domingo, 20 de febrero de 2011

Crítica: SANGRE COMO FLORES

Tibio homenaje al poeta granadino

No hace mucho ponía en el tapete la atroz existencia de algunos astutos productores teatrales, que engañaban sin ningún escrúpulo al público, ofreciendo gato por liebre, al vender funciones de autores clásicos, sin ningún tipo de cuidado estético y artístico, a instituciones educativas con el único propósito de lucrar. Y el pobre Federico García Lorca es uno de los más preferidos. Sin embargo, algunas obras como Bodas de sangre de Miguel Pastor o La zapatera prodigiosa de Juan Carlos Díaz, dejaron en claro que sí se pueden montar espectáculos lorquianos decentes sin traicionar al autor español. Y ahora, iniciando el 2011, le toca el turno al mismísimo Lorca ser el protagonista de su propia obra. Dicha responsabilidad recayó en el director Alberto Isola y en el dramaturgo Eduardo Adrianzén, quienes estrenaron Sangre como flores: La pasión según García Lorca en el Auditorio del ICPNA de Miraflores, y si bien su espectáculo teatral es limpio y cuidado, no genera el torbellino de emociones que el autor de Granada lograba con su propia producción dramática.

Ya mucho se ha hablado (y escrito) del polémico planteamiento por parte de los realizadores del personaje central de la historia: Federico García Lorca, generando partidarios y detractores por igual. Y es que si bien los partidarios pueden apreciar íntimamente al autor y descubrir las motivaciones que dieron como resultado su notable producción dramática (sus enredos amorosos con artistas de su generación y su complicada relación con su madre), los detractores no perdonan el empeño de presentarlo como un simple homosexual consumado y temeroso (como su cobardía al ser capturado por la dictadura de Franco). Lo cierto es que, muy aparte de la impecable caracterización del actor Franklin Dávalos, el tratamiento que se le da en el montaje es perfectamente válido, ya que como figura en el programa de mano, estamos ante una obra histórica, pero ficticia en cuanto a la interpretación de los personajes.

Como espectáculo teatral, Isola resuelve el montaje con mano segura, pero sin arriesgar, con un sencillo diseño escenográfico y de luces que aprovecha el espacio escénico. El humor es completamente inexistente en el montaje. Las coreografías, con los actores deambulando en círculos, marcan el ritmo de la puesta en escena. El rompimiento de la cuarta pared, con Lorca invadiendo las butacas, es prescindible. Todas las actuaciones son efectivas, muy controladas y sin desbordes, que permiten conocer sin sorpresas a los personajes. Los encuentros homosexuales de Lorca con sus amantes de turno no provocan asombro ni escándalo a estas alturas (como sí lo hizo el mismo autor hace algunos años con Demonios en la piel, dirigida por Diego La Hoz). Adrianzén se limita a narrar de forma lineal la vida de Lorca, salpicadas por notables guiños a la producción dramática del autor, desde la Sangre y las Flores que dan título al montaje, hasta la transformación de la Madre en Bernarda Alba (ambos personajes emblemáticos del universo lorquiano). Salvo en el último tramo de la obra, en el que Lorca enfrenta a su madre por última vez para luego ser capturado por el general franquista, la verdadera emoción logra embargarnos, gracias principalmente a las actuaciones de Sofía Rocha y Alberick García, respectivamente. Sangre como flores: La pasión según García Lorca es un buen montaje, pero no es apasionante; entretiene, pero no entusiasma; es un tibio aunque digno homenaje al poeta granadino, que no supera a algunas de sus obras más clásicas, que retratan con mayor veracidad el vertiginoso mundo interior que lo caracteriza.

Sergio Velarde
20 de febrero de 2011

2 comentarios:

marisol dijo...

El texto de Adrianzén no es creíble, se trate de ficción o no.
Es cierto el abismo entre Demonios en la piel y esta obra.
Solo Isola, con su habitual lirismo mal encarado, podía dirigirla.

teatroperu dijo...

Es bueno notar que dos incorruptibles (casi intocables) hacedores teatrales como Ísola y Adrianzén pueden fracasar como cualquier mortal. Lo mismo sucede con el joven actor Dávalos, quien se repite y no aporta nada a la obra en cuestión. Me pregunto: ¿Cómo dos actores como Sofía Rocha y Alberick García pueden salir airosos de tremendo mamotreto? Basta de lirismo, vacío y malintencionado.