lunes, 29 de agosto de 2016

Crítica #399: ZORROS A LA VISTA

El gallinero alborotado   

Actor y educador egresado del Teatro de la Universidad Católica (TUC), Miguel Pastor es especialista en el dictado de talleres que permiten la libre expresión de los más pequeños. Actualmente trabaja como docente de Artes Creativas en el Centro Educativo Privado Hiram Bingham, pero como director viene estrenando obras de variada temática para toda la familia: en 2007, Lucero de Belén de Juan Rivera Saavedra y la primera temporada de Zorros a la vista, escrita por el propio Pastor; en 2008, Dos viejas van por la calle de Sebastián Salazar Bondy; en 2009, de Mario Vargas Llosa, Día Domingo y especialmente, la excelente adaptación para la escena de Los cachorros; y en 2010, una irregular versión de Bodas de sangre de Federico García Lorca. Este año, Pastor vuelve con el reestreno de Zorros a la vista en el Centro Cultural El Olivar, una simpática comedia en la que el papel de Pastor como director, y que además interpreta al Juglar, cobra importante protagonismo.

Pastor busca reivindicar el juego como instrumento educativo, tomándose su tiempo para aplicarlo en la presente puesta en escena, a través de algunas dinámicas con los más pequeños antes de iniciar la historia propiamente dicha. Resulta interesante como los niños entran al escenario y de manera lúdica el Juglar les enseña no solo a respetarlo, sino que les explica que la historia que verán es ficción. Justamente, una vez iniciada, esta resulta sumamente sencilla: los torpes zorros Casimiro (Juan Carlos Pastor) y Clodomiro (Esteban Phillips) no logran capturar a las delicadas y alegres gallinitas Teodora (Eileen Céspedes), Leonora (Carmela Izurieta) y Doradora (Paola Chacaltana), a pesar de sus constantes esfuerzos. Pero el interés del espectáculo no parece radicar en estos fallidos intentos (a los pocos minutos las aves son capturadas), sino en la posibilidad que tienen los niños, con la ayuda del Juglar, de terminar la historia como ellos decidan.

Zorros a la vista tiene a su favor un elenco carismático y una cuidada producción, que se luce especialmente en el vestuario; sin embargo, las coreografías con música peruana se podrían aprovechar mucho más, reemplazando además con las voces del elenco al innecesario playback. Pastor y El Juglar Asociación Cultural consiguen una puesta en escena lúdica y vivencial, acaso potenciando demasiado las virtudes de Pastor como profesor-animador por encima de la historia principal en sí, pero transmitiendo con claridad el mensaje principal, que consiste en optar siempre por la pacífica convivencia entre especies diferentes, temática muy pertinente en estos tiempos violentos tan difíciles que atraviesa la sociedad y la humanidad en general. Zorros a la vista, a pesar de tener una duración algo dilatada, es una interesante y didáctica puesta en escena, realizada con mucho oficio ganado por Pastor a lo largo de los años.

Sergio Velarde
29 de agosto de 2016