martes, 11 de octubre de 2016

Crítica: SIN ALIENTO

Cuando el hombre llega al límite   

Cuatro actores, dos obras, un gran tema. Estos son los elementos que componen “Sin Aliento”, proyecto escénico desarrollado y actuado por cuatro talentosos y jóvenes actores, a quienes hay que ponerles una marca para poder seguirles los pasos y que no se nos pierdan, y no solo por su trabajo actoral sino porque si su interés está en trabajar obras cuya intención sea la de llevar al espectador a una dimensión oscura, a un lugar del que uno quisiera salir lo más pronto posible, pues yo se los agradezco.

Las dos obras que componen “Sin Aliento” son “Con los pies en el agua” de Gregor Díaz, gran dramaturgo peruano, y Maratón de Nueva York de Edoardo Erba. Ambas obras tienen un tema en común: La resistencia humana, que también se puede traducir, como los mismos actores nos dicen en el programa de mano, en la voluntad de seguir adelante sin mirar atrás. Yo creo que también las dos obras tienen mucho que ver con la aceptación, con aceptar la situación. Es decir, ya se resistió, ya se llegó hasta donde el cuerpo y la mente permitieron, ya se hizo el máximo esfuerzo. Después de aquello, solo queda aceptar que ya no se puede más.

En “Con los pies en el agua”, el espectador se debe preparar para una historia que nos hace transitar entre situaciones extremas y decidir por una de ellas. ¿Qué es mejor sentir?, ¿qué duele menos?, ¿de qué forma es mejor rendirse? Creo que el trabajo actoral de Nicolás Valdés y Guillermo Rendón es tan potente como el texto mismo y si bien hay audios que pudieran tener una mejor calidad, el trabajo no se ve afectado.

“Maratón de Nueva York”, actuada por Daniel Cano y Valentín Prado, puede que sea menos agobiante que la primera obra, pero no por eso es menos sorprendente ni real. Creo que nos lleva más que nada a un estado de reflexión, a pensar en qué momento de nuestra vida creemos que estamos y hacia donde debemos seguir en adelante. ¿Podremos seguir adelante?

Definitivamente esta es una de esas obra en que, al encenderse las luces, nadie se levanta de sus asientos de golpe, y es que nos cuesta un tiempo asimilar lo que hemos visto, lo que hemos sentido. Y este hecho puede ser un tanto injusto para los actores pues los aplausos no son tan fuertes o tan largos, y no, no es porque no nos gustó lo que nos dieron. Es que estamos en shock. Y pido disculpas por eso. Quizás debimos esforzarnos un poco más en volver a la realidad y premiarlos con aplausos más fuertes. Quizás nos debimos poner de pie.

La obra está en el teatro Ensamble en Barranco y aún quedan cinco funciones más. No se la pierdan.

Daniel Fernández
11 de octubre de 2016