que se están imponiendo las emociones”. Por otro lado, comenta que un buen director de teatro debe “escuchar lo que ocurre en el escenario, debe ser apasionado y tener algo que decir”. Agrega que incluso si la obra esta dirigida por encargo, el director puede “hacerlo con pasión y para eso encontrar de qué le habla a él o ella esa obra. Finalmente para los actores es igual, la mayoría de los personajes que uno hace son por encargo, pero debemos encontrar el vínculo que ese personaje tiene con nosotros”.

Alfonso se encuentra en plena temporada en el Teatro de Cámara del Centro Cultural El Olivar de San Isidro, con la dirección de Pancho Tuesta y la producción de Break Producciones. “La obra se llama Una relación pornográfica. Es la historia de un hombre y una mujer que se conocen por medio de un anuncio de prensa, en el que ella solicita a alguien que esté dispuesto a cumplir una fantasía sexual muy particular. Lo que empieza como algo solo sexual, se va convirtiendo en otras cosas”. A pesar del osado título que tiene la pieza, no asistiremos como espectadores a sus encuentros íntimos, solo a lo que sucede antes y después de los mismos. “Actúo con Vanessa Vizcarra, los ensayos fueron increíblemente divertidos, sinceros y libres. Y la estamos pasando muy bien en la temporada”. En paralelo, Alfonso se dedica a desarrollar los proyectos de Hermanas Lamancha. “Tenemos un taller de clown en abril dictado por Valeria Escandón, y tres talleres de actuación bajo el título ‘Actuar un Shakespeare’ que va a dictar la maestra argentina Laura Silva, en tres niveles. Uno para principiantes, otro para actores que ya tienen formación, y otro para actores con mucha experiencia”, concluye.

Sergio Velarde
20 de marzo de 2017