viernes, 26 de marzo de 2021

Crítica: AZÚCAR PARA EL PUEBLO y ANA Y BRISA


Las virtudes de la experimentación

A casi un año de iniciada la pandemia, podemos afirmar que el recurso escénico de la videollamada ha venido proliferando enormemente y demuestra que aún se puede conseguir logrados proyectos, tanto en las formas como en los contenidos. Sin embargo, siempre es grato encontrarse con propuestas atípicas y curiosas, que lleven la experimentación hasta las últimas consecuencias, así tengan el apartado técnico saboteado parcialmente por la pobre conectividad. Tal es caso de la nueva apuesta del FEDA, con la dirección de Angela Mesa y la dramaturgia de Desly Angulo: Azúcar para el pueblo es un drama distópico que se luce en la estética no solo de las actrices, sino de su puesta en escena en general.

La pieza está basada libremente en personajes mitológicos como las Erinias, quienes eran las diosas de la venganza, persiguiendo a mortales y otros dioses para que paguen por aquellos crímenes que escapaban de la justicia humana; y Casandra, la hija más bella del rey Príamo de Troya, quien poseía la facultad de predecir el futuro, pero castigada al nunca ser creída por nadie. Sin embargo, la acción de Azúcar para el pueblo está situada en un futuro incierto, en el que una sugerente Cassandra encuentra efectivamente a una de las horripilantes Erinias, con el propósito de devolverle la ira a su pueblo, el que se halla sumido en la oscuridad. Daniela Sosa del Rio y Laura Pereyra Barrionuevo interpretan sin tacha a unos personajes bien delineados y la historia adquiere gran vigencia, sobre todo en estas épocas en las que se hace indispensable tener intacta nuestra capacidad de indignación frente a los terribles hechos de los que somos testigos día a día.

Mención aparte para la puesta de Mesa, que consigue una atmósfera cautivante, mediante el adecuado uso de los espacios y luces que cuentan las actrices, así como con los diferentes ángulos de cámara de sus dispositivos. Las fallas técnicas de transmisión en el estreno de Azúcar para el pueblo, mencionadas anteriormente y fácilmente superables, no perjudicaron el evidente logro estético del montaje virtual. Mesa acompaña el proyecto virtual con una de las ficciones sonoras de EROTIQUÉ – Relatos al oído que dirigió, Ana y Brisa de Christopher Cruzado, en la que las jóvenes del título, bien interpretadas por Suaíl Krstonošić, y Claudia Denegri, nos envuelven en un sugerente e inquietante relato de pasión y miedos revelados. La experimentación de todas las posibilidades que ofrece la virtualidad se hace necesaria para seguir ofreciendo productos de calidad temática y sensorial, como lo viene haciendo el FEDA 2021.

Sergio Velarde

26 de marzo de 2021

miércoles, 24 de marzo de 2021

Crítica: NACER y SOUVENIR


Espacios de necesaria creación

La pandemia no puede parar la entusiasta generación de proyectos virtuales dentro de nuestra comunidad teatral. Prueba de ello es el resultado de la convocatoria abierta de Rebobina Producciones, denominada Pantalla Abierta 2021: las obras Nacer de Carla Valdivia y Souvenir de Kiara Quispe vienen presentándose en vivo por la plataforma Zoom, compartiendo con el público dos inspiradas historias breves, escritas especialmente para la virtualidad, que si bien es cierto versan sobre temáticas distintas, ambas coinciden en proporcionar una interesante estética  a cada una de las propuestas en línea.

¿Será posible abstraerse de todo lo negativo que le ha sucedido a uno en el pasado y a la vez, no perturbarse con el incierto futuro que se avecina? Pues Valdivia pretende compartir algunas ideas al respecto con Nacer, dirigida por Alejandra Núñez e interpretada por Fiorella Luna, en la que una mujer se plantea la posibilidad de volver a nacer, mediante una serie de recuerdos que le sirven como metáfora para indagar en su presente y vivir el ahora. Luna interpreta con solvencia varios personajes que ayudan a construir una historia llena de poética y surrealismo, bien articulada por Núñez, quien aprovecha el hogar de Luna para llevarnos por este inusual viaje a la semilla.

Como contraparte a Nacer, Souvenir de Quispe nos lleva al final de un viaje, en este caso, uno de tipo sentimental. Dos mujeres, llamadas ingeniosamente Quieta y Sonora, deciden a través de una videollamada dar por terminada una intensa relación o por lo menos, de intentarlo. La tensión que se genera al mostrarle al ser amado sentimientos tan íntimos es bien llevada por la directora Josefa Mora, encargada de mostrarnos esta agridulce despedida y la posterior oportunidad de reconectar con uno mismo. Daniela Zea y Luciana Plenge están impecables, cada una en su respectivo rol, haciendo creíble y fluido el diálogo. Pantalla Abierta 2021 es un necesario espacio de creación y experimentación, gracias a la gestión de Rebobina Producciones, en el que dramaturgia, dirección y actuación se concentran en llevar historias humanas y reflexivas, con una generosa carga de lirismo, que animan nuestra cartelera virtual.

Sergio Velarde

24 de marzo de 2021

lunes, 22 de marzo de 2021

Crítica: PADRE NUESTRO


¡Dios mío!

El problema de la estupidez tiene el mismo valor metafísico que el problema del mal, o incluso más; porque podemos llegar a pensar (gnósticamente) que el mal reside como posibilidad olvidada en el seno mismo de la divinidad; pero la divinidad no puede albergar o concebir la estupidez, y, por lo tanto, la mera presencia de los estúpidos en el cosmos podría ser el testimonio de la muerte de Dios.

Umberto Eco

Teatro en el Perú, en definición de Marco Antonio Huachaca, su creador, no solo es una productora de espectáculos teatrales, sino también es una plataforma de integración escénica cuyo objetivo es reunir a dramaturgos, actores y directores con el fin de montar obras de teatro en nuestro medio. Es así como, a partir de una convocatoria de textos dramatúrgicos, elige el de Juan Carlos Delgado para montar Padre Nuestro, una comedia para una plataforma virtual, dirigida por el mismo Huachaca, quien también actúa junto a Lady Galloso y André Moyo.

Padre Nuestro es una historia escrita en clave de comedia, con personajes que lindan con estereotipos. Daniela (Galloso) y Fernando (Huachaca), una pareja de casados, atraviesan un proceso de separación debido a una crisis marital y buscan la asesoría del Padre Martín (Moyo), un sacerdote, quien debe ayudar a la pareja a superar esta crisis. A esta se suma otra crisis, la sanitaria, que obliga a la pareja y al sacerdote a reunirse a través de una videollamada. El espectador asiste, pues, a una de tantas reuniones que la pareja y el sacerdote ya han sostenido, todas ellas aparentemente infructuosas. Siendo esta la premisa principal, lo lógico en esta historia sería que el sacerdote trabaje en función de lo que se hubiera avanzado antes, o que al menos propusiera ejercicios a la pareja que resultaran más novedosos o radicales. Pero no sucede así. Quien viera la obra sin que en ella se mencionara la premisa anterior, pensaría que esta es la primera o segunda reunión de la pareja con el sacerdote. Los diálogos, reflexiones y ejercicios que el texto propone abundan en la mera superficialidad y en lugares comunes. No es de extrañar que Daniela y Fernando no muestren progresos en esta especie de “terapia de pareja”. Este importante detalle merma la credibilidad de la historia de Delgado. Y, como veremos más adelante, no es el único que genera este efecto.

El punto fuerte de este montaje radica en la capacidad actoral de sus ejecutantes y la gran química que parece haber entre ellos. Esto es especialmente patente en Galloso y Huachaca, quienes ya han trabajado juntos antes en el notable montaje Secuestro. La interacción entre sus personajes, en especial durante los primeros minutos de la obra, nos habla de una interesante complicidad actoral y un buen manejo de humor. El estereotipo de la pareja en crisis ha sido manejado con fluidez y organicidad, sin caer en la exageración desmedida, salvo en uno que otro gag o situación un tanto gratuita (por ejemplo, Fernando miccionando en plena videollamada). Moyo, que se integró a esta dupla para este montaje, parece congeniar bien con sus compañeros de escena y, como en el caso anterior, su personaje establece una dinámica bastante fluida con Galloso y Huachaca. Nos queda claro que los tres se han divertido, y mucho, haciendo esta obra.

Según nos cuentan el director y los propios actores, el proceso creativo durante los ensayos fue especialmente prolífico. Por lo menos en dos entrevistas, ellos mismos comentan que fue tal el grado de complicidad alcanzado por el trío, que se dieron la licencia de improvisar sobre el texto de Delgado (asumimos que con su anuencia) y hasta de añadir un personaje omnipresente. Sería interesante contrastar el texto original con la versión final de este montaje, a fin de ver cuánto de lo que hemos visto está presente en el texto, y cuánto es cosecha del trabajo de exploración de los actores y del director. Especialmente de este, quien tiene la responsabilidad de decidir qué queda y qué no en el montaje. Decimos que sería interesante hacer esta comparación porque el producto final nos genera una importante dosis de desconcierto. Podemos entender que el Padre Martín, el personaje que interpreta Moyo, parezca un sacerdote católico y que le rinda culto a una deidad a la que llama “Papi” o “El Papi”. Podemos entender que se comunique con esta deidad a través una estampa bíblica que funge de micrófono, con la misma fluidez con la que Oda Mae Brown, la desopilante médium de Ghost, se comunicaba con el fantasma de Sam. Podemos entender que el Padre Martín pretenda un candor que raya en lo bobalicón, y que Daniela y Fernando se lo crean (o pretendan creerlo). Pero lo que nos genera perplejidad es que el Padre Martín haga tan evidente que le oculta algo a ambos personajes, y este algo que oculta sea tan obvio, que uno ya no se pregunta qué secreto es este, o cuándo nos enteraremos de él. No. Uno se pregunta cómo es que Daniela y Fernando no se han dado cuenta aún. Por supuesto, cuando los secretos se revelan (incluso el del final) ya no nos sorprenden en lo absoluto. Habida cuenta de que los actores y el director son personas con luces y talento artístico, no se puede aducir que esto es un defecto en el montaje. Por el contrario, lo que hemos visto aquí parece haber sido puesto ex profeso.

Padre nuestro puede ser interpretada como una comedia sin grandes pretensiones, más allá de divertir a su público a través del gag y de la sorpresa que generan los secretos de sus personajes. Sin embargo, puede ostentar también el humor del desconcierto, mostrándonos la perversidad que evidencia la estupidez y la ceguera ajena, incapaz de ver la verdad que se le planta, cuan obvia es, en las propias narices. El guiño malicioso del pérfido sacerdote es la confirmación de que, efectivamente, Dios ha muerto, y en su lugar ha quedado “Papi”, el dios de los estúpidos.

David Huamán

22 de marzo de 2021

sábado, 20 de marzo de 2021

Crítica: GLITCH


Miedos virtuales

Con un curioso título, Glitch (falla o error en español) es la nueva apuesta de El baúl de los malos sueños, proyecto escénico a cargo del director Jeffry Rasmussen, que cambia de giro radicalmente luego de dos interesantes aventuras virtuales estrenadas el año pasado. Versionando libremente dos conocidas obras de Stephen King (El juego de Gerald y Miseria), El baúl de los malos sueños, Encerrados I y II nos mostró dos historias independientes de formato pregrabado, contando con dos sólidas parejas de actores a cargo de sus respectivas historias. Para Glitch, Rasmussen se muda al streaming en vivo de YouTube y ofrece una creación colectiva metaficcional, en la que un grupo de actores, previos a estrenar un montaje virtual, son víctimas de una fatal experiencia llena de alucinaciones que convergen en un sorprendente final.

Muy al estilo de formato de la cinta Eliminar amigo (Unfriended, 2015), el público es mudo testigo de las diversas conversaciones virtuales entre el elenco, cada uno desde su ventana, pero centrándose en la protagonista Isabel Falcón, quien percibe extraños e inexplicables comportamientos en sus compañeros y que, al parecer, solo ella puede ver. Como se mencionó en el conversatorio posterior al estreno (y sin revelar detalles de la puesta), cada uno de los actores se preparó con asesoría psicológica para interpretarse a sí mismos, lo cual rinde evidentes frutos en la pantalla. El suspenso es manejado con buen pulso, aunque aún pueden afinarse algunos detalles físicos para hacer más creíbles los destinos que enfrentarán los personajes. El juego de apariencias que ofrece el mundo virtual puede ser una buena fuente de inspiración para futuros proyectos.      

A destacar la decisión del director por arriesgarse en un formato en el que son vitales no solo la concentración y cuidada participación por parte del elenco, sino además, la conectividad y la exactitud desde los controles de la plataforma. En ese sentido, el aspecto técnico no traiciona el solvente trabajo de Francisco Luna, Héctor Herrera, André Portugal, Karina Arboccó, un sorprendente Julio Díaz y una Isabel Falcón que demuestra que es una actriz todo terreno. Glitch es una interesante propuesta de suspenso psicológico, que le brinda al director Rasmussen la oportunidad de sacar nuevas ideas y propuestas de su baúl.

Sergio Velarde

20 de marzo de 2021

viernes, 19 de marzo de 2021

Entrevista: JOSEFA MORA


“Como directora tienes que tener templanza y accesibilidad.”

La temporada virtual Pantalla Abierta 2021 nos permitirá apreciar el trabajo de dirección de la joven artista Josefa Mora, quien tiene a su cargo la pieza virtual Souvenir. Después de mucho tiempo y de mucha distancia, Quieta y Sonora deciden que es momento de cerrar ciclos. Tras concretar este reencuentro por medio de una videollamada, se dan cuenta de que hay más cabos sueltos de los que imaginaban.

La puesta de Souvenir forma parte de la temporada Pantalla Abierta 2021, con la producción de Rebobina. Con dramaturgia de Kiara Quispe, las actuaciones de Daniela Zea y Luciana Plenge, y la dirección de Josefa Mora. La temporada virtual será del 23 de marzo al 7 de abril, los martes y miércoles a las 9:00 p. m. Las entradas están a la venta a través de Joinnus y también desde las redes sociales de Rebobina. https://live.joinnus.com/lima-pantalla-abierta-2021-nacer-souvenir-42278 Instagram: @rebobinaproduce / Facebook: https://www.facebook.com/RebobinaProduce

Sergio Velarde

19 de marzo de 2021


Entrevista: ALEJANDRA NÚÑEZ


“Creo que la virtualidad nos ha puesto un reto.”

La joven artista Alejandra Núñez estrenará un nuevo proyecto como directora, llamado Nacer, como parte la temporada virtual Pantalla Abierta. ¿Es posible volver a nacer? Una mujer decide hacernos esa pregunta y llevarnos por un recorrido hacia lo que su mente elabora al pensar en las distintas posibilidades que hay de nacer. Para ello contará con la ayuda de conversaciones con su madre, experimentos con su psicólogo, recordar traumas y alegrías del pasado, pero, sobre todo, del público. Esta es una obra sobre nacer. Una obra nos hace nacer, un desastre natural nos hace nacer, un amor nos hace nacer, la maternidad nos hace nacer, un jugo de papaya nos hace nacer.

La puesta de Nacer forma parte de la temporada Pantalla Abierta 2021, con la producción de Rebobina. Con dramaturgia de Carla Valdivia, actuación de Fiorella Luna y dirección de Alejandra Núñez. La temporada virtual será del 23 de marzo al 7 de abril, los martes y miércoles a las 9:00 p. m. Las entradas están a la venta a través de Joinnus y también desde las redes sociales de Rebobina. https://live.joinnus.com/lima-pantalla-abierta-2021-nacer-souvenir-42278 Instagram: @rebobinaproduce / Facebook: https://www.facebook.com/RebobinaProduce

Sergio Velarde

19 de marzo de 2021


miércoles, 17 de marzo de 2021

Crítica: PARAPSICOSIS


Arequipa tiene talento

Parasicosis fue un espectáculo brutalmente terrorífico y muy bien montado. En realidad, se trata de un reestreno de los años 2015 y 2016, con la dirección de Juan José Oviedo y Marcello Rivera. Averigüé que se presentaron los montajes en diferentes casonas del Centro Histórico de Arequipa, lo cual aumenta más la adrenalina de sentir miedo. Se trató de tres montajes grabados de aproximadamente quince minutos cada uno, pero lo más sorprendente fue lo increíblemente logrados que resultaron. Me encantó el terror psicológico que se transmitió.

El primer montaje fue Las visitas del Diablo, donde Stefany Lizarraga interpreta un monólogo conmovedor de una madre campesina y su deseo por proteger a su hijo de una visita tenebrosa. La actuación fue la más resaltante, pues la angustia y el dolor fueron muy claros, sin caer en la pérdida de energía. En Lima, por ejemplo, muy pocos actores del teatro independiente llegan a tener esa fuerza.

El segundo montaje fue Imagen original, en donde un sacerdote (Jorge Reyes) va a una morgue improvisada para saciar su obsesión por tomarle fotografía a los muertos. El trabajador de esta instalación (Pedro Herrera) trata de persuadirlo de que se trata de una locura. Este montaje fue el menos impresionante, pues no hubo suficiente luz para entender todas las acciones y el audio tampoco ayudaba mucho. Creo que se entendió la actuación de la locura y el final fue aterrador, pero la dicción de los actores no fue de lo mejor y dejó un aire de que pudo ser mejor.

Finalmente, el último montaje fue el más psicológico e intrigante de todos. Muerto el perro aborda una situación inquietante, pues el hijo de una pareja es también un monstruo con instintos caníbales y demenciales. Adrián Mercado y Lina Alviz interpretaron a esta pareja de una manera clara, en donde destacó más la angustia y la frustración de no poder hacer nada. La luz tenue y los sonidos desgarradores de la criatura, prácticamente encerrada con candado en un cuarto, fueron sencillamente perfectos. Lo más resaltante de este breve montaje fue el mensaje de la importancia de la paternidad, aun en momentos difíciles. El final fue original e inesperado.

Yo creo que las actuaciones fueron geniales y de verdad mis respetos para el teatro regional. Por otro lado, creo que quienes merecen reconocimiento son los dramaturgos, debido a la originalidad de los montajes, en donde destaca un terror preciso y muy psicológico, sin caer en el facilismo de lo sobrenatural. Felicidades a Regina Limo (Muerto el perro), al colectivo Teatrando (Las visitas del Diablo) y al finado Víctor Falcón (Imagen original).

Enrique Pacheco

17 de marzo de 2021

lunes, 15 de marzo de 2021

Crítica: GAME OVER


Juegos sin reglas

Una divertida comedia es el punto de partida para revelar las distintas perspectivas de temas como la paternidad, los vínculos amorosos y el compromiso. Game over, escrita y dirigida por Jorge Pecho, sumergió a los espectadores en el mundo de los videojuegos, exactamente, el del mítico Mario Bros, rescatando a dos de sus personajes Bowser y la Princesa Peach, esta vez, encarnados por Johan Escalante (Gowser) y Liz Roggero (Princesa Beach).

El curioso e hilarante panorama que propone Pecho inició con música e imágenes del videojuego, las cuales sitúan al público en este universo, hasta que aparece el personaje de Roggero, resolviéndose con acierto la transición de la presentación al desarrollo de la historia. Como refirió el dramaturgo y director, en un breve conversatorio al término de la transmisión, los diálogos y el hilo conductor de la trama surgieron mediante algunas improvisaciones, que aunadas al imaginario de la narrativa, dieron como resultado una suerte de discusión entre los personajes acerca de la posibilidad de convertirse en padres. Con el humor presente en todo momento y el uso preciso de los gags, se logró sostener el juego y la tensión entre ellos.

Respecto a las interpretaciones, cada actor, desde su espacio, pudo construir una realidad creíble, notándose este detalle desde sus caracterizaciones hasta los elementos de utilería. Asimismo, los dos mantuvieron el control y agilidad en ritmo de la propuesta, resolviendo correctamente en cada una de sus intervenciones.

Game over fue una entretenida y picante comedia, que sin caer en el chiste fácil ni en los excesos, puso sobre la mesa algunas creencias sobre las parejas que podrían parecer incompatibles; sin embargo, en este juego quedó demostrado que las reglas para el amor no existen.     

Maria Cristina Mory Cárdenas

15 de marzo de 2021

domingo, 14 de marzo de 2021

Crítica: 2021: VIOLETA Y LOS REPTILIANOS


Distopía necesaria de unas elecciones congresales

El Festival de Artes Escénicas de Lima (FAE Lima), como parte de la edición 2021 -en formato virtual- presentó la creación colectiva 2021: Violeta y los Reptilianos, bajo la dirección conjunta de Ernesto Barraza Eléspuru y Diego Otero Oyague, protagonizada por la actriz Julia Thays. Esta obra cuenta la historia de Violeta Cruz, profesora limeña, que busca cambiar la corrupción normalizada en el país. Se lanzará como candidata al congreso para las elecciones del 2021 a través de sus redes sociales, con la particular promesa de hacer una campaña pública y siempre transmitida a través de su cuenta de Instagram. La candidata se dará cuenta de que es necesario pertenecer a un partido político para oficializar su candidatura. Una vez en campaña, un spot distorsiona la imagen que Violeta deseaba proyectar hacia los ciudadanos, lo que desencadenará que muchas verdades salgan a la luz.

Las elecciones están cada vez más cerca y el panorama no es de los mejores. Ciudadanos y ciudadanas están cansados de un sistema de líderes políticos que no parecen representar realmente a la población. Este es quizá el mejor contexto para el estreno de 2021: Violeta y los Reptilianos. La representación en su totalidad se puede describir como un collage de herramientas audiovisuales que fueron más allá de la obra transmitida en vivo. El desempeño actoral dentro de la obra estuvo trabajado desde estéticas y códigos diferentes, como el teatro de sombras, proyecciones, personajes con tendencia a lo expresionista, entre otros. La creación colectiva logró engranar cada una de dichas herramientas, adaptando la performance a las necesidades momento a momento. En este montaje, Thays logró un trabajo actoral lleno de detalles, incluso en momentos en los que tenía que interactuar con ella misma dentro del montaje.

El trabajo de dirección fue atinado en saber ordenar correctamente el material audiovisual: el ritmo del desarrollo de la obra fue fluido, de modo que tuvo la capacidad de ir envolviendo al público en el mundo tan particular que la obra iba creando. Un aspecto que potenció el desarrollo de este producto virtual fue la creación tan particular de los personajes Pepe Caballero y Hermosa Reyna: estos actantes, con una clara estética con tendencia a lo expresionista, mostraron una progresión de personaje rica en detalles tanto en la caracterización como en el manejo corporal. La idea de lo que significa “reptilianos” dentro de la obra, definitivamente fue proyectada en estos dos personajes desde el principio. Regresando al personaje de Violeta Cruz, es interesante cómo ella, si bien estaba en un código distinto al de los personajes anteriores, logra una transformación a través de la obra a causa de la gran presión política ejercida sobre ella. Esto se refleja en el uso de proyecciones visuales, juegos de sombras y conversaciones con ella misma, las cuales envuelven al espectador en un plano muy íntimo de Violeta.

Esta propuesta ha ido más allá de una representación en vivo. El equipo ha buscado que la historia de Violeta Cruz exista en distintas plataformas, con conversaciones en vivo reales y proyectando la historia del personaje a un antes y un después de lo que se ve en la obra. La articulación de estos recursos permite que quien vea la obra o los perfiles en redes sociales de Violeta Cruz puedan entender su historia de cualquier manera. Esto permite juegos de interpretación de parte del público, incluso crear posibilidades: ¿es real esta candidata?, ¿este partido existe?, entre otras.

Violeta Cruz de verdad quería ayudar al país. Es una líder que realmente buscaba hacer que las cosas sucedan. A través de su historia, hay una invitación a ver que el sistema de elecciones no solo puede fallar por falta de líderes, sino también por la gran importancia de ser parte de una mayoría -un partido- para ser visto como un candidato de verdad. ¿Cuál es el problema entonces? ¿No hay candidatos, o no hay condiciones honestas para que estos puedan ser visibilizados? En el universo de posibilidades que Violeta Cruz tiene para hacer política, la obra propone una elección que -ojalá- pareciera ser la actitud que falta en muchos políticos peruanos: sacrificar un poco de los intereses propios, con el objetivo de trabajar desde y para un sentido de comunidad y nación llena de diversidad. Solo así, reconociendo las diferencias, se podrá construir lo que tanto necesitamos: una identidad comprometida desde y para todos y todas los ciudadanos peruanos.

Stefany Olivos

14 de marzo de 2021

viernes, 12 de marzo de 2021

Crítica: LA ÚLTIMA NOVELA DEL INSPECTOR TORRES


Acción y existencia del conflicto

“Estoy seguro que la mayor parte de mí es Holden Caulfield, el personaje principal del libro. El resto de mí debe ser el Diablo”. Esta fue la declaración de Mark David Chapman, homicida de John Lennon. Cabe resaltar que el nombre del libro al cual se refiere es El guardián entre el centeno, escrito por Jerome David Salinger. Además, esta obra influenció a varios asesinos en Estados Unidos. Parece un relato escalofriante extraído de un libro de novela negra, ¿verdad? A veces, lo real puede superar a lo ficcional. Análogamente, en el plano fabulesco, la obra teatral La última novela del inspector Torres, escrita por Marc Egea, versa sobre un hecho parecido y aterrador, pues un inspector policial decide terminar con los actos de un homicida que toma como referencia los crímenes de un personaje de novela negra. Así, sobre esta sinopsis, se desenvuelve la obra producida por Galatea Artes Escénicas, la que dirigió Pierre Medina y accionaron Luis Rodríguez y Fernando Cotrina.

La versión de la obra producida por Galatea fue grabada anteriormente. Es decir, fue un trabajo audiovisual, mas no teatral. Sobre esto, podría considerarse como un cortometraje, ya que no fue un hecho vivo, sino la reproducción de un registro preparado con antelación.  

La plataforma que brindó cabida a su contenido fue Zoom. Como fue grabado previamente, solo compartieron el vídeo de su trabajo. Esto ocasionó algunos inconvenientes al observar la obra, pues el audio y video no se encontraban sincronizados. Lo que decía el inspector se escuchaba después de cuatro segundos, por ejemplo. A pesar de que fue un corto periodo de retraso, generaba ruido en el espectador, ya que fue dificultoso observar la reacción y acción de cada personaje.

La obra, al inicio, mostraba al escritor redactando su próxima novela. La videocámara enfocaba las paredes de la oficina del novelista, la máquina de escribir y la salida de su habitación. Así, la acción inicia en el despacho del escritor; sin embargo, esto es sabido porque el escritor lo dice de forma textual, pues la puerta de la oficina presenta forma de reja. Dado el signo usado, en la primera impresión, esto indica que se encuentra en una carceleta. Pero en el transcurso del montaje se esclarece el asunto.

A nivel interpretativo, ambos actores utilizaron a su favor su dominio corporal y vocal. A pesar de que el audio y video no estaban sincronizados, el espectador fue testigo de la correcta pronunciación de cada línea del parlamento. Además, esto generó que sus acciones sean claras, específicas y progresivas.

Los hacedores, también, en cada momento, hicieron notar lo conflictiva que era la situación. Fue como ver a dos futbolistas que se quitaban la pelota; y esta era el objetivo de cada uno, pues uno quería algo del otro, pero este se lo impedía. Esto mantuvo entretenido al espectador.

El transcurso de la obra fue progresivo. Cada momento del trabajo fue notable también, ya que el objetivo y las acciones progresivas de cada intérprete ayudaron a que vaya de forma ascendente el grado de intensificación. 

En resumen, La última novela del inspector Torres fue una obra entretenida. Los actores siempre hicieron notar, con sus acciones, el conflicto de sus personajes. También tuvo algunos inconvenientes a nivel técnico en la plataforma de trasmisión, pero eso no quita el esfuerzo de los intérpretes. 

Elio Rodríguez

12 de marzo de 2021