lunes, 18 de febrero de 2019

Crítica: EL BAÚL DE CIRCACIA


Un baúl maravilloso

Caroll Chiara, actriz y ahora gestora cultural de su proyecto X Productora, presenta en esta oportunidad una obra familiar llamada “El Baúl de Circacia”. X Productora se autodefine como una organización que busca desarrollar las artes escénicas inspirada en los valores de la pasión, el compromiso y el espíritu de servicio. Desde el año 2015 que nació, han montado una serie de obras como “Cluny, el musical” (2016), “Vergüenzas: Cajamarca, 1953” (2017), “La Ambición de los Difuntos” (2018) y “Naufragio” (2018), y también han participado en proyectos con el actor y profesor de teatro Carlos Mesta y el dramaturgo Alfredo Bushby. “El Baúl de Circacia” fue escrito por Yani Aít-Aoudia, Julia Figuière y Soledad Ortiz de Zevallos y el elenco es conformado por Gaby Olivera, Nicole Carrión y Daniel Hanashiro.

El escenario es un espacio abierto muy acogedor con una decoración artística bastante llamativa. Antes de iniciar la función, en medio del escenario, resalta un baúl y, al lado, un ukelele, un cajón, una guitarra, un n'goni y otros instrumentos de viento y percusión que serían usados en diversas escenas. Además, también encontramos una serie de cojines coloridos para uso de los espectadores que deseen apreciar el espectáculo sentados sobre el piso. Estos son, principalmente, madres con niños.

La función comenzó con puntualidad. El público fue de veinte personas, en su mayoría, familias con niños. La obra reemplaza los diálogos entre los actores por una serie de acrobacias, ejercicios de circo y un poco de zapateo. La narración es realizada por ellos mismos a través de sus cuerpos y la precisión y dominio escénico son muy atractivos para los espectadores. Se intuye que la acción dramática parte del intento de un muñeco (Nicole Carrión) de salir del baúl para conocer nuevas amistades y explorar el mundo a través del juego y la música. Los actores son egresados de la escuela La Tarumba y eso se reflejó en la gran creatividad de sus movimientos coordinados que dejaron asombrados a los niños en primera fila. Se debe reconocer, además, el talento artístico de Daniel en el manejo de instrumentos de cuerda, como el ukelele.

El vestuario era atractivo visualmente y servía para identificar muy bien a los personajes. Los actores vestían overoles similares a los usados por jardineros con colores distintivos: rojo (Gaby, la niña distraída), azul (Nicole, el muñeco) y amarillo (Daniel, el niño músico). Cuando la función se llevó a cabo, no se necesitaron luces, pues el espacio tenía un techado ligero y la luz del sol iluminaba el escenario.

El montaje, debido a la falta de diálogos, debe descubrirse con mucha concentración: resaltar la importancia de la amistad. “El Baúl de Circacia” está en temporada corta todos los domingos de febrero hasta el 24 de este mes en el restaurante cultural Tierra Baldía, Av. Del Ejército 847, Miraflores. La entrada de los niños incluye un helado de cortesía.

Enrique Pacheco
18 de febrero de 2019

No hay comentarios: