martes, 17 de marzo de 2020

Entrevista: ALONSO CANO


“Es básico sincerar el precio de las entradas”

“Mi niñera era el teatro”, comenta el actor Alonso Cano, ganador del premio del jurado de Oficio Crítico por su destacada actuación en la comedia Más pequeños que el Guggenheim (2019). Hijo de los actores Patricia Frayssinet y Carlos Cano, Alonso siempre estuvo involucrado con la actuación, asistiendo desde muy pequeño a grabaciones, ensayos y funciones de teatro. “No tenían con quien dejarme (la mayoría de las veces), entonces yo me ganaba con todas las instalaciones de los teatros, recuerdo el Montecarlo y el Canout, me paseaba por todos lados, pasillos, tramoyas; siempre estuve familiarizado con el teatro.” Lamentablemente, su colegio no tenía un enfoque hacia las artes, así que nunca hizo un taller de teatro escolar propiamente dicho, ni siquiera cuando en Quinto de Secundaria intentaron en vano presentar una obra. “Yo sí recomendaría que todos los jóvenes lleven un taller de teatro en colegios, es básico para conocerse uno mismo.”

Inicios y formación

“Empecé a estudiar teatro para vencer mi timidez,” confiesa Alonso. “Mi mamá me metió al taller de Maritza Gutti a los quince años, porque era muy tímido; ella creía que con el teatro iba a mejorar.” El taller fue dictado en ese entonces en el Dance Studio de Fiorella Cayo, aunque Alonso también recuerda haberlo llevado incluso en la misma casa de la recordada actriz y profesora. “Maritza era una apasionada del teatro, lo amaba, era muy simpática, muy sabia, encantadora y tengo los mejores recuerdos de ella, fue una gran maestra en mi vida.” Alonso llevó tres talleres distintos con ella y era tan tímido que no llegaba a presentarle ni un solo ejercicio. “Hasta que por fin lo hice una vez y ella me dijo sorprendida: ¡Alonso, es la primera vez que has presentado un trabajo!; me demoré bastante.”

Alonso pisó las tablas por primera vez cuando tenía nueve años junto a su madre, dentro del elenco de Pluft, el Fantasmita (1993), que incluía además a su hermana menor Carolina Cano y a su tío Marcelo Oxenford. “Pero mi debut-debut fue en la obra Angelitos (2003), en el teatro Julieta y dirigida por Ana María Jordán; fue súper estricta, apasionada es la palabra que más la define.” Alonso reconoce que no desaprovechó la oportunidad de participar en estas obras, pues lo pusieron “en el radar” para empezar a asistir a castings y a que lo tomen en cuenta para diversos proyectos. “Nunca me han elegido por ser el hijo de quien soy, siempre meritocracia.”

Obviamente, los padres de Alonso fueron sus primeros maestros, de quienes aprendió a continuar la tradición actoral familiar. “De mi papá, me quedo con el disfrute, el gozo, el privilegio de estar en un escenario, el estar haciendo algo que quizá muchos sueñan y no lo han logrado todavía, él lo veía de esa manera; y de mi mamá, la disciplina y la técnica, ella era más técnica que mi papá.”

Alonso, además, se ha formado en los talleres de formación actoral de Roberto Ángeles y Alberto Isola, así como en la escuela profesional de circo La Tarumba y otros talleres. “Con Roberto llevé tres niveles y con Alberto, un taller especial para exalumnos de Roberto”, menciona. “Roberto es absoluta técnica y muy estricto también; alguna vez, cuando no pasé el segundo nivel, le pregunté si me veía talento como actor y él me dijo, sin pelos en la lengua, que muy poco,  me recomendó que busque un trabajo, que estudie otra profesión, que me consiga otra enamorada porque la que tenía me hacía la vida imposible (risas) y que después, ya veríamos.” Sin embargo, Alonso no se rindió y luego de cumplir al pie de la letra sus indicaciones, regresó para repetir su segundo nivel. “Roberto me enseñó la perseverancia también.” Recuerda mucho su muestra final y el personaje que le tocó interpretar en la conocida obra Perdidos en una noche sucia de Plinio Marcos, al lado de Carlos Galiano. “Disfruté mucho el proceso, es una obra muy humana; hice de Paco el Loco el Peligroso.” De Isola, menciona que tiene mucha sabiduría y asegura que es el que más sabe de teatro en este país. “Siempre tenía una respuesta para todo, sabe llegar a sus alumnos, hicimos Maratón en Nueva York, de nuevo con Carlos Galiano, que era una metáfora sobre la muerte.”

Actuar y ser dirigido

Uno de los montajes que Alonso siempre menciona en sus entrevistas es Mercury: más allá de la vida de un dios del rock (2011), bajo la dirección de Jaime Nieto, en donde asumió el reto de interpretar al ex vocalista de Queen en un sentido monólogo. “Un buen actor de teatro debe saber escuchar, tener disciplina y ser generoso con el compañero”, asegura. Por otro lado, menciona que un buen director de teatro debe “también saber escuchar, recibir propuestas y tener sus propias propuestas, que sea un proceso de mucho amor por lo que está haciendo, eso es importantísimo, lo aprendí de Norma Martínez con quien he tenido el placer de estar bajo su dirección en dos obras; y ser estricto con los actores si es que hay alguna indisciplina, creo que eso se perdió un poco.” No obstante, Alonso afirma que un director jamás debe sobrepasar el límite de respeto con sus actores. “No creo que sea necesario el incomodar, creo que verbalizando lo que quieres lograr con el actor es suficiente; si es un exceso, es un abuso de poder y claro, es condenable.”

Justamente, uno de los personajes más difíciles de conseguir para Alonso fue el que realizó con Ángeles. “A Paco el Loco el Peligroso lo agarré al final, con un trabajo exhaustivo de Roberto, que también estaba ahí detrás de mí, exigiéndome bastante; creo que es importante entender que existe un trabajo horizontal y si bien el director tiene la última palabra, este no puede ser un militar.” Es importante entonces, para un director, llegar a un consenso, negociar con el actor, saber recibir las propuestas y llegar a un acuerdo mutuo. “He tenido la suerte de trabajar con ese tipo de directores; tampoco me parece indispensable, ni que sea mejor, que un director haya sido o sea actor; por ejemplo, Roberto creo que nunca ha actuado profesionalmente y es uno de los grandes.”

¿Qué personajes le gustaría interpretar a Alonso y todavía no ha tenido la chance? “Ricardo III”, responde de inmediato. “También me hubiera encantado ser Hamlet, pero ya estoy un poco viejito, aunque Bruno Odar fue un gran Hamlet a sus cuarenta años.” Afirma inclinarse más hacia los personajes dramáticos, a pesar de sus grandes logros en comedias. “Me encanta hacer comedia (y ya he hecho bastante), pero sí me gustaría hacer personajes diferentes, incursionar en el expresionismo, salir un rato del naturalismo.”

Espacios y circo

Alonso fue invitado por Diego La Hoz, director de Espacio Libre, para actuar en tres interesantes montajes, muy recordados además. “Diego me vio actuar en Unicornios (2004) de Aldo Miyashiro, mi primera obra para adultos, y luego me llamó para estar en una que había escrito, para que actuara con Franklin Dávalos, Cuando el día viene mudo (2005).” La pieza abordaba la relación entre dos amigos de veinte años, con uno de ellos confundido por lo que siente por el otro. “Fue muy interesante, había escenas de desnudos, pero Diego fue muy amable y profesional, supo crear un vínculo entre los tres; fue un proceso bastante fuera de lo común, yo todavía era cachorrito en el teatro, recién había acabado mis talleres; fue mi segunda obra profesional y me encuentro con este pastrulo (sonríe).” Las siguientes obras que hizo con Espacio Libre fueron escritas por Eduardo Adrianzén: Demonios en la piel (2007), una mirada al director de culto Pier Paolo Pasolini; y Cuatro historias de cama (2009).

Con La Tarumba, Alonso intervino en siete de sus espectáculos, los últimos fueron Clásico (2012) y Caricato (2013), dos de los espectáculos más recordados de la compañía de circo, teatro y música peruana, dirigida por Fernando Zevallos. “Recomiendo a los actores llevar un taller de circo, acrobacia o de movimiento en general para así tener más herramientas como actor,” asegura. “Yo hago teatro también con la Compañía de Teatro Físico (por ejemplo, en Los regalos), que dirige Fernando Castro; el circo me ha servido mucho para eso, mientras más preparado y más herramientas tengas, porque tu cuerpo es tu herramienta de trabajo, tienes muchas más posibilidades de trabajar y de hacer también un mejor trabajo.”

Público y proyectos

Más pequeños que el Guggenheim, escrita por el mexicano Alejandro Ricaño, fue una de las mejores comedias del año pasado, estrenada en el nuevo Teatro Julieta. “Con Ximena (Arroyo) y Haysen (Percovich), los directores, me fue muy bien, fue un placer de verdad, son dos actores y directores a la vez; era curioso, porque ellos a veces no estaban de acuerdo con una escena y discutían entre ellos, pero de una manera alturada, nunca me había pasado, fue muy interesante y bueno, el teatro es: probar y decidir.” Por ser una obra minimalista y de metateatro, con una obra dentro de otra, a veces surgían los desacuerdos. “Ayudó mucho el tener un buen elenco y dos directores que la tenían clara, pues había momentos en la obra que uno no sabía si era el presente, el pasado o un futuro inventado: eso era lo que teníamos que resolver.” Alonso, al leer a su personaje, le pareció que estaba pintado para que lo interpretara su padre. “Lo quise hacer bien Carlos Cano, y sí considero mi actuación como un homenaje.”

Nuestro medio teatral se ha visto afectado en los últimos años por una afluencia de público que no es la adecuada para sostener a la comunidad teatral. “Yo creo que es básico sincerar el precio de las entradas, eso es fundamental,” reflexiona Alonso. “Creo que también debería haber flexibilidad de horarios, por ejemplo, las ocho de la noche es un horario que puede cambiar, por el tráfico; estoy diciendo cosas muy básicas, porque no hay una cultura teatral en nuestro país, eso es eso es lo que tenemos que hacer a largo plazo: incentivar la cultura teatral en los colegios, en las universidades y si hubiera apoyo del gobierno sería hermoso.” Alonso recuerda que hace muchos años había mucha gente haciendo colas larguísimas para asistir a los teatros. “Tal vez porque eran menos teatros, además no existía Netflix, todo eso influye, ahora el teatro compite con todo, hay muchas alternativas, hasta yo mismo a veces no quiero ir al teatro y prefiero quedarme en casa viendo Netflix, imagínate.”

Este 2020, Alonso estará en la cartelera teatral con varios proyectos. “Vamos a reponer Juergues (2019) en el horario de trasnoche en el teatro Julieta en abril y mayo; y con Roberto vamos a hacer en septiembre La naranja mecánica, el musical, este es un proyecto que tiene años, que por fin lo va a hacer en el teatro de la Universidad de Lima.” También estará en un proyecto de la Compañía de Teatro Físico de Castro, del que está prohibido de revelar detalles. “Todavía no lo quiero mencionar, hasta que nos lo confirmen al 100%,” finaliza.

Sergio Velarde
17 de marzo de 2020

Entrevista: MARÍA DEL CARMEN SIRVAS


“Un director escucha a sus actores y saca lo mejor de ellos”

Una de las actuaciones femeninas más conmovedoras y convincentes del año pasado fue la que nos regaló la actriz María de Carmen Sirvas, en una puesta en escena escrita por el destacado dramaturgo Alfredo Bushby, titulada Balada de la concha y la pastora (2019), al lado de Javier Valdés y Esteban Philipps. Con cuatro nominaciones al premio de Oficio Crítico a lo largo de los años, María del Carmen consiguió su primer reconocimiento por parte del jurado calificador como la mejor actriz en la categoría Drama. “Tengo familia con intereses artísticos,” refiere. “Mi primo es artista plástico, por ahí tengo algún tío abuelo poeta, pero ningún actor en realidad.” La afición por la actuación le llegó desde muy temprana edad. “Sentí como una necesidad de expresarme, era muy histriónica, digamos que la primera sensación que tuve para querer ser actriz era cuando veía niñas en la tele y decía: ¡Ay, yo creo que podría hacer eso!”. El tiempo pasaba y María del Carmen siempre participaba de todas las actuaciones en los cinco colegios en donde estudió. “Mi vida ha sido un poco cambiante y no porque haya sido mala alumna, tenía buenas notas y era súper tranquila, hasta tímida, pero mis papás se mudaban mucho y siempre iba al colegio que estuviera más cerca a mi casa,” recuerda. “Los cambios, en realidad, me parecían divertidos, porque tenía que adaptarme y me daban la oportunidad de jugar a convertirme en una nueva persona en cada espacio; no sé si esto es lo que me hizo ser actriz, porque como adolescente en búsqueda de su propia personalidad, tenía la posibilidad de entrar en un nuevo personaje cada vez que entraba a un nuevo lugar, era como un juego."

Inicios en la actuación

“En el colegio siempre actuaba, pero no tenía muy claro que quería ser actriz,” recuerda María del Carmen. "Cuando estaba en el último año del colegio me di cuenta de que sí tenía en el fondo ese deseo, pero me daba vergüenza decirlo, pensé que mis compañeros no me iban a tomar en serio.” Es entonces que decide estudiar Comunicaciones, ya que su padre también quería que siguiera una carrera más convencional a su criterio. “Como estaba en el tercio superior, me fue fácil entrar a la universidad y escogí Comunicaciones, porque dentro de la currícula decía Taller de Teatro, pero duré tan poco tiempo en la carrera que ni siquiera tuve tiempo de entrar a dicho taller.” 

María del Carmen ya había llevado algunos talleres de teatro y tomó una importante decisión ya cursando el primer ciclo de Comunicaciones en la universidad. “Me metí a Iguana Talleres, ese fue mi primer acercamiento al teatro; mi mamá era la que siempre me apoyaba, ella siempre decía que sí y mi papá, que no; bueno, al final fue todo un tema, porque mi papá me dijo que estaba seguro que si entraba a ese taller, iba a dejar la universidad; ¡no, papá, no la voy a dejar, voy a seguir! decía, pero al final la dejé (ríe); esto fue en el 2004.” En aquel entonces, Iguana Talleres estaba bajo la dirección de Joaquín Vargas. “Yo le tenía mucho cariño, él fue prácticamente mi primer maestro y aprendí mucho en esa etapa; de hecho entro a Iguana con la intención de hacer televisión.” No obstante, María del Carmen afirma que descubrió el teatro ahí. “Era una cosa muy diferente, me enamoré, descubrí que no solo era pararme y ser un personaje, que podía abordarlo de otra manera, de una manera mucho más sensorial, me atrajo mucho, ahí comenzó como mi conexión con el teatro.” Como resultado de su paso por Iguana Talleres, participó en dos puestas en escena: La salsa criolla, que fue una fusión entre La salsa roja y La de cuatro mil de Leónidas Yerovi; y Canción de Navidad, un musical de la conocida historia de Charles Dickens. “Llevamos clases de canto, de jazz, de voz, fue un compilado de talleres, fue una linda experiencia, pero como todo, se acabó.”

Tempestad y luego, la calma

“Pasé por algunas turbulencias emocionales en mi etapa de formación y en algún momento dudé de ser actriz,” revela María del Carmen. “Lo digo ahora con total honestidad: las principales fueron por relaciones  amorosas, siempre he sido muy romántica y como era muy chibola, creía que la primera persona con la que compartía una relación larga, era el amor de mi vida y los celos a la hora de actuar con otros compañeros, eran un gran problema; creí que todo era mucho más grande de lo que realmente era; y aunque suene cursi, fue importante entender que la felicidad no está en terceros, si no en mí misma y en sentir amor por lo que hago.” Ella decide entonces cambiar de rumbo y estudiar diseño de modas todo un año. “Esa fue a otra etapa de mi vida que me sirvió mucho, porque creo que todo lo que haces en la vida te sirve y estoy agradecida por ese año, porque pude descubrir otras artes, aprendí a dibujar, además me gusta mucho la moda; pero en medio de ese año, recibí dos propuestas para volver a conectarme con la actuación, unos unitarios que grababa Iguana y una obra para niños; solo el hecho de volver a conectarme con ello, me activó la necesidad de hacerlo de manera profesional.” Finalmente, cuando por fin pudo salir de esos momentos de indecisión, María del Carmen volvió al camino de la actuación. Es así que se inscribe y entra al TUC de la universidad Católica.

En el TUC, María del Carmen tuvo un gran grupo de profesores que fueron puliendo su talento. “A todos los valoro mucho; la primera fue María Luisa de Zela en el primer ciclo,” recuerda. “Fue súper duro, entramos todos a la clase y lo primero que hicimos fue un ejercicio de cuerpo combinado con respiración que para mí fue eterno y luego corrimos cantando como cuarenta minutos y fue increíblemente agotador y miraba las caras de mis compañeros y nos preguntamos: ¿Esto es lo que quiero hacer cuatro años?, pero después de todo a mí me gustó mucho la experiencia.” Otros maestros importantes en la formación de María del Carmen fueron Alejandra Guerra (“súper buena profesora y actriz”), Ana Correa (“increíble en toda su mística”), Mateo Chiarella, Urpi Gibbons y Mirella Carbone (“todo lo que me aportó en danza”). “Y Alberto Isola, que nos dirigió en el montaje de graduación, muy claro en sus enseñanzas y en cada nota que nos daba , en sus indicaciones, con una precisión que ahora que tengo un ojo más entrenado veo en su dirección, sus obras son estéticamente limpias y a mí me encanta ver esa capacidad de limpieza; así era con nosotros, tan paternal, con tanta amabilidad, es lindo que me haya enseñado de esa manera.”

Actuación y dirección

“Considero que una buena actriz de teatro debe tener disciplina, es importantísimo,” asegura María del Carmen. “Luego, pensar en el montaje no individualmente, tener la capacidad de escucha y de trabajo colectivo; el ego sólo hará que el  montaje sea un lucimiento de individualidades y creo que ahí vendría la tercera cualidad, la humildad.” Por otro lado, un buen director de teatro "debe tener capacidad de escucha combinada a una línea clara de por dónde quiere ir; es importante que escuche a sus actores, que sepa qué le dan para poder trabajar a partir de eso, que sea maleable.” Importante también para un director es el buen manejo de la estética. “Que sepa manejar y combinar los colores con las formas y que todo eso tenga un significado; y creo que la tercera característica es que se ría, que se permita el equilibrio entre tener el control y soltarlo.” ¿Es una ventaja para un director el haber sido o ser actor? “Sí creo que es una ventaja,” asegura María del Carmen. “Por lo menos que lo haya podido experimentar, que pase alguna vez por su cuerpo, porque alguna vez me ha tocado dirigir y el haber actuado me ha servido increíblemente, ya que ahora entiendo por lo que el actor está pasando y sé cómo manejarlo y abordarlo.” Agrega además, que ahora que también dirige, entiende mejor a sus directores. “A veces, es difícil pedirle a un actor que haga lo que está en tu cabeza; creo que la tarea es poder transmitirlo y cuestionar ambas ideas, para así lograr lo que el director quiere y para hacer sentir al actor que está creando; creo que hay un trabajo creativo de ambos lados.”

Sobre los recientes casos de abusos por parte de ciertos directores hacia sus actores y actrices, María del Carmen tiene las cosas claras. “Todas las personas trabajan de manera distinta, pero yo creo que es importante sentirse cómodo con las personas con las que se está trabajando; por ejemplo, a mí no me gusta que me incomoden,” asegura. “No me parece que es la mejor manera de sacar lo mejor de mí, las críticas durante el proceso deben servir para mejorar, y eso no se logra, según yo, si la crítica es agresiva; si se trata de algún ejercicio incómodo, es importante hablarlo antes para saber hasta dónde la persona que hará el ejercicio permite la apertura y respetar sus límites o ir gradualmente, solo si quien participa considera que es una experiencia positiva." Para María del Carmen es importante no quedarse callado y siempre decir las cosas como son y con respeto. “En estos últimos tiempos, han habido muchas denuncias, me parece terrible que esto exista y me parece genial que ahora se puede hablar de esto, sin tener miedo de hacerlo, porque muchas veces han habido personas que se han aprovechado de la vulnerabilidad de otras, atribuyendo a la jerarquía, por sentir el poder de estar en un rango más alto; nadie tiene por qué atacar la vulnerabilidad del otro y menos si se trata de temas que abordan lo sexual.”

Si bien María del Carmen no tiene en mente dirigir algún texto en especial, sí le gustaría enfocarse en una creación colectiva. “Escribir algo justo en estos tiempos en los que las mujeres podemos expresarnos más; me gustaría convocar a un grupo de artistas mujeres y poder crear algo con todas estas experiencias; de hecho, hay varias conversaciones con varios grupos distintos, las ideas se están germinando,” comenta. “Por alguna razón, siento que conecto más con el drama, no sé, quizá lo llevo en las venas (ríe), soy muy dramática a veces, a pesar de lo racional que también puedo ser; para abordar un personaje, trato de entender su mundo interno, su psicología, cómo entiende el mundo emocionalmente; además, hay un texto, una forma y una dirección, que son la guía más importante para materializarlo; en el camino, voy descubriendo lo que va sucediendo en escena, en combinación con la interacción de mis compañeros.”

Colegas, temporadas y proyectos

Como dato curioso, María del Carmen gana su premio de mejor actriz por una obra dirigida por otra colega, la periodista e intérprete Eliana Fry García-Pacheco, quien ganara el premio del público por otro montaje del mismo Bushby, Maribel dice los pieses. “Eliana, como ser humano, me encanta; sucede que el tema de la dirección fue algo abrupto: Balada de la concha y la pastora la iba a dirigir el mismo Alfredo.” Debido a un tema familiar, Bushby cede la dirección a su entonces asistente Fry García-Pacheco. “Fue como un balde de agua fría para el equipo, incluso para ella misma por lo que recuerdo, por tener que asumir la responsabilidad, pero Esteban y yo, que también estábamos a cargo de la producción como representantes de Pegaso Teatro, le dimos todo el apoyo; fue un trabajo que hicimos en conjunto con todo el amor posible.” Los resultados fueron, sin duda, muy auspiciosos. “Creo que Eliana tuvo muchos aciertos, tuvo que darle la vuelta a varias cosas que un principio no estaban concebidas; ella enriqueció mucho la puesta y salió lo que resultó, y lo más importante para mí, no sé si amicalmente o como seres humanos, había buena química, así que eso potenció mucho el trabajo, porque había esa capacidad de escucharnos y entendernos.” Como todo proceso de ensayos, los desacuerdos y roces no estuvieron ausentes; sin embargo, se supo manejar el asunto con mucho respeto. “Eliana tuvo una visión clara  de lo que quiso transmitir con la obra.”

Las obras de Bushby siempre son muy especiales y particulares. "Esta obra en verso fue un reto enorme para todos,” reflexiona María del Carmen. “Como dramaturgo, admiro mucho el trabajo de Alfredo; me gusta mucho la poesía que siempre le pone a todo lo que hace, que pueda traducir su dramaturgia en metáfora, en imágenes que pueda interpretar de mil maneras y el espectador se puede llevar muchas preguntas y eso me parece muy positivo.”

Para el éxito de una puesta en escena, siempre es importante que los actores se lleven bien tanto fuera como dentro del escenario. En ese sentido, María del Carmen es afortunada de contar como compañero de vida a un colega artista. “Esteban (Philipps) es mi socio, mi esposo, mi pata, con él es fácil trabajar,” asegura. “Pero nada es demasiado fácil en esta vida; obviamente siempre hay choques en algún momento, pero creo que ya nos comprendemos a tal nivel que las cosas fluyen mucho; entonces, es bueno trabajar con él y en equilibrio.” Por supuesto, hay épocas en las que trabajan muchos meses juntos y luego por separado. “Eso también me parece muy bueno y necesario, porque es importante tanto para él como para mí, respirar un poco del día a día y bueno, otras personas te aportan cosas distintas, con las que continúas creciendo.” Ambos tienen muchos proyectos juntos, como el colectivo Pegaso. “Vamos a continuar haciendo obras, de hecho tenemos una este año, se llama La sangre es mujer y se va a presentar en el nuevo teatro Julieta en septiembre, en horario alternativo los martes y miércoles y es un proyecto que ya tenemos desde hace bastante tiempo con mi amiga y colega Mayra Najar, quien es su gestora.” Philipps se encargó de la dramaturgia y obtuvo una mención en el concurso organizado por el Ministerio de Cultura. “Yo actuaré y Esteban va a dirigir.”

María del Carmen está atravesando actualmente una racha de directoras en sus proyectos. Luego de la temporada con Fry García-Pacheco el año pasado, acaba de estrenar 1997, 14 de noviembre, escrita por Miguel Ángel Vallejo y dirigida por Marbe Marticorena. “Es una obra alucinante; interpreto a María, (especial coincidencia de nombre) que es una mujer que está luchando contra sus fantasmas internos; ella fue víctima de abuso cuando era adolescente y fue por parte del novio de su hermana, así que toda la familia está involucrada y es una lucha constante contra ella misma y sus culpas, sus miedos y todo lo que la mantiene bloqueada.” María del Carmen solo tiene elogios para el trabajo de Marticorena como directora. “Dirigiendo, ella es maravillosa, amo lo que estamos haciendo a nivel físico, en Balada de la concha y la pastora hice bastante trabajo físico, pero de manera más estilizada y con Marbe es mucho más duro, pero me encanta y además tenemos una química súper buena, con ella y con todo el equipo.” Y la racha de directoras continúa: estuvo en microteatro con la puesta en escena de Permiso, soy mujer, dirigida por Micaela Isola; y próximamente también en microteatro, Pareja, pareja dirigida por Gabriela Salas. “Me gusta trabajar con 'todes', no hago ninguna discriminación de género; en ese sentido, todos los seres humanos tenemos distintos tipos de sensibilidad, no importa si eres hombre o mujer, independientemente de ello puedes tener una sensibilidad muy conectada con el género opuesto; lo importante es la química que tienes con tu equipo; si la logras, ese proyecto tiene mucho porcentaje ya ganado,” concluye.

Sergio Velarde
16 de marzo de 2020

lunes, 16 de marzo de 2020

Entrevista: ROCÍO LIMO


“Un director de teatro debe saber traducir sus deseos en palabras”

Nuestra gran aventura en las ciencias (2019) fue uno de los montajes de teatro para niños más innovadores y destacados del año pasado. Su joven directora, Rocío Limo, fue recompensada con el premio del Jurado de Oficio Crítico como el mejor trabajo de dirección en dicha categoría. “Desde muy pequeña tuve curiosidad por actuar, por repetir los textos de los personajes de las novelas y juegos así…,” reconoce. “No vengo de una familia de teatreros; sin embargo, crecí con una jauría de primos, tuve una infancia con mucho juego libre. Con mis primos nos juntábamos en la casa de mi tía, una casa grande y con poca supervisión de los adultxs, hizo por un lado muy divertida, y por otro, particular nuestra infancia. Quizá por eso todos se dedican de alguna manera al arte.” Rocío estudió Periodismo y además, tuvo interés por el teatro, de hecho quería hacer crítica teatral en un momento de su carrera. “Luego, en algún punto, decido dejar el periodismo y dedicarme al teatro, dejé la carrera a la mitad y me fui a estudiar a la Ensad; tampoco terminé, pero a partir de ahí he seguido mi vida en el teatro.” Y su esfuerzo a lo largo de los años ha sido recompensado con varias distinciones, como la Beca "Dinamo 6" (Iberescena), la Beca del Programa Internacional de Dramaturgia de The Royal Court Theather de Londres, la Residencia Punto de Encuentro del Teatro la Plaza de Lima, la Beca Cannes Cinéphiles Découvertes en Francia y la Residencia Procreació del Centre San Marti de Barcelona.

Primeras experiencias

Como la mayoría de teatristas, Rocío participó activamente en las actuaciones de su colegio. “Creo que había un interés exhibicionista desde pequeña (ríe).” Ella recuerda a su profesor de teatro, Carlos Salazar, quien la ayudó mucho y también al poeta y crítico de teatro Rubén Quiroz, que le enseñó teatro en un taller del colegio de una de sus amigas e incluso ganó los Juegos Florales en colegio ajeno. “Mientras que pareciera un hobby no le interesaba mucho el asunto mi familia,” menciona Rocío. “Pero cuando decidí dejar la universidad (de Periodismo) para dedicarme profesionalmente al teatro, sí hubo un pequeño tema.” Además, confiesa que ya había tomado la decisión un año antes, así que no había mucho que hacer. “Me había ido a trabajar a Chicago para pagar la universidad, en ese punto sabía que quería hacer teatro. Así que decidí cambiarme a la ENSAD que era algo que yo podía sostener sin apoyo económico. Mi mamá finalmente lo entendió. Hoy para mi familia es claro que esta es mi profesión, y lo respetan, apoyan y valoran.”

Ya en la Ensad, Rocío recuerda con mucho cariño al maestro Ernesto Ráez. “Es un profesor que ama al teatro, realmente es un apasionado por los artistas escénicas, por la investigación, por la dramaturgia,” afirma. “Le enseñaba textos míos y él estaba muy receptivo a leerlos, comentarlos y alentarme.” En la Escuela, Rocío actuó en muestras internas, una de ellas fue Pareja abierta de Darío Fó, en la que actuó con Tirso Causillas y dirigió Angiel Castre. “Fue la última obra que hice en la Ensad, estaba embarazada en ese momento, por eso tuve que dejar la Escuela un tiempo.” Luego estaría en el entonces Conservatorio de Leonardo Torres Vilar, en donde estudió dos años. “Fue un espacio de formación muy importante para mi, Leonardo es un gran profesor, con una gran capacidad para verbalizar conceptos complejos de la actuación y transmitirlos. Yo aprendí mucho con él y  le tengo mucho cariño y respeto siempre." Posteriormente estudió Dramaturgia y luego partiría a Barcelona. “Llevé Dramaturgia en Aranwa, me enseñó Celeste (Viale) y Mateo (Chiarella), aprendí un montón, son personas de teatro de toda la vida, con un amor por el teatro, con una dedicación haciendo su propio teatro, les tengo mucha admiración.”

Teatro profesional

La cocina (2012), obra escrita por Arnold Wesker, dirigida y adaptada por Gisela Cárdenas, fue la primera obra profesional en la que participó Rocío como actriz, mientras estudiaba con Torres Vilar. Sin embargo, sus intereses la llevaron a trabajar en sus propios proyectos además, como directora y dramaturga. “Justamente, la primera obra que escribí se llamó Incendio, una obra corta, que también me encargué de dirigirla, aunque fue algo muy intuitivo.” Esta puesta fue presentada en el restaurante Patagonia, de propiedad de Grapa Paola, actriz compañera de Rocío en La cocina. “Ella fue súper generosa, no solo de leerla, sino de invitarme a su pequeño e íntimo espacio; comenzamos a ensayarla con unos amigos, a jugarla, un poco para ver cómo es y tuve fortuna, ya que los amigos y amigas con los que trabajé tenían ganas de hacer ese experimento y probar cosas.”

Sin embargo, la primera obra dirigida formalmente por Rocío fue Nuestra gran aventura en las ciencias, que contó con las actuaciones de Vera Castaño, Carlos Victoria, Yamile Caparó, Verony Centeno y Daniel Cano. “Este es un proyecto financiado por el Ministerio de Producción y producido por la Oficina de Innovación de PUCP, a mí me convocan a dirigir el lado artístico. Estoy profundamente agradecida a Verónica Montoya, Fiorella Espinoza y Kariña Bañon, principales gestoras del proyecto, con quienes trabajé dos años la investigación y gestión de esta obra. Además de las entrevistas a científicas, hicimos un concurso de dramaturgia femenina, en donde conocimos a Paola Vicente, la dramaturga de la obra”. Para realizar la puesta, se realizó una exhaustiva investigación, en la que se entrevistó a doce científicas para conocer sus experiencias, que luego serían trasladadas a la escena. “Si bien la dirección es nueva para mí, estoy disfrutando y me está trayendo muchas satisfacciones.” Rocío dirigió también dos interesantes montajes: Hice una obra sobre ti y al fin viniste a verla, y Pacamambo de Wajdi Mouawad, al lado de Vera Castaño.

Rocío estudió teatro en la Escola Superior d’Art Dramàtic de Barcelona (EOLIA) y con Jorge Eines en Madrid. “Considero que una buena actriz de teatro debe poder trabajar en el presente, saber escuchar y escucharse, tomar riesgos y por, sobre todo, ser una buena compañera de escena,” afirma Rocío. “Una buena directora de teatro debe saber traducir sus deseos en palabras, para que los actores y las actrices puedan entender lo que se quiere y puedan ejecutarlo; además de pensar el cuadro, la pintura grande.” Además, asegura que un director teatral debe saber a dónde quiere llegar y tiene que escuchar lo que está pasando en escena, lo que le está pasando los actores, lo que están proponiendo y en qué momento intervenir para saber por dónde llevarlos. “Creo que, en general, en teatro uno tiene que estar siempre presente, en la actuación y en la dirección; es en vivo, es un arte del aquí y el ahora; y ser actriz me ayuda como directora, porque entiendo lo vulnerable que uno puede estar en escena.”

Precisamente, la vulnerabilidad del actor o actriz puede verse dañada por un trabajo de dirección que busque la incomodidad como estrategia para obtener alguna emoción requerida. “Nadie, en ningún trabajo o ambiente laboral tiene derecho a incomodar a nadie”, sentencia Rocío. “Eso tiene que cambiar, no podemos ser tibios con el maltrato, que además esconde machismo, clase y lo peor de nosotros. Debemos desterrarlo del teatro, no hay nada que justifique la violencia en ninguna circunstancia. El teatro es creación.”

Dramaturgia, cine y proyectos

Como dramaturga, Rocío ha escrito las piezas El Canto del Monstruo, Casa de Naipes (publicada en la revista Muestra), Todas las gallinas vuelan (Beca Dinamos 6) y Comer manzanas, esta última con presentaciones en varios festivales y espacios teatrales dentro y fuera del país. “Si alguien quiere hacer alguna de mis obras, yo me sentiría halagada y agradecida,” confiesa Rocío. “Yo disfruto que el texto pueda transformarse, pero claro, es diferente cuando tú no estás involucrada en el en el proceso, porque en todas mis obras escritas, yo he estado involucrada en algún punto.” Y si de alguna manera, ella ha podido cuidar sus textos, sí cree que cuando uno escribe una obra es porque tiene algo que contar y si ve que se está transformando lo que quiere contar, entonces ya no es correcto. “Sí me daría curiosidad ver el montaje de mi obra antes del estreno; además, creo que cuando uno escribe, le dedica una cantidad de horas no solo al acto de sentarse a escribir, sino de pensar una obra, un diálogo, una estrategia de los personajes para conseguir lo que quieren, un universo. Tenemos que respetar a los dramaturgxs.”

Con un Máster en Guion por la Escola Internacional de Cinema de Barcelona (ECIB), Rocío también intervino en varios proyectos audiovisuales, como Errante Aberrante (2011) y Objetos (2014), ambas del director Rafael Arévalo en nuestro país; y en La casa del escritor, cortometraje que participara en el Festival de Cine de Girona. “Fue acerca de la vida de Roberto Bolaño (escritor y poeta chileno), a través de la historia de una chica que buscaba la casa de Bolaño en una ciudad de Cataluña; escribí el guion y la hice con un compañero como un documental ficción; fue divertido, porque luego lo pasaron aquí por Cortos ITP y tuvo su camino.” Consultada sobre el panorama actual del cine peruano, Rocío manifiesta que puede pecar de ignorante, ya que no conoce el medio tan profundamente. “Pero me da la sensación, y sé que hay un montón de cosas por hacer, que la gente de cine viene chambeando a nivel de búsqueda de derechos y reconocimientos por el Estado de hace mucho tiempo y que está empezando a tener ciertas cosas que merecen, pero definitivamente creo que nos falta mucho en general en la cultura de nuestro país.”

Rocío anuncia para este 2020 una nueva temporada de Nuestra gran aventura en las ciencias en la Biblioteca Nacional y funciones gratuitas en el Centro Cultural de España con Hice una obra sobre ti y al fin viniste a verla. “Empezamos a ensayar un proyecto teatral que estrenaremos en el festival Sótano 2 en el Teatro del Centro Cultural de la Universidad Pacífico; y estoy escribiendo una obra de teatro familiar que estrenaremos en la Universidad de Lima a fin de año."

¿Qué obras le gustaría a Rocío actuar o dirigir? “Me encantaría interpretar cualquier personaje en una obra escrita por Wajdi Mouawad,” admite.  Y por supuesto, le encantaría encargarse de la dirección de sus propias obras. "Me gustaría dirigir la obra que estoy escribiendo dentro del Programa del Royal Court Theater, aunque me gustaría terminar el tercer borrador primero, ese es mi deseo,” finaliza.

Sergio Velarde
15 de marzo de 2020

domingo, 15 de marzo de 2020

Entrevista: ALEXIA DALMAU


“El teatro es una puerta que me deja ser libre”

Dra. Ana L. (2019), creación colectiva dirigida por Michael Joan, a través de La Fábrica de Creación, fue una de las comedias teatrales más divertidas y entretenidas del año pasado. Su protagonista, la joven intérprete Alexia Dalmau, quien le diera vida a esta sexóloga de curioso apellido (Lewankowski), ganó el premio del público como mejor actriz en la encuesta propuesta por Oficio Crítico. “Sí tengo familiares que son artistas,” confiesa. “Yo siempre quise estudiar actuación, pero me lo impidieron, querían que sea ingeniera industrial; sin embargo, se me volvió a prender el chip de estudiar actuación a mitad del ciclo y comencé a practicar; con el sueldo de mis prácticas, me pagaba las clases de actuación en Diez Talentos con Bruno Odar.” En su colegio, Alexia participaba en todas las obras posibles, como Peter Pan o La bella durmiente, además de integrar el coro estudiantil. “Siempre estaba metida en todo lo que estaba relacionado con el arte, siempre me encantó.”

Maestros y personajes

Joan fue el primer profesor de teatro de Alexia en su colegio, aunque por un breve tiempo, en el que llegó a estrenar Annie. “Yo era una de las huerfanitas; Michael siempre ha sido súper aplicado e inculcaba el teatro en los chicos, así como la puntualidad, la exigencia y la disciplina.” Alexia se reencontró con Joan en la temporada del verano pasado en Kontenedores, en la que participó en una pieza dirigida por Bruno Odar. “Bruno es mi maestro, nos enseñó siempre con la mejor disposición, y sobretodo con la verdad. Nos explicó desde un inicio que no iba a ser fácil, y si que realmente optábamos por esta profesión (porque no es un pasatiempo), debíamos de ser disciplinados y perseverantes; muchos se bajaron, pensaron que al terminar la escuela ya iban a ser una estrella de cine o tener fama, pero él nos puso los pies en la tierra.” Alexia perseveró y llegó a su muestra final: El untador de mantequilla, en la que actuaba al lado de Christian Suito. “Esa fue mi carta de presentación, era teatro del absurdo, fue una comedia increíble y esa fue la que presentamos en Kontenedores.”

“Las características que debe tener una buena actriz de teatro son puntualidad, disciplina y estar dispuesta al juego”, asegura Alexia. “Por otro lado, un buen director de teatro debe tener mucha inteligencia emocional, saber comunicarse con sus actores y actrices, y ser empático; además de saber bien cuál es el objetivo de la obra, para que así se pueda transmitir el mensaje correcto a los espectadores a través del performance de sus actores.” Uno de los últimos personajes de Alexia fue Elizabeth en la versión familiar de Frankenstein (2019), siempre bajo las órdenes de Odar. “Los personajes que me han tocado interpretar han sido súper diferentes y han partido de una construcción distinta; por ejemplo, en la construcción de la Dra. Ana L. partí desde cero, ya que ni siquiera sabíamos de qué trataría la obra.” La obra, como creación colectiva, partió de la improvisación. “En una de las improvisaciones, fui una gurú del sexo, a Michael le gustó, y se construyó la obra en base a eso.” Por el contrario, en Frankenstein el libreto ya estaba armado. “Fueron procesos diferentes, yo creo que cada personaje tiene un proceso de construcción único, donde exploras diferentes facetas. Puedes usar las mismas herramientas, pero el proceso va a ser diferente.”

Público y proyectos

No es un secreto que la comunidad teatral se encuentra actualmente en una lucha frontal para llenar de público las salas. Al respecto, Alexia tiene una opinión formada. “Soy ingeniera industrial, lo que se debe hacer es estudiar el mercado,” comenta. “He creado empresas ficticias para mis trabajos; entonces, lo que se debe hacer es un estudio exhaustivo a nuestro público objetivo, qué es lo que le gusta, qué le gustaría ver, e ir adecuándonos al público como un inicio, más que esperar que ellos se adapten a nosotros.” Una vez creada esta alianza entre teatro y el público, recién se puede seleccionar el tema o la obra más apropiada para el público objetivo. “Sabemos que el peruano no suelta fácilmente la plata, así que debemos hacer algo atractivo como un enganche, por ejemplo, con la compra de tu entrada, recibe un descuento en otra obra; debemos aliarnos.” Para Alexia, este es un proceso que no será de la noche a la mañana. “Lo que falta es educación; estuve en Europa, el teatro ahí está en todas las esquinas y la gente paga, sí hay una cultura del teatro.”

Actualmente, Alexia se encuentra preparando un proyecto con Luis José Ocampo y Miguel Seminario para microteatro. “Además, estoy en la administración del taller de actuación de Luis José en el Mocha Graña; creo que mucha gente quiere estudiar actuación y el mayor problema es el económico,” sostiene. “El taller será a bajo costo, para que estos chicos puedan ir por primera vez y tener un primer acercamiento al teatro y ya más adelante, puedan surgir solos, como lo han hecho varios; le enseñaremos al alumno que si quiere lograr algo, pues tiene que ser disciplinado y no rendirse.”

El teatro es ya una parte fundamental dentro de la vida de Alexia. “Más allá de la definición que sale en los diccionarios, para mí el teatro es una puerta que me deja ser libre; es hermoso, puedes expresarte de mil y una maneras en diferentes personajes.” A través de las artes escénicas, Alexia puede comunicar diferentes mensajes y llegar a muchas personas. “A mí me ha pasado, que siendo espectador he hecho catarsis con lo que veo; ya sea una obra de teatro, película, novela, serie, me siento identificada y me hace reflexionar; para mí, la actuación es una liberación y una forma de comunicar e influir en personas de manera positiva,” concluye.

Sergio Velarde
15 de marzo de 2020

sábado, 14 de marzo de 2020

Entrevista: JONATHAN OLIVEROS


“El teatro es para gente valiente”

Hamlet (2019) fue uno de los mejores espectáculos teatrales del año pasado, dirigido por Chela De Ferrari, presentado en el Teatro La Plaza de Larcomar y obteniendo por tal trabajo el Premio Especial del Jurado en la premiación anual realizada por Oficio Critico. Uno de los directores adjuntos fue Jonathan Oliveros, quien conversó con nosotros y nos contó muchas cosas acerca de su carrera como actor y director adjunto, dentro de este proceso que duro más de un año con ocho actores con discapacidad. “En esta versión recontralibre del clásico de Shakespeare participaron en el equipo de dirección adjunta  varios directores: Claudia Tangoa (directora de San Bartolo) , Luis Alberto León (autor de La cautiva y Savia)  y yo (director de Liberarte Talleres Especiales, con diecisiete años de experiencia en trabajo teatral con personas con discapacidad); siendo la directora general Chela De Ferrari,” nos comenta Jonathan, quien también estuvo nominado como Mejor Actor de Teatro Musical por su destacada actuación en la comedia musical La loca del frente (2019), producida por Pedro Iturria de PLAYBILL Asociación Cultural y dirigida por Daniel Fernández.

Inicios y espacios

“Yo empecé a actuar a los dieciocho años, y sabía desde muy niño que quería ser actor, pero mis padres me dijeron que no lo hiciera, que me dedicara a otra cosa,” comenta Jonathan. “Así que no me quedó de otra y estudié Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martin de Porres y es ahí donde empiezo con mi carrera de actor, al entrar a la universidad audicioné al taller de teatro de la universidad, que lo dirigía en ese tiempo Iosef Navarro, hijo de Eduardo Navarro, director del Centro Peruano de Teatro en Miraflores.” Ellos se encontraban en ese momento dirigiendo una obra de teatro y como Jonathan tenía varios meses participando del elenco de teatro universitario, es invitado a hacer un casting, nada menos que para la obra Caricias de Sergie Belbel, quedando en el elenco. “Justo con esa obra es que empiezo mi carrera, una obra difícil, que tiene bastante texto, monólogos largos, y bueno, me tocó ser el personaje del niño, eran textos duros y fue mi primera aproximación al teatro profesional y desde esa época no he parado.”

Terminada su carrera de Comunicaciones, Jonathan realizo diferentes talleres de teatro y formo parte de importantes grupos de teatrales, tales como La Tarumba, Grupo Puesta, Aqualuna Teatro, el Club de Teatro, entre otros. Años más tarde, cursa la carrera de Pedagogía Teatral en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático ENSAD, además de formar parte de Espacio Libre, colectivo dirigido por Diego La Hoz, por cinco años. Justamente, una de las mejores puestas en escena del mencionado colectivo fue Especies (2010), con dramaturgia del mismo grupo y la asesoría  de la entrañable Sara Joffré, con la dirección de La Hoz. “Diego es uno de mis maestros a quien le debo muchas experiencias, también hubo un tiempo que como parte del colectivo vivimos juntos en comunidad teatrera en Espacio Libre en Barranco.” Precisamente, Jonathan llegó en la etapa de separación del antiguo grupo. “Lo empezamos a formar con Jhosep Palomino, Betsabeth Misme y Omar del Águila, con Karlos López Rentería, quien justo estaba incorporándose; empezamos a cuajar, a consolidar el entrenamiento físico, porque el teatro físico era nuestra línea de acción, el teatro laboratorio con Diego, tomando los textos de Sara; en ese tiempo Sara era muy cercana a nosotros, aparte de ser una de las mejores amigas de Diego.” Con Especies, Jonathan tuvo chance de salir de gira dentro y fuera del país.

“También hicimos antes Fe de ratas (2009), con Julio Navarro y Juan José Oviedo y también nos fuimos de gira a Buenos Aires haciendo todo un corredor de festivales muy importantes con grupos como El baldío, La Cordura del Copete, La compañía nacional de  fósforos; para mí eso representó, como artista, mi primera salida fuera del país y eso marca mucho mi trabajo como actor y como artista, como actor de laboratorio, porque nos concentramos en desarrollar una propia forma de elaborar nuestro proceso, de plantear a través del cuerpo y las acciones físicas.” Pero como todo en la vida, los ciclos se cierran. “Yo también deseé tomar otros rumbos y también formarme en otros lados y con otros maestros, fue muy importante para mí seguir experimentando; siempre he pensado mi proceso como artista nunca termina: un artista tiene que estar continuamente probándose a sí mismo, absorbiendo de todos lados, por eso a Diego le tengo mucho cariño.”

Riesgo y libertad

Ya terminando su ciclo en Espacio Libre, varios de sus exintegrantes deciden fundar la Compañía Teatro del riesgo, con Paco Caparó como director. “Nos concentrábamos y ensayábamos directamente en el Club de Teatro de Lima; ahí elaboramos la obra Carne de mujeres (2013), que fue una obra bastante fuerte y retadora como actor, nos metimos en un laboratorio físico y testimonial muy intenso, para hablar sobre la violencia hacia la mujer, lo que significa y lo que representa la mujer hoy en la sociedad,” comenta Jonathan. El mencionado montaje contó con testimonios reales de las actrices protagonistas. “Tomamos también el teatro de protesta y de testimonio, queríamos decir algo, queríamos dejar en el público un sinsabor, una idea, movilizarlos, dejarles algo para que el público se fuera pensando y tomando una posición al respecto.” El colectivo solo se mantuvo por un par de años, durante los cuales presentaron también la interesante Tú no entiendes nada (2011) de Juan José Oviedo. “Fue un trabajo colectivo que marcó mucho en mi entrenamiento actoral.” Sobre el director Caparó, Jonathan solo tiene elogios para él. “Él usa mucho el tema de la improvisación, me parece un actor y un director bastante disciplinado, que entiende bastante el lenguaje teatral, sabe llegar y explicar las necesidades que requiere como director y que los actores resuelvan en escena, tiene bastante empatía, bastante comunicación y se logró la propuesta de teatro de riesgo, porque esa era nuestra dirección: tomar el riesgo a través de la escena.” Años más adelante, Jonathan decide encaminarse y formarse como actor en Teatro Musical, tomando clases en INATEN, escuela formativa para performers en teatro musical y llevando talleres montajes con grupos como Broadway Peru, La Compañía Teatro Musical y el Taller de Teatro Musical con Mateo Chiarella en Aranwa teatro y el Taller de Juan Carlos Fisher en el Teatro La Plaza.

Jonathan tiene una variada gama de obras como director, con su propio colectivo Liberteatro Producciones. “Empiezo a dirigir propiamente, cuando me hago cargo de dirigir el elenco de teatro de la universidad San Martín; empiezo a hacer teatro universitario con alumnos de la misma universidad, en donde trabajo actualmente; ahí fue mi primera aproximación a dirigir.” Reconoce que dejó de lado un poco el trabajo físico para dedicarse a realizar espectáculos de carácter algo más ligero, pero no menos importante. “Empecé a dirigir comedias con mi colectivo, que se habían hecho hace muchos años atrás, pero mi objetivo siempre fue darle una nueva mirada a estas comedias buenísimas que se han hecho en los años 50 o 60, comedias viejas que de repente ahora ya no las hacen, porque están descontextualizadas o ya se hicieron mucho; entonces tratamos en Liberteatro producciones de darles un refresh a esos textos, que por más que pasen los años tienen una esencia muy particular y el público las hace recibido de una manera increíble.” Y realmente, las comedias de Jonathan logran convocar a una gran cantidad de público. “Felizmente hay un público que se ha interesado por las cosas que hago como actor y como director, hemos hecho varias producciones siempre en la línea de la comedia de enredos y situaciones.”

La primera puesta en escena de Jonathan fue la recordada ¿Hay que matar a la monja? (2014), en donde “descubrió” a la divertidísima actriz Katherina Sánchez y “rescató” a la no menos notable Cecilia Tosso. “Considero a Katherina una actriz a la que le tengo mucho cariño, es muy versátil, con la que se puede trabajar muy bien; aparte que hay una amistad muy grande, eso ayuda muchísimo.” Jonathan afirma ser de los directores a los que les gusta trabajar con gente que realmente confíe en el trabajo que hace. “Y que esté libre y presta a trabajar y envolverse en toda tu locura, porque te hace la vida más fácil; Katherina confía ciegamente en las cosas que podemos decir y hacer, sus aportes como actriz son fundamentales, ella me encanta.” También considera a Cecilia Tosso como una gran profesional. “Es una dama del teatro, una gran amiga y una compañera teatrera que me ha acompañado en muchas obras y son ellas dos en las que siempre voy a pensar para una producción, aparte que el público las quiere muchísimo, las espera, todos me preguntan por ellas, el público quiere verlas en escena en mis obras.” Jonathan considera, asimismo, que no requiere para sus producciones actores necesariamente mediáticos, no es para él un punto que sea necesario, si lo es, bien y si no, también. “Mis actores tienen que ser buenos actores, yo también apuesto por eso, por darle oportunidad a nuevas caras, yo no hago teatro comercial con grandes inversiones, hago teatro independiente, porque todo sale de mi bolsillo, de mi producción; prefiero trabajar con figuras que entienden lo que funciona en la comedia; porque no es fácil asumir el rol dentro de una comedia, hacerlo bien y que el público te recuerde; eso tiene bastante valor.”

Actuar y dirigir

¿Qué requisitos debe tener un buen actor de teatro? “Primero, la constancia, porque hay momentos buenos y hay momentos malos; el teatro es para gente valiente,” afirma Jonathan. “Son casi veinte años que vengo haciendo teatro de diferentes formas y hubo momentos en mi vida en los que dije: ya no más, ¿podré vivir de esto?, ¿me irá bien?; en mis inicios tuve muchas inseguridades, muchos miedos, hasta que decidí darle mi vida y corazón al teatro.” Es por eso que considera, aparte de la resistencia y la constancia, que la seguridad que uno pueda sentir sobre su capacidad como creador es lo que demarca tu camino de artista. “Si tú tienes un talento, tampoco puedes echarte flores y solo quedarte en ¡Ay, qué lindo talento tengo!; el talento se cultiva, se entrena, se forma; la carrera del actor nunca termina, siempre continúa y siempre hay algo más que aprender, hasta las grandes figuras del teatro peruano tienen algo que aprender de los jóvenes valores y viceversa.” Para Jonathan es importante la “convivencia nutritiva” entre los que más experiencia tienen y los que no tanto, y apartarse del ego, aunque sea muy difícil. “Considero que el ego puede ser un limitante para crear y mostrarte en escena, debes sentirte contento con lo que vales, con lo que creas y aportas, enorgullécete de eso, pero cuando el ego traspasa las fronteras y genera una mala sintonía, vas a tener una pésima recepción, porque eso se ve, el público lo siente y percibe.”

Por otro lado, para Jonathan un buen director de teatro debe “ser muy intuitivo, siento que un director aprende su oficio equivocándose, preparándose, haciendo, afinando detalles, aprendiendo a recibir comentarios buenos o malos, eso te ayuda a tener una idea de cómo la gente percibe tu creación, es un termómetro.” Además, menciona otras cualidades, aparte de la intuición, que son importantes, como el dejarse envolver o atrapar por la historia que toca montar y esa terquedad que muchas veces aporta y otras, no. “Ser muchas veces un loco creador, ¡ojo!, yo considero también que al final un director no tiene la última palabra ante una propuesta: la última palabra la tiene el público.” Los directores son vehículos para llevar una historia, es decir, poner en escena temas que están en el aire, pero quizá nadie se atreve a hablar o tocar. “Considero que tenemos que tener un tacto muy agudo y delicado para tratar también a los actores, es como desarrollar un séptimo sentido para poder conocerlos y lograr muchas veces, sin que el actor se dé cuenta, que haga lo que deseas que haga como personaje, o que aporte y sacar lo mejor de él en el proceso creador, ese es un logro importante, hay que tener oficio para eso”. Por último, Jonathan menciona que un director debe tener muy claro qué es lo que quiere mostrar. “Si sencillamente quiere hacer reír, bueno, esa será su fórmula y debe quedar claro; si quiere protestar ante algo, si quiere enfrentarse a una realidad, a una situación y generar reflexión o generar debate, o solo mostrar y movilizar, bueno, el director en su oficio irá decidiendo que hacer.”

La experiencia con habilidades especiales

Como ya se mencionó, durante diecisiete años Jonathan viene realizando una muy loable labor con niños y jóvenes con discapacidad, siendo fundador de Liberarte Talleres Especiales, que es la primera escuela de artes formativa para personas con Síndrome de Down y Discapacidad Intelectual. “Mi experiencia trabajando en Arte y Discapacidad me ha dejado una de las mejores experiencias de mi vida, me ha enseñado a ser un artista mucho más sensible y entender la diversidad del ser humano y sus capacidades, conocer las diferentes formas de aprendizaje; siento que trabajar con ellos es pasar a otra dimensión, es como entrar a otro código; uno más sincero y honesto , por eso mismo las personas neurotípicas como tú o yo entendemos de una manera y las personas con discapacidad intelectual o con síndrome de Down entienden de otra forma, es entonces aplicar una pedagogía distinta, llena de mucha honestidad.” Si bien todo empezó siendo una experiencia desconocida para Jonathan en un inicio, tuvo que estudiar e investigar sobre los diversos procesos cognitivos en esta población y la práctica en ella; ese fue el medidor para darse cuenta que pueden lograr mucho arriba del escenario. “Cuando estaba en La Tarumba, trabajé con niños y jóvenes neurotípicos, sin discapacidad; y al entrar en todo este mundo, fui con toda esa información a trabajar con ellos y pensé que sería fácil, pero me di un portazo en la cara, con una realidad distinta; pasó el tiempo y pude entender y aprender que el proceso de aprendizaje en ellos es completamente distinto, las estrategias que se deben usar son completamente diferentes, así como entender que su grado de atención es corto; tienes que constantemente tener herramientas o elementos que capten su atención y con los que ya tienes atentos, puedes conseguir lo que quieras.”

Es así que Jonathan lleva todos estos años trabajando con discapacidad, del cuales catorce son con Liberarte Talleres Especiales, su propia escuela para niños y adolescentes con discapacidad. “Son casi diecisiete años trabajando en discapacidad; en realidad, trabajar con ellos me ha abierto muchas puertas, siento que me ha hecho conocer gente maravillosa, el encontrar fidelidad en los padres, en los chicos, en los alumnos, una identificación muy fuerte con la escuela; y un posicionamiento, eso me hace sentir que el trabajo es cada vez más importante, está más afiatado y puedo decirte que con los años, la estrategia pedagógica ha cambiado también.” Jonathan utiliza el canto, el baile y la actuación como herramientas de desarrollo para su autonomía. “Yo no hablo de discapacidad, siempre hablo de capacidades, ya que todos tenemos capacidades y limitaciones, esas capacidades hay que potenciarlas y desarrollarlas para que tengan calidad de vida y puedan tomar decisiones y enseñarles que el ser humano es diverso en todo sentido.” Para Jonathan, todos estos años con Liberarte Talleres Especiales han sido los mejores de su vida. “Considero que Liberarte está en crecimiento, está llegando a más gente, se está posicionando, está haciendo que la puerta se le abra a más chicos a nivel artístico, porque ya se les está considerando y tomando en cuenta, están teniendo oportunidades en televisión, en miniseries, grabando comerciales, obras de teatro, está habiendo una mayor visibilidad que antes no había, poquito a poquito se están construyendo cosas, caminos para beneficio de ellos, para darles una mejor calidad de vida y una oportunidad de trabajo.” Hamlet fue entonces una excelente oportunidad para mostrar la gran capacidad de mis actores, seis de ellos son formados íntegramente por mi escuela. “Los tiempos cambian, la realidad es otra y las oportunidades también son otras; para mí, eso fundamenta mi trabajo y hace que me mantenga al pie del cañón.”

Durante estos años de trabajo, Jonathan ha realizado diferentes montajes de teatro musical con voces y banda en vivo y muchas veces con actores invitados del medio teatral y televisivo. Obras como La Novicia Rebelde, La Bella y la Bestia, Hairspay, Shrek el musical, entre otras, con mucho éxito en el teatro del colegio Santa Úrsula y con un número de 500 personas por presentación. “Considero que la obra de Liberarte que mejor quedó a nivel de producto, fue Grease, el musical de tu vida (2013), que hicimos con banda y coros en vivo en el auditorio del colegio Santa Úrsula,” comenta Jonathan. “Estuvieron todos los alumnos de la escuela, cuarenta y tres jóvenes con discapacidad en escena, bailando, cantando y actuando este musical que todos recordamos, fue nuestro primer musical grande; para mí fue un reto lograrlo, porque se estaba viendo mucho teatro musical en la cartelera teatral limeña, entonces entrar con un espectáculo realizado por personas con discapacidad generó toda una curiosidad entre el público y realmente se logró”.  Años más adelante, Jonathan funda otra agrupación llamada “Sin límite Teatro”, que son los alumnos más destacados de la escuela Liberarte y con los que hacemos teatro y realizamos montajes de obras clásicas, entre los realizados están El Enfermo Imaginario de Moliere, El Jorobado de Nuestra Señora de París de Víctor Hugo y Sueño de una noche de verano de William Shakespeare. Jonathan considera que el elenco "Sin límite Teatro" es otra posibilidad que ofrece para que sus alumnos se aproximen a la dramaturgia universal. “Por qué no hacerlo con personas con discapacidad, claro, teniendo en cuenta las adaptaciones y posibilidades que ellos poseen.”

Proyectos a futuro

Pero el talento de Jonathan como actor también se lució en la ya mencionada obra musical La loca del frente. “Conozco a Sebastián (Abad, actor y compositor musical de la obra) desde hace mucho tiempo, he sido formado también por él en lo que era su compañía de teatro musical, estuve en dos o tres montajes bajo su dirección musical, conocía su trabajo y el de Pedro (Iturria), como director de Playbill; yo me decía ¡qué genial que se esté dando esto!, esta posibilidad de hacer teatro musical peruano, con letras peruanas, composiciones peruanas y con una historia que refleje de cierta manera una realidad muy cercana, pero que sea producida netamente por peruanos.” Y es que, para Jonathan, las mismas propuestas de siempre que se traen de Broadway, ya lucen un poco agotadas. “Me convoca Sebastian para la audición de La loca del frente, me dijo que quería que me presente, pero yo le dije que en esas fechas tenía la temporada de Hamlet y que les iba a hacer perder su tiempo, pero las cosas se fueron dando solas.” Felizmente, la temporada de Abad y Uturria sería solo los miércoles, es decir, los días de descanso en La Plaza. “Les dije entonces que sí iría al casting, me lancé, hubo muchas personas que estuvieron en ese casting, varios actores amigos míos que se presentaron; fueron tres ruedas de casting para el personaje y al final, decidieron apostar por mí, por esta loca (ríe) y yo feliz, porque es un grupo humano increíble, desde la dirección de Daniel Fernández, la producción de Pedro Iturria, el trabajo musical de Arturo Figueroa  que ha hecho los arreglos, la composición musical de  Sebastián Abad y la asistencia de dirección de Daniel Mariani, es lo que agradezco mucho. Es un equipo bien bacán, se trabaja muy bien y además, están pendientes de todo lo que necesitas como actor y es así como se debe trabajar.” 

La loca del frente regresa el 7 de abril y permanecerá en cartelera los martes y miércoles hasta el 10 de mayo en el Teatro de Lucía a las 8 de la noche. “Las entradas ya se pueden comprar en Teleticket con un precio súper rebajado, bastante asequible para todos y es importante que vayan, porque estamos viviendo una época muy productiva, en el que hay mucho teatro peruano y sería una pena que el público no vaya,” concluye.

Sergio Velarde
14 de marzo de 2020