domingo, 19 de abril de 2026

Crítica: RESPIRAR


Lo que duele cuando nadie habla

El último fin de semana estuve en Sala Quilla viendo Respirar, obra escrita por Martín Tufró y dirigida por Sofía Humala, protagonizada por Santiago Magill y Anneliese Fiedler.

La pieza nos sumerge en la historia de Luciana y Darío, dos hermanos que vuelven a verse tras años de distancia. Es en este reencuentro donde la fragilidad de ambos se hace evidente, permitiendo que secretos y cuentas pendientes emerjan finalmente a la superficie.

Un aspecto destacable de la puesta es que, aunque la acción se desarrolla en un espacio abierto, la transformación de la sala en un entorno íntimo es un acierto total, logrando que el espectador se involucre por completo en la historia. Al ser un montaje de solo dos actores, el peso dramático recae equitativamente sobre ambos. El conflicto, que se mantiene firme desde el inicio, se apoya en diálogos naturales que facilitan la comprensión de la trama sin perder tensión.

Bajo la premisa de que 'menos es más', la sobriedad escenográfica resulta un acierto que comunica tanto como las palabras, facilitando la narrativa de la obra. En cuanto al ritmo, aunque está bien conducido, por momentos la atmósfera se torna densa: la revelación de los secretos ocurre de forma paulatina, exigiendo un público atento y dispuesto a transitar por silencios prolongados.

Se percibe un compromiso profundo de los actores con el texto; por momentos, la dupla se permite jugar con la escena, mientras que en otros mantienen la contención necesaria que la historia exige. Fue gratificante volver a ver a Magill sobre las tablas, especialmente acompañado por Fiedler; ambos logran un complemento escénico impecable.

En conclusión, Respirar es una pieza que funciona como un espejo de nuestras propias huidas y silencios, invitándonos a observar la fragilidad y complejidad de los lazos familiares.

Javier Bendezú

19 de abril de 2026

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