martes, 31 de julio de 2012

Crítica: ATEMPERADOS


Colorido espectáculo con carta blanca

Difícil tarea la de reseñar un espectáculo como Atemperados. Y es que este montaje dirigido por Fidel Melquiades (creador escénico con formación en Yuyachkani) es ubicado por su director en la frontera de la pintura, la danza, el teatro y la performance. Sin embargo, creemos que es más lo segundo que otra cosa, ya que el par de actores que aparecen en el escenario utiliza únicamente su corporalidad y algunos elementos en el espacio para contarnos su historia. O tal vez, no; la coartada de la supuesta búsqueda de un lenguaje escénico para capturar la atención del espectador le da carta blanca a Atemperados para ser un espectáculo anárquico, en el que todo vale para generar sensaciones en el público. Y ése es un punto muy discutible, que puede desembocar en una inacabable polémica: ¿acaso todos las obras de teatro deben entenderse o transmitir una historia clara y comprensible? Pues, si Atemperados buscaba sólo llamar la atención del público durante su ejecución, entonces se convierte en un triunfo innegable; pero si acaso buscaba dejar algún mensaje al espectador a lo largo de su historia, pues la densa niebla que le imprime su director (materializada en el constante uso de la máquina de humo), impide cualquier intento de descifrar el porqué de la existencia de este montaje.

La base para la narrativa de la obra (según el programa de mano) recae en las diferentes texturas de los materiales de la pintura, pero este detalle nunca llega a ser explícito del todo. Salvando las distancias, un montaje similar como Hebras del grupo Cuer2, mucho más experimental y radical, con dos mudos actores en máscaras en el escenario vacío, lograban transmitir con absoluta claridad el mensaje de su puesta en escena. En el presente montaje, los actores Roger Sáenz y Anthony Mayo ejecutan su ritual escénico con absoluta convicción, pero sólo consiguen emociones y sensaciones aisladas en el espectador, ya que se hace imposible seguir la historia, si es que existe. Sólo quedan las impecables imágenes, pero carentes de subtexto. Acaso algunos cuadros, como el personaje frente a un gran lienzo en el que aparece el mar y los continuos saltos a través de los supuestos espejos, intentan dejar en claro que nos hallamos frente a un artista (o acaso dos, o padre e hijo, o n opciones) que explora su mundo interior. Las vendas manchadas de sangre que los intérpretes se retiran del cuerpo antes de quedar completamente desnudos, parecieran indican que las heridas sanan cuando el ser humano realiza una propia introspección. Acaso sea eso. Pero el resto del montaje se pierde en inconexas secuencias, cargadas y llamativas eso sí, pero de difícil entendimiento.

Sirva Atemperados para saludar la nueva sala que ofrece la Casa Cultural "Zumbayllu" a cargo de Miguel Cano, un espacio íntimo y muy aprovechable, que se convertirá con el tiempo en un concurrido centro cultural, ubicado en la Av. Universitaria 3450 Coop. El Olivar. Rechazamos, eso sí, la actitud del director Fidel Melquiades, quien demoró una hora entera el inicio de la función para supuestamente, esperar más público. La cita era a las 7:00 pm, pero la función recién inició pasadas las 8:00 pm. Y menciono “supuestamente”, pues nunca se le informó nada a aquellos que llegamos puntuales a la hora pactada. Finalizando, Atemperados es un espectáculo (o montaje escénico) que podría conmover más a los espectadores, si abandona la carta blanca esgrimida por su director, para cambiarla por lienzos coloridos entrelazados en una verdadera historia que contar. Por ahora, sólo queda el trabajo de dos estupendos intérpretes que lucen su destreza corporal en el escenario y nada más.

Sergio Velarde
31 de julio de 2012

viernes, 27 de julio de 2012

Entrevista: CRÍTICA TEATRAL SANMARQUINA

Críticos  con sangre nueva    

Resulta sumamente esperanzador comprobar que la Crítica Teatral en el país está más vigente que nunca. Y es que un grupo de jóvenes de diversas especialidades y oficios ha decidido ejercer el oficio crítico, en un blog que nace gracias a la fructífera labor de (como siempre) nuestra querida crítica y dramaturga Sara Joffré. Ellos son Bertha Avila, Luisa Rivas, Maura Velasco, Nicolás Martínez y Juan Carlos Carbajal, quienes inspirados por Sara en el Taller de Crítica Teatral que dictó en la Universidad de San Marcos este verano, crearon el blog Crítica Teatral Sanmarquina.

Juan Carlos, estudiante de Literatura (y antes Sociología) en San Marcos, manifiesta que la iniciativa de crear este blog partió de la misma Sara. “La profesora nos indicó que primero publicáramos en Facebook y luego nuestro editor Eder Guarda (administrador a su vez de El escenario imaginado) nos propuso la idea del blog.” Los jóvenes críticos se reparten el trabajo, visitando por turnos las obras de teatro en cartelera, muchas veces aprovechando las invitaciones que reciben de parte de Sara.

Para Maura, estudiante de Literatura en la Universidad Villareal, Sara Joffré se convirtió en la persona que la introdujo al mundo del teatro. “Ella me dio herramientas para distinguir la calidad en obras tan variadas como Nadar como perro y El Dragón de Oro”, comenta. Por su parte, Juan Carlos reconoce en Sara “su ímpetu, esa pasión por el teatro, su método de trabajo y ese sarcasmo que sabe manejar muy bien”. Nicolás, administrador con estudios en IPAE, afirma que antes de asistir al taller de Sara, revisó primero su trayectoria. “Conocerla fue genial”, nos cuenta. “Nos hizo ver la realidad del teatro: existen otros salas aparte de La Plaza o el Británico, en donde también se hace teatro y del bueno”.

Luisa, obstetra, docente e investigadora con una maestría en el extranjero, manifiesta que Sara es “muy ducha en el tema, nos dio la iniciativa y nos metió el bichito de siempre mejorar e investigar”. Por otro lado, Bertha, traductora e intérprete con estudios en la Universidad Ricardo Palma, ve en Sara a una persona “con un carácter especial, es directa en su trato y le gusta mucho el teatro; me agrada el hecho de que comparte sus conocimientos e incentiva nuestra labor”. Actualmente, Sara sigue siendo maestra de este grupo de jóvenes, pero esta vez en su taller de Dramaturgia.

Sobre la importancia que tiene en sí la Crítica Teatral, los integrantes de Crítica Teatral Sanmarquina tienen cada uno su propia apreciación. Para Bertha, la crítica “existe para el desarrollo del teatro en el país e incentiva a la gente que lo hace, pues antes parecía ser una utopía; es una manera para que algunos directores no se aprovechen de nosotros, ya que el público merece respeto”. Luisa afirma que la crítica teatral es el aporte hacia los demás, por parte de los que están fuera del medio teatral. “Sí es importante, ya que damos nuestro punto de vista acerca del mensaje de la obra y además, es un aporte positivo al espectáculo”.

Por su parte, Nicolás sostiene que “la crítica teatral siempre ha existido, pero ahora que existe un apogeo en el teatro, tenemos más posibilidades y soportes virtuales para ejercerla.” Juan Carlos afirma a su vez, que la crítica ayuda a difundir la cultura y masificarla, para que el público esté informado y conozca todas las propuestas que se ofrecen en la cartelera. “Es importante no sólo ver el teatro que existe para la élite”, añade Maura. “Los montajes independientes también son importantes, ya que te muestran mucho.”

¿Qué características debe tener un buen crítico teatral? Para Luisa, un crítico debe “tener muchas ganas, ser constructivo y debe ver todo tipo de teatro, no sólo las obras de élite.” Bertha añade que debe ser imparcial y que debe tener respeto hacia los demás. “Un crítico no debe mentir al espectador, debe dedicarse a investigar y siempre estar informado”, añade Nicolás. Por su parte, Juan Carlos sostiene que un crítico debe tener conciencia social y debe evitar hacer comentarios que degraden a los artistas. “Un crítico debe saber fundamentar sus puntos de vista”, finaliza Maura.

Hasta este momento, los integrantes de Crítica Teatral Sanmarquina han apreciado varios espectáculos teatrales en lo que va del año. Y he aquí sus preferencias: a Bertha le encantó Yerma y la actuación de su protagonista María Laura Vélez; a Luisa le gustaron Criadero, Micaela y Ruido; Nicolás opina que las dos mejores obras que ha visto en el 2012 fueron El Dragón de Oro (destacando la actuación de Carlos Victoria) y La Fiaca (destacando a Lucho Cáceres), y la que menos le motivó fue Extravagancia con la actuación de Cécica Bernasconi; por su parte, para Juan Carlos la mejor obra fue Los Asesinos y la mejor actuación, la de su protagonista Miguel Ángel Malpartida, la peor obra fue Nadar como perro; finalmente, para Maura las mejores fueron El Dragón de Oro (destacando la actuación de Marcello Rivera), Criadero y La orgía.

“Sara siempre está al tanto de nuestro trabajo, le da el visto bueno y varias veces ha llevado impresas las críticas a los propios artífices de los espectáculos reseñados”, comenta Nicolás. El blog Crítica Teatral Sanmarquina sigue adelante y los jóvenes ya se alistan para ser cronistas del conocido Festival de Teatro Aficionado, que viene desarrollando desde hace varios años Luis Kanashiro en el Centro Cultural Peruano Japonés. Un gusto para este servidor el haberlos conocido y desde ya, queda hecha la invitación para que sean parte del recuento de fin de año en El Oficio Crítico. ¡Bienvenida Crítica Teatral Sanmarquina!

Sergio Velarde
27 de julio de 2012

domingo, 15 de julio de 2012

Crítica: HAIRSPRAY, EL MUSICAL

Sí se puede   

De un tiempo a esta parte, en este blog se estila comentar solo obras de teatro independiente. 

Pero quién puede resistir la tentación de reseñar uno de los musicales contemporáneos más populares, aprovechando su paso por los escenarios limeños. 

Especialmente con inspiradas letras como ésta:

“You can’t stop an avalanche
As it races down the hill
You can try to stop the seasons…
But ya know you never will…

'Cause you can’t stop
The motion of the ocean
Or the sun in the sky…

You can't stop a river
As it rushes to the sea…

You can try and stop the hands of time
But ya know it just can't be…”

La traducción más adelante.

Para muchos, la cinta Hairspray (1988) es considerada como una de las más “visibles” del director de culto John Waters, tomando en cuenta sus anteriores trabajos, especialmente las revulsivas e icónicas Pink Flamingos (1972), Female Trouble (1974) o Desesperate Living (1977). Hairspray se aleja de los excesos acostumbrados de Waters, para contarnos un ingenuo cuento de hadas, en el que la regordeta protagonista Tracy Turnblad cumple el sueño de ser elegida como bailarina en un programa de televisión de moda en Baltimore, se gana el corazón del galán de dicho programa y por si fuera poco, acaba con la segregación racial contra los afroamericanos en plena década de 1960. Semejante argumento no podía pasar desapercibido para los desesperados productores de Broadway de aquel entonces (¿?), que ante la escasez de ideas nuevas y originales, deciden reciclar en el 2002 dicha historia y adaptarla para teatro. Como resultado, el musical Hairspray, con guión de Mark O'Donnell y Thomas Meehan, música de Marc Shaiman y letras de éste y Scott Wittman, arrasó con los premios Tony de ese año y sirvió a su vez, para llevar la historia de Tracy nuevamente al cine en el 2007, dirigida esta vez por el coreógrafo Adam Shankman y protagonizado por un versátil John Travolta, en el papel de la descomunal madre de Tracy.

Pues bien, siguiendo con la buena racha que atraviesa nuestro teatro peruano (¿?), Hairspray, el musical llegó a nuestra cartelera local, de la mano de Los Productores (marca hermana del Teatro la Plaza) y con la dirección general del multinominado y premiado (por el diario El Comercio) Juan Carlos Fisher. Los resultados no pudieron ser más espectaculares. Toda la parafernalia posible acompaña a este enérgico y contundente musical, cuyo ritmo no decae en ningún momento, con una escenografía, iluminación, vestuario y orquesta en vivo excelentes, que no tienen nada que envidiar a producciones extranjeras. A mencionar algunas actuaciones sobresalientes, como la de la debutante Oriana Cicconi como Tracy, acompañada por la notabilísima Gisela Ponce De León, en el papel de su ingenua amiga Penny. El resto del elenco se divierte a sus anchas, con Sergio Galliani como la voluminosa madre de Tracy a la cabeza. Un engranaje milimétrico para un estreno pluscuamperfecto. Pero un director de la talla de Fisher no puede sólo limitarse a seguir el patrón escénico y musical que le imponen sus creadores norteamericanos. ¿Es que acaso estamos hablando de un director o de un puestista? Pero he aquí la contribución de Fisher al Hairspray limeño: salvo Bettina Oneto, su hija Shantall y un par más, Fisher convoca a actores blancos para “actuar” de negros, en una obra que habla precisamente sobre lo despreciable y ridículo que es la discriminación racial.

No entiendo (y creo que nunca podré entender) cómo algunos distinguidos actores y directores peruanos pueden entusiasmarse con este musical. Nadie niega el virtuosismo de todos los involucrados en escena para darle vida a la historia, pero Hairspray es un musical que busca reivindicar a los discriminados por su color de piel. ¡Ésa es la razón de ser del concepto de Hairspray! ¿Pueden afirmar los responsables de este musical que no existen en el Perú actores de color que puedan actuar, cantar y bailar como el formidable Luis Baca en el papel de Seaweed? Resulta inconcebible aprobar un espectáculo que se traiciona a sí mismo desde su concepto básico, con actores blancos pintados de negros clamando por la igualdad racial. Y los casos abundan y abundarán en nuestra cartelera, mientras existan teatristas que busquen estrenar obras sólo por estrenar lo que supuestamente está de “moda”, sin entender el mensaje original del autor. Quedarán para el recuerdo la vedette que interpretó en lencería a la virginal heroína de El enfermo imaginario o a las actrices más guapas del medio recreando a las hijas de Bernarda Alba. Hairspray, el musical, estrenado en el Teatro Peruano Japonés, no hace más que confirmar que el teatro comercial peruano está atravesando una crítica etapa creativa. El afán de estrenar obra tras obra a toda prisa para no perder a su público ya cobra factura. Sin embargo, así como lo afirma Gustavo von Bischoffshausen en su blog Bizarrías de Talía, Teatro y Sociedad en Lima, este detalle de actores blancos caracterizando a negros en una obra sobre el racismo “aparentemente no importa a la población limeña, la que sí queda gratificada por un argumento ágil y una dionisiaca propuesta de buen baile y coreografía”. Es preocupante pues, el no poder generar una visión crítica en el espectador común. Responsabilidad que en este blog, amable cibernauta, encontrará sin miramientos.

Mientras tanto, Fisher puede sentirse orgulloso de ser acaso el único director de teatro en el mundo, que teniendo bajo su responsabilidad el estreno oficial de Hairspray, le dio el papel del galán de color a un excelente actor blanco, quien ahora comparte su personaje con los otros “Seaweeds” negros Corey Reynolds, Chester Gregory II, Tevin Campbell, Adrian Hansel, Corbin Bleu y el argentino Felipe Herrera.

¿Acaso los responsables de este musical no entendieron el simbólico mensaje al traducir las notables canciones?

Aquí está la traducción:

"No puedes detener una avalancha
cuando se desliza por la colina,
puedes tratar de detener las estaciones,
pero sabes que no podrás…

No puedes detener
el movimiento del mar
o el sol en el cielo…

No puedes detener un río
al acercarse al mar…

Puedes tratar de detener las manos del tiempo,
pero sabes que no se puede.”

Sin embargo, para los responsables de Hairspray, sí se puede.

Sergio Velarde
15 de julio de 2012

P.D. Incluyo este afiche aparecido en la Taberna Crítica de Zejo Cortez, en donde vemos a la pareja protagónica de Matalaché en el año 1988, con el actor Rafael Cabrera completamente maquillado de negro. En pleno 2012 podemos preguntar: ¿acaso los tiempos han cambiado?


Crítica: JARDÍN DE COLORES

Discreto estreno de dramaturga peruana  

Siempre es grato apreciar una obra de autor nacional, especialmente si es del sexo femenino: la actriz María del Carmen Sirvas (a quien vimos en Madrugada) escribe y actúa en Jardín de colores, puesta en escena estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, bajo la dirección de Francisco Echeandía (de quien vimos su particular visión de Electra el año pasado). El tema elegido por Sirvas es la difícil relación entre una madre castrante y una hija sumisa, presa de una frustración que adivinamos no traerá consecuencias agradables. La llegada de un joven inquilino a la casa brindará una luz de esperanza a la hija para escapar de este asfixiante mundo y encontrar la libertad.

La primera escena nos deja ver claramente el conflicto inicial: la madre no deja levantarse de la mesa a la hija que no ha terminado de comer y tampoco le permite cambiarse de ropa ante la inminente llegada del inquilino. Cuando éste llega, la hija se refugia debajo de la mesa para terminar de comer, llena de vergüenza. A partir de ese momento y debido a algunos vacíos en la dramaturgia, sólo quedan algunas inspiradas secuencias como el primer encuentro entre los jóvenes, el enfrentamiento final entre madre e hija y las escenas surrealistas en ese jardín de colores, que le sirve de refugio a la hija cuando duerme. Muchas interrogantes quedan en el aire y algunas motivaciones de los personajes no son exploradas debidamente: las razones de la sumisión de la hija, la atracción que siente la madre hacia el inquilino, el olvido del boleto de la hija, entre otras.

Por otro lado, las actuaciones del elenco son eficientes: Cynthia Urrunaga compone una madre asfixiante y creíble, en el límite de la sobreactuación. Ernesto Ballardo también cumple como el “Salvador” de la joven. María del Carmen Sirvas está impecable como la muchacha llena de culpa y miedo y logra una buena química con Ballardo. La dirección de Francisco Echeandía es pulcra, austera y funcional; y tal como lo hizo en Electra, prefiere enfatizar la caracterización de los personajes, quienes finalmente hacen de este Jardín de colores, un discreto montaje de que se deja ver.

Sergio Velarde
15 de julio de 2012

sábado, 14 de julio de 2012

Crítica: DÚIK MÚUN, CUENTOS Y SONIDOS DE LA SELVA

Mágico espectáculo amazónico

Nuestra hermosa Amazonía ha sido considerada desde siempre como una inagotable fuente de belleza y misterio, que ha alimentado nuestro imaginario popular con cuentos, mitos y leyendas que han pasado de generación en generación. Es por ello que, cumpliendo 30 años de actividad artística ininterrumpida, el Grupo de Teatro Maguey viene reponiendo su entretenido espectáculo titulado DÚIK MÚUN, Cuentos y sonidos de la selva, siempre en su acogedor centro cultural en Magdalena. La narración y ejecución musical están a cargo de los experimentados María Luisa De Zela y Wili Pinto, este último director del montaje. Se trata de una puesta en escena estructurada no sólo en base al trabajo de los actores narradores, sino en los cánticos, la música en vivo y las imágenes en sombras, a cargo de Liz Espinoza.

Para generar la atmósfera necesaria para la narración de estos cuentos y transportarnos a nuestra Amazonía, Pinto se vale de todos los recursos disponibles, exceptuando al uso multimedia, que acaso sería la salida más fácil. El éxito de la propuesta radica no sólo en la precisión actoral que logra Pinto con De Zela, sino también en el virtuoso acompañamiento musical de los actores narradores. Las imágenes proyectadas en sombras, acompañadas por una acertada iluminación, contribuyen a enriquecer los relatos, dinámicos y fluidos, de autoría de la oralidad popular Aguaruna, así como a Eduardo Galeano, César Calvo y el mismo director Wili Pinto.

Impecables De Zela y Pinto, quienes acompañan su narración con varios instrumentos musicales de la región para generar los ambientes de cada cuento, entre ellos, tambor, manguaré, maichiles, palos de lluvia, cuica, huiro, maracas, vibrador, antaras, silbatos de aves, flautas, ocarina y kalimba. Los cuentos que integran el espectáculo son: las Palabras, la Araña, el Origen de la Selva, el Murciélago Vanidoso, el Mono Machín y el Gigante Iwa, El Aguaruna que se casó con una estrella, encerrando cada uno mensajes positivos y afianzando nuestras raíces culturales. DÚIK MÚUN, Cuentos y sonidos de la selva es un recomendable montaje para grandes y chicos, cuyo objetivo es el revalorar la riqueza de nuestra selva y resaltarla como una inagotable fuente de leyendas populares.

Sergio Velarde
14 de julio de 2012

Crítica: EL DESEO MÁS CANALLA

Una trangresión estilizada y grotesca a la vez

Panparamayo Teatro es un colectivo artístico en constante actividad y evolución. Sus artífices siguen en la brega de analizar la identidad del ser humano dentro de una sociedad aplastante e inmisericorde, siempre dentro de los parámetros del surrealismo, el absurdo y el gran campo que ofrece la performance, en la que absolutamente todo está permitido. Comer en el 2010 fue una polémica experiencia culinaria que dividió opiniones; y La Razón Blindada en el 2011 (primera aproximación escénica a Arístides Vargas), un relato de dos presos que escapaban del encierro a través de la imaginación. Justamente, en la puesta en escena de El deseo más canalla, escrita por el mismo autor y estrenada en versión libre en la Alianza Francesa de Miraflores, los personajes huyen de la realidad (una ciudad cubierta de cenizas) a través de un sórdido juego en el que cumplen sus fantasías más profundas y oscuras.

Se trata de una versión libérrima del original, sobre todo al observar aquí fragmentos de la puesta dirigida por el mismo autor. Los personajes y el espacio en donde se desarrolla la acción han sido cambiados: ahora tienen números en vez de nombres, y un teatro en vez de una biblioteca, respectivamente. Las razones de estos cambios pueden ser variadas y discutibles, pero es ya sello propio del grupo alterar sin miedo las convenciones propias de una puesta en escena, en favor de las imágenes y sensaciones que produce cada uno de sus montajes, descartando cualquier atisbo de lógica. El escenario es asaltado por este grupo de personajes, cada uno en un espacio determinado, utilizando diversos elementos como fuego, cartas, lienzos, muñecos de trapo, que funcionan dentro del desenvolvimiento de los intérpretes. Las luces, la música y la caracterización de estos ocho cuerpos en escena cautivan, generan emociones y se regodean dentro de un ambiente lúdico y de pesadilla.

Los directores Mario Ballón y Pamela Santana consiguen momentos de teatro puro (Jely Reátegui declamando sus textos en el foro rodeada de fuego, la grotesca cena de bienvenida a Jorge Armas y las tentaciones carnales a las que es sometido Marco Otoya), transgrediendo el texto original y aprovechando al máximo la calidad interpretativa de sus actores. Especialmente Ballón (quien interviene como actor en la puesta), un joven actor y director de teatro que viene creando inteligentes y sentidos montajes de calidad, como lo fueron en su momento Generación en liquidación y N. A. Ninguna de las anteriores, en complicidad con Carolina Barrantes, presente también en el elenco de El deseo más canalla. Completan el reparto la sensual Michella Challe, la siempre bienvenida Sheillah Gutiérrez y un enérgico Sandro La Torre. Panparamayo logra un montaje generoso y abrumador, estilizado y chocante a la vez, de visión obligatoria.

Sergio Velarde
14 de julio de 2012

Crítica: EL EXAMEN FINAL

Teatro educativo con nota aprobatoria

Mostrar “teatro dentro del teatro” puede resultar una buena idea, siempre y cuando se disponga de una dramaturgia inspirada y dispuesta a llevar al extremo todo los avatares que rodean la creación y puesta en escena de una obra. Por citar dos ejemplos recientes, Eduardo Adrianzén con Azul resplandor y Aldo Miyashiro con Función Velorio, revelaron sin tapujos, cada uno en su particular visión, las génesis de una obra de teatro de “los de arriba”, en el primer caso; y una “de los de abajo”, en el último. Ambos consiguieron excelentes resultados con sus puestas en escena; sin embargo, los objetivos de El examen final son mucho más modestos, informativos y educativos (no por ello, despreciables), ya que su director César Salas prefiere, primero, no darles personalidad definida a sus actores en escena; y segundo, centrar todo el interés en los fragmentos que estos supuestos alumnos de la Escuela Nacional de Teatro han elegido para preparar su última y dilatada evaluación antes de graduarse.

El público espectador de este examen final, que consta de cuadros de Tragedia, Comedia y Farsa, llega a conclusiones, a juzgar por sus aplausos y risas, muy diferentes a las del profesor calificador. Si algunos opinan que el género dramático más difícil de llevar a escena es la Tragedia, pues este montaje lo comprueba a plenitud, ya que el último tramo de la tragedia Otelo de Shakespeare debe pulirse urgentemente: actuar con fuerza y convicción en unos, cuidar la sobreactuación en otros. Mejor resultan los dos cuadros de la amable comedia Cosas de papá y mamá de Alfonso Paso, interpretada con naturalidad y mucho carisma por parte de los actores. Eso sí, la Farsa, tal como lo mencionan los propios alumnos intérpretes durante el montaje, debía traer exageración y carnaval a la escena; sin embargo, los fragmentos escenificados de Cornudo, apaleado y contento de Alejandro Casona lucen muy contenidos y planos, demasiado parecidos a las escenas de comedia, presentados anteriormente. Si funcionan finalmente, es porque el texto en sí es entretenido y los actores hacen su mejor esfuerzo.

Podríamos afirmar que Onasis Toro, Francine Larrea, Sydney Estacio, Zadith Prada, Romualdo Travezaño y Roberto Cuba sí hacen creíbles sus papeles de estudiantes de teatro aprobados (en promedio) en su curso de actuación. Se nota el evidente y esperado desnivel histriónico (como en todo grupo de estudiantes), pero cada uno de ellos destaca en, al menos, uno de los personajes que le toca interpretar en la puesta. El profesor evaluador de este examen sí merece un jalón de orejas: ¿cómo puede disculpar tan fácilmente a una estudiante de actuación que llega tarde y mascando chicle a su examen final? Con esta secuencia, el director César Salas anula cualquier suspenso a la puesta en escena, ya que con semejante jurado, resulta obvio que todos los alumnos aprobarán. De todos modos, El examen final del grupo Telón Abierto, estrenado en el Teatro Auditorio Miraflores, aprueba su paso por los escenarios, pero en el ámbito estrictamente educativo, que es finalmente, la razón de su origen.

Sergio Velarde
14 de julio de 2012

domingo, 8 de julio de 2012

Crítica: 8 MUJERES

Al borde un ataque de nervios

Nadie como Osvaldo Cattone para llevar a las tablas su particular visión del universo femenino: deliciosas y portentosas mujeres de carácter explosivo gritan a las cuatro vientos su independencia, superioridad y poderío frente al género masculino, para luego ser finalmente desenmascaradas como las eternas tontas, frágiles e ingenuas que son, especialmente cuando el mismo Cattone, en calidad de actor, termina la obra con su inapelable broche de oro machista. La última puesta estrenada en su Teatro Marsano no es la excepción: en 8 mujeres, una adaptación del texto original de Robert Thomas, Cattone no actúa, pero el único personaje masculino de la historia (que no aparece en ningún momento en escena) es la víctima de estas ocho arpías, que no encuentran mejor manera que hacerle la vida imposible, cada una en su estilo.

Con indudables guiños a aquella maravillosa película francesa del mismo título estrenada en el 2002, dirigida por François Ozon y protagonizada por un puñado de las mejores actrices galas, estas 8 mujeres de Cattone se encuentran en los años cincuenta, dentro de una casa abandonada en el medio de la nada y aisladas junto a un cadáver. Cualquiera puede ser la asesina y cada una de ellas tiene varios secretos que revelar. Inspirada en las novelas policiacas de Agatha Christie, la pieza funciona como un gratísimo entretenimiento, pues en cada escena aparecen pistas sobre la posible culpable del crimen. Mentiras, infidelidades, embarazos no planificados, lesbianismo, rencor, lujuria y avaricia, todo junto y revuelto, que hacen las delicias de los espectadores, que ven caer a sus heroínas una a una, desnudando sus oscuras motivaciones a lo largo del desarrollo de la trama.

El elenco es muy parejo, desde la recuperada Sylvia Gálvez hasta la debutante Alicia Mercado. Gran actuación de Ofelia Lazo como la ama de llaves, quien logra conmovernos en medio del alboroto, con sólo expresar el profundo amor que siente hacia las hijas de la señora de la casa. Masha Chávarri, Amparo Brambilla y Marisol Aguirre asumen con dignidad sus papeles. Elvira de la Puente regresa al Marsano en buena forma y Sandra Bernasconi se roba las mejores secuencias como la díscola tía de la familia. 8 mujeres, como todo espectáculo en el Marsano no defrauda y Cattone puede sentirse orgulloso de haber redimido a estas fieras (como él mismo las llama) para hacernos cómplices de su sabio parecer: quedar abandonado en una casa con ocho féminas puede traer graves consecuencias.

Lo que Cattone no logra, es hacer cómplice al público sobre el respeto que se le debe tener al actor: antes de iniciar la función escuchamos el sincero pedido en off de Regina Alcóver, quien invita cortésmente al espectador a apagar sus celulares, por una cuestión de educación elemental. Y a pesar de todas las recomendaciones, durante la función del domingo 01 de julio sonaron dos celulares. Aplaudimos la iniciativa de Cattone y repudiamos duramente a quienes aún creen que el teatro es un cine o la sala de su casa.

Sergio Velarde
08 de julio de 2012