domingo, 21 de marzo de 2010

Crítica: LA ZORRA VANIDOSA


La humildad, el trabajo y el medio ambiente


Nuevamente el grupo PALOSANTO, del buen director y mejor actor Ismael Contreras, estrena una obra para toda la familia en el Centro Cultural CAFAE de San Isidro. Se trata de “La Zorra Vanidosa”, definida por su propio director, quien presenta cada una de las funciones al público y a los niños sentados en colchonetas en primera fila, como un espectáculo basado en relatos de nuestra propia serranía recopilados por José María Arguedas.

Una vanidosa Zorra (Angie Rodríguez) no sólo no se preocupa en trabajar y en engañar a sus vecinos para comer, sino que todo el tiempo se la pasa admirando su espectacular y frondosa cola, en complicidad con el Chivo (Enrico Méndez), con aerosoles y cremas nocivos para el medio ambiente. Pero el Conejo (Julio César Delgado) y el Ratón (María Gracia Mires) le darán una sabia lección, en complicidad con los niños. El montaje cuenta con la misma estructura escenográfica de “Achikeé” (su montaje anterior), muy funcional, que sirve también para que el Narrador (Emilio Benavente) acompañe las acciones con instrumentos musicales. El ritmo de la obra no decae, gracias a las inspiradas actuaciones del elenco, conformado por actores muy efectivos en cuanto a voz, expresión corporal y canto se refiere.

Si bien la anécdota es, quizás, demasiado sencilla, sí hace hincapié en las consecuencias que trae el ocio y la vanidad en la Zorra, dejando en claro este positivo mensaje en los niños. El recurso de arrojar los productos químicos de belleza al suelo por parte de la Zorra, puede resultar forzado en algún momento, pero es válido, pues aporta su granito de arena en la difícil tarea de crear conciencia al público sobre la defensa de la naturaleza. “La Zorra Vanidosa” no supera a “Achikée, la tierra seca”, pero sí es un divertido y muy recomendable espectáculo para toda la familia, que no sólo divertirá a los más pequeños, sino que también les enseñará el valor de la humildad, la dignidad que da el trabajo y cómo cuidar el medio ambiente.

Sergio Velarde
21 de marzo del 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

Crítica: MINEROS EN LAS TABLAS


MINEROS EN LAS TABLAS   

La compañía chilena Expedición teatral, interesada en buscar un tipo de teatro vivo, lúdico, con un particular énfasis en el movimiento de los cuerpos como mecanismo para transmitir emociones y contar historias, nos regaló un gratísimo ejercicio actoral titulado MINEROS EN LAS TABLAS, que aborda la relación personal y laboral de dos amigos, Lalo y Toto, trabajadores en una mina del norte chileno. Lo que fue en un inicio un proyecto de investigación específico sobre las condiciones de trabajo en la mina de Chuquicamata, la compañía decidió universalizar el resultado final, motivada por los resultados obtenidos en sus presentaciones. Tal vez la mejor parte de la pieza (la divertida y muy humana relación de Toto con Marion), en la que se luce la dirección escénica con un notable y cuidadoso manejo de los objetos imaginarios, sea la que aleja a la puesta en escena de su verdadero objetivo principal: la de retratar la problemática laboral de los mineros. Sin embargo, Sebastián Bañados, Pía Barraza y Javier Barrera (también director del montaje) son tres versátiles actores, con pleno dominio de cuerpo y voz, que nos entregaron un trabajo en conjunto compacto, con mucha fuerza y energía, que se lucieron en la Ceremonia Teatral del Hain 2010.

Sergio Velarde
28 de febrero de 2010

Crítica: AMANDO A SALLY


AMANDO A SALLY   

¡Vaya, por fin una comedia!

Sí, si revisamos nuestras piezas teatrales, es decir las escritas por autor nacional no es corriente que tengamos comedias, y en este caso una comedia de la cotidianeidad, no farsa, no caricatura.

La pieza AMANDO A SALLY escrita y dirigida por María Elena Mayurí, es pues una agradable sorpresa en nuestro dramático vivir.

Se celebra en ella a una autora, bastante nueva en mi corto entender, y que trata el diario desarrollo de nuestras vidas con desenfado y cariño. Muy bien encargada la parte actoral a Sergio Velarde, a quien hemos ido viendo progresar puesta a puesta, y a una novel y dulce jovencita que pone todo su entusiasmo a prueba para representar a esta conmovedora y recién casada fémina haciéndole honor a su nombre: María Gracia Cavero.

Dentro de una simpleza escenográfica que cuida especialmente lo funcional, pasamos en el CAFAE de la Av. Arequipa cuadra 29, unos gratos minutos que riendo, además nos sirven para reflexionar y recordar o prepararnos a vivir - según nuestra edad- cómo se tienen que tomar las decisiones más serias de nuestra vida: así de pronto y a veces en forma muy diferente a lo que venimos planeando y programando durante mucho tiempo.

Amando a Sally, un buen momento de teatro.

Sara Joffré

sábado, 5 de diciembre de 2009

Crítica: EL SARGENTO CANUTO EN TIEMPO DE MARINERA LIMEÑA


A ajustar el paso  

Manuel Ascencio Segura (1805 – 1871) es considerado el creador del teatro nacional peruano, el padre de la comedia peruana, por ser uno de los representantes más importantes del costumbrismo del siglo XIX (junto a Felipe Pardo y Aliaga), escribiendo una de las más logradas comedias teatrales latinoamericanas: “Ña Catita”, que narra las peripecias de aquella vieja celestina, armando enredos amorosos para su propio beneficio. En sus piezas, Segura mostraba con acierto a la nueva sociedad limeña, enriqueciendo sus versos con todo el sabor criollo de dichos y refranes de la época, y retratando personajes amables y simpáticos, criticando las costumbres de su tiempo.

“El Sargento Canuto” ridiculiza las maniobras del militar fanfarrón que le da nombre a la obra, quien busca casarse a la fuerza con Jacoba, hija de don Sempronio, para su beneficio personal. También nos muestra la tosca autoridad del simpático viejo, quien cree que al casar a su hija Jacoba con el militar, logrará escalar de posición social. Los matrimonios por conveniencia (lugar común de las comedias de aquella época, incluida “Ña Catita”), los amores a escondidas (Jacoba ama en secreto a Pulido) y la crítica hacia el militarismo, convierten a “El Sargento Canuto” en una de las piezas más representativas de su autor.

Actualmente, se viene presentando esta clásica pieza en el Teatro Auditorio Miraflores con el grupo Aqualuna, pero ésta vez, en una adaptación a ritmo de marinera limeña. El director Ricardo Morante acierta en incluir algunos números de este baile para enriquecer la puesta en escena, pero dilata demasiado la duración del montaje (con el texto adaptado, éste no puede exceder la hora de duración). Y esto se debe principalmente a la falta de ritmo con la que se desarrollan algunos cuadros (como en la primera escena de Jacoba y Nicolasa, a cargo de Analía Laos y Sofía Rebata) y a un manejo del verso pausado y afectado (como en el simpático personaje de Pulido a cargo de Jonathan Oliveros). Si “El Sargento Canuto” es considerado clásico, se le debe más a aquellos notables textos que reflejan las costumbres e idiosincrasia de aquella época, que a su sencillo y predecible argumento. Los versos son muchas veces opacados por innecesarias contraescenas, que impiden gozar de todo el ingenio de su autor. Sin embargo, Paco Varela y Daniel Zarauz logran una buena dupla como Sempronio y Canuto, valorando sus diálogos y ejecutándolos con energía y dinamismo. “El Sargento Canuto” lograría un mejor resultado si todo su elenco ajustara el paso, disminuyendo así su duración.

Sergio Velarde
05 de diciembre de 2009

sábado, 28 de noviembre de 2009

Crítica: UN BUSTO AL CUERPO


Siliconas en el tapete  

¿Una hora escuchando a tres mujeres discutiendo sobre si deben ponerse siliconas o no? ¿Podría un tema tan trillado como éste sostener la acción dramática de una puesta en escena? Pues el estreno de “Un busto al cuerpo” en la acogedora sala de Teatro Racional parece confirmarlo. A pesar de los problemas con la dirección artística del montaje (comenzó el proceso Ina Mayushin y lo completó Sergio Paris), el texto del español Ernesto Caballero tiene el suficiente interés como para convertirlo en un vehículo de lucimiento para las tres actrices participantes: Ana Pfeiffer, Angelita Velásquez y Mónica Madueño, en logradas actuaciones, cada una en su estilo.

Una conductora de radio que aspira a entrar en la televisión (Pfeiffer), decide operarse los pechos para mejorar su figura. Su mejor amiga, una profesora universitaria (Velásquez) no aprueba semejante acción, pero sí lo hace su hija (Madueño) quien finalmente cae rendida ante el placer existente en modelar su cuerpo a su antojo. Si bien la acción demora un poco en arrancar, las primeras escenas sirven para presentarnos a los personajes y plantear los objetivos que busca el montaje: satirizar sobre la obsesión de las mujeres por su aspecto físico, llegando incluso a la transgresión de sus propios cuerpos y la “aparente” facilidad de lograrlo, gracias a los avances en la cirugía estética.

La puesta en escena es limpia, ordenada y funcional, con una escenografía compuesta por cajas de madera, que hacen las veces de sillas y mesas, y que contienen los elementos que utilizan las actrices. Las escenas avanzan con ritmo seguro y la repetitiva música nunca llega a cansar. Se percibe un gran trabajo y esfuerzo por parte de las actrices, especialmente Velásquez, quien se luce en la escena del comedor con algunos tragos de más. “Un busto al cuerpo” funciona como una hilarante comedia, aparentemente frívola y ligera, pero no carente de reflexión sobre los peligros físicos y sicológicos que implica la transformación de nuestra propia imagen.

Sergio Velarde

28 de noviembre de 2009

viernes, 20 de noviembre de 2009

Crítica: LA CHUNGA


Atractivo homenaje a Vargas Llosa  

Luego de la notable puesta en escena de "Los cachorros" (adaptación de la novela corta de Mario Vargas Llosa) se estrena, esta vez, en el teatro que lleva su nombre, una pieza dramática de su autoría titulada “La Chunga”. El multifacético Giovanni Ciccia le rinde así homenaje a Vargas Llosa, dirigiendo la obra con su productora Plan 9. Escrita en 1986, la pieza tuvo su estreno de la mano del grupo Ensayo, dirigido por Luis Peirano y con la actuación de la gran Delfina Paredes en el rol principal. Y si bien su dramaturgia es sencilla (predecible para algunos), ésta logra retratar con bastante acierto y fidelidad las costumbres de la época en la que se desarrolla la acción.

En una taberna ubicada en las afueras de la ciudad de Piura en 1945, de propiedad de la Chunga, una dura y hosca mujer no desprovista de atractivo y con inclinaciones homosexuales, se reúnen con regularidad cuatro hombres a tomar licor y jugar a los dados. Pronto surge la interrogante sobre qué le sucedió a Meche, una hermosa joven que trajo un día uno de ellos, un rufián llamado Josefino. Al perder en el juego de dados, Josefino pide dinero a la Chunga, a cambio de pasar ésta una noche con Meche. Ciccia sabe sortear lo escabroso del tema para entregarnos un sólido cuadro del comportamiento humano (peruano), en el que el machismo, la desidia y la frustración hacen mella en los personajes, impidiendo su realización personal. Saltando de la realidad a la fantasía (cada parroquiano tiene su propia historia sobre el encuentro de ambas mujeres), el montaje es ágil, entretenido y muy veraz, a pesar del desnivel actoral presente.

Porque quizás para el complejo rol de la Chunga no había otra opción que llamar a Mónica Sánchez, pero finalmente resultó ser ella misma la peor intérprete que la Chunga pudo tener. Con una caracterización superficial y pobre para una actriz de su calibre (acompañada por su perenne y molesto seseo), la Sánchez mastica sus líneas sin convicción, gritando y llorando como en sus peores momentos en “Eva del Edén”. Y si su personaje finalmente se redime en la puesta en escena, es por su oficio y recorrido en estas lides. Y es que Sánchez es buena actriz (qué duda cabe), pero por ello no podemos celebrar cada vez que interpreta a un personaje en piloto automático. A su lado, el resto de actores brilla con luz propia: las palmas para Oscar López Arias (joven actor que viene destacando últimamente), quien compone un Josefino absolutamente creíble, un seductor caficho, machista y sinvergüenza. Alberick García y Carlos Solano están intachables, especialmente el primero, quien tiene una escena bastante lograda, al declararle su amor a Mechita. Emilram Cossío, en una arriesgada caracterización como el Mono, logra convencernos en las primeras escenas.

Mención aparte merece la participación de la joven actriz Stephanie Orúe en el papel de Meche. Duramente criticada por un sector de la prensa debido a su inexperiencia, lo cierto es que Orúe no desentona en el montaje. Por el contrario, interpreta a Meche con una frescura e inocencia coherentes con su personaje, nada afectada, bella, sensual y muy natural, opacando incluso a la disforzada Sánchez en sus escenas juntas. El ya famoso encuentro lésbico está resuelto con mucha sobriedad y precisión, así como las escenas con fuerte carga sexual, con una agradecida estilización por parte del director. “La Chunga” de Giovanni Ciccia no supera a “Los cachorros” de Miguel Pastor, pero sí se convierte en una puesta en escena bastante atractiva y que rinde un justo homenaje a nuestro laureado novelista, en el teatro que lleva su nombre.

Sergio Velarde

20 de noviembre de 2009

domingo, 18 de octubre de 2009

Crítica: FANDO Y LIS


Gran texto sin dirección física  

Fando y Lis son dos sufridos seres marginales que habitan un mundo destruido y apocalíptico: él sufre de esquizofrenia, dejando aflorar por momentos su personalidad más salvaje y despiadada; y ella, de parálisis, pero se aferra a la compañía de Fando para no sentirse sola. Ambos buscan infructuosamente llegar a Tar, una inalcanzable (y presuntamente inexistente) ciudad prometida, encontrando en su camino a tres singulares personajes, tan perdidos como ellos. La corrosiva pieza “Fando y Lis”, con fuertes reminiscencias al teatro del absurdo, a Beckett y su Godot, fue escrita por el español Fernando Arrabal en 1955, que incluso llegó a la pantalla grande, en medio de gran escándalo, de la mano del director Alejandro Jorodowsky. El mes pasado se presentó en el Centro Cultural del CAFAE una nueva versión de la obra, a cargo del grupo Contempo Teatro, que nos permitió revisitar esta singular y cautivante historia.

La puesta en escena de “Fando y Lis” logra transmitir la desesperación y sufrimiento en la relación disfuncional entre los dos protagonistas, consiguiendo momentos álgidos y dramáticos, secundados correctamente por el trío de personajes comparsas, que no logran ponerse de acuerdo en una acción determinada a seguir. Algunos momentos notables son el sueño de Lis (que nos anticipa su irremediable destino) y su grotesco final en manos de Fando. La incomunicación, la sordidez y la desidia del ser humano son retratadas con mucha crudeza por el elenco, pero el conjunto se resiente de una sólida dirección que permita engranar las escenas coherentemente (la dirección del montaje fue colectiva) y evitar así algunas fallas elementales, como la de no acompañar los cambios de escena con música de fondo, para evitar escuchar a los actores preparando sus elementos.

Los actores Elizabeth Duarte y Miguel Ángel Malpartida asumen con bastante dignidad y convicción los papeles principales, dotando a sus personajes de humanidad: resistencia al dolor y necesidad de afecto en ella; descontrol e inseguridad en él. Franco Guerra, Beto Miranda y Eric Otero tienen a su cargo los intrigantes personajes secundarios, que cumplen la función de aliviar la tensión generada por la esquizofrenia de Fando. A pesar de las deficiencias propias por la carencia de dirección, “Fando y Lis” vale por su genial dramaturgia y por el trabajo coral de un esforzado y talentoso grupo de jóvenes actores, que de haber contado con un director inspirado, se hubiera convertido sin duda, en uno de los mejores montajes independientes del año.


Sergio Velarde
18 de octubre de 2009

sábado, 10 de octubre de 2009

Crítica: EN EL JARDÍN DE MÓNICA


Vigencia después de medio siglo   

Escrita y estrenada en 1961 en el Club de Teatro de Lima con la presencia de las actrices Aurora Colina y Alicia Saco, “En el jardín de Mónica” fue la primera obra de la incansable dramaturga y crítica peruana Sara Joffré. A pesar del casi medio siglo transcurrido desde su creación, la pieza no ha perdido vigencia, tal como lo demuestra su último reestreno a cargo del grupo Rosa de Fuego con la dirección de Gustavo Cabrera en el Teatro Auditorio Miraflores.

La sencilla anécdota de “En el jardín de Mónica” nos recuerda la delgada línea que separa la realidad de la fantasía en los niños. En un jardín abandonado y sucio, dominado por un árbol triste y seco, habita Mónica, una mujer de edad indescifrable con múltiples personalidades, quien juega incansablemente con hojas secas y pájaros muertos, e imagina que la niña y el niño que aparecen en dicho lugar son una ratita y un príncipe, respectivamente. La terca y convenida imaginación de Mónica contagia pronto a la perspicaz niña. Y luego ésta al niño, cuando Mónica es retirada abruptamente de sus dominios.

El director Gustavo Cabrera plantea un espacio de tonos ocres, desordenado y algo recargado pero funcional, y prefiere estilizar a sus personajes, como esa Mónica bien peinada y con su vestido planchado. El texto es interpretado correctamente y enriquecido con divertidos momentos, gracias al inspirado elenco. Buen trabajo actoral de Daisy Sánchez en el papel principal (quien regresa a las tablas luego de un prolongado periodo de tiempo), logrando destacar en mayor medida en sus diálogos con sus compañeros de escena, que en su monólogo inicial, debido a una saturada propuesta de luces y sonido que por poco boicotean la poesía del texto. Ruth Vásquez y el mismo Cabrera resultan intachables como los niños, aportando la cuota de ingenuidad y ternura necesaria.

Tal vez el mayor acierto de la presente puesta sea el haber respetado el texto original, sin traicionarlo en su pase al escenario. Y es que Sara Joffré no sólo transmite sensaciones en los diálogos, sino también en las acotaciones de su texto, como en la lograda presentación de Mónica. “Es una niña que podría tener hasta ochenta años, que es la máxima edad que puede tenerse. Ella no sabría decirnos tampoco cuántos años hace que está aquí. Es ágil. Delgadita. Nerviosa. Con una lamparita encendida dentro de cada ojo. Ahora está jugando. Juega incansablemente. No se detiene nunca. No puede detenerse. Ah, pero es la voz de Mónica lo importante. Eso es lo que realmente es Mónica: una voz. Envejece. Crece. Se hace pequeñita. Es agria y cortante. Es dulce. Es amarga. Retiene. Aleja. Nos acompaña, o nos deja terriblemente solos. Y luego están sus manos y su risa: la risa de Mónica no puede escucharse sin que produzca desazón, desconsuelo o el sentimiento de sentirnos abandonados en un lugar donde todos hablan un idioma que no entendemos y nos rodean miradas hostiles, impúdicas; las manos de Mónica no pueden olvidarse si se las ha visto mintiendo alguna vez. Nada más.”

“En el jardín de Mónica” continuará presentándose en diversos espacios y bien vale la pena apreciar este buen montaje y revisitar un texto muy vigente a pesar del tiempo transcurrido.

Sergio Velarde
10 de octubre de 2009

domingo, 4 de octubre de 2009

Crítica: ACHIKÉE, LA TIERRA SECA


Nuestro divertido espectáculo ecológico  

Sumándose a la necesaria campaña ecológica para preservar nuestro medio ambiente, se viene presentando en el Centro Cultural CAFAE-SE, la obra infantil Achikée, la tierra seca, escrita y dirigida por Ismael Contreras y producida por el grupo Palosanto. El espectáculo es una adaptación de la conocida tradición oral andina rescatada por José María Arguedas, que busca incentivar en los pequeños la defensa y el cuidado del medio ambiente, teniendo como principal atractivo las canciones y bailes en vivo, a cargo de la troupé de actores.

La bruja Achikée, que nace como resultado de la contaminación de la tierra, busca conseguir el calor que les puede proporcionar dos niños "semillas de maíz", quienes logran huir de ella gracias a los coloridos y simpáticos animales de nuestra sierra. A pesar del espacio alternativo que cuenta el grupo (la sala de cine del CAFAE), la utilización de vistosos vestuarios y cuidadas máscaras consigue aportarle vida propia a los variados personajes, especialmente a la lograda caracterización de la bruja Achikée. Y es en este personaje en donde radica la novedad de la obra: Achikée no es en realidad mala de por sí, sólo existe como consecuencia de los cambios climáticos producidos por la contaminación del hombre. Por lo tanto, la búsqueda del calor perdido se vuelve entendible para el espectador, así ponga en riesgo a los niños protagonistas.

Los actores Emilio Benavente, Julio César Delgado, Enrico Méndez, María Gracia Mires y Angie Rodríguez, todos ellos con estudios en la Escuela Nacional de Arte Dramático, cantan en vivo y bailan las alegres canciones de la puesta en escena acompañados por instrumentos andinos, contagiando su alegría a los más pequeños, quienes se vuelven cómplices de la trama. “Achikée, la tierra seca” es un espectáculo para toda la familia, no sólo ameno y entretenido, sino que contiene un mensaje que todo niño debería apreciar.

Sergio Velarde

4 de octubre de 2009

sábado, 26 de septiembre de 2009

Crítica: LOS CACHORROS


Excelente adaptación de un clásico literario  

¿Quién no leyó alguna vez “Los cachorros” y no se sintió profundamente conmovido con la historia de Pichula Cuéllar, un niño miraflorino castrado por un perro allá por los años 50, que debió adaptarse a vivir en una sociedad conservadora al lado de sus amigos, todos ellos ávidos de emociones y nuevas experiencias? Pues, luego de algunos años, el director Miguel Pastor reestrena su versión del clásico literario de Mario Vargas Llosa en el Centro Español del Perú, logrando un montaje ágil y entretenido, y sobre todo, respetando en gran medida la riqueza del texto original.

Hace unos días abordé, en el comentario de una puesta en escena, el tema de la trascendencia en el teatro, de si era necesario o no el dejar una huella indeleble en el espectador luego de apreciar un montaje teatral. Y lo cierto es, que cada obra se concibe de diferentes maneras, aborda diversos temas y plantea objetivos variados, por lo que los niveles de trascendencia de un espectáculo teatral pueden variar. En el caso de “Los cachorros” (adaptación de Miguel Pastor y Carmela Izurieta), el público se hace cómplice de la historia de Cuéllar y sus amigos, y esto sabiendo de antemano en qué acabará la historia. Contando sólo con algunos cubos, una mesa, un par de sillas y un notable desempeño actoral, Pastor consigue un montaje limpio, entretenido y conmovedor, sin traicionar el espíritu del original.

Algunos detalles que afinar en la puesta en escena: la voz en off de los padres de Cuéllar podrían ser interpretadas “en vivo” por alguno de los actores fuera de escena, pues la pista grabada crea algunos segundos vacíos durante el diálogo en el ritmo del actor. Los cinco intérpretes protagónicos tienen seguridad y destreza en escena, pero no deben descuidar el hecho de romper los cuadros en neutro al unísono, para buscar así la precisión (sobre todo en el caso de Mañuco, quien parece adelantarse siempre). A destacar la actuación de Juan Carlos Pastor en el difícil papel de Cuéllar, muy creíble y vital desde su timidez y engreimiento inicial, hasta su posterior y descontrolado deterioro. Lo acompaña un sólido grupo de actores: Germán Loero, Diego López, Miguel Torres-Böhl y Luis Alberto Urrutia, quienes relatan y teatralizan la historia al público. Si bien es cierto se trata de una puesta en escena servida para el lucimiento de los caballeros, el grupo de actrices se convierte en algo más que un mero elemento decorativo. Todas destacan en los números musicales y definen bien sus diversos roles, especialmente Giselle Collao como Teresita. “Los cachorros” trasciende, cautiva, alegra y conmueve y, así como su versión literaria, resulta de revisión obligatoria.

Sergio Velarde
26 de septiembre de 2009