martes, 20 de septiembre de 2016

Crítica: TODOS MIS MIEDOS

El escritor y sus lugares comunes   

Partir de una idea trillada o anacrónica para llevar a cabo un estreno teatral que tenga algo nuevo que ofrecer constituye indudablemente un gran riesgo. Ese es el reto asumido por la joven e interesante directora Jimena Del Sante, de quien vimos dos interesantes propuestas escénicas en el pasado: Pedro y el capitán (2011) y La mueca (2012). Estrenada en el ICPNA de Miraflores, la obra Todos mis miedos se centra en un escritor en sus cuarentas en medio de una “conveniente” crisis creativa: no solo tiene que debatirse entre su neurótica ex-esposa en permanente crisis y una de sus guapas alumnas, sino que también aparece el alter ego de su producción literaria para hacerle compañía durante esta etapa de sequía literaria. A pesar de lo estereotipada que puede resultar la trama, su resolución escénica sí que nos depara algunas sorpresas.

Escrita por los argentinos Nahuel Cano y Esteban Bieda, Todos mis miedos fue ganadora de la Bienal Arte Joven Buenos Aires 2013. Y si bien la pieza indudablemente entretiene, no ofrece realmente nada novedoso. Los miedos del escritor frente a la hoja en blanco, así como la presencia de uno de sus personajes interactuando en su vida diaria y un triángulo amoroso, son tópicos ya vistos hasta la saciedad.  Sin embargo, Del Sante sí consigue darle brío y orden a la puesta en escena, con estos cuatro personajes deambulando dentro de un reducido espacio, delimitado por rumas interminables de libros y en medio de ellas, una máquina de escribir. Es este último elemento quizás el que delate al presente montaje, aparentemente inubicable en el estreno argentino: ¿Quién escribe actualmente con una máquina de escribir? ¿Acaso no será este el detalle trillado y anacrónico que simboliza en gran medida al presente espectáculo?

Las actuaciones, por otra parte, resultan irregulares: Sergio Paris (fundador de Ketó Escuela) asume el rol protagónico de manera correcta, cayendo por momentos en el eterno estereotipo del escritor en crisis; pero acaso sea Jorge Armas el que tiene el reto más complicado, pues a pesar de sus esfuerzos no logra engranar fluidamente  su personaje en la puesta, especialmente en la relación con su creador. Por su parte, Mayella Lloclla sí consigue darle inicialmente cierto toque de ingenuidad a la alumna que representa, para luego revelarse como una mujer de carácter. Pero quien sorprende gratamente es Fiorella Rodríguez como la ex, explosiva y contenida en los momentos precisos. Todos mis miedos cae irremediablemente en los esperables lugares comunes, pero se deja ver gracias a la destreza de su joven y arriesgada directora, que se las ingenia para siempre inyectarle dignidad a sus montajes.

Sergio Velarde
20 de septiembre de 2016