sábado, 16 de mayo de 2009

Crítica: CAUSA COMÚN


Un montaje a destiempo   

Se viene presentando en el Auditorio de la AAA, una obra bastante particular titulada “Causa común”, escrita y dirigida por el novel dramaturgo y director Omar Honores. Y es particular, pues la génesis del proyecto se remonta a la década de los noventa, en tiempos de la dictadura mediática de Fujimori, época en la cual su posible estreno habría adquirido otra significación. “Causa común” fue (es) un llamado de alerta ante el autoritarismo y el abuso de poder, por parte de los dirigentes de turno frente a cualquiera que oponga resistencia y haga valer sus derechos. O por lo menos, pretende serlo. Debemos señalar que, en términos generales, la obra estrenada no aporta nada verdaderamente novedoso a la larga lista de espectáculos de denuncia social, pero al menos sí le hace recordar tiempos pasados a un público que, como en el caso del limeño, es tan propenso al olvido.

Honores, quien ostenta entre sus trabajos previos el haber sido parte del primer “No amarás” (debut teatral de Aldo Miyashiro), pretende AHORA hacernos reflexionar sobre los peligros de otorgarle el poder a las personas equivocadas, a través de una historia urbana, presumiblemente atemporal, bastante sencilla, ingenua y predecible, pero que logra sostener el interés gracias a la puesta en escena, que incluye algunas correctas actuaciones y funcional música en vivo, a cargo del grupo Mortero. Las tribulaciones de un grupo de jóvenes universitarios frente a la dictadura de turno y al secuestro de su líder Tito, pierden parte de su fuerza al descubrirse al traidor demasiado pronto (aparte de ser evidente desde un inicio). Un desliz en la dramaturgia que podría corregirse al presentar las escenas en otro orden. Por otra parte, algunas imágenes resultan acertadas (como la de Tito, encerrado en su celda y arengando contra el gobierno, detrás de tres guardias armados) y otros diálogos aparecen impostados pero divertidos (como la seducción de Rody, uno de los estudiantes, a la novia de Tito).

En términos generales, las actuaciones del elenco, sin ser destacables, cumplen finalmente su cometido. Fernando Montenegro, en el papel protagónico, logra transmitir la opresión y la angustia de verse encerrado y privado de su libertad. Paco Onofre se divierte a sus anchas como el caradura de Rody. Bien Anabella Bellota, sincera y conmovedora como la madre de Tito, así como Roberto Cuba como uno de los dirigentes estudiantiles. “Causa común” puede no ser el montaje perfecto y luce fuera de contexto, pero al menos sirve para recordar a todo aquel que asista a la temporada, sobre una vergonzosa etapa de nuestra historia que de ninguna manera debe quedar en el olvido.

Sergio Velarde

16 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

Crítica: PONY


Corrupción política y familiar


Usualmente toda la creación dramatúrgica del premiado escritor venezolano Gustavo Ott, tan entretenida como punzante, utiliza el humor como vehículo para realizar una incisiva denuncia social, pertinente a todo el ámbito latinoamericano. Siguiendo la senda marcada por las divertidas “Bandolero y malasangre”, “Fotomatón”, entre otras notables pruebas de fuego para la versatilidad de los intérpretes, se presentó en la Sala Alzedo dentro del marco del IV Festival UCSUR de Teatro Internacional, la tragicomedia “Pony”, proyecto teatral que venía de ser estrenado en el Festival “Saliendo de la Caja” de la PUCP.

Ott consigue esta vez, un acertado paralelo entre la corrupción dentro de la esfera política (es tiempo de elecciones presidenciales) y dentro del ámbito familiar (una hija es víctima de su padre, su madre y su hermano), todo visto desde la perspectiva de una mujer que pierde emocional y económicamente todo. Excepto la esperanza, representada casi al final por la metáfora del “pony”, tan ingenua como ridícula, que se debe escuchar y procesar con cuidado para entenderla. Mónica (Cecilia Collantes) es la víctima eterna, noble y confiada, que busca desesperadamente ayuda en las personas que (aparentemente) más confía: su familia. Y sus tres integrantes: padre, madre y hermano (todos interpretados por Pold Gastello), cada uno en su particular estilo, no sólo se aprovechan descaradamente de ella, sino que le aseguran que nunca le negarían nada, “ni siquiera una lágrima”. Como lo haría cualquier politiquero en plena campaña electoral.

La puesta en escena, divida en cuatro cuadros, en los que Mónica solicita ayuda a cada miembro de su familia, mantiene el interés gracias al ingenioso texto, rico en referencias urbanas bastante reconocibles, a pesar de conocer de antemano el público que cada uno de los personajes se aprovechará de la cándida muchacha. Es entonces la (re)presentación de cada familiar, en donde radica el factor sorpresa del montaje. Gran trabajo del versátil Pold Gastello, en convincente triple papel, marcando con precisión características específicas para el hilarante clan Morales, a pesar de la impostada réplica de Cecilia Collantes. Tratándose de un proyecto teatral de egresados de la PUCP, se debe reconocer el fino acabado de producción por parte de Collantes y Lenybeth Luna Victoria, así como la limpia dirección escénica de Carlos Andrés La Rosa. “Pony” logra ser una digna representante del humor de Ott, que pone sobre el tapete aspectos de la problemática latinoamericana, tan necesarios para la autocrítica y la reflexión.

Sergio Velarde

14 de mayo de 2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

Crítica: CUATRO HISTORIAS DE CAMA

Verdades al desnudo

Elásticas, eléctricas, plegables, redondas, turcas, de agua. Las camas, en toda su variedad de presentaciones, cumplen una función crucial en nuestras vidas. Y no sólo por pasarnos en dicho mueble varias horas de nuestro día, sino porque se trata de una superficie, a veces acogedora a veces incomoda, en la que se pueden realizar innumerables actividades, no necesariamente destinadas al ocio. Y una de ellas, quizás la más peligrosa al estar acompañados, es la de revelarnos tal como verdaderamente somos. El dramaturgo Eduardo Adrianzén nos propone algunas de esas situaciones en Cuatro historias de cama, dirigida por Diego La Hoz y presentada en el marco del IV Festival UCSUR de Teatro Internacional, con las actuaciones de Camila Mac Lennan, Nidia Bermejo, Alonso Cano y Juan Carlos Pastor, en la acogedora Sala Alzedo en el Centro de Lima.

En la obra, dividida en cuatro cuadros, la cama se convierte en refugio para un joven traumado, en campo de batalla para dos amantes, en lecho de muerte para una enferma terminal y en escenario de un imprudente secreto. Y son las verdades de estos seres, junto con las de sus acompañantes, las que salen a relucir, originando los diversos conflictos. Tratándose de una obra con cuadros “aparentemente” independientes, no es de sorprender el encontrar un desnivel al momento de llevarla a escena. Y Cuatro historias… no es la excepción. La mejor es la tercera historia: la conversación entre dos hermanas, una sana y otra enferma, sobre su conflictiva vida en común. Bien escrito y resuelto actoralmente con mucho brío, este cuadro vale el completo visionado de la obra. Le siguen de cerca la primera (un singular blogger obsesionado con su engreída ex pareja) y la segunda (una pareja de novios enfrentando sus más grandes temores), provistas ambas de diálogos inteligentes y divertidos. La decepción resulta ser la última, en el que se descubren los nexos, de manera un tanto forzada, entre todos los personajes de la puesta en escena: un joven casado despierta en la cama luego de una borrachera con un homosexual. La situación podría resultar entretenida, pero no lo es, básicamente por las actuaciones sin matices que no logran elevar el cuadro del promedio.

En términos generales, las actrices destacan en mayor medida que los actores. Nidia Bermejo es creíble y sincera en sus dos papeles, pero es Camila Mac Lennan quien logra un desempeño sobresaliente en las escenas que interviene, como la novia histérica y la hermana desahuciada. En el primer personaje, Mac Lennan logra interpretarlo hábilmente sin caer en el trillado estereotipo; pero es sobre todo en el último personaje, complejo y espinoso, en el que logra combinar hábilmente el drama y la comedia. Juan Carlos Pastor cumple sin mayores brillos, pero es Alonso Cano quien decepciona en sus dos interesantes personajes, con bastantes dificultades en volumen y dicción. El desplazamiento escénico de los cuatro intérpretes al cambiar los diferentes ambientes es limpio y preciso. Pero el director debería definir cómo deben esperar los actores que no intervienen en escena, pues algunos permanecen neutrales, pero otros ríen y se mueven, distrayendo la atención. A pesar de estos reparos, la dilatada duración de la puesta en escena no se hace notar. Cuatro historias… cumple las expectativas del público, consolidando a La Hoz como uno de nuestros directores jóvenes con mayor proyección y a Adrianzén como uno de los dramaturgos contemporáneos más importantes del medio.

Sergio Velarde
13 de mayo de 2009

domingo, 12 de abril de 2009

Crítica: DE LA- TÁ Y CARTÓN


En busca de una propia identidad  

El Grupo Laboratorio de Investigación Teatral Reflejo Alterno viene presentando un espectáculo titulado DE LA- TÁ Y CARTÓN, una creación colectiva en clave de comedia a cargo de Junior Benavente y Henry Sotomayor, estudiantes de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático ENSAD en las especialidades de Pedagogía y Actuación, respectivamente. Dos payasos callejeros, el ingenuo Yuyox y el depresivo Pipo, se ganan la vida fraguando actos de magia en las calles, mientras son perseguidos por la policía.

Toda la historia es narrada con imágenes y sin palabras, apoyados en la simbología que expresan los movimientos corporales de los actores y en la utilería a base de material reciclado (latas y cartón) que se transforman en elementos utilizados durante el montaje. Inspirados evidentemente en espectáculos como LUDICUS de La Tropa del Eclipse, esta sencilla anécdota da pie a una serie de divertidos cuadros elaborados con bastante gracia e ingenio, ejecutados con precisión y coherencia por los actores, pero que podrían ganar más fluidez al engranarlos de manera más efectiva. Algunas secuencias, como por ejemplo la de la playa, si bien resueltas eficientemente, se notan forzadas dentro de la historia principal, sin una justificación concreta para incluirla en el espectáculo, salvo el de lucir el infalible número del “ascensor”, pero esta vez bajo el agua.

Por otro lado, el trabajo actoral es sobresaliente. Y es que ambos intérpretes han logrado, luego de todo un laborioso proceso de investigación en parques y plazas, una sólida comunicación escénica, que les permite a ambos gran soltura y química en el escenario. Pipo (Sotomayor) nos muestra el lado duro de la sociedad, la depresión y la pobreza en un mundo salvaje, mientras que Yuyox (Benavente) representa la esperanza y los sueños con sorprendente ingenuidad. Ambos conforman una entrañable dupla, consiguiendo un lucimiento parejo.

El espacio en el que se presentó el grupo, el patio principal de la AAA, debe reorganizarse de manera urgente, retirando la enorme maceta del medio en primer lugar. El espectáculo, para ser apreciado y disfrutado al 100%, debe contar con el público ubicado de manera frontal (por ejemplo, para la escena bajo el agua), de ninguna manera en laterales (echando a perder el factor sorpresa) y de ser posible en graderías. Si esto no es factible, ambos actores deben ingeniárselas para que el espacio no juegue en contra suya. Por ejemplo, incluyendo la inmensa maceta dentro de la historia. Tratándose de teatro callejero, las escenas deben transcurrir en los niveles medio y alto, nunca a ras del suelo (como la escena del sueño), para no incomodar a los espectadores sentados al final. Podrían adecuarse colchonetas para los más pequeños en primera fila.

El grupo Reflejo Alterno, a cargo de Benavente y Sotomayor, demuestra en este su primer montaje, una preocupación evidente por la investigación y el trabajo de campo como únicas herramientas para conseguir un buen montaje teatral. El balance final es positivo, pero se le recomienda un mayor cuidado en la presentación de sus espectáculos, sobre todo en lo que se refiere a la ubicación del público, y buscar en todo momento el alcanzar una personalidad propia. Condiciones para lograrlo, de seguro, le sobran.

Sergio Velarde

12 de abril de 2009

sábado, 21 de marzo de 2009

Crítica: PEQUEÑAS CERTEZAS


La vida es como un pastel  

La mexicana Bárbara Colio escribe en su pieza “Pequeñas certezas” sobre un tema recurrente en su país: la muerte. Mario desparece sin dejar rastro, dejando en la más completa incertidumbre, no sólo a su novia Natalia (Urpi Gibbons), sino también a sus hermanos Juan (Gonzalo Molina) y Sofía (Wendy Vásquez). Natalia, junto con su madre (Haydeé Cáceres), viaja en busca de Mario desde la capital hasta Tijuana y descubrirá sorprendentes aspectos de su pareja, que permanecían ocultos en las sombras. La infructuosa búsqueda del desaparecido termina por enfrentar a estos personajes, mientras intentan una pacífica convivencia. Con la posterior llegada de Olga (Alejandra Guerra), la díscola amiga de Natalia, los dramas y conflictos alcanzan sus puntos más álgidos, pero matizados por un delicioso humor negro. Y todo ocurre delante de un ataúd, como un guiño a la manera tan campante que tienen los mexicanos de lidiar con la muerte.

“Pequeñas certezas” se presenta actualmente en el Centro Cultural de la Católica, bajo la dirección del buen actor, pero mejor director Alberto Isola, quien sabe sacar provecho de una historia sencilla pero intrigante, cediendo el total protagonismo a su elenco. Los hermanos Juan y Sofía no pueden ser más diferentes: mientras él debe lidiar con sus inseguridades y miedos, ella trata de ocultarlos aparentando fuerza y determinación inexistentes. Natalia es una mujer confundida e insegura, siempre bajo la sombra de su madre, una mujer de aparente sencillez, pero que en sus comentarios revela una gran sabiduría y conocimiento del ser humano, que terminan por descubrir esas “pequeñas certezas” de nuestra vida, que no lo son tanto en realidad. Y es en este personaje de la madre, en la que tanto la dramaturga como el director, se apoyan para mantener el interés de la historia y entender cuál es el propósito del montaje.

Gran actuación de la experimentada Haydeé Cáceres como una de esas madres, que creen poder solucionarlo todo con una sonrisa y un poco de filosofía. Un inspirado Gonzalo Molina crea un personaje convincente y sincero. A su lado, Wendy Vásquez demuestra su amplio registro histriónico en un papel menor y Alejandra Guerra funciona a la perfección como el comic relief de la pieza. Decepciona eso sí, Urpi Gibbons, débil y sin los matices adecuados para una obra de este calibre, pero rescatada por el resto del elenco y la limpia dirección de Isola. “Pequeñas certezas” (Premio Internacional María Teresa León para autoras dramáticas en España en el año 2004) es un estimable espectáculo, cuidado y divertido, que nos aleja de nuestras vicisitudes diarias para reflexionar sobre nuestra existencia… y como diría la madre: “por que la vida es como un pastel y el chiste está en arreglárselas con los ingredientes que tengas a la mano”.


Sergio Velarde
21 de marzo de 2009

jueves, 12 de marzo de 2009

Crítica: PRECIOSAS MALDITAS II


Verlas para creerlas  

El inefable e incansable Richard Torres vuelve a la carga, esta vez con un delirante espectáculo recargado llamado “Preciosas Malditas II”, definido por su creador como un “psicothriller - teatro experimental del surrealismo y del desorden” que incluye, además de la participación de las vedettes, cantantes, modelitos fashion y socialités más potables del medio, una expoventa de pintura, moda shock, música en vivo, instalación, performance y danza contemporánea. Todo esto, junto y revuelto, en las instalaciones de Casa Drama en Barranco.

Esta vez, la excusa esgrimida por Torres para parir semejante puesta en escena, es la de haber realizado una investigación en las cárceles de mujeres, que sirve de base para sacar a la luz el terrible drama de las internas, privadas de su libertad, muchas veces por razones injustificadas. El tema no deja de ser interesante y el inicio de la obra (con las “malditas” llegando escoltadas por los Impes desde la calle) no puede ser más promisorio, pero naufraga por la incontable diversidad de historias planteadas en escena por el director, algunas apenas bosquejadas y resueltas de manera bastante primaria, dejando como resultado que ninguna logre elevarse por encima del promedio. Demasiadas piezas que Torres se anima a mover, en un tablero colorinche lleno de escarcha, volviendo irremediablemente superficial su puesta en escena.

Y no podía ser de otra manera, contando con la participación artística de algunas señoritas más preocupadas en mantener bien sujetas las pelucas, bien delineados los ojos y bien puestas las siliconas, que en darle verosimilitud a sus personajes. Es decir, estas malditas “preciosas” son estética y superficialmente glamorosas y apetecibles, pero carentes de verdad y convicción en escena. Por ahí algunas sorpresas nos deparan Lula Valdivia en el papel de la recientemente liberada urraca, mucho más carismática que la “Magnolia Merino” televisiva, y la sorprendente Ana Ruíz, muy sincera y precisa como la asesina de su esposo violador.

Pero un espectáculo de Richard Torres jamás defrauda, nunca pasa desapercibido y siempre vale la pena su visión. Las mejores partes de la obra aparecen cuando estos despampanantes hembrones “actúan” en estricto muting, pues diálogos y monólogos resultan insufribles. Terrible escena la de la sicaria Claudia Portocarrero y la burrier Paula Marijuán (con amiga travesti incluida). A las chicas (y las ya no tanto) les va mejor cuando desfilan, coquetean y bailan por el escenario, mostrando las virtudes que Dios y el cirujano les dio, con la ya mítica Susan León a la cabeza. Los demonios, larvas, impes, periodistas y figurantes parecen pasarla muy bien como comparsas de estas divas, contagiándonos de su entusiasmo. Y toda la obra transcurre teniendo como “telón de fondo” imágenes de “Marat/Sade” de Peter Brook. Nada menos. De verlo para creerlo. Pero verlo al fin y al cabo.

Sergio Velarde

12 de marzo de 2009

sábado, 21 de febrero de 2009

Crítica: CONTRASUJETO


CONTRASUJETO

Uno de los puntos más altos del Primer Festival de Teatro Iberoamericano en la Patagonia ENTEIPA 2008, fue la presentación del unipersonal "CONTRASUJETO", obra del destacado escritor y director mejicano Juan Trigos. Se trata de un espectáculo con una trayectoria itinerante de 4 años, durante los cuales fue presentado en Méjico, España, Croacia, Cuba, Chile y Argentina. La historia de Jorge, recién casado y en plena festividad familiar, se convierte en una comedia hilarante al recapitular su vida y mostrarnos los singulares comportamientos de las personas que lo rodean. Es así que el público reflexiona sobre las distintas posturas, actitudes y todo lo que uno considera correcto por estar inmerso en una sociedad.

“CONTRASUJETO” es también un perfecto vehículo de lucimiento para su intérprete, el interesante actor mejicano Guillermo Jair, quien realiza una notable actuación plena de energía, técnica y convicción. A destacar que Jair obtuvo el 1º premio al mejor actor en el Festival internacional de Monólogos de la Tigra 2007en Chaco, Argentina. Nueve personajes correctamente definidos e integrados en la trama de la historia, vuelven altamente disfrutable esta obra rica y compleja, que nos permite a través del humor, recorrer el largo camino, que es la búsqueda incansable de nosotros mismos.

Sergio Velarde
10 de febrero 2008

martes, 17 de febrero de 2009

Crónica: CEREMONIA TEATRAL DEL HAIN (Última parte)


El martes 13 de enero se presentó en el Teatro Municipal José Bohr, la Compañía Teatro Nacional Juvenil de Venezuela con la puesta en escena de “360º de miradas”, basada en el texto poético teatral “Lo importante es que nos miramos” de Elizabeth Schön con la dirección de Jorge Cogollo y que recibió el premio a la mejor iluminación, musicalización y dirección en un importante festival en su país. Lo que se puede constatar en el montaje en sí, pletórico de efectos de sonido, total utilización de las luces del teatro y un recargado número de elementos escenográficos, pero que no se limitaron a acompañar a los jóvenes actores (Carlos Moreno y Emilger Arroyo), sino que poco a poco fueron ensombreciendo su trabajo, generando una saturación de elementos que hacían perder de vista el objetivo y mensaje de la obra. Sin embargo, los elementos visuales y sonoros mantenían la atención del espectador y la fuerza interpretativa de los actores consiguieron un digno montaje, pero que podría elevar su calidad al disminuir el ruido visual.

El último día del festival, el miércoles 14, se presentaron dos grupos chilenos. El primero de ellos, la Compañía de Teatro Palo Santo (integrado en su totalidad por jóvenes y esforzados actores) presentó la obra “Tú acosas, yo acuso”, primer espectáculo del grupo, que se animaron a reponer luego de algunos años en la Ceremonia Teatral del Hain. Se trata de un montaje de fuerte contenido social, en el que se toca un tema delicado como es el acoso juvenil en un centro educativo, a partir del descubrimiento de un cadáver en un río. La directora Julia Ojera consigue hermosas imágenes, utilizando diversos elementos simbólicos como telas, linternas, silencios, oscuridad y la presencia de un hada que sirve de nexo entre el público y la historia, pero descuida el desarrollo dramático de los personajes, en manos de actores que tuvieron una participación destacada en el festival anterior, especialmente Carolina Barria y Rodrigo Millalonco. “Tú acosas, yo acuso” cumple la función de entretener, a la vez de denunciar realidades contemporáneas y tangibles, pero como espectáculo teatral necesita de una mayor profundidad en la concepción de los personajes y en sus historias para conseguir un sobresaliente resultado.

La Ceremonia Teatral del Hain finalizó con la puesta en escena de “Lautaro” de la Compañía de Teatro La Maestranza, un espectáculo que combina la actuación con el manejo de títeres y marionetas de tamaño real. La historia del valiente cacique del pueblo de Arauco, que luchó durante años contra la invasión española, es narrada con energía, fuerza y vigor por los cinco integrantes del grupo y por el necesario acompañamiento musical. Algunas escenas notables (como la lucha de Lautaro contra los españoles, representados en un indestructible muñeco de tamaño real) aparecen en medio de un tosco manejo de títeres en algunas secuencias de batalla. A destacar la fuerza interpretativa del actor que encarna a Lautaro, quien logra emocionarnos desde un inicio hasta el final de la historia, que se ve incomprensiblemente rematada por un novedoso número musical, pero totalmente inadecuado para cerrar esta hermosa historia, tan reconocible en toda Latinoamérica.

Sergio Velarde
17 de febrero de 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

Colaboración: ARTURO UI


ARTURO UI EN EL BERTOLT BRECHT


Es muy saludable cuando un grupo de adolescentes presentan un montaje tan complicado sumando sus energías y adiestrando su entendimiento. Indudablemente que mucho de esto lo ha logrado su director RAFAEL HERNÁNDEZ con esa forma persuasiva e inteligente que tiene de dirigir y con ese aprecio por la obra de BRECHT que ha tenido ya en los tiempos que era profesor en la ENSAD, en la cual dejó ese admirable montaje de EL ALMA BUENA DE SECHUAN, otra famosa obra de Brecht.


En esta oportunidad vemos como se apropian del sentido de la obra estos muchachos y dejan correr las escenas aportando en ellas todo lo que les puede trasmitir Bertolt Brecht, esta potente ironía sobre los gangsters de Chicago (tema que dominaba Brecht por su conocida afición a leer novelas policiales). Arturo Ui es un hombre que logra aglutinar una serie de hombres y los pone a trabajar en la dirección de obtener el mayor poder posible, sin reparar en los medios. Por otro lado está la figura de Hitler que hace lo mismo con la pátina de legalidad que le da la política.

Los muchachos del montaje nos presentan la parábola completa, una suerte de inmersión dentro de un mundo fraudulento, donde el más cínico logra vencer a los demás; y en este caso el que más alarde de cinismo hace es Arturo Ui. La contradicción del personaje está en el sentido de ser un antihéroe, el eje por donde discurre todo el hecho espectacular de la obra y por ello debe "llenar el ojo" del público. Su actor, con su juventud y simpatía, maneja a medias este sentido, pero se aproxima con desplantes que surgen de su joven imaginación y a todas luces resuelven este detalle tan 8importante de dicho personaje.

El mundo de los gangsters está bien representado por su expresión máxima, casi simiesca por momentos que es Goro. Este actor resuelve con sobriedad el apremio de Goro por contener la fiera que lleva dentro... Y provoca las secuencias con mayor sentido que tiene la obra.

Arturo Ui mata. Y vemos en el escenario como lo hace, sin ensuciarse las manos, es una bestia, pero con buena apariencia, esconde dentro de sí la impiedad. Esto lo van demostrando las escenas que poco a poco desnudan a ese ser que quiere ser dueño de todo. El paralelo en Alemania, según Brecht (y también nosotros) estuvo a punto de hacer lo mismo, pero no lo logró.

Brecht en el coro final dice que no cantemos victoria " el vientre de donde salió lo inmundo todavía es fecundo". Es un llamado a estar alertas y no ver solo la superficie de las cosas; sino profundizar en su esencia y sacar conclusiones de los hechos de los hombres, no sólo de sus palabras.

El montaje de Arturo Ui demuestra la permanencia de Brecht al lado de los que están abiertos al conocimiento. Los que nos se dejan vencer ni convencer por las apariencias y los que harán que en las relaciones entre los hombres cada vez primen las situaciones más prístinas y diáfanas en lugar de la turbidez de lo engañoso y cínico.

El Colegio Bertolt Brecht ha hecho honor a su nombre presentándose un decente y reflexivo montaje del maestro de Augsburgo en su 111 aniversario.

Un abrazo
Luis Paredes

Ficha Técnica
Autor: Bertolt Brecht
Actúan: Mario Prada, Héctor Macedo, Rodrigo Pariente, David Gutiérrez, Renato Dánchez, Piero Curi, Xiomy Guizado, José Espinoza, Loretta Murrieta, Sthephanie Valencia, Javier Ochoa, Aldair Símpalo, Tania Ocampo Zavala, Máximo Pino, Jean Pierre Bastidas, Jesús Inchicaque, Harry Morán, Cecilia Escudero, Braulio Espinoza y Carlos Mujica.
Música: Banda del Colegio Bertolt Brecht
Director de la Banda: Ricardo Chinchay Cano
Producción: Colegio Bertolt Brecht
Dirección General: Rafael Hernández

sábado, 31 de enero de 2009

Crónica: CEREMONIA TEATRAL DEL HAIN (Cuarta parte)


Crónica desde Punta Arenas  

El lunes 12 de enero a las 11:00 a.m. le llegó el turno a Uruguay con la Compañía Efímero Teatral Sapare Aude y la obra "Los Aristócratas", dirigida por Yamandú Fumero, que se presentó en La Casa de los Intendentes ubicada en la Plaza Principal de la ciudad. La puesta en escena transcurre en los diferentes ambientes de una casona colonial, mientras que el público es conducido a través de ellos por los mismos personajes. Un drama policial, muy al estilo de Agatha Christie, que envuelve a un grupo de sofisticados aristócratas envenenados por una copa de vino y poco tiempo para descubrir al asesino y preparar el antídoto. Si bien es cierto los actores lucen demasiado jóvenes para los personajes que intentan representar, la acción de la obra no decae en ningún momento, el suspenso está manejado correctamente y los múltiples efectos especiales (muertes, disparos, sangre, mucha sangre y demasiada sangre) no desentonan y lucen creíbles. “Los aristócratas” resulta ser en suma, un agradable divertimento, realizado con mucho entusiasmo y precisión, con esforzadas actuaciones de todo el joven elenco. A destacar los trabajos de Maite Bigi Roascio como la simpática sirvienta Miranda y de Emilio Gallardo como el enérgico Daniel.


Una versión muy particular de la inmortal “Antígona” llegó a las 8:00 p.m. en el Teatro Municipal José Bohr, de la mano del grupo Teatro Corpus de Brasil con la dirección de Gonzalo Pérez. Tomando como referencia el texto de Sófocles, la propuesta del grupo es netamente corporal, utilizando la danza teatro a manera de performance, acompañado de música y efectos visuales, con sugestivas imágenes y símbolos que recrean la historia y escasa declamación de textos. Tratándose de un espectáculo sostenido sólo por una bailarina actriz (gran trabajo de Avanha Martins), el resultado final luce corto en duración, pero acertado en su arriesgada propuesta de omitir prácticamente todos los textos de una obra netamente textual, reemplazándolos por un lenguaje corporal atractivo y efectivo, que logra transmitirnos el dolor y la tragedia de la protagonista principal.

A las 10:00 p.m. se presentó una notable muestra audiovisual puertorriqueña de música y cine llamada “Eco”, en la que participó la Compañía de Teatro Y no había luz. Financiada por el Banco Popular de Puerto Rico, la cinta resalta los usos y costumbres boricuas en épocas festivas, acompañadas por alegres y contagiantes melodías propias de la región, a través de la historia de un niño y su relación con la música. La película en sí tiene numerosos aciertos (hermosas locaciones, creativos efectos especiales, actuaciones naturales y espontáneas), siendo uno de ellos la utilización de títeres en escena, que a través del lenguaje cinematográfico, alcanzan niveles de belleza y humanización insuperables. Gran acierto de los organizadores matizar los espectáculos teatrales con la visualización de esta película, en la que el grupo Y no había luz otorga nuevos brillos al arte de los títeres y marionetas.

Sergio Velarde
31 de enero de 2009