Un encuentro de culturas que se abrazan danzando
La puesta en escena inicia con la aparición de un kusillo, personaje andino que da la bienvenida al público. A su lado, una serie de objetos simbólicos anticipa las danzas que se desplegarán a lo largo del espectáculo. Con su presencia lúdica y ceremonial, el kusillo marca el inicio de la obra.
De pronto, irrumpen en escena cerca de cincuenta bailarines con sus respectivos vestuarios. Saltan, juegan y danzan en una coreografía potente y envolvente que atrapa al espectador desde el primer momento. En medio de este torbellino aparece la protagonista, Emilia Drago, quien baila intentando abrirse paso entre los cuerpos en movimiento, como si buscara escapar de esa marea escénica.
A partir de allí, la obra se convierte en un viaje íntimo. El personaje de Emilia rememora sus inicios como bailarina, reconstruyendo su historia personal: desde su infancia hasta la decisión de convertirse en artista. Este tránsito se materializa en una sucesión de danzas que atraviesan distintas etapas de su vida, acompañada siempre por el kusillo, quien funciona como guía y cómplice.
Uno de los momentos más sensibles se da cuando su infancia es representada por una niña vestida de bailarina de marinera, evocando los primeros pasos en la danza. La obra también aborda las dificultades del camino: las lesiones, el cansancio y los dolores del cuerpo, que forman parte de la experiencia del bailarín.
La puesta se enriquece con música en vivo a cargo de Sandra Muente y Mónica Dueñas, quienes aportan una atmósfera emotiva desde la tradición criolla. Así, se va tejiendo un diálogo entre diversas expresiones culturales del país, generando un encuentro de regiones, identidades y memorias.
El espectáculo culmina con una enérgica danza de caporales, donde se evidencia un trabajo coreográfico exigente bajo la dirección de Adrián Uribe. En este tramo final, la protagonista juega con el límite entre personaje y realidad, incorporando momentos de humor al mostrar el cansancio propio del esfuerzo físico, lo que conecta de manera cercana con el público.
Acompañada en todo momento por músicos en vivo, la obra cierra de la misma manera en que comenzó: con un desborde de movimiento, energía y encuentro colectivo. Un gran cuerpo de bailarines toma el escenario, celebrando las tradiciones, el folclor y la diversidad cultural del Perú.
Edu Gutiérrez
18 de abril de 2026

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