lunes, 7 de noviembre de 2016

Crítica: JUEGO DE INFIELES

Cuando hay que reír pues se ríe  

Debo decir que yo no soy una persona de comedias. Si me dan a elegir entre un drama y una comedia, siempre elegiré la primera, sin dudar. No es que no me guste reír (¿a quién no podría gustarle?), sino que prefiero vivir, a través del teatro, emociones más “oscuras”,  circunstancias que te muevan y que te hagan dudar de tus creencias mientras ves cómo los personajes se hunden sin saber si podrán salir a flote nuevamente; y todo eso sumado a que no soy de reír fácilmente.

Dicho lo anterior, estaba seguro de que la comedia “Juego de infieles”, versión libre de la obra “No hay ladrón que por bien no venga” del autor italiano Darío Fo, y dirigida por Jonathan Oliveros, no sería la excepción para mi poco apego a la risa. Sin embargo, cuando una sala, casi totalmente llena, no para de reír por la hora y media que dura la obra, no puedo hacer nada más que preguntarme si es que debiera buscar reír más.

Y es que “Juego de infieles” es una comedia divertida en la que los malentendidos son la base de toda la historia: dos torpes ladrones entran a robar a un departamento lujoso creyendo que el matrimonio que lo habita ha viajado. Sin embargo, se llevarán una enorme sorpresa cuando se enteren de que no hubo viaje, y los ladrones se acabarán enterando de mucho más que lo que ellos quisieran, terminando siendo cómplices, a la fuerza, de las mentiras en las que dicha pareja adinerada ha decidido vivir.

Así, al mejor estilo de una farsa, las intenciones del montaje de denunciar la hipocresía de la sociedad se da por medio de situaciones y acciones poco reales pero efectivas a su propósito, y haciendo, mayormente, que la risa se dé de manera impulsiva e irreflexiva.

A mi criterio, lo más elogiable del montaje es el trabajo actoral. Más allá de algunas ocasiones en que los actores se tapaban la voz unos a otros, creo que todo el elenco ha hecho un buen trabajo sacando adelante sus personajes, no habiendo ninguno que desentone. Sin embargo, merecen una mención aparte las actuaciones de Tito Vega, Cecilia Tosso y Katherina Sánchez (estas últimas, premiadas por sus actuaciones en la comedia “Desnudos en la pensión” el año pasado por el público y por el comité de El Oficio Crítico, respectivamente) quienes logran superar los clichés y dan consistencia a unos personajes caricaturescos, siendo los tres los que arrancan el mayor número de carcajadas al público.

He oído, desde siempre y de diferentes personas, la afirmación de que es más difícil montar una comedia que un drama, siendo siempre el argumento que, diciéndolo de forma sencilla, es más fácil encontrar recursos para conmover hasta las lágrimas al público, pero no para hacerlos reír. Pues bien, el director de la obra, sí encontró la forma y la explotó bastante bien… y es que a veces es bueno tan sólo reír. La sala, en su totalidad, así lo firmó.

Daniel Fernández
7 de noviembre de 2016