miércoles, 24 de julio de 2013

Crítica: LA CASA DE LOS SIETE BALCONES

La vigencia de los clásicos

Alejandro Casona es el perfecto ejemplo del llamado Teatro Poético. Este destacado dramaturgo y poeta español, también conocido como El Solitario, escribió una serie de notables obras teatrales, llenas de lirismo y un profundo contenido humano, que fueron injustamente maltratadas por autores y críticos en sus últimos años de vida, por considerarlas equivocadamente anticuadas. Nada más alejado de la realidad: sus piezas representan el perfecto equilibrio entre la ilusión y la fantasía, con momentos dramáticos muy conseguidos, salpicados por un fino humor. El estreno de La casa de los siete balcones en el Teatro de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), no hace otra cosa que reafirmar la total vigencia del autor y nos presenta a la joven agrupación encargada de la producción de la misma, llamada Baúl de Esmeralda.

En esta casa de siete balcones habita un variopinto grupo de personas, visitado también por ocasionales fantasmas del pasado. Ramón (Marco Antonio Huachaca, a quien vimos este año en El ornitorrinco) ha perdido a su esposa, pero se encuentra en amoríos con la codiciosa Amanda (Micaéla Távara, de Ojos bonitos,cuadros feos), ama de llaves de la casa, que se encuentra tras un tesoro escondido. Uriel (Jhan Paulo Mendoza), el hijo de Ramón, no puede hablar, pero sí consigue hacerlo cuando se encuentra a solas con su tía Genoveva (Noelia Mejía), quien ha perdido la razón, esperando la carta de su novio por años y además, única conocedora del paradero del botín. En medio de ellos, la jovial sirvienta Rosina (Ana Paula Delgado), que observa sorprendida toda la acción. La historia avanza sin tropiezos, con personajes bien caracterizados y un buen ritmo dramático. Finalmente, la justicia llega de una forma inusitada, pero perfectamente coherente con el espíritu poético del autor.

El joven director Victor Barco ya había debutado con bastante seguridad con La espera, muestra de su taller de teatro en Los Olivos. Y también conocía el universo de Alejandro Casona, con su intervención en la puesta en escena de Los árboles mueren de pie, dirigida por Raúl Vásquez, con el elenco de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Se nota la mano firme del director en el presente montaje, aprovechando las posibilidades histriónicas de su joven elenco, destacando el trío conformado por Mejía, Távara y Delgado. La casa de los siete balcones demuestra la vigencia de Casona y es un esfuerzo particularmente meritorio por parte de la joven agrupación Baúl de Esmeralda, que inicia su actividad teatral con pie derecho.

Sergio Velarde
24 de julio de 2013

1 comentario:

Patricia Esquén Bahamonde dijo...

Estoy muy agradecida por la experiencia fue un arduo pero gratificante trabajo. Los chicos son sumamente profesionales y el resultado lo demuestra. Gracias a todos los que fueron!