lunes, 5 de junio de 2017

Crítica: PROMOCIÓN

Mi último año

Terminar el quinto de secundaria puede ser para algunos gratificante, pero para otros puede ser la etapa más aterradora de sus vidas. Quizás muchos recuerdan estas típicas frases de colegial que siempre decimos: “No quiero que se termine'' o “No sé si estoy preparado para lo que se viene”, pero ¿por un momento alguien se pone a pensar en el daño que podemos hacerles a otros cuando los humillamos?

“Promoción” es una obra escrita por el dramaturgo peruano Aldo Miyashiro, que pertenece a “El club de la muerte”. Es presentada por Vodevil Producciones, bajo la dirección de Kathy Serrano. La obra inicia con la formación en el primer día de clases y el encuentro emotivo de todos los chicos al hablar de lo que hicieron en las vacaciones. En el transcurso de las escenas iremos viendo lo que estos jóvenes estudiantes hacen y de cómo algunos buscarán soluciones, que en vez de ayudarlos los marcarán para toda la vida. La puesta en escena busca que el espectador vea el abuso escolar que pasan algunos de los personajes, dándonos así un ejemplo de lo que puede suceder si no tomamos cartas en el asunto.

A pesar de ser una obra fresca y divertida, esta nos mostrará una realidad que conocemos, pero que muchos desean ignorar. Contiene temas sobre problemas sociales como drogas, sexo, bullying, alcohol, depresión e identidad sexual. Personajes como Pacheco (Cristhian Palomino), Rossi (Oscar Olarte), Bertha (Mariel Espinoza), Nina (Lady Arbildo), Luna (María Alejandra Inofuentes), Rubén (Miguel Dávila) o Mariana (Janina Huamán) son piezas claves para la historia, ya que mucho de ellos nos refleja el maltrato psicológico por la falta de amor propio y la vida desordenada que llevan estos adolescentes. El trabajo colectivo de todo el elenco hace que la historia sea sólida. El mensaje que rescato es el de poder brindar ayuda a quienes lo necesitan, además de poder escuchar y hacer la diferencia con nuestras acciones. Solo me queda mencionar el gran trabajo escénico y agradecer por la función, pero antes quisiera dejar esta reflexión: “La vida te ofrece una nueva oportunidad de ser feliz y que cada derrota, cada pérdida, contiene su propia semilla, su propia lección para ser el mejor”.

"Promoción" se presentó en el Encuentro de Artes Escénicas “Más que ver” en el Teatro Auditorio Miraflores. Participaron Cristhian Palomino, Janina Huamán, Oscar Olarte, Miguel Dávila, Mariel Espinoza, María Alejandra Inofuentes, Franco Silva, Ana Lucía Pérez Cáceres, Sebastián Olivencia, Regiz Tamayo, Daniel Suárez, Clemen Morales, Lady Arbildo, Richard Reyna, Nick Delgado, Alba Leiba y Claudia Trucíos.

María Victoria Pilares
5 de junio de 2017

sábado, 3 de junio de 2017

Crítica: DESPUÉS DE CASADOS

La responsabilidad del creador

Por todos es sabido que el teatro no puede escapar de su condición de importante (por no escribir imprescindible) medio de comunicación social, ya que se trata de un “evento vivo” que narra una historia anclada en un determinado contexto histórico, por más descabellada que la trama pueda ser. Es indudable que existen espectáculos en nuestra cartelera teatral que tienen como único objetivo entretener, pero hasta en esos casos debe (o debería) apreciarse algún propósito de los creadores para realizar la puesta, rogando que no solo sea el mero afán lucrativo. En otras palabras, existe una responsabilidad por parte de los creadores sobre el producto presentado. Pues bien, Mever Producciones viene presentando una serie de puestas en escena, escritas y dirigidas por Gianfranco Mejía y  todas estrenadas en breves temporadas, con algunos temas interesantes y actuales como pueden ser las tribulaciones que pasan los adolescentes y jóvenes adultos, en  Fiesta de Promoción (2016) y Anorexia (2016); o las dificultades para sobrevivir en nuestra caótica ciudad, en Ambiciones (2017).

En Después de casados, el último estreno de Mejía en el Teatro Auditorio Miraflores, el tema vuelve a ser actual y pertinente: se pone en el tapete la problemática de los recién casados, que empiezan a tener una vida en común y el escaso romanticismo que rodea esta unión. Alberto (Edwin Vásquez) y Mariana (Marisela Puicón) deberán enfrentar los típicos problemas de las parejas que inician una vida en común; él, abrumado por las deudas, no puede cargar con todas las responsabilidades trabajando como profesor; y ella, incapaz de encontrar trabajo, reniega de su actual condición. Pero el inofensivo tono de esta primera parte, que hasta incluye algunas secuencias humorísticas a cargo de la revoltosa amiga de Mariana (Ena Luna) se rompe con lo impensable: la agresión física y posterior violación por parte de Alberto (a quien llamaremos a partir de aquí El Agresor) contra Mariana, que cambia por completo el registro de la historia, a pesar de que el autor y director pareciera no haberse percatado.

Y es que Después de casados no puede desligarse de su contexto histórico, pues vivimos actualmente una aterradora realidad: Perú es uno de los países con la mayor tasa de agresiones contra las mujeres y feminicidios a nivel mundial. Los esfuerzos de diversos colectivos, que postulan la tolerancia cero frente a los agresores (como El Agresor de esta obra) y la nula responsabilidad de las víctimas, deben fortalecerse en todos los niveles. Entonces, resulta polémico, por decir lo menos, que la puesta en cuestión nos muestre, por ejemplo, a El Agresor demostrando “fidelidad” a su esposa rechazando a su antigua enamorada o los constantes engreimientos y caprichos de Mariana, que acaso podrían sugerir que el ataque pudo haber sido justificado. Dejando de lado su montaje demasiado tradicional y hasta televisivo por ratos, esta nueva obra de Mejía termina con un par de declaraciones que probablemente harían escarapelarles el cuerpo a todos los colectivos y ONGs en contra del maltrato femenino, así como a la mismísima Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables: Mariana, la mujer ultrajada, manifiesta que ella tiene un porcentaje de la culpa por la agresión debido a sus actitudes; y El Agresor, sentado arrepentido de cara al público, llorando por no poder ver a su hijo (producto quizás del ultraje) y pidiendo una segunda oportunidad. Afirmábamos anteriormente que los creadores son responsables de sus productos artísticos. ¿Cuál es entonces, la responsabilidad de Después de casados frente a un problema real que viene cobrando numerosas víctimas a nivel nacional? Que cada espectador saque sus propias conclusiones.

Sergio Velarde
3 de junio de 2017

Crítica: VERGÜENZAS: CAJAMARCA, 1953

Los sentimientos ocultos de una mujer

El crítico literario Juan Carlos Ubilluz menciona en su artículo “El teatro del desengaño de Alfredo Bushby”, que el autor de Historia de un gol peruano (2004) “es –o debería ser- conocido por haber demostrado que el teatro experimental no tiene por qué estar reñido con los temas populares o con el gran público”. Su último estreno, Vergüenzas: Cajamarca, 1953, además de ser dirigido por él mismo, no escapa a esta afirmación: basado en sus propios recuerdos de la zona rural de Cajamarca que conoció en su infancia, Bushby nos sumerge en la historia de una solitaria mujer de 40 años llamada Saturna (Daniela Rodríguez León), quien sufre una terrible agresión en una noche de luna llena, por parte de un misterioso extranjero cuyos terrenos colindan con los ella. El siniestro hecho es el disparador para que Saturna revele su conmovedora historia en un monólogo, acompañada por la melodiosa música de guitarra en vivo de Magali Luque, en el escenario del Teatro Mocha Graña.

Ubilluz manifiesta que “Bushby dignifica la cultura popular (…), porque su obra nos ayuda a comprender que, a pesar del cinismo que lo caracteriza, el individuo contemporáneo no ha dejado de creer en la cultura popular”. Si ya en Conrado y Lucrecia (2014), el chisme (nuestro pasatiempo, o mejor dicho, deporte popular) distorsionaba la realidad; en Vergüenzas, Saturna le hace frente al qué dirán, debido a su condición de mujer madura, sola y sin hijos. El texto abarca una variada gama de emociones y problemáticas, incidiendo en los miedos, decisiones y amores de la mujer, así como en las culpas, los deseos reprimidos y las vergüenzas femeninas tan bien dibujadas por el autor. La responsabilidad de la puesta en escena recae en la actriz Daniela Rodríguez León, ganadora del premio Oficio Crítico por su participación en la obra Diario de un ser no querido (2015), en donde curiosamente también interpretaba a una mujer maltratada. Vergüenzas: Cajamarca, 1953 es el paso lógico en su evolución como actriz, demostrando una gran versatilidad y dominio escénico.

La historia de Saturna cala hondo en el espectador, haciéndonos parte de esta historia de vergüenzas. “Bushby no ha tenido jamás la intención de ser un visionario: es más, estoy seguro que una sonrisa irónica se dibujaría en su rostro ante la idea de que un escritor pueda contribuir a la resolución de los problemas ético-políticos contemporáneos”, reflexiona Ubilluz. Acaso tal aseveración sea cierta; sin embargo, la X Productora sí que consigue una puesta en escena muy estilizada y pertinente con Vergüenzas: Cajamarca, 1953, que busca sensibilizar a la comunidad sobre la extrema violencia, tanto física y psicológica, a la que es sometida la mujer en nuestro país.

Sergio Velarde
3 de junio de 2017

Crónica: PREMIOS AIBAL 2017

Por muchos sueños más

Una noche llena de estrellas hizo brillar el Centro de la Amistad Peruano China de Jesús María. Muchas personalidades del mundo del arte y del espectáculo se hicieron presentes para esta nueva edición de los Premios AIBAL a las Artes Escénicas 2017. Para muchos de los concurrentes no solo fue una noche cualquiera, fue la oportunidad de (re)encontrarse con viejos amigos; para otros, cumplir aquellas promesas que se hicieron cuando empezaron en el mundo del teatro. Hoy es un sueño cumplido. Esta ceremonia de premiación, dirigida con acierto por Percy Encinas, brinda reconocimiento a artistas, actores, directores, productores, diseñadores, bailarines, dramaturgos; así como a las obras e iniciativas más destacadas en Lima y en el interior del país del año 2016.

El evento inició con la participación de INATEM (Instituto Nacional de Teatro Musical) y tuvo como anfitrión al actor y director Renato Fernández. Renombrados artistas dieron a conocer a los ganadores en las 22 categorías, durante las casi dos horas de espectáculo. Alternando el anuncio de los premios, se presentaron números artísticos de puestas en escena como Déjame que te cuente, Fiebre de Sábado por la noche y Zapping, 3 musicales en 1. El maestro Ernesto Ráez entregó el premio a la trayectoria “Sara Joffré” a nuestra primera actriz Delfina Paredes, quien relató anécdotas que conmovieron a más de uno.

Las grandes ganadoras de la noche fueron la obra Curandero, montaje que se llevó el premio de Dramaturgia peruana para su autor Ricardo Delgado, así como el de Iluminación para Igor Moreno y el mismo Delgado; y LA PLAZA, para el Espectáculo teatral del 2016, Mucho ruido por nada. En Teatro para niños, se llevó el galardón La odisea de Els Vandell. En Musicalización ganó Mariana Palau por La muchacha de los libros usados; en Vestuario, María Lucía Carrillo por Noche de reyes; en Maquillaje, Gloria María Solari por El secreto de la sabiduría – Amazonía II; y en Diseño escénico, Beatriz Chung por Aura. Teatrando de Arequipa se llevó el galardón por su labor en Teatro Regional; y Waytay, en Teatro Comunitario por su labor en El Agustino.

En cuanto al género Musical, Zapping, 3 musicales en 1 fue la triunfadora, llevándose tres galardones: para Mario Mendoza, como revelación masculina por su dirección; y para sus intérpretes musicales Natalia Salas y Gabriel Gil. Déjame que te cuente fue galardonada como mejor obra de Teatro Musical a cargo de Mateo Chiarella. Y los mejores intérpretes de baile fueron Verónica Álvarez por En el barrio y Raúl Romero por Déjame que te cuente. En el rubro de actuación, fueron reconocidos Wendy Vásquez por Cielo abierto, Jimena Lindo por La vendedora de fósforos, Oscar Meza por Tu voz persiste y Javier Valdés por Un informe sobre la banalidad del amor; así como MaCla Yamada, como  revelación femenina por su participación en Historia de un amor israelí. Como mejor trabajo de Dirección fue premiado Jorge Chiarella por Moby Dick.

Acaso el común denominador que tuvo la mayoría de los ganadores al acercarse al escenario, fue mencionar que el premio que ganaron no solo se debe a ellos, sino que detrás de cada puesta existe un trabajo colectivo, en donde se entrega esfuerzo, lágrimas y compromiso. Gracias a ello, todo esto es posible y nos incentivan a seguir apostando por el teatro peruano. Además, nos enseña que todo sueño se puede lograr, sea cual sea el sacrificio; al final, se verán los resultados. Fue una noche llena de sorpresas y en nombre de Oficio Crítico, nuestro agradecimiento a Investigadores AIBAL (Asociación Iberoamericana de Artes y Letras) y sinceras felicitaciones por esta gran iniciativa.

María Victoria Pilares
Sergio Velarde
3 de junio de 2017

miércoles, 31 de mayo de 2017

Crítica: RASTROS

La búsqueda sigue

¿Miedo a la muerte? ¡Uno debe temerle a la vida, no a la muerte!

“Rastros” es un melodrama escénico escrito por Christian Saldívar, dirigido por César Golac y estrenado en el Galpón Espacio. El elenco estuvo conformado por Natalia Bonifaz, Verony Centeno, Bernie Brouyaux, Abel Enríquez y David Huamán. Todo inicia con la música instrumental a cargo de la violinista Mariana Diez Canseco, dando paso así a la historia de Alcides y Gabriela, dos personas que no se conocen, pero que de alguna manera el destino favorecerá, más a una que a la otra. El único vínculo que existe entre ellos será el de sobrellevar el duelo que deja la Muerte. Por un lado, Gabriela le da el último adiós a su padre y por el otro, Alcides encuentra el cuerpo de una mujer tirada en la basura. Ambos, empujados por el dolor y la culpa, recurrirán a indagar en su propio pasado para así poder encontrar las respuestas que estaban buscando.

Tocar temas como la Muerte en el teatro nos entristece, pero es una verdad que no es ajena a nuestra realidad. Pero lo que importa aquí no es el muerto, quienes importan aquí son los vivos, el dolor que causa en los que se quedan, las sensaciones que provoca. Por desgracia debemos de vivir la vida lo mejor que se pueda y cuando al fin nos llegue la hora, debemos de aceptarlo de la mejor manera y con dignidad. Puestas en escenas como la obra “Rastros” te dejan meditando e incluso hace que el ser humano explore dentro de sí y cuestione su existencia sobre la vida.

Es una obra reflexiva, algo dramática y trágica. Hubo una escena en donde sale una de las actrices bailando y de repente hace que nos desconectemos totalmente de la obra, pero al terminar su baile nos vuelve a conectar. Me encantó la propuesta de usar como tema central  la Muerte como despedida y recurrir al Tiempo Ausente: es genial para poder comprender la historia. Se utilizó mucho la proyección de la luz para crear sombras y eso le da el toque místico. La escenografía es agradable y acorde a la temática. El montaje cuenta con música propia y sobre las actuaciones, todos estuvieron geniales. Es una obra que te atrapa e incluso cuenta con un final que no te esperas. Propuestas como estas vale la pena verlas y más aún, el mensaje que nos deja, sobre que la vida es una búsqueda constante, una búsqueda desesperada y desesperanzada: una búsqueda de algo que no sabemos qué es. Hay un deseo profundo de buscar, pero uno no sabe qué busca. Gracias por la función.

María Victoria Pilares
31 de mayo de 2017

Crítica: SUEÑOS DE FO

La doble moral

Sueños de Fuego Teatro de Grupo presentó “Sueños de Fo”, dos obras breves en homenaje al Nobel italiano de Literatura, Darío Fo. Se trata de una puesta en escena resultado de un taller montaje de teatro dirigida por Fredy Monteza, en la Asociación de Artistas Aficionados, con las actuaciones de Emi Gonzales, Joel Cuba, Sans Bryan, Daysi Gonzales, Tiffany Fonseca, Fabrizio Iman, Iris Margot Congora Almonacid, Asana Villafuerte, Miguel Angel Cabrera y Luis Delgado. La temática de ambas obras incluye la comedia, la hipocresía del ser humano, las mentiras, los celos, la ingenuidad y la infidelidad. A partir de estas dos obras, Los pintores no tienen recuerdos y No hay ladrón que por bien no venga, el autor busca que el espectador se burle de la doble moral de la alta sociedad en la que vivimos.

La primera obra gira en torno a una viuda que intenta remodelar su casa de citas, ya que el ambiente donde vive le recuerda a su querido difunto esposo. Es ahí cuando decide contratar a dos tapiceros, pero lo que no sabe la viuda es que estas dos personas que contrató no son tapiceros, sino pintores y por la necesidad de no perder ese trabajo mienten diciendo que sí lo son. Estando ya trabajando los falsos pintores en la casa de citas, surge un accidente que les hará pensar que han matado a un hombre, que en realidad es un maniquí de cera. Al intentar encontrar una solución para que no los descubran, estos ingenuos pintores descubrirán que la viuda no es tan viuda y que el maniquí de cera es su esposo, que por celos ella ha convertido en lo que es. A veces, nada es lo que parece y en el momento menos esperado la verdad siempre sale a la luz.

La otra puesta en escena narra la historia de un peculiar ladrón que entra a robar a una casa adinerada, pero de repente escucha el sonido de la puerta. ¡Oh, sorpresa! Al parecer es el dueño, pero no llega solo y para no ser descubierto el ladrón, se esconde en un reloj antiguo. Mientras las horas siguen pasando, él iba escuchado todo la conversación que tenía el dueño  de la casa con su amante, pero el ladrón tiende a salir de su escondite, porque no aguantaba más los sonidos que hacía aquel reloj. A partir de este momento, se desencadenan una serie de malentendidos, donde el ladrón intentará salvar su vida y a la vez, tratará de convencer a los señores de la casa que digan la verdad. Pero terminará siendo parte de las mentiras de los dueños de la casa y de los amantes.

La escenografía y los vestuarios estaban acorde a la temática. La única sugerencia seria cambiar el maquillaje que usaron para pintar los bigotes de los actores, ya que empezó a escurrirse, manchando así sus caras y no fue nada agradable. Por otro lado, se debe tratar de no atropellar los diálogos entre compañeros. Por lo demás,  me encantó. Quiero hacer mención de que “no cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado”. Ver el desenvolvimiento de estos jóvenes principiantes en la puesta en escena fue muy gratificante, van por buen camino y espero volverlos a ver nuevamente en las tablas. Gracias por la función.

María Victoria Pilares
31 de mayo de 2017

Crítica: TU MADRE, LA CONCHO

Porque lo digo yo

Aunque los años pasen, siempre los hijos serán los bebés de mamá. Guste a quien le guste. “Tu madre, la Concho”, comedia costumbrista peruana escrita por Angelo Condemarín y dirigida por Paola Vicente, es una obra fresca, divertida y dinámica que te atrapará de inicio a fin. Cuenta con las actuaciones de Claudia Dammert, Sonia Seminario, Claudio Calmet y Lia Camilo; y la temporada va hasta el 11 de junio en el Teatro Centro Cultural Ricardo Palma. Nuestro personaje principal será nuestra amada Concha, una madre amorosa pero demasiado controladora y protectora. 

La obra comienza con las dudas de Concho, al enterarse de que su hijo Mariano tendrá que viajar. Es así que junto a su madre, la abuela Clementina, y la ayuda de su hija Catalina, buscarán la manera de persuadir a Mariano para que este desista de la idea de viajar con la única finalidad de que su hijo se quede a su lado. Lo curioso de esta obra es que el hijo intenta escapar, no de su casa sino de su madre, abuela y hermana que viven con él, ya que siente que es tiempo de independizarse. Pero no puede, porque se siente condicionado por la mujer que le dio la vida.

“Tu madre, la Concho” es una puesta reflexiva, donde se nos enseña que la soledad no debe ser motivo para impedir que un hijo llegue tan lejos como pueda hacerlo; refleja además, un amor maternal tierno pero a la vez toxico; y deja un mensaje a los padres para que dejen crecer a sus hijos y que estos asuman su propia vida. Se trata de un montaje bien trabajado que cuenta con un gran elenco. Por otro lado, me asombra el talento innato de estas dos grandes actrices que son Claudia Dammert y Sonia Seminario, ya que a pesar de su mayoría de edad siempre nos sorprenden y nos dejan con ganas de más. La conexión que hay entre todos los actores es genial:  uno no para de reír y también de llorar en algunas escenas.

Me sentí identificada con el papel de Catalina, la hermanita molestosa y metiche, que en vez de ayudar a su hermano lo ponía en aprietos. Sentí lastima por el personaje de Mariano y la impotencia que sentía por no mantenerse firme al tomar su decisión. También odié a su madre, pero entendí que por más amor que Concho decía tener hacia él, solo lo convertía en un parasito. Aunque no lo creamos hoy en día, hay muchos padres que luchan para que sus hijos ya mayores de edad se vayan de casa y se independicen. Espero que esta obra les sirva como reflexión para aquellas personas que les gusta vivir a cuestas de sus padres: dejen de hacerlo y entiendan que a cierta edad, los padres necesitan que sus hijos mayores cuiden de ellos y no viceversa.

Solo me queda agradecer por esta historia tan edificante y brillante, la cual disfruté mucho.

María Victoria Pilares
31 de mayo de 2017

domingo, 21 de mayo de 2017

Crítica: ¿QUÉ TIENE MIGUEL?


Estrafalarias taras de nuestra sociedad

A casi un mes de terminada la temporada de ¿Qué tiene Miguel?, pieza ganadora del segundo puesto en la tercera edición del Concurso Nacional de Dramaturgia del Ministerio de Cultura, escrita por César Vera y dirigida por Fito Bustamante, vale la pena complementar las lúcidas apreciaciones de algunos colegas en redes. Como por ejemplo la de Diego Zubiaga, quien reconoce que "se trata de una propuesta arriesgada, ya que no estamos frente a una obra convencional para nada"; o la de Piero Miovich, quien afirma que "aunque tiene muchas debilidades, esta obra es importante para el teatro nacional". Si bien es cierto existe el consenso que no se trata de una puesta en escena infalible (¿cuál lo es?), sí que tiene ciertos curiosos detalles que la convierten por lo menos, en un espectáculo interesante y recomendable, acaso por la manera descabellada e hilarante de mostrarnos una realidad peruana tan nociva como recurrente: el racismo.

A estas alturas, la trama ya es conocida: el joven Miguel Rimachi (a quien pueden “ubicar” en redes, producto de una atípica campaña de promoción virtual), interpretado por el propio Vera, comunica a su disfuncional familia que se ha convertido en un “cholo”; otras lecturas sugieren que siempre lo ha sido y recién lo descubre, o que aspira a serlo a partir de ese momento. Sea como fuere, la familia de Miguel colapsa ante semejante revelación, en una notable analogía con las salidas del “clóset” de la homosexualidad. No es casual que la única aceptación que reciba por parte de la familia venga del padre travesti. El escándalo que sienten la madre y la abuela refleja de manera precisa nuestra ridícula idiosincrasia y el miedo al qué dirán; como también lo es el comportamiento de la joven empleada, impertinente y desfachatada, barriendo y limpiando mientras se percata de todo el drama.

Existe un consenso sobre el cambio de registro que tiene el segundo acto de ¿Qué tiene Miguel?, así como acaso lo tuvo, salvando las distancias, La dieta eterna (2015). El autodescubrimiento de la “choledad” de Miguel, disparador de la tragedia y vergüenza familiar, es cambiado por una especie de reencarnación de índole religiosa en el muchacho, con todo y aparición del sacerdote de rigor. La situación se invierte: la familia ahora se convierte en el centro de atención y veneración de la comunidad, evidentemente para su propio beneficio, especialmente el de la madre. No le falta razón a Zubiaga cuando afirma que esta parte de la obra signifique “un retrato de la hipocresía y doble moral de nuestra sociedad”. Cierra la puesta el inesperado descubrimiento de la pareja embarazada de Miguel, que agrega otra problemática muy actual a la mezcla.

Si bien Miovich afirma que ¿Qué tiene Miguel? “no es armónica, es exagerada y desenfadada, no atiende a la verosimilitud, y utiliza lo fantástico de modo estrafalario”, sí es cierto que Vera y Bustamante consiguen una puesta en escena que se deja ver, con algunos momentos memorables y ciertos personajes bien bosquejados, aprovechando ajustadamente con proyecciones el ecran del Centro Cultural Ricardo Palma. Destacar en el elenco a la siempre efectiva Trilce Cavero, a la divertida Carolay Rodríguez y al bienvenido regreso a las tablas de Raúl Durand. ¿Qué tiene Miguel? ha traído consigo una saludable polémica, como toda obra de arte que se precie de serlo (¿cuál no lo es?). Dejando de lado subjetividades, se trata de una propuesta honesta que busca poner en el tapete, a su estrambótica manera, lastres como la injusticia, la doble moral y la discriminación a todo nivel, que tanto daño le hace a nuestra sociedad.

Sergio Velarde
21 de mayo de 2017

sábado, 20 de mayo de 2017

Crítica: COMO SI FUERA ESTA NOCHE

Violencia que podemos evitar

Estrenada discretamente en el 2012 en el íntimo espacio que ofrecía el restaurante Patagonia, la pieza más conocida de la autora española Gracia Morales, Como si fuera esta noche, fue una oportuna puesta en escena llena de dolor y ternura que sirvió para el lucimiento del trabajo de sus dos actrices protagonistas, bajo la dirección de Diana Hurtado. Repuesta este año en el Teatro Racional, la obra lució aún más sus atractivos, gracias a las posibilidades espaciales y estéticas con las que contó ahora el nuevo director Manuel Conde, a través de la conmovedora historia de una madre y su hija, quienes desarrollan sus acciones por separado y en paralelo, pero cada una en su propio tiempo aunque compartiendo la misma edad, en medio de un atroz feminicidio.

Morales, conocida por crear textos con atmósferas mágicas y líricas, así como por abrazar temáticas como la memoria y la denuncia social, nos presenta el imposible encuentro de Mercedes (la madre) con Clara (su hija). La primera, asesinada cruelmente por su violento marido; y la segunda, a punto de repetir la misma historia como un círculo vicioso. Las líneas temporales se van juntando hábilmente, hasta que ambas logran entablar una sentida conversación, recordando anécdotas del pasado e inventando otras que nunca se darán en la realidad. Conde logra un equilibrio entre el genuino afecto que destila esta relación madre-hija, y la angustia de no poder detener el tiempo para cambiar la historia.

El trabajo de las actrices es destacable: Katya Castro (a quien vimos en puestas tan diversas como La noche de los asesinos o El secreto de la papa) y Vanessa De la Torre (de Esquina peligrosa) consiguen mucha química y verdad en escena. La productora Camisa de Fuerza (que nos regalara el año pasado la notable Escenas en casa de Vasili Beseménov) vuelve a explorar las relaciones entre las diferentes brechas generacionales, consiguiendo con Como si fuera esta noche un sentido drama que con mucha pertinencia sensibiliza y alerta sobre una seria problemática, trágicamente actual en una sociedad tan machista y violenta como la nuestra.

Sergio Velarde
20 de mayo de 2017

jueves, 18 de mayo de 2017

Crítica: EL ZOOLÓGICO DE CRISTAL

Cuando la vida es tan frágil como el cristal

Hace unos días fui al ICPNA de Miraflores a ver “El zoológico de cristal” de Tennessee Williams, una joya de la dramaturgia mundial que no necesita presentación, y que es una de esas obras a las que ya se les puede llamar “clásicas”, y que son muy necesarias en la cartelera limeña. No porque lo que se presente normalmente en Lima sea malo, en lo absoluto, sino porque siempre es bueno tener la opción de poder ver a esos autores, como Williams, que tanto han influido en los dramaturgos de hoy en día.

Los encargados de hacer realidad esta difícil empresa han sido Joaquín Vargas, conocido director y creativo de teatro y televisión, y la productora Vargas Navarro Producciones (quienes, simultáneamente, están presentando la aclamada obra “Piaf” en el teatro Marsano), y el resultado no puede ser mejor.

Quizás el mayor acierto de la obra radique en la elección del elenco, el cual cumple de gran manera con sus personajes, los cuales se desplazan por una línea que los lleva por diferentes estados y emociones, incluso, por momentos, como caricaturescos, pero sin dejar de totalmente humanos en ningún momento.

El talentoso Martín Velásquez (a quién ya disfrutamos en Zapping, el año pasado), es Tom Wingfield, personaje que hace del narrador y que es quien nos sumerge en esta historia en donde hay una persona que se siente con el poder de manejar, disponer y controlar la vida de  los demás: Amanda Wingfield, la matriarca de la casa, brillantemente interpretada por Mónica Domínguez. Después tenemos a Mónica Ross y a Francisco Cabrera, y si bien sus performances son menos vistosas, no por eso desentonan, incluso, en mi opinión, el momento en que la actuación de Mónica Ross se vuelve más conmovedora y verosímil es justamente cuando interactúa con Cabrera.

El montaje es prolijo, muy bien cuidado, y se nota la mano del director en que ha dispuesto el montaje, de tal forma, que sea imposible que Mónica Domínguez no se luzca. Sólo hubo un detalle que llamó la atención, y es que al iniciar la obra, la convención que se propone es que los actores toman desayuno con utensilios y comida imaginaria, pero luego, en el segundo acto, en una cena, todo se vuelve real. Creo que hubiera sido mejor que sigan con la convención propuesta, sea cual fuere, pero solo con una.

Bueno, quedan tres fines de semana para poder disfrutar de esta excelente obra, la cual nos muestra que la vida puede ser cualquier cosa que nosotros creamos que es: una cárcel, un lugar de frustración o un lugar para explorar y luchar por la felicidad. Sea como sea, en nuestro convencimiento de lo que somos nosotros mismos, radicará nuestro destino.

Daniel Fernández
18 de mayo de 2017