sábado, 23 de julio de 2011

Crítica: ENTONCES ALICIA CAYÓ

La maternidad sobre el tapete

La maternidad siempre ha estado asociada al factor tiempo: a veces llega prematuramente, o a veces nunca lo hace; el paso de los años nos convence que debimos optar por ella cuando la posibilidad aún existía, o tal vez nos haga dudar de lo acertada de la decisión ya tomada. Para todas las mujeres sin excepción, la opción de convertirse en madre y engendrar una nueva vida constituye una decisión vital en sus vidas, y no cuentan con todo el tiempo del mundo para decidirse, por cierto. Entonces Alicia cayó es una obra estrenada en el Teatro Británico, que consigue exitosamente ligar este interesante y siempre vigente tema con elementos literarios extraídos de la novela “Alicia en el país de las maravillas”. La directora y dramaturga Mariana de Althaus consigue también darle la importancia debida a la premura del tiempo como elemento unificador de las historias que presenta (y como una genuina amenaza), pero la puesta en escena adolece de ciertos defectos que impiden que sea sobresaliente, aunque sí muy disfrutable.

De Althaus divide la obra en tres claros hilos narrativos, desarrollando hábilmente cada historia en paralelo dentro del mismo espacio escénico, que representa a tres habitaciones distintas dentro del mismo hotel, llamado Wonderland. La cantante cincuentona Alba (Ana Cecilia Natteri) debe enfrentar la infidelidad de su esposo Basilio (Carlos Mesta) con una mujer más joven; Daniela (Sofía Rocha) es una dramaturga que lucha por sostener la tirante relación con su hija adolescente (Patricia Barreto); y la cuarentona Alicia (Vanessa Saba) quiere ser madre, pero su novio Martin (Paul Martin) no está tan seguro de esa idea. Algunos personajes lograrán salir del metafórico hoyo en el que cayeron, gracias al contacto con elementos real-imaginarios del universo propuesto por Lewis Carroll, que parecen desprenderse de la adaptación que realiza Daniela sobre la historia de “Alicia en el país de las maravillas”.

Las tres historias principales podrían haber mantenido una fuerza pareja, pero el irregular elenco no contribuye a lograr este objetivo. Una buena actriz como lo es Saba, luce demasiado joven y por ende poco creíble, como la cuarentona desesperada por tener un hijo. Tampoco la ayuda en escena un Paul Martin en piloto automático, repitiendo su eterno y gastado esquema actoral. Natteri y Mesta al menos les imprimen cierta dignidad a sus otoñales personajes en crisis, pero son Barreto y la brillante Rocha, quienes se lucen como la hija adolescente y la madre soltera, respectivamente. Es justamente esta subtrama la que sostiene toda la obra, consiguiendo las escenas más sinceras y conmovedoras. Entonces Alicia cayó, ganadora del 3er. Concurso de Dramaturgia Peruana por el Centro Cultural Británico, confirma a Mariana de Althaus como una de las dramaturgas y directoras contemporáneas más influyentes de nuestra escena nacional, y logra con esta puesta en escena, motivar la reflexión sobre un aspecto tan delicado y gratificante como lo es la maternidad.

Sergio Velarde
20 de julio de 2011
Publicado originalmente en SEMANAECONÓMICA.COM, 21/07/2011
http://semanaeconomica.com/articulos/69908-resena-de-obra-de-teatro-entonces-alicia-cayo

sábado, 9 de julio de 2011

Crítica: DEMASIADO POCO TIEMPO

Alabad todos a David Carrillo

He aquí diez contundentes razones para celebrar la última puesta en escena del talentoso director David Carrillo:

1. Adaptar y encadenar con absoluta coherencia ocho piezas breves del ingenioso dramaturgo norteamericano David Ives, que abordan tópicos extravagantes y sencillamente inolvidables acerca del escaso tiempo que disponemos para alcanzar la felicidad y la redención, y que mezclan con acierto la comedia pura con el suspenso, el drama y el romance.

2. Plasmar imágenes surrealistas e impactantes, como las dos moscas tratando de aparearse, pues sólo disponen de un día de vida; o el técnico hablando con su adorada lavadora, que le recuerda indefectiblemente a su madre; o el político ruso León Trotski, reflexionando sobre su cercana muerte con una piqueta en la cabeza.

3. Valorar con acierto el contenido de cada pieza, evidenciando los mensajes con claridad y aprovechando los recursos que disponen, convirtiéndolas en verdaderas joyitas.

4. Mantener admirablemente el ritmo de la dilatada duración de la obra, gracias a la energía y fluidez de sus intérpretes, así como también en los cambios de escena realizados en su totalidad por ellos mismos.

5. Rescatar del discreto olvido a una sala de renombre como el Teatro Larco, que resurge como la nueva morada de la Asociación Cultural Plan 9, luego de tres intensos años calentando el Teatro Mario Vargas Llosa.

6. Ser contundente ejemplo para todo actor, que sólo con dedicación, paciencia, esfuerzo e intensos ensayos pueden lograrse obras con escenas soberbias, de precisión milimétrica, especialmente la última, que aborda el tema de los universos paralelos, en la que el espectáculo alcanza niveles de teatro puro.

7. Conseguir que los cinco intérpretes de la puesta, Manuel Gold, Alina Ferrand, Carlos Galiano, Masha Chávarri y Pietro Sibille, rayen la perfección, potenciando sus virtudes y resaltando la evidente versatilidad de su trabajo en conjunto.

8. Servir de inspiración para aquellos incautos que creen que lo han visto todo en teatro y que no hay nada nuevo por explorar: Demasiado poco tiempo es un claro ejemplo de excelencia en el teatro independiente, realizado con pasión, entrega y responsabilidad.

9. Invitar al espectador a reflexionar sobre el tan poco tiempo que tenemos y las tantas cosas que nos quedan por hacer.

10. Comprobar que, efectivamente, hay “demasiado poco tiempo” para poder ver una de las mejores puestas del año, pues la temporada tarde o temprano llegará a su fin. De visión obligatoria. A verla ya.

Sergio Velarde
08 de julio de 2011

lunes, 4 de julio de 2011

Crítica: HISTORIAS PARA SER CONTADAS

Historias vigentes y nunca olvidadas

Existe un tipo de obras recurrentes en las muestras de teatro, aquellas que son utilizadas con frecuencia en talleres como meros ejercicios para entrenamiento actoral (algunas de ellas escritas exclusivamente para dicho fin). Uno de estos textos es Historias para ser contadas del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún, que ha sido representada innumerables veces a lo largo de los años y que significa actualmente un gran reto para el joven director Jorge Medina Moretti y el colectivo Cuando la luna se caiga, pues debían escapar de la inevitable etiqueta de ser una “muestra” y convertirla en un montaje profesional. Luego de apreciar el montaje, celebramos un balance afortunadamente positivo, que consigue con creces insuflarle nuevos aires a estas cuatro historias que critican, justamente, la crítica relación hombre-sociedad.

Armados únicamente con un par de maletas y unos cuantos cubos, cuatro actores de colorido vestuario se lanzan al escenario a teatralizar cuatro cuadros, en los que el autor argentino expone con maestría lo abrumadora que resulta nuestra sociedad, tan egoísta y agobiante, y su nefasta influencia entre aquellos que la conforman. En “Historia del mono que se convirtió en hombre”, asistimos a la (des)humanización de un par de primates, que de manera hilarante se transforman en especímenes humanoides muy reconocibles; en “Historia de un flemón, una mujer y dos hombres” somos testigos del trágico final de un trabajador de la calle que se ve obligado a laborar pese a un espantoso dolor de muelas; en “Historia de cómo nuestro amigo Panchito González se sintió responsable por la epidemia de peste bubónica en África del Sur”, la carga familiar obliga a un hombre a importar de manera inescrupulosa carne de rata al África del Sur ocasionando un brote epidémico; y en “Historia del hombre que se convirtió en perro”, la falta de oportunidades laborales y la necesidad de sobrevivir denigra a un hombre al grado de tener que suplantar a un perro por un mísero sueldo trastornando su salud mental.

Excelente puesta en escena, muy fresca y vital, que no sólo respeta el concepto base del autor, si no que agrega algunos toques de modernidad, como la musicalización de algunas líneas, con agradecida voz en vivo. Otro acierto es el carismático elenco, que sostiene el ritmo de la obra con mucha energía y vitalidad: los actores Dante Del Águila, Julio Navarro, Sergio García – Blásquez y Olenka Castro (en ese orden), demuestran gran destreza vocal y gestual para interpretar sus múltiples personajes. Historias para ser contadas de Osvaldo Dragún, en esta nueva reposición a cargo de Jorge Medina Moretti en el Centro Cultural CAFAE de San Isidro, supera las expectativas, consolidándose como un espectáculo ameno, intenso y completo.

Sergio Velarde
03 de julio de 2011

miércoles, 29 de junio de 2011

Crítica: EL SOPLADOR DE ESTRELLAS

Grata sorpresa en la AAA

Una auténtica sorpresa significó el estreno de la obra El soplador de estrellas, una adaptación del director y dramaturgo argentino Ricardo Talento a cargo de la directora Yasmín Loayza, en el marco de un nuevo aniversario de la Asociación de Artistas Aficionados AAA en el Centro de Lima. Y es que en medio del estéril panorama del teatro infantil, atosigado por enésimas e inútiles repeticiones de cuentos clásicos y algunos contados aciertos, el apreciar una puesta en escena para toda la familia original, ordenada, entrañable y con un inteligente mensaje para reflexionar, resulta un completo acierto por parte de los realizadores.

Desde su improvisado observatorio en la terraza de un edificio, el maestro Bornolio dedica sus noches a pedirle al cielo deseos para toda la humanidad. El problema radica en que, a pesar de su altruismo, por cada deseo que pide, sopla y apaga una estrella con absoluta precisión, con la ayuda de un Estelaeróforo Retráctil, aparato con el que puede lograr su objetivo. Entonces aparece la ingenua Cibelina, una aspirante a ayudante, que al enterarse de que el cielo se está quedando sin estrellas, hará todo lo posible para que Bornolio encuentre una nueva manera de cambiar el mundo, sin dejar el cielo a oscuras. Este conflicto es sumamente interesante y lleva a la reflexión a los más pequeños, ya que no se le puede acusar a ninguno de los personajes de obrar mal, pues sus intenciones son sinceras y justas. Y la relación amical entre Cibelina y Bornolio está actuada con mucha ternura, que captura la atención del público hasta el feliz desenlace.

Excelentes actuaciones de Manuel Calderón y especialmente de Ximena Arroyo, muy carismática, en un papel que le exige una dosis de ingenuidad, que no le veíamos muy seguido. Acaso las referencias localistas (como los nombres de diarios, las combis, el Metropolitano) puedan distraer de la mágica atemporalidad que fluye a través de la puesta en escena, pero éstas no perturban el avance de la historia. Mérito de la joven directora Yasmín Loayza, que sabe aprovechar por igual las acciones físicas de los actores y el simpático texto, para lograr la complicidad con el público. El soplador de estrellas es un claro ejemplo que es posible realizar obras infantiles de calidad para el disfrute de toda la familia.

Sergio Velarde
29 de junio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

Crítica: JUGUETES EN FUGA

Encomiable esfuerzo de teatro para niños

La obra inicia como una variante atemporal de “Las nuevas ropas de emperador”, con el rey Kar (Óscar Ugaz), egoísta y vanidoso monarca que descuida a su castigado pueblo debido a su arrogante actitud. Pero luego aparece un genio que, como castigo, lo convierte en un muñeco flatulento, y termina dentro del cuarto de una insoportable niña que detesta a los juguetes. Y es entonces que la puesta en escena cambia diametralmente de apariencia y registro, para convertirse en un cruce entre Chicken run (Pollitos en fuga) y Toy Story (Historia de juguetes) y titularse muy convenientemente Juguetes en fuga. Una interesante vuelta de tuerca por parte de la dramaturgia de Micky Bolaños, pero que resulta algo forzada en su ejecución escénica.

Siguiendo los cánones tradicionales de toda obra infantil, Juguetes en fuga busca recuperar en el joven auditorio algunos valores como la tolerancia, la humildad y el trabajo en equipo, en este caso, para lograr que Kar recupere su anterior personalidad, ayudando a la variopinta e ingenua colección de muñecos a huir del cuarto de la niña. La dilatada duración de varias escenas y los cambios de escenografía perjudican el ritmo de la obra, hecho que sin embargo no impide el disfrute de los más pequeños. Especialmente en los números musicales, ingeniosos y alegres, pero con innecesario “playback”.

Por otro lado, la producción de la obra es impecable y los actores cumplen con corrección su cometido. Para actuar y dirigir a la vez, el joven actor Óscar Ugaz no lo hace mal en el rol protagónico, pero es Úrsula Kellenberger quien destaca nítidamente en su doble papel, como Bella, la engreída niña de la casa; y Zaraí, la malvada muñeca antagonista. Juguetes en fuga es una encomiable propuesta en nuestro (a menudo) estéril teatro infantil, que podría mejorar al sintetizar algunas escenas y reducir el tiempo de los cambios de escena. También el director debería animarse a grabar sólo las pistas y dejar al elenco cantar en vivo (que incluye además al cantante y actor Jean Pierre Vismara). Los mejores deseos para la próxima aventura teatral de la compañía Paradero Macondo.

Sergio Velarde
26 de junio de 2011

sábado, 28 de mayo de 2011

Crítica: EL DRAGÓN DE ORO

Conmovedor y logrado mosaico de historias

Luego de deslumbrar hace algún tiempo con La noche árabe, el destacado y multipremiado dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig regresa a la escena limeña con un notable montaje a cargo del grupo Ópalo llamado El Dragón de Oro, ganador del prestigioso Festival de Mülheim 2010. Cinco actores narran, comentan e interpretan múltiples historias, aparentemente sencillas, pero de una complejidad simbólica deslumbrante, alrededor de un restaurante de comida oriental, en la que se dan cita sentimientos encontrados como la soledad, el amor y la desesperanza que afectan especialmente, a los inmigrantes ilegales en el mundo. Somos testigos de la vida de 15 personajes, entre cocineros, azafatas, ancianos, jóvenes, mujeres y hombres que realizan sus quehaceres cotidianos normales, mientras el joven cocinero chino del restaurante sufre un terrible dolor de muelas y ruega por encontrar a su hermana perdida, quien se encuentra coincidentemente demasiado cerca de él.

La propuesta del director Jorge Villanueva aprovecha acertadamente el espacio que ofrece el Auditorio del Goethe Institut, a manera de teatro circular, centrando el espacio escénico en medio con el público en ambos laterales. La cercanía actor- espectador es crucial para darle un toque intimista a la puesta en escena, que logra calar hondo en el público. A pesar de las continuas acotaciones que indican los actores en medio de sus propias escenas y de la elección de intérpretes de características distintas a la de sus personajes, la pieza no pierde ritmo y las historias se siguen con fluidez, creando un ambiente de ambigüedad y alegoría. Y es que en un brillante giro argumental, también aparecen la Hormiga y la Cigarra, quienes integran su fábula de manera muy peculiar al mosaico de caracteres que componen el montaje. Además, cada imagen conseguida produce emociones encontradas, como por ejemplo, la azafata colocando un diente podrido en su boca, que resulta tan conmovedor como repulsivo.

La trama del joven cocinero tiene un trágico final y es allí donde la obra alcanza sus mayores picos de lirismo, en donde cada historia converge de manera coherente, y que nos hace reflexionar sobre lo caótica e injusta que puede ser la raza humana, cuando se deja llevar por sus instintos más básicos. Notables actuaciones de los consumados Carlos Victoria y Graciela Paola (Grapa); de los versátiles Marcello Rivera y Claudio Calmet; y de la enérgica y sorprendente Laura Aramburú; todos ellos intachables, quienes representan a la variada gama de personajes que pueblan este alegórico universo de El Dragón de Oro, bajo la inspiradísima dirección de Jorge Villanueva. Cargada además de un amargo e insólito sentido del humor, esta obra constituye uno de los mejores estrenos de nuestro teatro independiente en lo que va del año. De visión obligatoria.

Sergio Velarde
29 de mayo de 2011

miércoles, 25 de mayo de 2011

Crítica: ASUNTO DE TRES

La complejidad de la juventud contemporánea   

Gonzalo Rodríguez Risco es uno de los pocos dramaturgos peruanos que retrata de manera certera los conflictos del ser humano (especialmente en el adolescente tardío y en el adulto precoz) y la compleja relación de éste con su entorno. Autor versátil, con varios premios y distinciones en su haber, tiene entre su piezas agradables y sanos divertimientos como TV-Terapia; o efectivas adaptaciones de otras obras clásicas como Mal-Criadas, escrita con Diego La Hoz. En La Manzana Prohibida (repuesta el año pasado) abordó la imposible relación entre la eterna enamorada y su ambiguo objeto de deseo; en Un Verso Pasajero retrató el drama familiar a través de sentidos monólogos alrededor del hijo en estado de coma; y en Juegos de Manos puso al descubierto la imposibilidad de la juventud contemporánea por asumir compromisos ante el posible fracaso.

Asunto de Tres, estrenada originalmente en el marco del V Festival de Teatro Peruano-Norteamericano auspiciado por el ICPNA en el 2000 y reescrita este año por el mismo autor, sigue siendo un interesante ejercicio escénico para tres actores, quienes deben interpretar diversos personajes envueltos en la vorágine de las relaciones amorosas juveniles y la identidad sexual, y en las que siempre el tercero en cuestión se convierte en la manzana de la discordia. Para su joven director Henry Sotomayor García, este texto dividido en tres escenas y tres monólogos, no le es desconocido: en el 2008 dirigió una secuencia de la obra como parte del curso de dirección que ofreció en ese entonces el grupo Espacio Libre. Pero lejos de limitarse a seguir el texto con mínimos cambios y sin mayores riesgos, como en El eterno recuerdo de un cristal (su adaptación de El zoológico de cristal del año pasado), Sotomayor ahora sí arriesga con una propuesta propia, que busca ser entre lúdica y dramática, logrando un equilibrio óptimo, dejando entrever una visión mucho más elaborada y madura como director.

Con algunos detalles por pulir, como los monólogos aún por despegar y la presentación inicial de los actores (que saludan y bailan ante el público) que merece una revisión, el espectáculo se sostiene por las tres escenas con diálogo, en la que se evidencia el hábil manejo del autor para retratar los problemas de pareja y los lazos afectivos (en la primera y segunda escena, respectivamente), bien aprovechados por la dirección de actores. La última escena es la mejor: la pareja de enamorados y su amigo gay matan el tiempo flirteando sobre una cama, mientras los secretos van apareciendo en medio de los besos y caricias. Una ocasión que no es desaprovechada por los actores Alana La Madrid, Fito Valles y Carlos La Rosa, quienes logran un lucimiento parejo en dicho cuadro, valorando cada gesto, cada mirada y cada silencio. La puesta en escena de Asunto de tres aprovecha convenientemente el reducido pero funcional espacio que ofrece La Casa de Tespis en Magdalena y es un evidente avance del director Henry Sotomayor García, al frente del grupo teatral El retorno de la brújula.

Sergio Velarde
25 de mayo de 2011

sábado, 21 de mayo de 2011

Crítica: MITOS DE FUEGO

Teatro del Sol regresa a la escena limeña

En el año 1979 Teatro del Sol se fundó por iniciativa de los actores y directores Alberto Montalva y Luis Felipe Ormeño, quienes buscaban nuevas formas y contenidos en la expresión teatral, creando una escuela de formación actoral que privilegiaba el entrenamiento físico y el cuerpo del actor como unidad expresiva. Su primera obra fue El beso de la mujer araña de Manuel Puig, con la cual hicieron una gira de veinte meses por países latinoamericanos y de Europa, y la última fue Los ladrones de Darío Fo en 1996. Luego de 15 años, Teatro del Sol regresa de manera discreta con la reposición de su obra Mitos de fuego, escrita por Ormeño en 1994 y dirigida ahora por Arturo Piedra Valdez, aprovechando las celebraciones por el centenario del nacimiento de José María Arguedas, importante antropólogo y novelista peruano, durante una breve temporada en el Auditorio del ICPNA de Lima.

Sobre la puesta en escena habría que indicar que no sigue los patrones clásicos de una obra tradicional. Presentada a manera de viñetas independientes, Mitos de fuego se regodea en la explotación de nuestras raíces más profundas frente a la imposición cultural europea, teniendo como nexo a la figura de Arguedas (Joan Lamas), quien narra alguna de sus anécdotas ya conocidas (como su estrecha relación con los indígenas, al ser recluido de niño en la cocina por la situación familiar que vivió) y que privilegia siempre la riqueza de nuestro folklor y lo castrante que fue la conquista española. En estas épocas electorales, resulta inevitable distinguir a favor de qué corriente ideológica se inclina el grupo. Pero más allá del contexto actual, Mitos de fuego busca desesperadamente crear conciencia sobre los daños que ocasiona la intolerancia y la represión de los más fuertes hacia los más débiles. Y por supuesto, la inevitable revolución que se genera después.

La puesta en escena mantiene un ritmo acelerado y galopante, acaso también luce algo desordenada, luego de una introducción con el proyector multimedia muy dilatada, en la que se pudo haber aprovechado para graficar o reseñar mayor información sobre el personaje central (sobre todo para aquellos espectadores, entre ellos muchos turistas que asistieron a la función, que no conocen a Arguedas). Destacable el uso del quechua en una de las primeras secuencias, con oportuna traducción, para introducirnos en el concepto del montaje. En medio de coloridos vestuarios y danzantes de tijeras, algunas secuencias resultan particularmente efectivas como la represión sexual de los conquistadores hacia las mujeres indígenas, con el sonido en volumen máximo. Mitos de fuego necesita todavía algunos ajustes para la siguiente temporada que se aproxima, pero nos trae de vuelta a un interesante grupo como Teatro del Sol, que los más jóvenes no habíamos tenido la oportunidad de conocer en escena, y que ofrece una acusadora mirada hacia el pasado, plasmada en el encuentro y el desencuentro de dos mundos antagónicos entre sí.

Sergio Velarde
21 de mayo de 2011

viernes, 13 de mayo de 2011

Crítica: ¿QUÉ TIERRA HEREDARÁN LOS MANSOS?

Contundente mensaje ecológico

La dramaturga peruana Estela Luna, en su obra ¿Qué tierra heredarán los mansos?, escrita en 1988 y estrenada en el Teatro de la AAA a cargo de la Asociación Cultural Tablas Maestras, nos propone un futuro apocalíptico y sobrecogedor: los niveles mundiales de oxígeno han caído a niveles alarmantes debido a la contaminación generada por el ser humano, los animales han muerto, los mares han desaparecido y las plantas apenas mantienen su débil color verde, frente a la nube de aire envenenado que parece invadirlo todo. Mientras que Ramón Foster (Ángel Morante) es un próspero director de una fábrica, que contamina los ríos aledaños, con el único propósito de asegurarle el bienestar a su familia, su esposa Paula (Isabel Castañeda) es una madre completamente ajena a esta problemática mundial, pero sí está dispuesta a cambiarle a su hija los anticonceptivos por vitaminas con el propósito de tener un nieto. Por su parte, la nerviosa Lina (Katya Castro), hija de Ramón y Paula, debe lidiar con la nueva vida que lleva dentro, pues el futuro se hace cada vez más incierto. Y su esposo Carlos (Miguel Augurto) reniega de su suegro Ramón, pues antes de trabajar para él, le exigió detener la contaminación ambiental que provocaba su fábrica, y que ahora es lo único que heredará su futuro hijo.

El director Martin Medina eligió el camino más fácil, pero a la vez el menos estilizado, para retratar el ambiente futurista que sirve de contexto a la historia: el utilizar el color plateado como símbolo de una “modernidad” mal entendida, y lo precario de la producción, evidenciado principalmente en el vestuario y la escenografía, generan que el escenario luzca como un enorme set de película de ciencia ficción serie B de los setenta, con un gigantesco extractor de aire en el medio. Pero estas deficiencias aparentes sólo sirven para hacer relucir una historia inteligente, cautivante, inquietante y totalmente contundente en su mensaje: el ser humano camina hacia una extinción segura, si no se dejan de lado los intereses particulares y se piensa en un bien común, reflejado en el respeto hacia la naturaleza. La mejor escena de la obra: los cuatro protagonistas, echados en el suelo durante un periodo de relajación obligatoria impuesto por el gobierno, mientras debaten sobre el futuro del niño por nacer y suenan las alarmas anunciando que los niveles de oxígeno se agotan por la discusión.

La obra presta su nombre de la cita bíblica de Mateo 5:5, “Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra”, entendiéndose la mansedumbre como la sencillez y la humildad carente por completo dentro de la soberbia inherente del ser humano, que sólo busca su propio beneficio, sin importarle el daño que le causa a su propio planeta. Sin bien es cierto, el aspecto religioso es tocado muy someramente, el discurso filosófico de la autora abarca varios campos: las complicaciones en la relación de pareja, el aborto, el control de la natalidad, las opciones sexuales y hasta las diferencias generacionales, todos ellos desarrollados a plenitud gracias a las inspiradas actuaciones y la fluidez que le da la dirección al montaje. ¿Qué tierra heredarán los mansos? tiene una dramaturgia que hará las delicias no sólo de los defensores del medio ambiente, sino también de cualquier persona con criterio y sentido común, con un humor negro negrísimo, como el que cubre a las hierbas incapaces de generar el oxígeno vital. Este espectáculo de Tablas Maestras podrá tener mucho que mejorar en la forma, pero en el fondo es un valiente e inquietante montaje, contundente en su mensaje ecologista y que se convierte en uno de los mejores esfuerzos de nuestro teatro independiente en lo que va del año.

Sergio Velarde
14 de mayo de 2011

domingo, 8 de mayo de 2011

Crítica: EN EL JARDÍN DE MÓNICA

La innegable vigencia de Sara Joffré

Nuestro teatro independiente le debe mucho a Sara Joffré. Dueña de un espíritu fuerte, vehemente y perseverante, nuestra Sara probablemente no sea del agrado de muchos, pero la deuda que le tenemos es evidente y enorme, por todo el trabajo sostenido que viene realizando por los más jóvenes durante décadas y por su incansable empeño en compartir su experiencia con los demás. Es por eso que este año, sus dos primeras obras han sido llevadas a escena, a manera de homenaje. La primera fue Cuento alrededor de un círculo de espuma, que partía con cierta desventaja, pero que llegó a buen puerto gracias a la habilidad del director Diego La Hoz y su grupo Espacio Libre, en el Auditorio del CAFAE-SE. Y la mencionada desventaja nacía desde su estreno, allá por el año 1962 en el Club de Teatro de Lima, cuando Ciro Alegría le dio la “bendición” a su obra gemela En el jardín de Mónica, estrenada conjuntamente con Cuento alrededor de un círculo de espuma, ambas bajo la dirección de Alonso Alegría.

Y justamente En el jardín de Mónica es la segunda obra estrenada en lo que va del año, a cargo del grupo Malioumba Teatro. Sus últimos estrenos, en la Sala Joven de la Alianza Francesa (2003) dirigida por Ernesto Cabrejos y en el Teatro Auditorio Miraflores (2009) dirigida por Gustavo Cabrera, lograron otorgarle una personalidad propia a la historia de esta niña, que puede tener hasta ochenta años (edad máxima impuesta por la autora) y que juega en un horrible jardín, con árboles resecos, hojas marchitas y pájaros muertos, imaginando un mundo irreal, siempre a la sombra de su castrante madre. La inesperada llegada de dos niños completamente ajenos a su mundo, alterará por completo su fantasía, pero la semilla de su imaginación germinará en los recién llegados, cerrando el círculo con un abrupto y desconcertante final.

La joven directora Mirella Quispe, con estudios en la ENSAD al igual que sus actores, aprovecha muy bien el espacio que le ofrece el patio de la AAA: las columnas, la puerta principal del auditorio y sus ventanas enrejadas son utilizadas con eficacia para desarrollar la historia. Mía Michelena crea con mucho aplomo a una desquiciada y errante Mónica, logrando distinguir varios niveles en su actuación durante el monólogo inicial, imprimiendo un estilo propio y marcando distancia de las últimas intérpretes del personaje: María Carbajal (2003) y Daisy Sánchez (2009). Destacable también la participación de Maricarmen Velásquez en el papel de la Niña, quien resulta muy honesta en su incredulidad inicial, para luego continuar las fantasías de Mónica con la aparición del Niño, bien interpretado por Miguel Torres. La dirección logra innovar en algunos aspectos de la construcción de los personajes y de sus acciones, siempre respetando el texto original de la autora. Sin duda, este año le ha permitido al público, gracias a este montaje y al presentado actualmente en el CAFAE-SE, conocer los inicios de una dramaturga y promotora de importancia capital para nuestro medio teatral.

Sergio Velarde
08 de mayo de 2011