sábado, 1 de diciembre de 2012

Crítica: EL ÚLTIMO FUEGO

Contundente drama psicológico

Los cuatro puntos cardinales, El Feo y Parásitos son montajes que animaron nuestra cartelera independiente en este último tramo del año. Los tres tienen en común el haber sido escritos por autores alemanes, y también el haber sido dirigidos por Jorge Villanueva, virtuoso director que nos regaló el año pasado El Dragón de Oro. Las piezas mencionadas comparten además el hecho de ser escenificadas por estudiantes de actuación del TUC y de la ENSAD, respectivamente; este detalle sin embargo, no constituyó un problema para alcanzar ambas ese brillo teatral tan esquivo para algunas producciones profesionales.

Por su parte, la apuesta profesional de Villanueva para este año, de la mano de su grupo Ópalo en asociación con el Goethe-Institut Lima, es El último fuego (Das letzte Feuer) de la renombrada dramaturga alemana Dea Loher. Historias cruzadas dentro de un mismo entorno, llenas de amargura, culpa y desesperación, que se tejen después de la trágica muerte de un niño llamado Edgar (Adrián Du Bois), atropellado accidentalmente. Sus padres, Susanne (Laura Aramburú) y Ludwig (Carlos Mesta), deben convivir no sólo con su recuerdo, perpetuado por su silueta marcada con tiza en el piso, sino con la abuela (estupenda Sonia Seminario), víctima de Alzheimer; Susanne decide involucrarse con el único testigo del accidente, un militar traumado por la guerra, que responde al nombre de Rabe (Marcello Rivera); mientras que Ludwig tiene como amante a Karoline (una muy convincente Patricia Pereyra), que tuvo que extirparse los senos debido al cáncer. Por su parte, la autora de la tragedia, Edna (Carolina Barrantes), una policía que perseguía supuestamente a un terrorista, siente remordimientos, ya que el sospechoso sólo era un drogadicto de mala muerte llamado Olaf (Claudio Calmet). El amigo de este último Peter (Stefano Salvini), está desempleado y es víctima de las pulgas de su perro, que finalmente conseguirá trabajo antes que él.

Nuevamente el espacio del Goethe es bien aprovechado por un inspirado diseño escenográfico basado en escaleras y rejas, con todos los personajes siempre ante el público, ya sea simplemente observando o narrando la acción, algunos detrás de barrotes como seres impotentes ante la tragedia que se avecina. La dilatada duración del espectáculo no se siente, gracias al gran trabajo realizado con la dirección de actores, quienes orquestan algunas escenas memorables, desde aquel niño jugando inocentemente con su pelota, hasta el espantoso e increíblemente poético destino final de la abuela. El dolor y la tortura psicológica están presentes en todo momento, en cada culpa aceptada, en cada reproche dicho. El último fuego, que además es el título del cuadro en la pared del cuarto de Rabe, es un poderoso y emotivo montaje, acaso no del gusto de todos debido a su contenido, pero que confirma a Villanueva como uno de los directores más inspirados (y ocupados) de este año que ya se acaba.

Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012

viernes, 30 de noviembre de 2012

Crítica: EL FEO y PARÁSITOS

Notables comedia y drama de sabor germano

Siguiendo con su feliz tradición de explorar la dramaturgia alemana contemporánea, el director Jorge Villanueva, en su calidad de profesor de la ENSAD, dirige con integrantes del 8° Ciclo de la Carrera Profesional de Actuación, dos obras del dramaturgo Marius von Mayenburg llamadas El Feo y Parásitos. Ambos textos, si bien es cierto comparten una feroz mirada a una sociedad en estado de verdadero quiebre moral, abarcan situaciones y emociones extremas: el ácido humor que emana de la insólita trama de El Feo, se contrasta con la salvaje brutalidad de los personajes de Parásitos. Ya en el escenario, profesor y alumnos nos regalan dos excelentes montajes independientes, llenos de energía, precisión y emoción.

El Feo es una comedia con todas las de la ley, que abraza sin contemplaciones el absurdo más descarado: el ingeniero de sistemas Lette pierde la oportunidad de presentar su más reciente invento en un importantísimo congreso, por la sencilla razón de que es terriblemente feo. Abrumado por los problemas que este hecho le acarrea con su esposa, su jefe y su ayudante en la compañía, Lette decide operarse quirúrgicamente para obtener la belleza tan ansiada. Y lo logra, pero esto no hará otra cosa que aumentar sus problemas, cuando esta dichosa operación sea requerida por todos. Actuada con gran convicción (destacando Danny Sanchez y Miguel Torres), la pieza destaca por sus múltiples lecturas (la sociedad de consumo, la imagen física asociada irremediablemente al triunfo) y por su vertiginosa puesta en escena, sin tropiezos y con un hábil aprovechamiento del espacio.

Por su parte, Parásitos es un truculento drama en baño María, con cinco personajes sumidos en la desesperanza y sin oportunidad de escape, enclaustrados en una sofocante realidad. Un trágico accidente que deja paralítico a un joven llamado Ringo, llevará a su novia Betsy al límite de la cordura; mientras que la aparición de la hermana de ésta, Friderike, embarazada de su salvaje marido Petrik, le complicará aún más su existencia. Este grupo de parásitos, que incluye al hijo por nacer de Friderike, conviven rodeados de angustia, dolor, desesperación, incomunicación, profunda y enferma dependencia y fallidos intentos de suicidio. Acaso el personaje de la Sra. Multscher, la autora del accidente (bien representada por Mia Michelena) sea el más complejo y a la vez, el más cargante de todos: la manera que encuentra para “ayudar” a subirle la moral a Ringo, diciéndole lo mal que se siente por arruinarle su vida, lleva al drama al límite de lo verosímil, pero sin desbordarse nunca, gracias al talento de los intérpretes y la sólida dirección de actores. Muy recomendables ambas puestas en escena, todavía en temporada en el Teatrín de la ENSAD.

Sergio Velarde
01 de diciembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

Crítica: ASÍ QUE PASEN CINCO AÑOS

El Lorca más rompedor

Las temporadas teatrales de la ENSAD nos regalaron algunos montajes para el recuerdo a inicios de este año, como Sueño de una noche de verano o Arlequín, servidor de dos patrones, por citar sólo un par; finalizando este 2012 nos llegan cinco variadas propuestas, siempre a cargo de los estudiantes de actuación de dicha institución y de la mano de sus profesores-directores. El primer montaje a reseñar es el de Fernando Flores, quien se arriesga con sus alumnos de 8vo ciclo del turno tarde a llevar a escena uno de los textos más inusuales y atrevidos de García Lorca, Así que pasen cinco años, en donde están presentes tanto el lirismo como la simbología lorquiana, pero dentro de un contexto onírico y surrealista.

Escrita en Estados Unidos en 1931, Así que pasen cinco años, es considerada revolucionaria para su época, así como también fue tachada como “irrepresentable” por el mismo autor. Lo cierto es que su dramaturgia, así como un sueño o una pesadilla, avanza teniendo como base escenas de gran belleza y que no necesariamente deben tener alguna explicación lógica. La historia de amor entre el Joven (Narayana Campos) y la Mecanógrafa (Sofía Izquierdo) es la mera excusa para ver entrar a escena siniestros y exóticos personajes como el Niño Muerto, la Gata, el Maniquí, la Máscara y el Payaso; todos ellos interpretados con mucha energía, plasticidad y un cuidado maquillaje y vestuario.

Como lo dijo el propio Lorca, la puesta en escena está por completo fuera del tiempo y de la realidad, arrancada de la mente del protagonista. Se dice también, que en los ensayos de su frustrado estreno, el poeta-dramaturgo aconsejaba a sus actores: “Sólo tienes que pensar que estás en el jardín de las maravillas”. Así que pasen cinco años es un sólido montaje, en el que los jóvenes intérpretes cambian totalmente de registro, luego de las excelentes comedias que llevaron a escena dirigidas por Sofía Palomino; es un espectáculo lorquiano atípico que debe verse. Las reseñas de los otros montajes de la ENSAD estarán por aquí antes de fin de mes.

Sergio Velarde
25 de noviembre de 2012

domingo, 18 de noviembre de 2012

Crítica: ZAPATOS DE CALLE

Singular texto en eficiente espectáculo

Escrita por Celeste Viale en 1999, la pieza Zapatos de calle se viene representando en el Teatro Racional de Barranco, con la producción de Cuando la luna se caiga, grupo que nos trajo el año pasado la entretenida Historias para ser contadas. Nuevamente con la dirección de Jorge Medina Moretti, la agrupación apuesta por llevar a escena autores peruanos, decisión de por sí loable, y que contribuye a demostrar que la dramaturgia peruana sí existe, especialmente este año, con un considerable número de excelentes espectáculos teatrales de autoría nacional. Zapatos de calle no es la excepción, presentándonos con bastante corrección la historia de un abogado deprimido llamado Amador, más interesado en imaginar las historias de los dueños de los zapatos impares que encuentra en la calle para luego coleccionarlos en su habitación alquilada, que en resolver sus casos asignados.

El íntimo espacio que ofrece el Racional es bien utilizado por el director, que con un sencillo diseño escenográfico, nos muestra la parametrada personalidad de Amador, representada en su modesto y ordenado cuarto. Al colocarse Amador los zapatos que ha recogido en la calle, comienza este escape de la realidad, personificando a sus dueños. Mientras, en la pared posterior de la habitación, se descubre un escondido agujero por donde alguien observa a Amador. Más tarde, aparece una misteriosa mujer de vestido rojo, que trastoca la rutinaria vida del abogado, seduciéndolo primero y después motivándolo a abandonar su espacio y a la entrometida casera. Todos estos elementos aparecen en el escenario y acaso falten definir más, ya sea ajustando la dirección de actores o acaso la dramaturgia, para entender a plenitud el mensaje de la autora.

El difícil personaje de Amador, que debe interpretar las escenas oníricas a los diferentes dueños de los zapatos que él mismo encontró, debía ser representado por un actor capaz de mantener la credibilidad durante sus largos monólogos y sostener la inusual acción dramática sin caer en la sobreactuación; en ese sentido, la elección de Sergio García-Blásquez (también actor en Historias para ser contadas) resulta acertada. Acompañan Yolanda Rojas y Verónica Miranda, en el límite del desborde para sus personajes. Zapatos de calle nos trae de vuelta el singular texto de Viale, que bien vale la pena revisitar, gracias a su digna y eficiente puesta en escena.

Sergio Velarde
18 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Crítica: LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES

Dramaturgia alemana en su mejor momento

El talentoso Jorge Villanueva es el encargado de dirigir actualmente tres montajes en paralelo, hecho que además de ser curioso e inusual para nuestro medio teatral, resulta todo un reto para este joven director el conseguir la misma calidad artística lograda con El Dragón de Oro, montaje nombrado por El Oficio Crítico como el mejor del 2011. Justamente, el autor de la obra en cuestión, Roland Schimmelpfennig, es el encargado de escribir el inteligente drama Los cuatro puntos cardinales, llevado a escena por los alumnos de octavo ciclo de la Escuela de Teatro del TUC en el Centro Cultural El Olivar.

Así como en la ya mencionada El Dragón de oro, el notable escritor alemán Schimmelpfennig nos presenta escenas aparentemente aisladas, sin rumbo fijo, de cuatro personajes que se entrecruzarán al final del drama: el Hombre del Norte, que pierde la carga de su camión, consistente en globos moldeables de colores; el Hombre del Sur, que encuentra dicha carga y decide venderla disfrazándose de un insólito payaso con dos lenguas; la Camarera del Oeste, con rizos en forma de serpientes, como Medusa; y madame Oiseau, la Adivina del Este, que predice la tragedia al encontrarse estos personajes. Los textos se repiten una y otra vez, añadiendo cada vez muchos detalles sugerentes, que vuelven rica y compleja la puesta en escena.

Con un impecable trabajo de todo el elenco y una cuidada producción, precisa en cada detalle, Los cuatro puntos cardinales es un excelente montaje por sus cuatro costados; puede confundir en un inicio, pero no tarda en atrapar al espectador con sus impactantes imágenes (como la progresiva transformación del payaso de Carlos Casella) y sus diálogos y monólogos, llenos de poesía y misterio, recitados por el limpio y parejo coro de actrices. Confiamos que las otras dos obras con Villanueva como director y con textos de dramaturgos alemanes (El Feo y Parásitos de Marius von Mayenburg, en la ENSAD; y El Último Fuego de Dea Loher, en el Goethe), tengan la misma excelencia antes mencionada, consolidando el gran momento que atraviesa nuestro teatro independiente limeño, con una gran calidad en varios de sus montajes, y que dificultan la tarea de este servidor para elegir a lo mejor del 2012, en la Premiación que ya se avecina en el mes de diciembre.

Sergio Velarde
12 de noviembre de 2012

domingo, 11 de noviembre de 2012

Crítica: MEDIAS NARANJAS

Discreto montaje acerca del amor y del desamor

Las relaciones de pareja siempre serán materia prima para contar mil y una historias, acerca de lo cómico o lo dramático que pueda resultar. Encontrar a esa “media naranja”, tan inubicable para muchos, provoca situaciones de todo calibre: en Medias Naranjas, del dramaturgo español Carlos García Ruiz, son siete historias cortas que hurgan en el siempre complicado terreno del amor. Teniendo como títulos Declaración, Cita, Terapia, Tentación, Conferencia, Sorpresa y Despedida, el autor propone que cada cuadro se mueva entre el drama y la comedia, con algunas sorpresas, pero sin ofrecer nada realmente nuevo y que no hayamos visto mil veces en otras producciones.

El director Rafael Mora comprende la mecánica del montaje y las tribulaciones de los personajes, consiguiendo un rendimiento parejo en su elenco del Taller Estudio de Formación Actoral ETEFA: Ernesto Ayala, Jessika Galarreta, Marieli Llerena, Claudia Mendoza, José Omar Paz, Palestina Salazar, Gustavo Seclén y el mismo Mora, a pesar de un texto poco novedoso. Tratándose de siete escenas independientes, era necesario no demorar los cambios de escena para que el ritmo no decaiga; para ello el director tiene a varios actores que podrían mover los cubos, así como apresurar las luces y el sonido. Y el humor, producto de las palabras soeces, el doble sentido y la sexualidad de algunas situaciones y personajes, podría haber sido más estilizado.

Acaso la mejor escena sea la última, en la que la misma pareja del prólogo, repite prácticamente el mismo diálogo, pero intercambiando las personalidades, destacando el trabajo de Seclén. Medias Naranjas es un discreto montaje, que bien podría replantear algunos aspectos en su producción y dirección, para ganar una personalidad propia y convertirse en una opción destacable en medio de todas las comedias románticas que aparecen en nuestra cartelera.

Sergio Velarde
11 de noviembre de 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

Crítica: PERVERTIMENTO Y OTROS GESTOS PARA NADA

Abajo la cuarta pared

Una verdadera sorpresa resultó el estreno de la obra Pervertimento y otros gestos para nada del director y dramaturgo español José Sanchis Sinisterra, en el Teatro El Olivar. Y es que por el título podíamos suponer cierto estilo enfermizo o chirriante, pero nada más ajeno de la verdad: la puesta tiene que ver más bien con la perturbación del estado natural de los elementos teatrales, proponiéndonos una serie de viñetas en las que los creadores de un espectáculo de teatro se ven enfrentados a su propia existencia. Doce escenas que tiran abajo la cuarta pared, que semejan demasiado a ejercicios propuestos para el entrenamiento de los actores y para el lucimiento del autor, y que alteran con gran estilo la clásica estructura de una puesta teatral.

El límite que separa a los actores de carne y hueso con sus respectivos personajes se encuentra bastante difuso, pues al inicio no sabemos a ciencia cierta quién es el que aparece en escena para contarnos su conflicto: ¿es el actor hablando del personaje o de sí mismo, o es acaso el personaje hablando del actor o de sí mismo? He ahí la verdadera atracción del drama, pues todo resulta clarísimo en escena, a pesar de su aparente complejidad: esta realidad meta-teatral resulta entendible y fresca, con algunas bizarras secuencias como en Al lado, en la que adrede se nos niega la apreciación del supuesto conflicto principal; o en Discronía, en la que las realidades paralelas se aproximan peligrosamente.

Con algunas escenas más conseguidas que otras, pero todas muy fluidas y entretenidas, el elenco resulta bastante competente y se desenvuelve con mucha naturalidad: Laura Aramburú, Michella Chale, Alexia Brazzini, Pietro Sibille y especialmente, Carlos Victoria, en su monólogo final, La puerta; todo un regalo para el experimentado actor, quien declama con absoluta veracidad (y con la ayuda del prompter, como lo comentó él mismo) los últimos minutos de existencia de su personaje, antes de salir por la puerta y acabarse la función. Pervertimento y otros gestos para nada, primer y auspicioso montaje del actor Alejandro Córdova, es otro interesante estreno independiente, insólito, perturbador y muy recomendable.

Sergio Velarde
26 de octubre de 2012

jueves, 25 de octubre de 2012

Crítica: NUESTRO PUEBLO

Conmovedora historia de amor

El Oficio Crítico se ha caracterizado en los últimos años por comentar obras de teatro independiente o alternativo, con el único propósito de convertirse en una de las poquísimas ventanas que tienen dichos espectáculos para darse a conocer. Pero ello no implica, por cierto, que este servidor tenga alguna animadversión hacia aquellos espectáculos comerciales con precios superiores a los 30 soles, que simplemente no necesitan más ventanas, como la de este humilde blog, para promocionarse. Es por ello que, haciendo honor a mi anterior afirmación, puedo afirmar, con cierta discreción, que la nueva puesta en escena del Teatro La Plaza Isil, Nuestro pueblo de Thorton Wilder, dirigida por la experimentada Chela De Ferrari, es un espectáculo completo, conmovedor y muy disfrutable.

Ganadora del Premio Pulitzer en 1983, la obra nos muestra, con la más demoledora sencillez, la vida cotidiana de una pequeña y apacible ciudad del estado de New Hampshire en los Estados Unidos, entre los años 1901 a 1913. Un director de escena nos presenta, en tres actos, la historia de amor entre dos jovencitos de familias vecinas. Utilizando únicamente la mímica de los actores, así como el preciso manejo de luces y sonido, todo el pueblo se nos muestra con absoluta veracidad ante nuestros ojos, ahora desde los extremos del escenario, en una interesante propuesta por parte de la directora. La anécdota en sí puede parecer sencilla, pero encierra un gran contenido, en el que la fe juega un papel fundamental en los actores y el público, para comprender así el esperanzador mensaje del autor.

Un notable e intachable elenco le da vida a los entrañables personajes que pueblan esta apacible ciudad; gran pareja protagónica formada por Gisela Ponce de León y Rómulo Assereto, con secundarios de lujo como lo son Sofía Rocha y Gabriela Velásquez; todos ellos dirigidos en el mismo escenario por Paul Vega. Nuestro pueblo sostiene su dilatada duración con algunas memorables escenas, en las que los sencillos diálogos esconden tantas emociones juntas, como el primer acercamiento de los protagonistas en la fuente de soda o aquel abrazo entre madre e hijo antes de la boda. El Oficio Crítico recomienda que Nuestro pueblo debería ser visitado por todos aquellos que apreciamos y disfrutamos del buen teatro, cueste lo que cueste.

Sergio Velarde
25 de octubre de 2012

sábado, 20 de octubre de 2012

Crítica: TE ODIO Y TE QUIERO

Bosquejo del teatro del absurdo

Podemos definir al Teatro de lo Absurdo como aquella tendencia en la literatura dramática (surgida entre los años cuarenta y cincuenta) en la que el tratamiento de la realidad buscaba ser extravagante y contrario a la razón, con algunos geniales autores al frente como Fernando Arrabal, Samuel Beckett, Jean Genet o Eugene Ionesco. Sus imágenes y diálogos asumen por completo su calidad de fantástica y surreal, sin importar cualquier viso de realidad objetiva; podemos afirmar entonces, que esta necesaria auto-identificación onírica para cualquier obra que se diga afín a esa tendencia, debe tener historias que aparenten no tener sentido, diálogos absurdos sin secuencia dramática, así como mucha incoherencia y disparate en el vestuario, la escenografía y en toda la producción en general.

El estreno de Te odio y te quiero, a cargo del grupo TAP Teatro Arte Peruano, dirigido por Yvonne Dávalos de Saettone y estrenado en el Club de Teatro de Lima, se queda corto en el intento de ser una verdadera comedia del absurdo, quedándose en el bosquejo. Basada en El cepillo de dientes de Jorge Díaz, esta adaptación peca precisamente de no entrar de lleno en la convención del género, “naturalizando” la acción y toda la puesta en escena en general, y por ello, negando su propia condición. Un aparente matrimonio no se soporta, ambos hablan y discuten naderías aparecidas en revistas y diarios, mientras ella le confiesa al público que envenenó el desayuno de su pareja; el disparate estaba servido, pero la escasa escenografía realista, así como los vestuarios y el estilo de las actuaciones no terminan de envolver al público con lo absurdo de la situación.

Por su parte, la adaptación de Dávalos de Saettone sobre la obra original, sólo abarca el primer acto de ésta, lo cual también desconcierta, ya que precisamente el verdadero “absurdo” de la trama se encuentra en ese tramo final. Resulta inexplicable el hecho de no haberlo trabajado para este montaje. Te odio y te quiero sí tiene a favor las canciones en vivo, el carisma de sus intérpretes (la misma directora y Sydney Estacio) y toda la secuencia del cepillo de dientes de Él, usado por ella para echarle betún a sus zapatos, para luego Él estallar en ira, diciendo que su sagrado objeto personal ha sido profanado y posteriormente estrangularla. Una divertida secuencia que bien vale la pena su visionado.

Sergio Velarde
20 de octubre de 2012

lunes, 8 de octubre de 2012

Crítica: BUENAS NOCHES, MAMÁ

Las inexorables decisiones de una suicida

Arrancó el XI Festival de Teatro Peruano Norteamericano ICPNA 2012 con muy buen pie, con el estreno de Buenas noches, mamá, de la dramaturga norteamericana Marsha Norman y dirigida por Pablo Luna. Se trata de una pieza galardonada en 1983 con el Premio Pulitzer a la mejor obra de teatro, nada menos, y que aborda la conflictiva relación entre una madre y su hija. Estrenada en Broadway un año después, contó con las actuaciones de Kathy Bates y Anne Pitoniak; tanto la producción en general como ambas actrices recibieron sendas nominaciones en los premios Tony. En el 2005 la obra fue reestrenada, esta vez con las no menos notables Edie Falco y Brenda Blethyn. También pudimos ver su adaptación cinematográfica en 1986, escrita por la misma autora, con otro par de extraordinarias actrices: Sissy Spacek y Anne Bancroft. La versión nacional sale airosa gracias a una correcta dirección de actores, que saca provecho de las inspiradas actrices Ana Rosa Liendo y Lilly Urbina.

Lo que parece ser una apacible tarde para Thelma, madre de Jessie, se convierte en una verdadera pesadilla cuando esta última le anuncia que piensa terminar con su vida. La fatal decisión que ha tomado Jessie, saca a relucir los secretos y las tragedias en la vida de ambas, no carentes de ironía y humor. El director, por su parte, recarga el escenario del ICPNA con demasiados elementos de color blanco y marca la ubicación de los muebles con cinta del mismo color; el efecto es logrado con creces, ya que se muestra a una Jessie completamente cuadriculada en un espacio aséptico, organizándolo todo ante la atónita mirada de su madre. El reloj en el escenario marca el paso inexorable del tiempo que le resta a Jessie y el apremio de la madre por detenerla, lo que genera el angustiante suspenso que termina en un desgarrador clímax.

Muy buenas actuaciones de las intérpretes: Liendo convence como la impávida suicida, con una inquietante seguridad de lo que quiere hacer; por su parte, Urbina logra construir otra madre en aprietos, muy diferente a la de Un verso pasajero, sorteando toda una serie de emociones con gran soltura y oficio. La fluidez del montaje se mantiene todo el tiempo y los picos dramáticos se ejecutan sin desbordes. ¿Por qué Jessie le revela a su madre de sus intenciones, sabiendo las consecuencias que acarrearía? ¿No pudo hacerlo simplemente y dejar una nota? Acaso se trate de una verdadera historia de venganza, en la que la hija desea castigar a su progenitora de la peor manera. Buenas noches, mamá es un excelente montaje que aprovecha al máximo el drama familiar que ofrece este premiado texto; y también es un serio candidato a convertirse en el ganador del Festival del ICPNA del presente año.

Sergio Velarde
08 de octubre de 2012