domingo, 9 de junio de 2024

Crítica: PERMITIDO, LA ÚLTIMA NOVELA DEL INSPECTOR TORRES y UNA FAMILIA FELIZ


Comedia, drama y reflexión en formato breve


Siguiendo con la fiebre del teatro en formato breve, Piso 1 continúa ofreciendo microespectáculos para todos los gustos, entre disparatadas comedias, tensos dramas y piezas con una muy oportuna cuota de reflexión. Presentándose actualmente en el Turno Noche, la irreverente puesta en escena de Permitido del dramaturgo argentino Pablo Dos Reis nos muestra nuevamente el eterno conflicto de la monogamia en una pareja, en este caso, la conformada por la relajada Vero Rova y la más conservadora Lilian Schiappa-Pietra, llegando la primera en mención de una fiesta a casa. La posterior y siempre agradecida presencia de Lía Camilo termina por desatar el caos entre estas mujeres, que encuentran acaso una solución temporal al conflicto detrás del sofá. Entretenida microobra con la dirección de Haysen Percovich, que basa su mayor fortaleza en el trabajo en conjunto del carismático trío de actrices.


Algunas piezas estrenadas de manera virtual en tiempos de pandemia encuentran un espacio para presentarse de manera presencial. Tal es el caso de La última novela del inspector Torres de Marc Egea, interesante contrapunto entre un inspector de policía y un escritor de novelas policiacas, en medio de una ciudad azotada por un asesino que copia los mismos crímenes de los libros publicados. El diálogo se centra en los intentos del policía por convencer al novelista de dejar de escribir; en ese sentido, tanto Manuel Baca Solsol y Claudio Calmet, respectivamente, se acomodan perfectamente en sus roles, bien dirigidos por Carla Valdivia, que le imprime una atmósfera vintage que enriquece el resultado final.    


Por último, en Una familia feliz, también vista en pandemia, Christian Avalos escribe y dirige una contundente pieza breve acerca de la doble moral y la pacatería todavía imperante en nuestra sociedad. Resulta increíble (pero muy probable) que el dibujo realizado por una niña, en el que aparecen dos mujeres de la mano como familia feliz, pueda generar tal caos en una institución educativa tradicional y conservadora. Bien resuelto el conflicto entre el sensato padre (Yamil Sacín) y la psicóloga (Andrea Chuiman) en el aula de la niña, aderezado con el remate que nos tiene preparado Avalos, para llevarnos a la urgente reflexión de lo dañinas que pueden ser la intolerancia y la hipocresía. Piso 1 mantiene un muy buen nivel de calidad en todas sus propuestas de formato breve.


Sergio Velarde


9 de junio de 2024


Crítica: MAMÁ M*RICON@


El rechazo de una sociedad

Para nadie es un secreto que la cultura en el país está en último orden de prioridades. Con esta sensación, donde parece que se retrocede en lo poco que se ha avanzado como sociedad, surge Mamá M*ricon@, obra escrita y dirigida por Germán Falco. Desde una tribuna en la que se busca evidenciar aquello que (forzadamente) se oculta, Mamá M*ricon@ es directa en saber la idea que quiere retratar.

En la obra, Dony (Yahir Manosalva) vive con su mamá viuda (Urpi Curihuamán) en Lima. Cuando su primo Alex (Joaquín Zavala) llega a estudiar y quedarse a vivir con ellos, se empezará a revelar un secreto que ha ocultado la familia por años. Un secreto obligado debido a la inconsecuencia de la familia y de aquellos que se reprimen a sí mismos para evitar hablar de lo evidente.

La obra tiene mucho de drama que contar, pero los mejores momentos aparecen con su mirada satírica y tragicómica. La complicidad de la madre y el hijo, y las burlas que se dan los primos ante esta sociedad heteronormativa nos muestran un mundo duro, pero donde el amor puede existir. Si resulta cómico (a veces bordeando el terreno de la parodia) ver a la mamá, de la rama más conservadora del catolicismo, extrañando el sexo, la piel y el contacto físico, pero a su vez siendo incapaz de manifestarlo; también resulta doloroso ver a un personaje capaz de renunciar a quien es (incluyendo un lavado de cabeza) con tal que pueda ser aceptado en su familia.

Más allá de la crítica que se le puede dar a la puesta en escena (tuve la poca fortuna de estar en una función con errores técnicos en la musicalización) y a los debates que podrían ser tratados con mayor profundidad, Mamá M*ricon@ es clara en ejecutar una propuesta provocadora donde no teme desnudar a sus personajes para preguntarnos qué es lo que incomoda, ¿dos personas amándose o toda una sociedad obligándolos a rechazar quienes son?

Gabriel Calderón

9 de junio de 2024

viernes, 7 de junio de 2024

Crítica: CITA A CIEGAS


Desencuentros y coincidencias en la plaza

Sin duda, un clásico moderno de la dramaturgia latinoamericana es Cita a ciegas, del escritor argentino Mario Diament. Llevada a escena en 2007 y 2016, la pieza regresa este año en el acogedor Teatro de Lucía, bajo la cuidada y prolija dirección de Nazira Atala. Esta historia de amores y desamores entre cuatro personajes, muy distintos entre sí, gira en torno a un viejo escritor ciego, que pasa sus días descansando tranquilamente en la banca de un parque. Pero esta aparente tranquilidad que se respira en las primeras escenas esconde un trasfondo bastante sórdido y violento, pues la naturaleza humana siempre será capaz de los actos más atroces, así como de las muestras de afecto más sinceras.

Una joven escultora (Valquiria Che-Piu) y un empleado bancario (Luis Jesús) mantienen diálogos “casuales” por separado con el escritor invidente (Paco Caparó); mientras que en el consultorio de una terapista (Luisa María Tafur), una mujer (Jennifer Gorriti) revela pasajes de su frustración marital. Lo que al inicio pareciera ser una serie de escenas independientes sin ninguna conexión, Diament las cruza hábilmente por los azares del destino. Como bien puede desprenderse de ciertas lecturas, puede que toda la trama sea parte de la imaginación del escritor, claramente este inspirado en Borges; sea como fuere, los personajes se encuentran bien delineados, y el suspenso y el interés aumentan progresivamente.

Con una propuesta minimalista, Atala logra darle la atmósfera apropiada a la puesta, recurriendo a un discreto pero significativo diseño de luces, que acompañan las emociones que van experimentando los personajes. Este es un texto con muchos diálogos, que exige un elenco que sepa aprovecharlos al máximo; en ese sentido, todos los actores lucen muy creíbles y sólidos, especialmente Caparó, quien retoma en buena forma su personaje desde la última temporada, y Che-Piu. Esta nueva versión de Cita a ciegas mantiene el misterio de las casualidades que aparecen en nuestras vidas, como también nos muestra buena parte de lo contradictoria que puede llegar a ser la naturaleza humana.

Sergio Velarde

8 de junio de 2024

jueves, 6 de junio de 2024

Crítica: SOLO YO ESCAPÉ


No hay futuro sin pasado

Solo yo escapé, dirigida por Vanessa Vizcarra en el Centro Cultural de la Pacífico, es en su totalidad intrigante, pese a su estructura nula de conflicto. En ese sentido, es una puesta en escena que se sostiene por la autenticidad en cada una de sus cuatro personajes: mujeres que aparentemente solo platican en una terraza, y que, de vez en vez se interrumpen saliendo de la realidad representada para narrar situaciones medianamente distópicas, no tan alejadas de acontecimientos que ya hemos vivido y seguimos viviendo mundialmente, entre estas: migración forzosa, violencia, pestes y/o pandemias, así como también hambruna y uno que otro guiño en la adaptación a una polarización cada vez más creciente en nuestra sociedad peruana.

Asimismo, en contraste a todo lo contextual, cada una de estas mujeres de cierta manera se defiende de su pasado, del qué dirán, de las miradas y secretos entre ellas mismas y de los silencios que pesan con los años. De este modo se confiesan, exponen y argumentan su calma ante lo catastrófico que parece estar sucediendo quizá no tan lejos de aquella terraza. La calma se presenta como barricada a la crudeza del pasado o futuro, e incluso hace frente a prejuicios sociales como, por ejemplo, la continuidad de la vida después de haber sido privada de su libertad, o la soledad que, a pesar de ser toda la obra una charla amena entre amigas, transmite una ausencia de escucha real, pues cada una de ellas está sentada/aplastada en ese momento y lugar por el peso de la vida que llevaron.

En general, esta obra nos plantea una serie de problemáticas sociales, como imágenes poéticas que, haciéndole frente al público, específicamente en los monólogos, se abren cuestionamientos sin caer en lo aleccionador y sostiene así al espectador en una atmósfera intrigante gracias a los contrastes generados por la iluminación y escenografía mínima pero ambigua.

Conny Betzabé

6 de junio de 2024

martes, 4 de junio de 2024

Crítica: INBESTIA


Pugna de valores 

El Centro Cultural de la Universidad del Pacífico está presentando la pieza teatral InBestia, escrita por Luis Alberto León y Mariela Nones Cotito, quien también la dirige junto a Patricia Biffi.

Inspirada en hechos reales acontecidos en la Biblioteca Nacional, la trama gira en torno al robo de libros e incunables nacionales detectado por Beatriz (Cecilia Monserrate), la nueva directora, quien confronta su sentido de justicia e integridad, frente a una beligerante funcionaria (Liliana Trujillo), que pretende mantener la cadena de corrupción en la institución, utilizando extremos métodos para lograr su cometido. Hechos que transcurren frente a una trabajadora de limpieza (Lupe Ramos), quien desde su posición funge de testigo y escudo entre las dos mujeres. 

Por otro lado, la escenografía nos ofrece varios simbolismos referentes al arte y la literatura, siendo los libros, elementos representativos del juego escénico. Enmarcados por el triángulo en que se convierten los personajes, cuya pugna de valores y antivalores refleja a una sociedad corrompida, casi incapaz de cambiar su destino. Los potentes monólogos son ejecutados con maestría por elenco, destacando la participación de Trujillo, quien se adueña del complejo personaje a su cargo. 

InBestia retrata con crudeza y realismo la crisis que aborda la moral, la ética, entre otros valores, de los cuales nuestro sistema público adolece, lamentablemente, como vemos todos los días en los medios de comunicación. Es un mal que parece expandirse y normalizarse cada vez más. Los cuestionamientos son muchos: ¿Cuáles son los límites de nuestras acciones? ¿Cómo hacer frente a los actos de violencia y corrupción? ¿Será que el sistema se ha rendido ante lo prohibido? Sin duda, mucho por reflexionar.

Maria Cristina Mory Cárdenas

4 de junio de 2024

Crítica: AZUL, UNA AVENTURA DE COLORES


Hubiera deseado tener una linterna y jugar en la oscuridad

Desde que ingresamos al espacio se percibe una atmósfera fantástica. Los payasitos que nos recibieron eran geniales, jugaban con nosotros, nos hacían bromas y conversaban con todos los que íbamos ingresando, peculiarizando algún elemento que encontraban en el público, ya sea su manera de caminar, su energía, algo que llevaban en la manos o iban comiendo. Una situación muy activa para los intérpretes y dinámica para los espectadores; por un momento creí que solo eran parte de la recepción, pero después descubrí que ambos eran parte de las escenas de la obra. Visualmente la propuesta es muy atractiva, las linternas que los niños tienen en las manos deambulan en la oscuridad y fomentan un ambiente mágico, la música está bien colocada, hay una banda en vivo que armoniza todos los pormenores de la obra, esta situación es un gran plus para la fantasía del espectáculo. La música acompaña muy bien todo el transcurrir de la historia, hay momentos en los que los intérpretes cantan. Al principio, cuando la protagonista presenta a sus amigos colores, el ritmo es exquisito, la composición sonora también; sin embargo, la letra no se alcazaba a entender con claridad, situación que disminuía la calidad de la composición; en otros momentos, cuando las canciones fueron más lentas, la voz estuvo un poco más clara y lo que trataban de decir se entendía mejor.

La historia es un poco larga, y la gran pregunta que me despertaba mientras emocionado miraba lo que sucedía, es si es teatro para niños o teatro para aquellos adultos que tenemos un niño interior. Anoto esta cuestión, porque los niños estuvieron muy emocionados en el recibimiento de Par e Impar, los dos payasitos, que dicho de paso contaban con una energía fantástica y una presencia encantadora; pero cuando la historia comenzó, empezaron a dispersarse y se volvió muy larga. Quizá los momentos espectaculares, como las apariciones de los personajes del Dragón o la Luciérnaga captaban su interés, pero por lo demás, parecían no seguir la ilación de la historia. Es cierto que eso sucedía con los más pequeños, mientras que los ya casi adolescentes permanecían atentos a lo que sucedía. Es así que me cuestiono sobre cómo podría ser el mejor teatro para niños en la actualidad, es necesario una trama tan compleja y larga o simplemente debemos buscar momentos pequeños en donde la atención del infante es nuestra. 

Por otro lado, pese a las dificultades para entender las primeras canciones, el trabajo vocal es muy bueno, resalto la composición de la Luciérnaga, desde la animación de objetos y desde la particularización de la voz. La intérprete dejaba una cadencia peculiar al emitir la voz de este ser fantástico, algo que amenizaba mis oídos y me parecía cercano a lo que es una construcción de personaje, alguien único, que solo existe cada vez que se prenden las luces y baja el telón.

Por lo demás, personalmente, salí encantado de la puesta en escena, me relajé mucho y el desenvolvimiento de los intérpretes fue muy bueno, me gustaron mucho Par e Impar, también Garabato, la Luciérnaga y el Dragón.

Azul, la protagonista, tenía un buen esquema corporal, sus desplazamientos mostraban una calidad técnica y su voz era familiar a un evento para niños; aun así, la sentí un poco lejana para mí, esto es una opinión subjetiva, pero pese a ello su simpatía en el escenario causaba mucho interés. Sería interesante preguntar a un niño su opinión sobre lo sucedido, esto podría dar con más exactitud indicios si las estrategias y la interpretación funcionó. Desde la mirada de un adulto que sigue siendo niño, me encantó el espectáculo y el ambiente, pero la historia se hizo un poco densa, la conexión entre los acontecimientos escénicos no me quedaba muy clara.

La banda, mención aparte, cautivó mis sentidos desde que ingresé al espacio, la sonorización de los momentos fue increíble, la mezcla de ritmos y de instrumentos percutivos con sintetizadores aportaba una esencia de luz y de sucesos mágicos. El trabajo artístico y de producción están en muy buen nivel, las cuestiones para reflexionar quizá serían sobre qué es el teatro para niños, cómo se encuentran los niños en el 2024 y qué herramientas o estrategias podemos usar para realizar un buen espectáculo para ellos. Por lo demás, hasta ahora, sonrío por lo sucedido, hubiera deseado tener una linterna y jugar en la oscuridad.

Moisés Aurazo

4 de junio de 2024

Crítica: COLISIONES


En Lima chocamos todos

Nuestras combis bien podrían representar gran parte de nuestra idiosincrasia limeña. La tan mentada “cultura combi” se refiere a la conjunción de todos aquellos factores que tienen responsabilidad en nuestro caótico tránsito vehicular de todos los días: unidades destartaladas a duras penas operativas, conductores y cobradores imprudentes y de lenguaje vulgar, papeletas amontonadas cuando no funciona la coima, pistas en estado lamentable, frecuentes y graves accidentes, etc. Pero a esta lista habría que agregarle también las penurias que viven los sufridos pasajeros y las acrobacias que deben realizar los policías de tránsito, quienes tienen también sus propios dilemas familiares y personales. Pues bien, Colisiones, escrita y dirigida por Eduardo Rios Cañamero, producida por La Máquina Insomne y coproducida por el ICPNA Cultural, y que inaugura además el novedoso Ciclo de Teatro en el Centro, es una excelente puesta en escena que, a través de secuencias que combinan acertadamente la tragedia y el humor, nos lleva a la reflexión sobre el estado actual de nuestra desorganizada ciudad en eterna colisión entre todos.

Ya desde la primera llamada dentro el auditorio del ICPNA Centro, la puesta en escena minimalista muestra claramente sus intenciones, con los cuatro actores vestidos de negro escenificando la “ley de la selva”, en una lucha simiesca coreografiada, teniendo como fondo la proyección de imágenes de nuestra transitada ciudad. Acercándose la tercera llamada, los intérpretes “evolucionan” progresivamente y se visten con las ropas de sus respectivos personajes: el policía de tránsito (Christian Ramirez), el estudiante universitario (Piero Rodriguez), el chofer (Bruce Pray) y el cobrador (Wedner Velásquez) de la combi. Las secuencias van sucediéndose en orden cronológico, en una mañana cualquiera en el Cono Norte, y seguimos a cada uno de los protagonistas de esta historia, de la que ya intuimos su trágico final; dicho efecto funciona, pues lejos de caer en fáciles estereotipos, Rios Cañamero humaniza a sus personajes, mostrándolos con todas sus miserias y frustraciones, pero a la vez como las eternas víctimas de un sistema que no da para más.

Sobresaliente el trabajo en conjunto del elenco, el cual logra cuatro convincentes personajes: nos conmovemos por el policía que no le alcanza el dinero para poder atender a su padre, por el estudiante con el estómago vacío que debe viajar horas para rendir un examen, por el cobrador que quiere “ascender” a conductor para conquistar a una chica, y por el chofer que debe comprar en el camino los medicamentos para su pareja a punto de dar a luz. Ganadora del 3° Concurso de Proyectos Culturales 2023 de la Dirección de Asuntos Culturales de la PUCP, Colisiones nos recuerda que nuestra capital se encuentra muy lejos de convertirse en la tan mentada “potencia mundial”; por el contrario, se ha convertido en la auténtica prueba de la formalización de la informalidad, desgraciadamente ya normalizada a todo nivel, de la mano de la incapacidad del ciudadano común para respetar y hacer respetar las reglas, importándole solo su propia conveniencia. La "cultura combi" nos involucra a todos; y además, literalmente, en Lima todos chocamos.

Sergio Velarde

4 de junio de 2024

lunes, 3 de junio de 2024

Crítica: FALTA POCO PARA LLEGAR A VIEJO


¿Qué es lo que llega con la muerte?

De la vida podemos filosofar mucho, tener mucha experiencia y evidencia, según nuestros contextos, vivencias, lugares visitados, amores, desamores, fracasos, éxitos; conforme avanzamos, en cada etapa de nuestra vida podemos, desde nuestro aprendizaje, hablar mucho de ella, y al mismo tiempo, quizá, saber muy poco. Y eso nos alienta a querer conocer más. ¿Y la muerte? ¿Qué hay de ella? Sabemos que existe, que está allí, pero no sabemos nada en realidad sobre ella. Religiones, filósofos, científicos han tratado de explicarla, pero es incierta, inesperada y siempre, siempre es un agente de transformación, de cambio, de repensar la vida. Todos tenemos una fecha de caducidad, sabemos que no estaremos en vida siempre; no obstante, andamos nuestro camino como si fuéramos eternos. Sin embargo cuando nos toca enfrentar una condición médica de cuidado, como lo es el cáncer, pues la muerte ronda aún más en nuestros pensamientos, y quizá nadie conozca mejor la vida que los que son conscientes que van hacia el final de ella, sin poder disfrutarla como desearían. Quizá vivimos muy aferrados a la vida.

A esta reflexión me llevó el texto escrito por César Adauto y dirigida en escena por Martin Figueroa; Falta poco para llegar a viejo logra cuestionarte acerca de la muerte y cómo llevamos cada cual, según nuestra historia de aprendizaje y contexto, cómo afrontamos o evitamos lo inminente del fin de nuestra vida. Esto es un acierto en dirección,  ya que al poner cinco pacientes oncológicos en un espacio cerrado, se habla también de la elección que tiene cada uno de ellos de su propio encierro interno o de, en esas condiciones, buscar vivir a plenitud cada día. A pesar del contexto, lo que me recuerda la experiencia de Viktor Frankl en los campos de concentración nazi en su libro El hombre en busca del sentido. Llega también a mostrar la pieza teatral dentro de esta atmósfera de condena con calma, esperanza y bromeando incluso sobre la muerte. Señalando también el frágil sistema de salud que tenemos, así como la indiferencia total hacia los pacientes.

Los actores Sofia Rivera Kroll, Gus Castro, Richard Torres, César Adauto, Sebastian Olivencia, Fátima Orbezo y Rodrigo Basto hacen un muy equipo de escena, todos destacan mostrando un trabajo limpio, con ritmo y bien organizado. La música en vivo está en momentos precisos de la escena brindando un ambiente idílico, la escenografía es minimalista, ya que el trabajo recae en el equipo actoral. Recomendada.

Manuel Trujillo

3 de junio de 2024

Crítica: SIMÓN


Crudos testimonios de un asesino serial

Cada cierto tiempo aparecen espectáculos teatrales que dividen al público y a la crítica, obras ante las que no es posible permanecer indiferente: o las amas o las detestas. La nueva apuesta de la agrupación Butaca Arte & Comunicación, titulada simplemente Simón, es indudablemente una de ellas. La historia de Simón Wayne, un peligroso asesino serial responsable de la muerte de más de cincuenta mujeres, es una verdadera prueba de fuego para el mencionado colectivo que ha sabido enfrentar con ingenio textos de contenido violento, como Carne quemada (2022) de Jaime Nieto, o Frenesí (2022) de Herbert Corimanya. Y es que resulta pertinente la pregunta para este reciente estreno: ¿Cuál es el objetivo de sumergirnos en la enloquecida mente de este psicópata? ¿Se busca acaso encontrarle alguna explicación o justificación para su insano proceder? Dependiendo de las subjetividades de los espectadores, las respuestas pueden ser muy variadas.

La dramaturgia de Daniel Quispe se toma dos largas horas para narrarnos los tristes orígenes del asesino (Dante del Águila) en medio de una sociedad (norteamericana de décadas atrás) previsiblemente hostil y violenta; pero también para conocer los desesperados intentos de la psicóloga encargada del caso (Eliana Fry García-Pacheco) por encontrar a su hija desaparecida. Desprovista por completo de humor, el director Martín Velásquez nos presenta una puesta en escena no apta para todo público, e incluso difícil de digerir para aquellos que, como quien escribe, se consideran fanáticos de series de crímenes y películas de asesinos seriales. Eso sí, el regodeo en la violencia se ve equilibrado por una estilizada representación de las escenas de tortura contra sus víctimas: los cuerpos de Daniela Sosa del Rio, Fabiola Huamán y Lucía Meza (quienes representan además a las mujeres en la vida de Simón) se mueven silenciosos durante los encuentros con el asesino, mientras que el público solo lo escucha a él "justificar" sus crímenes por la insólita diferencia entre mariposas y polillas.

Los intérpretes, por su parte, están intachables, entre quienes se encuentra la siempre solvente Fry García-Pacheco; sin embargo, habría que destacar la composición que hace Del Águila, en el que quizás sea su rol más intenso a la fecha: su Simón, acaso inspirado en el Frank Zito de Maniac (William Lustig, 1980) resulta inmisericorde en cuanto a la brutalidad que ejerce contra sus víctimas y su sola presencia en el escenario provoca tensión. No obstante, resulta imposible no opinar sobre la reacción del público en sala (en todo caso, durante la ejecución todos nos convertimos en espectadores de la misma): movimientos y respiraciones incómodas y un par de celulares cayendo al piso denotan que muchos esperaban que la ejecución termine lo más pronto posible, así como la obra. Improbable que haya quien le haga caso al encargado de la prisión (Juan Pablo Bustamante), que pide orden y respeto por el condenado ante los gritos de los numerosos deudos. Simón, que tuvo temporada en el Teatro Mocha Graña, es el retrato macabro de un oscuro personaje, desprovisto por completo de simpatía; un dilatado montaje que bien puede ser tachado de misógino, morboso y truculento, pero que contiene secuencias notables. Un arriesgado espectáculo que, así como lo es el arte, se encuentra destinado a incomodar.

Sergio Velarde

3 de junio de 2024

domingo, 2 de junio de 2024

Crítica: ANATOMÍA DE LA FRONTERA


Lo que las guerras nos dejan

El Grupo de Teatro Llaqta siempre se ha caracterizado por la conciencia social que le impregnan a sus variados espectáculos; algunos, con dramaturgia propia como Último acto, escrito por la actriz y directora Noraya Ccoyure, y otros, clásicos contemporáneos como Nuestra Señora de las Nubes, del maestro Arístides Vargas. En esta oportunidad, el grupo optó por el formato de creación colectiva, bajo la dirección de Guillermo Ale, proveniente de la interesante agrupación argentina La Cuarta Pared. La puesta en escena, estrenada en el espacio no convencional Teatro Aforo XI, lleva por título Anatomía de una frontera y se inscribe dentro de aquellos necesarios montajes que reflexionan sobre los horrores que nos dejan los conflictos armados.

Nos ubicamos en una nación indeterminada, azotada por una cruenta guerra entre los bandos del Norte y del Sur. Hasta una de las garitas llega una mujer (Ccoyure), proveniente del Sur, que desea cruzar la frontera para encontrar a su esposo. No se lo permiten un implacable oficial (Fernando López) y un joven soldado (Joseph Mendoza) que esconde un terrible secreto. La dirección desarrolla bien los conflictos entre los personajes y apuesta, entre otros aspectos, por estilizar el contenido de violencia que la sencilla trama provee, ralentizando algunos movimientos; esta propuesta no distrae del conflicto, pues la mayor fortaleza radica en la caracterización realizada por los intérpretes.

Buen trabajo de López y Mendoza, convincentes y precisos en sus roles, con una mención especial para Ccoyure, conmovedora y valiente como esta mujer dispuesta a todo por reencontrase con su pareja. Los elementos escenográficos podrían estilizarse aún más y además, ser más utilizados en la ejecución escénica; no obstante, la historia es lo suficientemente clara y fluida como para seguirse con interés. Anatomía de una frontera es una muy pertinente apuesta del grupo Llaqta en estas épocas en las que el mundo se desangra de manera absurda, y que nos muestra que, efectivamente, en una guerra no gana nadie. Perdemos todos.

Sergio Velarde

2 de junio de 2024