domingo, 23 de octubre de 2016

Crítica: EXTRAÑOS

Formas sobre fondos teatrales  

Extraños (1997), obra de Daniel Dillon que participara en el II Festival de Teatro Peruano Norteamericano ICPNA, viene presentándose en una novedosa versión en el Teatro Mocha Graña, bajo la dirección de Beto Miranda, a quien vimos como actor en Fando y Lis (2009) y Tus amigos nunca te harían daño (2014). La pieza de Dillon consta de cinco escenas cortas, en las que siempre participan “Él” y “Ella”: un peligroso y amoral coqueteo en un parque, una sencilla conversación acerca de la inminente separación, una violenta discusión en una cocina, un tenso diálogo con final trágico en un día de campo, y una relación que se queda en meras intenciones dentro de una cafetería. Textos sencillos que exploran, paradójicamente, la complejidad del ser humano; eso sí, cargados de mucho lirismo y sutileza.

Pues bien, la novedad del montaje de Miranda es que los actores no saben qué personajes interpretarán hasta que no se realicen los sorteos antes del inicio de cada escena en el mismo espacio. Es decir, los jóvenes Eli Duarte, Antonia Amorós, Gonzalo Alonzo Ruiz y David Otazú deberán estar preparados para interpretar en total a los diez personajes de la obra, cinco como máximo o acaso ninguno, si la “suerte” les es esquiva en cada función. Esta designación aleatoria en la que los “Él” y “Ellas” de cada escena sean intercambiables, vale decir, puedan ser actuados por ejemplo, por dos actores o dos actrices, da pie a una serie de interpretaciones: desde premisas tan simples como la de mantener en tensión al espectador y al actor durante los sorteos, hasta la nula importancia que tiene el rol de género para describir las tribulaciones del ser humano.

Acaso los más puristas podrían afirmar que este juego de azar de roles privilegia demasiado las formas sobre el verdadero fondo que Dillon deseó expresar en su texto en primer lugar. Y el que el mismo Miranda decida incluir, al final de la puesta formal, la repetición de una de las escenas con los actores que el público elija para representarla, podría ser tomado como una banalización del concepto mismo de la obra. Sin embargo, tanto las cuidadas actuaciones como la dirección en general (contados elementos escénicos, estética urbana, disposición espacial  que coquetea con el teatro circular) cumplen una solvente labor, convirtiendo a Extraños en un curioso y recomendable espectáculo.

Sergio Velarde
23 de octubre de 2016